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	<title>La pupila insomne &#187; Rafael de Águila</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Ready to go o cómo se sodomiza la voluntad de los pueblos. Por Rafael de Águila</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Aug 2016 10:47:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Qué cantidad de electores acabará tomando las decisiones trascendentales, esas que involucran a todo un pueblo? ¿Cuál será el quórum? ¿Qué legitimidad derivaría de ello?    <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=55626">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-556270"></div></div></td></tr></table><h6 style="padding-left:60px;"><span style="color:#000000;"><em>¨No intentaremos conseguir de nadie, ya por acción nuestra </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>ya por medio de terceros, cosa alguna por la cual </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>una parte de estas libertades </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>pueda quedar revocada o mermada. </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>Si se consiguiese semejante cosa, se tendrá por nula </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>y sin efecto y no haremos uso de ella </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>en momento alguno, ni personalmente </em></span><br />
<span style="color:#000000;"><em>ni a través de terceros.¨</em></span></h6>
<h6 style="padding-left:60px;"><span style="color:#000000;">Carta Magna.</span><br />
<span style="color:#000000;">Inglaterra, 1215.</span></h6>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">El pueblo británico se decide -mayoritariamente- por el <em>Brexit</em>. En España, a lomo de toda corrupción, el PP resulta el Partido más votado. En USA el Partido Republicano aclama -mayoritariamente- a Donald Trump como candidato, como posible <em>Mr. President</em> bufonea un <em>clown,</em> un estrafalario, uno de los candidatos menos presidenciables de la historia, un hombre sin experiencia alguna en política. Putin y Erdogan, ese dúo de Zar y Sultán, concentran cada vez más poder, con la aquiescencia -mayoritaria- de sus pueblos. Otro <em>clown</em> bufonesco y prostibulario -léase Silvio Berlusconi- amaga con regresar a la política italiana, eso tras gobernar, por años, con el apoyo -mayoritario- de su pueblo. El <em>Parlament</em> catalán -mayoritariamente- manifiesta el deseo de separarse de España, vaya a intuir Dios Padre las consecuencias que de ello se deriven. Una troglodita, léase Marine Le Pen, acumula cada vez más partidarios, en las elecciones al Parlamento europeo, las de 2014, llevó a su partido, el Frente Nacional, a ser el más votado de Francia. Cabría preguntarse: ¿la voluntad popular está en crisis? ¿Se invoca a los pueblos y deciden lo peor? ¿No alcanza el voto popular a aprehender la lógica de los acontecimientos? Por el contrario, ¿lleva todavía más a perderlos? ¿Son irresponsables las decisiones de los pueblos? ¿Inexplicables? ¿Entre lo mejor y lo peor, entre lo viable y lo inviable, entre la racionalidad y la desmesura, entre el conocimiento y la fe… el voto popular erige lo segundo? En las elecciones de marzo de 1933 el Partido Nazi obtuvo el 43,9 % del voto popular: fue el Partido más votado. Salvando las debidas distancias, se tiene hoy la impresión de que en la aldea global -pese al derrame récord de información- las fronteras entre lo mejor y lo peor, entre lo viable y lo inviable, entre la racionalidad y la desmesura, entre el conocimiento y la fe pueden devenir cada vez menos claras, cada vez menos nítidas, cada vez menos sujetas al humano discernimiento. Todo se confunde y difumina. En consecuencia, puede resultar más veleidoso e intrincado, más sujeto a errores, más difícil, decidir y elegir. Al menos decidir y elegir… <em>lo mejor.</em></span><span id="more-55626"></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">En la autocracia era la decisión de reyes, zares, sultanes y emperadores. La decisión de un único ser. Un Ser Supremo, un Gran Hermano. Seres supremos de los que aun algunos no se han librado. Podía ser mala o buena la decisión, era la decisión de uno. Ese uno podía estar aquejado de <em>delirium tremens</em>, ser hijo de su muy digna madre, un asesino redomado o un ser bondadoso. Aquello era la autocracia. Tras muchos siglos de forcejeos con el poder se vive hoy de la mano de la decisión de la mayoría. Del voto popular. Llegar a ello no resultó en modo alguno fácil. Desde Atenas a la Carta Magna y el Parlamentarismo inglés, las sucesivas Revoluciones –inglesa, francesa y norteamericana- con sus respectivos <em>corpus</em> jurídicos, y de ahí, a lo que, como colofón, extraordinario, significaron las luchas del siglo XX, esas gestas en aras del voto popular, el de todos: las luchas de las sufragistas por el voto femenino; las luchas por anular toda segregación en materia decisoria, aquella que obviaba el voto del negro; del indio; del pobre; del no ilustrado; la lucha por disminuir la edad para votar en función de dotar de voz a los más jóvenes. Ello, <em>thanks God</em>, puso fin a la autocracia. Asomó la testa la llamada Democracia Representativa, un sistema con arreglo al cual los pueblos eligen -supuestamente- al más apto en función de favorecer la vida. El elegido lo es por mayoría para que, con absoluta <em>carte blanche</em> -porque jamás volverá a preocuparse de lo que la mayoría que lo eligió desea- decida. De acuerdo al gran escritor norteamericano -también cáustico humorista- Mark Twain, <em>si votar decidiera algo no nos dejarían hacerlo</em>. Muchos sospechan que algo de verdad transpira en las palabras del norteamericano, mas…, bien pudieran esas palabras ser revertidas: <em>si votar hoy no decidiera algo… no se preocuparían demasiado en lograr nuestro voto.</em> No invertirían en ello tanto tiempo, esfuerzo, y, sobre todo, tanto dinero. Muchos también sospechan, sin embargo, que no basta <em>solo</em> con votar. No basta elegir a unos para que esos, una vez elegidos, sin preguntarnos, lo decidan todo en nuestro nombre. En puridad ello no pasa de ser una suerte de autocracia electoral. De ahí que no pocos propugnen, y cada vez más se decida, dotar a los pueblos de la posibilidad de decidir. De ello llega, y se retoma hoy, con origen en la Antigüedad clásica, concretamente en Roma, la institución del Plebiscito. La empleó el Gobierno griego hace muy poco (para después traicionarla). La acaba de emplear el Gobierno británico. Muy democrático y justo preguntar a los pueblos. Preguntarles sobre aquello que les atañe. Y es precisamente en ese contexto, un contexto en el que se empodera cada vez más a los pueblos, en el que las fronteras entre lo mejor y lo peor, entre lo viable y lo inviable, entre la racionalidad y la desmesura, entre el conocimiento y la fe parecen devenir menos claras, menos nítidas, menos sujetas al humano discernimiento. Es precisamente en ese contexto cuando la mayoría, esa, la que decide, esa a la que se otorga la enorme responsabilidad de zanjar y resolver, parece errar, parece confundirse y extraviarse. Es precisamente en ese contexto en el que parece resultar veleidoso decidir y elegir. Al menos decidir y elegir… <em>lo mejor.</em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Que decidir y elegir resulte veleidoso cuando comienza a ser algo común que a todos se pregunte resulta, desde luego, muy peligroso. En especial porque no se pregunta tonterías. No. Se pregunta acerca del destino y la vida de millones. El destino y la vida de pueblos enteros. Del mundo. En la autocracia del siglo XVII la decisión de un monarca involucraba, para bien o para mal, solo al pueblo en el interior de las parceladas fronteras en las que ese monarca ejerciera su poder. En el segundo decenio del siglo XXI, en mitad de esta aldehuela global, a la grupa de la globalización que ora nos hunde y ora nos alza, el sufragio de la mayoría no solo decide la vida y el destino de un pueblo en el interior de las parceladas fronteras en las que ese pueblo viva. No. El sufragio de un pueblo, no pocas veces, marca el destino y la vida de otros pueblos, otros allende sus fronteras, y en el caso de naciones poderosas, lo que decida la mayoría de esas naciones, puede marcar el destino y la vida de todo el planeta. El destino y la vida de todos. Alguien pudiera adelantar que elegir a los seres que detentarán el poder en tales naciones, las poderosas, esos que pueden con su actuar afectar vida y destino de todos, debería ser, lógicamente, derecho de todos. No podríamos ocultar resulta esa una idea interesante. Y es que las decisiones de unos en este mundo nuestro, el de hoy, involucran e interesan, como nunca antes, a todos. En consecuencia <em>todos</em> estamos interesados en que <em>todos </em>decidamos lo mejor. Mas para elegir lo mejor la mayoría no puede hacerlo en condiciones de <em>capitis deminutio</em>. Para elegir lo mejor la mayoría debe, por el contrario, exhibir capacidad incrementada. Inteligencia incrementada. Información veraz incrementada. Conocimiento y cultura incrementada. No se olvide que el pueblo al que se otorga la capacidad de elegir es un ente henchido y hastiado de traiciones. Y esas traiciones llevan, cada vez más, al punto de quiebre de la esperanza. A la cima de los hastíos. Y en materia de esperanzas y hastíos este quizá sea el momento más complejo de la historia humana.    </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Se entrega un poderoso <em>Magnum</em> <em>44</em> a alguien, alguien hastiado de mentiras, lleno de desánimo, por consiguiente muy descreído, desconfiado de los que hasta hoy han detentado el poder, de los que hasta hoy han predicado la vida, lo mejor, lo viable, el conocimiento, alguien engañado a tiempo completo por esos que hasta hoy ha elegido, alguien lleno de esperanzas cercenadas, traicionadas, precisamente a ese alguien, se le dice, una vez y otra, que del cañón del <em>Magnum</em>, si llegara a accionar el gatillo, solo emergerá <em>paté de</em> <em>foie gras</em>, se alaba las dotes dietéticas y antioxidantes del mencionado alimento, se descalifica a los expertos, esos energúmenos de siempre, esos que aseguran que el <em>Magnum 44 </em>resulta una muy poderosa arma, esos que a quien empuña el arma  sucesivamente han engañado, un arma que de seguro te volará la cabeza, le dicen esos, nunca más llevarás a tu boca alimento alguno, entre otras cosas porque no tendrás cabeza, le siguen diciendo, ¿esos <em>fucking</em> intelectualoides <em>nerd </em>alguna vez les han dicho algo verdadero e inteligible, algo que les favorezca la vida?, preguntará aquel, ese que conmina a accionar el gatillo, todo eso para, finalmente, aconsejar la mejor de las opciones posibles, la más idílica, la mejor, la viable, la de la vida, la del conocimiento: accionar el <em>fucking</em> gatillo. Quien empuña el <em>Magnum 44</em>, confundido, traicionado, engañado, anhelante de alimento, descreído, bullente de esperanzas renacidas, deseoso de confiar ¡finalmente! en alguien, oprime el gatillo. Esa, quizá, es la situación de millones hoy. Millones en todo el mundo. Convengamos que por ese camino no solo pudiera resultar elegido el tal Donald, el magnate, bien pudiera ser elegido el otro, <em>Duck</em>, el animalito de <em>Disney.</em> Podríamos preguntarnos: ¿cómo hemos llegado a este desmadre? </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Las causas son diversas. Complejas. Tratemos de elucidarlas, al menos, las fundamentales, sin pretender agotarlas, sin pretender, lo advierto, que el orden de la cita implique, necesariamente, la relevancia del impacto. </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Todo esto ocurre en un mundo en el que como nunca antes los pueblos han perdido la confianza en los políticos. En los gobernantes. Llamemos a esto <strong><em><u>descreimiento en los políticos</u></em></strong>. ¿Por qué? Por las sucesivas y escandalosas mentiras. Y es que por años se ha mentido a la gente. A mansalva. Aquí,  allá y acullá. Lo ha hecho la derecha, la izquierda, el centro y los extremos. Todos han mentido a la gente. A los pueblos. Les han dicho: ¨<em>confíen en nosotros, si lo hacen la vida mejorará¨</em>. ¿Quiénes profirieron tales promesas? Los políticos. Los políticos tradicionales. Políticos de izquierda o de derecha. No importa la filiación. Todos lo han prometido. Y la gente, la gente tradicional, la de siempre, el pueblo, confió. Confió que la vida, si votaba por esos políticos, si creían lo sostenido por esos políticos, si apoyaban lo que defendían esos políticos, pues iría a mejor. Y por mucho tiempo la gente votó por esos políticos. Por mucho tiempo confió en ellos. Lo hicieron de la mano de un impulso natural, muy humano: mejorar la vida. Confiaron. Porque los seres humanos confiamos. Tenemos esperanzas. El día que no la tengamos estaremos muertos. Y he ahí que los políticos, los tradicionales, sin importar la filiación política, traicionaron a la gente. Traicionaron la confianza. Una vez y otra. Repetidamente. Y la gente, los pueblos, esos que confiaron, se hartaron. Se hartaron de tanta mentira. Tanta confianza otorgada y traicionada. Y lo hicieron porque la vida no mejoró. Por el contrario: la vida empeoró. Por eso se hartaron. Y es que cada mentira destroza anhelos, esperanzas, deseos, aspiraciones. Cada mentira destruye un trozo de vida. La torpedea. La hunde. La mata. Hasta que un día <em>bye</em> a la vida. <em>Bye</em> a la confianza. La confianza de los pueblos. De la gente. Por eso un día pum: ya no más confianza. No más confianza en los políticos. En los políticos tradicionales. En los Partidos. Los Partidos tradicionales. No importa digan ser de izquierda o de derecha. Del centro. De los extremos. No más confianza en ellos. La gente se siente traicionada por ellos. Por todos. <em>Tutti.</em> En consecuencia, deja de creer en todos. En lo que dicen. En la forma en la que lo dicen. En la apariencia de aquellos que lo dicen. Los ojos, la voz, el cabello, la supuesta seriedad, la formalidad, la manera de peinarse de los que lo dicen. Porque hasta en eso se fija la gente. No aceptaremos más engaño, piensa la gente. No más. Y dejan de escuchar. De escuchar a  los mentirosos. Y he ahí que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Lista para confiar. ¿Confiar en quién? Confiar en <em>otros</em>, cuando aparezcan esos <em>otros</em>. Lista para creer a esos <em>otros.</em> <em>Otros</em>&#8230; con otra apariencia. <em>Otros</em>&#8230; discursos. <em>Otros </em>antes no escuchados. <em>Otros</em> que no parezcan ser los mismos, no parezcan los tradicionales, los mentirosos, <em>otros </em>con ot<em>ros</em> verbos, <em>otros</em> peinados, caras, ojos, <em>otros </em>que parezcan, incluso, menos serios y formales. Menos serios y formales porque los serios y formales mintieron. Ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para votar. ¿Votar por quién? Votar por esos <em>otros</em>. <em>Ready to go.  </em>  </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y ello ocurre en un mundo en el que, cada vez más, se ha perdido la fe en el conocimiento. Llamemos a esto <strong><em><u>desconfianza en los expertos</u></em></strong>. Irreverencia hacia la <em>intelligentsia.</em> Y es que los políticos, los tradicionales, y los partidos, los tradicionales, tanto los ubicados a la izquierda como los ubicados a la derecha, emplearon, se sirvieron, por años, una vez y otra, de expertos. Una vez y otra esos expertos dieron su muy docta opinión. Economistas. Intelectuales. Escritores. Premios Nobel. Catedráticos. Doctores. Politólogos. Sociólogos. Profesores universitarios. Todos ellos con una apariencia y una forma de decir. Unas caras, unos ojos, unos peinados. Un discurso. Y esos expertos en sus muy doctas presentaciones sustentaron el engaño. El engaño de los políticos. Expertos de izquierda y expertos  de derecha. No importa la ideología. Todos mintieron. Sí, porque todos han incurrido en ese desmadre. Una y otra vez los expertos sustentaron las falsedades de los políticos. Puede que, incluso, no pocos de esos expertos fueran ellos mismos traicionados y embaucados por los políticos. Ah, sí, muy pobres expertos esos. Pero lo fundamental resulta que los pueblos confiaron en los expertos. He ahí el problema. Los pueblos confiaron. Atendieron, una y otra vez, a lo sustentado por los expertos. Lo creyeron. Quizá no entendieran mucho, pero se dijeron: <em>¨si este, que tanto sabe, cree que eso que dice es bueno, pues confiaré en él¨.</em> En resumen, la gente, los pueblos, esos que no a eternidad confían, confiaron en los expertos. Y fueron engañados. Una vez y otra. En consecuencia la gente se hartó también de los expertos. Muy natural y muy humano eso. Cada mentira sustentada por los expertos traicionó anhelos, esperanzas, deseos, aspiraciones. Traicionó a la gente. A los pueblos. Cada mentira destruyó vidas. Pulverizó confianzas. La confianza de los pueblos. Y, un día pum: ya no más confianza. No más confianza en los expertos. En los expertos <em>tradicionales</em>. Esos que sustentaron las mentiras de los políticos <em>tradicionales</em>. Los expertos -a sueldo o a confianza- de los políticos tradicionales. No importa militaran a la izquierda o a la derecha. No importa. Eso es baladí. Lo que importa es que mintieron, lo que importa es que la gente se sintió traicionada por ellos. Por eso la gente dejó de creer también en ellos. En lo que dicen. En la forma en la que lo dicen. En la apariencia y el verbo de aquellos que lo dicen. En los ojos, la voz, el cabello, la supuesta seriedad, la excelsa formalidad, la manera de peinarse de los que lo dicen. Ya no más engaño, piensa la gente. Y he ahí que ya está lista la gente. Lista para cuando aparezcan <em>otros</em> que se digan expertos. O<em>tros</em> que, incluso, se burlen de los expertos. <em>Otros</em> que no sean para nada expertos. <em>Otros</em> con otra apariencia. <em>Otro</em> discurso. <em>Otros</em> antes no escuchados. <em>Otros</em> que no sean los mentirosos de siempre. Y ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para aceptar. ¿Aceptar qué? Aceptar lo que diga el nuevo ¨experto¨. O el que desdeñe a los expertos. El que no sea para nada un experto. <em>Ready to go.</em><em style="color:#000000;line-height:1.5;"> </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en un mundo amenazado por muchos y variados y muy poderosos fantasmas. Mayor variedad y número y poder fantasmagórico que nunca antes. Fantasmas reales o irreales, porque este es un mundo en extremo amenazado. Y la amenaza, tanto la real como la irreal, genera miedo. Oh, sí, miedo, mucho miedo. Porque el descreído, el engañado, el traicionado, el que anhela esperanzas truncas que devengan ¡al fin! dignas realidades teme. Teme como nunca que las esperanzas continúen truncas. Y es que las esperanzas truncas agigantan el miedo. Catalizan el miedo. Lo precipitan. Por eso al descreído, al engañado, al traicionado, al desesperanzado se le atemoriza muy fácil. Entendámoslo: a quienes atesoran anhelos, deseos, aspiraciones y esperanzas de vida mejorada, esos que solo obtienen burlas, engaños, traiciones, sacaduras de lengua y desmadres, esos que temen lo peor al tiempo que anhelan lo mejor, a esos, el miedo les bulle. Les salta. Les corretea. A flor de piel. A flor de alma. A flor de corazón. Tienen el miedo ahí: sin flor. Porque el miedo nunca luce flor. Tienen miedo a ser ¡otra vez! engañados. Miedo a que todo vaya de peor a tragedia. Otra vuelta de tuerca. Una vez entronizado el miedo puede azuzársele. Sin mucho esfuerzo. Está ahí, listo para ser azuzado. Invocado. Empleado. Estandarizado. El miedo como arma. El miedo de la gente. El miedo de los pueblos. El miedo deviene entonces arma de los nuevos políticos. No importa que lo hayan empleado antes otros, políticos de izquierda o de derecha, porque todos han atizado alguna vez el miedo. Ahora lo emplean estos, los nuevos, los que emplean <em>otro</em> verbo, <em>otra </em>apariencia, o<em>tros</em> ojos, <em>otra </em>voz, <em>otro</em> cabello, <em>otra</em> supuesta seriedad, <em>otra</em> manera de peinarse. Y como antenas de repetición del miedo aparecen entonces los expertos de turno. Llamemos a esto <strong><em><u>inoculación generalizada del miedo</u></em></strong>. Porque el miedo se inocula. Se emplea como <em>Magnum 44 </em>por políticos y expertos de nueva apariencia y renovado verbo. No tradicionales. Puede que, incluso, los nuevos expertos crean, a pie juntillas, en el miedo que -también a ellos- les han inoculado los políticos. Y sí, muy pobres expertos esos. Mas como a los descreídos y engañados, a los traicionados y humillados, a los ofendidos y desesperanzados se les atemoriza muy fácil, porque los anhelos, porque las esperanzas, porque los deseos, porque las aspiraciones, porque la vida, he ahí que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para ser atemorizada. ¿Con qué? Pues&#8230; con cualquier fantasma. Real o inventado. Cualquiera de los muchos fantasmas -reales o inventados- que hoy pululan y pueden sembrar pánico -real, no se dude de ello- en este mundo nuestro, este mundo henchido de disimiles motivos para temblar a la grupa de pánico real. Porque cualquier fantasma -real o inventado- puede sembrar pánico real en este mundo nuestro pletórico  de pánico. Cualquier pueblo puede ser atemorizado. Goebbelianamente atemorizado. Con ambas variantes de miedo. El real o el inventado. Miedo por la inflación, la recesión, la deflación, la estanflación, el terrorismo, el fundamentalismo, los <em>tsunamis,</em> los árabes, la violencia policial (y la violencia antipolicial), los rusos, el desempleo, los chinos, los musulmanes, el <em>crack</em> bancario, los iraníes, el cáncer, el deshielo, el SIDA, la contaminación ambiental, las leyes, el Ebola, el Corán, las anfetaminas, la quinta glaciación, los hebreos, las invasiones, las migraciones, el <em>Mullah</em> Omar, la bomba nuclear, el precio del petróleo, la delincuencia, las minorías, las mayorías, los volcanes, los terremotos, los nazis, los neo nazis, el comunismo, el socialismo, el imperialismo, el falangismo, el neoliberalismo, el capitalismo, el liberalismo, los negros, los blancos, los amarillos, la libre empresa, los <em>ayatollah</em>, la cocaína, los kurdos, la comunidad LGTB, la capa de ozono (y el ozono ausente de la capa), las espaldas mojadas (y las espaldas que no se mojan porque les falta el agua), el precio del oro, el pago de <em>Bills,</em> las <em>commodities</em>, el <em>Standard and Pool,</em> <em>Wall Street</em>, el proteccionismo, el aislacionismo, los bloques comerciales, las guerras comerciales, la escuela de Chicago, las lluvias ácidas, el Chapo Guzmán, las especies en extinción (y aquellos que extinguen especies), los aranceles, <em>Al-Jazeera</em>, los despidos, los referéndum, las dictaduras, DAESH, la Reserva Federal, los golpes de Estado (y los Estados que otorgan golpes), el <em>fracking</em>, los <em>trending topic,</em> los norcoreanos, el Canal de Panamá, el FMI, las fallas de la justicia (y la poca justicia de los fallos), Vladimir Putin, <em>Facebook</em>, el Banco Mundial, el Grupo <em>Bildelberg</em>, las deudas, el seguro médico (y la inseguridad del Seguro), los israelíes, la reforma educacional (y la falta de reformas), las fronteras, el mar territorial, los plebiscitos, la biodiversidad, las hipotecas, los paraísos fiscales (y la ausencia de Paraíso), las armas de destrucción masiva (y la masiva destrucción de las almas), el Dalai Lama, el secreto bancario, los cohetes nucleares, los virus informáticos, las armas químicas, Boko Haram, la censura, Internet, los tratados de libre comercio, los negocios <em>off shore,</em> el <em>rate </em>bancario, el <em>Dow Jones</em>, los plaguicidas, los cabezas rapadas (y los expertos en cercenar cabezas), <em>Google,</em> el fantasma de Bin Laden, el pago del <em>tax</em>, Edward Snowden, las violaciones en la India, los ataques a cuchillo en Asia, los suicidios en Tokio, los <em>Panamá Papers</em>, los intereses bancarios, la deuda externa, la deuda interna, el PIB, los <em>part time job</em>, los combustibles fósiles, <em>Annonymus,</em> la caza de ballenas, Julian Assange, la energía eólica, los chiítas, los sunitas, los maronitas, los casquetes polares, <em>WikiLeaks</em>, el mar del sur de la China, el ZIKA, los seguidores de Saddhan Hussein, los UFO, las tormentas solares, los adeptos a Maummar el Kadhafi, la deuda griega, el 99 % de pobres, el 1 % de ricos, los fundamentalismos, la Troika, la reducción de la clase media, el ántrax, la socialdemocracia, el Papa Francisco, la gente antisistema (y la falla del sistema para con la gente), la derecha, la izquierda, los ni-ni, las privatizaciones, las nacionalizaciones, las vacaciones, el portaaviones chino, los derechos humanos, la corrupción, las pandillas, los préstamos, la ablación del clítoris, los judíos, los uigures, los palestinos, los turcos, los pakistaníes, los libaneses, el aborto, el deshielo, el gas mostaza, las células madres, los <em>impeachments,</em> los embargos, los meteoritos, el calentamiento global, las fronteras, la deforestación, los virus, la desertificación, las burbujas inmobiliarias, <em>YouTube,</em> los piratas de Somalia, <em>Al Qaeda</em>, el nivel del mar, las tasas de interés, el dopaje ruso, el estrecho de Ormuz, la Guardia Republicana, el mar Rojo, la guerra de las galaxias, el gas mostaza, Bachar el Assad, las centrales nucleares, la franja de Gaza, el <em>Brexi</em>t, el <em>Grexit,</em> los Hermanos Musulmanes, los submarinos rusos, el África subsahariana, y… la muy ilustre madre de Rómulo y Remo. Miedo. Miedo al por mayor. Miedo a todo. Miedo a lo que esté a mano. Miedo real o inventado pero miedo. Miedo a lo que sea. A w<em>hatever. </em>Y he ahí que ya está ya lista la gente. ¿Lista para qué? Para tener miedo. <em>Ready to go.</em><em style="color:#000000;line-height:1.5;"> </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en mitad de lo que Mario Vargas Llosa llamó ¨<em>la sociedad del espectáculo¨</em>. Un mundo que consume cada vez más su tiempo libre en <em>Pokémons</em>, fútbol, <em>Shopping Center</em>, revistas del corazón, telenovelas, libros de auto-ayuda, juegos <em>on line</em>, chismes de farándula, <em>films</em> de la Marvel, series de <em>Nexflix</em>, fotos de <em>paparazzis, Facebook,</em> porno <em>hardcore</em> o <em>light</em>, peleas de la UFC, conciertos de Miley Cyrus, redes sociales, Tae Bo o consumir <em>Big Mac </em>con<em> Coca Light </em>en <em>Mc Donald.</em> Un mundo el que la <em>mediocritas</em> pulula. Como pandemia. A más y mejor. Un mundo endemoniadamente <em>light</em>. Donde la cultura y el conocimiento son cada vez menos atesoradas. Menos perseguidas. Menos admiradas. Más despreciadas. Donde se difunde y se admira y se atiende ¡mucho más! lo que declara una estrella del Real Madrid que lo sostenido por un Premio Nobel de Literatura. O de Economía. O de lo que sea. Donde lo <em>light</em> muda y demuda. Donde se lee cada vez menos. Donde un graduado universitario es cada vez más solo un ser capacitado para laborar en un sector del mercado laboral y cada vez menos un ser culto. Donde Paulo Coehlo es, para muchos -¡se incluyen millones de universitarios!- un escritor de la talla de William Shakespeare. En ese maremágnum no puede obviarse la tendencia, sostenida y amoral, que lleva a la adoración desmedida del éxito. El mundo actual adora, ¡como Dioses!, a aquellos que hayan alcanzado semejante sustancia, léase, hayan alcanzado fama y dinero. No importa lo que hagan. Celebridades. La clave única: haber alcanzado el éxito. No nos asombremos, en breve podremos ver algunos de ellos levantarse como candidatos a Presidentes, o incluso, verlos alcanzar la primera magistratura. No dejemos de mencionarse la tendencia actual a educar a niños y jóvenes en función de desempeñarse como futuros <em>homo tecnologicus</em> descuidando, absolutamente, la formación en humanidades, lo que les convierte, de hecho, en seres muy capaces de fabricar robots o diseñar interfaces para complejos sistemas informáticos pero no aptos para ejercer -con éxito- sus deberes políticos, sus derechos como ciudadanos, eso que los atenienses de la era de Pericles llamaban <em>polites.</em> Y todo ello ocurre, vaya absurdo, en un mundo en el que el conocimiento presume de haber alcanzado las cotas más altas y la democratización más rotunda. En ese mundo gran parte de la población malvive -y malpiensa- debajo de un desconocimiento indigno de este siglo. Llamemos a esto <strong><em><u>banalización estandarizada de la cultura</u></em></strong>. Terrible, ¿no? Terrible porque para tomar decisiones se necesita cultura. Cultura profunda. Para tomar las decisiones correctas. Conocimiento vasto. En función de elegir. Y es que elegir demanda la cultura necesaria que asegure la elección correcta. La debida. La justa. Cultura profunda para desentrañar todos los códigos, todos los mensajes. Analizarlos. Decodificarlos. Categorizarlos. Conferirles la justa credibilidad. Solo esa. Decidir si el emisor del mensaje resulta creíble. Confiable. Evaluar si el contenido del mensaje lo es. Si creíble, verificable, contrastable, veraz. Identificar qué intereses favorecen (o desfavorecen) emisor y mensaje. Cultura necesaria para desdeñar emisores no confiables y mensajes no veraces. Cultura necesaria para identificar y solo confiar en emisores creíbles y objetivos y en mensajes fidedignos y contrastables. Filtrar, en resumen, cuanto se escucha, se lee, se ve. Pensar. Analizar. Decodificar. Categorizar. Identificar la mayor dosis de verdad. Atender y escuchar solo esa. Y solo entonces… <em>decidir.</em> Inmersos en la <em>¨sociedad del espectáculo</em>¨, en la ¨<em>mediocritas</em>¨, en la cultura <em>light</em>, despectivos ante la cultura y el conocimiento, bombardeados por políticos y expertos de nuevo tipo, descreídos de todos, traicionados por todos, desesperanzados, pletóricos de miedo, los seres que habitamos el mundo de hoy, nosotros, los traicionados, los olvidados, los de esperanzas truncas y diezmadas, los embaucados a perpetuidad, parecemos haber quedado, me temo, en cierto grado de indefensión, de agresión, de manipulación, a resultas de lo cual parecemos, me temo, cada vez menos capacitados para ejercer la función de decidir. Mientras más importante y común resulte que se nos pregunte la opinión para decidir algo, presumo, más se nos tratará de engrillar las conciencias para que votemos como desean otros y no como debemos votar nosotros. Porque todo esto es, no se dude, premeditado: se nos ha colocado, premeditada y metódicamente, en una suerte de c<em>apitis deminutio</em> decisoria. Eso nos aqueja. Eso padecemos. Y he ahí que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para juzgar. Juzgar y equivocarse. ¿Juzgar qué? Juzgar lo que sea. Equivocarnos con lo que sea. <em>Ready to go.  </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en un mundo donde unas pocas corporaciones, menos de diez, controlan más del 80 % del poder mediático. De la <em>mass media.</em> Periódicos, revistas, sitios web, Tv, cine, radios, editoriales. Más del 80 % de lo que lee, lo que ve, lo que oye, lo que instruye o divierte a la gente. Todo eso concentrado en muy pocas manos. Muy pocas. Poquísimas. En este mundo nuestro de hoy, este en el que se acumula más información que nunca antes, esa información tiene como fuente y origen menos manos que nunca antes. Y en tanto menos manos pues intereses cada vez más definidos, más exclusivos, más concentrados, menos gregarios, menos movidos por el interés general, más nutrientes del interés particular, corporacional, sectorial. Mensajes que, como nunca antes, en mayor turbión que nunca antes, llegan -desde el predominio logrado por la tecnología, la masividad lograda por la tecnología y la globalización- a un número sin precedente de receptores. Se trata de un absurdo total: menos emisores que nunca antes concentran mayor información que nunca antes con destino a más receptores que nunca antes. En ese marco no son pocos los expertos que sospechan que entre los intereses de los emisores no está, al menos no parece predominar, la objetividad, la verdad, la ética, la cultura, la imparcialidad, el conocimiento fidedigno. ¿Por qué esa sospecha? Sencillo: los pocos que controlan cuanto vemos, leemos, escuchamos, e incluso, nos divierte, tienen un solo objetivo. ¿Cuál? Ganar más audiencia. ¿Para qué? Para ganar más dinero. De ahí que los grupos que concentran el 80 % del poder mediático del mundo hoy día conformen, determinen, defiendan y sostengan el <em>statu quo.</em> O lo que es igual: defiendan, a ultranza, el poder. El poder económico. La democracia representativa, esa que nos dotó de la facultad de elegir y -al menos en teoría- de ser elegidos, esa que estructuró la llamada tripartición de poderes, nos reta (y nos ata y nos burla) ahora con un Cuarto Poder. El de los Medios. Se trata de un moderno grillete que no aherroja y avasalla nuestros tobillos sino nuestras conciencias. Como nunca antes unos pocos deciden qué leemos, qué vemos, qué escuchamos y que nos divierte. Y todo ello desde múltiples plataformas, esas que la tecnología nos ha colocado en las manos. Semejante dictadura mediática genera poder. Un poder inmensurable. Indescriptible. Poder para influir. Para <em>resetear</em> nuestras mentes. Determinar nuestros gustos, rechazos, tendencias, filias, fobias, opiniones, ideas, apoyos. Para conformar imaginarios. Echar a andar predilecciones. Generar esperanzas. Fabricar anhelos. Colocar en nuestras cabezas ideas. Las ideas que políticos <em>new waves</em> y expertos <em>new age</em> deseen. Poder para hacernos creer. Creer en ellos. Para llevarlos a nuestras casas y que los recibamos como chicos buenos. Creíbles. Modélicos. Deseables. <em>Boy scout.</em> Gente confiable. Gente que asiste a la Iglesia los domingos. Esposos amantes y padres ejemplares. Gente como uno. Graciosos, incluso. El poder para que políticos <em>new waves</em> y expertos <em>new age</em> inoculen todo el miedo. Llamaremos a esto <strong><em><u>tiranía despótica del poder mediático. </u></em></strong>Lo peor resulta cuando medios alternativos, esos que pretenden pulverizar la hegemonía del poder mediático, esos que supuestamente deben echar por tierra todas las mentiras, todas las iniquidades, todas las falsedades, toda la manipulación, esos de los que se espera la verdad y nada más que la verdad, porque fines puros demandan medios puros, porque mentira es mentira sin importar la pureza de fines, precisamente esos medios, esos que no deben falsear ni un ápice, ocultar ni un milímetro, esos que deben hablar claro, y alto, y fuerte, con toda la fuerza que emana de la moral, de la verdad, de la razón, esos, ¡precisamente esos!, incurren, en aras, dicen, de vencer a los taimados, de vencer a la mentira, de llevar a la esperanza, en dosis no menos despreciable de mentira. Lo peor resulta cuando algunos que aseguran luchar en nombre de la verdad y de la esperanza bloquean o dejan libre solo parte de la verdad, censuran todo cuanto no juzguen ellos mismos positivo, de tal suerte acaban mutilando la verdad y cercenando la esperanza. Eso, desde luego, siembra una confusión bestial. Ojalá un día tales acaben comprendiendo el daño ¡tremebundo! que con ello causan. He ahí entonces que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Lista para creer. ¿Creer en qué? En lo que sea. <em>Ready to go.  </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en un mundo en el que emergen, como malas hierbas, populismo y demagogia. No importa la filiación política. Populismo y demagogia lo son lo mismo a la derecha que a la izquierda que al centro. Y es que muchos parecen creer imprescindibles populismo y demagogia para, otra vez, una vez más, hacer creer a la gente. A los pueblos. Obligarlos a confiar. A tener esperanzas. Anhelos. Deseos. Proyectos de vida. Inducir, ¡otra vez!, a la gente a soñar. Soñar con mejorar la vida. Así pues, populistas y demagogos toman hoy la flauta y ejercen, no importa si a la derecha o la izquierda, el impertérrito papel de encantadores de serpientes. Llamemos a esto, meramente, <strong><em><u>auge de populismos y demagogias</u></em></strong><em>. </em>Cierto, han existido siempre. Muy cierto eso. Desde la Atenas de Pericles y Solón. Porque ya en la Atenas de Pericles y Solón se ejercían populismo y demagogia. Se acudía al ágora y el demagogo era escuchado. Escuchado por unos pocos cientos. Tal vez un millar. No creo fueran tantos al ágora. Hoy el demagogo es escuchado, seguido, visualizado por millones, cientos de millones, miles de millones, quizá. El ágora es hoy el ciberespacio. La TV satelital. La web. Llega a todos los hogares, todas las PC, todos los teléfonos. Populistas y demagogos tienen hoy más público que nunca antes en la historia de la humanidad. Para colmo de males populistas y demagogos se rodean de grupos de apoyo. <em>Staff,</em> se les llama. Expertos en relaciones públicas, sociólogos, psicólogos sociales, engañadores profesionales, hacedores de discursos, conformadores de imagen, peluqueros, estilistas, consejeros, asesores, especialistas en encuestas, modistos, jefes de prensa, versados todos ellos en mensurar y hacer mutar la opinión de la gente, expertos de nuevo tipo, ¡nunca existieron tantos de estos!, expertos en lograr que un albatros silbe como un ruiseñor, una foca salte cual chimpancé, una mentira rotunda se acepte como la más íntegra de las verdades, un embaucador de a tres por cuarto semeje el paradigma del hombre juicioso, un bufón ignorante llegue a tomarse por un tipo de crédito, un mal se acepte a ojos cerrados como un bien. Si bien populistas y demagogos existieron siempre, desde la Atenas de Pericles y Solón, nunca antes tales se rodearon de tantos y tan capaces expertos, expertos muy capaces de hacernos tomar lo azul celeste por amarillo del Siena. Y he ahí que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para ver. ¿Ver qué? El color que sea. <em>Ready to go.  </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en un mundo en el que las crisis económicas devienen modernas espadas de Damocles que cuelgan sobre las cabezas. Las cabezas de todos. Las cabezas de millones. Crisis económicas han existido siempre, se dirá. Y sí, en efecto. En la Roma de los Graco se pasó hambre, según el día. Hambrunas las hubo en el Ática. En Cartago. En el Londres del siglo XVIII. En el mundo de 1929. Mas… el desarrollo económico, social, tecnológico, el nivel de vida, las comodidades, la tecnología, las bondades que todo lo anterior supone, motiva que, de asomar el feo rostro, ese, el de las crisis, lo que se pierda hoy a resultas de ellas resulte infinitamente superior, a escala galáctica, al duplo elevado al cubo de todo cuanto pudo perderse en la historia anterior de la humanidad. Y, desde luego, este puede ser un cálculo conservador. El azogado hoy por crisis económicas no pierde lo mismo que el azogado en tiempos de los Graco. Que el vapuleado en tiempos de Luis XVI. Que el zarandeado en tiempos de Churchill. Que el cesanteado en tiempos de Reagan. No, Sr. Hoy se pierde con mayúsculas. Hoy se pierde al por mayor. Sostenía Michel Foucault que la sociedad contemporánea esclavizaba con el grillete del consumo. Con el anhelo del placer. Y es que nunca se consumió tanto y de tanto y que tanto placer generara, nunca hubo tanto lujo para anhelar –y nunca tanta pobreza de la que huir- como hoy día. De asomar el feo rostro de las crisis toda esperanza de mayor consumo y mayor placer se reduce. Se reducen las esperanzas de nuevo coche, nueva casa, nuevas, mejores y más largas vacaciones, nueva o más engrosada cuenta bancaria, nuevo y mejor salario, nuevo y mejor trabajo, nuevos y mejores y mayores beneficios. Todo ello se reduce. O desaparece. Queda <em>bye. </em>Por el contrario, aparecen las hipotecas, los desahucios, los despidos, los bajos salarios, los <em>part time jobs, </em>aparece el perder casas, coches, vacaciones, salarios, trabajos, cuentas bancarias, perder todos los beneficios. Llamemos a esto <strong><em><u>baile espectral de las pérdidas.</u></em></strong> Desde el 2008 millones en el mundo occidental, en Europa y USA, esos sitios en los que se suele vivir mejor, han sufrido eso. Han bailado a ese compás. El de las pérdidas. Pérdidas enormes. La clase media, aseguran los economistas, a consecuencia de lo perdido, es hoy menos clase y sobre todo menos media que hace diez años. Y la clase media, dicen los mismos economistas, deviene locomotora de países. Mientras mayor y más fuerte y más pujante y más llena de esperanza bulla la clase media de un país, otra vez de acuerdo a esos economistas, más fuerte, más pujante, más lleno de esperanza vivirá ese país. Todos los países desean tener una clase media poderosa. Y en todos los países todos desean y trabajan y sueñan y luchan por llegar a ser clase media. Gozar de sus beneficios. Eso para una vez instaurados en la clase media… crecer, ascender. Todavía más. Mejorar el nivel de vida. Mejorar en coches, casas, vacaciones, cuentas bancarias, salarios, trabajos, beneficios. Porque ese es el mundo que hemos creado. Ese el capitalismo. Eso lo natural. Pero sucede que la clase media en los últimos diez años ha visto menguado todo lo anterior. Y la clase media, no se olvide, conforma también, y muy especialmente, eso que acá hemos llamado, indistintamente, gente o pueblo, esos que han sido engañados, traicionados, embaucados, manipulados, vapuleados y zarandeados. Todo ello por políticos y expertos, por la banalización de la cultura, la tiranía del poder mediático, los populistas, los demagogos. Y la clase media también siente miedo. Sí, también ellos. Sobre todo ellos. Tienen más que perder. Mucho más. No solo las cadenas. Tienen miedo a perder lo logrado. A no lograr más. Ese tipo de miedo. Y ese es un miedo grande. Ni hablar de aquel otro miedo, el que sienten esos otros, los más pobres. El que sienten, incluso, los ¨nuevos pobres¨, esos que desde el ¨correctivo¨ al que ha sido sometida en Occidente la clase media han fluido -tristemente- a engrosar el grupo –nutrido- de los menos favorecidos. Todavía más al fondo están esos, todavía más necesitados del favor de Dios -por citar el favor de alguien en este mundo tan desfavorecido-, esos que siempre, toda la vida, y aun antes, por generaciones, han sido, a perpetuidad, los más pobres. De proceder hoy a la sumatoria, operación en la que a los caídos en desgracia desde la clase media se adicione esos otros, los menos favorecidos, los necesitados del favor rotundo de Dios, ante nuestros ojos se extenderá el panorama -a todas luces aterrador- que ha caracterizado los últimos diez años. Un panorama que -de facto o desde la nada beatifica sombra del miedo, sí, otra vez el miedo- involucra en no pocos sitios a una mayoría. Una mayoría que vota. Una mayoría que decide. Y he ahí que ya está lista esa mayoría. ¿Lista para qué? Para favorecer. ¿Favorecer a quién? A quien le parezca coloque lejos, bien lejos, el feo rostro de las crisis. <em>Ready to go.  </em><span style="line-height:1.5;"> </span><em style="color:#000000;line-height:1.5;"> </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en un mundo en el que cada vez más se cree que un político fuerte, un gobernante que parezca poderoso, que lleve a todos la imagen de resultar muy seguro de sí mismo, de seguir con vehemencia su propia y única intuición, de pasar por encima de ciertos elementos del <em>statu quo</em>, de la historia pasada, de la presente, de la futura, de ciertos eslabones del sistema, de la vida, de ciertos círculos de poder (o que al poder afecten), mofarse de ellos, condenarlos, ofenderlos, vilipendiarlos, asegurar que es su enemigo y, desde luego, asegurar que va a cambiarlos, a defenestrarlos, un gobernante fuerte en mitad de tanto gobernante incapaz, dubitativo y, a los ojos de la gente, débil, atado a Oposiciones, Asambleas Nacionales, Congresos, Senados, Parlamentos que, a menudo, aprueban lo que la gente no desea y desoyen lo que desea, un gobernante que sostenga que cuanto de negativo acaezca o pueda acaecer no lo amedrenta ni lo amedrentará porque está dispuesto a cambiar, patear, vencer, perseguir, negar, ocultar, convencer, golpear, amedrentar, comprometer, ilegalizar, comprar, censurar, encarcelar o ignorar cuanto de ¨negativo¨ acaezca, un macho alfa, un gobernante pletórico de fuerza y determinación y carácter y cautivante personalidad y desacostumbrada manera de comportarse y verbo encendido y pasado exitoso, un gobernante que, incluso, pueda estallar en <em>ex abruptos </em>y tropelías verbales, ignorar cuanto derecho exista, pero del que emane poder, vigor, fuerza, virilidad, potencia, nervio, carácter, impulso, no importa colinde o exceda la atrocidad, la brutalidad o el desatino, ese va a impactar, a enamorar, a seducir, a servilizar, a hacer mover banderitas y sostener globos a la gente, a tomar por el culo y hacer cantar vítores a la gente. No importa declaren responder a la izquierda, a la derecha, al centro o a los extremos. No, Sr. Eso es baladí. Lo que importa es que sean -o parezcan ser- fuertes. Y es que la gente adora a los fuertes. Es un atavismo. Todavía más la gente que tiene miedo. Los más esperanzados, los más necesitados, los más abandonados, los menos educados. Porque mientras menos cultura se tenga más se ama a los Dioses. Y los fuertes se erigen como Dioses. La gente los mira y no los ve humanos. No. Los ve Dioses. Porque mientras más desvalida se sienta la gente más necesita de Padres que los proteja. Por eso el poder del Hombre Fuerte se identificará con la potestad de un Padre y la autoridad de un Dios, un Padre / Dios hoy magnánimo, mañana castigador, listo a reinar orgullosamente sobre sus pobres y desventurados hijos. Llamemos a esto <strong><em><u>fetichismo del poder</u></em></strong>. Un impulso, por demás, muy natural. Muy humano. La gente va a sentir, humana y naturalmente, que el fuerte puede salvarlos. Que tiene la fuerza para hacerlo. Que pueden y deben confiar en él. Que vale más confiar en él que en los otros. Que en los mismos. Esos otros. Los débiles. Los mentirosos. Los traidores. Los de siempre. Los de antes. Y he ahí que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para dejarse tomar por el culo. ¿Dejarse tomar por quién? Por los fuertes. (O por aquellos que simulen serlo). <em>Ready to go.</em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo eso ocurre en un mundo en mitad de una muy bestial crisis, ¡otra!, una crisis de la ética<em>. </em>Sin tapujos vamos a llamarle así: <strong><em><u>crisis general de la ética</u></em></strong>. Crisis en la ética de los elegidos y crisis en la ética de los electores. Crisis que lleva a elegidos a esbozar y presentar y defender y enarbolar posiciones que deberían -francamente- avergonzarlos. Que los lleva a defender lo indefendible. Que los lleva a atacar lo inatacable. Al menos lo indefendible o inatacable para aquellos otros, los que detenten ética. Que los lleva a atacar lo democrático, a hablar solo ellos, a escucharse solo ellos, a hacerse escuchar solo ellos, a manipular <em>manu militari</em> -o mediante cualquier otra bochornosa <em>manu-</em> todos los poderes del Estado, a abrazar la violencia, la persecución, la represión, la segregación, la <em>cuasi</em> dictadura, la seudo democracia, el proteccionismo, el nacionalismo, el odio, el ninguneo e irrespeto del otro, el nepotismo, la chanza ante el sufrimiento del otro, el olvido del otro, el bombardeo, el asesinato, las invasiones, las golpizas, la tortura, la fabricación de muros, la represión, la mentira, la censura, el desprecio por las minorías, las mujeres, los negros, los latinos, los homosexuales, los intelectuales, los artistas, los que piensen diferente, los que opinen contra ellos, los que profesen religión disímil, los que se les opongan pacíficamente, los pobres, los emigrantes, los enfermos, los niños, los sin trabajo, los <em>homeless</em>, los muertos, relegando al olvido la voluntad,  el deseo o los más elementales derechos de la mayoría, o reinando, también eso, sobre la servilizada y rendida voluntad de la mayoría. Crisis que lleva a los electores, servilizados y víctimas del estupro del poder que reverencian, a amar y aclamar y votar por aquel que los sodomiza. Un elegido ético no incurriría en tales desafueros. No, Sr. Un elector ético tampoco. Pero en un mundo en el que cada vez imperan e importan más, tanto para electores como para elegidos, las ganancias -o la esperanza de ganancias- la ética, ese olvidado colgajo, ni se cita ni se cotiza. La ética, en condiciones normales, funciona como tamiz de nuestros deseos. Un tamiz que filtra e identifica aquello que se juzga lícito en aras de obtener lo que se desea. <em>Obtener lo que se desea solo a partir de medios que se juzguen lícitos</em>. Más que lícitos… <em>éticos</em>. Buenos. Honestos. Justos. No solo de acuerdo a la Ley, sino, y muy especialmente, de acuerdo a nuestros propios valores. Valga la aclaración, porque en este mundo nuestro mucho de lo lícito no es ético, ni bueno, ni justo, ni honesto. Valga también decir que el afán desmedido de ganancias actúa como solvente de valores. Y sin valores cero ética. Y sin ética todo vale. Todo queda permitido. Sin ética nuestros deseos vuelan sin tamiz. Asoma e impera el más feroz maquiavelismo. Solo importa el éxito. Solo importan los fines, no los medios para lograrlos. Eso queda, como único valor: los fines. Otra arista, insoslayable, en esta crisis del <em>ethos,</em> irrumpe desde ese otro desmadre, mayúsculo, que es la corrupción. Generalizada. A todos los niveles. Y es que a la Sra. Ética se le ha despedido para, en su lugar, hacer sentar al Sr. Éxito. Permutación de las E., podríamos llamar a esto. A la ética se le ha dicho <em>bye</em> para abrir las puertas al pragmatismo y al utilitarismo, flamante dúo al que se recibe hoy con entusiastas <em>Welcome</em>. La corrupción lleva a muchos políticos a la cárcel o a engordar jugosas cuentas bancarias en paraísos fiscales. Y la corrupción, también ella, excluye filiaciones políticas. Y es que todos pueden ser corruptos, ya sea se auto-reconozcan de izquierda o de derecha o del centro. Porque un aspecto trágico a no perder de vista en esta crisis del <em>ethos</em> resulta que no pocos de aquellos que pueden levantarse como alternativa, alternativa a los <em>¨no éticos</em>¨, no resultan suficientemente ¨éticos¨, incluso, en ciertos casos -hay que decirlo, con pena, sí, pero decirlo- son ellos mismos: <em>¨no éticos¨.</em> Y es que al incurrir exactamente en similares desmadres que los otros, se comportan como tales. En ocasiones queda elegir entre el mal rotundo y el mal menor. Entre el mal rotundo y el ¨bien¨ desvaído. Y eso, convengamos, siembra confusión. Una confusión bestial. Y lo hace porque elegir entre tales no resulta exactamente alternativa muy clara. Por ese camino se puede acabar justificando actos infames al identificárseles como medios en aras de lograr fines virtuosos. Mahatma Gandhi aseguraba que fines puros demandaban medios puros. También Karl Marx. Y José Martí. Todo hombre ético lo sostendría. Y es que fines edificantes no pueden alcanzarse con  empleo de medios bochornosos. No, Sr. He ahí entonces que ya está lista la gente. ¿Lista para qué? Para incurrir. ¿Incurrir en qué? Incurrir en todo. En lo que sea. <em>Ready to go.  </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Y todo ello ocurre en un mundo en el que cada día la apatía gana un metro más. ¿La apatía de quién? De los pueblos. Y… ¿cómo se manifiesta la apatía? En la tendencia, creciente en los últimos 30 años, al abstencionismo. Al voto en blanco. Se convoca a los pueblos a decidir y los pueblos, hastiados y descreídos, se encogen de hombros. Dan la espalda. El día de la votación se van de picnic. Duermen. Beben vino. Hacen el amor. Eructan. Si en el planeta los asuntos fueran a bien pudiera concluirse que a resultas de vivir tan inmejorablemente los pueblos -y tan seguros los pueblos de seguir viviendo de manera tan inmejorable- votar no marca la diferencia. Mas… no es ese el escenario. No, Sr. En el mundo, por lo general, las cosas van mal. Endemoniadamente mal. Salvo excepciones. Lo que han perdido los pueblos realmente es la esperanza. La esperanza de que votar recomponga algo. La esperanza de que su voto contribuya a cambiar algo. La esperanza de que algún político merezca el voto. En USA, en el 2012 la abstención alcanzó el 32 %; en 1964 no llegaba al 5 %. En 1965, en Canadá, el abstencionismo era de 24,1 %; en el 2001 marcó un 38,9 %. En Europa, <em>mutatis mutandis</em>, la situación no es distinta: el plebiscito que lanzó a Gran Bretaña fuera de la UE asombró con abstención del 28,0 %; en Grecia, el plebiscito de julio del 2015, la abstención ascendió al 37,5 %. En no pocas naciones el abstencionismo supera, incluso, el 50 %. En naciones en las que el voto resulta obligatorio por ley el abstencionismo puede exceder el 20 %. Y este desdeño de las urnas, este desprecio a ejercer el derecho a decidir, la padecen, fundamentalmente, los más jóvenes. En momentos en los que cobra cada vez más auge acudir a los pueblos para que decidan… los pueblos declinan la oportunidad. Desdeñan la responsabilidad. Se encojen de hombros. No votan. Votan en blanco. Sacan la lengua. Eructan. La apatía no es <em>per se</em> una causa. No. La apatía es un efecto. Un efecto que deriva de cada una de las causas antes enumeradas. De muchas otras, quizá. Podríamos preguntarnos: ¿qué cantidad de electores acabará llevando a un político a la Presidencia? ¿Qué cantidad de electores acabará tomando las decisiones trascendentales, esas que involucran a todo un pueblo? ¿Cuál será el quórum? ¿Qué legitimidad derivaría de ello?   </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Por todo ello, hoy día, se tiene la nefasta impresión de que en la aldea global las fronteras entre lo mejor y lo peor, entre lo viable y lo inviable, entre la racionalidad y la desmesura, entre el conocimiento y la fe… pueden devenir cada vez menos claras, menos nítidas, menos sujetas al humano discernimiento. En ese contexto algunos se han declarado enemigos de la elección o decisión de la mayoría. En tanto los pueblos se equivocan, en tanto lo hacen de manera tan mayúscula y continua, sostienen, es peligroso preguntar a los pueblos. Urge, dicen, que únicamente, y para bien de todos, decidan los expertos. Los que saben. Un grupo de elegidos. Un grupo de Grandes Hermanos. Avizoran grandes peligros en preguntar a los pueblos, preguntar a esos que solo cazan <em>Pokémons</em>, hablan de fútbol, leen revistas del corazón, se encantan por telenovelas, devoran libros de auto-ayuda, se idiotizan con juegos <em>on line</em>, beben chismes de farándula, sueñan con series de <em>Nexflix</em>, citan a Paulo Coelho, alucinan con fotos de <em>paparazzis, </em>cuelgan comentarios banales en<em> Facebook,</em> se masturban con porno <em>hard</em> o <em>light</em>, asisten a conciertos de Miley Cyrus o cultivan su colesterol de la mano de comida chatarra en <em>Mc Donald</em>. Esos, sostienen, no pueden decidir. No, señor. Es un peligro. Y la democracia participativa un engendro. Para algo existe y se creó y funciona, dicen, ¡con toda eficiencia! la democracia de siempre, esa, la representativa, el despotismo electoral, esa que otorga <em>carte blanche</em> a los elegidos para que, una vez elegidos, hagan en nuestro nombre cuanto les plazca. Esa que hizo decir a Mark Twain que si votar sirviera de algo pues no nos dejarían hacerlo. Se incurre hoy en el retruécano, en el absurdo de, en nombre de la voluntad secuestrada a los pueblos por cada uno de los males acá expuestos -y por otros muchos-, defender se retire a los pueblos el poder de decidir, revertir la tendencia a empoderar a los pueblos. Y no son seres negativos quienes eso exponen. No, Sr. Son seres, algunos de ellos, por quienes, basados en sus actos anteriores, sus posiciones pasadas, muchas de ellas muy dignas, puede sentirse un muy merecido y ético respeto. Que seres de semejante prestigio incurran en ese retruécano ilustra, muy a las claras, el desmadre que ante todos acontece. Ilustra del peligro: que se revierta la tendencia a hacer valer el derecho de los pueblos a elegir y a decidir. Que se eche por tierra aquello que los pueblos juzgan anhelo de mayoría. Preferencia de colectivo. Que se detenga la tendencia a preguntar a los pueblos su voluntad. Y eso por miedo a los errores, garrafales, que en decisiones tales puedan incurrir los pueblos. Muy comprensible y muy humano eso, sí, pero desastroso. Porque  desastroso es olvidar que resulta mucho más ética y legal la decisión -equivocada o no- de una mayoría que el dictado -correcto o no- de una aristocrática casta. Basta de criminalizar, estigmatizar o rechazar el derecho de los pueblos a decidir. Criminalicemos, desterremos, y rechacemos, eso sí, las acciones, y causas, y condiciones, y debilidades, y amenazas, y Partidos, y políticos, y expertos, y el miedo, y el predominio mediático, y la banalización de la cultura, y la ignorancia, y los populismos, y las demagogias, y el enaltecimiento del poder, y la ausencia de ética, y las crisis, y la inexistencia de claras alternativas, criminalicemos, desterremos y rechacemos toda causa, cualquiera que ella sea, que favorezca, condicione, conduzca a este desmadre, este ilógico desmadre, peligroso, sí, peligrosísimo, ese desmadre que en el mundo de hoy es -cada vez más frecuentemente, cada vez con mayor fuerza, por tramposo arte de birlibirloque, empleando cuanta maña puede imaginarse, y aun otras, esas que ni siquiera se alcanza a imaginar- hacer que los pueblos, las mayorías, la gente elija lo que a los pueblos, la gente y las mayorías pueda resultar nocivo. Rechazar todo lo execrable que hoy acontece en aras de servilizar a los pueblos, de colocar a los pueblos en <em>capitis deminutio</em> para decidir. Ese despreciable desmadre que es sodomizar a más y mejor la voluntad popular. Ese desmadre que es, digámoslo claro, lograr el consentimiento de los pueblos para, ni más ni menos, tomarlos, repetida, despectiva y abusivamente, por el culo.    </span></p>
<p style="text-align:justify;"><strong><em> </em><em>Rafael de Águila es escritor, crítico y ensayista cubano. Reside en La Habana, Cuba. Premio Nacional de Narrativa Alejo Carpentier 2010.      </em>    </strong></p>
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		<title>El Grexit, la UE y los modus operandi de la izquierda</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jul 2015 20:39:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;Rafael de Aguila ¨Aquí nuestro gobierno favorece a los muchos en vez de a los pocos, y eso se llama democracia¨. Pericles, Discurso a los atenienses, 461 ane La República Romana creó la institución del plebiscitum. Una propuesta del Tribuno &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=50111">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-501120" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/07/grexit.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 class="western" style="text-align:left;" align="RIGHT"><b><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/rafael-de-aguila/" target="_blank">Rafael de Aguila</a></b></h5>
<h5 class="western" align="RIGHT"><i>¨Aquí nuestro gobierno favorece a los muchos </i></h5>
<h5 class="western" align="RIGHT"><i>en vez de a los pocos, y eso se llama democracia¨.</i></h5>
<h5 class="western" align="RIGHT"><strong>Pericles</strong><i>, Discurso a los atenienses, </i></h5>
<h5 class="western" align="RIGHT"><i>461 ane</i></h5>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY"><a href="http://wp.me/p10AwN-d2f"><img class="alignleft wp-image-50112 size-medium" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/07/grexit.jpg?w=300" alt="grexit" width="300" height="169" /></a>La República Romana creó la institución del <i>plebiscitum.</i> Una propuesta del Tribuno que, aprobada por la plebe, en el 287 a.n.e., tras la <i>lex Hortensia,</i> tuvo fuerza de ley. Con la caída de la República, y el ascenso del Imperio en la Roma antigua, se abrieron las puertas de lo que, a <i>posteriori</i>, resultaría el absolutismo monárquico<span id="more-50111"></span> en la Europa medieval. Ello se tradujo en el reemplazo de la voluntad del pueblo (el <i>populus</i> en Roma, el <i>demos</i> en Atenas) por la sacra voluntad del Rey. Por el aludido <em>L&#8217;État</em>, <em>c&#8217;est moi, </em><em>de Luis XIV</em><em>.</em> Con la llegada al poder de la burguesía (tras las revoluciones inglesa, francesa y la Constitución de los Estados Unidos de América) el naciente capitalismo adoptó un principio: &#8220;<i>el pueblo solo gobierna a través de sus representantes.&#8221; </i>Si bien el principio otorgaba al pueblo la posibilidad de elegir representantes, estos, una vez elegidos, por el periodo que las diversas Constituciones así lo establecieran, quedaban no atados a los dictados del pueblo. El capitalismo legó al pueblo la libertad de elegir (cada cierto tiempo) a sus representantes. Gran logro ese. Mas la mera elección devino <i>c</i><em>arte blanche</em> para que los elegidos desmadren a su libre albedrío, incluso, en total detrimento de aquellos que los eligen. Esa suerte de democracia, desde luego, ilusoria, puede igualarse a lo que alguna vez el mismo Thomas Jefferson llamara ¨<i>despotismo electivo¨. </i></p>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY">No se trata en modo alguno de negar lo logrado por las revoluciones burguesas. No poca izquierda ha incurrido en ese dislate. Se trata, de <i>facto,</i> en partir de lo logrado en función de <i>incrementarlo.</i> Negar lo logrado por la burguesía sería hoy regresar a la noche de los tiempos. Ello, indudablemente, pasaría por negar también la justa e intransigente lucha de los <i>humillados y ofendidos</i> en función de obtener cada vez mayor cuota de poder (el voto del negro, del pobre, de la mujer, de las minorías étnicas, de los más jóvenes). Un punto central separa hoy como nunca antes a la derecha de la izquierda: la primera cree (como Hegel con relación al Estado prusiano) que la democracia ha llegado al <i>non plus ultra </i>y, en consecuencia, ahí debe quedar. Los segundos sostienen que la democracia, todavía hoy imperfecta, debe continuar su <i>via crucis</i>, de manera tal que el pueblo (aquel al que los romanos de la República llamaran <i>populus</i> y los atenienses de Pericles <i>demos</i>) obtenga cada vez mayor cuota de poder, mayor control y mayor participación en las decisiones de los Gobiernos. Gobiernos a los que ese pueblo, derechos mediante, ha logrado elegir. Resulta vital (y justo, no se olvide la justicia en estos lances) que un grupo de seres, aún aquellos elegidos por sus pueblos, no decidan en conciliábulos aislados, a menudo secretos, y no pocas veces espurios, aquello que a todo el pueblo atañe, aquello que sobre el pueblo, sobre todo el pueblo, pueda pesar. Tradicionalmente en el espectro político mientas más a la derecha se ubique un Gobierno menos dado es a otorgar al pueblo ese poder. Menos dado ese Gobierno a preguntar al pueblo, al que, sin embargo, debe el poder. Menos dado, en consecuencia, a emplear el plebiscito, la sagrada institución derivada de la República Romana. No olvidemos que la burguesía, una vez en el poder, prohibió el llamado <i>mandato imperativo,</i> aquel que obligaba a los representantes a respetar el mandato de sus representados. A la derecha no le ha agradado jamás preguntar al pueblo. No le agrada aún hoy: en época muy reciente Honduras sufrió un Golpe de Estado porque un Presidente, democráticamente electo, decidió llamar a un plebiscito. Decidió preguntar al pueblo. Horror. Preguntar al pueblo: delito de lesa humanidad. Para la derecha la democracia concluye precisamente con la posibilidad de elegir gobierno. En consecuencia la democracia actual puede definirse como un sistema en el cual los elegidos actúan como les viene en ganas en nombre del pueblo <i>sin preguntar al pueblo</i>. Cierto es que alguna izquierda, aquella que ha asumido tan solo los hábitos (esos que en modo alguno denotan al monje) sin asumir los más sagrados postulados, sin hacerlos suyos en cuerpo y alma y hechos, sobre todos en hechos, no pocas veces ha incurrido en iguales (o peores) desaciertos. Mas el alma y el cuerpo y los hechos (sobre todo los hechos) de la izquierda, de la verdadera (aquella que respeta los más sagrados postulados, aquella de cuerpo y alma y hechos, sobre todo de hechos) residen únicamente en el pueblo. En el soberano, como un día le llamara Juan Jacobo Rousseau. Por ello, para la izquierda, preguntar al pueblo no solo llega desde una prerrogativa constitucional. Emana, muy especialmente, como deber moral. Como obligación ética. Como única vía para gobernar. Quien gobierne olvidado del pueblo, sin atender a sus aspiraciones, sin preguntar por ellas, será un engendro. El nombre que se desee. Jamás Gobierno de izquierda. Los humanos de hoy no podemos sino asumir como <i>ethos</i> lo que los romanos de la República, hace más de 2 mil años, asumieran como <i>lex.</i></p>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY">Por eso hoy, cuando el Gobierno de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/syriza/" target="_blank"><strong>SYRIZA</strong></a>, al que el pueblo llevó al poder en <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/grecia/" target="_blank"><strong>Grecia</strong></a>, ha decidido sea precisamente un plebiscito, una pregunta al pueblo, al soberano, a ese al que el Gobierno debe el poder, decida si se acepta o se rechaza los dictados de la UE, la izquierda (esa de cuerpo y alma y hechos, sobre todo de hechos) puede ufanarse. Felicitar a SIRYZA. Reconocer que se siente orgullosa.</p>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY">Gobiernos anteriores llevaron a Grecia a este infausto lodazal. Gobiernos anteriores aceptaron, sin preguntar al pueblo, aquel que más lo sufriría, condiciones leoninas para Grecia. Gobiernos anteriores llevaron al pueblo griego a no pocos sufrimientos. No fue SYRIZA. Por el contrario, el programa de SYRIZA pretendía, en lo posible, detener ese sufrimiento. Y quién sabe si incurriendo en lo imposible, si invocándolo, si trocándolo en posible, revertirlo.</p>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY">Todos los medios debaten hoy acerca de lo que llaman <i>Grexit</i>. La salida de Grecia del euro. La obstinación de la UE y de la Troika (si bien los Gobiernos son hijos del voto de los pueblos los segundos, las instituciones que conforman la Troika, con mayor poder de decisión y catástrofe sobre la vida de los pueblos, no lo son) ha llevado a Grecia a esta situación. Los Premios Nobel de Economía <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/joseph-stiglittz/" target="_blank"><strong>Joseph Stiglitz</strong></a> y <strong>Paul Krugman</strong>, por ejemplo, así lo consideran. El primero juzga que el <strong>BCE</strong>, el <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/fmia/" target="_blank"><strong>FMI</strong></a> y la Comisión Europea <i>&#8220;tienen una responsabilidad criminal&#8221;</i> por haber sumido a Grecia en la depresión. El segundo acaba de aconsejar al pueblo griego votar NO el 5 de julio. Quizá el secreto anhelo de la UE y de la Troika no ha sido otro que hacer caer al Gobierno de Tsipras. Un objetivo, digamos, menos secreto, resultaría eludir el precedente ante la fuerza de PODEMOS en España. Ante el empuje de la izquierda antisistema en alguna otra nación europea. (Italia, por ejemplo). Indudablemente el euro fue, y es, un gran logro. Un logro que debe ser defendido. Un logro que debe superar el lastre de sus limitaciones. Un logro a reformular. A salvaguardar. Un <i>Grexit</i> sería una derrota para todos: para Grecia, para la UE, para la Troika, para Europa, para el mundo. Y sus consecuencias pudieran afectar a todos: a Grecia, a la UE, a la Troika, a Europa, al mundo. Un <i>Grexit</i> no beneficiaría a nadie. Pero el chantaje de la UE y de la Troika tampoco. Muy especialmente sumiría al pueblo griego en mayor sufrimiento. Pero un <i>Grexit</i> acabaría lesionando también a la UE y a la Troika. Muy lógico que SYRIZA, llegado al poder de la mano de prometer al pueblo mayor cuota de aire fresco, opte por preguntar a ese pueblo si le es dable aceptar una cuota menor.</p>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY">No somos augures. Tarea de augur es lograr desentrañar qué nos depararán los próximos días. ¿Qué alcanzará a urdir la UE? ¿Qué la Troika? ¿Qué capacidad de maniobra queda al Gobierno griego? Y, sobre todo, ¿qué decidirá el pueblo de esa nación el 5 de julio? Se respiran ya las primeras barahúndas del (por mucho tiempo anunciado) huracán: las Bolsas caen; las primas de riesgo ascienden; los bancos griegos deciden aplicar control de capitales; Merkel dice mantenerse inflexible; Juncker llama al pueblo griego a votar por el SI; el euro se resiente; la Eurozona echa mano a un llamado Plan B; los griegos desesperan mientras Tsipras llama a votar No como medio de lograr un acuerdo viable: <i>¨Llevamos cinco meses negociando, no para salir del marco europeo sino para permanecer con más justicia y buscando una salida de la austeridad que ha llevado a la recesión</i>¨, eso ha sostenido el gobernante frente a su pueblo. Así pues el 5 de julio tendremos plebiscito. Se le preguntará al pueblo griego qué desea. Unos pocos griegos han rechazado se les pregunte. Han exigido sea el Gobierno quien decida. Para eso son los Gobiernos, han dicho, para tener esa responsabilidad. Y es que no pocos, menguados de derechos y responsabilidades por siempre, carecen del hábito de ejercitarlos. También los pueblos deben acostumbrarse a ejercitar derechos, a no mirar arriba, hacia aquellos que gobiernan, para aguardar de ellos el maná o el desastre. También los pueblos deben tener (y aprender, y exigir, y ejercitar) la responsabilidad de decidir. Ahora el pueblo griego la tiene. Deberá decidir entre aceptar las condiciones de la UE y de la Troika o rechazarlas. En la Atenas que fuera cuna de la democracia, la Atenas en la que se ejerciera el <i>kratos</i> del <i>demos,</i> el poder del pueblo, el espectro de Pericles anida otra vez en el <i>ágora</i>. La romana <i>lex</i> Hortensia, aquella del 287 ane, puede, una vez más, lograr fuerza de Ley. El pueblo griego vive desde hace varios años una tragedia. No una cuya autoría pueda atribuirse a Esquilo o a Sófocles. Una tragedia derivada de pasados Gobiernos. Alguno, incluso, de izquierda: Irresponsables que pidieron y gastaron dinero a raudales. Que mintieron acerca del estado de sus finanzas. Una tragedia que exhibe los azules colores de la UE y de la Troika: irresponsables que dejaron fluir a raudales el dinero para después exigir la sangría colosal a todo un pueblo. El pueblo griego sufre hoy esa tragedia. Nadie podría vaticinar cuantos años continuará sufriéndola. Mayor tragedia resultaría, sin embargo, si un Gobierno, cualquiera que este fuera, sin importar el espectro político en el que se ubicara, decidiera, reunido en conciliábulo de unos pocos, aislado del pueblo en un salón al que lo llevara ese mismo pueblo, tomar en sus muy exclusivas y reducidas manos los designios de esa tragedia. A tragedia de todos responsabilidad y decisión de todos. La democracia actual no puede continuar atada a <em>L&#8217;État</em>, <em>c&#8217;est moi, </em><em>la fórmula, </em><em>tiránica, de Luis XIV</em><em>.</em> El Estado somos todos: esa es la fórmula del soberano. La fórmula del pueblo. <i>Tout.</i> Lo que se decida el 5 de julio emanará directamente de todos, de la voluntad del pueblo. En la cuna misma de la democracia, en apenas unos días, seremos testigos de su retorno.</p>
<p class="western" lang="es-ES" align="JUSTIFY">La izquierda, la verdadera, esa de cuerpo y alma (y hechos, sobre todo de hechos), esa que practica y respeta y se ufana del más sagrado de sus postulados, aquel que identifica que el poder reside únicamente en el soberano (como le llamara Juan Jacobo Rousseau), tiene derecho a sentirse orgullosa. Los Gobiernos gobiernan, sí. Mas no de espaldas a los pueblos. No en detrimento de los pueblos. No sin preguntar a los pueblos. Gobiernan para, y por, los pueblos. Pero, sobre todo, y ese debe ser siempre el postulado más sagrado de la izquierda, con los pueblos. Con. Y esa simple palabra de tres letras debería escribirse allá, en lo más alto, letras de oro, y desde luego, mayúsculas.</p>
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		<title>Frankfurt: entre Gutenberg y Steve Jobs</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 17:54:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;Rafael de Águila “&#8230;el libro rompe la rigidez de la época que lo estrecha&#8230;” Heinrich von Kleist Una feria descomunal A la luz de lo factual podría descubrirse (con cierto desagrado, desde luego) que las ferias del libro no son &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=20290">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-202910" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/11/rafael_de_aguila2.jpg?w=242"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Rafael de Águila</strong></h5>
<div id="attachment_19993" style="width: 252px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/11/rafael_de_aguila2.jpg"><img class="size-medium wp-image-19993" title="rafael_de_aguila(2)" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/11/rafael_de_aguila2.jpg?w=242" alt="" width="242" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Rafael de Águila</p></div>
<p style="padding-left:120px;text-align:justify;">“&#8230;el libro rompe la rigidez de la época que lo estrecha&#8230;”</p>
<p style="text-align:justify;">Heinrich von Kleist</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Una feria descomunal</strong></p>
<p style="text-align:justify;">A la luz de lo factual podría descubrirse (con cierto desagrado, desde luego) que las ferias del libro no son acontecimientos “estrictamente” literarios. Acontecimientos editoriales, se diría. Y no se estaría lejos de la verdad. Se deambula por las interminables (e impecables) salas de la <strong>Frankfurt</strong> Buchmesse y no puede acusarse de fundamentalista a quien adopte esa conclusión. En Frankfurt, como en otras Ferias del mundo, se venden y se compran<span id="more-20290"></span> derechos. Los libros están ahí, resultan, digamos, el decorado. A la vera, sentados y de etiqueta, agentes y editores hacen el negocio. En puridad, Frankfurt es una feria comercial. La mayor del mundo. Como prueba de ello, algunas de las más poderosas casas editoriales desmantelan stand los dos últimos días. Son los días en los que se permite la entrada al público. El negocio concluyó. Los stands, enormes y bellos, antes tan animados por seres de etiqueta y maneras very polite, quedan desolados. El público no firma contratos. Random House Mondadori, por ejemplo, ha tapizado sus paneles de disímiles posters. Muy pocos aluden a lo literario. Yamaha, a flying dream, puede leerse en uno, en la imagen un joven hace cabriolas sobre un poderoso artefacto nipón. Quizá resulte promoción de algún nuevo thriller devenido best seller.</p>
<p style="text-align:justify;">En el binomio autor / editorial, sostienen algunos, las editoriales ejercen al día de hoy una suerte de dictadura, en el mejor de los casos una democracia representativa. Democracia en la que el poder, desde luego, les pertenece y la representación es el mero reflejo del mercado. Si creen que un libro puede venderse se publica. Caso contrario&#8230; es el silencio. Y el autor no publicado no existe. La <strong>Feria del Libro de Frankfurt</strong> constituye el mercado más importante para libros, medios de comunicación, derechos y licencias del planeta. Por supuesto, no hay que emprenderla en modo alguno contra las Ferias. Ello resultaría absurdo y tonto. Toda fiesta de libros resulta encomiable y gratificante. Y la de Frankfurt es un tsunami. Una vastísima marea de libros como puede no haya otra en el mundo. Todo es colosal, impresionante.</p>
<p style="text-align:justify;">El recinto ferial es el mayor del planeta. Intentar recorrerlo íntegramente puede resultar cuando no utópico sí extraordinariamente trabajoso. Son 170 mil metros cuadrados, salas enormes, muy largos corredores, todo ello estructurado en múltiples niveles, diferentes bloques. El complejo parece inabarcable. A la edición 63 de esa Feria asistieron siete mil 500 expositores de 110 países. Los visitantes excedieron los 300 mil, todo ello en unos pocos días, entre el 12 y el 16 de octubre. Las actividades oficiales sumaron unas tres mil 300. Los famosos no dejaron de merodear por los largos corredores de la Feria: <strong>Umberto Eco</strong>, <strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/mario-vargas-llosa/" target="_blank">Mario Vargas Llosa</a></strong>, el poeta sueco <strong>Tomas Tranströmer</strong>, flamante <strong>Premio Nobel</strong> 2011.</p>
<p style="text-align:justify;">En el bello y espacioso stand argentino se organizaron paneles en los que era común escuchar a <strong>Noé Jitrick</strong> y a <strong>Mempo Giardinelli</strong>, se habló, desde luego, de Borges, y se recordó a tres figuras de las letras argentinas fallecidas en el 2011: <strong>María Elena Walsh</strong>, <strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/ernesto-sabato/" target="_blank">Ernesto Sábato</a></strong> y <strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/david-viñas/" target="_blank">David Viñas</a></strong>. Las grandes editoriales de lengua española lograron los derechos de importantes obras: Alfaguara se hizo de Claraboya, novela inédita de José Saramago; Tusquest logró la nueva novela de <strong>John Irving</strong>, In one person; Anagrama se lanzó hacia las obras recientes de los ingleses <strong>Julian Barnes</strong> y <strong>Martin Amis</strong>, hacia Limonov, del francés <strong>Emmanuel Carreré</strong>, además de adquirir los derechos en español de En tiempos de la luz menguante, del alemán Eugen Ruge, obra ganadora del Premio a la Mejor novela en lengua alemana del año. Son excelentes autores. Autores que, además, venden. Afortunadamente. No venden tanto como el señor Paulo Coehlo o la señora Rawling, pero venden. El predominio de la novela frente al resto de la camada persiste. Si el argentino Jorge Luis Borges resultara hoy uno de nosotros cabría preguntarse si Alfaguara o Tusquest accederían a publicar sus cuentos. Uno prefiere pensar que sí.</p>
<p style="text-align:justify;">La crisis financiera y económica que amenaza con asfixiar a Europa no dejó de hacerse sentir en Frankfurt: inicialmente se habló de 155 stands menos. Más tarde se aseguró haber igualado la cifra de 2010. Más de la mitad de los expositores son extranjeros. Directivos de una muy importante editorial española confiesan: “todo hoy es un riesgo, hasta con los grandes y famosos estamos enfrentando pérdidas”.</p>
<p style="text-align:justify;">En Alemania algunas editoriales han abandonado Frankfurt para asentarse en Berlín, la poderosa <strong>Suhrkamp</strong>, casa editorial de <strong>Hermann Hesse</strong> y del filósofo <strong>Peter Sloterdijk</strong> decidió moverse en el 2009 a esa ciudad. De acuerdo con Jurgen Boos, director de la Feria de Frankfurt, la vida es más excitante en una ciudad de tres millones de habitantes que en una de 600 mil como Frankfurt. Presumo que un mercado de tres millones resulte también más excitante. Apenas unos kilómetros más allá, en la Plaza <strong>Willi Brandt</strong>, a la sombra del fastuoso rascacielos que alberga al <strong>Banco Central Europe</strong>o, se levantan las carpas de los indignados.</p>
<p style="text-align:justify;">Una tarde me permití abandonar la enorme Buchmesse para estar en la Willi Brandt Plazt, con los indignados. Me acogieron con cariño, me invitaron a dirigirles la palabra, en Asamblea Abierta. “Será en unas dos horas”, me alertó sonriente una chica. Habría resultado indudablemente el acontecimiento de mi vida. No son pocos, sin embargo, los descerebrados que increíblemente acusan a los cubanos de dirigir ese justo movimiento global. Yo era un extranjero. Un cubano. Uno que vivía en Cuba. En mi bolsillo portaba un pasaporte con visa Schengen. Les estreché la mano, les deseé éxitos y (emocionado) regresé a la Messe.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>El libro: ¿artilugio de futuros anticuarios?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Mucho se ha hablado de la desaparición o la eterna existencia del libro. En la forma en que lo concibiera el gran Gutenberg. Soy de los románticos que prefiere creer en la eternidad del libro. El de papel, quiero decir. Lo visto en Frankfurt, no obstante, puede hacer surgir en los más furibundos defensores muy serias dudas. Para un cubano, por fuerza alejado de la magia tecnológica ultramoderna, resulta impactante ser testigo de lo que se cree fantaciencia y se levanta como incuestionable realidad.</p>
<p style="text-align:justify;">En el 2010 un 6 % de los expositores ofreció contenidos exclusivamente digitales, más del 40 % lo incluyó junto con otros productos. En el 2011 se incrementó casi un 50 % la superficie destinada a presentaciones digitales. La Feria de Frankfurt se regodeó en conceptos tales como: E-book, Realidad Aumentada, Libros Enriquecidos, Relato Transmedial, todo sostenido no solo desde el flamante iPad, sino ahora desde novísimos dispositivos como el Kindle, de Amazon, o por el más reciente Nook, de Barnes and Noble, o por el Kobe. Apple, Samsung, Toshiba y Sony lanzan al mercado una muy amplia gama de estos artilugios. En una tableta electrónica con las dimensiones de un libro, se mixturan disímiles plataformas: fotos, filmes, glosarios, música, todo cuanto se relaciona con el texto que se lee, el “texto” es una amalgama de formatos, soportes, textos, audio, video. Lo que llega al lector es multicanal y multiplataforma. El lector deviene escuchador / visualizador. Una nueva faceta de la intertextualidad. Lo intertextual en la era de la digitalización. Kristeva, Gennette y Bajtin tendrían que referirse a ella. Y no resulta fantaciencia.</p>
<p style="text-align:justify;">En EE.UU. la industria del libro digital reporta un meteórico avance, en los primeros nueve meses de 2011 las ventas de contenidos para dispositivos electrónicos se dispararon un 10%, es decir, un 15% del mercado editorial. El crecimiento anterior se movía entre el 1% o el 2%. Un 25% de los lectores, esos que consumen un libro por semana, han pasado en esa nación a los nuevos dispositivos. En España la industria editorial digital es todavía tímida, apenas alcanza el 3%, pero está en ascenso. En Gran Bretaña, representa el 7% del mercado editorial, mas el rate de crecimiento alcanza las tres cifras. Ante una de esas tablet se imagina el alcance descomunal que esa tecnología podría representar para la enseñanza. Las estadísticas, en cambio, aseguran al día de hoy lo opuesto. Cuanto sucede con el libro tradicional, comienza a acontecer con el digital: lo vano banal amenaza con inundarlo todo. Lo digital se concentra hoy en best seller y novelas rosas. Todo muy light. Y no basta con eso: el consorcio Seal Media, por ejemplo, acudió a Frankfurt con un juego de ordenador, una “novela” sostenía el juego, Colts of Glory, un Western, desde luego.</p>
<p style="text-align:justify;">El texto, escrito por un empleado de Seal Media, es el preámbulo para saltar al juego de PC. Un verdadero horror que la magia de las nuevas tecnologías dirija el cúmulo de sus encantos a lo vano banal. Todo ello en nombre de las insanas orgías del Dios Mammón. Los precios de estos artilugios, indudablemente, juegan (y jugarán) un enorme papel, en la medida que disminuyan harán más accesibles esas tecnologías. La batalla de las grandes editoriales en función de preservar la cuota de mercado en cuanto a libros tradicionales ha comenzado. Sus rivales se alistan tras el ariete de la digitalización. El fantasma de la piratería asoma también la testa, en la inauguración oficial, el presidente de la Asociación de Libreros Alemanes, Gottfried Honnefelder, sostuvo que si bien “el mercado del libro electrónico es pequeño, la piratería es significativa”.</p>
<p style="text-align:justify;">No son pocos hoy los que se inclinan a pensar que las grandes editoriales, las de los libros de papel, deberán moverse hacia una mixtura que hermane el papel y lo digital, junto a las Divisiones de Libros Tradicionales será común hallar Divisiones de Libros Digitales. El consenso: los expertos anuncian una explosión en el mercado del libro electrónico. Y ello ocurrirá, según esos augurios, en apenas unos meses. Otros, calificados de “conservadores”, vaticinan que en 2020 el 50% del mercado mundial del libro será digital. Gutenberg no lo creería. Goethe, que naciera en Frankfurt, quedaría sin palabras. Al centro mismo de la gigantesca herradura que conforma el complejo de la Buchmesse se erigió este año una aerodinámica estructura de color blanco. Sospeché remedaba una nave espacial, uno de los gigantescos artefactos de Star Treck. Algo futurista. En algún momento escuché decir se trataba de un nido. Un inmenso nido. En su interior el nido entregaba todo su enigma: “multimedia”. Se tiene la ilusión de haber viajado en el tiempo. Otro siglo. Otro planeta. Fantaciencia. Pero todo es real. En el sitio de lujo de ese nido-nave, en su mismo centro, suerte de axis mundi, sigiloso se mueve un anticuario. Allí, a la manera old fashion de la primera década del siglo XXI, se exhiben libros.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La insularidad y la grafomanía: una Feria dedicada a Islandia</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La 63 Feria del Libro de Frankfurt se dedicó este año a Islandia. Una isla. La segunda mayor de Europa. La 18va. más grande del mundo. Islandia, con una población de tan solo 331 mil habitantes es, sin dudas, una nación de notable y ancestral tradición literaria. Ahí están sus sagas y sus eddas. Tiene Islandia, incluso, el honor de un Premio Nobel, Halldor Laxness, concedido en 1955. Bajo el lema de “Fabulosa Islandia” acudieron a la cita más de 40 autores de esa nación y más de 200 títulos.</p>
<p style="text-align:justify;">El pabellón de la isla asombró por su belleza y originalidad. Arriba el visitante y es recibido por una proyección, una mujer sentada, una mujer que lee, detrás un anaquel de libros, la mujer lee en silencio, de vez en vez, sin embargo, lo hace en voz alta. En un país que escribe como pocos, el lector ocupa el sitial de honor. La lectura. Ese es el mensaje. Sin lectores no habría escritores. Dato interesante: en 2009 Islandia fue clasificada por la ONU como el tercer país más desarrollado del mundo, en 2007 ocupó el primer lugar en cuanto a Índice de Desarrollo Humano.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras la crisis que hundió al país al siguiente año se sometió a referéndum el pago de la deuda contraída por bancos privados islandeses: 90 % de los islandeses se negó a asumirla. Hallgrimur Helgason, uno de los escritores islandeses de más éxito internacional, autor de la famosa novela 101 Reikiavik, resumió así la condición literaria de los islandeses: “&#8230;intentas realizar algo que tenga permanencia, como la literatura, por ejemplo. Quizá porque nuestro país está en continuo cambio y no puedes nunca saber si una casa seguirá estando ahí mañana, puede ocurrir un terremoto o el estallido de un volcán…”. He ahí el misterio: la literatura como permanencia. Como reto a la realidad. Dominadora de la realidad. Idéntico espíritu animó a aquellos que miles de años antes dibujaron en la pared de una caverna. Literatura no solo como mimesis sino como hálito genésico. Pienso en Cuba, en Irlanda. Islas: hálito genésico. Alguna vez Samuel Beckett trazó un paralelo entre insularidad y literatura. Puede que la muy virgiliana maldición del agua por todas partes no haga sino empujar hacia las letras. Animarlas. Sostener mundos. Levantarlos sobre las aguas. Sobre el tiempo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La nueva literatura cubana: ausente de las grandes editoriales</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Dos actividades se programaron para la reducida delegación cubana. La primera: la presentación de la Feria del Libro de La Habana 2012. Los colegas del diario Junge Welt pusieron a nuestra disposición su vasto stand y sus medios audiovisuales. “Todo cuanto necesiten”, aseguraron. Esa tarde fuimos presentados por el director de ese diario. Asombraba la nutrida asistencia de público. Ya antes del viaje, y durante los primeros días de la Feria, los colegas alemanes habían dedicado sus esfuerzos a promocionar esas actividades. Alemanes, sudafricanos, kurdos, turcos y latinoamericanos se reunieron allí aquella tarde. Al final se brindó con Cuba Libre. Los que acudieron se negaban a que la actividad concluyera. Quedaron allí, hablando, riendo, inquiriendo, prometiendo que viajarían a Cuba. Pronto. Sin falta. El sudafricano, de origen hindú, le cuenta a la bella periodista kurda acerca de la participación de Cuba en África. Alcanzo a entender que muchos cubanos perdieron allí la vida. La muchacha kurda, emocionada, quiere saber si es cierto. Lo confirmo. El sudafricano menciona, incluso, el nombre de Cuito Cuanavale. La muchacha promete visitar Cuba pronto. “Soy una kurda curda”, me dice, en inglés, y levanta el vaso que, entre hielos y tintineante, contiene el Cuba Libre.</p>
<p style="text-align:justify;">En el pasado Festival de la Juventud y los Estudiantes, me cuenta, un cubano la inició en el significado de la palabra. La muchacha me pide que lo explique a todos. Lo hago y todos ríen. La chica levanta otra vez su trago. Se brinda por Cuba, por la amistad, dicen todos. El último día de la Feria se planificó la conferencia “La literatura cubana en el nuevo milenio, presentación del autor Rafael de Águila”. Así podía leerse en la pantalla de la sala Fórum Dialog. También en el folleto de actividades.</p>
<p style="text-align:justify;">De acuerdo con lo establecido, debía presentarse mi libro, Premio Alejo Carpentier de Cuento 2010. El azar me había colocado allí, sin embargo, para representar a la literatura cubana. Representar a los cientos de colegas que habían quedado en la Isla. A todos. A los que un día escribieron e infortunadamente han fallecido. Somos (y seremos siempre) sus deudores. A los cientos de colegas que hoy escriben en Cuba y no tenían la oportunidad de estar esa tarde en Frankfurt. No valía presentar un libro o a un autor. Era menester presentarlos a todos. Presentar una literatura. Una literatura fuerte y pujante. Se deja en cuerpo de ser uno para en alma ser inevitablemente todos. Resultaba imprescindible aprovechar aquello en función de la literatura cubana. Asistieron muchos. No sin asombro descubrí la sala llena. En el corredor lateral se agolpaba público. Algunos tomaban notas. Indudablemente los colegas alemanes lo habían hecho muy bien. Tomé mi libro, lo mostré a todos y anuncié que no lo presentaría. Presentaría la fuerza y la pujanza de la literatura cubana. Literatura a la que me debo, dije. Desde Espejo de paciencia bosquejé el derrotero. Mencioné a los grandes. A los canónicos. Independientemente de sus credos, incluso, de sus odios. Por eso allí, en Frankfurt, tuve el honor (y la emoción) de mencionar a <strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alejo-carpentier/" target="_blank">Alejo Carpentier</a></strong> y a <strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-lezama-lima/" target="_blank">José Lezama Lima</a></strong> junto con <strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-cabrera-infante/" target="_blank">Guillermo Cabrera Infante</a></strong> y a <strong>Reinaldo Arenas</strong>. Y me adentré en la nueva literatura cubana. En su mayor porción desconocida e ignorada por las grandes editoriales. Tendencias, características, autores, obras. Fuerza, mucha fuerza. Muchas de esas obras estaban allí mismo, sobre la mesa.</p>
<p style="text-align:justify;">Nunca antes, dije, en <strong>Cuba</strong> se ha escrito tanto como hoy. Nunca antes tantos escritores. Tantas obras. Y nunca antes la literatura cubana ha sido tan olvidada e ignorada por las grandes editoriales. Esa enorme profusión de autores y obras es desconocida, salvo excepciones, por el lector de otros países. Alguien pregunta, en español, “cuándo los escritores cubanos podrán ser conocidos en el extranjero”. “Cuando las editoriales acá presentes los publiquen”, fue la respuesta. La literatura es regida de alguna manera por las editoriales. Y las editoriales por el mercado. Y el mercado, los europeos lo saben bien al día de hoy, sostuve, padece sus males. Para las editoriales el libro, desde luego, es una mercancía. Debe venderse. Son reacias a los riesgos, en especial en mitad de la crisis que agita hoy a Europa.</p>
<p style="text-align:justify;">A mi lado Petra, una alemana excepcional, traduce mis palabras al alemán. Estudió en Cuba, en la década de los 80. Una anfitriona como pocas. Una hermana. Me despido con una frase de Goethe, del Fausto, “lo eterno femenino nos empuja hacia lo alto”, me atrevo a pronunciarla en alemán, mi alemán desvencijado. Todos sonríen. Yo pido disculpas: me he adentrado en Goethe sin acercarme siquiera a la pureza del idioma. El público aplaude y se abalanza sobre la mesa. Quiere libros. Verlos. Hojearlos. Tenerlos. Todos desean intercambiar, preguntar, saber. Una cubana que dice haber conocido a Reinaldo Arenas me abraza. Los conocí a todos, dice. Se ha consumido el tiempo, sin embargo. Los organizadores tienen previsto en la sala una nueva conferencia. Así lo hacen saber. Las conversaciones y preguntas prosiguen en los largos pasillos de la <strong>Frankfurt Buchmesse</strong>.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>FRANKFURT: el “Vado de los Francos”. La ciudad. Su gente</strong></p>
<p style="text-align:justify;">En la ciudad viven apenas 670 mil habitantes. Ante sus rascacielos causa asombro que no resulte más poblada. Entre los rascacielos destaca la MainTower, también el Commerzbank, el tercer edificio más alto de Europa. Dominando el aire se alza la bella EuropaTurm, la segunda estructura más alta de Alemania. A pesar de la reducida población, Frankfurt es la mayor ciudad del Estado de Hessen, la quinta ciudad más grande de Alemania. Por vez primera se le mencionó en un documento en el año 794.</p>
<p style="text-align:justify;">El más viejo de los distritos, Sachsenhausen, famoso por sus sidras, era ya harto conocido en el 1193. El emperador Carlomagno residió en esta ciudad. Desde el 1356 los monarcas del Sacro Imperio Romano fueron elegidos allí. La Plaza Römerberg, con su catedral gótica del siglo XI y su ayuntamiento del XIV, es cita obligada. Durante la Segunda Guerra Mundial los bombardeos aliados redujeron buena parte de la ciudad a escombros, especialmente el casco histórico. La mayoría de lo que hoy deslumbra fue reconstruido. Los primeros rascacielos se erigieron en la década de los 50. La ciudad, atravesada por el río Main, exhibe sobre esas aguas más de una veintena de bellísimos puentes. Las márgenes no son menos bellas. Allí, a orillas del Main, pueden visitarse, uno a continuación del otro, 13 museos, los alemanes llaman a esa zona Museumsufer.</p>
<p style="text-align:justify;">Por doquier hay bancos, se dice que la ciudad es sede de 370 bancos, de ellos casi la mitad son extranjeros. Acá está la Bolsa Alemana, allá el Bundesbank, el Banco Central del país. Más que literaria, Frankfurt es una ciudad financiera. El corazón financiero de la Unión Europea. No falta quien (aprovechando la conjunción de New York, el río Main y los rascacielos) la llame Mainhattan. Es también una ciudad multicultural, por doquier se encuentra a turcos, afganos, kurdos, antiguos yugoslavos, latinoamericanos, coreanos.</p>
<p style="text-align:justify;">El metro deslumbra por la impecable eficiencia. Son disciplinados los alemanes. Alguno empuja. Es la excepción. Muchos viajan leyendo. No es raro ver a alguna pareja joven que se arrulla; frente a mí un joven habla a una chica, ella lo mira, con devoción, también con algo de picardía, me esfuerzo mas no logro traducir una palabra, al final la chica lo abraza, fuerte. Yo sonrío, en todos los sitios la naturaleza humana es la misma. Jamás en ciudad alguna he sido tan bien recibido como en esta. Tenía el criterio, maniqueo y absurdo, que los alemanes eran fríos. Otros podrán serlo. Los que tan familiarmente nos atendieron cada día, no. Amables, solícitos, amistosos, alegres, hospitalarios, muy familiares. Excelentes anfitriones. Más que eso: amigos de toda la vida. Hermanos. No olvidaré jamás la inigualable acogida en casa de Petra; la excelente velada en casa de Annette; la camaradería de los colegas del diario Junge Welt; la muy emotiva reunión en el club Voltaire. Un mediodía, invitado de Annette, visité la casa natal de <strong>Goethe</strong>. “En esta mesa escribió Los sufrimientos del joven Werther”, anunció ella. El título lo pronuncia en alemán, no ha logrado traducirlo al español. Mi rudimentario alemán (y la presunción) me ayudaron a entenderlo. Me acerqué. Aquí Goethe concibió ese amor tremebundo por Lotte, un amor que llevó al suicidio al amante, que provocó una inmensa ola de suicidios en la romántica Europa de la época. Yo era apenas un adolescente cuando leí esa novela. También yo terminé amando a Lotte. Dotándola del rostro de la chiquilla que por aquel entonces me lastraba el sueño. Rocé la mesa. La palpé. Ciertas oquedades delataban la huella falaz del tiempo. La emoción me llegó. La muy tudesca (y supuestamente fría) Annette no dejó de advertirlo. Sonrió, movió la cabeza a un lado y otro: “ah, mein lieber freund”,1 dijo, y un líquido raro le anegó también a ella los ojos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Adiós, Frankfurt: Auf Veidersehn</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Las ferias en Frankfurt eran ya famosas en la Edad Media. Han transcurrido más de 800 años, hoy el centro de exposiciones de la ciudad es el mayor del mundo. Los estilos Art Nouveau, Bauhaus y posmoderno se alternan en las diez salas y el centro de convenciones. En total son 578 mil metros cuadrados. Monumental. A un lado del recinto ferial se levanta la MesseTurm, la Torre de la Feria, un imponente rascacielos de metal. Se dice que esta, la del libro, es la pionera entre las de su tipo en el mundo.</p>
<p style="text-align:justify;">En mitad de esa inmensidad, en la sala 5.1, estuvo Cuba. Un stand muy pequeño. Al frente, el soberbio stand de <strong>Random House Mondadori</strong>, atizado de posters. A salvo de todo nacionalismo, manía de primates, según Borges, siempre tuve la impresión de que el nuestro era más visitado. A un costado se ha colgado la bandera. Cubanos residentes en Frankfurt se acercaron, “años que no voy a la patria”, dijeron. Se detuvieron ahí, hojearon libros, preguntaron. Alguna vez se pronunció una palabrota, uno casi me abraza: llevo mucho tiempo sin escuchar esa palabra, dijo. Nunca dejaron de mirar la bandera. Los ojos entonces se les tornaban raros. Alguien, en inglés, dice que quiere comprar la bandera. How much the flag? Se presenta como jefe de una delegación. He olvidado el país. La bandera no se vende, es la respuesta. El hombre dice entenderlo y se disculpa.</p>
<p style="text-align:justify;">Frankfurt ha quedado detrás. Fueron muchas las emociones y muchos los asombros. Entre ellos conversar con <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. También, ya más largo y relajadamente, con <strong>Mempo Giardinelli</strong>. El otoño inundaba la ciudad que comenzaba a sentirse muy fría. La Feria del Libro de Frankfurt, la más grande del mundo, ha concluido. Hasta ella llegó una vez más con sus ecos y sus nombres, que es decir su magia, la literatura cubana. No creo que las editoriales off shore dejen de ejercer su dictadura. Lo trascendente, me digo, será siempre escribir. Quizá en el 2020 esta resulte una feria de libros digitales. Tal vez en lugar de libros de papel, cada stand exhiba relucientes y pequeños artefactos.</p>
<p style="text-align:justify;">Pienso en la frase de Heinrich von Kleist, “el libro rompe la rigidez de la época que lo estrecha”. Una bella frase, sin duda. En no pocos aspectos nuestra época denota cierta rigidez. La ciencia y la tecnología, en cambio, se mueven con escalofriante dinamismo. Soy un romántico. Creo en el libro de papel. Es un objeto entrañable. Desaparecerá, escuché decir a alguien en Frankfurt, como los dinosaurios. Por mi parte prefiero pensar que el libro estará siempre, quien ama se niega a aceptar la desaparición de lo amado. Mas quién sabe… tal vez los amantes del libro, ese adminículo que nos legara Gutenberg, en apenas unos años debamos acostumbrarnos, nostálgicos y devotos, a visitar al anticuario.  (Tomado de <a href="http://www.lajiribilla.cu/2011/n551_11/551_16.html" target="_blank"><em>La Jiribilla</em></a>)</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Nota:</strong><br />
1.    “Ah, mi querido amigo.”</p>
<p style="text-align:justify;">Artículos relacionados:</p>
<ul>
<li style="text-align:justify;"><a title="El Señor Nobel" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/10/21/el-senor-nobel/" target="_blank">El Señor Nobel</a></li>
<li style="text-align:justify;"><a title="De Valencia a Babelia: ¿Un viaje en primera clase?*" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/10/07/de-valencia-a-babelia-%c2%bfun-viaje-en-primera-clase/" target="_blank">De Valencia a Babelia: ¿Un viaje en primera clase?*<br />
</a></li>
</ul>
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