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	<title>La pupila insomne &#187; Álvaro Castillo Granada</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>“Hermano. Se robaron su primera edición de Cien años de soledad”. Por Álvaro Castillo Granada</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2016 14:54:40 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El robo de ese libro se volvió la causa de muchos. Lo sintieron en carne propia y expresaron su indignación, repudio y rechazo. Fue por eso (además de la labor de las autoridades) que el libro regresó.  <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=52764">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-527650" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/12/garcia-marquez.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Varias personas me dijeron que debía escribir sobre lo que había pasado. La escritura podía ser la mejor manera de conjurar los fantasmas que me estaban asediando e invadiendo. A todas les dije que sí, que tenían razón, que tal vez después lo iba a hacer. Que ajá.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">El caso es que nunca lo hice. O por lo menos hasta hoy.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Al principio podía recordarlo toda con claridad cronómetrica: minuto a minuto a partir de las 7:38 de la noche del 2 de mayo cuando David Roa me llamó a decirme: “Hermano. Se robaron su primera edición de Cien años de soledad”.</span><span id="more-52764"></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><img class="aligncenter size-large wp-image-52766" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/12/garcia-marquez.jpg?w=545" alt="garcia-marquez" width="545" height="277" />Han pasado ya más de siete meses y, maravillosamente, he olvidado gran parte de todo. Sí: ya no recuerdo con precisión los sucesos de ese día. De esos días.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Todo se ha cubierto bajo un manto gris que ha permitido (y permite) que sólo lo bueno, lo que vale la pena, brille. No ha sido un acto de voluntad. Como si me hubiera dicho una mañana: “Quiero olvidar. Sólo quiero recordar lo bueno, lo que no duele”. No. Ha sido, más bien, la forma de mi desmemoria de protegerme. La memoria es selectiva, cierto, pero nunca como en este caso lo he apreciado tanto.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Guardo las imágenes y las palabras de tantas personas que me manifestaron y expresaron su afecto de manera explícita. Nunca como antes había sentido en carne propia esa palabra que tantas veces uso (a veces demasiado): solidaridad. Eso me hizo sentirme parte de un pueblo: el colombiano. Más allá de un accidente geográfico al nacer (Bucaramanga) fui un habitante de mi país, que hacía parte de él, y que por estar viviendo un mal momento muchos de sus compatriotas hicieron de su problema el suyo. Una causa.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Porque eso fue lo que pasó: el robo de ese libro se volvió la causa de muchos. Lo sintieron en carne propia y expresaron su indignación, repudio y rechazo. Fue por eso (además de la labor de las autoridades) que el libro regresó. Y volvió no a mis manos sino a las manos de todos.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Yo no podía tener el descaro de conservar algo que ya no me pertenecía sino que ahora pertenecía a muchos. Ese libro se volvió propiedad de todos los colombianos. He ahí la razón por la cual lo doné (junto a casi toda mi colección de Gabriel García Márquez) a la Biblioteca Nacional de mi país. Biblioteca Nacional como símbolo de unión y patrimonio. Ahí está y espero que siga siempre allí como testimonio de agradecimiento.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><img class="aligncenter size-large wp-image-52767" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/12/agradecimiento-donacin-bnc-2-1.jpg?w=545" alt="Agradecimiento-donación-BNC-2-1" width="545" height="687" />Guardo detalles que conservo como piedritas en bolsillo para cuando las cosas se ponen duras. Los acaricio, los recorro, los palpo para volver a darme fuerzas y esperanzas.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Hacen parte de mí y me acompañarán (espero) hasta cuando sea el momento.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">A todas, gracias. A todos, gracias. No tengo necesidad de nombrarlos: ustedes saben. Lo saben. Sin ustedes no habría sido posible. Sin nosotros no lo habríamos logrado.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y a los que no valen la pena, también les doy las gracias, les deseo “buena suerte viviendo”.</span><br />
<span style="color:#000000;"> Eso me dio el 2015. Todo. Todo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Hasta una luz violeta.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Diciembre 31 de 2015</span></p>
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		<title>El gran problema de esta historia era cómo contarla</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2015 19:10:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada Los días del verano que nunca llegó en 1816 —debido a los trastornos climáticos causados por la erupción en Indonesia del volcán Tambora—, cuando del 16 al 19 de junio se hospedaron en la Villa Diodati, cerca del &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=50279">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-502800" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/07/ospina.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank">Álvaro Castillo Granada</a></strong></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/p10AwN-d4X"><img class="alignleft wp-image-50281 size-medium" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/07/ospina.jpg?w=300" alt="ospina" width="300" height="146" /></a>Los días del verano que nunca llegó en 1816 —debido a los trastornos climáticos causados por la erupción en Indonesia del volcán Tambora—, cuando del 16 al 19 de junio se hospedaron en la Villa Diodati, cerca del lago de Ginebra en Suiza, Lord Byron,<span id="more-50279"></span> Mary Wollstonecraft Godwin, Percy Bysshe Shelley, Claire Clairmont, la condesa Potocka, Matthew Lewis, y John Polidori (entre otros) y, en medio de una atmósfera fantasmagórica, Lord Byron propuso que cada uno escribiera una novela de terror, naciendo entonces y para siempre <em>Frankenstein o el moderno Prometeo</em>, de la después conocida como Mary Shelley, y <em>El vampiro</em>, de John Polidori, han sido suficientemente narrados y explorados. Hasta hoy. Y lo seguirán siendo.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Cómo volver a narrar entonces “historias tan viejas que estaban ya cubiertas de musgo y retorcidas como raíces”? Lo que ya se sabe, lo que ya ha sido explorado y estudiado hasta la saciedad (una de las últimas, y más fascinantes, versiones de los últimos años es <em>Fake</em>, (2003) del cubano Alberto Garrandés)</p>
<p style="text-align:justify;">William Ospina (Padua, Colombia, 1954) encontró la respuesta al ver que la única manera posible era no inventar nada y hacer de los azares biográficos, temporales y geográficos, la materia de un viaje personal alrededor de la historia, la geografía, los lugares y los libros que rodean los sucesos de estos tres días. “No sólo ignoramos para dónde va sino que a cada giro todo en ella se mezcla con todo y los protagonistas más apartados se juntan de pronto sin que nadie haya pretendido unirlos, como si todo obedeciera a una conjura secreta, a un plan oculto gobernado por alguien, que traza rutas secundarias en los planos del laberinto, que superpone sombras y transparenta espejos y duplica destinos”. La clave está en reconocer que “nadie es capaz de reconstruir una historia si no hay hilos secretos que la enlazan con su propia vida”. Los vasos comunicantes nos llevan a un recorrido del cuál no podemos ni queremos desprendernos, pues al reconocerlos nos reconocemos. Ése es el gran logro de este libro (¿novela, diario de viajes, autobiografía, ensayo?): hacernos partícipes de la investigación y contagiarnos de la misma curiosidad y extrañeza que habitan al autor.</p>
<p style="text-align:justify;">Descubrimos que nada es gratuito, que todo sucede por algo, que cuando un tema (o cualquier cosa) nos obsesiona y anida no hay que buscarlo, pues siempre llega a nuestro encuentro, se topa y cruza con nosotros, nos rodea, porque de alguna manera extraña estamos destinados a él. “El radar del azar” (como escribió el poeta Armando Orozco) es algo que no debemos esperar/comprender sino, más bien, ver. Y en <em>El año del verano que nunca llegó</em> se trata, sobre todas las cosas,  de que al mirar “esos fragmentos muertos que había que ensamblar para tener una noción de la vida”, descubrimos que las fuentes de las que salen las historias se nutren tan sólo de tiempo. Y el tiempo y lo que hagamos con él y en él es lo que define nuestra vida.</p>
<p style="text-align:justify;">Vale la pena adentrarse en los meandros de esta historia. Saldremos llenos de dudas y preguntas que nos llevarán a otras lecturas. Porque todo se relaciona con todo. La clave, el secreto, está en querer ver la figura.</p>
<p style="text-align:justify;">P.D. Para este librero fue un placer descubrir que la biografía de Lord Byron, de André Maurois, publicada por la editorial Aguilar, que le consiguió hace años al autor de este libro, cumplió su cometido en este viaje fantasmagórico e infinito.</p>
<p style="text-align:justify;">(<em>El año del verano que nunca llegó</em>, <strong><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/william-ospina/" target="_blank">William Ospina</a></strong>, Penguin Random House, Colombia 2015)</p>
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		<title>Yo sé</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Oct 2014 12:32:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada Baudilio Espinosa, el galán de las lechugas, me dijo hace unos días en su casa (después de almorzar esplendorosamente un banquete preparado por Yoanka, la mejor cocinera de Cuba) que una de las cosas que más le &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=45731">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-457320" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/10/gladys-siabatto.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/">Álvaro Castillo Granada</a></strong></h5>
<div id="attachment_45732" style="width: 275px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://wp.me/p10AwN-bTB"><img class="wp-image-45732 size-full" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/10/gladys-siabatto.jpg" alt="Gladys Siabatto saluda a Fidel junto presentada por Riberto Fernández Retamar" width="265" height="194" /></a><p class="wp-caption-text">Gladys Siabatto saluda a Fidel, presentada por Roberto Fernández Retamar</p></div>
<p style="text-align:justify;">Baudilio Espinosa, el galán de las lechugas, me dijo hace unos días en su casa (después de almorzar esplendorosamente un banquete preparado por Yoanka, la mejor cocinera de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/cuba/" target="_blank"><strong>Cuba</strong></a>) que una de las cosas que más le entristecía de morirse era no leer lo que yo iba a escribir sobre él. Todos nos reímos porque, claro, ya sabemos cómo es Baudilio y el peculiar sentido del humor que maneja. “Chico… —añadió. Si hasta me pongo triste por personas que no conozco”. Como es lógico esto me quedó zumbando en el oído. ¿Por qué no le decimos<span id="more-45731"></span> a los demás, a nuestros amigos, a nuestros compañeros, lo que son/significan para nosotros? ¿Por qué nos guardamos aquello que nos entrega y brinda su presencia, su constancia, su tiempo con nosotros? Hay muchas respuestas para esto. Ninguna me sirve.</p>
<p style="text-align:justify;"> A ti tuve la fortuna de decírtelo muchas veces. Y no sólo a ti: a los tuyos también. Y no me cansaré de repetirlo: si hay (no quiero decir hubo) una compañera, en todo el sentido de la palabra, con todo lo que implica y explica, para José Luis, eres tú. Total. Ese amor absoluto. Esa incondicionalidad. Esa fidelidad. Esa lealtad. Ese, como me enseñó a decir tan hermosamente Margarita Márquez, “estar del lado del otro”, nunca dejé de verlo ni reconocerlo. Y, al mismo tiempo, lo extendía a los que te/lo rodeaban. Tu “Quiubo mijito…”, era una invitación a sentarse y a dejar que el tiempo transcurriera.</p>
<p style="text-align:justify;">Eres (junto a José Luis y Carolina) parte de mi Cuba, la que me habita y habito. La compartimos plenamente. Mirándola de frente y riéndonos de todo, especialmente de nosotros mismos. Como corresponde. En tu casa siempre había un plato de comida para el hambriento o un vaso de agua para el sediento. Una parte de Colombia allá. Un remanso de Colombia allá. ¿Cuántas cosas compartimos? ¿Cuánto de mí está contigo? ¿Cuánto de ti está conmigo? ¿Qué paisaje podemos dibujar juntos?</p>
<p style="text-align:justify;">Una de las mayores vergüenzas que he pasado en mi vida fue cuando descubriste, cojones, que en medio de la inmensa lista de nombres que figuraba en los agradecimientos de mi primer libro faltaba el tuyo. Lo revisé una y mil veces. Te lo juro. No quería que se me olvidara uno solo. Y tuvo que ser el tuyo. Lo agregué a mano en el ejemplar que les correspondía. Cuando me disculpé me dijiste: “No importa, mijito, yo sé… yo sé…”.</p>
<p style="text-align:justify;">Y eso ahora, en medio de las lágrimas que no han dejado de salir desde cuando Federico me llamó y me dio la noticia, la terrible noticia, me consuela.</p>
<p style="text-align:justify;">Tú lo sabías porque te lo dije. No una sino mil veces. Y no solo a ti sino a los tuyos. Y a los otros también. Te dije todo lo que te quería, admiraba y respetaba. Porque sin ti no habrían sido posibles muchas cosas. Sin ti demasiadas cosas no habrían sido. Afortunadamente estás y estuviste con todos nosotros. Y ahora escribo tu nombre con una sonrisa.</p>
<p style="text-align:justify;">   Hasta siempre, Gladys Siabatto, hasta siempre. Yo sé.</p>
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		<title>Hiroshima</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Mar 2014 11:36:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada                                               para Juan Gabriel Vásquez y Andrés Ospina   Ahí estaba, en medio de cientos de libros, &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=40501">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-405020" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/03/hiroshima.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank">Álvaro Castillo Granada</a></strong><em>                        </em></h5>
<p style="text-align:justify;"> <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/03/30/hiroshima/"><img class="alignleft wp-image-40502 size-full" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/03/hiroshima.jpg" alt="hiroshima" width="200" height="234" /></a>                     <em>para Juan Gabriel Vásquez y Andrés Ospina</em></p>
<p style="text-align:justify;">  Ahí estaba, en medio de cientos de libros, sobre una mesa de madera oscura con un cartel blanco, al frente, que anunciaba: “1X3.000 2X5.000”.</p>
<p style="text-align:justify;">   No lo reconocí. Él fue el que me encontró. No lo podía ver porque estaba de lomo y este jamás lo había visto. Sólo su cara, una vez, hace siete años. En la Plaza de Armas de Santiago de Chile, un domingo en la mañana, bajo un cielo gris,<span id="more-40501"></span> huidizo, guardado y sellado en una bolsa transparente. Sobre él un precio inalcanzable. De reliquia. Esos que no se alcanzan a pagar y postergan la cita definitiva con el libro que nos está aguardando. Miré asombrado la carátula: “<em>Hiroshima</em>, John Hersey, Zig &#8211; Zag, Fabricación chilena”.</p>
<p style="text-align:justify;">    “De manera que hay una edición vieja… anterior a la que le conseguí a Eligio…”, fue lo primero que pensé. No había forma de saber la fecha de publicación pues la bolsa protectora ahuyentaba cualquier exploración.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Sabe de cuándo es este libro?, le pregunté al librero (algo desdentado entre otras cosas).</p>
<p style="text-align:justify;">   -Puh… No sé… Es muy viejo…</p>
<p style="text-align:justify;">   -Me imagino.</p>
<p style="text-align:justify;">   Ese fue todo el diálogo. Lo observé por última vez tratando de guardar en mi memoria su carátula para, cuando fuera el momento, poder reconocerlo. Y continué/continuamos el cachureo, acompañado por una muchacha de ojos negros, después de un anochecer y amanecer siéndonos donde más nos gustaba.</p>
<p style="text-align:justify;"> Creo que no compré ningún libro ahí. Ese fue el único que me interesó. Me dediqué, más bien, a observar extrañado como las bancas de la plaza estaban llenas de gente que hablaban y gesticulaban. Eran pequeños grupos. Compactos. Se sentía que ningún extraño cabía allí.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Son todos peruanos… -me dijo la muchacha de pelo también negro.</p>
<p style="text-align:justify;">   De ese libro me había hablado Eligio García Márquez cuando estaba escribiendo <em>Tras las claves de Melquíades</em>. Era, por llamarlo de alguna manera, uno de sus libros tutelares. Esos que dan la clave y abren la puerta para poder escribir. Se trataba, me contó, de un reportaje escrito por un periodista norteamericano por encargo de la revista <em>New Yorker</em>. John Hersey estuvo en 1946 en Hiroshima. Y lo que escribió fue una obra maestra del reportaje. Se lo conseguí en la edición de la Compañía General Fabril Editora, de Argentina, en la colección Los libros del Mirasol, publicado en 1962. Lo encontré un domingo en un puesto de libros en San Victorino. Estaba en medio de otros cientos, como un pajarito atrapado por la maleza, esperando que alguien o algo abriera un claro. Fui yo el que lo halló. Me tocó a mí para poder dárselo a Eligio para que este continuara la escritura de su libro. Así confirmó su destino.</p>
<p style="text-align:justify;">   Jamás volví a verlo hasta cuando, en una biblioteca que compré, me topé de repente con él en una edición nueva, que nunca había visto. Es más: ni siquiera sabía que existía. Editorial Turner, Madrid, 2002. Lo tomé, asombrado por el reencuentro muchos años después de la partida de Eligio, y en la segunda página me saltó otra sorpresa: “Traducción de Juan Gabriel Vásquez”. “¿Juan Gabriel es traductor?”, me pregunté. No lo sabía tampoco.</p>
<p style="text-align:justify;">   Mi oficio y la vida me han dado la oportunidad de ser, de alguna manera, testigo de excepción, testigo librero, de los comienzos literarios de muchos de los escritores colombianos que empezaron a publicar en los años noventa. A casi todos los conozco. A muchos de ellos los vi como lectores antes que como autores. Esa es la imagen que más recuerdo: el momento de sus encuentros con los libros.</p>
<p style="text-align:justify;">   El Juan Gabriel que yo recuerdo es al de 1995 o 1996. El año no lo tengo exacto. Era un muchacho inquieto que siempre buscaba libros de Mario Vargas Llosa acompañado de Mariana, su compañera (de entonces y de hoy). Varias veces le guardé libros unos días hasta que volvía con el dinero por ellos. Una vez, no se me olvida, fue Mariana con su mamá a buscarle un regalo (cumpleaños, aniversario, grado, navidad, ya no sé…). Le mostré los tres tomos de <em>Contra viento y marea</em>, la recopilación de la obra periodística de Vargas Llosa. Los compró, sonriendo, de inmediato. Después supe que, por quién sabe qué motivo, no llegaron a sus manos. Otra vez, para que pudiera leerlo, le fotocopié <em>La novela en América Latina: diálogo</em>, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, Universidad Nacional de Ingeniería y Carlos Milla Batres, Lima, Perú, 1967. Y le vendí también una edición, con algunas páginas en blanco, de <em>García Márquez</em> <em>Historia de un deicidio</em> en lo que me costó (más las fotocopias de las páginas que faltaban). Ver su alegría (y la de Mariana) fue ganancia suficiente. Después el tiempo fue transcurriendo, voló un águila sobre el mar, y se fue transformando, poco a poco, en el gran escritor que ahora es. En mi memoria permanece indeleble el escritor que intentaba ser. El que quería ser. El que iba a ser. Como tantos otros que en esos años me encargaban libros que no conseguían. En fin, el mar…</p>
<p style="text-align:justify;">   En una de sus visitas, antes de retornar a Colombia, le pedí el favor que me dedicara su traducción de <em>Hiroshima</em> (sí, me gustan los libros dedicados) y le conté, entre otras cosas, de esa traducción que había visto en la Plaza de Armas de Santiago de Chile y que no había podido comprar. Me dijo extrañado que no la conocía. Que no sabía que existía. Yo le aseguré que sí, que la había visto. Todo quedó en un silencio incrédulo e indemostrable.</p>
<p style="text-align:justify;">   Hasta hoy cuando, mientras esperaba por Margarita para ir a almorzar, fui a mirar libros y de repente, sobre una mesa de madera oscura con un cartel blanco, al frente, que anunciaba: “1X3.000 2 X5.000”, una palabra conocida en el lomo de un libro, cada vez menos marrón, fue hasta mis ojos y me dijo: <em>Hiroshima</em>, John Hersey. Lo tomé/me tomó y volví a ver su carátula (casi siete años después). Lo abrí y pude saber, por fin, el año de su edición: 1947. Traducción de Carlos R. Escudero. Un año después de ser publicado en inglés… Todo volvió a mi memoria: la Plaza de Armas de Santiago de Chile, la muchacha de ojos y pelo negros, Eligio, Juan Gabriel y sobre todo el tiempo, el tiempo en mi memoria que es historia, pequeña y modesta, donde los sucesos dialogan sin importar la época, porque todo es un eterno presente que se nutre del ayer. Y, al volver a mí, es un hoy y un ahora. Constante.</p>
<p style="text-align:justify;">   Me sonreí. Tomé otro libro para completar los $5.000.</p>
<p style="text-align:justify;">   Entré a la librería y de otra de las mesas de madera oscura, con un cartel blanco, al frente, que anuncia: “1X5.000 3X10.000”, tomé tres libros. Pagué y me fui con un pedazo de mi memoria en una bolsa blanca que empezaba a agitarse y a moverse para acomodarse entre otras historias.</p>
<p style="text-align:justify;">   Todo quedaba ahí, para mí. Era más que suficiente. La historia comenzó a armarse en mi memoria como un rompecabezas de los que nunca tuve (ni tengo) paciencia para hacer. Sus piezas se dan la mano para acomodarse en un tapiz nuevo.</p>
<p style="text-align:justify;">   Hoy, a la una en punto, llegó Andrés Ospina (mi nuevo mejor amigo del mundo) a la librería. Le mostré, mientras hacíamos tiempo para ir a almorzar, varios libros sobre Bogotá que podían interesarle. Entre ellos los dos tomos de la <em>Crónica del muy ilustre Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Santa Fe de Bogotá</em>, Editorial Centro, Bogotá, 1938, cuyo primer tomo era uno de los libros de 5.000 (3X10.000) que había comprado ayer. Maravillado los comenzó a ojear. De repente grito tumultuosamente: “¡Iván y Toña!”.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Quiénes son Iván y Toña?</p>
<p style="text-align:justify;">   -María Antonia Jiménez, mi Toña, la sobrina de Ximénez, José Joaquín Ximénez, y su ex-esposo. Este libro era de ella. Mira su firma.</p>
<p style="text-align:justify;">   Me acerqué y vi, en la primera página, un nombre escrito en diagonal con tinta azul: “M Antonia Jiménez”. Y en la segunda un sello impreso: “Iván &amp; Toña Obregón Clasificación: 1937 C 2 E 5 F”.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Qué quieren decir esos números y letras?</p>
<p style="text-align:justify;">   -Toña era bibliotecaria. Clasificaba sus libros. Yo vi este libro en su biblioteca. Ya no recuerdo si en su casa o en la de su mamá.</p>
<p style="text-align:justify;">   Guardamos silencio. María Antonia, Toña, había sido su amiga y confidente. Una de las informantes/testimoniantes de su novela <em>Ximénez</em>. Le fascinaban los rompecabezas. Besó el libro diciendo: “Mi Toña…”.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Los libros dan unas vueltas muy raras, le dije. Se las arreglan para llegar a su dueño cuando es el momento. Ni antes ni después. Yo tenía el tomo II en la librería. Con este completé la obra. Mira como son las cosas… Te estaba esperando, te estaba esperando…</p>
<p style="text-align:justify;">   Como a mí <em>Hiroshima</em>, de John Hersey.</p>
<p style="text-align:justify;">   Sólo lo había visto una vez y no lo pude comprar. Fue en Santiago de Chile, en la Plaza de Armas…</p>
<p style="text-align:justify;"> Artículos relacionados:</p>
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		<title>Gabo en la memoria de José Luis Díaz-Granados</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Sep 2013 11:20:38 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Álvaro Castillo Granada Compartir memorias es uno de los misterios más fascinantes de la existencia. No sólo el compartir la experiencia sino lo que conservamos de ella, lo que decidimos por alguna razón preservar y guardar. Nuestra versión de los &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=35149">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-351500" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/josc3a9_luis_con_gabo1.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank"><strong><span style="line-height:1.5;"> </span><span style="line-height:1.5;">Álvaro Castillo Granada</span></strong></a></h5>
<div id="attachment_35151" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/09/01/gabo-en-la-memoria-de-jose-luis-diaz-granados/"><img class="size-full wp-image-35151 " alt="José Luis Díaz Granados junto a Gabril García Márquez" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/josc3a9_luis_con_gabo1.jpg" width="300" height="181" /></a><p class="wp-caption-text">José Luis Díaz Granados junto a Gabriel García Márquez</p></div>
<p style="text-align:justify;">Compartir memorias es uno de los misterios más fascinantes de la existencia. No sólo el compartir la experiencia sino lo que conservamos de ella, lo que decidimos por alguna razón preservar y guardar. Nuestra versión de los acontecimientos. Y volverlas a contar acompañado por el otro protagonista crea un dibujo a cuatro manos que siempre se modifica pero que permanece en su esencia:<span id="more-35149"></span> como un pintor/es vamos agregando detalles, acomodando otros, borrando unos, resaltando aquellos, difuminando esos. Jamás traicionándolo, claro. Cada reencuentro de los protagonistas es nuevo porque descubre e ilumina con una nueva luz, desde otro ángulo, esa experiencia, esa memoria, que los une con lazos irrompibles: los del recuerdo. Pienso todo esto (y otras cosas) después de leerme de un tirón el nuevo libro de José Luis Díaz-Granados (Santa Marta, Julio 15 de 1946) <i>Gabo en mi memoria</i> (Ediciones B, Bogotá, Septiembre de 2013), recién salido de la imprenta y que me trajo ayer a la librería confiando que no sucediera lo que corresponde: que no estuviera en ella. Estaba (aunque me esperó unos minutos mientras terminaba de hacer una vuelta).</p>
<p style="text-align:justify;">A José Luis me unen, fuera de un inmenso afecto, muchas cosas. Sobre todo cuatro: <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/pablo-neruda/" target="_blank">Pablo Neruda</a>, la poesía, Cuba y Gabriel García Márquez. Sí, Gabito, como le dice él. García, como le digo yo. Es para mí inseparable su presencia de mi experiencia junto a él. Compartimos, fuera de largas, inmensas,  interminables e infinitas conversaciones una memoria común que nos hace cómplices. Los dos fuimos protagonistas, testigos y observadores. Podemos contar la misma historia desde puntos de vista distintos sin traicionarnos ni contradecirnos jamás. Los dos preservamos esos recuerdos dentro de lo más querido de nuestras existencias.</p>
<p style="text-align:justify;">Todo esto lo comprobé cuando cerré la página 155 de su libro. Como diría García: “Quedé helado”. Se acordaba de todo. Hasta de lo que yo no me acuerdo. He oído estas historias cientos de veces, con más o menos detalles, pero siempre fieles y exactas. Las mismas. Estos recuerdos nos permiten acercarnos a un Gabriel García Márquez  íntimo, entrañable, familiar, siempre dispuesto a escuchar y, lo que es fascinante, a preguntar.</p>
<p style="text-align:justify;">José Luis ha sabido preservar en su memoria todos los encuentros que ha tenido con el que es su primo por todos los costados y un escritor que lo trató desde niño como a un adulto. Libro entrañable, juguetón, revelador. Es para mí, como lector/protagonista, un placer doble ver como algunos de esos momentos pasaron de ser cuentos que nos encantaba recordar el uno con el otro (junto a la presencia luminosa de Gladys, su compañera, y Carolina, su hija, como testigas y también protagonistas), mientras nos reíamos el uno del otro (como tanto nos gusta hacer), a convertirse en un libro hermoso, cariñoso, sobre aquel hombre que nos ha enseñado tantas cosas y nos ha dotado de un rostro a todos los habitantes de un continente. Gabito, para él, García, para mí. García Márquez, para todos.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora tu memoria, José Luis, nos pertenece.</p>
<p style="text-align:justify;">P.D. Sólo agregaré una anécdota: esa noche en la casa de Pablo Milanés me dijiste casi en secreto:</p>
<p style="text-align:justify;">   -Hay una persona aquí a la que nadie le ha pedido un autógrafo.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Quién?, pregunté.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Mercedes.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Yo soy capaz.</p>
<p style="text-align:justify;">Me levanté y me le acerqué.</p>
<p style="text-align:justify;">  -Mercedes, ¿puedes firmarme este libro? (se trataba del catálogo de la exposición <i>Un poco de mí</i>, que el pintor <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/roberto-fabelo/" target="_blank">Roberto Fabelo</a> acababa de regalarme con una dedicatoria y un dibujo precioso.   Como es obvio ese día no llevaba un libro de García en mi mochila).</p>
<p style="text-align:justify;">   -Claro. Y me preguntó después de hacerlo: ¿Gabo ya firmó?</p>
<p style="text-align:justify;">   -No, respondí un poco aturdido.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Gabo, lo llamó, ven acá y le firmas esto a Álvaro</p>
<p style="text-align:justify;">   García vino y firmó al lado de Mercedes. Y después lo hicieron Julio García Espinosa, Carlos Varela y Pablo Milanés…</p>
<p style="text-align:justify;">   Y en fin, el mar…</p>
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		<title>Mi Jaime Sarusky</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Aug 2013 20:28:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo Granada]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada Para Achy Obejas Rebeca Murga acaba de darme la noticia: Jaime Sarusky ha muerto. Estoy llorando, coño. En eso nos parecíamos: en la facilidad para conmovernos hasta las lágrimas. De alegría o tristeza, no importa. Siempre nuestras &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=35076">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-350770" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/jaime.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong style="font-size:1em;line-height:1.5em;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank">Álvaro Castillo Granada</a></strong></h5>
<h5 style="text-align:justify;padding-left:420px;"><strong></strong>Para Achy Obejas</h5>
<div id="attachment_35079" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/08/29/mi-jaime-sarusky/ ‎"><img class=" wp-image-35079 " alt="´ Alvaro Castillo y Jaime Sarusky" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/jaime.jpg?w=300" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">´<br />Alvaro Castillo y Jaime Sarusky</p></div>
<p style="text-align:justify;"><strong></strong>Rebeca Murga acaba de darme la noticia: Jaime Sarusky ha muerto.</p>
<p style="text-align:justify;">Estoy llorando, coño.</p>
<p style="text-align:justify;">En eso nos parecíamos: en la facilidad para conmovernos hasta las lágrimas. De alegría o tristeza, no importa. Siempre nuestras emociones profundas se convertían en agua que bajaba por nuestras mejillas rumbo a la tierra. Tal vez por eso nos caímos bien de inmediato. Bueno, hay algo más. Nos conocimos,<span id="more-35076"></span> sin saberlo, admirando, cada uno por su lado, la belleza rotunda y contundente de una venezolana cuyo nombre jamás pudimos olvidar: Karili. Sé que la recuerdas. No en vano te llamaban “El tigre”…</p>
<p style="text-align:justify;">El que nos presentó fue <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/paco-ignacio-taibo-ii/" target="_blank">Paco Ignacio Taibo II</a>. Mientras hacíamos la cola para que él nos dedicara su Pancho Villa nuestras miradas se cruzaron varias veces silenciosa y cómplicemente. Paco dijo: “Jaime, él es Álvaro Castillo, un librero colombiano. Va a estar contigo en Gijón”. Ahí confirmé una invitación anunciada a la Semana Negra. Nos dimos la mano. Sacaste una tarjeta y me la extendiste. “Mucho gusto, Jaime Sarusky”. Te respondí: “Yo lo he leído a usted. Tengo un libro de crónicas suyo que me encanta: El tiempo de los desconocidos”. Paco intervino: “Él encuentra todos los libros”. Y para tu sorpresa lo saqué de mi mochila y te lo extendí para que me lo firmaras. “Siempre había querido conocerlo. Lo conseguí en Colombia hace años. Aquí lo tengo”. Me miraste asombrado: “¿Pero cómo tiene usted ese libro? Es muy viejo…”. Riéndote escribiste: “Espero, Álvaro que nos volvamos a ver alguna vez en Colombia o en La Habana, Feb. 21/08”.</p>
<p style="text-align:justify;">No tuvo que pasar mucho tiempo como generalmente sucede. Nos encontrarnos en el mismo hotel en Gijón. Estabas en la recepción junto a Rebeca Murga y Lorenzo Lunar. Allí me entregaste, después de un apretón de manos, tu novela <em>Un hombre providencial</em>. Escribiste: “Para Álvaro, cómplice en un momento de fina admiración estética, pero más humana, en Cuba. Con el afecto de Jaime Gijón, Julio 12/08”.</p>
<p style="text-align:justify;">En ese momento empezó un diálogo que nunca terminó. Durante esa semana que dura diez días compartimos presentaciones, almuerzos, cenas, caminatas… Siempre los cuatro. Sin ponernos de acuerdo nos volvimos un equipo. A él se unía en ocasiones nuestro querido Ángel Tomás, periodista y novelista a quién, cosa más grande, había leído (sus <em>Crónicas para caminantes</em> son fascinantes) y con el que compartí la habitación en el hotel en Madrid. Nos volvimos tan inseparables que te molestaste con nosotros cuando te dejamos sólo porque tenías una cita misteriosa con una dama aún más misteriosa. Cuando nos topamos nos dijiste airado: “Si estamos juntos tenemos que acompañarnos”. Nos disculpamos y te reíste. Nos reímos.</p>
<p style="text-align:justify;">Creo que no he visto a un hombre con una sonrisa más hermosa, plena, franca y total que la tuya. Iluminaba y abrazaba. Era una forma de estar en el mundo: acompañando. Del lado y al lado del otro. Alternamos dos restaurantes en esos días: “La Iglesiona” y “Wok”. En ellos continuaban las largas conversaciones que siempre manteníamos. Y las risas, siempre las risas. ¡Cómo nos reímos esa vez que le dijiste a la mesera: “Compañerita… ¿Cree usted que podría tomar un poco más de vino?”! Ella te respondió confundida: “Claro, señor. Usted tiene derecho a una botella de vino”. Ese fue un descubrimiento providencial y prodigioso para todos. Ya no recuerdo en cuál de los dos restaurantes fue donde Lorenzo nos habló por primera vez de su sueño de abrir un centro cultural que tuviera librería, café, restaurante, sala de presentaciones… Todos brindamos por ese proyecto y comenzamos a aportar ideas, a construir un sueño futuro desde el presente. En un momento añadiste: “Lo único que pido es que sea un restaurante como “Wok” y yo tenga un ticket permanente para ir todos los días…”. Ese sueño poco a poco se va haciendo realidad en Santa Clara: “La piedra lunar”.</p>
<p style="text-align:justify;">Recorrimos calles y calles al “paso Jaime”: lento, pausado, calmo, con detenciones esporádicas para enfatizar un tema o ahondar en otro. Y cuando llegábamos al hotel, después de despedirnos de Rebeca y Lorenzo, subíamos a tu habitación y la charla continuaba, continuaba, continuaba hasta no sé qué horas. Nos acompañaba en ellas el ron más rico que he probado en mi vida: “Santiago”. Había algo en tu forma de conversar que siempre me asombró: la capacidad de estar en el lugar del otro e intentar observar desde la mayor cantidad de puntos de vista posibles. De todo hablamos. De todo… Achy Obejas y yo no pudimos tener mejor chaperón que tú.</p>
<p style="text-align:justify;">Antes de subir a la guagua, cuando terminó la Semana Negra, me dijiste, con lágrimas en los ojos: “Estoy triste porque tenemos que despedirnos y no podremos seguir hablando”. Nos dimos un fuerte abrazo. “Nos vamos a seguir viendo en La Habana, Jaime, vas a ver. Seguiremos conversando”.</p>
<p style="text-align:justify;">Y así fue. Siempre así fue. Fuera en tu apartamento o en la presentación de algún libro, sacabas/sacábamos el tiempo para encontrarnos. Unas veces acompañado por ron “Santiago” otras por café “Sello Rojo”. Hasta una vez fuimos a almorzar en el restaurante “La roca” en tu Lada blanco, bastante desbaratado que, como corresponde, también andaba a “paso Jaime”.</p>
<p style="text-align:justify;">En enero de 2009 escribí sobre ti, después de releer en línea <em>El tiempo de los desconocidos</em> (1977), <em>El unicornio y otras invenciones</em> (1996) y<em> Una leyenda de la música cubana Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC</em> (2006), tus tres libros periodísticos: “¿Qué es lo que hace que leamos libros de crónicas, reportajes o artículos periodísticos de ayer, con un espacio y un tiempo aparentemente definidos, como si fueran de hoy, como si estuvieran recién publicados? ¿Dónde está el secreto, la clave, para que aquello aparentemente escrito con &#8220;prisa sobre el papel&#8221; permanezca en él, fijo, calmado, presente? (…) Hablar con él es un privilegio. No sólo por la inmensa cultura que tiene, la gracia con que asume la vida, la lucidez con que ve el mundo, la generosidad con que se entrega sin reservas ni laberintos, sino por la capacidad de escucha y atención con que rodea a sus semejantes. Sientes, al hablar con él, que lo que dices y piensas es importante y no hay que perdérselo. Se crea, nace, un diálogo de iguales. Te arropa con su atención. Creo que la vigencia y permanente presente de los textos periodísticos de Jaime está, radica en este punto: el escuchar al otro haciéndole sentir que lo que dice es importante y necesario de conservar para que lo sepan los demás. Hacer conocido lo desconocido. Mostrar la magia que nos acompaña y rodea. Por eso sus textos se leen como quien cuenta un cuento que no quiere olvidar ni perder. Crónicas escritas hace casi cincuenta años conservan la calidez y fuerza de cuando fueron publicadas. Al mejor estilo de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/pablo-de-la-torriente-brau/" target="_blank">Pablo de la Torriente Brau</a>, su periodismo es escrito con los demás, para los demás. Porque &#8220;en cualquier momento, lo insólito, lo imposible, como la magia, se hace posible&#8221;. De esa manera todos nos sentimos parte de una misma historia. Una historia acompañada siempre por la sonrisa y la gracia de ese hombre bueno a quien tanto admiro, respeto y quiero: Jaime Sarusky”.</p>
<p style="text-align:justify;">Tuve la fortuna inmensa de asistir a la Feria del Libro que te fue dedicada en el 2011. Verte ahí, reconocido y homenajeado fue un privilegio. Y lo más grande es que volvimos a encontrarnos en Santa Clara, donde compartimos momentos entrañables junto a Rebeca, Lorenzo, Daily y Agustín de Rojas (quién ya partió pero sigue dando vueltas por ahí).</p>
<p style="text-align:justify;">La última vez que estuvimos juntos fue el 11 de marzo de este año. Fui a visitarte. Estuvimos toda la mañana hablando. Siempre interesado en los problemas de mi país. Intentando entender el porqué de tantas cosas. Antes de irme fuiste a tu habitación y regresaste con un ejemplar de El color de los sueños, tu libro de crónicas sobre los pintores de tu país. Te sentaste en tu sillón. Tomaste una pluma negra y me escribiste en la primera página: “Para Álvaro, de lleno en el mundo editorial y en el del escritor, todo con los buenos auspicios de quien sabe ganar amigos El afecto de Jaime Sarusky”.</p>
<p style="text-align:justify;">El segundo cuento que escribí, “La Victoria”, está dedicado a mi mamá y a ti. Sí, a ti, porque siempre me alentaste a escribir y contar. Me comentabas lo que te enviaba. Siempre con afecto y lucidez. Señalando errores y aciertos (más los primeros que los segundos) y dándome ánimo, ánimos. Creías en lo que hacía. Me llamabas: “Caro Álvaro…ya tan cubano como colombiano”.</p>
<p style="text-align:justify;">Y lloro y río. Las dos cosas al tiempo, Jaime.</p>
<p style="text-align:justify;">Abro un momento <em>Glauber Rocha en La Habana El amor y otras obsesiones</em> (2010). Es la página 51. Leo: “(…) lo mágico es aquello que tiene que ir descubriendo constantemente, y le puede dar las mayores sorpresas”. Así es.</p>
<p style="text-align:justify;">Fue un privilegio encontrarte, caro amigo&#8230; siempre compañero sonriente…</p>
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		<title>Cinema Paradiso (+ video con banda sonora)</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jul 2013 16:58:02 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Cinema Paradiso]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada Hace veinticuatro años vimos esta película juntos. Como todo en ese tiempo, sólo tenía sentido si lo hacíamos los dos. Era nuestra forma de ser novios. Ser los dos siempre. Firmar con un solo nombre. Intentar compartirlo. &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=34596">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-345970" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/07/cinema_paradiso2.jpg?w=211"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/álvaro-castillo-granada/" target="_blank"><strong>Álvaro Castillo Granada</strong></a></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/07/cinema_paradiso2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-34597" alt="cinema_paradiso2" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/07/cinema_paradiso2.jpg?w=211" width="211" height="300" /></a>Hace veinticuatro años vimos esta película juntos. Como todo en ese tiempo, sólo tenía sentido si lo hacíamos los dos. Era nuestra forma de ser novios. Ser los dos siempre. Firmar con un solo nombre. Intentar compartirlo. No podíamos entender el estar juntos de otra forma: el tiempo que nos separaba era apenas una pausa, un detenerse, antes de volver a encontrarnos.</p>
<p style="text-align:justify;">Nos hallamos en una calle, ¿recuerdas? Me habías dicho el día anterior que no querías ser mi novia pues ibas a perder al amigo. Yo te dije que eso no era así: que yo iba a ser tu amigo y novio. Las dos cosas podían ser lo mismo. En ese entonces podían ser lo mismo.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-34596"></span>Esa tarde iba/venía caminando por la carrera séptima. Rumbo a mi casa. Rumbo al trabajo. Ya no sé. Era un 20 de enero. La fecha no se me olvida. Hacía cincuenta y un días que había empezado a trabajar. Solamente por un mes. Por las vacaciones. Ya van a ser veinticinco años de librero. Nos cruzamos. Me sonreíste. Nos detuvimos un segundo y me preguntaste: “¿Quiere ser mi amante?”. Te dije: “Sí”. Y eso fuimos durante casi cinco años. Así de simple. Con una pregunta de cuatro palabras y una respuesta de una sola.</p>
<p style="text-align:justify;">Debió ser, por la fecha, una de las primeras que vimos juntos. En el cine te sentabas siempre a mi lado izquierdo. Nos tomábamos de la mano. Había un momento en el que tú decidías, no yo, meter tu mano en mi pantalón. Eras diestra. De ahí la importancia de donde te sentabas. Tu mano me tomaba y no cesaba hasta cuando atrapabas, como si fuera un tesoro, lo que llamabas “lembas”. Sí, “lembas”, como el pan de los elfos.</p>
<p style="text-align:justify;">Durante casi seis meses leímos en voz alta los tres tomos de El señor de los anillos. Asistíamos lo menos posible a clase. Nos íbamos a cualquier jardín o prado de la universidad y nos alternábamos en la lectura. Primero en un ejemplar prestado. ¿Recuerdas? Fue Juan Manuel Camargo el que nos lo prestó. Después, una tarde, mientras caminábamos por el Parque Santander (¿a dónde íbamos, de dónde veníamos?) la lluvia nos atrapó. Recuerdo que nos sentamos a escampar en la entrada del edificio de Avianca. Ahí recordaste que cuando niña te habían abierto una cuenta de ahorros. Y que tal vez había ahí lo suficiente para comprarnos nuestro Señor de los anillos. Sí, nuestro. Sacaste la plata al día siguiente. Yo saqué lo que tenía. Se lo encargamos a Mauricito (quien en esa época era el que conseguía ciertos libros). Nos llamó a los pocos días y el 3 de abril de 1989 nos lo entregó. Ese día lo marcamos con el que durante tanto tiempo fue nuestro nombre: “catalinálvaro”. Si íbamos a estar juntos toda la vida, si nos íbamos a amar eternamente, no había necesidad de tener dobles ciertas cosas. Los libros, por ejemplo. Nos lo llevamos a Aquitania, al lado de la laguna de Tota, a donde nos escapamos para estar solos, para poder estar solos. Donde por primera vez estuvimos juntos. Y lo leímos antes del amor. Y después del amor. Empezamos a ser nosotros. Fuimos nosotros.</p>
<p style="text-align:justify;">Por ese entonces fue que vimos la película. Recuerdo que lloramos en las mismas escenas. Había un lazo, una corriente, que nos unía de manera inexplicable. Éramos juntos. A los pocos días de verla me dijiste que tenía otro final, que Cinema Paradiso no terminaba así, que al final ella lo esperaba sentada en la banca de un parque porque nunca había podido olvidarlo. Siempre lo había esperado. Y así se quedó la película: con dos finales. El que vimos y el que tú sabías.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy, veinticuatro años después, la vuelvo a ver. Ya no contigo. Solo. Ya no somos. Hace mucho tiempo que no somos. Llegué a mi casa y me dije: “Hoy voy a ver Cinema Paradiso”. En la versión del director que ya no recuerdo cuándo ni dónde compré. Es del 2002 y tiene 50 minutos más. Cuando la vi me dije: “En esta debe estar el final que ella dice, el otro”. Volví a llorar en las mismas partes. Casi todo lo recordaba. Casi todo. Esperaba el final que tú decías y no habías visto. El que te imaginaste, el que te contaron, el que te inventaste porque una historia de amor no podía terminar con dos amantes separándose y olvidándose. No podía ser y así no iba a ser la nuestra. Aunque así fue después. Así es.</p>
<p style="text-align:justify;">Y pasa todo lo que pasa en esos cincuenta minutos y el final que tú habías creído no era. Es otro, Más hermoso y desgarrador. Diferente y el mismo. Y lloré nuevamente porque ahora entendí las palabras que Alfredo le dice a Totó poco antes de marcharse de Giancaldo: “Evidentemente tenía que ser así. Cada quién tiene una estrella que seguir”.</p>
<p style="text-align:justify;">Así tenía que ser. Así fue. No fue el final que vimos, ni el que me contaste. Fue otro que nadie jamás esperó. Ni tú ni yo. Así es la vida… Y hoy escribo por primera vez tu nombre sabiendo que te nombro a ti, Catalina…</p>
<p style="text-align:justify;">[youtube=http://youtu.be/hLe9gTKQ4LU]</p>
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</ul>
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		<title>&#8220;Hoy es un día feliz&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Jun 2013 15:07:02 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo Granada]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-339030" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/06/ediciones-vigia.jpg?w=280"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/category/autores/alvaro-castillo-granada/" target="_blank"><strong>Álvaro Castillo Granada</strong></a></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/06/ediciones-vigia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-33903" alt="ediciones-vigia" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/06/ediciones-vigia.jpg?w=280" width="280" height="300" /></a>A los libros les debo todo en mi vida. Soy un librero. Esta frase, que puede sonar extraña o exagerada, en mi caso es cierta. Totalmente. Sin el menor resquicio. En algún momento dejaron de ser los objetos detrás de los que escondía mi timidez (también para eso sirvieron, como no) para ser las rocas, los ladrillos, las cabillas, las tablas, las puntillas, las ventanas con las que fui construyendo (y sigo haciendo) al que soy. Al que está y habita en este mundo.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-33902"></span>De niño siempre soñé con trabajar en una librería. Recuerdo con especial cariño dos espacios de mi ciudad en los que el que fui observó el oficio del hombre que quería ser. La calle 19, entre la séptima y la décima, y la Librería Nacional de Unicentro. El primero, era un espacio donde la magia hacía su aparición (casi sin falta) todos los viernes, después del colegio, a eso de las cuatro y media de la tarde. Junto a tres de mis hermanos (¿de qué otra manera puedo llamar a aquellos que han acompañado mi vida desde cuando tenía siete años de edad?) íbamos a ese espacio buscando hallar lo que queríamos y que nos hallara lo que no estaba esperando. ¿Recuerdas, David? ¿Felipe, te acuerdas? ¿Pacho, te acuerdas? (Sí, así es, lector amigo: esta última serie de preguntas es siguiendo a la que hace Pablo Neruda en su poema “Explico algunas cosas”). La segunda, era una librería inmensa donde, en esa época, no solamente se encontraban los libros de moda, los más vendidos, sino también libros importados hace años, esos que no se veían todos los días y en todas partes. Esto, por supuesto, lo comprendí mucho después. En ese entonces esa librería era para mí un lugar donde los libros estaban ordenados y podía mirarlos sin parar. Hasta que intenté robarme uno, fui atrapado y desterrado de allí. Ni modo… Siempre es posible meter la pata…</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando digo que a los libros les debo todo no estoy bromeando ni dándomelas de interesante. Si bien es cierto muchas veces el oficio de librero puede ser una manera, una herramienta, de ascenso social, en mi caso han sido los compañeros de viaje que me han permitido sobrevivir de una pasión e inventarme un oficio que ha hecho posible mi viaje, mi andar por este mundo. Con sus más y sus menos, como corresponde.  Me han hecho un “hombre de letras” sin necesidad de ser un escritor. Me enorgullezco inmensamente de todo lo que he leído y de todo lo que he podido hacer gracias al conseguir y vender libros. Alguna vez un colega me dijo una frase destinada a que se la llevara el viento pero que permanece grabada en mi memoria con tinta indeleble, roja: “Los libros son muy bonitos”. En esas cinco palabras está cifrado todo.</p>
<p style="text-align:justify;">Y entre  ese todo que les debo están, también, los amigos cuyo rostro no conozco. Aquellas personas con las que nos hemos encontrado gracias a este ir y venir constante, este andar por el camino dándonos la mano y sonriéndonos cómplicemente, que es el de conseguir y comprar libros usados. Libros que llevan en sí no solo el peso del tiempo sino el peso del alma. Cargas que pueden ser muy pesadas pero que se aligeran cuando retoman su camino, su aventura, en manos de los nuevos y posibles lectores donde encuentran, mientras dure el tiempo que les está destinado, un hogar llamado biblioteca.</p>
<p style="text-align:justify;">Uno de ellos vive en Texas. Jamás nos hemos visto y quién sabe si algún día lo haremos. Hemos hablado, creo, dos veces por teléfono. Es más lo que nos hemos escrito, más lo que hemos conversado gracias al correo electrónico. Entre los dos se instaló algo maravilloso que no ocurre todos los días: la confianza. Confianza entre dos lectores que se saben hombres de palabra. Nos unen algunos autores y el afecto, el amor inmenso, por las primeras ediciones y los libros dedicados. Esos que sabemos únicos por haber estado en las manos de su autor y mirados con cariño antes de dejarlos continuar su camino. Libros recién nacidos. Libros nombrados. Es mucho, son muchos, los que he tenido el placer de conseguirle. Son muchos los sueños que he hecho realidad en medio de la eterna y paciente espera que es la que habita a cualquier coleccionista. Hay muchas anécdotas que podría contar pero hoy sólo quiero traer una que lo retrata, nos retrata.</p>
<p style="text-align:justify;">Hace un año o dos me pidió el favor de hacerle dedicar algunos ejemplares de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/roberto-fernandez-retamar/" target="_blank"><strong>Roberto Fernández Retamar</strong></a> publicados por Ediciones Vigía, de Matanzas, que tenía en su biblioteca. Me los envío por correo. Cuando abrí la caja que los traía me encontré con uno que nunca había visto: <i>Una salva de porvenir</i>, publicado en febrero de 1995. Le conté, asombrado, esto. El libro volvió a Cuba, fue dedicado especialmente, vino a Colombia y regresó al hogar que lo estaba esperando en los Estados Unidos. Los libros viajan mucho, caballero… Hace casi un mes, más o menos, me llegó un correo suyo preguntándome por la fecha de mi cumpleaños y mi dirección para el envío de un regalo. Cumplo años en el día más largo del año. El día del solsticio de verano.</p>
<p style="text-align:justify;">Esta tarde, después de almorzar con mi mamá, y cargar sobre mi espalda mi morral azul atiborrado de libros, me encontré, cuando salía, en la portería del edificio con un sobre de FedEx. Lo abrí cuando llegué a la librería. Había una carta que decía:</p>
<p style="text-align:justify;"><em>“17-6-13</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>   Estimado Álvaro,</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>   Me temo que este paquete llegue después de tu cumpleaños, pero por lo menos te lo envío antes. Hay dos cosas de Vigía, y el de RFR es un regalo para ti. Desde que me comentaste que no lo conocías he estado buscando otro ejemplar para ti, y finalmente me llegó uno. A mi juicio, es uno de los libros más bellos que Vigía ha editado.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>(…)</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>   Feliz cumpleaños,</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>   Bill”</em></p>
<p style="text-align:justify;">Una sonrisa se dibujó en mis labios cuando tuve en mis manos el ejemplar 147 (de 200) de <i>Una salva de porvenir</i>. El segundo que veía en mi vida.</p>
<p style="text-align:justify;"> Y no te preocupes, querido amigo, Bill: llegó dos días antes de mi cumpleaños. Y gracias a ti “este es un día feliz” (como dice el poema de don Roberto).</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy miércoles es un día feliz por ti, amigo lector, compañero, a quien jamás he visto y quién sabe si algún día veré…</p>
<p style="text-align:justify;">No podía ser de otra forma.</p>
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</ul>
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		<title>Una alegría humilde</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Mar 2012 21:52:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo Granada]]></category>
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		<category><![CDATA[Ernesto Ché Guevara]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Álvaro Castillo Granada* Hoy entendí la diferencia entre “estímulos morales” y “estímulos materiales”, esa batalla que el Che dio. Lo he visto en películas en blanco y negro repartiendo diplomas a trabajadores destacados y consagrados. Y una flor, que ahora &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=23528">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-235290" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/03/monumento-che-santa-clara-2.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank"> </a><strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank">Álvaro Castillo Granada</a>*</strong></p>
<div id="attachment_23529" style="width: 293px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/03/monumento-che-santa-clara-2.jpg"><img class="size-full wp-image-23529" title="monumento che santa clara 2" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/03/monumento-che-santa-clara-2.jpg" alt="" width="283" height="234" /></a><p class="wp-caption-text">Monumento y mausoleo al Che en la ciudad de Santa Clara</p></div>
<p style="text-align:justify;">Hoy entendí la diferencia entre “estímulos morales” y “estímulos materiales”, esa batalla que el<strong> Che</strong> dio. Lo he visto en películas en blanco y negro repartiendo diplomas a trabajadores destacados y consagrados. Y una flor, que ahora sé es un gladiolo. Esos héroes del trabajo que no pretendían otro honor que el deber cumplido. Y siempre vi en sus rostros, en el de cualquiera, una sonrisa, una alegría tal que es imposible de describir con palabras. Sólo es posible verla. Una alegría humilde, avergonzada.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-23528"></span>Ya son dieciocho años de venir a Cuba. Años en los que no he pretendido otra cosa que ser uno más. Uno que acompaña y está. Y hace parte. A mí manera he hecho y formado parte de este pueblo. Cada vez lo siento y confirmo más. Ya no se extrañan de verme. De una forma misteriosa estoy siempre aquí. Ya la compañera del hospital de niños sabe que puede contar conmigo para cargar una caja (en este caso de libros, por supuesto). Odalys sabe que si no hay transporte para ir a la actividad me voy caminando.</p>
<p style="text-align:justify;">Porque lo importante en la vida es llegar. Y quedarse para llegar a ser parte. Hoy mis hermanos de <strong>Santa Clara</strong> me entregaron el segundo diploma de mi vida. Tal vez el más importante que he recibido y recibiré. Todos sabían lo que iba a suceder, se pusieron de acuerdo para sorprenderme. Daily me dijo después en el parque: “Viste…se puede guardar un secreto que sepan todos…”. Hoy fui un simple librero al que los santaclareños le dieron las gracias con un diploma y un ramo de flores anaranjadas. Y yo, como cualquier humilde trabajador, sólo atiné a decir “Muchas gracias”. Y las palabras que jamás podrían explicar lo que por mi alma estaba pasando se convirtieron en lágrimas. Lágrimas que son la felicidad de saber que ya no soy el yuma sino soy uno de todos, uno más, que ha logrado junto a todos construir una mesa en la que podemos compartir el pan, la croqueta, la yuca y la malanga. No me imaginé jamás recibirlo (al igual que no me imaginé nunca recibir el otro diploma que tengo: el de bachiller). Sé que ahora soy de aquí. Y ese “estímulo moral” no podía recibirlo en otro lugar que no fuera Santa Clara. Y ya.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Febrero 25 de 2012, Santa Clara</em></p>
<p style="text-align:justify;">*Escritor, editor y librero colombiano.</p>
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		<title>Skármeta: &quot;Seguí un camino que no había recorrido otro y ahí estoy&quot;</title>
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		<pubDate>Mon, 23 May 2011 16:44:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo Granada]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Skármeta]]></category>
		<category><![CDATA[Augusto Pinochet]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Joan Manuel Srrrat]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Neruda]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada Es la cuarta vez que nos vemos. La primera él no lo supo. Fue en septiembre de 1993, en Santiago, en la Universidad de Chile, durante una conferencia de Volodia Teitelboim sobre Pablo Neruda. De repente él &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=12400">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-124010" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/antonio_skarmeta.jpg?w=198"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Álvaro Castillo Granada</strong></h5>
<div id="attachment_12404" style="width: 208px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/antonio_skarmeta.jpg"><img class="size-medium wp-image-12404" title="ANTONIO_SKARMETA" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/antonio_skarmeta.jpg?w=198" alt="" width="198" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Skármeta</p></div>
<p style="text-align:justify;">Es la cuarta vez que nos vemos. La primera él no lo supo. Fue en septiembre de 1993, en Santiago, en la Universidad de Chile, durante una conferencia de Volodia Teitelboim sobre <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/pablo-neruda/" target="_blank">Pablo Neruda</a>. De repente él se dirigió al auditorio y dijo: “Antonio, ¿te acuerdas?”. Quedé de una pieza. En mi mochila llevaba <em>Ardiente paciencia</em>, en la edición colombiana de la Oveja negra. Me acerqué y le pedí que me la firmara. El 23 de septiembre la leí completa, en Isla Negra, acompañado de media botella de vino tinto, sentado en unas rocas, frente al océano pacífico. Así homenajeé a Pablo Neruda en el veinte aniversario de su muerte. Después fue en abril de 2004, cuando vino a Bogotá a presentar <em>El baile de la Victoria. </em></p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-12400"></span>Lo entrevisté una mañana gracias a la complicidad eterna de Zoraya Peñuela. Le comenté que en octubre viajaría a Chile. Me dijo: “Llámame y nos vemos”. Así fue. Estuve en su casa (casi no llego) y después fuimos con su esposa a cenar. Pasaron siete años hasta hoy, 13 de mayo de 2011, cuando nos volvimos a encontrar para conversar otra vez. El pretexto: la presentación de su nueva novela,<em> Los días del arcoíris</em>. Me miró intrigado. Mi rostro se le hacía familiar pero no recordaba de dónde. Le dije. Se acordó de la cena en el restaurante. No tuvimos mucho tiempo esta vez. Esperaba una llamada telefónica. Nos sentamos y seguimos charlando…</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Antonio: ¿qué hay entre <em>Un padre de película</em> y <em>Los días del arcoíris</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Algo muy semejante. Aunque suceden en tiempos distintos, los protagonistas de esta novela son alumnos y profesores. Muchas veces me he dedicado en mi literatura a retratar el mundo del joven que vive en circunstancias que no siempre son felices, sino muchas veces adversas. No sólo tendemos a mirar con una mirada un poco liviana a la juventud, diciendo “divino tesoro”, como decía <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/ruben-dario/" target="_blank">Rubén Darío</a>. No creas. Es un “divino tesoro”, pero también es un momento de grandes sentimientos, de grandes pasiones, y a veces de sufrimientos. Sobre todo cuando la sociedad alrededor es hostil, fría, mecánica, que produce gente que son consumidores o productores de riqueza. Muchas veces los jóvenes que tienen un discurso más joven se sienten ajenos a esto. De modo que yo le presto mucha atención a los jóvenes, tratando de tener una visión cercana y fraternal. Por otro lado están los maestros, los profesores. <em>Un padre</em> <em>de película</em> tiene como narrador un profesor. En<em> Los días del arcoíris </em>hay discípulos, maestros y estudiantes secundarios. Los nobles maestros enseñándoles que están expuestos a las vicisitudes que da el ser parte de una sociedad donde prima la represión. Esos estudiantes tienen que mantener viva las ansias de libertad. Del mismo modo ellos motivan, con su idealismo y su coraje, a los profesores que habitualmente no son tan apreciados por la sociedad como debieran. Y los mantienen vivos en su vocación de servicio público.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—En la novela hay un momento en que se dice: “(&#8230;) Todo era tan contundentemente cotidiano y real y sin embargo aún tenía un resto de esperanza que fuera un mal sueño”. ¿Así eran los días en Chile antes del plebiscito?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Sí. Había una gran incertidumbre: enfrentar a la dictadura en un plebiscito. Primero que nada había mucha gente que, con justa razón, dudaba de que el plebiscito fuera puro. Respetado. Que no fuera a ser manipulado y que llegara a tener lugar en algún momento. Había mucha gente que tenía apatía. Decían “No, ¿cómo un dictador que agarró el poder a bombazos, destruyendo, y después violando los derechos humanos, va a tener un gesto cortesano, versallesco, de someterse a un plebiscito?”. Difícil, difícil. Mucha gente no creía. Esos podrían haber decidido con su indiferencia que Pinochet permaneciera. Todo esto lo ve el publicista en su búsqueda de una imagen, una canción, que anime a todos los chilenos a reunir esa oposición dispersa que había ante la dictadura. Encuentra ese tono en la ciudad. Grisáceo. Se dice: “¿Cómo voy a poder, con el poder de la fantasía, con esta gente?”. Es un momento de la novela en el que se desespera. Por fortuna mucha gente le va dando imágenes, ideas y notas brillantes con las cuales seducir para que ejerzan su derecho a la democracia.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Uno de los momentos más conmovedores de la novela (hablando de las imágenes que le llegan) es cuando una mujer humilde baila, ante él, una cueca con la ausencia.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Ese fue un momento muy emblemático por la manera poética, intensa, emocional, con que la resistencia a Pinochet trabajó durante mucho tiempo mediante imágenes de gran nobleza. La cueca suele ser un baile alegre que bailan un hombre y una mujer agitando pañuelos. En Chile, como gesto de resistencia, los familiares, mujeres, de los detenidos desaparecidos, crearon esta cueca que es la “cueca del desaparecido”, donde las mujeres bailan solas. Sin el marido. Y esto en la campaña del No figuró como uno de los momentos dramáticos. No de los jubilosos y divertidos (que los hay muchos). Fue una creación notable. Llamó la atención también a muchos artistas. Uno de ellos Sting, quien compuso la canción “Ellas bailan solas”.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—La vida cotidiana para la gran mayoría durante la dictadura puede ser de “(&#8230;) rostros que parecían tallados en la anonimia. No era miedo, sino la simple vida cotidiana exhausta de esperanzas”.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Sí. Durante largo tiempo daba la impresión de que por ningún lugar se prendía un faro que iluminara esa oscuridad. Y que nos sacara del pantano en que la gente estaba metida por la eficacia de la represión y por la falta de unidad entre todos los que se oponían a la dictadura. Pero paulatinamente se va saliendo de eso en la medida en que en todas las fuerzas distintas, cristianos, derechistas, empresarios democráticos, izquierdistas, encuentran que por encima de estas diferencias hay algo que los une y que tiene que manifestarse con eficacia: el “No” al dictador. Digámosle “No” al dictador, desplacemos a la dictadura, después votemos y veamos quién es quién y quién gobierna y todo eso. En Chile esto resultó muy bien. Para empezar, inmediatamente desplazado el dictador, vinieron elecciones y ganó la coalición de centro-izquierda, que había sido muy eficiente en plantear un programa para gobernar un país. Esa coalición gobernó Chile con éxito hasta este año. Y, siguiendo un rito democrático en el cual todos los actores chilenos se inscribieron, ganó la coalición de centro-derecha, sin que hubiera ninguna experiencia traumática. Eso es lo grande que tiene el plebiscito de 1988. Lo que abre son los caminos de la libertad. Y esa libertad beneficia a todos en la democracia. Los que piensan de una manera y de otra. Lo importante es que se logró de forma pacífica y que se consolidó sin daño. Quedan temas pendientes, está claro. Sobre eso las distintas fuerzas políticas trabajan a su manera.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—¿Cuál es la relación entre historia y ficción? ¿Hasta dónde van en la novela?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Mi novela, lo digo a voz en cuello, es una ficción. Yo soy un narrador que escribe ficciones. No escribo reportaje, no me atengo ciento por ciento a la verosimilitud, a la verdad de muchos hechos. Mezclo hechos que sucedieron en años distintos, con dos años de diferencia, por razones dramatúrgicas, en uno. Estoy escribiendo una novela, no estoy haciendo otra cosa que eso. La historia y todo lo demás es una fuente de inspiración para la creación de una obra de arte que está signada por un carácter ficticio. Muchos pueden sentir que aquí hay alusiones a la realidad, incluso creer reconocer en uno u otro momento algún personaje, o alguna acción que pudo haber vivido un lector. Pero esa no es mi intención. Mi intención es escribir ficción. Ésta es para mí un momento en que se juntan el alma de un escritor con el alma de un lector, de una lectora, y allí sucede el milagro de la narrativa, el milagro de la novela. Todas las alusiones a lo real, anteriores o posteriores a la novela, dependen de los lectores. De eso yo no me hago cargo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—¿El episodio de Joan Manuel Serrat, cuando no lo dejan bajar del avión y graba un mensaje en el baño, es cierto?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Es real que Joan Manuel Serrat, en el tiempo de la dictadura, viajó a Chile para un acto en un gran teatro donde iba a cantar y no lo dejaron bajar del avión. Y un periodista entró con una grabadora de casete. Había mucho ruido (las turbinas del avión estaban andando, lo fletaron de vuelta&#8230;) y le hizo la entrevista en el baño del avión. Era un saludo para el público que lo esperaba en ese acto de resistencia. Esa persona llevó ese saludo y esa misma noche se oyó en aquel teatro.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—¿Por qué esa canción, de Billy Joel, <em>Just the way you are</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—<em>Just because I like it</em>. Ahora, narrativamente esto tiene una función en la novela que tiene que ver mucho con la ética. El chico al que le gusta la canción la escribe en un momento en el que quiere decir algo muy significativo sobre la vida y como él se siente escribiendo eso en el examen. Pero es un secreto que no podemos revelarle a los lectores.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Entonces no lo vamos a poner en la entrevista&#8230; El teatro también hace parte del subsuelo de esta historia. Hay varias obras que se nombran: <em>La cueva de</em> <em>Salamina</em>, de Miguel de Cervantes, <em>El señor Galíndez</em>, de Tato Pavloski, <em>El cuidador</em>, de Harold Pinter, <em>El soldado fanfarrón</em>, de Plauto, <em>La cantante calva</em>, de Ionesco y <em>Macbeth</em>, de William Shakespeare. ¿Cuál es tu relación con el teatro y por qué su presencia en esta novela?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Mi relación con el teatro es muy intensa. Siempre me ha gustado mucho. Hay una presencia muy viva en la manera como construyo los personajes y desarrollo las escenas  que tiene que ver con mi gran afición por el teatro. Me gusta el discurso dramático entendido como aquel que expone imágenes que pueden ser muy truculentas. En ese sentido mi ídolo es Shakespeare. Creo que en esta novela se nota bastante&#8230; Dirigí teatro clásico español cuando joven. También teatro del absurdo, que estaba de moda en ese tiempo. En algunas ocasiones, por ejemplo cuando dirigí <em>La dama duende</em>, de Calderón de la Barca, me adjudiqué a mí mismo un pequeño rol. El de un criado. De estos caballeros que andan detrás del honor, de capa y espada, siempre enamorados como Don Juan, y siempre les va <em>remal</em>. Son siempre seres que andan buscando un poco de comida, meten la pata y el amo los golpea&#8230; Esto me gusta mucho. Es también mi criterio de composición de una novela. Me gusta ubicarme como narrador, como si fuera uno más de los personajes de la novela, un pariente cercano, un amigo&#8230; Es algo que crea un sentimiento de espontaneidad, verosimilitud, y le da un calor a la obra.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Sentí esa presencia tuya muy fuerte cuando se anuncia que el profesor de teatro viajará a Portugal para participar en la filmación de una película muy importante. La primera versión de <em>Ardiente paciencia</em> (<em>El cartero de Neruda</em>) fue filmada allí.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Exacto. Es un hecho real. La novela está dedicada a este actor Roberto Parada, que era un profesional de gran nivel en el teatro de la Universidad de Chile. Y además en la escuela secundaria, en el Instituto Nacional de Santiago, era profesor de inglés. Durante mi época de estudiante yo tenía muchas conversaciones con él. Por los dos motivos. Estaba aprendiendo inglés y él era actor y a mí me fascinaba Shakespeare. Me gustaba aprender textos de Shakespeare. Se los decía y él me corregía. Esta experiencia se transmite emocionalmente en <em>Los días del arcoíris</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—La poesía también hace parte de esta novela. Hay tres poetas citados: Giacomo Leopardi, Robert Frost y Dante Alighieri.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Podría haber citado cien más. Depende del contexto y de lo que los personajes se topan. En mi obra habitualmente los personajes tienen alguna relación con la poesía. O son poetas, les guastaría ser poetas, les ha gustado algún poema o la vida los ha puesto en una encrucijada en la que han tenido que oír una poesía. Los textos que se citan tienen que ver con decisiones muy fuertes que deben tomar los personajes&#8230; Dante es el caso de la libertad. El Leopardi “Al mismo tiempo el destino unió el amor con la muerte”, lo cual suele suceder&#8230; Frost es el problema de la encrucijada. Ese poema se estudia en todas las escuelas secundarias norteamericanas y en algunas escuelas privadas en Chile. Es un lugar común el poema de los dos caminos en el que Frost dice: “Enfrentado al camino de la vida llegué a un sendero que se abría en dos caminos. Yo tuve que elegir cuál de los dos tomaba y tomé el menos recorrido”. Esto es un canto a la libertad individual, al deseo de aventura y a la originalidad. Yo aprecio la originalidad de mi obra. No estoy ligado a ninguna moda, no sigo ninguna tendencia&#8230; Soy fiel a lo que siento, a mi estética, a mis lecturas, a mis pasiones, y a mis amistades literarias con los colegas que admiro. Seguí un camino que no había recorrido otro y ahí estoy.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Hay una frase en la novela que me gusta mucho y que podría resumir esto que acabas de decir: “(&#8230;) Cada episodio de la historia le venía dado junto a la emoción de una melodía, a las líneas de un poema”.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—Es lo que nos sucede a muchos de nosotros: se despiertan recuerdos cuando tangencialmente, en medio de una situación, oímos una melodía que estuvo de moda en algún tiempo, y junto a ella asociamos lo que éramos y cómo fuimos. <em>The way we were</em>. Aquí y allá en ese momento. Eso lo hago también mucho como narrador: estoy siempre prestando oído a lo que se oye, aparte del diálogo, puede que esté sonando una melodía de fondo. Si yo la cito crea una complicidad emocional con un lector que recuerda esa letra o esa melodía y la pone en un determinado tono. Este es un recurso estilístico para explorar el tesoro emocional conjunto que tiene, en la subcultura, el lector con el autor, la lectora con el autor.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Una última pregunta: ¿qué te pareció la adaptación cinematográfica de <em>El baile de la Victoria</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">—A mi me pareció brillante. Me pareció notable. Estoy afectivamente con ella, creo que es una obra de un romanticismo, de una belleza arrobadora, que está expuesta de modo brillante por Fernando Trueba. La crítica quedó muy dividida frente a esta obra. Desde algunas, las positivas, que van diciendo que es la mejor película de Trueba, que fue hecha en “estado de gracia”, hasta las más negativas, que encuentran que es una película confusa donde se explora en simultáneo muchos géneros y que el resultado no se estructura dramatúrgicamente. Hay de todo en el espectro. A mí, como autor de la novela en la cual se basa, me encantó.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>—Y a mí, como lector y espectador, también. Mucho.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Otras entrevistas de Álvaro Castillo Granada:<strong></strong></p>
<ul>
<li><a title="Segundo encuentro con Gioconda Belli" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/08/23/segundo-encuentro-con-gioconda-belli/">Segundo encuentro con Gioconda Belli</a><strong></strong></li>
<li><a title="Encuentro con Pedro Ángel Palou" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/08/25/encuentro-con-pedro-angel-palou/">Encuentro con Pedro Ángel Palou</a></li>
<li><a title="Paco Ignacio Taibo II: “A los mitos no los matan”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/12/11/paco-ignacio-taibo-ii-a-los-mitos-no-los-matan/">Paco Ignacio Taibo II: “A los mitos no los matan”</a></li>
</ul>
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