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	<title>La pupila insomne &#187; Guillermo Castro Herrera</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>La crisis que encaramos y el universo del que hablara Martí. Por Guillermo Castro Herrera</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Dec 2021 14:40:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>

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		<description><![CDATA[Las diferencias entre los seres humanos son hechos naturales, mientras que las desigualdades son una construcción social. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=77066">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-770670" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2021/12/index-1.jpeg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;"><strong><em>“Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas, &#8211; y en la unidad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día.”</em></strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>José Martí, 1895<a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftn1"><sup>[1]</sup></a></strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;"> “Y la tierra estaba desordenada y vacía”, dice una versión del <em>Génesis</em><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftn2"><sup>[2]</sup></a>, mientras otras hablan de un “caos total”<a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftn3"><sup>[3]</sup></a>, o de “caos y confusión y oscuridad por encima del abismo”<a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftn4"><sup>[4]</sup></a>. Desde ese punto de partida se inicia el relato de la Creación, cuya redacción se ubica convencionalmente entre el 950 y el 450 antes de nuestra era. </span><span id="more-77066"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Visto en su conjunto, la Creación que describe ese relato no es un momento del pasado sino un proceso de ordenamiento y transformaciones en curso desde el comienzo de los tiempos que conocemos, cuyo desarrollo incluye el de nuestra especie. Somos un componente relativamente reciente: apenas un par de millones de años, dentro de los 3,500 millones de presencia de la materia viviente en el planeta, hasta donde hemos llegado a saber.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Lo que nos distingue dentro de ese proceso es nuestra capacidad para el trabajo socialmente organizado en función de fines y objetivos de interés común. Así, a diferencia de las demás especies, que se limitan a <em>utilizar</em> los recursos que les ofrece su entorno natural, la nuestra transforma ese entorno para <em>producir </em>un medio adecuado a sus necesidades. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Esto explica, por ejemplo, que los humanos tengan presencia en todos los ecosistemas del planeta, desde el círculo polar Ártico a las grandes cuencas tropicales -como las del Congo, el Mekong y el Amazonas – y los linderos de la Antártida. Así, por un brevísimo periodo en la historia de la vida, hemos venido a ser la especie dominante en el proceso de la Creación, al punto de que -al decir del premio Nobel de Química Paul Creutzen -, hemos generado con nuestra actividad una nueva era en la historia natural de la Tierra, a la cual propuso llamar el Antropoceno.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El ejercicio de esa capacidad de producción no está libre de conflictos. Por el contrario, buena parte de nuestras formas de desarrollo – tal como nos lo muestran los relatos del Génesis y el Éxodo, por ejemplo – están vinculadas a la disputa entre grupos humanos que procuran hacer usos mutuamente excluyentes de un mismo ecosistema, o imponerse unos a otros las funciones más duras en el proceso productivo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En este sentido, los conflictos socioambientales hacen parte del desarrollo humanos a todo lo largo de nuestra historia.Un caso muy conocido es el del conflicto entre el agricultor Caín y su hermano, el pastor Abel, que desembocó en el asesinato del segundo por el primero. Aquí, Yahvé, nuestra conciencia, interviene en dos ocasiones. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">En la primera, advierte a Caín contra los peligros del rencor y la ira.<a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftn5"><sup>[5]</sup></a> Y en la segunda, una vez ocurrido el crimen, pregunta a  Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”, a lo que éste contesta con otra pregunta: “No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?”<a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftn6"><sup>[6]</sup></a></span><span style="color:#000000;">           </span></p>
<p><span style="color:#000000;">La respuesta de Caín ha tenido y tiene una enorme importancia en la historia de la Humanidad. El dilema fundamental del desarrollo humano está, en efecto, en la equidad en el acceso a sus beneficios. De allí nuestra aspiración a aquella prosperidad equitativa, culta y democrática, de presencia tan constante en el pensar de José Martí.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Hemos aprendido desde hace miles de años que, en efecto, somos guardianes de nuestros hermanos, como ellos lo son de nosotros. Hoy sabemos, también, que las diferencias entre los seres humanos son hechos naturales, mientras que las desigualdades son una construcción social. Encarar esa desigualdades en lo que son es indispensable para ejercer la especial responsabilidad que nos corresponde en el proceso de la Creación. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Ese proceso avanzará en la medida en que seamos capaces de dar respuesta positiva a la pregunta de Caín, entendiendo que esa fraternidad incluye a todos los seres con los que compartimos nuestra casa común. Nuestra capacidad de responder fraternalmente ante las amenazas que hoy acosan al proceso de la Creación, generadas por el gran desorden que ha dado origen a la crisis ambiental, depende de nuestra capacidad para organizarnos de una manera en que podamos trabajar con la naturaleza y ya no contra ella.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Nuestra capacidad para entender y hacer esto fue intuida con especial ternura por Francisco de Asís en 1224 en su <em>Cántico de las Criaturas</em>. Hoy podemos compartirlo con todos aquellos con quienes compartimos en común el impacto de la crisis detonada por la pandemia, y la tarea de construir una normalidad que sea nueva por lo distinta que llegue a ser de la que nos condujo al caos y la confusión que nos amenazan hoy:</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Altísimo y omnipotente buen Señor,</span><br />
<span style="color:#000000;">tuyas son las alabanzas,</span><br />
<span style="color:#000000;">la gloria y el honor y toda bendición.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">A ti solo, Altísimo, te convienen</span><br />
<span style="color:#000000;">y ningún hombre es digno de nombrarte.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor,</span><br />
<span style="color:#000000;">en todas tus criaturas,</span><br />
<span style="color:#000000;">especialmente en el Señor hermano sol,</span><br />
<span style="color:#000000;">por quien nos das el día y nos iluminas.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Y es bello y radiante con gran esplendor,</span><br />
<span style="color:#000000;">de ti, Altísimo, lleva significación.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor,</span><br />
<span style="color:#000000;">por la hermana luna y las estrellas,</span><br />
<span style="color:#000000;">en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento</span><br />
<span style="color:#000000;">y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,</span><br />
<span style="color:#000000;">por todos ellos a tus criaturas das sustento.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,</span><br />
<span style="color:#000000;">por el cual iluminas la noche,</span><br />
<span style="color:#000000;">y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor,</span><br />
<span style="color:#000000;">por la hermana nuestra madre tierra,</span><br />
<span style="color:#000000;">la cual nos sostiene y gobierna</span><br />
<span style="color:#000000;">y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor,</span><br />
<span style="color:#000000;">por aquellos que perdonan por tu amor,</span><br />
<span style="color:#000000;">y sufren enfermedad y tribulación;</span><br />
<span style="color:#000000;">bienaventurados los que las sufran en paz,</span></p>
<p><span style="color:#000000;">porque de ti, Altísimo, coronados serán.</span><br />
<span style="color:#000000;">Alabado seas, mi Señor,</span><br />
<span style="color:#000000;">por nuestra hermana muerte corporal,</span><br />
<span style="color:#000000;">de la cual ningún hombre viviente puede escapar.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Ay de aquellos que mueran</span><br />
<span style="color:#000000;">en pecado mortal.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Bienaventurados a los que encontrará</span><br />
<span style="color:#000000;">en tu santísima voluntad</span><br />
<span style="color:#000000;">porque la muerte segunda no les hará mal.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Alaben y bendigan a mi Señor</span><br />
<span style="color:#000000;">y denle gracias y sírvanle con gran humildad.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Esto es tanto más importante por cuanto nunca ha sido tan grave la amenaza a la continuidad de la presencia humana en el proceso de la Creación. La crisis que ecaramos puede llevarnos, en lo que resta de este siglo, tanto al fin de nuestra historia como a una etapa nueva, en la que los humanos podamos garantizar la sostenibilidad de nuestro propio desarrollo a través de la del entorno natural del que depende nuestra existencia, haciendo realidad aquella unidad del universo de que hablara José Martí a la niña María Mantilla.</span><span style="color:#000000;"><em> </em></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><em>Alto Boquete, Panamá, 10 de diciembre de 2021</em></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>NOTAS:</strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftnref1"><sup>[1]</sup></a> “Carta a María Mantilla” [1895]. <em>Obras Completas</em>. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. XX: 218 – 219:</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftnref2"><sup>[2]</sup></a> Reina-Valera (1960): <em>Génesis</em>, 1:2. <a style="color:#000000;" href="https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis%201&amp;version=RVR1960">https://www.biblegateway.com/passage/?search=G%C3%A9nesis%201&amp;version=RVR1960</a></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftnref3"><sup>[3]</sup></a> <a style="color:#000000;" href="https://biblia.com/bible/nvi/g%c3%a9nesis/1?culture=es">https://biblia.com/bible/nvi/g%c3%a9nesis/1?culture=es</a></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftnref4"><sup>[4]</sup></a> <a style="color:#000000;" href="https://www.vatican.va/archive/bible/genesis/documents/bible_genesis_sp.html">https://www.vatican.va/archive/bible/genesis/documents/bible_genesis_sp.html</a></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftnref5"><sup>[5]</sup></a> Yahveh dijo a Caín: «¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro?¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.» Ibid, 4:6-7</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><a style="color:#000000;" href="https://mail.google.com/mail/u/0/#m_-4965621169888513057__ftnref6"><sup>[6]</sup></a> Ibid., 4:2-9.</span></p>
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		<title>Del desarrollo como metáfora, y la sustentabilidad como problema</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2015 14:26:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[antonio gramsci]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H. Cuando de una concepción se pasa a otra, el lenguaje precedente permanece, pero se usa metafóricamente. Todo el lenguaje se ha convertido en una metáfora y la historia de la semántica es también un aspecto de la &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=50071">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-500720" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/02/desarrollo-sostenible.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank">Guillermo Castro H.</a></strong></h5>
<h5 style="padding-left:120px;"><em>Cuando de una concepción se pasa a otra, el lenguaje precedente permanece,</em></h5>
<h5 style="padding-left:120px;"><em>pero se usa metafóricamente. Todo el lenguaje se ha convertido en una metáfora</em></h5>
<h5 style="padding-left:120px;"><em>y la historia de la semántica es también un aspecto de la historia de la cultura:</em></h5>
<h5 style="padding-left:120px;"><em>el lenguaje es una cosa viva y al mismo tiempo un museo de fósiles de una vida pasada.</em></h5>
<h5 style="padding-left:120px;"><strong>Antonio Gramsci</strong><em>, Cuadernos de la Cárcel, 2 (1930 – 1932), p. 150.</em></h5>
<h5 style="padding-left:120px;"><em>Ediciones ERA, México, 1984.</em></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/p10AwN-d1B"><img class="alignleft wp-image-39309 size-medium" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/02/desarrollo-sostenible.jpg?w=300" alt="desarrollo-sostenible" width="300" height="218" /></a>Poco se dice del desarrollo sostenible que vaya mucho más allá de la necesidad de encontrar alguna solución duradera a los graves conflictos que hoy aquejan a las relaciones de las sociedades humanas entre sí, y con su entorno natural. Y es que, en efecto, el mayor de los desafíos que encara el desarrollo sostenible sigue siendo el de encarar su imprecisión, útil quizás para transacciones políticas<span id="more-50071"></span> de corto plazo, pero que dificulta en realidad la definición de acuerdos puntuales sobre temas concretos.</p>
<p style="text-align:justify;">En este terreno, las Humanidades nos ayudan a comprender mejor el lugar que ocupa este desafío en el proceso mayor que algunos han llamado “la historia natural de la especie humana”, a partir del importante papel que desempeñan las metáforas en la formación del conocimiento científico.  La metáfora, en efecto, posee la capacidad de combinar simultáneamente a múltiples significados no excluyentes entre sí, como lo hace<a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-marti/" target="_blank"><strong> José Martí</strong> </a>al decir de su verso que es “como un puñal / que por el puño echa flor” y al mismo tiempo “un surtidor / que da un agua de coral”. Esto permite a la metáfora aludir a aquellos factores de incertidumbre que nutren las situaciones de malestar en la cultura, facilitando así el paso de la intuición a la certeza, y de ésta a la acción humana.</p>
<p style="text-align:justify;">En esta tarea, la metáfora suele operar mediante intercambios de muy diverso orden entre campos distintos de la cultura y el conocimiento. Así, por ejemplo, la comprensión básica de nuestras relaciones de el mundo natural se ve facilitada cuando tomamos en préstamo una relación biocultural para aludir a la naturaleza como una madre generosa que trabaja para sostener a sus hijos, pero que puede también someterlos a duro castigo si éstos abusan de ella. Y, a la inversa, la noción de desarrollo opera a partir de una apropiación metafórica, por parte de las ciencias sociales, de un concepto proveniente de la biología, que designa el proceso de formación, maduración y muerte de los organismos vivientes.</p>
<p style="text-align:justify;">La metáfora, sin embargo, alude y elude a un tiempo el sentido más profundo de aquello que señala. Así, al atribuir a la naturaleza la capacidad de trabajar que caracteriza nuestra especie puede distorsionar nuestro conocimiento del mundo natural. Igualmente, al excluir del desarrollo como categoría social y económica la muerte del organismo que se desarrolla, puede llevarnos a atribuir un carácter natural a hechos que en realidad corresponden a creaciones culturales, limitando la posibilidad de comprender las contradicciones que los animan y, con ello, la de encarar de manera adecuada los conflictos que se derivan de esas contradicciones.</p>
<p style="text-align:justify;">El desarrollo sostenible, por ejemplo, alude al agotamiento de aquella visión del mundo que, entre las década de 1950 y 1970, sintetizó en el desarrollo (sin adjetivos) la esperanza de que el progreso técnico y sus frutos llegaran a toda la Humanidad, de modo que el crecimiento económico sostenido garantizara bienestar social y participación política crecientes para todos. Al propio tiempo, sin embargo, el problema así planteado elude referir ese concepto particular a las condiciones históricas que le dieron forma &#8211; aquellas asociadas a la culminación del proceso de formación del mercado mundial –, y a sus expresiones ideológicas más relevantes.</p>
<p style="text-align:justify;">El desarrollo – y su contrario, el subdesarrollo -, en efecto,  culminan un largo proceso de construcción cultural. En ese proceso, el binomio desarrollo / subdesarrollo fue precedido por los de civilización / progreso, entre mediados del siglo XVIII y del XIX, y de progreso / atraso, entre mediados del XIX y del XX. En nuestra cultura, Humboldt y Sarmiento encarnaron el espíritu de la civilización, como Darwin y Spencer encarnaron el del progreso, y Keynes y Prebisch el del desarrollo. El paso de una fase a otra en esta historia, además, incluyó no sólo el paso al intento de expresión de problemas nuevos y más complejos que iban emergiendo del proceso de formación y transformaciones de nuestras sociedades: además, incluyó la integración de una amplia variedad de los fósiles que iba dejando en su camino cada etapa superada, que pasaban a constituirse en elementos de legitimación de la siguiente.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, el desarrollo de que en verdad se trata hoy es el de nuestra especie a lo largo de los últimos cien mil años en su doble y simultánea dimensión biológica y sociocultural. Los problemas de ese desarrollo incluyen, por supuesto, aquellos que se derivan de las condiciones creadas por ese proceso en el curso de los últimos cinco siglos – y del XX al XXI en particular –, desde el extraordinario crecimiento de nuestro número hasta la formación de una primera comunidad mundial de los humanos; el despliegue de formas de intervención en la naturaleza y de niveles de producción material y contaminación sin precedentes, y el hecho de que las formas de relación social y de organización de la cultura que hicieron posible todo esto han venido a entrar en contradicción creciente con las necesidades que se derivan de esos resultados.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo ilegítimo aquí &#8211; esto es, lo eludido en la metáfora &#8211; consiste en confundir ese proceso general con cualquiera de las formas históricas puntuales que han contribuido a su despliegue, o han terminado por distorsionarlo y aun bloquearlo. Visto así, todo apunta al problema político de decidir si aún cabe subordinar el desarrollo humano a la preservación de una forma histórica de organización de las relaciones sociales que ya conspira incluso contra sus bases naturales de sustentación, o si por el contrario ha llegado la hora de encarar de la manera más decidida la construcción de aquellas formas nuevas de socialidad que mejor se correspondan con el pleno aprovechamiento de las enormes conquistas que ha logrado nuestra especie en materia de ciencia y tecnología.</p>
<p style="text-align:justify;">Asumir esta disyuntiva obliga a trascender la metáfora del desarrollo sostenible, para pasar del problema sin solución de hacer sostenible una forma histórica particular del desarrollo humano, a encarar la necesidad de encontrar y construir las formas nuevas que hagan sostenible ese desarrollo en el futuro. Hoy, en suma, ya resulta evidente que nuestro desarrollo será sostenible por lo humano que sea, o no será, como es evidente también que ese carácter tiene y tendrá su expresión más clara en nuestras capacidades para la cooperación solidaria. Haber llegado a esta disyuntiva constituye quizás el mayor de nuestros logros como especie. La forma en que la encaremos definirá nuestro destino y, en alguna medida, el del Planeta en que ha tenido lugar nuestra existencia.</p>
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		<title>Ambiente, conflicto y buen gobierno en nuestra América</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2015 10:51:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H.  “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.” José Martí, 1891.[1]  I La naturaleza no es en sí misma capital natural. Su aprovechamiento por parte de los humanos &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=49814">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-498150" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/04/america-latina1-430x247.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong><span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2147" lang="ES">Guillermo Castro H.</span> </strong></a></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2150" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:150px;"><span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2149">“No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.”</span></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2151" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:150px;"><strong><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-marti/" target="_blank">José Martí</a></strong>, 1891.<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=1tcsd1n94oj4m#_ftn1" rel="nofollow" name="_ftnref1"><span class="yiv2056681355"><span class="yiv2056681355">[1]</span></span></a><b><span lang="ES"> </span></b></h5>
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2153" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><b><span lang="ES"><a href="http://wp.me/p10AwN-cXs"><img class="alignleft wp-image-32963 size-medium" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/04/america-latina1-430x247.jpg?w=300" alt="AMERICA-LATINA1-430x247" width="300" height="172" /></a>I</span></b></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2155" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2154" lang="ES">La naturaleza no es en sí misma capital natural. Su aprovechamiento por parte de los humanos sólo ha estado dedicado a la producción de ganancias y la acumulación de capital a lo largo de los últimos cinco siglos,<span id="more-49814"></span> a partir del desarrollo del capitalismo como sistema de escala planetaria, mediante la formación y las transformaciones del primer y único mercado mundial que ha conocido la Humanidad. En esta perspectiva, cabe entender a iniciativas como el Pago por Servicios Ambientales y la promoción de la llamada economía verde como medios para transformar en capital natural el patrimonio natural aún no incorporado a la economía de mercado, en el marco de la crisis ambiental generada por las modalidades de intervención en los ecosistemas dominantes en el capitalismo.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2159" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2158" lang="ES">Estas iniciativas apuntan a la organización de mercados de servicios ambientales, que pasan a constituirse a su vez en un subsistema del mercado mundial. Dicho subsistema ambiental tiene como función fundamental poner a disposición del capital condiciones naturales que son imprescindibles para su funcionamiento. Esas <i id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2160">condiciones de producción</i> incluyen, además del acceso a los elementos naturales imprescindibles para toda producción – agua, aire, tierra y energía -, la formación de la fuerza de trabajo capaz de transformar esos elementos en recursos para otras actividades productivas o en bienes de consumo, y la organización del espacio en que esas actividades tienen lugar.<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=1tcsd1n94oj4m#_ftn2" rel="nofollow" name="_ftnref2"><span class="yiv2056681355"><span class="yiv2056681355"><span lang="ES">[2]</span></span></span></a></span></p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES">La organización de los procesos necesarios para la producción de esas condiciones de producción es una responsabilidad fundamental del Estado, y la forma en que cada Estado la ejerce expresa el carácter de sus relaciones con su propia sociedad. Así, por ejemplo, el Estado puede asumir el monopolio de todas las funciones relacionadas con la producción de esas condiciones y con el acceso a las mismas de otros productores – como ocurre en el caso de la provisión de los servicios ambientales que ofrece la Cuenca del Canal de <strong><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/panama/" target="_blank">Panamá</a></strong>. Pero también puede puede transferir por completo esas funciones a operadores privados,  reteniendo para sí algunas tareas de regulación y control, como ocurre en la gestión de esos servicios en el resto del país.</span></p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES">Entre ambos extremos, naturalmente, hay múltiples combinaciones posibles. Sin embargo, en todos los casos el Estado conserva una función de intermediación política entre todas las partes involucradas, la cual puede ir desde la gestión de conflictos por vía de la negociación, hasta la represión de expresiones de descontento asociadas a los mismos. Lo esencial, en todo caso, es que el éxito o el fracaso del Estado en el cumplimiento de esa función dependerá de la relación general de fuerzas – o debilidades – que se derive del grado de desarrollo cultural y organizativo de cada una de las partes, incluyendo por supuesto a las agencias gubernamentales directamente implicadas. Dado que todos estos elementos son el producto de complejos procesos de formación y transformación a lo largo del tiempo, su análisis en perspectiva histórica puede aportar valiosos elementos de juicio respecto a la viabilidad y la eficacia de las diversas opciones para la creación de mercados de servicios ambientales en nuestros países.</span></p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><b><span lang="ES">II</span></b></p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES">Aquí conviene una precisión. Mientras en el resto de Occidente las abreviaturas AC y DC sirven para ordenar el tiempo en un antes y un después del nacimiento de Cristo, entre nosotros sirven <i>además</i> para ordenar nuestra propia historia en sus dos momentos fundamentales: antes y después de la Conquista europea. Así, l</span>a extraordinaria complejidad ambiental, social y cultural de nuestra América tiene su origen en el siglo XVI, cuando la región se vio incorporada al proceso de formación del moderno sistema mundial como proveedora de alimentos y materias primas, y como espacio de reserva de recursos naturales. Esa modalidad de inserción definió a su vez una estructura de larga duración que opera con tiempos y modalidades distintas en cuatro sub regiones diferentes, y en todos los planos de la interacción entre los sistemas sociales y naturales presentes en cada una de ellas.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">Esas subregiones tomaron forma de acuerdo a la presencia de distintas modalidades básicas de organización de las interacciones entre los sistemas sociales y naturales en el espacio americano. Una se articuló a partir del trabajo esclavo, asociado sobre todo – pero no exclusivamente – a actividades de plantación; otra, a partir de distintas modalidades de trabajo servil, destinado sobre todo a la producción de alimentos y a la explotación minera, y otra más toma forma a partir de migraciones europeas a espacios con bajas densidades de población indígena, donde se desarrollan economías agroganaderas y tiene lugar un vasto proceso de mestizaje. A esas tres se agrega, por último, un conjunto de espacios que escapan a la articulación directa en el mercado mundial durante un período más o menos prolongado, y se convierten en zonas de refugio de poblaciones indígenas, afroamericanas y mestizas desplazadas por la Conquista, o que se resisten a ella.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">La primera de esas regiones tiene, así, un claro carácter afroamericano, asociado con frecuencia a una gran debilidad organizativa de los sectores más pobres; en la segunda, indoamericana, persisten a menudo importantes tradiciones de organización campesina y comunitaria, mientras la tercera suele ser identificada como una suerte de euroamérica mestiza. La cuarta, sin embargo, sin tradiciones relevantes de producción para un mercado que en el mejor de los casos sólo ha tenido una importancia complementaria en sus actividades productivas, pasó a constituirse en una frontera interior de recursos sometida a una constante presión por parte de las otras tres, con el objetivo de impedir su estructuración como zona de refugio, primero y – sobre todo de mediados del siglo XIX en adelante -, con el de ampliar las fronteras interiores de economías agroexportadoras, después.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">Esas regiones, ciertamente, constituyen una realidad en constante transformación. Así, el tránsito del siglo XIX al XX es testigo de la formación, mediante la Reforma Liberal, de mercados de trabajo y de tierra  mediante procesos masivos de expropiación de territorios sometidos a formas no capitalistas de producción, para  crear las premisas indispensables a la apertura de la región a la inversión directa extranjera y la creación de economías de enclave en el marco del Estado Liberal Oligárquico. Los ciclos posteriores – populista, desarrollista y neoliberal – marcarán el camino hacia el siglo XXI entre las décadas de 1930 y 1990.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">Hoy asistimos al proces de incorporación de las últimas fronteras de recursos a la economía global. Esto explica la creciente importancia que adquieren en nuestras sociedades los conflictos de origen ambiental, esto es, aquellos que surgen del interés de grupos sociales distintos en hacer usos excluyentes de los recursos de un mismo ecosistema.  Por lo mismo, esos conflictos no se reducen al enfrentamiento entre ricos y pobres, mestizos e indígenas, grupos rurales y urbanos, o capitalistas nacionales y extranjeros, sino que expresan todo eso y mucho más.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">La ampliación de las últimas fronteras de recursos de América Latina, asociada a la inversión masiva en megaproyectos de infraestructura tiene hoy características inéditas. Así, por ejemplo, a diferencia de lo ocurrido entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, en ella se combinan el interés de burguesías nacionales y sus Estados &#8211; que entonces estaban apenas empezando a formarse -, con el de empresas transnacionales de una complejidad sin precedentes.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">Ese proceso, además, opera en una circunstancia de crisis ambiental a escala planetaria, que demanda el fomento de procesos de producción de condiciones de producción de alcance global con apoyo técnico, financiero y político de instituciones financieras internacionales. En esa circunstancia, el proceso de transformación del patrimonio natural en capital natural aparece asociado a la formación de una fracción “verde” del capital transnacional y nacional, que opera en una relación de conflictividad creciente tanto con las fracciones extractiva, agraria e industrial tradicionales, como con los nuevos movimientos de resistencia social a la expropiación del patrimonio colectivo y el deterioro de las condiciones de vida de los habitantes de esas fronteras de recursos.</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">Todo esto plantea problemas de un tipo nuevo en la historia de nuestra región, que no pueden serencarados con la sola defensa de las relaciones no capitalistas de producción que ese desarrollo pone en crisis. Es necesario, en cambio, comprender esas transformaciones en su relación con el proceso infinitamente más amplio y complejo de la crisis del capitalismo a escala del planeta entero, del mismo modo que es indispensable entender esa crisis global desde nuestra circunstancia entera, sin oponer el mundo rural al urbano, sino y sobre todo entendiendo la relación entre ambos, y los modos en que cabe orientar la transformación por la que atraviesan, para ir guiándolos “en junto”</p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:30px;"><em>&#8220;para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.&#8221;</em><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=1tcsd1n94oj4m#_ftn3" rel="nofollow" name="_ftnref3"><span class="yiv2056681355"><span class="yiv2056681355">[3]</span></span></a></p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;">Ese “estado apetecible” será el producto de un desarrollo que será sostenible por lo humano que llegue a ser. Allí, las condiciones de producción que hoy produce el capital para sí mismo mediante prácticas que degradan a un tiempo a los trabajadores y al objeto de su trabajo, pasarán a ser producidas por todos, y para el bien de todos. De lo que se trata no es de defender un pasado cuyo tiempo de pasar ha llegado, sino de construir las bases de un futuro queya va siendo imprescindible si deseamos sobrevivir como la especie que somos.</p>
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2162" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2161">Vistas las cosas así, debería resultar evidente que no estamos ya ante desafíos meramente tecnológicos o económicos, sino esencialmente culturales, esto es, de cultura en ejercicio. Y puesto que estamos ante ese desafío, es bueno recordar que si bien el sentido común de la vieja cultura nos advertía que la política era el arte de lo posible, el buen sentido de la cultura que emerge de las luchas de nuestros pueblos nos advierte otra cosa. La política que demandan estos tiempos, en efecto, es el arte de crear las condiciones que hagan posible lo que ya es necesario: encarar los males de la falsa erudición con el conocimiento de la naturaleza de nuestro medio y de nuestra gente, para construir una civilización nueva, capaz de enfrentar y derrotar a la barbarie en que se desgrana el mundo que hemos conocido.</span></p>
<p class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;" align="right"><span lang="ES">Panamá, junio – julio 2015</span></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div id="yiv2056681355ftn1" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2177" class="yiv2056681355"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=1tcsd1n94oj4m#_ftnref1" rel="nofollow" name="_ftn1"><span class="yiv2056681355"><span lang="ES"><span class="yiv2056681355"><span lang="ES">[1]</span></span></span></span></a> <span lang="ES">“Nuestra América”. <i>El Partido Liberal</i>, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 17.</span></p>
</div>
<div id="yiv2056681355ftn2" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2173" class="yiv2056681355"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=1tcsd1n94oj4m#_ftnref2" rel="nofollow" name="_ftn2"><span class="yiv2056681355"><span lang="ES"><span class="yiv2056681355"><span lang="ES">[2]</span></span></span></span></a> <span lang="ES">Al respecto, O’Connor, James: </span><span lang="EN-US">“The conditions of production and the production of conditions”. <i>Natural Causes. Essays in ecological Marxism</i>. The Guilford Press, New York London, 1998. </span><span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2174" lang="ES">Traducción de Guillermo Castro H., Panamá, 2000. Existe una versión en español de Siglo XXI, México: <i>Causas Naturales. Ensayos de marxismo ecológico</i>.</span></p>
</div>
<div id="yiv2056681355ftn3">
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2172" class="yiv2056681355MsoNormal" style="text-align:justify;"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=1tcsd1n94oj4m#_ftnref3" rel="nofollow" name="_ftn3"><span class="yiv2056681355"><span class="yiv2056681355">[3]</span></span></a> <span id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2175">“Nuestra América”, 1891. <i>Obras Completas</i>. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 17.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1434105130510_2170" class="yiv2056681355" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD"> </span></p>
</div>
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		<title>Vernadsky y nosotros</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2015 18:21:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H.  “Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=49556">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-495570" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2015/05/vladimir.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23601" class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong>Guillermo Castro H. </strong></a></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23608" class="yiv9323444249" style="text-align:justify;padding-left:120px;"><em><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23607" lang="ES">“Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas, &#8211; y en la unidad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día.”</span></em></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23614" class="yiv9323444249" style="text-align:justify;padding-left:120px;"><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23613" lang="ES"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-marti/" target="_blank"><strong>José Martí</strong></a>: carta a María Mantilla, 1895.<span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249"><span lang="ES"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftn1" rel="nofollow" name="_ftnref1">[1]</a></span></span></span></span></h5>
<div id="attachment_49557" style="width: 198px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://wp.me/p10AwN-cTi"><img class="wp-image-49557 size-full" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2015/05/vladimir.jpg" alt="vladimir" width="188" height="268" /></a><p class="wp-caption-text">Vladimir Vernadsky</p></div>
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23616" class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23615"><strong>Vladimir Vernadsky</strong> nació en la Ucrania zarista en 1863, y murió en la <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/rusia/" target="_blank"><strong>Rusia</strong></a> soviética, en 1945. Su vida transcurrió en un periodo especialmente convulso de la historia contemporánea, que comprendió dos guerra mundiales y dos grandes procesos revolucionarios en su tierra natal: el de la revolución liberal democrática de 1905 – 1907, y el de la revolución bolchevique de 1918 – 1924, que condujo a la creación de la <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/union-soviética/" target="_blank"><strong>Unión Soviética</strong></a>. Esa vida, al propio tiempo, transcurrió también en lo que fue de la publicación de <i>El Origen de las Especies</i>, de Charles Darwin, en 1859, y la del primer tomo de <i>El Capital</i>, de Carlos Marx, en 1867, a la de la <i>Teoría General de la Relatividad</i>, de Albert Einstein, en 1915, por sólo mencionar algunos de los logros más relevantes que abrieron<span id="more-49556"></span> paso al desarrollo de la moderna producción científica.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23618" class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23617">De esa época, también, datan algunos aporte que confirma aquel <i>veritas filia temporis</i> – la verdad es hija del tiempo (que la confirma o la niega en la práctica, agregaríamos), tan característico del quehacer científico. Eduard Suess y Alfred Wegener, por ejemplo, propusieron en 1885 y 1915, respectivamente, que la forma y distribución de las grandes masas terrestres en la superficie del planeta Tierra podía ser explicada a través del desplazamiento continental, una propuesta rechazada por la mayor parte de la comunidad científica, que solo vino a quedar demostrada en la década de 1960. El propio Suess adelantó en 1875 la primera aproximación al concepto de biosfera –en su sentido más sencillo de ámbito del planeta en que es posible la existencia de la vida -, que Vernadsky elaboraría en la década de 1920 hasta llevarlo a definir el lugar que ocupaba la materia viviente en la producción de las condiciones que hacen posible la vida en la Tierra, y el papel de la materia así evolucionada en la formación y las transformaciones de la propia corteza terrestre.<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftn2" rel="nofollow" name="_ftnref2"><span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249">[2]</span></span></a>    </span></p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;">Vernadsky, geoquímico de formación convertido en biogeoquímico por su labor científica, desarrolló el concepto de biosfera, complementado en la década de 1930 por el de <i>noosfera</i> &#8211; que designa el proceso de transformación de la biosfera por la actividad productiva de los humanos, en particular a partir del dominio del fuego por éstos en aquella primera instancia en la que un organismo viviente se apropia de una de las fuerzas de la naturaleza, y la domina”- cuando aún se carecía de datos precisos sobre la antigüedad de la Tierra.<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftn3" rel="nofollow" name="_ftnref3"><span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249">[3]</span></span></a> Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, en efecto, las estimaciones sobre el origen y desarrollo de nuestro planeta no excedían los 800 millones de años, mientras los datos disponibles hoy nos remiten a unos 4500 millones de años. Tampoco se contaba entonces con una estimación bien fundamentada de la antigüedad de la vida – calculada hoy en unos 3500 millones de años -, y persistían las dudas y debates en torno a su origen y los mecanismos de su evolución.</p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;">Aún transcurriría más de medio siglo tras la muerte de Vernadsky para despejar lo esencial de esos debates. Eso ocurrió a lo largo del camino que fue de la llamada síntesis darwiniana &#8211; elaborada en lo fundamental por los zoólogos Julian Huxley y Ernst Mayr; el genetista  Theodosius Dobzhansky; el paleontólogo George Simpson y el botanico George Stebbins, a fines de la década de 1940 -; el anuncio del descubrimiento de la estructura del ADN por James Watson y Francis Crick en 1953, y el desarrollo del concepto de simbiogénesis por biólogos como Lynn Margulis en las últimas décadas del siglo XX.</p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;">Esos logros científicos, aunados a la creciente preocupación por los problemas generados por la crisis ambiental global, crearon una circunstancia en la que los temores por el futuro de la especie humana renovaron el interés por la obra de pioneros en el tratamiento de las relaciones entre nuestra especie y su entorno natural. De entre ellos, Vladimir Vernadsky destaca de manera creciente. Su manera de definir a la biosfera y abordar su formación y sus transformaciones hace de ésta, como lo dijera él mismo, el equivalente “a la “naturaleza” en el sentido común del término”, al tiempo que amplía significativamente su alcance. La noosfera, por su parte, se presenta de igual manera en relación a lo que usualmente llamamos el “ambiente”.</p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;">Se ha insistido mucho en la necesidad de un diálogo entre las ciencias naturales, las ciencias sociales y las Humanidades que permita sustentar el desarrollo de un nuevo pensamiento ambiental que trascienda las definiciones por exclusión propias del viejo pensamiento positivista. Ese pensamiento ambiental, por su parte, será nuevo en la medida en que lo sea su capacidad para hacer suya interdependencia universal de los fenómenos a que se refería Engels en su borrador de 1876, al recordarnos que</p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:30px;"><em>&#8220;En la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por éste; y es generalmente el olvido de este movimiento y de ésta interacción universal lo que impide a nuestros naturalistas percibir con claridad las cosas más simples.&#8221;<span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftn4" rel="nofollow" name="_ftnref4">[4]</a></span></span></em></p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;">Dentro del nuevo pensamiento ambiental ocupa un lugar de creciente importancia el estudio de las interacciones entre los sistemas naturales y los sistemas sociales a lo largo del tiempo, y de las consecuencias de esas interacciones para ambos. A ese campo del saber se le llama historia ambiental. Al proponernos los conceptos de biosfera y noosfera, en sí mismos y en su fecunda vinculación, Vernadsky nos ofrece nuevas posibilidades para comprender de manera más integral la historia ambiental como historia general (natural y social) de la especie humana. O, si se quiere, de comprender a la historia ambiental como historia de la noosfera, y a ésta como fase superior y más compleja del desarrollo de la bisofera.</p>
<p class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;">El lector bien informado encontrará, sin duda, afirmaciones de Vernadsky con las que no es posible estar de acuerdo hoy, sea porque el progreso de la ciencia ha venido acotando y negando algunas de sus ideas, sea porque el desarrollo de la sociedad en que vivimos ha venido a desembocar en una situación que bloquea el potencial que él veía en la ciencia para mejorar por sí misma la vida de nuestra especie y contribuir al desarrollo de nuestras mejores cualidades. Lo fundamental, sin embargo, es que los conceptos de biosfera y noosfera desbordan las limitaciones que los azares de su tiempo le hubieran podido imponer a Vernadsky, y comprueban hoy mejor que nunca que una verdad, una vez puesta en movimiento, sigue avanzando hasta que deja de serlo.</p>
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23620" class="yiv9323444249MsoNormal" style="text-align:justify;" align="right">Ciudad del Saber, Panamá, mayo de 2015.</p>
<div id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23619">
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div id="yiv9323444249ftn1" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23623" class="yiv9323444249"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftnref1" rel="nofollow" name="_ftn1"><span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249">[1]</span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23622"> <i>Obras Completas</i>. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. XX, 218 – 219</span></p>
</div>
<div id="yiv9323444249ftn2" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_23621" class="yiv9323444249MsoNormal"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftnref2" rel="nofollow" name="_ftn2"><span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249">[2]</span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24268"> “Vernadsky”, nos dicen Lynn Margulis y Dorion Sagan, “presentó a la materia viviente como una fuerza geológica – de hecho, como la mayor de las fuerzas geológicas. La vida mueve y transforma la materia a través de los continentes y los océanos.[…] Al percibir la vida no como tal, sino como “materia viviente”, estaba en libertad de ampliar el estudio de la vida más allá de la biología o cualquier otra disciplina tradicional.” De este modo, “contrastó a la gravedad, que empuja verticalmente a la materia hacia el centro de la Tierra, con la vida que crece, corre, nada y vuela. La vida, desafiando a la gravedad, mueve horizontalmente a la materia a lo largo y ancho de la superficie.” Así, dicen, “Vernadsky hizo por el espacio lo que Darwin había hecho por el tiempo: tal como Darwin mostró al conjunto de la vida como descendiente de un ancestro remotro, Vernadsky mostró que toda la vida habitaba un lugar materialmente unificado, la biosfera. La vida era una misma entidad, que transformaba en materia terrestre las energía cósmicas del sol. Vernadsky presentó a la vida como un fenómeno global en el que la energía del sol era transformada.” Margulis, Lynn y Sagan, Dorion (1995): <i>What is Life?</i> University of California Press, 2000, pp. 48 – 52. Traducción de Guillermo Castro H.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24282" class="yiv9323444249MsoNormal"><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24283">Al respecto, por ejemplo: Vernadsky, V.I. (1998)(1926): <i>The Biosphere. Complete annotated edition</i>. Copernicus, New York; (1997) (1938): <i id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24284">Scientific Thought as a Planetary Phenomenon</i>. Nongovernmental Ecological V.I.. Vernadsky Foundation. Moscow. De allí fue tomado y traducido el fragmento “La transición de la Biosfera a la Noosfera”, publicado por 21st Century Science &amp; Technology. Special Anthology. 150 Years of Vernadsky: The Noösphere (Volume 2). 2014. </span><a href="http://www.21stcenturysciencetech.com/" target="_blank" rel="nofollow">www.21stcenturysciencetech.com</a><span class="yiv9323444249"> . </span><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24281">Traducción: gch</span></p>
</div>
<div id="yiv9323444249ftn3" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24274" class="yiv9323444249MsoNormal"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftnref3" rel="nofollow" name="_ftn3"><span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249">[3]</span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24275"> Para Vernadsky, dicen Lynn Margulis y Dorion Sagan, “una capa especial de materia organizada pensante, asociada a los humanos y a la tecnología, crece y cambia la superficie terrestre. Para describirla, adoptó el término <i>noosfera</i>, del griego <i>noos</i>, mente.” Con ello, añaden, “la noosfera se refería a la Humanidad y la tecnología como partes integrantes de la biosfera planetaria.”</span></p>
</div>
<div id="yiv9323444249ftn4">
<p id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24277" class="yiv9323444249" style="text-align:justify;"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=885rofhbm3c4j#_ftnref4" rel="nofollow" name="_ftn4"><span class="yiv9323444249"><span class="yiv9323444249">[4]</span></span></a> “<span id="yui_3_16_0_1_1432380768873_24278" lang="ES-TRAD">El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. C. Marx y F. Engels: <i>Obras Escogidas</i> (1 tomo). Editorial Progreso, Moscú, 1964, p. p. 385.</span></p>
</div>
</div>
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		<title>Natura desde Marx</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2015 09:36:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H.  “El objeto a considerar es en primer término la producción material. Individuos que producen en sociedad, o sea la producción de los individuos socialmente determinada: este es naturalmente el punto de partida.” Carlos Marx, Grundrisse[1] El tratamiento &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=49438">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-494390" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/05/marx.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4506" class="yiv1895579723MsoNormal"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong>Guillermo Castro H.</strong></a></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4513" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:210px;"><em><span lang="ES-TRAD"> </span>“El objeto a considerar es en primer término la producción material.</em></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4563" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:210px;"><em><span lang="ES-TRAD">Individuos que producen en sociedad,</span></em></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4564" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:210px;"><em><span lang="ES-TRAD">o sea la producción de los individuos socialmente determinada:</span></em></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4565" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:210px;"><em><span lang="ES-TRAD">este es naturalmente el punto de partida.”</span></em></h5>
<h5 id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4566" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:210px;"><span lang="ES-TRAD"><strong>Carlos Marx</strong>, <i>Grundrisse</i><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn1" rel="nofollow" name="_ftnref1"><span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[1]</span></span></span></a></span></h5>
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4567" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/p10AwN-cRo"><img class="alignleft wp-image-49439 size-full" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/05/marx.jpg" alt="marx" width="182" height="240" /></a>El tratamiento usual de los problemas relacionados con el lugar y la función de la naturaleza en la obra de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/carlos-marx/" target="_blank"><strong>Marx</strong></a> por parte del marxismo canónico – <strong>Hobsbawm</strong> dixit &#8211; ha estado asociado a problemas como los del dominio de la naturaleza por el hombre, y a la búsqueda de ideas que hoy podamos considerar ecológicas en el marxismo clásico, vinculadas al debate en torno a las relaciones entre nuestra especie y su entorno natural. Eso ha venido cambiando, sin embargo, a partir de una lectura nueva de textos del propio Marx – como los <i>Grundrisse</i> -, o de la labor de marxistas como<span id="more-49438"></span> John Bellamy Foster, autor de <i>La Ecología de Marx</i>, y Alfred Schmidt, cuyo libro <i id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4570">El Concepto de Naturaleza en Marx </i>merecería ser más y mejor conocido entre los ambientalistas latinoamericanos.<span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn2" rel="nofollow" name="_ftnref2">[2]</a></span></span></span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4571" lang="ES-TRAD"><strong>Federico Engels</strong>, por su parte, captó el problema en sus términos de época, complementando la discusión del dominio del entorno natural con la de las contradicciones del desarrollo social en el tránsito de la prehistoria a la historia de la Humanidad, en particular en su texto inconcluso de 1876 sobre el papel del trabajo en el desarrollo de la especie humana. En Engels, como en Marx, el factor fundamental –de una sorprendente contemporaneidad – es precisamente el del papel del trabajo socialmente organizado en ese proceso de desarrollo de los humanos.<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn3" rel="nofollow" name="_ftnref3"><span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[3]</span></span></span></a></span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Ese papel del trabajo en el proceso de desarrollo de las características que nos distinguen como especie es, justamente, la clave que permite plantear el paso de la búsqueda del dominio de la naturaleza mediante el fomento incesante de las fuerzas productivas para trabajar contra ella, a la búsqueda de sostenibilidad en el desarrollo humano trabajando con ella mediante la transformación de las relaciones de producción. El resultado es, justamente, la naturalización de la historia humana y, con ello, la humanización de la historia natural.</span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Hoy, también, cabe coincidir con Bellamy Foster en cuanto a que no hay en Marx “ideas ecológicas” importadas de uno u otro sistema filosófico, sino una ecología correspondiente a su visión de la historia como expresión de la práctica social. Esa ecología, naturalmente, puede y debe ser desarrollada mucho más allá de donde la dejó la obra viva de Marx, particularmente en lo que hace a la capacidad de los humanos para crear y modificar constantemente un ambiente propio dentro de la naturaleza mediante la acción racional con arreglo a fines, que incluso sugiere que nuestra especie es la única capaz de crear su propio nicho ecológico en los más diversos ecosistemas terrestres.<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn4" rel="nofollow" name="_ftnref4"><span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[4]</span></span></span></a></span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Ese desarrollo, por otra parte, puede y debe desplegarse en dos direcciones principales. Por un lado, la correspondiente a la capacidad de la ecología de Marx para contribuir al abordaje de los problemas ambientales de nuestro tiempo. Por el otro, aquella que corresponde al debate entre la ecología de Marx y otras – como las del anarquismo y el neoliberalismo, por ejemplo -, en cuanto a la capacidad de éstas para participar de manera productiva en el debate de esos problemas.</span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">En la obra de Marx, el nexo de los humanos con su entorno natural emerge con gran fuerza en sus textos de mayor densidad reflexiva, desde los <i>Manuscritos Económico Filosóficos de 1844</i> hasta los <i>Grundrisse</i> de 1856 – 1857 y, por supuesto, <i>El Capital</i>.  Allí, la importancia concedida a la interacción entre los sistemas naturales y los sistemas sociales mediante el trabajo socialmente organizado hace evidente la posibilidad de que el desarrollo de la ecología de Marx se despliegue en otros campos, como los de la historia ambiental, la ecología política y la economía ambiental.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4574" class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4573" lang="ES-TRAD">En ese despliegue emerge con singular claridad el problema de la <i>producción</i> de una relación de unidad entre la Humanidad y la naturaleza, a través de la creación de las condiciones que garanticen la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie en una relación de interdependencia con la vida en todas sus manifestaciones, y la construcción de una noosfera desde la biosfera en que han transcurrido – y habrán de transcurrir, en lo que reste de nuestra historia natural &#8211; la existencia y la evolución de la especie que somos.</span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Al respecto, por ejemplo, tiene el mayor interés la observación que hace Marx respecto al hecho de que </span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:30px;"><em><span lang="ES-TRAD">El simple material natural, por cuanto no hay en él ningún trabajo humano objetivado, por cuanto es por ende mera materia y existe independientemente del trabajo humano, no tiene valor alguno, ya que el valor es únicamente trabajo objetivado; tan poco valor como los elementos universales en general.</span></em><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn5" rel="nofollow" name="_ftnref5"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[5]</span></span></span></span></a><span lang="ES-TRAD">   </span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Así planteadas las cosas, cabe preguntarse si los recursos naturales tales, o deben ser producidos mediante la aplicación del trabajo humano, que de ese modo los vincula como materia prima a otros procesos de trabajo. El agua del Chagres – el río cuya cuenca provee desde 1914 el agua necesaria para el funcionamiento del Canal de Panamá -, sería en este sentido &#8220;simple material natural”, pero el agua de los lagos artificiales de Gatún y Alajuela constituye un recurso con valor de uso &#8211; y con un valor de cambio que podría ser calculado &#8211; en cuanto se trata de agua acumulada y puesta a disposición de otros procesos productivos en reservorios creados y mantenidos mediante la aplicación de trabajo a la materia natural.</span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Esto, a su vez, tiene implicaciones de otro orden. Cada sociedad organiza sus procesos de trabajo a partir de fines colectivos que le son característicos, y esa organización determina a su vez las modalidades de desarrollo de la fuerzas productivas en esa sociedad. El uso del agua para el regadío en las culturas prehispánicas y en las plantaciones bananeras, en este sentido, no sólo presenta diferencias de monto y tecnología, sino y sobre todo de propósito, y de organización social del trabajo para el logro de ese propósito.</span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Comprender esta diferencia, proyectarla hacia el pasado y hacia sus posibilidades de futuro, permite empezar a comprender la especificidad de la especie humana en su relación con el entorno natural. A diferencia de los demás animales, que se limitan a “utilizar</span><span lang="ES-TRAD"> <i>utilizar</i> la naturaleza exterior y modificarla por el mero hecho de su presencia en ella”, los seres humanos la modifican mediante el trabajo socialmente organizado, para ponerla al servicio de los fines que animan esa organización social. Y añadía:</span></p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;"><span lang="ES-TRAD"><em>Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. […] Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente.</em><span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn6" rel="nofollow" name="_ftnref6">[6]</a></span></span></span></span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">“Adecuadamente” es aquí la palabra clave. En nuestro tiempo haría alusión a la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie, en una época en que la venganza de la naturaleza a que se refería Engels se expresa ya en una crisis ambiental global. En efecto, decía Engels, </span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:30px;"><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4576" lang="ES-TRAD"><em>si han sido precisos miles de años para que el hombre aprendiera en cierto grado a prever las remotas consecuencias naturales de sus actos dirigidos a la producción, mucho más le costó aprender a calcular las remotas consecuencias sociales de esos mismos actos. […] Pero también aquí, aprovechando una experiencia larga, y a veces cruel, confrontando y analizando los materiales proporcionados por la historia, vamos aprendiendo poco a poco a conocer las consecuencias sociales indirectas y más remotas de nuestros actos en la producción, lo que nos permite extender también a estas consecuencias nuestro dominio y nuestro control.</em><span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn7" rel="nofollow" name="_ftnref7">[7]</a></span></span></span></span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">La sociedad que pueda hacerse cargo de esa labor de previsión y control, sin embargo, no existe aún. La que existe, como las que la precedieron, sólo busca “el efecto útil del trabajo en su forma más directa e inmediata”, sin hacer verdadero caso “de las consecuencias remotas, que sólo aparecen más tarde y cuyo efecto se manifiesta únicamente gracias a un proceso de repetición y acumulación gradual.”<a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftn8" rel="nofollow" name="_ftnref8"><span class="yiv1895579723"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[8]</span></span></span></a></span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;"><span lang="ES-TRAD">Ese proceso de acumulación es el que se expresa hoy, 139 años después de aquellas reflexiones. Y la lección mayor que se desprende del mismo no puede ser más sencilla, ni más compleja a la vez: si deseamos un ambiente distinto, tendremos que crear una sociedad diferente, cuyo desarrollo sea sostenible por lo humano que llegue a ser. Allí radica el verdadero desafío <i>político</i> que nos plantea la crisis ambiental, en torno al cual se habrá de definir la posibilidad de que nuestra especie sobreviva al peligro de degradación y extinción que hoy nos amenaza.</span></p>
<p class="yiv1895579723MsoNormal" style="text-align:justify;" align="right"><span lang="ES-TRAD">Panamá, mayo de 2015.</span></p>
<div id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4582">
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div id="yiv1895579723ftn1" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4604" class="yiv1895579723"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref1" rel="nofollow" name="_ftn1"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[1]</span></span></span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4603" lang="ES-TRAD"> Marx, Carlos: <i id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4602">Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1856 – 1857</i>. Siglo XXI Editores, 2007. Tomo I, p. 3.</span></p>
</div>
<div id="yiv1895579723ftn2" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4601" class="yiv1895579723"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref2" rel="nofollow" name="_ftn2"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[2]</span></span></span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4600" lang="ES-TRAD"> Esa lectura nueva, por otra parte, se vería enriquecida además por la de otros autores no marxistas, como el geógrafo Carl Sauer y el historiador de la cultura de la naturaleza Clarence Glacken. De este modo, por ejemplo, en lo que se refiere al dominio del hombre sobre la naturaleza hoy cabe coincidir con Glacken en que esa expresión designa un lugar privilegiado &#8211; y ya anticuado en 1964 -, del imaginario liberal – positivista, estrechamente asociado a la noción decimonónica de progreso.</span></p>
</div>
<div id="yiv1895579723ftn3" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4598" class="yiv1895579723"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref3" rel="nofollow" name="_ftn3"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[3]</span></span></span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4599" lang="ES-TRAD"> Al respecto, tienen el mayor interés las referencias del paleontólogo norteamericano Stephen Jay Gould al razonar de Federico Engels y de Carlos Marx en el campo de la historia natural y de los debates en torno a la evolución en el último cuarto del siglo XIX, donde resalta la deuda del primero con el naturalista alemán Ernst Haeckel, darwinista convencido y padre del moderno concepto de ecología. Al respecto, por ejemplo, el artículo “La postura hace al hombre”, en <i>Desde Darwin</i>, Editorial Crítica, Barcelona, pp. 229-235.</span></p>
</div>
<div id="yiv1895579723ftn4" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4595" class="yiv1895579723MsoNormal"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref4" rel="nofollow" name="_ftn4"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[4]</span></span></span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4596" lang="ES-TRAD"> Esta capacidad fue abordada con especial detalle por el biogeoquímico ruso Vladimir Vernadsky en su elaboración de los conceptos de <i>biosfera</i> – como el segmento de la corteza terrestre donde la vida crea las condiciones para la vida, y actúa como una fuera gelológica que modifica la faz de la Tierra – y de <i>noosfera</i>, entendida como el producto de la intervención de la especie humana en la biosfera a partir de la conquista del fuego, que abre paso a lo que algunos han llamado el periodo Antropoceno. Al respecto, por ejemplo, “La transición de la Biosfera a la Noosfera”, en <i id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4616">El Pensamiento Científico como un Fenómeno Planetario</i> (1938), 21st Century Science &amp; Technology. Special Anthology. 150 Years of Vernadsky: The Noösphere (Volume 2). 2014. </span><span lang="ES-TRAD"><a href="http://www.21stcenturysciencetech.com/" target="_blank" rel="nofollow">www.21stcenturysciencetech.com</a></span><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">. Traducción: gch.</span></span></p>
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<div id="yiv1895579723ftn5" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4593" class="yiv1895579723MsoNormal"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref5" rel="nofollow" name="_ftn5"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[5]</span></span></span></span></a> <span lang="ES-TRAD">Marx,</span> <span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4592" lang="ES-TRAD">Carlos. <i>Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1856 &#8211; 1857</i>. Siglo XXI Editores, </span><span lang="ES-TRAD">2007. I, 312.</span></p>
</div>
<div id="yiv1895579723ftn6" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4583" class="yiv1895579723"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref6" rel="nofollow" name="_ftn6"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[6]</span></span></span></span></a><span id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4585" lang="ES-TRAD"> Engels, Federico: “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876). En C. Marx, F. Engels: <i>Obras Escogidas</i>. Editorial Progreso. Moscú, 1969, p. 387.</span></p>
</div>
<div id="yiv1895579723ftn7" style="text-align:justify;">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4591" class="yiv1895579723"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref7" rel="nofollow" name="_ftn7"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[7]</span></span></span></span></a><span lang="ES-TRAD"> Ibid., 388.</span></p>
</div>
<div id="yiv1895579723ftn8">
<p id="yui_3_16_0_1_1431651532752_4581" class="yiv1895579723" style="text-align:justify;"><a title="" href="https://e1-mg6.mail.yahoo.com/neo/launch?.rand=01i58m9b03bkj#_ftnref8" rel="nofollow" name="_ftn8"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD"><span class="yiv1895579723"><span lang="ES-TRAD">[8]</span></span></span></span></a><span lang="ES-TRAD"> Ibid., 389.</span></p>
</div>
</div>
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		<title>Escogiendo entre inconvenientes.  Naturaleza, mercado y servicios ambientales.</title>
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		<pubDate>Sat, 09 May 2015 14:14:19 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H. I La naturaleza no es en sí misma capital natural. Su aprovechamiento por parte de los humanos sólo ha estado dedicado a la producción de ganancias y la acumulación de capital en un sistema histórico específico: aquel &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=49353">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-493540" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/05/ciudad-de-panamc3a1.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guiillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong>Guillermo Castro H.</strong></a></h5>
<div id="attachment_49354" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://wp.me/p10AwN-cQ1"><img class="wp-image-49354 size-medium" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2015/05/ciudad-de-panamc3a1.jpg?w=300" alt="(((ACOMPAÑA CRÓNICA : PANAMA - DESARROLLO))) PAN02. CIUDAD DE PANAMA (PANAMA), 13/06/08.- Un gallo camina por la playa del barrio de &quot;Boca La Caja&quot; hoy, 13 de junio de 2008, en Ciudad de Panamá. El boom económico que experimenta Panamá ha convertido su capital en &quot;un caos urbano&quot; cuya promoción es &quot;una estafa&quot; y un &quot;atentado contra el medioambiente&quot;, según denunciaron a Efe profesionales de la construcción y representantes políticos y de organizaciones ciudadanas. EFE/Alejandro Bolívar" width="300" height="199" /></a><p class="wp-caption-text">CIUDAD DE PANAMA (PANAMA), 13/06/08.- Un gallo camina por la playa del barrio de &#8220;Boca La Caja&#8221; en Ciudad de Panamá. El boom económico que experimenta Panamá ha convertido su capital en &#8220;un caos urbano&#8221; cuya promoción es &#8220;una estafa&#8221; y un &#8220;atentado contra el medioambiente&#8221;, según denunciaron a Efe profesionales de la construcción y representantes políticos y de organizaciones ciudadanas. EFE/Alejandro Bolívar</p></div>
<p style="text-align:justify;"><strong>I</strong></p>
<p style="text-align:justify;">La naturaleza no es en sí misma capital natural. Su aprovechamiento por parte de los humanos sólo ha estado dedicado a la producción de ganancias y la acumulación de capital en un sistema histórico específico: aquel creado a lo largo de los últimos cinco siglos, a partir del desarrollo del capitalismo como sistema de escala planetaria, mediante la formación y las transformaciones del primer y único mercado mundial que ha conocido la Humanidad. En esta perspectiva, iniciativas como el Pago por Servicios Ambientales, por ejemplo, constituyen herramientas que la sociedad capitalista<span id="more-49353"></span> contemporánea – esto es, aquella que enfrenta hoy en la crisis ambiental las consecuencias de sus intervenciones en los ecosistemas de ayer &#8211; utiliza para la transformación de la naturaleza en capital natural mediante la organización de mercados de bienes y servicios naturales, que pasan a constituirse a su vez en un subsistema del mercado mundial.</p>
<p style="text-align:justify;">El subsistema ambiental del mercado mundial, sin embargo, se distingue de todos los demás – extractivo, agrícola, industrial, comercial y financiero &#8211; en tanto que su función fundamental consiste en poner a la disposición de aquellos otros condiciones que son imprescindibles para su funcionamiento. Esas <em>condiciones de producción</em> – para designarlas como lo hiciera el antropólogo Karl Polanyi en su obra clásica <em>La Gran Transformación</em> – incluyen, además del acceso a los elementos naturales imprescindibles para cualquier actividad productiva – agua, aire, tierra y energía -, la producción de la fuerza de trabajo capaz de transformar esos elementos en recursos para otras actividades productivas, y la organización del espacio en que esas actividades tienen lugar – esto es, la gestión integrada del ambiente y el territorio.</p>
<p style="text-align:justify;">La organización de los procesos necesarios para la producción de esas condiciones de producción es una responsabilidad fundamental del Estado, y la forma en que cada Estado la ejerce expresa con especial claridad el carácter de sus relaciones con su propia sociedad. En cada sociedad, la organización de tales procesos abre todo un abanico de opciones. En un extremo de ese abanico, el Estado puede asumir el monopolio de todas las funciones relacionadas con la producción de esas condiciones y con el acceso a las mismas de otros productores. Tal fue, y es, el caso de la provisión de los servicios ambientales que ofrece la <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/panama/" target="_blank"><strong>Cuenca del Canal de Panamá</strong></a>. En el otro extremo, el Estado puede transferir por completo esas funciones a operadores privados,  reteniendo para sí algunas tareas de regulación y control del cumplimiento de las mismas. Tal ha sido, hasta ahora, el caso de la gestión de esos servicios en el resto del territorio de Panamá.</p>
<p style="text-align:justify;">Entre ambos extremos, naturalmente, hay múltiples combinaciones intermedias. Sin embargo, en todos los casos el Estado conserva una función de intermediación política entre todas las partes involucradas, la cual puede ir desde la gestión de conflictos por vía de la negociación, hasta la represión de expresiones de descontento asociadas a tales conflictos. Lo esencial, en todo caso, es que el éxito o el fracaso del Estado en el cumplimiento de esa función dependerá de la relación general de fuerzas – o debilidades – que se derive del grado de desarrollo cultural y organizativo de todas las partes involucradas, incluyendo por supuesto a las agencias gubernamentales directamente implicadas. Dado que todos estos elementos son el producto de complejos procesos de formación y transformación a lo largo del tiempo, su análisis en perspectiva histórica puede aportar valiosos elementos de juicio respecto a la viabilidad y la eficacia de las diversas opciones para la creación de mercados de bienes y servicios ambientales en nuestros países.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>II</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Aquí conviene empezar con una precisión. Mientras en el resto de Occidente las abreviaturas AC y DC sirven para ordenar el tiempo en un antes y un después del nacimiento de Cristo, entre nosotros sirven <em>además</em> para ordenar nuestra propia historia en sus dos momentos fundamentales: antes y después de la Conquista europea. Así, la extraordinaria complejidad ecosistémica, social y cultural de América Latina tiene su origen en el período 1500 – 1550, cuando la región se vio incorporada al proceso de formación del moderno sistema mundial como proveedora de alimentos y materias primas y como espacio de reserva de recursos. Esa modalidad de inserción definió, a su vez, una estructura de larga duración que opera con tiempos y modalidades distintas en tres sub regiones diferentes – que a menudo se sobreimponen a las estructuras político – administrativas de los Estados de la región &#8211; , y en todos los planos de la interacción entre los sistemas sociales y naturales presentes en cada una de ellas.</p>
<p style="text-align:justify;">Las subregiones a que hacemos referencia se despliegan entre los siglos XVI y XIX, de acuerdo a la forma fundamental de organización de las interacciones entre los sistemas sociales y naturales en el espacio americano. Una se articula a partir del trabajo esclavo, asociado sobre todo – pero no exclusivamente – a actividades de plantación. Otra se constituye a partir de distintas modalidades de trabajo servil – desde la encomienda al peonaje -, destinado sobre todo a la producción de alimentos y a la explotación minera. Y otra más toma forma a partir de  una amplia modalidad de actividades de subsistencia en las áreas de la región que escapan a la articulación directa en el mercado mundial durante un período más o menos prolongado. La primera de esas regiones tiene, así, un claro carácter afroamericano, asociado con frecuencia a una gran debilidad organizativa de los sectores más pobres. La segunda tiene un carácter indoamericano, en el que persisten a menudo importantes tradiciones de organización campesina y comunitaria. La última, de carácter indígena y mestizo, sin tradiciones relevantes de producción para un mercado que en el mejor de los casos sólo ha tenido una importancia complementaria, nunca central, en sus actividades económicas y sociales, pasó a constituirse así en una frontera interior de recursos sometida a una constante presión por parte de las otras dos.</p>
<p style="text-align:justify;">Esas regiones, ciertamente, constituyen una realidad en constante transformación. Así, el tránsito del siglo XIX al XX es testigo de la formación de mercados de trabajo y de tierra constituidos mediante procesos masivos de expropiación de territorios sometidos a formas no capitalistas de producción, para  crear las premisas indispensables a la apertura de la región a la inversión directa extranjera y la creación de economías de enclave en el marco del llamado Estado Liberal Oligárquico. Los ciclos posteriores – populista, desarrollista y neoliberal – marcarán el camino hacia el siglo XXI entre las décadas de 1930 y 1990.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy, asistimos a lo que bien podría ser la incorporación de las últimas fronteras de recursos a la economía global. Esto explica la creciente importancia que adquieren en nuestras sociedades los conflictos de origen ambiental – esto es, aquellos que surgen del interés de grupos sociales distintos en hacer usos excluyentes de los ecosistemas que comparten –.  Y esto hace necesario, también, entender que esos conflictos no se reducen al enfrentamiento entre ricos y pobres, mestizos e indígenas, grupos rurales y urbanos, o capitalistas nacionales y extranjeros, sino que expresan todo eso y mucho más. La ampliación de las últimas fronteras de recursos de América Latina, asociada a menudo a la inversión masiva en megaproyectos de infraestructura, no es tanto el resultado del desarrollo interno de nuestras propias sociedades sino, y sobre todo, del fomento de procesos de producción de condiciones de producción de alcance global con apoyo técnico, financiero y político de instituciones financieras internacionales. Dicho proceso – que incluye la formación de una fracción “verde” del capital transnacional y nacional – opera a menudo en contradicción, y a veces en conflicto, con las fracciones extractiva, agraria, industrial y financiera, más tradicionales en nuestros países.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>III</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El panorama descrito se expresa con especial claridad en el caso de Panamá. Aquí, a lo largo de diez mil años, la gestión del ambiente y el territorio ha concedido una importancia de primer orden al tránsito interoceánico como elemento articulador de la actividad humana en el Istmo. Así, en el momento de la Conquista europea el territorio panameño estaba organizado en cacicazgos en constante confrontación entre sí por el control de fajas paralelas de orientación Sur – Norte. Esas fajas de territorio discurrían a lo largo de grandes cuencas – como las de los ríos Santa María, Coclé, Bayano y el sistema Chucunaque – Tuira &#8211; que facilitaban en su parte alta el tránsito interoceánico, y ofrecían tanto el acceso tanto a una multiplicidad de ecosistemas y recursos &#8211; desde los manglares de las zonas de grandes mareas del Pacífico, hasta el bosque tropical húmedo y los yacimientos de oro aluvial del Atlántico -, como a rutas de intercambio comercial entre los mundos chibcha y maya, por las que circulaba una abundante riqueza.</p>
<p style="text-align:justify;">Tras la Conquista, en cambio, fue establecido un eje central de organización orientado en dirección Este – Oeste, a partir de una faja ganadera y agrícola extendida a lo largo de las sabanas antrópicas ya existentes entre Chepo y Natá, con prolongaciones posteriores en dirección a la Península de Azuero y a Centroamérica, a lo largo de la región Sur del país. Al propio tiempo, el establecimiento del monopolio del tránsito por el valle del Chagres llevó a la clausura de las demás rutas anteriormente en uso, y a la creación de una extensa frontera interior que segregó la mayor parte del litoral Atlántico y del Darién del territorio considerado “útil” en el nuevo ordenamiento así creado. Esa utilidad, por otra parte, era percibida a partir de una nueva cultura de la naturaleza, que privilegiaba la sabana ganadera por sobre el manglar y el bosque húmedo, promovía la explotación extensiva de un número mucho más reducido de recursos específicos por sobre el manejo de ecosistemas complejos, y valoraba esos recursos por su demanda en la zona de tránsito y en el mercado exterior.</p>
<p style="text-align:justify;">El principal centro de población pasó a estar ubicado en la zona articulada por la ciudad de Panamá, conectada al Este y el Oeste con su nuevo hinterland. La población indígena que sobrevivió a la Conquista o que migró al Istmo después fue desplazada a tierras marginales, o contenida más allá de la frontera interior, y la fuerza de trabajo fundamental pasó a estar constituida por esclavos africanos, primero, y por sus descendientes y la población mestiza del siglo XVIII en adelante. De este modo, el contraste contemporáneo entre los paisajes sociales y naturales del corredor interoceánico y los del interior del país no se debe a que haya en el Istmo varios países en uno. Se trata, por el contrario, de la expresión territorial de una de una misma sociedad integrada por grupos sociales que organizan sus relaciones con la naturaleza en el marco de una estructura de poder tan contradictoria y conflictiva como para generar y sostener el proceso de crecimiento económico con deterioro social y degradación ambiental que hoy conoce el país.  Estamos, en suma, ante un extraordinario ejemplo de una estructura que genera procesos de larga duración.</p>
<p style="text-align:justify;">Para comienzos del siglo XXI, sin embargo, la creciente escasez relativa de tierra y agua en Panamá genera tensiones sociales que tienden a encarecer los costos económicos, sociales, políticos y ambientales de la actividad de tránsito, bloquean el fomento de nuevas ventajas competitivas, e impiden un aprovechamiento integral y sostenido de los recursos humanos y naturales del país. En ese marco, la operación sostenida del Canal demanda hoy el desarrollo sostenible del país. Y esto, a su vez, supone la necesidad de encarar las dificultades inherentes al hecho de que solo puede ser sostenible una sociedad democrática; que solo puede ser democrática una sociedad culta, y que solo puede llegar a ser plenamente culta y democrática una sociedad que sea a la vez próspera y equitativa. Hoy, una mirada al país desde el futuro que deseamos para nuestra gente revela ya posibilidades y capacidades para construir una sociedad así mediante el fomento de los recursos humanos y naturales que la sociedad insostenible que tenemos ha  despilfarrado por más de cuatro siglos. Nuestra propia gente, el agua y la biodiversidad de los ecosistemas que garantizan su presencia en el Istmo son los principales recursos de Panamá. Y la unidad fundamental de interacción de esos recursos está constituida por cada una de las 52 cuencas hidrográficas que organizan desde sí mismo el territorio de la nación.</p>
<p style="text-align:justify;">La resistencia al cambio, en este plano, hunde sus raíces tanto en las estructuras de relación con la naturaleza gestadas por el transitismo, como en las estructuras de gestión pública asociadas a esa relación. Así, por ejemplo, la estructura político – administrativa vigente en el país da lugar a que en la Cuenca del Canal – la de más urgente necesidad de una gestión territorial y ambiental integrada &#8211; coincidan 3 provincias (Coclé, Panamá y Colón), una decena de Distritos y unos 48 Corregimientos. Y a ello se agrega que todos los Distritos y corregimientos ubicados en el perímetro de la Cuenca incluyan territorio situado fuera de ésta. Las dificultades que esto supone – complicadas por el hecho de que el 60% de la población de la Cuenca vive en condiciones de pobreza – son fáciles de imaginar.</p>
<p style="text-align:justify;">Todo esto nos dice que ha llegado la hora de empezar a discutir la transformación del Estado panameño, para ponerlo en condiciones de contribuir realmente a la transformación de la sociedad a la que debe servir. Si quiere ser eficaz, esa transformación deberá encarar las afinidades y contradicciones entre las estructuras naturales del país y la de las regiones geo económicas presentes en el territorio nacional. Y esto, en lo más esencial, supone que ambas estructuras – las naturales y las históricas – pueden converger o divergir en el proceso de reordenamiento del territorio para su gestión integrada, pero que en última instancia serán las naturales las que predominen. El país que emerja de una transformación semejante será sin duda muy distinto al del transitismo, pero sin duda será también mucho más semejante a sí mismo y mucho más capaz, por eso, de conocerse, ejercerse y crecer desde sí.</p>
<p style="text-align:justify;">Es bajo esa luz que cabe considerar el papel que viene desempeñando la Autoridad Nacional del Ambiente en la gestión del proceso de organización del mercado de bienes y servicios ambientales en nuestro país. Aquí no sólo se trata de que el Estado apenas ha iniciado el esfuerzo de deslinde de la trama – cada vez más complicada – de sus propias estructuras de gestión en la materia, incluyendo la creación de las capacidades técnicas y culturales necesarias para una gestión integrada del territorio y el ambiente en Panamá. Se trata, sobre todo, de que esas tareas son más importantes y complejas que nunca, dado el hecho de que las principales áreas de provisión de los servicios ambientales de los que depende la sostenibilidad del desarrollo en Panamá se ubican en las regiones de menor nivel de desarrollo del país, en las que la pobreza afecta a entre el 60 y el 90 por ciento de la población, y coinciden los más altos niveles de incultura con los más bajos niveles de organización social.</p>
<p style="text-align:justify;">Precisamente por esto, la comprensión de los riesgos y las oportunidades que se abren ante nosotros en esta circunstancia exige pasar de un enfoque estructural, referido a modelos de gestión más o menos bien definidos a priori, a otro de carácter sistémico, referido a relaciones de interdependencia entre factores múltiples en cambio constante, en el análisis de los problemas ambientales. Y dado que toda nuestra educación ha tendido a formarnos en torno a una concepción estructural y funcionalista de la realidad, el hecho de reconocer y enfrentar esta necesidad representa ya un importante logro cultural y político. Cultural, porque dispondremos de mejores respuestas en la medida en que seamos capaces de producir mejores preguntas. Y político, porque empezamos a entender que si queremos un ambiente distinto necesitamos crear una sociedad diferente.</p>
<p style="text-align:justify;">En política, a fin de cuentas, sólo podemos escoger entre inconvenientes. En este caso, se trata de optar entre los problemas que origina la ausencia de un mercado de bienes y servicios ambientales bien regulado y equitativo, y los que inevitablemente acarreará la organización de ese mercado. A fin de cuentas, la libertad consiste en poder decidir con qué problemas queremos vivir, y con cuáles no estamos dispuestos a hacerlo, y en atenernos a las consecuencias de lo que decidamos al respecto.</p>
<p><em>Centro Internacional Para el Desarrollo Sostenible</em></p>
<p><em>Fundación Ciudad del Saber, Panamá </em></p>
<p><em>Julio 2008 </em></p>
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		<title>Crisis, ambiente, cultura. Desafíos de la sostenibilidad para las ciencias sociales y las Humanidades.</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Feb 2015 12:48:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H. Para Bárbara Göbel, en Berlín Suele decirse que las comparaciones son odiosas. Esto carece de sentido, si el tema del que se trata es el de los estudios culturales. Aquí, como en toda ciencia, la comparación es &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=47890">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-478910" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/11/acercamiento_a_modelos_de_gestion_ambiental_en_organizaciones-_potencialidad_de_una_interfase_de_interes_ambiental-new_article_large.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera//" target="_blank"><strong>Guillermo Castro H.</strong></a></h5>
<h5 style="text-align:justify;padding-left:210px;"><em>Para Bárbara Göbel, en Berlín</em></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/p10AwN-csq"><img class="alignleft wp-image-36724 size-medium" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/11/acercamiento_a_modelos_de_gestion_ambiental_en_organizaciones-_potencialidad_de_una_interfase_de_interes_ambiental-new_article_large.jpg?w=300" alt="Gestión ambiental" width="300" height="166" /></a>Suele decirse que las comparaciones son odiosas. Esto carece de sentido, si el tema del que se trata es el de los estudios culturales. Aquí, como en toda ciencia, la comparación es un procedimiento elemental de indagación y aprendizaje. Si es utilizada de manera adecuada, puede conducir a valiosas generalizaciones<span id="more-47890"></span> que nos permitan comprender cada vez mejor los procesos de formación y transformación del mundo en que vivimos. Lo que sin duda es odioso es la generalización sin fundamento, del tipo “todos los panameños son irresponsables”, o “todos los norteamericanos (o europeos) son racistas”, etc.<br />
Como procedimiento de indagación, la comparación funciona a partir de valores culturales que son por necesidad distintos en distintas sociedades. En ese sentido, por ejemplo, cabe distinguir la historial ambiental latinoamericana de la historia ambiental de América Latina. La historia ambiental de América Latina puede y debe ser objeto de comparaciones construidas a partir de todas las culturas que puedan interesarse en ella, incluidas por supuesto las de nuestraregión. La historia ambiental latinoamericana estudia, desde nuestra cultura, la historia de los ambientes creados por nuestras sociedades, o por las de otras regiones del mundo. Así como se hace historia ambiental de América Latina desde la cultura Noratlántica, se puede y se debe hacer historia ambiental latinoamericana de los ambientes Noratlánticos, o asiáticos, o africanos.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquí, el problema fundamental para la colaboración entre investigadores de distintas culturas consiste en la construcción conjunta de problemas comunes. Esto implica, por supuesto, asumir y trascender la influencia – formal y no formal – de las asimetrías inherentes a la formación misma del moderno sistema mundial en las prácticas culturales. Se trata de un problema cuya complejidad apenas empezamos a entrever a partir de los procesos de sustitución de los antiguos sistemas coloniales por Estados nacionales, y la inserción de éstos en el (entonces) novedoso sistema internacional, en pie de igualdad con las metrópolis de su pasado inmediato, entre las décadas de 1950 y 1970. Esos procesos abrieron un complejo – y finalmente inconcluso – proceso de transición entre la dominación sin más entre el liberalismo colonial y sus posesiones, y nuevas formas de hegemonía en las que una parte relevante de aquellas tareas de dominación y control pasó a ser ejercida por las élites de los nuevos Estados emergentes, en estrecha asociación con los nuevos organismos del sistema internacional – desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hasta la UNESCO, la FAO y finalmente el PNUD.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy, como se ha dicho reiteradamente en nuestra región desde mediados de la década de 1990, nos encontramos inmersos en un cambio de épocas, que a primera vista se expresa como una época de cambios. Ese cambio de épocas – al que algunos llaman una crisis de civilización &#8211; opera a través de un proceso de transición iniciado formalmente a partir de la estructura básica de organización política del statu quo ante, la Guerra Fría, y prolongado hasta nuestros días a través de una crisis cada vez más vasta y compleja del sistema internacional en su capacidad para convencer, y de los propios Estados nacionales para encara mediante el consenso sus propias dificultades en todas las regiones del planeta.</p>
<p style="text-align:justify;">Ese proceso de transición no sólo se expresa en la formación de problemas de un tipo nuevo y más complejo. Además, genera nuevas posibilidades de traer de vuelta al análisis de esos problemas ideas y propuestas de interpretación elaboradas cuando la época que está en proceso de cambio estaba aún en proceso de formación. Tal es el caso, por ejemplo, de los aportes de quienes formularon los primeros llamados de alerta ante los resultados no deseados del incremento en la capacidad humana para intervenir en los sistemas naturales entre las décadas de 1850 y 1879, desde George Perkins Marsh hasta Federico Engels. Tal, también, el de quienes buscaron formular de manera nueva el planteamiento de los problemas de orden teórico derivados de esa nueva complejidad en la relación de los humanos con su entorno a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, como el geoquímico Vladimir Vernadsky con su aporte a los conceptos de biosfera y noosfera, y los geógrafos Jean Brunhes y Carl Sauer, con su exploración del impacto social de las formas más brutales de intervención humana en la naturaleza a través de una “economía de rapiña”, y del vínculo entre lo social y lo natural – entre los hábitos y el hábitat – en la producción de su ambiente por los humanos, y la formación de sus paisajes característicos.</p>
<p style="text-align:justify;">La recuperación de esos aportes en el marco de los problemas históricos – esto es, económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales –de nuestro tiempo, nos lleva hoy a trascender el viejo marco liberal de análisis centrado en formaciones estatales nacionales, para encarar de lleno al sistema mundial en su etapa global como una red de nodos regionales y locales que interactúan entre sí de un modo que confirma, en el plano de las Humanidades, la ley de la interdependencia universal de los fenómenos formulada en la segunda mitad del siglo XIX. Hoy, por ejemplo, la historia ambiental puede ser entendida como la historia general de la Humanidad, que asume como su objeto mayor el vínculo entre la biosfera y la noosfera como nicho producido por nuestra especie para su desarrollo. Hoy, también, se hace posible una nueva exploración de nuestros pasados recientes, que desborda y desafía las viejas periodizaciones construidas por el liberalismo a partir de la secuencia Estado – Economía – Sociedad – Cultura, para construir otras, a partir de los vínculos entre las distintas modalidades de participación de las diversas sociedades humanas en el proceso de formación – y en las transformaciones – del moderno sistema mundial.</p>
<p style="text-align:justify;">Desde la perspectiva que así emerge, la crisis ambiental global es más que la suma de las crisis regionales y locales, del mismo modo que éstas no se reducen a las expresiones en un nivel inferior de los problemas que aquejan a la Humanidad en su conjunto en un plano superior. Al respecto, siempre cabe recordar que, como observara<a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/carlos-marx/" target="_blank"><strong> Carlos Marx</strong></a> en una carta a <strong>Federico Engels</strong> en 1858, la “misión particular de la sociedad burguesa es el establecimiento del mercado mundial, al menos en esbozo, y de la producción basada sobre el mercado mundial”, añadiendo enseguida que en lo fundamental esa tarea había sido completada con la colonización de California y Australia, y la incorporación a dicho mercado de China y Japón. Cada una de las zonas y regiones incorporadas a ese nuevo mercado mundial – empezando por las propias sociedades Noratlánticas que constituyeron su núcleo de origen -, contaba ya en el siglo XVI con un pasado que operaba en su presente y contribuía a modelar sus opciones de futuro en todos los planos de la vida social.</p>
<p style="text-align:justify;">Así, las modalidades de participación de nuestra América en la crisis ambiental global expresa el resultado de modalidades de desarrollo humano que se remontan al menos por 12 mil años, aunque haya sido a partir de la incorporación del Nuevo Mundo ala formación del mercado mundial en el siglo XVI que vinieron a producirse las circunstancias específicas de esa participación. Esto se expresa tanto en la presencia de estructuras socioculturales de muy larga duración en el espacio indoamericano, como en la formación de espacios nuevos, afroamericanos y mestizos, en otros ámbitos de la región. Y se expresa también en la creación de las vastas fronteras interiores de regiones como la Amazonía, la Orinoquia, el Atlántico Mesoamericano y el Chocó biogeográfico, convertidas hoy en fronteras de recursos sometidas a complejos y a menudo violentos procesos de transformación de su patrimonio natural en capital natural.</p>
<p style="text-align:justify;">Como vemos, el desafío que la crisis contemporánea plantea a las ciencias sociales y las Humanidades en nuestras sociedades va mucho más allá de reproducir en la periferia las agendas y las normas de calidad propias de las culturas del centro del sistema mundial. En aquel centro como en esta periferia, por el contrario, ese desafío consiste en superar el viejo trívium positivista de organización del conocimiento en ciencias naturales, ciencias sociales y Humanidades- gestado entre 1850 y 1950 al decir de Immanuel Wallerstein – si deseamos ofrecer ala cultura contemporáneala capacidad de dar cuenta del desarrollo integral de nuestra especie en su interacción con el conjunto de la biosfera. En las primeras fases de este proceso, el viejo trívium positivista se descompone a través de la formación de campos nuevos del saber como la historia ambiental, la ecología política y la economía ecológica, que sin embargo son apenas tanteos en el vasto campo de indagación que se abre con la transición entre épocas en que estamos inmersos.</p>
<p style="text-align:justify;">En esa transición, de lo que se trata es de pasar de una cultura construida en torno al ideal del crecimiento económico incesante – como lo estuvo la Medieval en torno al ideal de la Salvación-, a otra organizada en torno a las necesidades que plantea el desarrollo de la especie que somos, que sólo será sostenible por lo humano que llegue a ser. Esto no es poca cosa, en cuanto implica ir más allá del marco conceptual y de valores en que nos hemos formado, en busca de otro en el que llegue a ser evidente hasta para un niño que toda ciencia es natural, como toda ciencia natural es una construcción social. Y debemos encarar este desafío, en cuanto la otra opción consiste en ver incrementarse el riesgo de nuestra extinción, que prive otra vez al Universo de la presencia de aquella forma suprema de organización de la materia, que le permitió una vez pensarse a sí misma.</p>
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		<title>Panamá, ese país Caribe</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jan 2015 12:20:36 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro Herrera Este texto tiene ya más de un cuarto de siglo, pero quizás contenga en sí algo de aquellas verdades de que hablaba Martí, que una vez puestas en movimiento seguían andando hasta que dejaban de serlo. En &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=47341">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-473420" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/panama.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong>Guillermo Castro Herrera</strong></a></h5>
<p id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26292" class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;"><em><span id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26291"><a href="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/panama.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-34816" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2013/08/panama.jpg?w=300" alt="panama" width="300" height="219" /></a>Este texto tiene ya más de un cuarto de siglo, pero quizás contenga en sí algo de aquellas verdades de que hablaba Martí, que una vez puestas en movimiento seguían andando hasta que dejaban de serlo.</span></em></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26269" class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;">En medio del ir y venir de noticias sobre agresiones y resistencias, es poco lo que finalmente<span id="more-47341"></span> se dice sobre Panamá y los panameños en los medios internacionales de información. Queda a veces la impresión, incluso, de que se habla de un lugar poblado por banqueros, militares –gringos y nacionales- y políticos de traje blanco y habano en boca, todo ello rodeado por la nada. Sin embargo, este es uno de los rincones más fascinantes de la América Latina, poblado por descendientes de catorce etnias distintas, con una cultura popular rica y diversa, y con una fuerte personalidad nacional. No en balde fue el primer punto de tierra firme donde intentó Cristóbal Colón fundar un asentamiento de españoles, cuatrocientos años antes de que el Canal fuera construido con dólares norteamericanos y sudor de peones antillanos.</p>
<p class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;">Para explicar <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/panama/" target="_blank"><strong>Panamá</strong></a>, quizás haya que decir en primer término que este es un país Caribe y no centroamericano. La frontera con Costa Rica, en efecto, no solo define un límite político. Además, de eso, la raya imaginaria separa dos universos culturales, lingüísticos y conductuales profundamente distintos. Hasta allí, Centroamérica, indígena, española y mestiza, tierra de tortillas asadas de maíz blanco y alimentos finamente picados, con su polo cultural en México. Desde allí, el Caribe, africano, español e indígena también, enriquecido además con toda suerte de aportes de Asia y la Europa mediterránea, tierra de frituras y mariscos, con su polo cultural en Cuba y la Dominicana. La primera tierra de guitarra. Esta tierra de tambor. Allá, de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/ruben-dario/" target="_blank"><strong>Rubén Darío</strong></a>. Acá, de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/nicolas-guillen/" target="_blank"><strong>Nicolás Guillén</strong></a>.</p>
<p class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;">El español es el idioma oficial de esta república de dos millones y medio de habitantes, que se comunican entre sí en otras trece lenguas adicionales, desde el guaymí<b> </b>y el kuna<b> </b>autóctonos, hasta el<b> </b>chino, el hindú y el bronco y musical inglés de las Antillas. La Constitución Nacional declara al catolicismo como religión mayoritaria del país. Lo practican, con matices muy del trópico, los descendientes de españoles y mestizos, junto a los musulmanes, los taoístas chinos, los budistas y el universo inacabable de las sectas evangélicas que pregonan la exclusiva salvación en Cristo.  Todos los creyentes además, de uno u otro modo, participan de un ambiente de religiosidad popular fuertemente impregnado del culto a la santería, surgido del encuentro entre el catolicismo colonial y la religiosidad de los esclavos africanos de siglos ya idos.</p>
<p id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26310" class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26311">Nadie puede extrañase, en una tierra así, de que sean el desenfado y un sentido íntimo y preciso de lo justo y lo injusto, los rasgos más característicos de la personalidad de este pueblo. El primero se traduce en una tendencia incontenible a vivir con toda la alegría posible una existencia a menudo difícil y esforzada. El segundo se expresa en una forma de solidaridad hacia los más débiles que, en su momento, llevó al general Torrijos a decir que este pueblo era más lastimero que justiciero. Ambos, además, confluyen en un orgullo nacional fuerte y sencillo, tan panameños para hacer de su país una nación, frente al empeño norteamericano por hacer de Panamá, simplemente, la periferia de un Canal.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26309" class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26308">Ese empeño en deshacernos hace parte de lo caribe que somos. En este mediterráneo americano surgieron a la condición de potencia <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/estados-unidos/" target="_blank"><strong>Estados Unidos</strong></a>, a lo largo de una cadena de intervenciones que se inició en <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/cuba/" target="_blank"><strong>Cuba</strong></a> y <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/puerto-rico/" target="_blank"><strong>Puerto Rico</strong></a> en 1898, siguió con Panamá en 1903 y llegó hasta <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/haiti/" target="_blank"><strong>Haití</strong></a> y la dominicana en 1914 y 1916.</span></p>
<p id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26304" class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="yui_3_16_0_1_1420133646318_26303">Así se inició el camino en que andamos y andándolo así, en lucha por nuestro derecho a ser la nación que somos, lo seguiremos hasta el fin con todos nuestros hermanos.</span></p>
<p class="yiv9767687059MsoNormal" style="text-align:justify;"><em>Panamá, 19 de mayo de 1988.</em></p>
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		<title>Panamá: el país que merecemos ser</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Sep 2014 11:03:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Canal de Panamá]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro H.[1] Para Ricaurte Soler y José de Jesús Martínez, aquí, con nosotros Época de cambios El debate sobre los problemas que encara la sociedad panameña a comienzos del siglo XXI suele evadir lo que debería ser su premisa &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=45359">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-453600" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/08/guillermo.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong>Guillermo Castro H.</strong></a><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h5>
<h5 style="padding-left:270px;text-align:justify;">Para Ricaurte Soler y José de Jesús Martínez, aquí, con nosotros</h5>
<div id="attachment_27280" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://wp.me/p10AwN-bNB"><img class="wp-image-27280 size-medium" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/08/guillermo.jpg?w=300" alt="Guillermo Castro Herrera" width="300" height="234" /></a><p class="wp-caption-text">Guillermo Castro Herrera</p></div>
<p style="text-align:justify;"><strong>Época de cambios</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El debate sobre los problemas que encara la sociedad panameña a comienzos del siglo XXI suele evadir lo que debería ser su premisa más evidente: el hecho de que el nuestro ha sido el último país de nuestra América en culminar su proceso de formación como Estado nacional soberano. Menos de un cuarto de siglo ha transcurrido desde que abandonaran nuestro territorio las últimas unidades del ejército extranjero que una vez estuvieran albergadas<span id="more-45359"></span> en las bases militares de la que fuera Zona del Canal de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/panama/" target="_blank"><strong>Panamá</strong></a>, y que tantas veces actuaran como factor decisivo en nuestra vida política, incluso mediante intervenciones de enorme violencia en nuestros asuntos internos. Por primera vez desde los inicios de la República, en aquel noviembre de 1903, somos enteramente responsables por su destino. Y por primera vez también, tras 485 años de control extranjero, la ruta interoceánica de Panamá está bajo control del Estado de los habitantes del Istmo.</p>
<p style="text-align:justify;">Diversas circunstancias convergen en esta percepción alienada de la conquista del derecho a ejercer los deberes de la soberanía. Está el mal final de la lucha por la recuperación del Canal, tan tenazmente librada entre 1936 y 1979, que vino a descomponerse en la aventura autoritaria de 1984 a 1989, hasta desembocar en el golpe de Estado ejecutado por las fuerzas armadas acantonadas en las bases que alguna vez albergara la Zona del Canal y la puesta en marcha del programa de reforma del Estado y ajuste estructural que abarcó toda la década de 1990.</p>
<p style="text-align:justify;">Esos azares de la política criolla han contribuido también a ocultar – tras una cortina de anécdotas, invectivas y recriminaciones finalmente pueblerinas &#8211; el hecho de que la incorporación del Canal a la economía interna aceleró el desarrollo del capitalismo en el país, de un modo que llevó a la liquidación de todo el sector productivo &#8211; estatal y privado -, asociado al modelo anterior de desarrollo protegido, al tiempo que catapultaba una economía atrasada a la vorágine del proceso de globalización. Y esto ocurrió, además, en el preciso momento en que el Estado se privaba de la mayor parte de sus capacidades para conducir el desarrollo económico del país, y delegaba esa función en las llamadas “fuerzas del mercado”, que en su accionar no reconocen otra ley que la del más fuerte.</p>
<p style="text-align:justify;">No es de extrañar, en esas circunstancias, que los tres primeros quinquenios del siglo llevaran al país a una situación de crecimiento económico con degradación ambiental y deterioro social. El resultado inevitable ha sido una situación de anomia y desorden, de creciente riesgo para todas las partes involucradas.</p>
<p style="text-align:justify;">Todo esto ha ocurrido, por otra parte, en otra circunstancia, tan elusiva como ubicua en nuestro caso. El mundo no atraviesa hoy por una época de cambios, como quisieran los liberales, sino por un cambio de épocas, que es lo que más temen los conservadores. Lo que ocurre en Panamá hace parte de los procesos de desintegración  -y de la formación de opciones de re-integración &#8211; que recorren el sistema mundial. Faltan hoy aquellos referentes de la Guerra Fría, de tan aparente claridad, y todas las sociedades del planeta, la nuestra incluida, avanzan a tientas, sin columna de fuego que las guíe a través del desierto de la crisis. Así las cosas, lo sensato sería encarar los desafíos que nos plantea el futuro, para encaminar los cambios que ya están en curso hacia la transformación de la sociedad que hemos sido en la que podemos llegar a ser. Y esto obliga, en primer término, a pensar con orden, que siempre es más difícil que morir con honra.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Tiempos de transformación</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Un problema que ha venido forjándose a lo largo de 500 años no puede ser encarado con la última teoría de moda, ni con la imitación de lo que imaginamos que ha sido el camino hacia el éxito de otras sociedades, distintas a la nuestra y que a menudo conocemos poco y mal. Por el contrario, conviene recordar que en el análisis de la formación y las transformaciones de las estructuras y las prácticas sociales tienen especial importancia tres tipos de proceso histórico distinto, estrechamente relacionados entre sí.</p>
<p style="text-align:justify;">El primero de esos procesos se organiza en torno a estructuras de larga duración, como las derivadas de la función de tránsito desempeñada por el territorio de Panamá desde mucho antes de la Conquista europea. El segundo, de duración media, corresponde al despliegue de las estructuras de organización territorial y social correspondientes al papel desempeñado por el Istmo en el proceso de formación y desarrollo del moderno sistema mundial, a partir de la Conquista europea. A esta duración media corresponde, en particular, aquel tipo de formación económico – social que el historiador Alfredo Castillero designara en 1973 como “transitista”, esto es, organizada en torno al monopolio del tránsito y la concentración de sus beneficios por parte de formaciones estatales extranjeras, entre los siglos XVI y XX, y por el Estado nacional de Panamá en el XXI.</p>
<p style="text-align:justify;">El tercer tipo de proceso, finalmente, se expresa en las transiciones entre aquellas grandes etapas y, en particular, entre los distintos momentos en el desarrollo de la segunda. Este último tipo de proceso, de corta duración con respecto a los otros dos, ve acentuarse los conflictos no resueltos del pasado, como ve formarse nuevas opciones de futuro. Bien comprendido y aprovechado, puede conducir tanto a superar y trascender los conflictos de ayer como a la previsión de los del mañana, abriendo paso al despliegue de todas las capacidades de progreso y transformación acumuladas por la sociedad en su desarrollo. Mal comprendido, bien puede conducir a una situación de estancamiento y descomposición por vía lenta, en el que – al decir de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/antonio-gramsci/" target="_blank"><strong>Antonio Gramsci</strong></a> -,</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">La vieja sociedad resiste y se asegura un período de “respiro”, exterminando físicamente a la <em>élite</em> adversaria y aterrorizando a las masas de reserva; o bien ocurre la destrucción recíproca de las fuerzas en conflicto con la instauración de la paz de los cementerios y, en el peor de los casos, bajo la vigilancia de un centinela extranjero.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>
<p style="text-align:justify;">Nuestra sociedad se encuentra hoy, precisamente, inmersa en un proceso de transición entre dos etapas de su historia. No es el primero, por supuesto. No será el último, tampoco. Lo que realmente importa, aquí y ahora, es comprender que la larga, mediana y corta duración no definen tiempos distintos, sino tres dimensiones diferentes de un mismo devenir, íntimamente asociadas entre sí, aunque diversas en su función y su significado históricos. A lo largo de estos tiempos del tiempo, los diversos elementos de la vida social cosas dejan de ser lo que habían sido en un período anterior, cambian a ritmos muy desiguales, y terminan por desembocar en estructuras generales de una calidad distinta a la precedente.</p>
<p style="text-align:justify;">Así, los cambios acumulados en la fase final del proceso de transición del Estado semicolonial al plenamente soberano constituyen el aspecto principal de la formación de las contradicciones que animan una transformación en curso, que hoy nos toca encarar. Esos cambios incluyen, por ejemplo:</p>
<ol style="text-align:justify;">
<li>El paso de una economía de enclave, articulada a un canal vinculado a la economía interna de los Estados Unidos y organizada en torno a un sector agropecuario atrasado y a una Zona de Libre Comercio y un Centro Financiero Internacional volcados hacia el exterior, a una distinta y más compleja, rápidamente transnacionalizada, que hoy se estructura como una Plataforma de Servicios Globales en pleno desarrollo, y un mercado de servicios ambientales en proceso de formación.</li>
<li>La incorporación a la vida nacional de nuevos sectores emergentes – desde corporaciones transnacionales hasta movimientos indígenas y campesinos, de trabajadores urbanos y de profesionales de capas medias -, que se combina con la declinación de actores tradicionales de gran influencia ayer apenas, como las organizaciones empresariales, cívicas y sindicales forjadas al interior del modelo de desarrollo protegido hoy en desintegración.</li>
<li>El paso desde una sociedad de fuertes valores rurales y estrechos vínculos entre los sectores populares y capas medias profesionales de origen reciente, a otra de carácter urbano, de gran desigualdad estructural y precarios niveles de organización.</li>
<li>La transformación de los pobres de la ciudad y el campo, y de amplios sectores de capas medias empobrecidas, desde la situación de aceptación más o menos pacífica de su condición de marginalidad, gestada sobre todo a partir del golpe de Estado de diciembre de 1989, hacia otra de creciente voluntad y capacidad para reclamar mejores condiciones de vida, a partir de la actividad tanto de sectores de trabajadores &#8211; del campo y de la ciudad, manuales e intelectuales -, cada vez mejor educados y organizados, como del incremento en el número y las mejoras en la educación y la organización de grupos antes marginales – como los pueblos originarios – y de la solidaridad internacional de reciben.</li>
<li>La creciente vinculación de nuestros movimientos sociales a la vida política de la región, que va dejando atrás un prolongado período de aislamiento parroquial y abre posibilidades inéditas de aprendizaje y maduración política a una población que se caracteriza en su bajísimo nivel de organización, y su alto nivel de dependencia de los peores hábitos del clientelismo político.</li>
<li>Una crisis de identidad que expresa, en primer término, el agotamiento de la autoridad moral y cultural de los viejos grupos dominantes, y se acentúa con el ingreso a la vida activa de nuevas generaciones de jóvenes que han crecido y maduran en el proceso de transición, sin más referencia al pasado que la que puede brindarles un sistema educativo hace tiempo agotado, y las mitologías cívicas de las que participan sus mayores.</li>
</ol>
<p style="text-align:justify;">Estos cambios, sin embargo, no se traducen todavía en un verdadero proceso de renovación de la sociedad panameña y su Estado. Señalan apenas el ingreso a un momento en nuestra historia en el que todo lo que ayer apenas parecía sólido hoy se desintegra ante los ojos de todos, y se inicia un proceso de transformación que, al menos en sus primeras fases, será por necesidad lento, contradictorio y de apariencia errática. De momento, y en ausencia de un liderazgo histórico capaz de conducirlo, ese proceso ha dado lugar a un fenómeno de apariencia aberrante: la formación de un Gobierno cada vez más fuerte y un Estado cada vez más débil, como se aprecia en cuatro ejemplos característicos.</p>
<p style="text-align:justify;">Uno, el debilitamiento de la capacidad de gestión de los grandes organismos estatales a cargo de la atención a demandas sociales masivas, como las de educación, salud y seguridad social.  Otro, la multiplicación de agencias con mandatos puntuales en sectores como los del transporte, el agua, la recolección de desechos, la energía, la incorporación de tecnologías innovadoras a la gestión pública, la gestión de la ciencia, la recolección de impuestos, la titulación de tierras y la formación profesional. El tercero, la creciente militarización de la fuerza pública, en curso desde mediados de la década de 1990, y su implicación cada vez mayor en proyectos regionales de seguridad y control. Y el cuarto, por el que nos felicitamos cada día, corresponde a la decisión de proteger a la operación del <strong>Canal</strong> de los riesgos que genera el deterioro de la sociedad a la que debe servir, reconociendo en la práctica que ese deterioro puede ser administrado, en el mejor de los casos, pero no revertido en el marco del ordenamiento estatal y social vigente.</p>
<p style="text-align:justify;">De momento, esto nos ha llevado a una circunstancia caracterizada por la erosión simultánea de la eficiencia del Gobierno y de la legitimidad del Estado en la tarea de conducir los cambios en curso en el país, que genera un riesgo creciente de anomia social y política. Con todo, el nuestro es todavía un tiempo “de ebullición, no de condensación; de mezcla de elementos, no de obra enérgica de elementos unidos”, en el que “las especies luchan por el dominio en la unidad del género”, como dijera Martí del suyo en 1881.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></p>
<p style="text-align:justify;">En un tiempo así, el problema mayor que debemos encarar consiste en crear las condiciones que permitan hacer posible lo que va siendo percibido como necesario por sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad, cada uno desde su propia perspectiva de interés.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> Se trata, en otros términos, de ser capaces de identificar y expresar a través de una enérgica demanda de reforma cultural y moral – esto es, política – el interés general de la Nación que emerge en el siglo XXI, a partir de la descomposición de la que se forjó en la lucha contra el colonialismo y su Estado a lo largo del siglo XX.</p>
<p style="text-align:justify;">Ese interés, como sabemos, es el de los grupos sociales fundamentales de nuestra sociedad en superar un conjunto de obstáculos a su propio desarrollo que afloran en ese proceso de descomposición, desde la ausencia de control de la gestión pública por parte de la ciudadanía hasta las limitaciones legales y prácticas al derecho de los trabajadores a la organización, pasando por las condiciones de desamparo en que se encuentran los productores nacionales, y por aquellas otras que fomentan el saqueo del patrimonio natural de la Nación y, en particular, de sus pueblos imaginarios.</p>
<p style="text-align:justify;">Frente a todo esto, podemos tener motivos de optimismo bien fundados.  Nosotros, los panameños, hemos sido capaces en el pasado de encarar con éxito desafíos de tan extraordinaria complejidad como la negociación de los <strong>Tratados Torrijos Carter</strong>, que pusieron fin tanto al enclave colonial norteamericano en Panamá, como a la condición semicolonial de nuestro Estado. Trabajar con la gente, y desde ella, será la mejor manera de vincular entre sí las iniciativas que ya están en marcha en el país, y de proporcionarles la orientación que les permita contribuir a establecer en Panamá un Estado capaz de representar y ejercer el interés general de la nación en este momento de su historia.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Pausa (que no conclusión)</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Al cerrar la nota de su cuaderno de apuntes sobre los tiempos de ebullición que le había correspondido vivir, se preguntaba <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-marti/" target="_blank"><strong>Martí</strong></a>: “¿Se unirán en consorcio urgente, esencial y bendito, los pueblos conexos y antiguos de América? ¿Se dividirán, por ambiciones de vientre y celos de villorrio, en nacioncillas desmeduladas, extraviadas, laterales, dialécticas…?” La nuestra es, justamente, la última de aquellas nacioncillas, que por su propio esfuerzo – y a pesar de las conductas a menudo “desmeduladas, extraviadas, laterales” de sus propios dirigentes – ha sabido llegar a las vísperas de su plenitud.</p>
<p style="text-align:justify;">Alcanzar esa plenitud, ejercerla y disfrutarla, es una meta que está al alcance – finalmente – de lo mejor de nosotros mismos. Por eso mismo, crear las condiciones que permitan a nuestra gente conocerse y ejercerse en la construcción de una vida justa y buena para todos es, sin duda, el más importante desafío que encaran hoy los hombres y mujeres de cultura de mi tierra.</p>
<p style="text-align:justify;">Para nosotros, ha llegado el momento de poner en imperativo el himno de la Nación que fuimos, para anunciar que si deseamos un país distinto, debemos crear un sociedad diferente. Identificar esa diferencia, y las formas de construirla y ejercerla con todos y para el bien de todos los que aspiramos a vivir en una Patria libre, equitativa y efectivamente soberana, es la tarea más compleja que encaran hoy los panameños.  Diga entonces el Himno del país que viene:</p>
<p>“Alcancemos por fin la victoria,</p>
<p>en el campo feliz de la unión.</p>
<p>Con ardientes fulgores de gloria,</p>
<p>se ilumine la nueva nación.</p>
<p>Es preciso quitar todo velo,</p>
<p>del pasado, el calvario y la cruz.</p>
<p>Y que alumbre el azul de tu cielo,</p>
<p>de justicia la espléndida luz.”</p>
<p style="text-align:justify;">Universidad Autónoma de Chiriquí, 22 de septiembre de 2014</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Conferencia inaugural del XIV Congreso Centroamericano de Sociología. Universidad Autónoma de Chiriquí, Panamá. 22 de septiembre de 2014.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Gramsci, Antonio, 2003: <em>Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado Moderno</em>. Nueva Visión, Buenos Aires. Traducción de José Aricó. “El príncipe moderno”, p. 61</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> “No hay letras, que son expresión, hasta que no hay esencia que expresar en ellas. Ni habrá literatura hispanoamericana, hasta que no haya – Hispanoamérica. Estamos en tiempos de ebullición, no de condensación; de mezcla de elementos, no de obra enérgica de elementos unidos. Están luchando las especies por el dominio en la unidad del género. – El apego hidalgo a lo pasado cierra el paso al anhelo apostólico de lo porvenir. Los patricios, y los neopatricios se oponen a que gocen de su derecho de unidad los libertos y los plebeyos. Temen que les arrebaten su preponderancia natural, o no les reconozcan en el Gbno. su parte legítima – se apegan los indios con exceso y ardor a su Gbno. La práctica sesuda se impone a la poesía ligera. Las instituciones que nacen de los propios elementos del país, únicas durables, van asentándose, trabajosa pero seguramente, sobre las instituciones importadas, caíbles al menor soplo del viento. Siglos tarda en crearse lo que ha de durar siglos.[…] Lamentémonos ahora de que la gran obra nos falta, no porque nos falte ella, sino por que esa es señal de que nos falta aún el pueblo magno de que ha de ser reflejo, &#8211; que ha de reflejar – (de que ha de ser reflejo) ¿Se unirán en consorcio urgente, esencial y bendito, los pueblos conexos y antiguos de América? ¿Se dividirán, por ambiciones de vientre y celos de villorrio, en nacioncillas desmeduladas, extraviadas, laterales, dialécticas…?”</p>
<p style="text-align:justify;">Martí, José (1975: XXI, 164): <em>Cuadernos de Apuntes</em>, 5 (1881). <em>Obras Completas</em>. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. XXI, 164.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Tal el interés que subyace, por ejemplo, en la demanda cada vez más generalizada de que se proceda a convocar a una Asamblea Constituyente para normar en nuevos términos las relaciones entre los panameños y su Estado.</p>
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		<title>Panamá: la construcción del futuro</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2014 11:28:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Guillermo Castro Herrera]]></category>
		<category><![CDATA[Panamá]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Guillermo Castro Herrera “A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=44648">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-446490" data-img="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/12/panama.jpeg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/guillermo-castro-herrera/" target="_blank"><strong>Guillermo Castro Herrera</strong></a></h5>
<h5 style="padding-left:120px;text-align:justify;">“A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no se ve. La política es el arte de combinar, para el bienestar creciente interior, los factores diversos u opuestos de un país, y de salvar al país de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los demás pueblos.”</h5>
<h5 style="padding-left:120px;text-align:justify;">José Martí, mayo de 1891.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/p10AwN-bC8"><img class="alignleft wp-image-30495 size-medium" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/12/panama.jpeg?w=300" alt="panama" width="300" height="225" /></a>Poco a poco, afloran las interpretaciones más diversas sobre los comicios de mayo de 2014 y sus resultados. Toda clase de factores han sido implicados en ellas: culturales, morales, geopolíticos, económicos, ideológicos, políticos (sobre todo en sentido estrecho), sociales y demás. Hasta ahora, sin embargo, ha sido notoria la débil presencia en esos aportes de un abordaje<br />
<span id="more-44648"></span><br />
 en perspectiva histórica de los cambios en curso en la sociedad nacional a partir del proceso de ejecución de los <strong>Tratados Torrijos – Carter</strong>, que permita ubicar y comprender a esos comicios como un momento de aquel proceso mayor.</p>
<p style="text-align:justify;">En este plano, se tiende más bien a ceñirse a la denuncia del gatopardismo de los grupos dominantes, de su carácter intrínsecamente corrupto, y de su compromiso con los valores y las políticas del neoliberalismo. Con ello, en la mayoría de los casos ha sido la continuidad, y no el cambio, el eje fundamental de reflexión. Y, sin embargo, el hecho es que aquel proceso electoral ocurrió precisamente en el momento en que aquellos cambios inician el tránsito de lo cuantitativo a lo cualitativo, y tienden a generar un proceso de transformación social y política cuyas consecuencias – mejores o peores – apenas empezamos a comprender.</p>
<p style="text-align:justify;">En efecto, la incorporación del Canal a la economía interna – conducida por los sectores dominantes que emergieron victoriosos en la disputa por el control de los bienes y las oportunidades de negocios del enclave canalero, librada a lo largo de la década de 1980 &#8211; aceleró el desarrollo del capitalismo en el país de un modo que llevó a la liquidación de todo el sector productivo asociado al modelo anterior de desarrollo protegido, al tiempo que catapultaba una economía atrasada a la vorágine del proceso de globalización. Y esto ocurrió, además, en el preciso momento en que el Estado se privaba de la mayor parte de sus capacidades para conducir el desarrollo económico del país, y delegaba esa función en las llamadas “fuerzas del mercado”, que en su accionar no parecen reconocer otra ley que la del más fuerte.</p>
<p style="text-align:justify;">En lo inmediatamente visible, el resultado de ello consistió en la liquidación de todo un segmento del capital nacional, que entre las décadas de 1950 y 1970 había conocido un importante crecimiento al calor de la protección y los subsidios que le brindaba una política estatal de corte liberal desarrollista. Privado de esa protección por el proceso de ajuste estructural de corte neoliberal dominante a partir de la década de 1990, dicho segmento del capital nacional optó en lo fundamental por liquidarse a sí mismo, vendiendo sus activos al capital transnacional, para vincular su suerte a la del capital financiero.</p>
<p style="text-align:justify;">La debilidad de aquel capitalismo protegido se hizo patente en que ni siquiera fue devorado por sus competidores norteamericanos y europeos, sino por empresas mexicanas, colombianas, venezolanas y aun costarricenses, en vías ellas mismas de transnacionalización. Y ese proceso se vio favorecido a su vez por la política estatal de atracción de empresas transnacionales de países desarrollados, a las que se ofrecieron todas las concesiones necesarias para que establecieran en Panamá sus oficinas regionales para América Latina y el Caribe.</p>
<p style="text-align:justify;">De un modo muy característico del atraso cultural y del carácter rural – conservador de los grupos dominantes en <a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/panama/" target="_blank"><strong>Panamá</strong></a>, este proceso – de tan extraordinaria complejidad – fue reducido a sus aspectos inmediatamente visibles: la publicitada compra de Panamá por extranjeros, y la necesidad de reivindicar nuevamente al país para sus habitantes ante la inmigración masiva de trabajadores colombianos, venezolanos y centroamericanos. El hecho de que toda compra supone un vendedor no mereció una atención equivalente, como tampoco el hecho de que una parte sustantiva de la inmigración de trabajadores extranjeros a Panamá haya tenido su origen en la incapacidad manifiesta de los grupos dominantes en el país para formar una clase trabajadora moderna y competitiva a lo largo de casi medio siglo de prosperidad subsidiada.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquel intercambio de quejas y reproches contribuyó, además, a enmascarar otros cambios en curso en el mismo proceso. Tales son, por ejemplo, el paso desde una sociedad de fuertes valores rurales y vínculos a menudo estrechos entre los sectores populares y de capas medias profesionales de origen reciente, a otra de carácter urbano, de gran desigualdad estructural, que aún se encuentra en el proceso de construir su nueva identidad; la declinación de la autoridad de actores tradicionales de gran influencia ayer apenas, como las organizaciones empresariales, cívicas y sindicales forjadas al interior del modelo de desarrollo protegido y, en particular,  la transformación de los pobres de la ciudad y el campo, y de amplios sectores de capas medias empobrecidas, desde una situación de aceptación más o menos pacífica de su condición de marginalidad hacia otra de creciente voluntad y capacidad para reclamar mejores condiciones de vida. Todo ello, en ausencia de una conducción política de complejidad correspondiente a la del proceso de cambios en curso, se tradujo en una crisis cultural y moral que expresa, en primer término, el agotamiento de la autoridad de los viejos grupos dominantes, y se acentúa con el ingreso a la vida activa de nuevas generaciones de jóvenes que han crecido y maduran en el proceso de transición, sin más referencia al pasado que la que puede brindarles un sistema educativo hace tiempo agotado, y las mitologías cívicas de las que participan sus mayores.</p>
<p style="text-align:justify;">Ante este panorama, cabría decir que la sociedad panameña emergía de aquella fase de su desarrollo en la que, para el caso de la Italia de la década de 1920 como para el de Panamá entre 1950 y 1980, “la célula elemental del Estado era el propietario que en la fabrica somete a la clase obrera según su beneficio.”  En esa “fase liberal”, añadía Gramsci,</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">&#8220;el propietario era también empresario industrial: el poder industrial, la fuente del poder industrial, estaba en la fábrica, y el obrero no conseguía liberarse la consciencia de la convicción de la necesidad del propietario, cuya persona se identificaba con la persona del industrial, con la persona del gestor responsable de la producción, y, por tanto, también de su salario, de su pan, de su ropa y de su techo.</p>
<p style="text-align:justify;">Por contraste, en la fase que entre nosotros se inaugura con la incorporación del Canal a la economía interna, el poder económico “se desprende de la fábrica y se concentra en un <em>trust</em>, en un monopolio, en un banco, en la burocracia estatal”, con lo cual “se hace irresponsable y, por tanto, más autocrático, más despiadado, más arbitrario”, mientras el obrero,</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">&#8220;liberado de la sugestión del “jefe”, liberado del espíritu servil de jerarquía, movido por las nuevas condiciones generales en que se encuentra la sociedad, movido por las nuevas condiciones generales en que se encuentra la sociedad por la nueva fase histórica, el obrero consigue inapreciables conquistas de autonomía y de iniciativa.&#8221;<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[2]</a></p>
<p style="text-align:justify;">Y en ese mismo proceso, advertía Gramsci, los partidos políticos creados para la democracia liberal, que “servían para indicar hombres políticos de valía y para hacerlos triunfar en la concurrencia política”, se veían desplazados por el hecho de que los “hombres de gobierno” pasaban a ser “impuestos por los bancos, por los grandes periódicos, por las asociaciones de industriales”, mientras los partidos se descomponían “en una multitud de camarillas personales.”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[3]</a></p>
<p style="text-align:justify;">Cumplido el primer decenio de ese proceso en Panamá, ¿qué ha venido a ser nuestra sociedad?¿Cuántos de sus integrantes son trabajadores manuales, cuántos son trabajadores intelectuales?¿Cuántos son propietarios de medios de producción, cuántos no tienen otra mercancía que ofrecer en el mercado que no sea su propia capacidad para trabajar?</p>
<p style="text-align:justify;">Y las relaciones sociales de producción, ¿cómo han evolucionado?¿Cuántos trabajadores están organizados, en el campo y en la ciudad, y cuántos carecen de toda posibilidad de querer y poder cambiar sus condiciones de vida y de trabajo porque carecen de las organizaciones que les permiten ejercerse como ciudadanos? ¿Qué ocurre con los sectores de profesionales  de capas medias, cuyas condiciones de trabajo y de vida se parecen cada vez más a las de los trabajadores manuales?  Y entre los propietarios de medios de producción, ¿cuál es la situación? En el sector agropecuario, por ejemplo, ¿cuáles han salido ganando, y cuáles perdiendo con el salto a la economía global? ¿Y qué ha ocurrido entre sus pares urbanos?</p>
<p style="text-align:justify;">Estas no son meras preguntas retóricas. Por el contrario, las respuestas que puedan encontrar en el trabajo de científicos sociales realmente comprometidos con el conocimiento de la realidad nacional son imprescindibles para comprender en qué consiste, en esta circunstancia de nuestra historia, el interés general de la sociedad panameña. Y ese interés no es otra cosa que el de los distintos sectores fundamentales de la sociedad en <em>superar un conjunto de obstáculos que en ese momento de su historia se oponen a su desarrollo como los sectores que son</em>. Superados esos obstáculos, naturalmente, entre esos sectores se generan nuevas y más complejas contradicciones, que vienen a definir los nuevos términos en que se desarrolla la lucha política en la sociedad que cambia.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal fue el caso, en la década de 1970, de la conquista de la plena soberanía y del derecho a ejercerla para culminar la formación de un Estado nacional en el Istmo. Tal, el de la disgregación del bloque histórico creado para aquella conquista, hasta culminar en el golpe de Estado de diciembre de 1989 y la recomposición del ordenamiento democrático necesario para legitimar la restauración en plenitud del poder de los grupos tradicionalmente dominantes en el país, que hoy culmina en la crisis de aquella legitimidad así restaurada, un cuarto de siglo después.</p>
<p style="text-align:justify;">Nada de esto niega las razones que alegan los distintos análisis de los resultados de los comicios de mayo de 2014, cuyo comentario sirvió de inicio a esta reflexión. No cabe duda, por ejemplo, de que en esos resultados desempeñó un importante papel el factor moral de repudio a la corrupción y el deterioro de la institucionalidad vigente a lo largo de los últimos quince años. Y, sin embargo, el conjunto de las razones invocadas en el debate recuerda que lo falso es, siempre, el resultado de la exageración unilateral de uno de los aspectos de la verdad, y que esa verdad sólo puede emerger en plenitud puesta en la perspectiva histórica que la genera.</p>
<p style="text-align:justify;">A ese respecto, y con todos sus males, el quinquenio 2009 – 2014 tuvo al menos la virtud de arrasar el entramado de las apariencias a que se refería <a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-marti/" target="_blank"><strong>José Martí</strong> </a>en <a title="Nuestra América" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/12/03/nuestra-america/" target="_blank">su reflexió</a>n de 1891, y dejar al desnudo las verdades más elementales e inmediatamente visibles de la sociedad que hemos venido a ser. El riesgo de anomia que esa situación estaba en vías de generar pasó a convertirse en un factor de interés general, pero la propuesta planteada al respecto no parece ir mucho más allá de restaurar las apariencias para devolver las realidades de la política al ámbito de lo que no se ve.</p>
<p style="text-align:justify;">Para nosotros, se ha hecho ya imperativo conocernos mucho mejor, pues de nuestra comprensión de los cambios que están ocurriendo en la realidad dependerá cada vez más la posibilidad de transformarla. Por eso mismo, nunca como ahora ha sido tan importante que el análisis materialista sea, también, un análisis histórico en el más rico, más pleno y más integral sentido del término. Porque es de la historia de lo que hablamos, en construcción por nosotros mismos, y porque si esa construcción no conduce a la transformación de la realidad por medios políticos, el proceso de cambios en curso no se detendrá, ni desembocará por sí mismo en el derrumbe espontáneo del orden que conocemos. Por el contrario, como lo advirtiera también Antonio Gramsci,</p>
<p style="padding-left:30px;text-align:justify;">&#8220;Si falta este proceso de desarrollo que permite pasar de un momento al otro, y si es esencialmente un proceso que tiene por actores a los hombres y su voluntad y capacidad, la situación permanece sin cambio, y pueden darse conclusiones contradictorias. La vieja sociedad resiste y se asegura un período de “respiro”, exterminando físicamente a la <em>élite</em> adversaria y aterrorizando a las masas de reserva; o bien ocurre la destrucción recíproca de las fuerzas en conflicto con la instauración de la paz de los cementerios y, en el peor de los casos, bajo la vigilancia de un centinela extranjero.”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></p>
<p style="text-align:justify;">Ya hemos estado allí, y ya sabemos lo que eso implica.</p>
<p style="text-align:justify;">Panamá, mediados de agosto de 2014</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> “La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América”.<em> La Revista Ilustrada</em>, Nueva York, mayo de 1891. <em>Obras Completas</em>. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. VI, 158.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[2]</a> Gramsci, Antonio, 1999 (1970): <em>Antología</em>. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Editores: 80. “El Consejo de Fábrica.”<em> L’ Ordine Nuovo</em>,  5 – VI &#8211; 1920.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[3]</a> Gramsci, Antonio, 1999 (1970): <em>Antología</em>. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Editores: 110. “El Partido Comunista.”<em> L’Ordine Nuovo</em>,  4-IX y 9 &#8211; X &#8211; 1920.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[4]</a> Gramsci, Antonio, 2003: <em>Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado Moderno</em>. Nueva Visión, Buenos Aires. Traducción de José Aricó. “El príncipe moderno”, p. 61.</p>
<p style="text-align:justify;">
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