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	<title>La pupila insomne &#187; María Eugenia Mudrovcic</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Borges y el Congreso por la Libertad de la Cultura. Por María Eugenia Mudrovcic</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2020 11:14:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[¿Influyó la maquinaria de la Guerra Fría cultural en el reconocimiento universal al gran escritor argentino? <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=72929">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-729300" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/10/borges_foto.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="padding-left:200px;"><span style="color:#000000;">Si uno está en contra de una convención la única manera de atacarla es creando otra convención.</span></p>
<p style="padding-left:200px;"><span style="color:#000000;"> <i>J.L.Borges a Rita Guibert</i></span><span id="more-72929"></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><img class="size-full wp-image-72942 aligncenter" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/10/borges_foto.jpg" alt="" width="400" height="273" />¿Qué rol jugó el Congreso por la Libertad de la Cultura en la consagración internacional de Borges? Al rastrear en las páginas que siguen los vínculos que unieron a Borges a este aparato secreto de patronazgo cultural me propongo inscribir la internacionalización de Borges en el contexto mayor de la guerra fría. Un estudio de caso de estas características parte de ciertas premisas que vale la pena despejar de entrada: en la guerra fría, la política (y junto a la política también la cultura que le sirvió de pantalla) fue sinónimo de conspiración. No parece haber existido un “afuera” o un más allá de la mirada hechizada que impuso la lógica conspirativa; no, al menos, en este momento crispado por el peso de tensiones y ofuscaciones ideológicas. La fascinación que despierta un período extraviado por el pulso conspirativo es fácil de adivinar: su centro, que es la intriga, lo ocupa la ficción o el folletín (González 46). El Congreso por la Libertad de la Cultura fue, por eso y ante todo, una máquina de producir ficciones, y acaso uno de sus “éxitos” más irreversibles haya sido haber atizado la imaginación colectiva en torno a lo que dió en llamar (sea lo que sea a lo que se refieren estos rótulos) “World literature” o “Western Canon.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote1sym" name="sdendnote1anc">i</a></sup> Específicamente la intervención del Congreso consistió en hacer desaparecer esas “barreras lingüísticas, políticas y geográficas” (774) de las que habla Borges en “Sobre los clásicos” a fin de crear las “supersticiones” (773) o expectativas de recepción que permitieron que Borges (junto a otros contados <i>happy few</i>) sea leído con el “previo fervor y la misteriosa lealtad” (774) con la que desde los años 60s hasta hoy se lo lee fuera de la Argentina.</span><!--more--><!--more--></p>
<p><span style="color:#000000;">Al explorar desde esta perspectiva el entramado de la gloria internacional de Borges, propongo también contestar de sesgo esa pregunta insidiosa que sigue desvelando a críticos y biógrafos: “How did Borges suddenly became famous?” (Woodall 185). Algunos, como Noé Jitrik, ni siquiera se creen capaces de arriesgar una respuesta y hablan del “enigma” encarnado por un escritor de “un país de segunda” que escribió en “un idioma no competitivo” y que a pesar de tantas desventajas llegó a convertirse en “vaca sagrada a escala mundial” (29). Otros, Emir Rodríguez Monegal, por ejemplo, no dudan en atribuir el origen de su fama al premio Formentor de 1961. Los menos crédulos, pienso de inmediato en Woodall, llegan a este punto sólo para expresar una incómoda perplejidad ante su dudosa consistencia: “Borges became famous fast because of a prize, as unknown in 1960 (<i>sic</i>) to the world at large as Borges himself” (193).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Pensar a Borges en relación a la égida anticomunista del Congreso supone, por último, poner entre paréntesis todo lo que tenga que ver con sus méritos literarios para buscar en “la mano invisible” del Congreso y en su modo de intervención cultural (más preocupado en procesos que en nombres o personas), una respuesta alternativa a la pregunta de la meteórica consagración de Borges. Y aclaro: más allá del poder que tuvieron los dólares de la CIA para comprar “soft-power diplomats”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote2sym" name="sdendnote2anc">ii</a></sup> lo que me importa ahora es evaluar el impacto del Congreso, y los pormenores que explican de alguna manera el aterrizaje de Borges en el “canon occidental.” Jason Epstein avanza en la misma dirección cuando, entrevistado por Saunders, afirma, “[For t he Congress for Cultural Freedom] it was not a matter of buying off and subverting individual writers, but of settling up an arbitrary and factitious system of values by which academic personnel were advanced, magazine editors appointed, and scholars subsidized and published, not necessarily on their merits—though these were sometimes considerable—but because of their allegiance” (citado en Saunders 323).</span></p>
<p><strong><span style="color:#000000;">Los amigos del Congreso</span></strong></p>
<p><span style="color:#000000;">A fines de 1962 el Congreso por la Libertad de la Cultura mantuvo a Borges ocupado en recibir a ilustres emisarios internacionales. Primero, fue la “famosa” visita de Robert Lowell que llegó a Buenos Aires a principios de septiembre en compañía de Keith Botsford, flamante enviado del Congreso para atender el urgente desafío que presentaba América Latina después de la Revolución Cubana. Como parte de una gira más extensa por el cono sur&#8211;venían de Brasil y seguirían a Chile&#8211;el paso de Lowell por Buenos Aires tuvo un efecto “desastroso” en las filas liberales de simpatizantes y colaboradores. Lejos de afianzar, como se esperaba, la reputación de la presencia intelectual norteamericana, o de celebrar la poesía como <i>lingua franca</i> de las relaciones intercontinentales,<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote3sym" name="sdendnote3anc">iii</a></sup> las excentricidades de Lowell insultaron las expectativas de una clientela en todo predispuesta a dejarse seducir por la atención con la que el Congreso halagaba a un centro cultural que, después de la veda peronista, se mostraba ávido en revivir viejas épocas de esplendor cosmopolita. El informe de la visita que redactó Héctor Murena, hombre de <i>Sur</i> y representante en Argentina de <i>Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura</i>, condena con malhumor la política de la central parisina dada a avalar y financiar peregrinaciones culturales de signos políticos demasiado equívocos: “yo estoy estupefacto … ¿Se trata—pregunta Murena airado—de ayudar a supuestos niños bien que se hacen los castristas porque viven en los Estados Unidos y que luego, aparte del desprecio que manifiestan hacia uno, ni siquiera tienen la gentileza de saludar al despedirse?”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote4sym" name="sdendnote4anc">iv</a></sup> La pregunta de Murena era por supuesto retórica. En los cuatro días que duró la odisea, Lowell no hizo más que escandalizar a la élite porteña: la acusó de arrogancia y despreció su condición colonial con insistentes críticas a su “europeísmo,” vociferó su apoyo a Fidel Castro, instó a la embajada norteamericana a invitar a Rafael Alberti (“un comunista notorio,” según el epíteto que circuló en otro reporte al Congreso<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote5sym" name="sdendnote5anc">v</a></sup>), y se acercó a uno de los flamantes proscriptos del liberalismo de entonces, José Bianco, quien—aclara Murena a un interlocutor no-argentino que bien podía no estar al tanto de los pormenores locales—“había abandonado la redacción de <i>Sur</i> después de 15 años porque se había convertido en un furioso castrista.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote6sym" name="sdendnote6anc">vi</a></sup> La conferencia que dió Lowell tampoco estuvo exenta de exabruptos. Después de la presentación a cargo de Alberto Girri, su traductor al español y parte del ala de colaboradores jóvenes reclutados afanosamente por <i>Sur </i>a principios de los 60s, “lo primero que hizo fue agredir a Girri con las dos primeras frases que dijo. Habría unas cincuenta personas [en la sala]; cuando la lectura de poemas terminó quedaban sólo seis.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote7sym" name="sdendnote7anc">vii</a></sup> A modo de cierre, Murena refiere su encuentro con Borges dos días después de la supuesta partida de Lowell de Buenos Aires:</span></p>
<p><span style="color:#000000;">me encontré con Borges y me preguntó con ironía si yo era un gran admirador de Lowell, puesto que le había organizado todo. Le contesté que no. Y entonces me dijo que había sido lamentable la visita de Lowell a la Argentina y en especial a su casa: que había querido arrancar un tapiz pintado por la hermana de Borges, que se había sacado los zapatos y se había acostado en el suelo, que había declarado que era el mejor poeta norteamericano, etc. Borges me dijo que era tan pueril y provinciana la actitud de Lowell que no valía comentarla salvo en cuanto a que resultaba raro que el Congreso por la Libertad de la Cultura organizara los viajes de los propagandistas de Castro… <sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote8sym" name="sdendnote8anc">viii</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">En realidad, Lowell nunca llegó a Santiago, ansioso, como lo suponían Murena y Borges, de “encontrarse con Neruda.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote9sym" name="sdendnote9anc">ix</a></sup> Terminó la gira sudamericana hospitalizado en una clínica de Buenos Aires al que lo llevaron en camisa de fuerza a instancias de la intervención de Botsford. El Congreso debió girar de urgencia U$ 1,000<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote10sym" name="sdendnote10anc">x</a></sup> para cubrir gastos médicos, daños y el vuelo que lo llevó de vuelta a Nueva York tan pronto como estuvo en condiciones de afrontar el viaje.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote11sym" name="sdendnote11anc">xi</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">A escasas semanas de este fiasco, del 3 al 10 octubre, tuvo lugar en Buenos Aires la reunión del PEN Club a la que asistieron, entre otros, John Dos Passos, Allan Robe-Grillet y Michel Butor. Aprovechando este foro internacional (los vínculos entre el PEN Club y el Congreso por la Libertad de la Cultura se estrecharían con el avance de la década), la secretaría parisina envió a “muchos amigos del Congreso,” según refiere el telegrama de John Hunt donde pide a la Asociación Argentina “preveer importante recepción” a sus auspiciados.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote12sym" name="sdendnote12anc">xii</a></sup> Los “amigos” a los que se refiere Hunt eran tres pesos pesados de la red de revistas europeas del Congreso cuya presencia en Buenos Aires sólo podía indicar el interés de la secretaría en Argentina. Se trataba nada menos que de Stephen Spender, editor de <i>Encounter</i>, Ignazio Silone, director de <i>Tempo Presente</i>, y Salvador de Madariaga, miembro honorario de la organización desde su fundación en 1950. Un cuarto emisario, Germán Arciniegas, al frente poco más tarde de la revista <i>Cuadernos,</i> no pudo asistir por hallarse convalesciente de una operación reciente. Las actas de las sesiones registran la voz monopólica con la que “los amigos del Congreso” dominaron las deliberaciones, entrenados en el ejercicio de una oratoria propensa a cultivar desmesuras y provocaciones.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote13sym" name="sdendnote13anc">xiii</a></sup> A pesar del ruido de los discursos (el Congreso tendía a ver en las polémicas un índice deseable de movilización intelectual), el coloquio languideció bajo el peso de fórmulas envejecidas y no logró despertar ni el interés ni la energía que había logrado el legendario PEN de 1936. Borges, en quien recayeron las expectativas de que presidiría el Coloquio, había renunciado al comité organizador poco menos de un año antes en protesta a los 5 millones que el Almirante Rojas quería destinar al evento. La espléndida generocidad del gobierno argentino fue blanco involuntario de su sarcástico desprecio: “Gastar en estos momentos cinco millones en una empresa tan vana… salvo que el país esté tan pobre que cinco millones nada signifiquen,” confesó a Bioy Casares poco antes de enviar su renuncia (<i>Borges</i> 764).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Provocadora fue también la crónica que Murena escribió para <i>Cuadernos</i> donde arremetía contra los resultados más o menos inocuos de este tipo de encuentros.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote14sym" name="sdendnote14anc">xiv</a></sup> El intelectual debe ser—sentenció&#8211;“inquisidor y terrorista:” un desleal, como prefirió llamarlo Graham Greene, que “no solamente debe rechazar privilegios y condecoraciones del Estado, sino que ni siquiera debe merecerlos” (81). Corrían, sin duda, otros tiempos y los “intelectuales traidores” de Julien Benda que el Congreso había hecho objeto de escarnio en los 50s se habían convertido, una década más tarde, en los “soldados leales” de Greene. La retórica congresista de los 60s podía admitir cambios cosméticos pero en el fondo el sentido de su lucha anticomunista parecía seguir siendo el mismo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">A juzgar por la carta que el representante del Comité Central en América Latina envió a Murena, el Congreso por la Libertad de la Cultura tampoco se dejó impresionar por los resultados que arrojó el PEN de 1962. Escribiendo desde Uruguay, Mercier Vega liquida el asunto en un párrafo apresurado y lacónico: “No tengo nada que decirle sobre la conferencia del PEN Club, la cual tuvo poca resonancia en los ambientes intelectuales, pero favoreció unos contactos útiles entre ciertos participantes, como Silone y Spender, con escritores argentinos.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote15sym" name="sdendnote15anc">xv</a></sup> Borges, que ya por entonces parecía haber desplazado a Victoria Ocampo en el interés que despertaba entre viajeros internacionales de paso por Argentina, recibió a dos de los tres “amigos del Congreso” que asistieron al PEN. Del encuentro con Madariaga, Bioy registra la perplejidad de Borges ante la prédica del español que dijo preferir la inquisición a los gobiernos comunistas de la época porque al menos a la inquisición se le podía atribuir los aciertos de la sátira de Quevedo. Incrédulo, Borges reprobó la puerilidad del argumento: le resultaba imposible vislumbrar algún riesgo político o religioso en la risa de Quevedo a costa de cornudos, gordos, calvos y narigones. Del encuentro con el editor de <i>Encounter</i>, Bioy sólo habla en una entrada breve (la del 9 de octubre) donde se queja de la “tarea ingrata de atender a Stephen Spender” (819). El escaso entusiasmo que contagian estas acotaciones hace pensar que la “utilidad” de los contactos “con escritores argentinos” de la que habla Mercier Vega no parece haber sido estrictamente recíproca.</span></p>
<p><strong><span style="color:#000000;">Borges en <i>Encounter</i></span></strong></p>
<p><span style="color:#000000;">La deuda sin duda obligaba a la dócil cortesía que Borges practicó en esa comida compartida con Spender, Vlady Kociancich y Enrique Pezzoni en casa de Bioy Casares. Pocos meses antes de este encuentro, <i>Encounter</i> había publicado “La lotería de Babilonia” y una breve nota de su traductor, J.M.Cohen, titulada simplemente “Borges” donde celebraba al “brilliant and distinguished” poeta argentino, “practically unknown and untranslated in the English-speaking world” (3). Irremediablemente la presentación ofrecía para consumo del lector internacional de <i>Encounter</i> todos los lugares comunes que pronto consolidarían el mito-Borges for export: su ceguera, la fascinación por los laberintos, la ausencia de color local, y la oposición al peronismo que, según Cohen, no sólo lo había dejado sin trabajo “in the National Library” (<i>sic</i>) sino también lo había obligado a mudarse continuamente “in fear of arrest” cuando “many of his friends, the group which supported the Europeanising magazine <i>Sur</i>, were in jail” (48). El gorilismo de Borges fue una credencial difícil de eludir para <i>Encounter</i>. Perón tenía mala prensa en Inglaterra y las conflictivas relaciones con Argentina habían ido pautando los largos años de posguerra con ciclos de crisis permanentes, desde el sonado bloqueo de los depósitos argentinos en libras esterlinas hasta la nacionalización de los ferrocarriles, sin perder de vista que el modelo de sustitución de importaciones implementado por el peronismo había llegado a afectar más del 40% de las exportaciones británicas en un marco agravado por una economía de supervivencia. Las enconadas críticas al “demagogo” habían sido por lo tanto moneda corriente desde los orígenes de la revista, mucho antes de la llegada triunfal de Borges a sus páginas.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En el número de Julio del mismo año, <i>Encounter</i> volvió a publicar a Borges, esta vez “Las ruinas circulares” y “La biblioteca de Babel.” Un recuadro acompañaba los cuentos donde la revista ensayaba una suerte de justificación ante el lugar excepcional que destinaba a “this brilliant Argentinian writer”: “A first story by Borges which we published last month caused, we are told, a ‘minor sensation’ in some readers’ circles” (3). A partir de este momento y después del encuentro con Spender en Buenos Aires, Borges fue un colaborador regular de <i>Encounter.</i> Prueba de ello, sus textos prescindieron de salir acompañados de esos recuadros iniciales saturados de superlativos: ocho de sus “Poemas” aparecieron en distintos números a lo largo de 1963, “Hombre de la esquina rosada” se publicó en 1964, “La modestia de la historia” en 1965, y la serie ininterrumpida de textos de los años 60s culmina con el número antológico que <i>Encounter</i> le dedica en abril de 1969. La imagen de Borges que ilustraba la portada venía a ratificar esa reputación ganada “in the English-speaking world” de la que la revista debió sentirse directamente responsable.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote16sym" name="sdendnote16anc">xvi</a></sup></span></p>
<p><strong><span style="color:#000000;">Conexión <i>Sur-Cuadernos</i></span></strong></p>
<p><span style="color:#000000;">Pero la relación con el Congreso por la Libertad de la Cultura no se reduce sólo a estas colaboraciones en <i>Encounter</i> o a las atenciones corteses e incípidas pagadas a sus emisarios de paso por Buenos Aires. Se remonta a los orígenes mismos del Congreso en América Latina y, específicamente, a la apertura en 1955 de la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura que, en plena euforia posperonista, contó a Borges entre uno de sus miembros fundadores.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote17sym" name="sdendnote17anc">xvii</a></sup> El terreno lo había abonado un año antes Julián Gorkin, director de la primera época de <i>Cuadernos</i>, que, en gira por América Latina, había establecido “fructíferas” conexiones con la élite liberal porteña fervorosamente unificada en un frente común de oposición al peronismo. Ignacio Iglesias, redactor en jefe de <i>Cuadernos</i> que luego heredaría <i>Mundo Nuevo</i>, alabó el éxito de las gestiones de Gorkín en Buenos Aires: “la ocupación ha sido fructífera—le escribió desde París&#8211;Sobre todo tu entrevista con Victoria Ocampo, Francisco Romero, Jorge Luis Borges, etc. representa para nosotros algo fundamental.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote18sym" name="sdendnote18anc">xviii</a></sup> La palabra “ocupación,” de inequívoca resonancia militar, podría resultar curiosamente anómala en otro contexto que no fuera el de la guerra fría cultural liderada por el Congreso por aquellos años. En todo caso, lo que importa señalar es que, si la “ocupación” de Gorkín fue posible en Buenos Aires, hay que atribuirle no poco mérito al antiperonismo militante del ala liberal porteña nucleada en torno a la revista <i>Sur</i>. Para el Congreso, existían dos tipos de revistas: las auspiciadas oficialmente por la organización cuya producción y distribución financiaba (destinando casi el 40% de su presupuesto a mantener esta red editorial de propaganda internacional), y aquellas revistas afiliadas o “amigas naturales” que recibían subsidios ocasionales en reconocimiento al espacio de “propalación”—otra palabra anómala que el lexicon del Congreso usaba como sinónimo de publicidad o propaganda—a ideas y congresistas a los que ofrecían sus páginas. <i>Sur</i> perteneció sin duda a este segundo grupo de publicaciones, sobre todo a partir de la década del 50 cuando sus vínculos con el Congreso se estrecharon de tal modo que las posibles superposiciones de fines y luchas llegaron por momentos a la coincidencia total y complaciente.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote19sym" name="sdendnote19anc">xix</a></sup> El cuadro de escritores que el Congreso reclutó en Argentina provenía, en su mayor parte, de <i>Sur</i>. Y Borges no fue la excepción. Al menos no en este sentido, la excepcionalidad del caso Borges se da en otro plano. A principios de los 60s, cuando el Congreso implementó una reorganización a gran escala redirigiendo sus esfuerzos y reestructurando sus sedes nacionales para conseguir mayor “penetración” en América Latina después de la “sorpresa” de la Revolución Cubana, Borges fue el único nombre de la vieja guardia liberal asociada a la lucha anticomunista de los 50s que el Congreso no sólo mantuvo en sus filas activas sino que hizo objeto de una campaña internacional de promoción de la cual la visibilidad ganada en <i>Encounter </i>fue sólo una muestra.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La Revolución Cubana había sorprendido al Congreso desprevenido y desarmado editorialmente. La única revista en español que financiaba, <i>Cuadernos,</i> no tenía buena reputación en América Latina donde era percibida como un espacio copado por el exilio anticomunista español que pocas veces se ocupaba de América Latina y cuando lo hacía, no podía evitar la mirada condescendiente y distante. La secretaría central trató de subsanar desesperadamente este vacío: a partir del número 70 puso a cargo de la dirección a Germán Arciniegas, presentó a <i>Cuadernos</i> como una “revista de América Latina,” la convirtió en una publicación mensual, e inauguró un flamante “consejo de honor” abierto a nombres connotados de la cultura latinoamericana. En riguroso orden alfabético, Borges figuraba segundo en el consejo de la nueva fórmula de <i>Cuadernos</i>, después de Eduardo Barrios y antes de Rómulo Gallegos. Otra de las novedades que implementó Arciniegas fue el lanzamiento de premios literarios. El primer llamado a premiar cuentos inéditos de escritores argentinos fue convocado conjuntamente por <i>Sur </i>y <i>Cuadernos</i>. Los manuscritos debían enviarse a la Editorial Sur y el cuento seleccionado recibiría 100 dólares y sería publicado en <i>Cuadernos</i>. La urgencia del anuncio que apareció en el número de septiembre de 1963 con un plazo fijado para el 30 de ese mismo mes, fue tal, que el jurado sólo aparecía identificado con unas crípticas “X,Y y Z.” La incógnica la despejó más tarde <i>Sur</i> cuando anunció que Fryda Schultz de Mantovani, Alberto Girri y Manuel Peyrou habían otorgado el premio al cuento “Aparecer, desaparecer” de Adolfo de Obieta. La conexión <i>Sur-Cuadernos</i> se estrechó visiblemente durante la época de Arciniegas, y si varios de los autores de <i>Sur</i> ya habían publicado textos esparcidos en los <i>Cuadernos</i> de Gorkín (Borges, por ejemplo, había sido objeto de una crítica encomiástica escrita por Enrique L. Revol y Victoria Ocampo publicó en 1961 su primera alabanza pública a Borges&#8211;“Visión de Jorge Luis Borges”—reproducida luego en el volumen colectivo de <i>L’Herne</i>), la época latinoamericana de <i>Cuadernos</i> vió incrementarse de manera considerable la presencia de nombres vinculados a <i>Sur</i>: en relación a la época anterior, Borges triplicó el número de sus colaboraciones, Victoria Ocampo siguió publicando con la regularidad que lo venía haciendo desde el lanzamiento de <i>Cuadernos</i>, mientras los “jóvenes” de <i>Sur</i> (con Héctor Murena a la cabeza) empezaron a colaborar con regularidad seducidos tal vez por la internacionalización (y el pago) que prometía la revista parisina en momentos en que <i>Sur,</i> ansiosa por atraer la atención de las nuevas generaciones, también cortejaba a los mismos jóvenes con igual grado de deferencia. La reciprocidad de anuncios publicitarios que intercambiaron <i>Sur</i> y <i>Cuadernos</i> también llegó a potenciar esa zona de cruces y fertilizaciones mutuas que estrechó el vínculo entre las dos revistas en los años 60s. Preocupado por la deficiente circulación de la publicación del Congreso en Sudamérica, Arciniegas pensó también en confiar a la editorial <i>Sur</i> la distribución de la nueva fórmula de <i>Cuadernos.</i> Los 500 dólares que el Congreso estaba dispuesto a desembolsar para mejorar sus circuitos de comercialización en América Latina no fueron, al parecer, suficientes, y Sudamericana terminó haciéndose cargo de la distribución de <i>Cuadernos</i>, primero, y de <i>Mundo Nuevo</i>, poco después. Esto no impidió que a partir de 1959 <i>Sur</i> llegara (al menos en Buenos Aires) a repartirse junto con los volantes sueltos del Congreso por la Libertad de la Cultura que “protestaban contra los brotes de comunismo en América Latina” (54).<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote20sym" name="sdendnote20anc">xx</a></sup> En los archivos alojados en la Universidad de Chicago existe un memo fechado en 1964 donde John Hunt aprueba un giro de 1,000 dólares a la editorial <i>Sur</i>.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote21sym" name="sdendnote21anc">xxi</a></sup> Hunt no explica en concepto de qué el Congreso emitía estos fondos pero documentos como éste llevan a pensar que la colaboración de <i>Sur </i>con el Congreso no parecía reducirse a la simple empatía de ideas. John King, en su estudio canónico de la revista de Victoria Ocampo, menciona una sola vez al Congreso: “<i>Sur </i>siempre había estado cerca de los objetivos del Congreso por la Libertad de la Cultura, en su intento de combatir el bolchevismo y el estalinismo y convertir a los intelectuales a un compromiso con Occidente. Su primer presidente, Denis de Rougemont, era un viejo amigo de Ocampo” (231). Y, como reza el refrán, tus amigos terminaron siendo también mis amigos. Durante los “oprobiosos” años de peronismo, los nombres de notorios congresistas—Denis de Rougemont, Salvador de Madariaga, Alfonso Reyes, Ignazio Silone, Germán Arciniegas, Stephen Spender e incluso Arthur Koestler—fueron recurrentes en las páginas de <i>Sur</i> y lograron, a pesar del aislamiento del que se quejó tantas veces VO, mantener viva la ilusión internacional de la que podía aún jactarse la revista porteña. El antiperonismo de <i>Sur</i> encontró<i> </i>también terreno fértil en la prédica del Congreso y cuando su directora fue encarcelada, el Congreso lanzó una campaña internacional a favor de su liberación. El binomio <i>Sur</i>-Congreso libró además luchas no sólo literarias: era práctica del comité central reclamar la firma de Victoria Ocampo y la de Borges al pie de declaraciones que enviaba a la Asociación Argentina para su difusión en periódicos locales y que, por ser de carácter político, no podían aparecer como iniciativas ligadas al Congreso. Las cartas y telegramas de este tipo que alojan los archivos se refieren a la declaración en defensa al Premio Nobel a Boris Pasternak (1958),<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote22sym" name="sdendnote22anc">xxii</a></sup> a la crisis de Berlín (1961),<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote23sym" name="sdendnote23anc">xxiii</a></sup> y al llamado en solidaridad con intelectuales indúes ante la agresión china (1962).<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote24sym" name="sdendnote24anc">xxiv</a></sup></span></p>
<p><strong><span style="color:#000000;">El recambio generacional de los años 60</span></strong></p>
<p><span style="color:#000000;">En todo caso, el peregrinaje de emisarios del Congreso como Lowell, Botsford, Madariaga, Spender y Silone a Buenos Aires en 1962 indicaba un giro en las estrategias del órgano para América Latina; giro que se reflejó también en la nueva fórmula adoptada por <i>Cuadernos</i>. Todos estos cambios formaban parte de un esfuerzo mayor destinado a rediseñar la imagen anticomunista de los 50s con la que se identificaban las actividades del Congreso en América Latina. Específicamente la nueva política cultural se impuso como meta renovar los viejos cuadros intelectuales, renunciar a un anticomunismo démodée e ineficaz, inaugurar una nueva retórica de “diálogo” e “integración,” y reclutar “elementos” jóvenes para la red de sus revistas, becas, y grupos de trabajo con la idea de penetrar, armados de un discurso más técnico y moderno, los claustros virtualmente “tomados” por la izquierda de las universidades latinoamericanas. Resultaba imperativo para el Congreso desmantelar la imagen de “old boys club” que irradiaban las sedes nacionales y ése fue el objetivo del viaje de Mercier Vega a Buenos Aires a fines de 1963. En su carta al presidente de la Asociación Argentina, Mercier anuncia la “transformación completa de nuestras actividades en Argentina,” y da por cumplida la razón de ser de la primera época de la sede: “Centro de resistencia contra la amenaza directa del autoritarismo, del gansterismo y de la demagogia peronista, al mismo tiempo que centro de información sobre el peligro de las infiltraciones comunistas, el local de Libertad 1258 ha cumplido su tarea durante casi 10 años, con vigor y valor.” Mercier también habla de la “fama de oficina de propaganda antisoviética, con orientación conservadora” que tiene el local promotor de eventos para “públicos convencidos.” Y del “desgaste generacional” que hace que la Asociación Argentina no esté equipada para enfrentar “el delirio mental de las seudo-izquierdas y de los seudo-revolucionarios” si no se “transforma en un centro de información, de investigación, de afirmación lo más objetivo, lo más científico posible, dejando al lado—sin por lo tanto despreciarla—la política.” Por último, habla de la ineficacia de la Asociación a causa del alejamiento de “intelectuales de peso” como Victoria Ocampo, Borges, Giusti y Houssay.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote25sym" name="sdendnote25anc">xxv</a></sup> En su respuesta, Juan Antonio Solari corrige la apresurada percepción de Mercier: “Los nombres que Ud. cita (Victoria Ocampo, Borges, Giusti y Houssay), que dieron su adhesión al fundarse la Asociación, han hablado, algunos recientemente, en actos nuestros.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote26sym" name="sdendnote26anc">xxvi</a></sup> Solari no mentía, al menos no en cuanto a Borges, que ese año había dado una conferencia sobre Adolfo Bioy (padre) en la Asociación y que en diciembre había participado en el Teatro General San Martín en un homenaje al asesinado presidente Kennedy auspiciado por la sede argentina del Congreso. De esta conferencia no ha quedado rastro, sólo de la indignación de Borges que recoge Bioy Casares: “Yo creo que mi discurso fue el que cayó mejor: como la gente cree que soy ciego, se conmueven por cualquier cosa que digo … Fui el único que no hizo reservas, que no aprovechó el acto para atacar a los Estados Unidos. Qué miserables, te das cuenta, aprovechar el homenaje a un hombre asesinado para atacar a su país…” (987).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La desmentida de Solari sobre el rol activo de Borges en la Asociación Argentina del Congreso no cambió en nada el mandato que traía Mercier. La re-estructuración de la sede era un hecho consumado y al término de su estadía de una semana en Buenos Aires, Mercier cerró el local de Libertad, abrió otro local en Montevideo 666, cambió el nombre de la sucursal que a partir de diciembre de 1963 pasó a llamarse Centro Argentino por la Libertad de la Cultura, y delegó todas sus actividades en dos jóvenes “amigos:” la representación de <i>Cuadernos</i> quedó a cargo de Murena (que seguía al frente de la Editoral Sur) y puso al frente del Centro a Horacio Daniel Rodríguez (periodista de <i>La Prensa</i> y más tarde sucesor de Rodríguez Monegal en la dirección de <i>Mundo Nuevo</i>).<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote27sym" name="sdendnote27anc">xxvii</a></sup> Las frenéticas actividades de 1964 reflejan la nueva política cultural del Congreso para América Latina: el Centro de Buenos Aires auspició conferencias en la universidad dictadas por profesores y dirigidas a estudiantes universitarios, constituyó grupos de trabajo donde se trataron los temas “más científicos” y “objetivos” de la nueva agenda, auspició una serie de muestras pictóricas y de “debates humanísticos” y lanzó cortos de 15 minutos en Radio Municipal donde se “propalaban” las actividades del Congreso, desde entrevistas a emisarios de paso por Argentina a la lectura de textos de Borges publicados en <i>Cuadernos</i> y <i>Encounter</i>.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote28sym" name="sdendnote28anc">xxviii</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>La excepción llamada Borges “[pronounced Bor-hess]”</strong><sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote29sym" name="sdendnote29anc">xxix</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Captar jóvenes y penetrar los claustros universitarios fue la impronta que guió esta nueva etapa del Congreso. Los viejos “intelectuales de peso” o habían muerto (como Francisco Romero o Alfonso Reyes) o fueron “destituídos” de los lugares protagónicos (como Victoria Ocampo o Luis Alberto Sánchez) que habían ocupado en la ya envejecida fórmula anticomunista que el Congreso se afanaba ahora en dejar atrás.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote30sym" name="sdendnote30anc">xxx</a></sup> Borges fue una llamativa excepción a esta regla de recambio generacional. En la misma época que el Congreso estaba embarcado en estos esfuerzos de reciclado, Borges llegó a ser (curiosamente) objeto de todas sus atenciones internacionales. En enero de 1963 había vuelto a Europa (después de casi 40 años de ausencia) gracias a un subsidio conjunto del Congreso por la Libertad de la Cultura y del British Council.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote31sym" name="sdendnote31anc">xxxi</a></sup> En el voucher del viaje, el Congreso se equivoca y lo llama <i>José</i> Luis Borges:</span></p>
<p style="padding-left:40px;"><span style="color:#000000;">Air travel connection with the visit of JOSE (<i>sic</i>) LUIS BORGES to London:</span></p>
<p style="padding-left:40px;"><span style="color:#000000;">As you will see from the attached memorandum from Mme Loiseau dated 7 January, the British Council has arranged a trip to Europe for Mr. Borges. As he is nearly blind, he must be accompanied. The Congress has agreed to pay the airfare of his mother in this connection. …. You might point out that the fare is first class jet return Buenos Aires/London. I don’t think there is any objection to this.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote32sym" name="sdendnote32anc">xxxii</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Para entonces Borges podía estoicamente resignarse a ser llamado José. El primer artículo sobre <i>Labyrinthes</i> que publicó <i>Critique</i> ostentaba el título “Le monde de José (<i>sic</i>) Luis Borges.” También en el acto de entrega de la dirección de la Biblioteca Nacional, el secretario de instrucción pública de la Revolución Libertadora no había dejado de llamarlo <i>José</i> (Bioy Casares 144). Riéndose de este error crónico, Borges se desquita en el “Epílogo” a sus <i>Obras Completas</i> (1974) donde parodia su propia nota biográfica para una hipotética Enciclopedia Sudamericana a publicarse en el año 2074, y encabeza la entrada con el nombre medio falso de “Borges, <i>José</i> Francisco Isidoro Luis.”</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En el reporte anual que el Congreso giró a la Fundación Ford, el viaje a Europa de 1963 aparece justificado en términos que parecen aclarar los motivos del interés en Borges. Bajo el rubro “Trips and cultural exchange,” se lee:</span></p>
<ol type="a">
<li style="list-style-type:none;">
<ol type="a">
<li></li>
</ol>
</li>
</ol>
<p style="padding-left:40px;"><span style="color:#000000;">J.L.Borges (from Argentina to Europe)</span></p>
<p style="padding-left:40px;"><span style="color:#000000;">A candidate for the Nobel Prize in Literature and Latin America’s greatest writer, J.L.Borges had not been to Europe since before World War II. A Congress grant permitted him to make the trip and to make personal contacts with writers, editors and scholars all over Europe. (35)<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote33sym" name="sdendnote33anc">xxxiii</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Al año siguiente, el Congreso volvió a invitar a Borges a Europa (este viaje incluía una oportuna escala en Suecia) con el objeto de asistir a la Conferencia Internacional de Poetas que se realizó en Berlín y Stuttgart del 22 al 27 de septiembre. Con encuentros como éstos, donde Borges, Arciniegas, Guimaraes Rosa, Asturias y Roa Bastos debieron confraternizar con los poetas nigerianos Wole Soyinka, John Pepper Clark y el escritor sudafricano Ezequiel Mphahlele, el Congreso se proponía “integrar” dos frentes de “alto” riesgo como Africa y América Latina bajo la égida acogedora de <i>Occidente</i> (una categoría que en los 50s había construído diligentemente como universal de civilización “libre,” no-comunista). Los resultados de la conferencia de Berlín fueron sin embargo poco menos que decepcionantes. La esperada “integración” pronto se vió entorpecida por una atmósfera cargada de diferencias políticas y raciales. En un congreso “aimed at introducing African art and artists to Europeans, and vice versa,”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote34sym" name="sdendnote34anc">xxxiv</a></sup> Borges no pudo sino sentirse rigurosamente fuera de lugar. Y la incomodidad no fue menor a la hora de compartir en silencio el ascensor con Asturias. Según María Esther Vázquez, en la sesión de apertura, “creyendo que el auditorio pensaría como él, [Borges] afirmó que las diferencias entre las razas eran mínimas y que ciertas pasiones y capacidades del hombre estaban más allá de las aparentes peculiaridades raciales.” Semejante planteo esencialista despertó la airada oposición de los poetas africanos que, según parece, sólo sirvió para acentuar “la natural antipatía que Borges sentía por la gente de izquierda” (236).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Después de esta fallida participación en Alemania, el malestar de Borges aparece intacto en la respuesta que, de paso por París, da en una entrevista a Vargas Llosa: “los resultados de estos congresos creo que son puramente negativos… [E]n una reunión de escritores se habla tan poco de literatura y tanto de política… desde luego, agradezco haber sido invitado [por el Congreso por la Libertad de la Cultura], ya que para un hombre sin mayores posibilidades económicas como yo, esto me ha permitido conocer países que no conocía … Pero, en general, creo que estos congresos literarios vienen a ser como una forma de turismo, ¿no? lo cual, desde luego, no es del todo desagradable.”</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La maliciosa revancha que no se preocupa en disfrazar la respuesta a Vargas Llosa sólo hace pensar en lo lejos que está Borges de cumplir con los protocolos de un congresista ortodoxo (estoy pensando en el modelo que ofrece un Arciniegas, un Luis Alberto Sánchez o un Rodríguez Monegal). Las imposibilidades de Borges son tan vistosas que cabe preguntar ¿por qué el Congreso invirtió todo el arsenal a su disposición para internacionalizar a Borges en los 60s? Una por una Borges parece contradecir casi todas las credenciales que podrían despertar el interés del Congreso de la détente. Políticamente, ya era miembro del partido conservador. No era un intelectual (y el Congreso siempre desconfió de la ultilidad política de la “pura” literatura). Tampoco era joven. Ni ex-comunista (las efusiones tempranas de los poemas bolcheviques que escribió en España no alcanzan ciertamente a calificarlo como tal). Y para colmo, la dirección de la Biblioteca Nacional comprometía su relación con las esferas del estado, poniendo en entredicho la condición de “intelectual independiente,” según lo exigía la prédica liberal del Congreso. Se lo mire desde donde se lo mire, el perfil de Borges se alejaba en todo del perfil típico de intelectual cortejado por el Congreso. Borges era un “convencido” y nada podría parecer más incípido y desmovilizador, a los ojos del Congreso de la détente, que las greguerías políticas de un obsecado spenceriano argentino. Sin duda, las pequeñas rebeliones de Borges contra la regla del “como si” que dictaba la etiqueta de las instituciones literarias—evidentes en sus comentarios sobre la conferencia de Berlín—tornan aún más paradójicos sus vínculos con una organización que dirigía sus métodos a lucrar políticamente tanto con la vanidad como con la necesidad de muchos de sus escritores afiliados.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Pero más allá de lo impertinente que pudieran resultar sus poses políticas, hay que reconocer también que Borges aportaba a la égida del Congreso un caudal de innegable atractivo: era uno de los escritores “latinoamericanos” más convincentemente “occidental” que el Congreso tenía a mano. Estaba además vacunado de todo lastre autoctonista, lo que lo hacía un candidato más que apto para alcanzar el status de “world writer.” Cumplía además con el “almost <i>sine qua non</i> of Cold War angels:” en cuestiones de arte era vanguardista mientras se proclamaba conservador en política (Saunders 322). Por último, la oportunidad histórica ayudó a potenciar el cúmulo de estos capitales: muerto Alfonso Reyes, en quien habían recaído hasta 1959 las esperanzas latinoamericanistas del Congreso, Borges pasó a ocupar el lugar que dejó vacante el mexicano para hacer frente a la amenazante reputación internacional de Pablo Neruda o de Miguel Angel Asturias en una carrera sin tregua por el Nobel. Reconocido ya en Francia y consagrado en Argentina (Borges, en realidad, atravesaba una crisis “local” de credibilidad y los viajes al extranjero lo ayudaron a navegar este mar de enconos nacionales), el Congreso puso en acción toda la artillería simbólica de la que disponía para europeizarlo, y convertirlo así en un candidato asequible en momentos en que también Neruda y Asturias aspiraban a obtener el máximo galardón literario.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote35sym" name="sdendnote35anc">xxxv</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">En las revistas del Congreso, el nombre de Borges empezó a resonar junto al de Neruda, creando una suerte de competencia por el Nobel cuyo impacto de propagación o contagio resulta retrospectivamente difícil de ignorar. De una entrevista a Borges en 1963 <i>Cuadernos</i> reprodujo la única pregunta que parecía importar: “¿Qué opina Ud. sobre la candidatura de Pablo Neruda para el Premio Nobel?” Borges, después de ensayar una evasiva observación sobre la influencia de Walt Whitman en Neruda y en Carl Sandburg, otro de los candidatos al Nobel del momento, se apuró a agregar: “Políticamente [Neruda y yo] estamos distanciados, recuerdo que publicó un poema sobre los tiranos de América, y nos dolió mucho a los argentinos que no hubiera palabra contra Perón.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote36sym" name="sdendnote36anc">xxxvi</a></sup></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Sería, sin embargo, un error buscar en <i>Cuadernos,</i> una publicación que no interpelaba al púbico que se quería conquistar, los pormenores de la campaña a favor de Borges que auspició el Congreso. <i>Cuadernos</i> era por entonces un sonado fracaso (“It was a pile of shit,” sentenció Keith Botsford quien había cabildeado para lograr su clausura tres años antes de que finalmente el Congreso se diera por vencido, y cesara su publicación en 1965).<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote37sym" name="sdendnote37anc">xxxvii</a></sup> La campaña-Borges no se libró en <i>Cuadernos</i> sino en <i>Encounter</i>, “the Congress’s crown jewel” (Frankel 289) y el foro elegido para catapultar internacionalmente a Borges y transformarlo en el “world writer” en el que necesitaba convertirse para disputarle a Neruda (y en menor grado también a Asturias) los laureles del máximo premio literario. Fue <i>Encounter</i> –al que la CIA consideraba “the Congress’s flagship journal” (Saunders 219)—la publicación que asumió como propia la glorificación de Borges a nivel mundial, con un espaldarazo que puso en marcha el aluvión de traducciones que siguió a su viaje consagratorio por Europa a principios de 1963.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Según la narrativa dominante en las filas de la crítica borgeana, este lugar de honor lo ocupa el Premio Formentor. Pero al hablar ahora del rol de <i>Encounter</i> y del Congreso en la internacionalización de Borges no pretendo ignorar sino matizar el lugar común que atribuye el origen de su fama europea al premio que recibió en 1961 gracias a la diligente gestión de Roger Caillois. Los dos esfuerzos&#8211;el de <i>Encounter</i> y el del premio Formentor&#8211;no parecen del todo desvinculados si se piensa que, según lo documentan Gremion (166) y Scott-Smith (185), Caillois no era por entonces sólo funcionario de la Unesco o editor de Gallimard sino formaba parte también de los cuadros intelectuales franceses afiliados al Congreso desde los tempranos años 50s.<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote38sym" name="sdendnote38anc">xxxviii</a></sup> Se diría que en los campos de batalla en que se libró la guerra fría cultural todos los caminos conducen a esa Roma que fue el Congreso por la Libertad de la Cultura.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El efecto que tuvo sobre los procesos de formación del canon occidental un sistema de patronazgo de las dimensiones colosales del Congreso (el adjetivo pertenece a Said) no puede ser subestimado. A través de la órbita global de sus revistas, sucursales, conferencias, servicios de información y emisarios, el Congreso alteró el circuito internacional de consagración, actuando sobre medios de difusión, traducción y diseminación a favor de ciertos autores mientras confinaba a otros a la invisibilidad o al aislamiento. Fundado y financiado por la Central de Inteligencia para controlar e intervenir en la producción y en el flujo de discursos durante la guerra fría, el Congreso, afirma Rubin, “did not leave the cannon untouched, but rather helped to shape it, define it, regulate it, administer it, co-opt part of it, and in some cases silence and marginalize writers, particularly those whose dissenting practices threatened to undermine the episteme upon which the Cold War was based—a seemingly relentless conflict between ‘totalitariasnism’ and the ‘free world’” (8). Borges fue uno de los escritores tocados por esta varita mágica. Las tácticas de réplica, cruces y fertilizaciones mutuas que garantizaban como efecto en cadena sus publicaciones hicieron de Borges un nombre conocido, primero, en <i>Cuadernos</i>, pero sobre todo en <i>Encounter</i>, aunque también <i>Mundo Nuevo</i>, <i>Preuves</i> y <i>Der Monat</i> contribuyeron en no menor medida a ceder sus páginas al entonces desconocido escritor argentino. Un ejemplo habla, entre otros, de este circuito homogeneizador de diseminación por réplica: en 1967 <i>Mundo Nuevo</i> publica una extensa entrevista de César Fernández Moreno a Borges, <i>Encounter</i> la reproduce en el número antológico de 1969 pero en versión abreviada, liberada de esos tics locales que podrían entorpecer el perfil “occidental” de un escritor latinoamericano ofrecido al consumo del público transnacional de la revista<i>.</i> En Buenos Aires, mientras tanto, las audiciones de Radio Municipal que supervisaba Murena, leían los textos de Borges publicados en las revistas europeas del Congreso como botón de muestra del prestigio internacional alcanzado. Y junto a la circularidad de una visibilidad lograda por inflación y redundancia, la reputación de Borges creció también por contiguidad y contagio: su nombre apareció sistemáticamente junto al de Thomas Mann. T.S.Eliot, Aldous Huxley o André Malraux como sinónimo de la <i>mejor</i> literatura occidental. Aludiendo a esta táctica de amplificación que institucionalizó el Congreso a través de su aparato promocional, Rubin concluye “never before had there been an active transnational imaginery articulated in this way” (58). Cabe acaso preguntar en este punto si el efecto dominó que catapultó a Borges se hubiera desencadenado con la misma intensidad de no haber mediado Neruda como figura de contrapeso en una estructura de distribución regulada no tanto por valores o méritos literarios sino más bien por favores, cálculos y colores políticos.</span></p>
<p><strong><span style="color:#000000;">Sobre conjurados y redentores</span></strong></p>
<p><span style="color:#000000;">Pocos meses después de fundado el Congreso, Sidney Hook, uno de sus ideólogos americanos, publicó en el <i>NYT</i> “Heresy …Yes! But not Conspiracy!” En este artículo programático, intentaba justificar el antiliberalismo que debía asumir el liberalismo en los años de pos-guerra, estableciendo una división estratégica entre herejía y conspiración. Las herejías, dice Hook, son ideas “sin consenso” que en su lucha por imponerse están destinadas a ser derrotadas en el “mercado libre de las ideas.” Una conspiración, por el contrario, ”is a secret or underground movement, which seeks to attain its ends not by normal political or educational process but by playing outside the rules of the game. Because it undermines the conditions which are required in order that doctrines may freely compete for acceptance, … conspiracies cannot be tolerated without self-stultification in a liberal society.” El ejemplo con el que trabaja el artículo, claro, es el comunismo. Para Hook la amenaza comunista no debía confundirse con la peligrosidad de sus ideas sino con el método clandestino de su organización. Semejante prédica queda atrapada por esa lógica que dominó la guerra fría cultural y que sólo pudo pensar lo político en términos de conspiración. Pero si para Hook, los conspiradores fueron siempre sus otros-ideológicos, Borges, que fabuló con herejes y conspiradores mucho antes de que a Hook se le ocurriera especular con su diferencia, asumió no pocas veces el lugar de los conspiradores. Acaso para Borges, adoptar la perspectiva del conjurado tuvo la ventaja de eludir la paranoia demencial o “la causalidad diabólica” que toda conspiración pone en marcha cada vez que coinciden enemigos y conspiradores. Los conjurados de Borges no se parecen en nada a los de Hook, son conjurados bien intencionados, utopistas y redentores como Alejandro Ferri de “El Congreso,” o como los creyentes en una patria universal de “Los conjurados.” No voy acá a caer en la tentación de proponer una lectura alegórica que trace el paralelo entre el Congreso por la Libertad de la Cultura y el Congreso del que es miembro el gris narrador del cuento de Borges. Prefiero concluir estas notas con una referencia a la teoría del complot de la que habla Piglia cuando, recordando a Bertolt Bretch, vincula los modos de producción de la gloria, no con los valores intrínsecos o esenciales a una obra, sino con la idea de que todo valor, incluido el literario, es producto de una intriga o complot, es resultado de una intervención que actúa sobre el sentido común para crear otro saber o expectativa capaz de predisponer la mirada del lector y llevarlo a leer a un autor como “clásico.” Y leer a un autor como clásico, agrega Piglia citando a Borges, es leer una obra de modo tal “que hasta sus errores nos parecen deliberados” (37). Ese modo de intervención pensado como intriga y manipulación de las expectativas de recepción fue el modo de intervención que practicó con un éxito del cual paradójicamente no podía jactarse públicamente el Congreso por la Libertad de la Cultura. A lo largo de casi 20 años el Congreso jugó el rol encubierto de productor y regulador de un club super-selecto de escritores, intelectuales y críticos cuyos nombres transformó en “a veritable Who’s Who of mid-20<sup>th</sup> century intellectual life.”<sup><a class="sdendnoteanc" style="color:#000000;" href="#sdendnote39sym" name="sdendnote39anc">xxxix</a></sup> Borges fue uno de los <i>happy few</i> a los que tocó en suerte el baño de gloria manufacturada a través de la cadena editorial de esta vasta “conspiración liberal” (juego acá con el título que Peter Coleman dió a su libro sobre el Congreso) y que en plena guerra fría cultural tuvo alcances comparables a los sueños de delirio universal que fueron sólo capaces de imaginar no pocos de los conjurados borgeanos mejor intencionados.</span></p>
<p><strong>Notas</strong></p>
<div id="sdendnote1">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote1anc" name="sdendnote1sym">i</a> No voy acá a tratar de definir el lugar que ocupó el Congreso por la Libertad de la Cultura en la historia cultural de la guerra fría. Remito a los estudios seminales de Coleman (1989) y Saunders (1999); y, entre los muchos trabajos que los siguieron, Richmond (2003); Belmonte (2008); Scott-Smith (2001).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote2">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote2anc" name="sdendnote2sym">ii</a> Joseph Nye acuñó este término en un artículo de 2007 para hablar de la diplomacia norteamericana que se basa en la propaganda cultural.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote3">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote3anc" name="sdendnote3sym">iii</a></span><span style="color:#000000;"> Más tarde Keith Botsford se refirió a la visita lationoamericana de Lowell en términos que replicaban la lógica de guerra fría desplegada por el Congreso: “From the Congress’ point of view, he [Lowell] was an outstanding American to counteract, I suppose, Communist people like Neruda—our side’s emissary” (Hamilton 300).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote4">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote4anc" name="sdendnote4sym">iv</a> Héctor Murena a Luis Mercier Vega, Octubre 16 1962 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 4).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote5">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote5anc" name="sdendnote5sym">v</a> Carlos Carranza a Luis Mercier Vega, Septiembre 19 1962 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 4).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote6">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote6anc" name="sdendnote6sym">vi</a> Héctor Murena a Luis Mercier Vega, Octubre 16 1962 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 4).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote7">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote7anc" name="sdendnote7sym">vii</a> Ibid.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote8">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote8anc" name="sdendnote8sym">viii</a> Ibid.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote9">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote9anc" name="sdendnote9sym">ix</a> Ibid.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote10">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote10anc" name="sdendnote10sym">x</a> Keith Botsford to M.S. Charles, Diciembre 12 1962 (IACF: Series IV, Box 5, Folder 6).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote11">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote11anc" name="sdendnote11sym">xi</a> En otro de los informes que forman parte de los archivos del Congreso por la Libertad de la Cultura alojados en la Universidad de Chicago, el entonces delegado argentino del Comité Mundial relata el encuentro Borges-Lowell en términos que coinciden básicamente con los de Murena: “Además de la incorrección en la comida de la embajada, en una visita a Jorge Luis Borges parece que comenzó por quitarse los zapatos y comenzó a disparatar, con grandes elogios para Fidel Castro. Borges, que como usted sabe es todo finura y corrección, se nos ha manifestado muy disgustado. A un amigo suyo le expresó su extrañeza por el envío de una persona así con el patrocinio del Congreso.” [Carlos Carranza a Luis Mercier Vega, Septiembre 19 1962 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 4)].</span></p>
</div>
<div id="sdendnote12">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote12anc" name="sdendnote12sym">xii</a> Telegrama de John Hunt a Carlos Carranza, Septiembre 20 1962 (IACF: Series VI, Box 2, Folder 4).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote13">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote13anc" name="sdendnote13sym">xiii</a> Las ponencias y discusiones fueron reproducidas en <i>Coloquio de Buenos Aires 1962</i> (1963).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote14">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote14anc" name="sdendnote14sym">xiv</a> Héctor Murena, “Las perplejidades de Orfeo: El Coloquio de Buenos Aires del Pen Club,” <i>Cuadernos</i> 83 (Abril 1964): 79-81.</span></p>
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<div id="sdendnote15">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote15anc" name="sdendnote15sym">xv</a> Luis Mercier Vega a Héctor Murena, Octubre 22 1962 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 4).</span></p>
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<div id="sdendnote16">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote16anc" name="sdendnote16sym">xvi</a> Incluyo como anexo una lista de las colaboraciones que hasta fines de los años 60 Borges publicó en <i>Encounter</i>, <i>Der Monat</i>, <i>Preuves</i>, <i>Cuadernos</i> y <i>Mundo Nuevo</i>. He decidido incluir estas revistas del Congreso y excluir otras por dos razones: 1) las tres revistas no-hispánicas estaban vinculadas entre sí por medio de un Tri-Magazine Editorial Committee constituído por M.Lasky, N.Nabokov, R. de Rougemont y M.Josselson, destinado a cordinar decisiones editoriales muchas veces compartidas, y 2) al incluir <i>Cuadernos</i> y <i>Mundo Nuevo</i> no sólo tuve en cuenta la lengua común sino también la relación que por distintas razones mantuvieron ambas revistas con Borges y el grupo <i>Sur</i>.</span></p>
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<div id="sdendnote17">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote17anc" name="sdendnote17sym">xvii</a> La nómina de autoridades que aparece en el papel membretado de la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura es larga y consigna nombres cercanos a Borges. Además de su nombre que forma parte de la lista de “Fundadores,” también aparecen los nombres de Roberto Giusti (Presidente), Victoria Ocampo y Francisco Romero (Vicepresidentes), Juan Solari (Secretario General) y Guillermo de Torres (Secretario de Relaciones).</span></p>
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<div id="sdendnote18">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote18anc" name="sdendnote18sym">xviii</a> Ignacio Iglesias a Julián Gorkin, Junio 8 1954 (IACF: Series II, Box 211, Folder 10). Debo esta referencia a Jorge Nállim quien generosamente compartió conmigo las referencias a Borges que encontró en el curso de su investigación en los archivos del Congreso alojados en la Biblioteca Regenstein de la Universidad de Chicago.</span></p>
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<div id="sdendnote19">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote19anc" name="sdendnote19sym">xix</a> Para un análisis de las relaciones <i>Sur</i>-Congreso por la Libertad de la Libertad de la Cultura, sobre todo durante el peronismo, remito a los dos trabajos seminales de Nállim, <i>Transformations</i> (2012) y “Redes transnacionales” (2013).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote20">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote20anc" name="sdendnote20sym">xx</a> Este dato sin duda curioso aparece en el largo artículo que Tomás Eloy Martínez dedicó a Victoria Ocampo en <i>Primera Plana</i>.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote21">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote21anc" name="sdendnote21sym">xxi</a> John Hunt a Kenneth Donaldson, Octubre 2 1964 (IACF: Series IV, Box 10, Folder 16).</span></p>
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<div id="sdendnote22">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote22anc" name="sdendnote22sym">xxii</a> Carlos Carranza a M.S.Charles, Noviembre 18 1958 (IACF: Series II, Box 34, Folder 7). También debo a Jorge Nállim esta referencia.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote23">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote23anc" name="sdendnote23sym">xxiii</a> Julián Gorkin a Carlos Carranza, Agosto 23 1961 (IACF: Series II, Box 38, Folder 8). Debo a Jorge Nállim esta referencia.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote24">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote24anc" name="sdendnote24sym">xxiv</a> Carlos Carranza a Luis Mercier Vega, Diciembre 1 1962 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 4). Otras declaraciones políticas firmadas por Borges—el desagravio al maltrato que recibió Nixon en su viaje por América Latina en 1958, por ejemplo, o el pedido de ejecusión a Regis Debray en 1967 o las manifestaciones frente a la embajada rusa en protesta a la invasión a Hungría a las que Borges asistió en compañía de Bioy Casares y Sábato —bien pudieron haber tenido origen en el Congreso pero no pude sin embargo verificar esta hipótesis en los archivos consultados.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote25">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote25anc" name="sdendnote25sym">xxv</a> Luis Mercier Vega a Juan Antonio Solari, Septiembre 23 1963 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 10).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote26">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote26anc" name="sdendnote26sym">xxvi</a> Juan Antonio Solari a Luis Mercier Vega, Noviembre 13 1963 (IACF: Series IV, Box 2, Folder 10).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote27">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote27anc" name="sdendnote27sym">xxvii</a> Luis Mercier Vega a José Grunfeld, Diciembre 20 1963 (IACF: Series VI, Box 2, Folder 10).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote28">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote28anc" name="sdendnote28sym">xxviii</a> Horacio Daniel Rodríguez a John Hunt, Octubre 26 1964 (IACF: Series VI, Box 2, Folder 10).</span></p>
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<div id="sdendnote29">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote29anc" name="sdendnote29sym">xxix</a> Es la primera mención a Borges que aparece en <i>Times</i> <i>Magazine</i>. Titulada “Greatest in Spanish,” la reseña de <i>Labyrinths </i>y <i>Ficciones </i>aparece el 22 de junio de 1962 y presenta a su autor, “a little-known Argentine.”</span></p>
</div>
<div id="sdendnote30">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote30anc" name="sdendnote30sym">xxx</a> En una carta dirigida a Emir Rodríguez Monegal, José Miguel Oviedo deja constancia de la mala reputación del Congreso en América Latina y de los cambios que apuntaban a subsanar la desconfianza que generaba entre los intelectuales latinoamericanos: “al Congreso no lo quiere nadie y haga lo que haga parece estar condenado a ser mirado con desconfianza, con reserva. Observo que en toda América hay una apertura del Congreso hacia escritores e intelectuales francamente de izquierda. El caso peruano es claro: sacaron a Luis Alberto Sánchez y pusieron a Recavarren” (Carta de José Miguel Oviedo a Emir Rodríguez Monegal, Febrero 24 1966 [Emir Rodriguez Monegal’s Papers: Series 1, Folder 1]).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote31">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote31anc" name="sdendnote31sym">xxxi</a> Con información que refleja la consulta de los archivos del British Council, Woodall comenta el viaje de Borges en los siguientes términos: “[The director of the British Council in Buenos Aires, Neil MacKay,] recommended to the London office that Borges be invited to Great Britain as ‘a friend of the Council, and a faithful upholder of our cause down through the years’” (198). La cooperación entre el Congreso y el British Council durante la guerra fría está documentada por Saunders (1999).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote32">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote32anc" name="sdendnote32sym">xxxii</a> Scott Charles a Evelyn Best, Enero 8 1963 (IACF: Series IV, Box 5, Folder 6).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote33">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote33anc" name="sdendnote33sym">xxxiii</a> Narrative Report on Congress for Cultural Freedom for 1963, PA 57-395, Ford Foundation Archives.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote34">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote34anc" name="sdendnote34sym">xxxiv</a> Narrative Report on Congress for Cultural Freedom for 1964, PA 57-395, Ford Foundation Archives.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote35">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote35anc" name="sdendnote35sym">xxxv</a> Según Saunders, a principios de 1963—año en que se intensifica la promoción a Borges&#8211;el Congreso se enteró de que Pablo Neruda se convertiría en el próximo Premio Nobel de literatura. John Hunt dirigió entonces una campaña masiva de desprestigio que consistió en retratar a Neruda como un estalinista servil y obcecado. En 1964 no fue Neruda el que recibió el premio Nobel sino Jean-Paul Sartre lo que, según Saunders, “was no cause for celebration in the offices of the Congress” (351). <i>Cuadernos</i> no reprime sin embargo su exaltación cuando en una nota titulada “Brindis de cólera” celebra el fracaso de Neruda: “Tan seguro parecía a ciertas personas que se otorgaría a Pablo Neruda el último Premio Nóbel, que los agasajos se adelantaron. Entre los que daban por descontado tal hecho figuraba, al parecer, el embajador sueco en Chile, quien en vísperas de concederse el premio envió al poeta un canasta de licores … Neruda y sus amigos hicieron un brindis levantando la copas… vacías y boca abajo” (94).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote36">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote36anc" name="sdendnote36sym">xxxvi</a> “Borges y Neruda” 90.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote37">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote37anc" name="sdendnote37sym">xxxvii</a> Keith Botsford a Daniel Shils, Mayo 26 1967 (Emir Rodriguez Monegal’s Papers: Series 1, Box 2, Folder 23).</span></p>
</div>
<div id="sdendnote38">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote38anc" name="sdendnote38sym">xxxviii</a> Desde 1952 Roger Caillois colaboró regularmente en <i>Preuves</i> con artículos de fondo, algunos de los cuales fueron traducidos y publicados en <i>Encounter</i>. También tuvo una participación activa en conferencias y encuentros auspiciados por el Congreso, coincidiendo con Borges en el Congreso del Instituto Latinoamericano de Stuttgart en 1964.</span></p>
</div>
<div id="sdendnote39">
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><a class="sdendnotesym" style="color:#000000;" href="#sdendnote39anc" name="sdendnote39sym">xxxix</a> Report on the CCF/IACF by Craufurd Goodwin, November 3, 1977, PA 57-395, Ford Foundation Archives.</span></p>
<p class="sdendnote" align="center"><span style="color:#000000;"><i>OBRAS CITADAS</i></span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Belmonte, Laura A. <i>Selling the American Way. U.S. Propaganda and the Cold War</i>. Hanover: Wesleyan U P, 2008.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Bioy Casares, Adolfo. <i>Borges</i>. Edición al cuidado de Daniel Martino. Buenos Aires, Ediciones Destino, 2006.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">“Books: The Greatest in Spanish.” <i>Times</i>, June 22 1962. Web.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, Jorge Luis. “Sobre los clásicos.” <i>Obras Completas</i>. Buenos Aires: Emecé, 1974. 772-74.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">“Borges y Neruda.” <i>Cuadernos</i> 83 (Abril 1963): 90.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">“Brindis de cólera.” <i>Cuadernos</i> 86 (Julio 1964): 94.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Coleman, Peter<i>. The</i> <i>Liberal Conspiracy. The Congress for Cultural Freedom and the Struggle for the Mind of Post-War Europe</i>. New York: Free Press, 1989.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;"><i>Coloquio de Buenos Aires 1962</i>. Buenos Aires: PEN Club de la Argentina, 1963.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Gremion, Pierre. <i>Preuves: une revue européenne à Paris</i>. Paris: Julliard/Commentaire, 1989.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Hamilton, Ian. <i>Robert Lowell. A Biography</i>. New York: Random House, 1982.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Hook, Sidney. “Heresy, Yes – But Conspiracy, No.” <i>New York Times Magazine</i> (July 9 1950) Web <u><a style="color:#000000;" href="http://www2.vcdh.virginia.edu/HIUS316/mbase/docs/hook.html">http://www2.vcdh.virginia.edu/HIUS316/mbase/docs/hook.html</a></u></span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Frankel, Benjamin. Ed. <i>The Cold War. 1945-1991</i>. Detroit: Gale Research, 1992.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">González, Horacio. <i>Filosofía de la conspiración. Marxistas, peronistas y carbonarios</i>. Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2004.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Jitrik, Noé. “Sentimientos complejos sobre Borges.” <i>La vibración del presente</i>. México: Fondo de Cultura Económica, 1987. 13-37.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">King, John. <i>Sur: Estudio de la revista argentina y de su papel en el desarrollo de una cultura 1931-1970.</i> Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1989.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Martínez, Tomás Eloy. “VO, una pasión argentina.” <i>Primera Plana</i> (15 marzo 66): 54.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Murena, Héctor. “Las perplejidades de Orfeo: El Coloquio de Buenos Aires del Pen Club,” <i>Cuadernos</i> 83 (Abril 1964): 79-81.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Nallím, Jorge. <i>Transformations and Crisis of Liberalism in Argentina 1930-1955</i>. Pittsburgh: U of Pittsburgh P, 2012.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">&#8212;. “Redes transnacionales, antiperonismo y Guerra Fría: los orígenes de la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura.” <i>Prisma</i> 16.1 (2012). Web.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Nye, Joseph. “Soft Power.” <i>The Atlantic</i> (November 1 2007). Web.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Piglia, Ricardo. “Teoría del complot.” <i>Casa de las Américas</i> 245 (Oct-Dic 2006): 32-41.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Rodríguez Monegal, Emir. <i>Borges, Una biografía literaria</i>. México: Fondo de Cultura Económica, 1987.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Richmond, Yale. <i>Cultural Exchange and the Cold War</i>. University Park, University of Pennsylvania, 2003.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Rubin, Andrew. <i>Archives of Authority. Empire, Culture, and the Cold War</i>. Princeton and Oxford: Princeton U P, 2012.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Saunders, Frances Stonor. <i>The Cultural War. The CIA and the World of Arts and Letters</i>. New York: The New Press, 1999.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Scott-Smith, Giles. <i>The Politics of Apolitical Culture: The Congress for Cultural Freedom, the CIA, and Post-war American Hegemony</i>. New York: Routledge, 2001.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Vargas Llosa, Mario. “Entrevista a Jorge Luis Borges.” Web <u><a style="color:#000000;" href="http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/J_Luis_Borges.htm">http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/J_Luis_Borges.htm</a></u></span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Vázquez, María Esther. <i>Borges: Esplendor y derrota</i>. Buenos Aires: Tusquets Editores, 1996.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Woodall, James. <i>Borges: A Life</i>. New York: HarpersCollins, 1996.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">J.L.B. en <i>Encounter</i> (años 60s)</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, JL. “The Babylonian Lottery.” <i>Encounter </i>105 (June 1962): 3-6.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Cohen, J.M. “Borges.” <i>Encounter</i> 105 (June 1962): 48.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “The Circular Ruins.” <i>Encounter</i> 106 (June 1962): 3-5.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “The Library of Babel.” <i>Encounter</i> 106 (June 1962): 6-10.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “A Patio.” <i>Encounter </i>112 (Jan 1963): 27.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “The Card-Trick.” <i>Encounter</i> 114 (March 1963): 33.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Poems.” <i>Encounter</i> 116 (June 1963): 51-53.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Man of the Red Corner.” <i>Encounter</i> 29 (July 1964): 11-14.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “The Intruder.” Encounter (April 1969): 15-17.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Fernández Moreno, César. “Weary of Labyrinths.” (Interview with J.L.B) <i>Encounter</i> (April 1969): 3-14.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Di Giovanni, Thomas. “On translating with Borges.” <i>Encounter</i> (April 1969): 22-24.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">J.L.B. en <i>Preuves</i> (años 50s y 60s)</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Carrouges, Michel. “Le gai savoir de Jorge Luis Borges.” <i>Preuves</i> 13 (Mars 1952):47-49</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Trois Labyrinthes” [Introduction de Roger Caillois] <i>Preuves</i> 71 (Janvier 1957): 38-43.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Callois, Roger. “Quatre contes sud-americains.” <i>Preuves</i> 102 (Aout 1959): 37.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Abenhacan el Bokhari mort dans son labyrinth.” <i>Preuves</i> 102 (Aout 1959): 37-38.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Poèmes.” [Traduit par Roger Caillois] <i>Preuves</i> 171 (Mai 1965): 24-29.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Ocampo, Victoria. “Lettre à Jorge Luis Borges.” <i>Preuves</i> 162 ( 1964): 91.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">J.L. B. en <i>Der Mona</i>t (años 50s y 60s)</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Labyrinthe.” <i>Der Monat</i> 134 (Dec 1952): 22-29.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">J.L.B. en <i>Cuadernos</i> (años 50s y 60s)</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Revol, E.L. “Aproximación a la obra de Jorge Luis Borges.” <i>Cuadernos</i> 5 (Mar-Abr 1954): 20-28.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Historia de los ecos de un nombre.” <i>Cuadernos</i> 15 (Nov-Dic 1955): 10-12.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">“La Hermana Eloísa de J.L.B. y Luisa Mercedes Levinson” [Reseña] <i>Cuadernos </i>16 (En-Feb 1956): 124.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">I[gnacio] I[glesias]. “Ana María Barrenechea: La expresión de la irrealidad en la obra de J.L.Borges.” [Reseña] <i>Cuadernos</i> 29 (Mar-Ab 1958): 108.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Ocampo, Victoria. “Visión de Jorge Luis Borges.” <i>Cuadernos</i> 55 (Dic 1961): 17-23.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Buenos Aires” <i>Cuadernos</i> 75 (Ag 1963): 10.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “La muerte de Leopoldo Lugones.” <i>Cuadernos</i> 76 (Set 1963): 17-19.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">“Borges y Neruda” [Extracto de una entrevista realizada por Héctor Charry Samper] <i>Cuadernos</i> 83 (Ab 1963): 90.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Shakespeare y las unidades.” <i>Cuadernos</i> 87 (Agos 1964): 2-3.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Ocampo, Victoria. “Carta a Jorge Luis Borges.” <i>Cuadernos</i> 88 (Set 1964): 41-42.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">De Olaso, Ezequiel. “H.Bustos Domecq: Seis problemas para Don Isidro Parodi.” [Reseña] <i>Cuadernos</i> 99 (Agos 1965): 94-95.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “A Carlos XII.” <i>Cuadernos</i> 100 (Jun 1965): 2.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">J.L.Borges en <i>Mundo Nuevo</i> (años 60s)</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Borges, J.L. “Harto de laberintos.” [Entrevista de César Fernández Moreno] <i>Mundo Nuevo</i> 18 (Dic 1967): 5-29.</span></p>
<p class="sdendnote"><span style="color:#000000;">Rodríguez Monegal, Emir. “Nota sobre Biorges.” <i>Mundo Nuevo</i> 22 (Ab. 1968): 89-93.</span></p>
</div>
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		<title>Nombres en litigio, guerras culturales en América Latina: Del Happenning desarrollista a la posguerra fría (PDF). Por María Eugenia Mudrovcic</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2020 11:21:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[¿Por qué la “república de las letras” rechaza de manera más visceral a la política que al mercado? <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=71789">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-717900" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/vit1.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">&#8220;&#8230;.el flujo de dinero estadounidense a la región deja de ser canalizado a través de estados dictatoriales amigos, revistas liberales o fundaciones fascinadas con el “American way of life” para pasar a engrosar las arcas de las cada vez más numerosas ONGs enfocadas en desarrollar “sociedades civiles” organizadas entorno a cuestiones de género, etnia, religión o medio ambiente. La hegemonía neoliberal ya no necesita Pinochets. Tampoco Vargas Llosas.&#8221;</span><br />
<span style="color:#000000;">Lo anterior es parte de la introducción a este libro fundamental para entender la lucha ideológica contemporánea en América Latina. A través del estudio del papel que han jugado revistas como <em>Primera Plana</em>, <em>Mundo Nue</em>vo, <em>Libre </em>y <em>Encuentro de la Cultura Cubana</em>, instituciones como el Center for Interamericans Relations y Mercosur, y figuras como Mario Vargas Llosa y Carlos Monisiváis, María Eugenia Mudrovcic documenta un volumen imprescindible para comprender los procesos culturales que han conducido al estado actual de la región y responder una pregunta incómoda: ¿por qué la “república de las letras” rechaza de manera más visceral a la política que al mercado?</span></p>
<p><span id="more-71789"></span><br />
<span style="color:#000000;">La ensayista argentina María Eugenia Mudrovcic es profesora de la Universidad de Michigan en los Estados Unidos, con un amplio catálogo de publicaciones entre los cuales se recoge el importante libro</span> <span style="color:#0000ff;"><strong><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2020/07/06/mundo-nuevo-cultura-y-guerra-fria-en-la-decada-del-60-pdf-por-maria-eugenia-mudrovcic/">&#8220;Mundo Nuevo. Cultura y Guerra Fría en la década del 60&#8243;</a></strong>, <span style="color:#000000;">y fue jurado en este 2020 del Premio Literario Casa de las Américas. Por deferencia de la autora publicamos en <span style="color:#0000ff;"><strong><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/">La pupila insomne</a></strong></span> su libro <span style="color:#0000ff;"><span style="color:#000000;">&#8220;Nombres en litigio, guerras culturales en América Latina: Del Happenning desarrollista a la posguerra fría&#8221; que puede <span style="color:#0000ff;"><strong><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/eugenia-mudrovcic-armadod-1.pdf">descargarse en este enlace </a></strong></span></span></span></span></span></p>
<p><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/eugenia-mudrovcic-armadod-1.pdf"><img class="aligncenter wp-image-71795" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/vit1-1.jpg" alt="" width="428" height="693"></a></p>
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		<title>Encuentro de la cultura cubana: Política, intervención y mediaciones en la Pos Guerra Fría*. Por María Eugenia Mudrovcic</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Jul 2020 11:55:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA["Como cualquier otra industria, la industria de la oposición también necesita vender sus productos en el mercado." <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=71692">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-716930" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/41718743_19903329.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="padding-left:280px;"><em><span style="color:#000000;">&#8220;When intellectuals can do nothing else they start a magazine&#8221;</span></em></p>
<p style="padding-left:280px;"><span style="color:#000000;">Irving Howe</span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;">Volviendo sobre los pasos perdidos de la extinta revista </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encounter</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> (1953-1967) o de la no menos polémica </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Mundo Nuevo</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> (1966-74), </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro de la Cultura Cubana</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> aparece en 1996 cuando los rastros de la Guerra Fría parecían decididamente arrasados por el éxito que había alcanzado la retórica de la globalización. Financiada por la National Endowment for Democracy (NED) y la Fundación Ford, la &#8220;nueva&#8221; revista del exilio cubano se publica trimestralmente en España y aspira a circular “ampliamente dentro y fuera de Cuba” con un doble propósito: “no admitir límites ideológicos y políticos a la libertad de expresión” y promover una literatura cubana capaz de integrar la producción cultural de la Isla con la que se realiza fuera de Cuba.  </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> dice “oponerse tanto a la estrategia del Gobierno cubano” como “a las tesis más excluyentes del exilio [de Mia-mi].” Y a pesar del origen de los subsidios que recibe–para muchos la deuda que contrae con instituciones como la NED o la Fundación Ford compromete toda aspiración de autonomía política–se presenta como una revista moderada que abraza una causa transnacional y reclama para sí una posición “integracionista” o &#8220;tercerista&#8221; en el clima de nuevos desafíos emergentes en la pos-Guerra Fría.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">1</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">  </span></span><span id="more-71692"></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> <img class="aligncenter size-full wp-image-71728" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/ned.jpeg" alt="" width="294" height="171" />Con el objeto de interrogar el meta-relato de la democracia con el que la revista legitima su intervención en el campo intelectual cubano, el presente artículo se propone analizar las estrategias que, vigentes durante la Guerra Fría, adquieren hoy curiosa continuidad en el mapa cultural latinoamericano. ¿Cómo se inscribe una revista como </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> dentro de la lógica globalizadora? ¿Qué repite, corrige o agrega a las prácticas de intervención cultural ya ensayadas por </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encounter</i></span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">2</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> y/o </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Mundo Nuevo</i></span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">3</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> en plena Guerra Fría? ¿Cómo se redefinen las relaciones de poder que imponen estas prácticas de intervención económica y política? </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"> Desde la década de los 80s, especialmente después de la revolución sandinista, EE.UU. suspendió las remesas que tradicionalmente había enviado a dictaduras y &#8220;gobiernos amigos&#8221; de América Latina y, en su lugar, comenzó a subvencionar Organizaciones No Gubernamentales cuyos programas de promoción prometían fomentar el desarrollo de “sociedades civiles” o “instituciones democráticas.” Esta nueva política de subvenciones no impidió sin embargo que, en su afán por mantener la hegemonía sobre la región, EE.UU siguiera manteniendo estrechos vínculos con las fuerzas militares locales, o utilizando organismos hemisféricos de participación como la OEA, la AIFLD y, más tarde, la National Endowment for Democracy (NED). &#8220;La mera existencia de democracias en una parte del mundo –dijo el entonces Secretario de Estado George Schultz ante el Congreso cuando presentó el cuestionable &#8220;Proyecto Democracia”– es incentivo suficiente para que la democracia crezca en otra&#8221; (cit. en Cavell: 88). En este punto de inflexión, la National Endowment for Democracy pasó a ser el organismo destinado a cumplir ese rol central en la cruzada internacional de expansión democrática a la que se refería Schultz. </span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> ¿Qué es la NED? y ¿cómo exporta democracia? En su edición del 31 de marzo de 1997, el </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>NYT</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> la describe de la siguiente manera: &#8220;creada hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Agencia Central de Inteligencia durante décadas, gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios noticiosos en docenas de países&#8221; (Broder: 1). Especie de versión CIA-free del Congreso por la libertad de la Cultura, la NED sigue poco más o menos la receta de aquella legendaria mega-organización de la Guerra Fría que operó entre 1950 y 1967 en 35 países a través de la subvención de más de 20 publicaciones, la emisión de propaganda y programas de radio y televisión, la organización de congresos, la cooptación de centenares de intelectuales (cautos e incautos), y la distribución de pensiones, premios y promociones a todo aquel llamado a endorsar los trajinados valores anticomunistas y norteamericanos sin cuestionar la red de espionaje que con menos ingenuidad que cinismo muchos eran conscientes de estar alimentando. La idea de resucitar una de las más activas instituciones de propaganda cultural de la Guerra Fría tuvo origen en “Operación Democracia”, la propuesta que Ronald Reagan puso en marcha después de que la serie de escándalos que ventilaron las actividades clandestinas de la Central de Inteligencia en los 70s obligaron a Jimmy Carter a desmantelar el Congreso por la libertad de la cultura. Convencido de que la administración Carter había &#8220;emaculado&#8221; los servicios de inteligencia en el exterior, Reagan, ni bien electo presidente, comisionó a un grupo de transición liderado por el futuro director de la CIA, William Casey, para explorar cómo montar &#8220;una infraestructura para promover la democracia&#8221; (Reagan: 767). Entre las recomendaciones del grupo figuraba la creación de un organismo no-gubernamental sin vínculos visibles con la CIA cuyos programas trabajarían para garantizar las aspiraciones de hegemonía ideológica y económica de los Estados Unidos. Así nació la National Endowment for Democracy. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;">En un discurso ante el parlamento británico el 8 de Junio de 1982, Reagan habló por primera vez de esta &#8220;Cruzada por la libertad&#8221; con un lenguaje cargado de lugares tomados en préstamo a la retórica de la Guerra Fría. Según Reagan, Estados Unidos debía contrarrestar la influencia soviética recurriendo:</span></p>
<p class="western" lang="en-US" style="padding-left:40px;" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;">a una infraestructura que promocionara la democracia –un sistema de libertad de prensa, gremios, partidos políticos, universidades– para que los pueblos eligieran por sí mismos, desarrollaran su propia cultura, y reconciliaran sus diferencias de manera pacífica (Reagan 767).</span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;">Aprobada por el Congreso en noviembre de 1983, la NED quedó así oficialmente constituida como una organización “sin fines de lucro, no-gubernamental, bipartidista, que a través de un sistema de becas y subsidios [iba a ser montada] para asistir a las instituciones democráticas del mundo” (cit. en Raman). En 1997, Carl Gershman, entonces presidente de la NED, llegó a declarar: &#8220;El trabajo de la fundación se basa en una proposición muy simple. Donde hay gente que comparte nuestros valores que pueden llamarse amigos naturales de América, entonces es nuestra obligación ayudar a esta gente de alguna manera&#8221; (cit. en Raman). La descripción que propone Ken Sanders es acaso menos filantrópica pero más convincente: el objetivo de la NED, escribe en &#8220;Imperialist in Democratic Clothing&#8221;, &#8220;no es tanto proteger la democracia como continuar enri-queciendo las corporaciones norteamericanas&#8221; (Sanders). </span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"> Los primeros 18,8 millones de dólares aprobados por el Congreso para el año fiscal 1983-1984 fueron canalizados a través de los cuatro &#8220;conductos centrales&#8221; que forman la estructura de distribución de fondos de la NED: el Instituto Nacional Democrático de Asuntos Internacionales (representando al Partido Demócrata); el Instituto Republicano Internacional (Partido Republicano); el Centro de Solidaridad Laboral Internacional (AFL-CIO); y el Centro de la Empresa Privada Internacional (Cámara de Comercio de EE.UU.). Generalmente las remesas de la NED subvencionan &#8220;grupos en el extranjero que trabajan por los derechos humanos, los medios independientes, la vigencia del derecho y una amplia gama de iniciativas de la sociedad civil&#8221; (portal de la NED, mayo 2003, cit. en Agee). Pero ni la política de subsidios ni la retórica celebratoria en torno a la &#8220;democracia de libre mercado&#8221; que sus programas dicen estar llamados a cumplir a nivel mundial logran desviar la atención de las contradicciones que alienta una organización como la NED. En primer lugar, su estatus gubernamental o cuasi-gubernamental. Lejos de ser la organización no gubernamental (ONG) que declara ser –un rótulo tan útil como imprescindible para sortear las sospechas de beneficiarios y colaboradores externos, o para escaparse internamente de rendir cuentas ante el Congreso–, la NED es (mal que le pese) un organismo oficial que subsiste gracias a los “dineros federales” que recibe a través de la Agencia de Información de los Estados Unidos (USIA). Los fondos complementarios del sector privado y corporativo que empezó a recibir a partir de 1994 representan sólo una porción menor del presupuesto anual que proviene en forma desproporcionada del erario público norteamericano. No resulta menos paradójico que después de la caída del muro de Berlín en 1989, y de la sensación de triunfo que acompañó el llamado &#8220;fin de la Guerra Fría,&#8221; el presupuesto asignado a la NED no haya reducido sus fondos sino más bien todo lo contrario: los 16 millones que recibió en los años 80 se convirtieron en 30 en los años 90 y se dispararon a 60 en nuestra década (Raman; Chomsky). </span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Hija tardía de la Guerra Fría, la NED consolida su intervencionismo cultural a partir de los 90s despertando polémicas desde la derecha y la izquierda tan o más acaloradas que las que en otro momento había generado el Congreso por la libertad de la Cultura. Bárbara Conry, analista del Instituto Cato, ataca la autonomía con la que la fundación decide cuestiones de política exterior en un contexto histórico que ya no parece justificar su existencia. Es “un cañón suelto de la política exterior norteamericana”, “una reliquia de la Guerra Fría” (Conry). Acaso la supervivencia de una organización tan problemática como la NED se deba a la eficacia con la que ha sabido re-definir su arsenal simbólico de intervención. El legendario anticomunismo del Congreso sigue vigente aún en los programas de la NED pero ahora, como afirman Miller y Yúdice en otro contexto, aparecen desplazados por una retórica que no privilegia valores culturales sino más bien económicos y comerciales (46). El giro hacia la celebración del libre mercado que nutre el </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>ethos</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> de la política norteamericana en su búsqueda por alcanzar y afianzar la hegemonía de un orden global económico tiene origen en la administración Clinton y sobrevive en lo esencial hasta la caída del sistema financiero en el año 2008.</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> El nuevo canto de sirenas que Estados Unidos entona en defensa de las instituciones democráticas del mundo consolida un mega-relato que no podría acomodarse mejor a los fines prácticos de una política exterior de corte maximalista que se atribuye para sí los más altos estándares de moralidad. Para hablar de esta reconfiguración propia de la pos Guerra Fría, William Clark acuña la frase &#8220;imperialismo filantrópico&#8221; pero la derecha neoconservadora norteamericana prefiere, claro, hablar de otro modo, y la llama &#8220;hegemonía benévola&#8221; (Fukuyama). Se defina como se defina, lo cierto es que la palabra &#8220;democracia&#8221; circula como un universal irresistible o como condición a la que se aspira </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>by default </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">(Fukuyama) acaso por tratarse de uno de esos conceptos difíciles de definir pero fáciles de usar (y abusar). De ahí la importancia que tiene preguntarse con William Blum ¿qué es &#8220;esa cosa” que Estados Unidos llama &#8220;democracia&#8221;? A lo largo de los años Washington tiende a asociar &#8216;democracia&#8217; con elecciones y libertades individuales, es decir, con el tipo de democracia llamada formal o política en desmedro de la democracia sustantiva que además de los derechos civiles tiene en cuenta también el derecho al trabajo, a los alimentos, a la educación y a la vivienda. &#8220;La máquina de la política externa norteamericana se ha nutrido –concluye Blum– no con la devoción a la democracia sino con el deseo de: 1) hacer que el mundo ofrezca más seguridad para las corporaciones transnacionales americanas, 2) mejorar internamente la situación financiera de los contratistas de defensa, 3) impedir que una sociedad que represente una opción al modelo capitalista sirva de ejemplo exitoso a otras sociedades, 4) extender en lo posible la hegemonía económica global de Estados Unidos, y 5) liderar una cruzada moral contra&#8230; la satánica Conspiración Comunista Internacional&#8221; (Blum). </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Sin duda, este tipo de &#8220;democracia&#8221; reducida sólo a términos políticos es también la que usan los programas de la NED, entre ellos, la revista </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> lanzada para encarar &#8220;el problema cubano.&#8221; Específicamente, la fundación piensa su política hacia Cuba de acuerdo a las coordenadas que aparecen delineadas en el reporte que publicó en 1998 sobre América Latina y el Caribe cuya sección sobre Cuba dice lo siguiente: </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;">La visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, que tuvo lugar en enero de 1998, llevó un mensaje de inspiración al pueblo cubano y contribuyó a reforzar la presencia de la iglesia. A pesar de las esperanzas que la visita incitaría a una apertura política en la isla, continúa la represión política. A los grupos </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">disidentes s</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">e han unido asociaciones</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> independientes</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> de periodistas, doctores y artistas en su</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> oposición al régimen,</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> y cada vez más, el movimient</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">o disidente </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">se ha extendido fuera de La Habana hacia otras partes de Cuba. La estrategia de la fundación ha sido</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> apoyar y fomentar e</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">stas formas diversas, incipientes, de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">sociedad civil </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">al </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">proporcionar fuentes independientes de información </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">a diversos grupos y</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> aumentar el conocimiento fuera de Cuba de estos esfuerzos.</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Por ejemplo la NED</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> apoyó </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">la publicación </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro de la Cultura Cubana,</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> una revista de humanidades de publicación trimestral que edita el estimado escritor cubano Jesús Díaz, la cual recibe contribuciones escritas de intelectuales, académicos y de la cultura de la isla y circula ampliamente dentro y fuera de Cuba. Otra agencia que recibe fondos de la fundación, CubaNet,</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> apoya </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">a periodistas</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> independientes</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> en la isla y a asociaciones de medios de</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> difusión independientes</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> para que publiquen y distribuyan sus artículos a través de Internet. CubaNet también ayuda a grupos cubanos como a las coo-perativas de campesinos independientes y a los sindicatos de trabajadores</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> independientes, f</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">undados recientemente, para que se pongan en contacto con grupos extranjeros y cubanos de criterios semejantes. (NED </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>1998 Annual Report</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, cit. en García Miranda). </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;">La política hacia Cuba no parece admitir ambigüedades. El rol que se atribuye la fundación es triple: 1) &#8220;fomentar&#8221; la &#8220;disidencia interna&#8221; o la &#8220;sociedad civil,&#8221; (una de las palabras más caras a la retórica de la pos Guerra Fría); 2) &#8220;proveer&#8221; fuentes &#8220;independientes&#8221; de información (y como ejemplos menciona a </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> [Madrid] y CubaNet [Mia-mi]); y 3) &#8220;difundir&#8221; dentro y fuera de Cuba los &#8220;esfuerzos&#8221; de &#8220;la oposición al régimen&#8221;. En el caso de Cuba, la NED actúa como lo que dice ser: &#8220;a network of networks&#8221; entre un &#8220;adentro&#8221; opositor y un &#8220;afuera&#8221; exiliado políticamente homogéneos (cit. en la página web de la NED).</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Las marcas de esta &#8220;filosofía&#8221; que busca alimentar la disidencia interna para provocar</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> &#8220;the breakdown of authoritarian rule and peaceful political change&#8221; (cit. en la página web de la NED) no son visibles aún en la &#8220;Presentación&#8221; del primer número de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> aunque sí emergen sin falsos pudores a lo largo del corpus de sus artículos. En el editorial, la revista trimestral lima toda arista política para que el lector crea que se trata, como dice, de un &#8220;espacio abierto&#8221; donde se debate &#8220;el presente, el pasado y el futuro de Cuba&#8221; en un momento en el que &#8220;la nación&#8221; se divide en &#8220;dos bandos&#8230; presentados como irreconciliables.&#8221; Para </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> resulta &#8220;evidente&#8221; que &#8220;la cultura cubana es una&#8221; y que además es &#8220;vital&#8221;, &#8220;diversa,&#8221; e &#8220;internacional.&#8221; Antes de cerrar la presentación, la revista asegura a los lectores tres cosas: la primera, que &#8220;no representa ni está vinculada en modo alguno a ningún partido u organización política de Cuba o del exilio,” la segunda, que no va a publicar &#8220;ataques personales ni llamados a la violencia&#8221; y la última, que en la selección de colaboraciones tendrá sólo en cuenta (y cuando dice esto reproduce uno de los lugares más frecuentados por las publicaciones de la Guerra Fría cultural) &#8220;un criterio de calidad&#8221; (“Presentación”: 3). En su economía, el texto no parece dispuesto a ofrecer demasiados detalles. Define la revista por lo que no es y no por lo que quiere o aspira a ser: una publicación que, a juzgar por las promesas que se atropellan en el cierre, se piensa a sí misma como foro independiente, civilizado y autónomo. Pero el binarismo que estructura el programa editorial apuntala un tercer término más o menos invisible (sólo aparece como topografía de la firma) aunque central dentro de este esquema de diferencias irreconciliables. Madrid, esa suerte de &#8220;justo medio&#8221; entre La Habana y Miami, aparece como garantía de la &#8220;posición tercerista&#8221; que funcionó, al menos inicialmente, como </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>motto</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> fundacional de la revista.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">4</span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> A pesar de perfilarse sólo tímidamente en la “Presentación”, una especie de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">atraviesa nítidamente los artículos de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">. ¿A quiénes designa ese </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">? ¿A quién nombra esa primera persona plural que construyen sus textos políticos? Definida como una &#8220;revista de amigos&#8221; por Jesús Díaz, su director fundador, el lugar que nombra el colectivo remite en primera instancia a la “generación del silencio”, un grupo nucleado en torno a la primera época de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>El Caimán Barbudo</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> y </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Pensamiento Crítico</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> que en los años 90s, después de considerarse &#8220;intelectuales orgánicos de una revolución tan cubana como las palmas,&#8221; termina por &#8220;asumir el exilio como destino.&#8221; La diferencia no es sutil. El </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> se identifica con esa diáspora pos-revolucionaria que también se define como pos-castrista, es decir, un exilio que simbólica y políticamente intenta tomar distancia e instalarse más allá de la retórica anticastrista asociada con la derecha cubanoamericana de Miami. Inicialmente al menos, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> se propone no declararle la guerra a Fidel. &#8220;Obviar a Castro&#8221;, instruye Rafael Rojas (2001). Pero el slogan, más retórico que doctrinario, termina por estallar contra el registro militante que cae en la trampa que la revista quiere evitar a toda costa. Y aquellos matices que prometían una colocación compleja entre los espacios del saber y la política, desaparecen arrasados por el carácter excluyente de los dos frentes en conflicto. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Ningún discurso sobre la amistad –es la hipótesis de Derrida– puede librarse de caer en la retórica del epitafio. Tampoco </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, como la revista de amigos que dice ser, escamotea espacio a la palabra fúnebre: amistad y muerte estructuran el dossier a Gutiérrez Alea, el homenaje a Gastón Baquero o el número dedicado al mismo Jesús Díaz a quien la revista (después de su muerte en el 2002 y bajo la co-dirección de Rafael Rojas y Manuel Díaz Martínez) le dedica el homenaje del número 25. La muerte de los amigos, despojada de connotaciones políticas, logra lo que la revista nunca consigue: esto es, olvidar las diferencias que separan “el acá” del “allá” (una división que en este contexto convoca categorías ideológicas antes que geografías específicas).  Suspendida así la retórica del desdén que define la relación entre los de afuera y los de adentro, el registro de la emoción domina el tributo-obituario (¿de qué otro modo llamarlo?) donde Ambrosio Fornet describe el &#8220;estupor&#8221; que produjo &#8220;aquí, entre sus amigos&#8221; el exilio de Jesús Díaz: &#8220;yo no entendía –no entiendo, tal vez no quiera entender– por qué Jesús se embanderó como vocero de un exilio que no era el suyo y al que, en definitiva, llegó demasiado tarde&#8221; (46). </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Presente en la forma y el tono de muchos artículos y entrevistas, un </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>esprit de corps</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> domina entre los colaboradores y además de sellar un pacto entre &#8220;hermanos políticos,&#8221; proyecta sobre la fragmentación una suerte de unidad no exenta de contradicciones. Desde afuera </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> se autoasigna la misión de &#8220;analizar críticamente tanto la revolución como el pasado personal, sin dejar por ello [de sentirse] hombres de izquierda.&#8221; Los relatos de fuerte sesgo anecdótico van entonces a imprimir la marca visible al juicio sumario que las páginas le inician a la revolución cubana porque decir &#8220;yo&#8221; en </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> no sólo atrinchera el lugar de enunciación, también politiza el sistema de relaciones de amistad o parentesco fuertemente tramadas desde ese sujeto expoliado. La política es la mirada y el objeto central de las prédicas sobre Cuba y también es inevitablemente político el criterio que guía la selección de lo que se analiza o se deja de analizar en la revista. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Ese mismo </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> se constituye también sobre la base de un relato retrospectivo que organiza linajes literarios y paternidades, como los que la revista teje en torno al nombre obligatorio de Martí –&#8221;el intelectual público por antonomasia de la historia de Cuba&#8221;&#8230; &#8220;ese raro estadista&#8230; capaz de afirmar que &#8216;vivir en el destierro&#8217; es como &#8216;tallar en las nubes'&#8221; (Rojas, 2000: 81). O las afinidades que reconoce en la no menos imprescindible </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Orígenes</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> (1944-56) no tanto porque sea una de las publicaciones literarias &#8220;más refinadas que se hayan producido en Cuba&#8221; (82) sino porque </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> valora en la revista dirigida por Lezama Lima &#8220;un ambicioso proyecto cultural emprendido al margen del Estado por un grupo selecto de poetas&#8221; (82-3). Todo sistema de lectura –escribió Sarlo– es a la vez una máquina que revela y una máquina que oculta (48). ¿Cómo lee la revista estos linajes? o mejor ¿qué lee en ellos? La literatura en </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> es siempre una excusa para &#8220;reflexionar&#8221; o &#8220;explicar&#8221; el presente político de Cuba. Sólo importa en la medida que hace política, habla de política, o llega a ser una metáfora política.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">5</span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Y frente a los que se dicen &#8220;herederos de la Revolución y del Exilio&#8221; (Rojas: 2002) ¿quién es el </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>ellos</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> de ese </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">? Si se llama enemigo a “la diferencia ética&#8221; que se hace pública (el concepto de un enemigo privado sería un contrasentido [Derrida, 1998: 105]), &#8220;la ciudad letrada en Cuba&#8221; (o lo que </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> identifica como tal) ocupa sin duda ese lugar privilegiado de la diferencia: &#8220;Hablar hoy de grupos intelectuales en Cuba, de una ciudad letrada–afirma Rafael Rojas en el primer número– es aferrarse a una ficción estéril. Desde </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Lunes</i></span> <span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>de revolución</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> o el primer </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Caimán Barbudo</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> no ha existido en la isla eso que Ignacio Miguel Altamirano llamaba una República de las Letras&#8221; (42). Desde el principio, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> entabla una guerra de palabras que pone en juego el derecho a monopolizar el sentido de Cuba. Y representar a Cuba equivale, en este contexto, trazar –literaria, política y económicamente– el mapa de una geografía imaginaria donde la revista pueda al fin acceder a la &#8220;propiedad&#8221; (entendida en sus dos sentidos) de nombres y palabras, reflexiones o ideas. &#8220;Contar Cuba&#8221; es dar vuelta (como un guante) el afuera y el adentro: </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, &#8220;una revista sin país&#8221;, fantasea con &#8220;rescatar&#8221; a la nación cubana prófuga y a la deriva después de haber sido expulsada (como una balsera) de la Isla revolucionaria. Semejante construcción del </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>ellos</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> (que lucra con los réditos simbólicos de un </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">convertido en una suerte de &#8220;hermanos al rescate&#8221;) proyecta una continuidad que, como ocurre con otros núcleos representacionales, escala en violencia a medida que la revista suma números. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> La idea de negar a La Habana status de &#8220;ciudad letrada&#8221; que Rojas lanza como provocación en el primer número es recogida y exasperada en la propuesta que hace Enrico Mario Santí pocos números después. En &#8220;Cuba y los intelectuales: una reflexión necesaria&#8221; los superlativos saturan la tipología del &#8220;ex-colaboracionista&#8221; convocando lu-gares propios del discurso apocalíptico (Angenot). Santí exige al intelectual &#8220;converso&#8221; que &#8220;se voltea hacia un nuevo Dios&#8221; para salvarse de otro que le ha fallado, una suerte de &#8220;reflexión&#8221; o &#8220;testimonio honesto [de lo] que cada uno de nosotros llegó verdaderamente a significar &#8216;dentro de la revolución'&#8221; (94-5). Una confesión semejante premiaría habermasianamente al confeso con &#8220;la credibilidad que su [nueva] actuación pública reclama&#8221; (95). Y después de leer lo que Santí llama &#8220;mi propuesta&#8221;, el lector tropieza con la siguiente afirmación: &#8220;Una interpretación simplista de mi propuesta llegaría a la conclusión de que lo que pido es una cacería de brujas, versión liberal de las mismas autocríticas a las que nos acostumbraron Stalin y Castro bajo los nombres de Bujarin y Padilla.&#8221; Y la pregunta surge inevitable: ¿es posible no caer en el pecado de simplicidad que Santí condena? Lo reflexivo al final se cumple pero no como autocrítica sino en el aterrador sentido borgeano de los dobles y los espejos: el destino del </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> parece condenado a no dejar de ser </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>ellos.</i></span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">6</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Frente a Cuba (</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> tiende a llamarla &#8220;la Isla&#8221; con un gesto de diferenciación que no es sólo marginalmente político), la revista compite, cabildea, condena, conspira, especula. Y es en el espacio de cruce de estas </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>performances</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> donde busca intervenir, no sin cierto grado de candor, en la realidad nacional. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> A partir del No. 18 dedicado a Miami, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> abandona la posición tercerista que le había servido de bandera.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">7</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> El pacto que sella con &#8220;la capital del exilio cubano&#8221; no sólo supone el cambio de meridiano cultural: para </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> cruzar el Atlántico tiene un precio político que no es fácil desdeñar.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">8</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> En la presentación del dossier, la revista asume redentoramente la misión de &#8220;des-demonizar&#8221; al exilio miamense. &#8220;En muchos sectores de Cuba, América Latina, Europa e incluso de Estados Unidos –afirma Jesús Díaz– la simple mención de su nombre [Miami] se asocia automática y exclusivamente a las mafias, la intolerancia, el odio y la sed de venganza con respecto a Cuba. Lo cierto es, sin embargo, que el Miami cubano constituye la comunidad exiliada más exitosa de la historia contemporánea&#8230; En un futuro democrático de economía abierta, Cuba no podrá darse el lujo de prescindir del capital y la experiencia acumulados por los hermanos de Miami&#8221; (7). Para</span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i> Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Miami es &#8220;capital&#8221; en los tres sentidos posibles: el económico, el simbólico y el geográfico.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">9</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Un triple centro que se instala más allá de las aberraciones que saturan el orden de lo moral para abrazar otro lugar ideológico regido exclusivamente por el dinero. Ahí es donde el interés aparece regulando los vínculos de fraternidad que traba </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">con la diáspora miamense (una alianza histórica y económicamente interesada con &#8220;los hermanos de Miami&#8221;). Consciente o no, la proyección freudiana de una hermandad como ésta –en el sentido que propone </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Totem y Tabú</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">– bien podría aludir a los hijos del &#8220;padre de la horda&#8221; que se transforman en hermanos después de compartir el cuerpo desmembrado del &#8220;padre inhumano.&#8221; En el mito, la &#8220;religión&#8221; de los hermanos sucede y renueva a la del padre. En la revista, la fantasía de una transición al capitalismo en Cuba parece narrarse en los mismos términos. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"> Y a los encantos irresistibles del(a) capital le sigue la exaltación y el reconocimiento del &#8220;éxito,&#8221; un concepto-aura que la revista manufactura a partir de tres fetiches: la excepcionalidad de la inmigración cubana, la resistencia a la integración cultural que diferencia una oleada inmigratoria de otra, y &#8220;el poder electoral del voto del exilio&#8221; (que ahora no necesita ir a Washington porque Washington va a la Florida). Lo paradójico es que lo que da cohesión al exilio miamense no es el lenguaje del &#8220;éxito&#8221; sino el lenguaje muchas veces reprimido de un &#8220;gran fracaso:&#8221; &#8220;no haber podido incidir en la realidad de la isla. [O] más claramente y en buen romance: no haber tumbado a Fidel&#8221; (de Aragón: 78). Acaso por ser una ciudad capaz de vivir a la medida de la imaginación del destierro (donde el tropicalismo se combina con la estabilidad institucional, ofreciendo –como afirman Beverly y Houston– “una mezcla manuable y (económica) de lo abyecto y lo familiar, violencia azarosa y baños limpios” [422]), Miami se consume en dosis proporcionales de una nostalgia siempre reducida a mercancía. ¿Dónde en esta ciudad terminan &#8220;las ruinas&#8221; –se pregunta Armengol en el dossier del número 33 como si estuviera hablando de La Habana– y empieza &#8220;el futuro&#8221;? (163). </span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> A partir del abandono del &#8220;centrismo,&#8221; </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> &#8220;hermana&#8221; esfuerzos y estrecha alianzas con la red de medios anti-comunistas subvencionados por la NED, un conglomerado de características comparables al que en el contexto de la Guerra Fría uno de los oficiales del Congreso por la Libertad de la Cultura llamó con acierto &#8220;notre grande famille&#8221; (Coleman: 183). En el año 2000, la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana lanza </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro en la red, </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">un periódico digital que pone fin al pacto inicial de civilidad, acercándose a la agresividad del lenguaje y de las posiciones identificadas con la derecha de Miami.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">10</span></sup> <span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>El Nuevo Herald </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">no tarda tampoco en sumarse a esta estructura de fertilizaciones mutuas, estableciendo con </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro de la Cultura Cubana</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> y </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro en la red</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> un intercambio desinhibido de notas y colaboradores. Los mismos nombres aparecen también en la </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Revista Hispano Cubana,</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> órgano oficial de la Fundación Hispano-Cubana, y en Radio Martí, la emisora anticastrista financiada por los Estados Unidos, que además de amplificar el efecto de resonancia de los mismos nombres y contenidos, festeja en </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">la trayectoria de &#8220;una revista democrática, sutil&#8230; muy peligrosa&#8221; (Cit. en García Miranda, secc. 12).</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">11</span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Un año antes del lanzamiento de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, un documento secreto de Washington, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Essentials of Post-Cold War Deterrence</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, develaba &#8220;cómo Estados Unidos había desplazado el centro de su ‘estrategia de disuasión’ de la extinta Unión Soviética a los llamados </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>rogue states </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">como Iraq, Libia, Cuba y Corea del Norte&#8221; (cit. en Chomsky, 2000: 20). El uso de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>rogue</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> en el sentido de &#8220;desafiante&#8221; o &#8220;bandido&#8221; no podía servir de mejor excusa para justificar la violencia de aquellos &#8220;estados niñeras&#8221; que, como Estados Unidos, aspiraban a convertirse en nuevos guardianes del orden mundial. Las contradicciones que emanaban de semejante recambio de estrategia resultaban cínicas (como mínimo) para Chomsky: &#8220;Cuba podía ser considerada un estado bandido por su supuesta participación en el terrorismo internacional pero Estados Unidos no caía bajo la misma categoría a pesar de sus persistentes ataques terroristas contra Cuba a lo largo de casi 40 años&#8221; (Chomsky, 2000: 29). Aún hoy Cuba sigue figurando en la lista de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>rogue states</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> o estados terroristas emitida por los Estados Unidos. ¿Quién es terrorista –se pregunta retóricamente Derrida– el nombrado o el que asume el derecho de nombrar? En el contexto hiperscrispado pos-09-11, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro en la red </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">se lanza a acusar con los que acusan adoptando un discurso de incitación saturado de voluntarismos que parecen ignorar su propio énfasis: &#8220;La lucha contra el terrorismo es una mala noticia para el Gobierno cubano. Se trata de un Gobierno que creó en La Habana, en 1966, la primera Internacional terrorista que conoce la Historia, la Tricontinental; el Gobierno cubano siempre ha estado vinculado a esos movimientos narcoguerrilleros, por una parte, o narcoterroristas por otra, o terroristas a secas en algunos casos, y todo el mundo sabe que existen estos vínculos especiales entre Cuba y esos grupos&#8221;, dice Carlos Alberto Montaner en una entrevista publicada a principios del 2002 (Añel, sec. 5).</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Cambiar el centro de gravedad y redirigirlo contra los </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>rogue states</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> no fue el único signo que marcó el inicio de la pos-Guerra Fría. Chomsky enumera tres factores que condicionan lo que se conoce como el colapso del sistema Bretton Woods o fin de la &#8220;época dorada del capitalismo moderno:&#8221; la liberación de los mercados y la desregulación de las tasas de cambio que precipitaron la ruptura del contrato social vigente después de la Segunda Guerra Mundial, el uso instrumental de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de los estados guardianes y el creciente rol de la fuerza en asuntos de política internacional como consecuencia de la suspención del compromiso de no-violencia sellado por las Naciones Unidas. Y gravitando sobre este conjunto socioeconómico o esta suerte de &#8220;religión&#8221; de los mercados: las expectativas domesticadas de una mayoría que renuncia a la búsqueda de alternativas frente a la universalidad de la que goza el libre mercado. La frase &#8220;cruel&#8221; de Margaret Thatcher –&#8221;There Is No Alternative&#8221;– se transforma de esta forma en slogan legitimador del modelo dominante de la globalización corporativa. Y aunque los costos sociales resultan demenciales, pocos estados parecen dispuestos a &#8220;quedar fuera&#8221; del juego globalizador. ¿Qué requisitos de ingreso se les impone? Si la guerra fría recurría a &#8220;la amenaza soviética&#8221;, la lucha ahora está orientada a defender ese &#8220;tipo de democracia </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>made-in-America</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">&#8221; que, bajo el control de una élite local cautiva de los intereses norteamericanos, se propone como modelo eficaz para garantizar el acceso privilegiado de los EE.UU. a la explotación de recursos nacionales. Thomas Carothers habla de &#8220;top-down forms of democracy that leave &#8216;traditional structures of power&#8217; in place, namely those with which the US has long had good relations&#8221; (cit. en Chomsky 2000, 91-2). En todo caso, los así llamados &#8220;estados democráticos&#8221; actúan bajo dos mandatos precisos: privatizar el poder y las ganancias, por un lado, y socializar, por otro, los altos riesgos derivados de la liberación de los mercados. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Pero &#8220;la pregunta del nombre&#8221; –¿qué ocurre hoy &#8220;en nombre de la democracia&#8221;?– no es por cierto la única pregunta a formular. Si se piensa en el dispositivo retórico que monta </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> en torno a esa &#8220;gran palabra&#8221; que es democracia, quizá resulta útil preguntar también, como ya lo hizo alguna vez Derrida, si es posible &#8220;hablar democráticamente de la democracia.” O, lo que es lo mismo, si se puede hablar de democracia sin caer en autoritarismos. Preguntas como éstas, al menos en el caso de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, sólo admiten una respuesta negativa. La revista denuncia el dualismo maniqueo como manifestación de la frustración nacional pero no lee sino desde una política de la exclusión. Asume que la &#8220;Democracia&#8221; está &#8220;destinada&#8221; a ocupar el lugar que la &#8220;Revolución&#8221; (y las mayúsculas convierten los dos nombres en fetiche) dejará vacante en un futuro inminente.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">12</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Dando por descontado lo inevitable de este futuro o lo universal de ese deseo, la revista nunca arriesga fechas o propone una definición de democracia. A la hora de la &#8220;reconversión mental&#8221; prescripta por la globalización, el pos-heroísmo triunfante ayuda a dejar atrás los &#8220;lastres del entusiasmo revolucionario&#8221; y, liberada de esos inconvenientes &#8220;espectros de Marx&#8221;, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> hace suyo el idioma y la fe de la eficacia (Monsiváis: 109). Porque si hay algo que la revista hace sin caer en contradicciones es construir la figura de una sociedad civil cubana alentada por esa suerte de &#8220;himno supra-nacional&#8221; que canta las bondades del mercado, acusa de terrorista al &#8220;castrismo&#8221; y espera ansiosa la llegada “inminente” de la utopía democrática del capitalismo. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"> Como cualquier otra industria, la industria de la oposición (Agee la llama &#8220;industria ligera del anticastrismo subvencionado&#8221;) también necesita vender sus productos en el mercado. &#8220;Fabricar consenso&#8221; en torno a estos núcleos de sentido es parte de esta vasta máquina publicitaria capaz, entre otras cosas, de fijar agendas públicas, inventar crisis, desandar la historia e imaginar estampas de un futuro (literalmente) más luminoso para Cuba. Y como todo juego simbólico, también a éste lo rigen ciertas reglas de oro. Una de ellas –primordial en la compra y venta de ideas– enseña que la sutileza de la buena propaganda radica en el hecho de que no se la tome por tal, es decir, que nadie sienta que está frente a un discurso cuya función es vender ideas a un lector/consumidor cautivo (Chomsky: 8).</span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> El lanzamiento de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> no tardó en desatar la reacción inmediata de Cuba. En el informe del Buró Político presentado ante el Comité Central del PCC en 1996, Raúl Castro denunció la nueva &#8220;variante de la Glasnost que últimamente ha tenido algunas sutiles expresiones en Cuba&#8221; (19). Por un lado, el reporte alertaba sobre la proliferación de ONGs &#8220;disfrazadas&#8221; que hablan de &#8220;desarrollar la sociedad civil en comunión y comunicación con la comunidad exiliada&#8221; no para &#8220;derrumbar el castrismo en un día sino para transformarlo día a día&#8221; (19). Estas ONGs, decía recurriendo a una conocida metáfora militar, son &#8220;caballos de Troya&#8221; que &#8220;tienen como único propósito esclavizar de nuevo a nuestro pueblo y convertirlo en un Puerto Rico todavía más dependiente&#8221; (19). Por otro lado, denunciaba también la aparición no menos preocupante de &#8220;publicaciones sin recato que subastan no pocas de sus páginas&#8221; y que, a cargo de &#8220;quintacolumnistas&#8221; sirven &#8220;a los explotadores al acecho desde Miami&#8221; (22). Más allá del uso de una retórica que echa mano de lugares ideológicos ya transitados durante la Guerra Fría, el informe sienta las bases de una política de la lengua que quiere deslindar &#8220;propiedades&#8221; sobre las &#8220;grandes palabras&#8221; en juego (en este caso, la serie sociedad civil-EE.UU.-capitalismo en oposición visceral a la serie pueblo-Cuba-socialismo), esas palabras que, entre otras funciones, sirven para diferenciar lo incompatible de las agendas políticas que separa al </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>ellos</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> del </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>nosotros</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">: &#8220;para nosotros, la sociedad civil no es a la que se refieren los Estados Unidos, sino la nuestra, la sociedad civil socialista cubana&#8221; (19). </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Casa de las Américas</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> tampoco eludió aclarar su posición frente a ese &#8220;visible ins-trumento&#8221; que es &#8220;la revista denominada </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro de la cultura cubana.</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">&#8221; En una nota del número 205 llamó a &#8220;repudiar estas maniobras dirigidas contra la cultura: de hecho contra la médula de la soberanía cultural –y de toda índole– de la Isla&#8221; (159). </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>La Gaceta de Cuba</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">, por su parte, publicó &#8220;¿Elefantes en la cristalería?&#8221; de Rafael Hernández, un análisis juguetón pero tenso que toma distancia del &#8220;dogmatismo&#8221; que atribuye al &#8220;discurso extremista liberal&#8221; de quienes, &#8220;en Miami o en Madrid, se otorgan la potestad de &#8216;prefigurar la sociedad plural que deseamos para nuestro país'&#8221; (136). Según Rafael Hernández, esa &#8220;vocación de portavoces elegidos de la sociedad cubana&#8221; (136) que asume </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> no es ni realista (lo que obtura su ambición de intervenir en la isla), ni humilde (lo que deslegitima su voluntad de criticarla) ni representativa (que socaba el derecho de hablar en su nombre), ni nueva (porque &#8220;no pasa de ser una reverberación de viejos tópicos, hoy menos útiles que nunca para indagar los caminos de este mundo actual&#8221; [136]).</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">13</span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Sólo en contadas ocasiones (el rechazo de la ley Helms-Burton, por ejemplo</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">14</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">) la agenda de la publicación deja de coincidir con la política dictada por Washington, o con los intereses de la neo-derecha norteamericana de origen cubano.</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">15</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> Sin embargo la eficacia de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> a la hora de cristalizar una versión de Cuba capaz de dominar el sentido común contemporáneo no es poca: uno de sus mayores logros pasa por haber consolidado una suerte de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>doxa</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> del discurso anticastrista. Delineando así el corpus del género, la revista </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">fantasea con una Cuba sin Fidel; </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">se deleita con la imagen de una Miami exitosa y económicamente próspera; representa a todo emigrado cubano como si se tratara de un exiliado político; construye una red de racionalidad y continuidad ideológica con la llamada &#8220;disidencia interna,&#8221; sus &#8220;periodistas independientes&#8221; y la &#8220;sociedad civil emergente;&#8221; y denuncia la represión o violación de derechos humanos en la isla al mismo tiempo que no reprime la ansiedad con la que siente la inminencia de la caída del socia-lismo y la transición &#8220;natural&#8221; y &#8220;pacífica&#8221; de Cuba al capitalismo. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> “Actos de denuncia profética”, el modelo que propone </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> hay que buscarlo en esa “pretensión de superarlo todo y conservarlo todo” (315), en ese afán de “reconciliar la plenitud del individuo con la inquietud crítica del intelectual” (317) que Bourdieu llama &#8220;el sueño del mandarín&#8221; (por el doble deseo de &#8220;vivir como un burgués y pensar como un semidiós&#8221; [24]). Mediante el cuestionamiento crispado a la revolución, los colaboradores de </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> buscan alcanzar una doble legitimación –legitimación de sí mismos como intelectuales &#8220;independientes&#8221; del campo de poder, por un lado, y legitimación simultánea como intelectuales llamados a encarnar y rescatar a la nación cubana cautiva, por otro: poco más o menos ésta es la fórmula imposible de relación que aspiran ingenuamente a establecer con y por Cuba, hacia adentro y desde afuera, en plena pos-Guerra Fría. Al tomar distancia respecto a las posiciones oficiales de la revolución y apelar al mismo tiempo a un discurso del &#8220;diálogo&#8221; y la &#8220;conciliación,&#8221; el grupo quiere garantizar para sí el título de virtud democrática al mismo tiempo que pretende dejar intacto su derecho de libre adhesión y autonomía frente al estado, sea el cubano o (sobre todo) el gobierno norteamericano. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> En el reto de sustituir una metáfora (Revolución) por otra (Democracia),</span><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">16</span></sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> las guerras del lenguaje que desvelan a </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> buscan, desde una lógica de fines y medios, el conflicto más que la comunicación: ratificar la diferencia en lugar de convocar al diálogo.  Como &#8220;el otro&#8221; (político) está cerca (la ansiedad de esa cercanía la proyecta el &#8220;Yo fui ellos&#8221; de Jesús Díaz), la revista de &#8220;los herederos de la Revolución y del Exilio&#8221; necesita actuar (o sobreactuar) la diferencia. Doblemente cautiva entre la ilusión de la comunicación y el melodrama de la diferencia, entre la prédica de la reconciliación y el culto a la oposición, el trabajoso equilibrio por el que debe transitar </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro </i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;">es un camino saturado de contradicciones.  Lo cierto es que los mitos unificadores para consumo masivo que la revista construye están lejos de orientarse &#8220;hacia el entendimiento [que] conduce a un acuerdo&#8221; del que hablaba Habermas, nombre tutelar de su ideología editorial (453). Mucho más cerca está sin duda de la imposibilidad de ir más allá del di-ferendo, esa figura jurídica que habla de una lucha épica entre dos regímenes de verdad que se auto-excluyen porque no existe ni ley ni tribunal capaz de zanjar la alteridad radical que los vincula. Mientras tanto, y a medida que se profundiza la diferencia, </span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><i>Encuentro</i></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"> insiste en ritualizar su condición de víctima, una suerte de lugar de afuera desde el que sigue una y otra vez actuando la rutina de decir su daño.</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="center"><strong><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;">NOTAS</span></strong></p>
<p class="western" lang="en-US"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">* La primera versión de este trabajo fue publicada bajo el título “Política, intervención y mediaciones en la cultura de la post-Guerra Fría” en </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Revista de Crítica Literaria Latinoamericana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 69 (2009): 149-167.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">1</span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> La historia del lanzamiento de </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> se remonta a 1994, año de la realización de </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Isla Entera</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> que reunió a un grupo de escritores y críticos literarios cubanos de “adentro” y “afuera” de la isla. Presidido por Gastón Baquero, el seminario convocó en Madrid a muchos de los futuros colaboradores de </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">: Manuel Díaz Martínez, Rafael Alcides, Felipe Lázaro, José Prats Sariol, Jorge Luis Arcos, Efraín Rodríguez Santana, César López, Heberto Padilla, Enrique Saínz, Pío E. Serrano, José Kozer, José Triana, Reina María Rodríguez, y Nivaria Tejera. &#8220;La cultura nacional es un lugar de encuentro&#8221; (</span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 1: 4) fue la frase de Baquero que inspiró el nombre de la revista. Jesús Díaz, recién llegado de Berlín donde se había exiliado en 1991, figuraba entre los asistentes. Junto a Annabelle Rodríguez, Gastón Baquero y Pío E. Serrano, dió entonces los primeros pasos para fundar la revista que dos años después se convertiría en </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana.</i></span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">2</span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> Cubiertamente financiada por la CIA, </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encounter</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> fue, según Coleman, “la más valiosa” de las publicaciones dependientes del Congreso por la Libertad de la cultura (59). Con extensa circulación en Inglaterra, Estados Unidos, Asia y África, Saunders la caracteriza como: “Promiscua en su atención a los temas culturales, curiosamente silenciosa, o simplemente oscura en cuanto a muchos asuntos políticos. En todos los casos era resueltamente ideológica, con el pensamiento anticomunista de la Guerra Fría” (327). </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">3</span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> Otra de las revistas lanzadas por el Congreso por la Libertad de la Cultura para enfrentar la “cuestión cubana”, </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Mundo Nuevo</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> “erigió un discurso monumental en torno a la libertad intelectual y en nombre de esta última rechazó –al menos teóricamente– toda forma de ‘partidismo’ político o ‘compromiso’ de tono sartreano” (Mudrovcic 169). </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">4</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> se publica cuando desde Cuba se estaban realizando esfuerzos visibles para establecer una comunicación con la intelectualidad cubana residente en el extranjero. </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Contra viento y marea</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">, el testimonio colectivo del Grupo Areíto, recibe el Premio Casa de las Américas en 1978; </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Palabras juntan revolución</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> de Lourdes Casal lo recibe en 1981; la Editorial Letras Cubanas publica </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>El monte</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> de Lydia Cabrera; se realizan seminarios como “La Nación y la emigración”. La isla reaccionó ante lo que juzgó el oportunismo histórico de la revista: “</span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro,</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> en realidad –concluye la investigación de García Miranda que publica </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Jiribilla</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">– pretende sabotear los vínculos entre la Isla y la emigración y, en todo caso, al no poder dete-nerlos, desviarlos de su cauce normal, desnaturalizándolos y transformándolos en un nuevo instrumento de agresión contra Cuba” (sec. 13). Ciertamente el lanzamiento de </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> recalienta los circuitos entre Cuba y el exilio y conduce a una rápida militarización de la cultura cubana. </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">5</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Una sección privilegiada donde </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> establece la red de adhesiones literarias es la sección “Homenajes” que, según declara la política editorial de la revista, “salta cualquier barrera geográfica e ideológica y subraya lo trascendente: su aporte a nuestra cultura.” Entre otros, la publicación rindió “Homenaje” a Tomás Gutiérrez Alea, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Luis Cruz Azaceta, Fina García Marruz, Julio Miranda, César López, Manuel Moreno Fraginals, Antón Arrufat, Heberto Padilla, Abelardo Estorino José Triana, Virgilio Piñera, Antonio Benítez Rojo, Nicolás Quintana, Lorenzo García Vega, Jesús Díaz y “a la vilipendiada generación del Mariel”. </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">6</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">La ansiedad de nuevo converso no abandona el discurso público de Jesús Díaz: “Quien esto escribe –confiesa el director de la revista en el número 6–estuvo entre los que asistieron a la terrible experiencia [la revolución]; apoyándola primero, y absteniéndose después, por confusión y miedo, antes de llegar a comprenderla y combatirla. Tampoco es éste el lugar para analizar las sinrazones de mi convicción, ni las razones de mi confusión o de mi miedo. Pero quiero decir públicamente que pasé por esos tres terribles estados de ánimo y que por ello entiendo a los que una vez estuvieron convencidos, a los confusos y a los atemorizados. Yo fui uno de ellos” (206). </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">7</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">En “¿Por qué molesta </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">?” Rafael Rojas defiende la revista ante el giro que toma a partir del número dedicado a Miami: “¿Acaso son signos de ‘derechización’ las colaboraciones de algunos reconocidos intelectuales, como Carlos Alberto Montaner, Enrico Santí, Vicente Echerri o Jaime Suchlicki, quienes a veces rozan argumentos de una derecha sutil y democrática? Falso. … una derecha civilizada y flexible es una posición imprescindible de cualquier debate nacional que se respete.”</span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">8</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Sigo acá la periodización que propone García Miranda. </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> también habla de dos épocas de la revista: la época dirigida por Jesús Díaz (1996-2002) que se caracteriza, según Jorge Luis Arcos, “por un contrapunto intelectual” (211), una política de no-confrontación con Cuba y la adopción del slogan “la cultura cubana es una.” Y una segunda época (2002-presente) que, coincidiendo con la muerte de Jesús Díaz y la nueva dirección de Manuel Díaz Martinez y Rafael Rojas, se caracteriza por su militancia abierta y agresiva contra Cuba. </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">9</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">La celebración de Miami como “muestrario de lo que podemos hacer los cubanos bajo estructuras y leyes que favorecen la libre circulación mercantil y la inventiva empresarial” (161) forma sin duda parte del imperativo des-demonizador del que se hace cargo la revista.</span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">10</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">En “Financiación, totalitarismo y democracia” que aparece en </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la red</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> se narra de la siguiente manera la expansión del proyecto editorial originario: “En el 2000 concebimos un nuevo proyecto: publicar un periódico digital que recogiera diariamente la temática de actualidad referida a asuntos cubanos. Literatura, humor, política, deporte y música, entrelazados con artículos de opinión y un noticiero que ofreciera el panorama más amplio posible. Este proyecto obtuvo el apoyo de la Fundación Ford y The Open Society Institute. Con estos fondos pudimos montar y equipar una oficina que albergaría tanto la redacción de la revista </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana,</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> como la del periódico </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la Red. </i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Las subvenciones concedidas a la revista no consideraban el pago de las colaboraciones publicadas, como suele suceder en casi todas las publicaciones académicas y literarias. Sólo excepcionalmente se han efectuado pagos que, por su austeridad, bien se podrían calificar de simbólicos. El periódico digital, en cambio, requería un compromiso de trabajo regular y constante de un grupo estable de colaboradores, con los que se tenía que conformar a diario su contenido. Tanto por esta razón, como por el coste de la elaboración, ac-tualización y mantenimiento del soporte informático, el presupuesto necesario se incrementó sensiblemente.”</span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">11</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Si se habla del efecto amplificador de la propaganda anticastrista, hay que mencionar la relación casi-orgánica entre </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> y el periódico español </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>El País</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">, perteneciente al conglomerado PRISA, uno de los holdings más influyentes en el terreno de la información y comunicación en español. El tema fue investigado, entre otros, por Lagarde, Maira y Serrano.</span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">12</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">En “La Cuba posible” aparecida en el número 4/5, Marifeli Pérez-Stable escribe haciéndose eco de esa ansiedad tan propia que irradia la revista: “A medida que la caída del régimen actual se hace más inminente, el tema de la responsabilidad de los intelectuales en su formación, apoyo y mantenimiento se vuelve más urgente” (188). </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">13</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Consultar también los excelentes trabajos de Iroel Sánchez y M.H.Lagarte (2003b). </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">14</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">La revista se opone al bloqueo y en esto se distancia del exilio histórico o miamense. Jesús Díaz es categórico en su toma de posición: “yo puedo expresar aquí mi oposición total a la Helms-Burton, luchar contra ella y sostener que constituye, paradójicamente, la hoja de parra del castrismo” (1999: 7-8).</span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">15</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> insistió en defender su “independencia” en relación a la agenda política norteamericana. En “Financiación, totalitarismo y democracia”, por ejemplo, afirma: “</span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> ha dado cabida, a lo largo de sus 29 números, a numerosos textos que cuestionan la política norteamericana, tanto hacia Cuba como hacia el resto del planeta, textos que critican el escoramiento hacia la derecha en diferentes ámbitos y otros que diseccionan con rigor políticas europeas, e incluso ha acogido textos que censuran a la propia revista, y no sólo entre las cartas de los lectores, algo usual en las publicaciones de países democráticos.”</span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;">16</span></sup> <sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Utilizo acá la retórica sugerida en “La carta que nunca te mandé” donde Elizabeth Burgos define la tarea de </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> como el destronamiento de una metáfora: “¿Cómo sustituir a una metáfora? Es el reto que enfrenta </span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span></sup><sup><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">” (61). </span></span></sup></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="center"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"><i>OBRAS CITADAS </i></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Agee, Philip. “La sociedad civil y los disidentes”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Jiribilla</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 131 (8 Nov. 2003) </span></span><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.lajiribilla.cu/2003/n115_07/115_01.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.lajiribilla.cu/2003/n115_07/115_01.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Angenot, Marc. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La parole pamphétaire. Typologie des discours modernes</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Paris: Payot, 1982.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Añel, Armando. “Carlos Montaner: abrir las compuertas de la creatividad”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la red</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> (8 Abri. 2002). </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://arch.cubaencuentro.com/entrevista/2002/04/08/5720.htm1"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://arch.cubaencuentro.com/entrevista/2002/04/08/5720.htm1</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Arcos, Jorge Luis. “Diez años de </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 40 (2006): 209-14. </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Armengol, Alejandro. “Miami es miamense y es más y es una feria”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 33 (2004): 163-70.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Beverly, John y David Houston. “Una utopía degradada: notas sobre Miami”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Heterotropías</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Carlos</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"><span style="font-size:small;">Jáuregui y Juan Pablo Dabove, eds. Pittsburgh: Instituto de Literatura Latinoamericana, 2003. 419-45.</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Blum, William. “The United States, Cuba and this thing called Democracy”. </span></span><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.iefd.org/articles/us_cuba_democracy.php"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.iefd.org/articles/us_cuba_democracy.php</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Bourdieu, Pierre. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Barcelona: Anagrama, 1995.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Broder, John M. “Political Meddling By Outsiders: Not New for U.S.” </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>NYT</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> (Mar 31 1997): Section A, 1.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Burgos, Elizabeth. “La carta que nunca te mandé”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 25 (2002): 51-61.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Castro, Raúl. “Fragmento del Informe del Buró político presentado por Raúl Castro</span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>”. Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 1 (1996): 18-24. (Reproducido del periódico </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Granma</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">, 27 de marzo de 1996).</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Cavell, Colin S. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Exporting ‘Made-in-America’ Democracy</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Maryland: University Press of America, 2002.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Chomsky, Noam. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Necessary Illusions.</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> Boston: South End Press, 1998. </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">_____ </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Rogue States. The Rule of Fore in World Affairs</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Cambridge: South End Press, 2000.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Clark, William. “Philanthropic Imperialism: The National Endowment for Democracy” </span></span><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.iefd.org/articles/philosophical-imperialism.php"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.iefd.org/articles/philosophical-imperialism.php</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Conry, Barbara. “Loose Cannon: The National Endowment for Democracy”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Cato Foreign Policy Briefing No.27</i></span></span> <u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.cato.org/pubs/fpbriefs/fpb-027.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.cato.org/pubs/fpbriefs/fpb-027.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">De Aragón, Uva. “El rostro oculto de Miami”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 18 (2000): 76-81.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Derrida, Jacques. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Políticas de la amistad</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Madrid: Editorial Trotta, 1998.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>____ Rogues: Two Essays on Reason.</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> Standford: University of Stanford Press, 2005.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Díaz, Jesús. “Introducción”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 18 (2000): 7-8.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “El fin de otra ilusión”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 16/17 (2000): 106-19.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “Cuba: 170 años de presencia en Estados Unidos”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cuba</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">na 14 (1999): 4-11.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “Otra pelea cubana contra los demonios”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 6 (1997): 200-11.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;">“<span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Financiación, totalitarismo y democracia”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la red</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> (20 Jun. 2003) </span></span><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://arch1.cubaencuentro.com/editoriales/20030620/aff7a9642969ae3ee7481580e903b5e2/4.htm"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://arch1.cubaencuentro.com/editoriales/20030620/aff7a9642969ae3ee7481580e903b5e2/4.htm</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Fornet, Ambrosio. “Jesús en la memoria”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 25 (2002): 42-50.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Fukuyama, Francis. “After Neoconservatism”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>NYT</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> (19 Feb 2006) </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.nytimes.com/2006/02/19/magazine/neo.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.nytimes.com/2006/02/19/magazine/neo.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">García Miranda, José Antonio. “Encuentros, desencuentros”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Jiribilla</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 50 (2002) </span></span><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.lajiribilla.cu/2002/n50_abril/1285_50.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.lajiribilla.cu/2002/n50_abril/1285_50.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Habermas, Jurgen. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La lógica de las ciencias sociales</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Madrid: Tecnos, 1995.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Hernández, Rafael. “¿Elefantes en la cristalería</span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>? Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 3 (1997): 136-40. (Reproducido de </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Gaceta de Cuba</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 5 (1996))</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Isal Wilfredo Cancio. “Variaciones de Miami”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 33 (2003): 160-63.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Jáuregui, Carlos A. y Juan Pablo Dabove (Eds.) </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Heterotropías: narrativas de identidad y alteridad latinoamericana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Pittsburgh: Instituto de Literatura Latinoamericana, 2003.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Lagarde, M.H. “La ‘nueva’ posición de </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>El País</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Jiribilla</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 119 (2003a) </span></span><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.lajiribilla.cu/2003/n119_08/elpais.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.lajiribilla.cu/2003/n119_08/elpais.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">____ W. Bush con los financistas de </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">”</span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i> La Jiribilla </i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">131 (2003b)</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.lajiribilla.cu/2003/n131_11/131_29.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.lajiribilla.cu/2003/n131_11/131_29.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Leyva Martínez, Ivette. “Revistas literarias: Desafiando los rigores del páramo”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 18 (2000): 155-12.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Maira, Antonio. “Cuba en </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>El país</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> de falsimedia”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>La Jiribilla</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 121 (2003)</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.lajiribilla.cu/2003/n121_08/121_15.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.lajiribilla.cu/2003/n121_08/121_15.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Miller, Toby y George Yúdice. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Cultural Policy</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. London: SAGE Publications, 2002.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Monsiváis, Carlos. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Barcelona: Anagrama, 2000.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Mudrovcic, María Eugenia. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Mundo Nuevo</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">:</span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i> Cultura y Guerra Fría en la década del 60</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Rosario: Beatriz Viterbo, 1997. </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"><span style="font-size:small;">National Endowment for Democracy. 1998 Annual Report. Latin American and the Caribbean Highlights. </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><i> </i><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.ned.org/publications/98annual/la98.html"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.ned.org/publications/98annual/la98.html</span></span></a></u></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Pérez-Stable, Marifelli. “La Cuba posible”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 4/5 (1997): 188-90.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;">“<span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Presentación”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 1 (1996): 3.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"><span style="font-size:small;">Raman, B. “National Endowment for Democracy of US” </span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><u>http://www.iefd.org/articles/ned_pf_us.php</u></span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Reagan, Ronald W. “Address to Members of Parliament, June 8, 1982”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Weekly Compilation of Presidential Documents</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 23.18 (1982): 764-70.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Rojas, Rafael. “La relectura de la nación”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 1 (1996): 42-52.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “El intelectual y la revolución”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 16/17 (2000): 80-88. </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “La filosofía del como sí. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la red</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> (9 Abr. 2001)</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"><span style="font-size:small;">http://arch.cubaencuentro.com/lamirada/2001/04/09/1870.html</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “¿Por qué molesta </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">?” </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la red</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 175 (3 Ag. 2001). </span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><u>http://arch.cubaencuentro.com/opinion/2001/08/03/3413.html</u></span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">___ “Somos hijos de la Revolución y del Exilio” </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro en la red</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> ( 26 Nov. 2002)</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><u>http://arch.cubaencuentro.com/entrevista/2002/11/26/10891/1.html</u></span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Sánchez, Iroel. “De Valencia a Babelia: ¿Un viaje en primera clase? </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Casa de las Américas</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 246 (2007): 114-16.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Sanders, Ken. “Imperialists in Democratic Clothing”. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Politics of Dissent</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> (7 Oct. 2005).</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="font-family:Times New Roman, serif;color:#000000;"><span style="font-size:small;"> http:/www.thitdworldtraveler.com/CIA/Bush_and_NED.html</span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Santí, Enrico Mario. “Cuba y los intelectuales.” </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Encuentro de la cultura cubana</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> 3 (1997): 92-95.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Sarlo, Beatriz. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Escritos sobre literatura argentina</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2007.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Saunders, Frances. </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>The Cultural Cold War: The CIA and the World of Arts and Letters.</i></span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"> New York: New Press, 2000.</span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">Serrano, Pascual. “Cómo financia el gobierno de Estados Unidos al anticastrismo europeo” </span></span><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;"><i>Rebelión,</i></span></span></span></p>
<p class="western" lang="en-US" align="justify"><span style="color:#000000;"><u><a class="western" style="color:#000000;" href="http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41472"><span style="font-family:Times New Roman, serif;"><span style="font-size:small;">http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41472</span></span></a></u></span></p>
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		<title>Mundo Nuevo. Cultura y Guerra Fría en la década del 60 (PDF). Por María Eugenia Mudrovcic</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jul 2020 03:23:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La relación de Mundo Nuevo con la CIA, su papel en el lanzamiento de algunos de los protagonistas del llamado boom de la literatura latinoamericana y en la búsqueda de su ruptura con la Revolución Cubana <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=71221">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-712220" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2020/07/mundo-nuevo.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">Entre los jurados del <strong>Premio Casa de las Américas</strong> que visitaron Cuba este año 2020 estuvo la ensayista e investigadora argentina <strong>María Eugenia Mudrovcic</strong>, profesora de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos. María Eugenia tuvo la deferencia de conceder una entrevista para nuestro programa televisivo <strong>La pupila asombrada</strong> y donar en exclusiva para nuestro blog los PDF de sus importantes libros<em><strong> Mundo Nuevo. Cultura y Guerra Fría en la década del 60 </strong></em>y <strong><em>Nombres en litigio</em>.<em> Del happening desarrollista a la pos Guerra fría. </em></strong></span><span id="more-71221"></span></p>
<div class="embed"><iframe width="640" height="480" src="https://www.youtube.com/embed/xRHgDH6szic?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></div>
<p><span style="color:#000000;">El primero de ellos lo compartimos hoy con nuestros lectores, en él Cuba, Casa de las Américas y figuras como Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, entre otros, ocupan un lugar central. A propósito traigo acá un fragmento de mi texto de 2006 &#8220;<span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/10/07/de-valencia-a-babelia-%c2%bfun-viaje-en-primera-clase/">De Valencia a Babelia: ¿Un viaje en primera clase?</a></span>&#8221; donde hago referencia a contenidos del libro. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Para descargar el PDF del libro </span><a href="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2020/07/mudrovcic-mundo-nuevo-2.pdf"><span style="color:#0000ff;"><em><strong>Mundo Nuevo. Cultura y Guerra Fría en la década del 60 pinche aquí. </strong></em></span></a></p>
<p><em><span style="color:#000000;"><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/10/07/de-valencia-a-babelia-%c2%bfun-viaje-en-primera-clase/"><img class="aligncenter size-full wp-image-71211" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2020/07/mundo-nuevo.jpg" alt="" width="341" height="500" /></a>Con la represión macartista de un lado, y  del otro el Congreso por la Libertad de  la Cultura seduciendo a las izquierdas intelectuales con el dinero de la CIA, habían estrenado los Estados Unidos de la posguerra la exitosa combinación de censura y cooptación. Tal combinación les otorgaría, a la larga, la victoria en la guerra cultural del siglo XX, facilitada por los errores en la conducción de la política cultural soviética. Aunque vale recordar, como ha señalado Carol Brightman[14], que el verdadero antagonista para los oficiales de Langley estaba un tanto más al oeste, en la revista Les Temps modernes y el Jean Paul Sartre de la Rive Gauche. Pero una conmoción llegada desde el sur cambiaría las prioridades: la Revolución Cubana sorprendió desprevenido al Congreso por la Libertad de la Cultura.</span></em></p>
<p><em><span style="color:#000000;">La posibilidad palpable de la siempre pospuesta emancipación latinoamericana reuniría  en torno a Cuba y a sus instituciones, como el ICAIC, Prensa Latina ―con fundadores como Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Jorge Ricardo Massetti―, y sobre todo Casa de las Américas, a los más relevantes artistas y escritores. Su poder de convocatoria logra en la década de los años sesenta una verdadera hegemonía  cultural, vinculando la propia revista Casa a una poderosa red de publicaciones de sur a norte como Marcha, Punto Final, y Siempre. Se articula así la  difusión de una alternativa de pensamiento opuesta a la dominación norteamericana  que aboga por la vinculación de los intelectuales a los procesos liberadores del Continente. El modelo sartreano de intelectual comprometido ―realmente comprometido― alcanzaba su imagen y posibilidad en América Latina, y atraía desde Cuba la atención del mundo.</span></em></p>
<p><em><span style="color:#000000;">Es aquí cuando de nuevo entra en acción la vieja  mezcla de cooptación con represión, pero esta vez a sangre y fuego; entre sus víctimas más relevantes están Rodolfo Walsh, Víctor Jara, Francisco Urondo  y Haroldo Conti. Otros,  con mejor suerte, van al exilio europeo, y para alguno de ellos, la lejanía de Cuba y de Casa de las Américas supone estar cerca de la hija latinoamericana ―nacida en París― del Congreso por la Libertad de la Cultura,  apadrinada  luego por la Fundación Ford: la revista Mundo Nuevo. Esta publicación sería encargada de reclutar a  editores franceses y españoles para el lado amable de la conspiración y  de promover entre  los escritores de América Latina aquellos que deberían ser sus “verdaderos” temas y preocupaciones. </span></em></p>
<p><em><span style="color:#000000;">Las gestiones del primer director de Mundo Nuevo, Emir Rodríguez Monegal, ante el editor Carlos Barral para que este aceptara publicar la novela Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, corresponsal londinense de la revista, son un ejemplo emblemático de esta labor. El manuscrito premiado en 1964, Vista del amanecer en el trópico, terminó cambiando y publicándose como Tres tristes tigres en 1967, no solo por la muchas veces aludida censura franquista, sino sobre todo porque el mismo Cabrera Infante consideró el original  una obra “un poco sartreana” y un “libro políticamente oportunista”. Las reticencias que la  transformación del que fuera diplomático cubano  en “exiliado”, despertaban entonces en el editor catalán fueron deshechas por el director de Mundo Nuevo. Según palabras  del  propio autor, la edición española de la novela  se debió “en gran medida” a que Rodríguez Monegal  “persuadió” a Carlos Barral para que la publicara.</span></em></p>
<p><em><span style="color:#000000;">Una notable investigación de la escritora argentina María Eugenia Mudrovcic califica de “historia sinuosa” el modo en que Emir Rodríguez  Monegal gestionó la publicación y promoción de autores cubanos en los que Mundo Nuevo tenía especial interés.  Mudrovcic documenta de manera contundente la relación de Mundo Nuevo con la CIA, su papel en el lanzamiento de algunos de los protagonistas del llamado boom de la literatura latinoamericana y en la búsqueda de su ruptura con la Revolución Cubana, desmintiendo los pretextos que después enarbolaron quienes terminaron abrazando la tan deseada ruptura. La carta de Rodríguez Monegal al peruano Jorge Luis Recavarren, de fecha tan temprana como el 30 de Junio de 1967, sobre el futuro otorgamiento del premio Rómulo Gallegos a Mario Vargas Llosa, revela la ruptura con Cuba como un  objetivo a alcanzar paciente y calculadamente: “como es casi seguro que le den el premio Rómulo Gallegos a Mario, él va a ir a Venezuela al Congreso de Caracas que se reúne a principios de agosto  y al cual yo voy a ir también. Estoy casi seguro que si le dan el premio R.G. y si Mario acepta, los cubanos le van a escribir una de esas famosas cartas abiertas como la que le escribieron a Neruda. Este es mi cálculo y por eso te pido que no provoques ninguna colisión entre Mario y nosotros. En este juego, querido Jorge Luis, no hay más remedio que tener  paciencia.”</span></em></p>
<p><span style="color:#000000;"><em>Oponer al compromiso social del intelectual el modelo exitoso de un Carlos Fuentes —que se confiesa en el primer número de la revista un contemporáneo de los latinoamericanos “en las mercancías y en las modas”— será otro de los superobjetivos de Mundo Nuevo.</em> </span></p>
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