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	<title>La pupila insomne &#187; Carlos Luque Zatas Bazán</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>El artículo 68. Por Carlos Luque Zayas Bazán</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Aug 2018 16:33:57 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Reforma constitucional]]></category>
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		<description><![CDATA[Todo el que apoye la aprobación de ese tema y tenga medios para darlo a conocer, debiera hacerlo.  <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63902">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-639030" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/08/68.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">Allá por los años finales de la década del 60, José Lezama Lima publicó Paradiso. La trascendental novela del autor de  <strong>Tratados en la Habana</strong>, tuvo entonces sus lectores de tan sólo el capítulo octavo. Alguien cuenta que se corría de la Universidad a las librerías atraídos por las noticias de los corrillos sobre aquel capítulo. Una edición de esa fundamental novela puede llegar hasta más 600 páginas, pero aquellos 20 pliegos dedicados a las aventuras homoeróticas de Farraluque, alebrestaron el morbo, no sólo el psicológico, sino también el político de aquel momento. De entonces acá, desde aquella época en que no sólo en Cuba, sino en casi todas las culturas del orbe, la homosexualidad incluso era clasificada como una enfermedad y necesitada de curación como cualquier otra, han transcurrido muchas jornadas, con, metafóricamente hablando, sus días y sus noches, de evolución y rectificación.</span><span id="more-63902"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Apenas una década después que Paradiso fuera visto pasar como un dirigible incomprendido y maldito, y la miopía de algún funcionario lo sacó de las librerías, durante jornadas similares a las de estos días cuando se fraguaba la Constitución del 76, una mente preclara, valiente y digna, la de Vilma Espín, pugnaba porque en nuestra ley de leyes no sólo se hiciera justicia ante los entuertos pasados, sino para que Cuba diera el paso trascendental de reconocer un vital derecho humano, en este mundo en el que hoy, a más de 40 años, todavía se apedrean o asesinan a los homosexuales. Y no sólo allá en algunas culturas lejanas, sino en algunas calles y plazas de nuestra vecindad latina, al sur de nuestro Río Bravo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Pero, a no dudarlo, entre aquellas reacciones y las que en determinadas personas ha despertado el artículo 68 del Proyecto de Constitución actualmente en debate, al rechazar la propuesta de reconocer el matrimonio como unión legal entre dos personas, existen sus similitudes y correspondencias, quizás sólo ahora en el orden de los prejuicios a nivel individual, pues hace ya mucho tiempo que como política social, aquellos errores fueron reconocidos y erradicados.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Sin embargo, tal pareciera que el proyecto del 2018 tiene sus lectores del artículo 68. Compete a especialistas, sociólogos y psicólogos estudiar el tema y a otros seguir promoviendo medios de más efectiva educación sexual y ciudadana. Pero en un momento en que determinadas corrientes doctrinarias o intenciones políticas utilizan los prejuicios sociales que se manifiestan con respecto a este punto del Proyecto de Constitución para sus objetivos, creo que no debemos hacer silencio. Todo el que apoye la aprobación de ese tema y tenga medios para darlo a conocer, debiera hacerlo. No es sólo una cuestión de humanismo. Es un punto que engrandece y enaltece a una sociedad y que dignifica al ser humano.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El límite de la libertad personal queda trazado por el derecho ajeno. La sociedad, como ente electivo, tiene el derecho de escoger por decisión mayoritaria su sistema político, en cuanto esa elección afecta y compete al común. La propiedad privada, por ejemplo, incide en todos, pero sólo mediante complejas y múltiples mediaciones de causa y efecto, mas sus consecuencias no deciden directamente eventos de la vida espiritual e íntima de las personas, sino por medio de aquellas muy mediatas influencias. Pero la sociedad no debiera tener el derecho a votar sobre un aspecto de la vida más íntima de las personas, de tan delicadas consecuencias, que puedan gravitar decisivamente en la desgracia o la felicidad, tanto para decidir  la vida venturosa como en la muerte espiritual en vida, del ser humano.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El que cabalga un tigre… Por Carlos Luque Zayas Bazán</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2018 21:08:23 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Carlos Luque Zatas Bazán]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay quien se rebela con más ardor contra una posible dictadura de los pobres, que contra la dictadura de los banqueros. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=62465">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-624660"></div></div></td></tr></table><p style="padding-left:30px;"><span style="color:#000000;"> <em>&#8220;Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases&#8230;&#8221;</em></span></p>
<p style="padding-left:30px;"><span style="color:#000000;">          <strong>Carta de Carlos Marx a Joseph Weydemeyer, 5 de marzo de 1852. </strong></span></p>
<p style="padding-left:30px;"><em><span style="color:#000000;"> “Sé que esta otra manera de ver la cosa no está de moda y que ir contra las modas es como afiliarse a la Compañía de la Soledad; pero también sé, por Leopardi, que la moda, por efímera, es hermana de la muerte.”</span></em></p>
<p style="padding-left:30px;"><span style="color:#000000;">          <strong>Francisco Fernández Buey, Marx (sin ismos)</strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Con casi total certeza se podría esperar que si un texto hoy comenzara mencionando la dictadura del proletariado, o precedido de la cita de Marx exergo de estas notas, inmediatamente saltarán horrorizados y asustados los supuestos antidogmáticos, adversos y muy sensibles a las etiquetas, pero a la vez muy dueños del sentido crítico y el pensamiento propio. El concepto, como otros parientes suyos de peor suerte, ha sido condenado por sovietizante, manualístico y cuasi estalinista, una víctima colateral del “socialismo real”. Incluso eventos o ideas, ocurridos unos  o pensados otros en Cuba cuando apenas se conocía quién era Stalin, y ni el primer litro de petróleo se había quemado en nuestros hogares, son ahora catalogados de “estalinistas”, según la nueva moda… Un triunfo del pensamiento capitalista lo hemos asimilado como una conquista propia. Doble victoria. Doble derrota.</span><span id="more-62465"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Pero para aplacar un tanto los ánimos, si es que alguien lee estas líneas o llega aquí por confusión: ningún texto marxista, ni aún los del propio Marx, o Engels, o los más lúcidos de sus seguidores de cualquier época, debe leerse como verdad revelada, inamovible o definitiva, sin alejarse por ello inmediatamente de lo vigente del propio marxismo. El marxismo es todo lo contrario a eso: no es un sistema filosófico omniabarcante, al estilo del perfecto cosmos hegeliano que realiza en la historia el devenir de la Razón y la Idea, con categorías para explicarlo todo, cerrado en sí mismo, cual una galaxia explicativa de lo Total.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El marxismo, quizás primero que todo, es guía y práctica revolucionaria: antes que solamente intentar <strong>explicar</strong> el mundo, contribuir a <strong>cambiarlo</strong>. Y como teoría, un apego irrestricto al devenir del conocimiento de la realidad. Nada más y nada menos. Pero el más, contiene bastante como para que insista en su vigencia. Perdonen los entendidos pequeños recordatorios. ¿Qué cambiar? Las condiciones de posibilidad de la explotación. ¿Quiénes son los explotados? Los que se ven “libres” en los modernos estados de Derecho  democráticos para vender su fuerza de trabajo, cualquiera sea, en cualquier época, haga el oficio que haga, la habilidad de venda: ese es el proletario siempre moderno e inmortal, la gente que no posee medios de producción o capital que le impulsen a explotar a otros. ¿Quién explota? El capitalista que injustamente se apropia de lo común (el sol debe salir para todos), el que expropia los medios comunes que el hombre ha inventado y los conocimientos que ha acumulado, y cerca y domina sobre la tierra y el cielo, que es de todos. Si aceptamos estas verdades evidentes estamos pensando, de modo muy sencillo, al menos como aprendices de marxistas, saber que por cierto nunca acaba por saberse, como no acaba nunca el conocimiento de la realidad. Y por lo tanto, consecuentemente, sin dogma alguno, aspiramos al comunismo, por muy lejano que se vea, por muy difícil que resulte.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Y hablando de cambiar. Insistentemente se lee por allí que el mundo ha cambiado y que debemos adaptarnos a esos cambios, o perecer. Con frecuencia el estribillo viene de la doxa, la mera opinión de los que balbucean en los medios repitiendo y celebrando, al ciento por ciento, lo que otro diga, por supuesto que con todo derecho, con la alegría inocente de quien descubre y dice algo nuevo, como si estuvieran develando el último de los arcanos. Pero alguna que otra vez, la frase salta en  ilustrados antidogmáticos, y, ciertamente pareciera que no sospechan que practican un dogma en modalidad negativa, es decir, omitiendo en todo momento los términos comunismo y, por supuesto, ese horror de “dictadura del proletariado”: olvidan que el  que se cree libre de dogmas se adorna a su vez de uno, porque como mínimo se atribuye la posesión  de un conocimiento que le permite calificar al contrario, precisamente de dogmático. Pero bueno…dogma menos dogma, suma cero…</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Por supuesto que si el concepto “<strong>proletario</strong>” lo pensamos equivalente al concepto “obrero fabril”, digamos fordista, o más atrás, en aquellos barrios ingleses estudiados por el amigo del Prometeo de Tréveris, el escándalo del &#8220;antidogmático&#8221; tendría toda la razón. No son pocos los que han decretado la muerte del trabajador. Y si pensamos el concepto dictadura, tal como flota triunfante en el imaginario mundial, (otro éxito cultural!), de manera tal que individualizamos y visualizamos al dictador en la imagen antropomorfa de un pinochetista o un franquista, pero nunca, por ejemplo, bajo el logo encantador de una transnacional, o la figura de un banquero del FMI o del Banco Mundial, pues claro que el término tiene todas las de perder frente a la mil veces ausente pero tan venerada palabra democracia, como aquella célebre Flor ausente de todo ramillete.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Pero es que democracia, si queremos hablar verdaderamente de democracia, es el poder del proletariado, es decir, la dictadura, temporal, pero de una temporalidad necesaria mientras exista la explotación y su correlato inevitable: la lucha de clases, el enfrentamiento económico, que es lo mismo que decir lucha política, entre los que son menos iguales entre los supuestamente iguales ante el Derecho. El demos, el gobierno de los pobres, o los que se han quedado sin la parte que justamente les pertenece. Temporal es, en la historia, vista en amplia perspectiva, un tiempo que resulta imponderable porque la historia es imprevisible e incalculable ya que la hacen los hombres falibles, sus pasiones, sus ambiciones y… su posición con respecto a la riqueza y los medios de producir la riqueza.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En la erosión interesada que sufren los conceptos, gracias a la neolengua líquida y tergiversadora, se olvida que la dictadura fue una institución necesaria e ilustre, no peyorativa,  para salvaguardar otro objetivo, la república, tal como fue conocida por los antiguos. O con las palabras de un marxista: “<em>la &#8220;dictatura&#8221; era en la Roma republicana una fase breve de suspensión del derecho destinada a combatir la usurpación de poder de una persona o de una clase con ambiciones tiránicas en detrimento de la República.”</em> Breve, ahora es concepto temporal relativo a…la existencia del capitalismo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Es decir, que cada vez que estemos echando al saco de la historia  la dictadura del proletariado, el comunismo, con todo y la palma, de modo directamente proporcional estaremos ayudando a consolidar el verdadero férreo poder del Capital, el Gran Hermano Dictador, que ejerce su dictadura cierto que…también, y ojalá tenga razón Marx, temporalmente. Hay quien se rebela con más ardor contra una posible dictadura de los pobres, que contra la dictadura de los banqueros. Lo mejor para el capitalismo es que mientras mantenga la sartén del Capital por el mango, se desprecie cualquier connotación de dictadura, visible porque se personifica en un hombre, un sistema o un partido, y se vende muy bien en sus medios, mientras que la suya, su dictadura, suele ser mucho menos difícil de ver y además, se enmascara en la democracia y se oculta muy bien en sus mismos medios.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Hablamos de hechos, muchos hechos, recurrentes hechos, estólidos hechos: recordemos sólo lo que le sucedió al pueblo griego cuando su pueblo votó por no pagar la deuda a la Troika: la eficiente dictadura del <a style="color:#000000;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Shylock"><strong>Shylock</strong></a> de nuestra era, la banca moderna, que es el dominio temporal del Capital, castigó bien duro a la cuna de la democracia y la filosofía, la bella Patria de Sócrates y Platón, ejemplarmente, es decir, para escarmiento ejemplarizante de otras posibles iniciativas: aplastó con el peso de su oro las aspiraciones, las “democráticamente” triunfantes, pero con más deudas, más sometimiento, más recortes sociales y más pobreza.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En el análisis de algunos especialistas cubanos, &#8211; (olvidemos por el momento el trinar de la doxa al uso, que pulula (“a pululu”) en el ciberespacio), &#8211; se suele no considerar, aunque por supuesto no la desconozcan ilustres académicos, la persistencia de una lucha de clases que trasciende los ámbitos nacionales y es transversal a todo el planeta. Se suele olvidar la existencia de un explotador transnacional, <em>(“l<strong>a megamáquina  </strong><strong>del sistema capitalista”, como le llama el historiador, escritor y periodista alemán Fabian Scheidler</strong><strong>)</strong><strong>,</strong></em> de una dictadura  del poder del dinero que rebasa las fronteras y, por lo tanto, es natural que no se comprenda la vigencia de su correlato necesario, inevitable, la existencia actuante y vigente de un proletariado que aunque ya no podemos visualizar como el artesano, o los sans-culottes (sin calzones) de la Comuna de París, sigue su amarga existencia, vendiendo la única mercancía que posee. De un ejército de vendedores de su fuerza de trabajo, universo productor todo lo fragmentado, balcanizado, desorganizado que se quiera, con su emergente “aristocracia obrera”  los más favorecidos por ese estallido en mil sectores inconexos del mundo del trabajo,  trabajadores ya sin el trabajo para toda la vida en centros laborales que permitían su organización gremial y energizaba su sentido de clase y necesidad de la lucha organizada, precarizados, subempleados, cuando no eternamente desempleados, es decir, en peor y crecientemente peor situación. (<strong><em>Los franceses ferroviarios que hoy van a la huelga, ¿no son proletarios?)</em></strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Y se suele repetir, por esa fragmentación, que <strong>ya la contradicción no existe en la esfera de la producción, sino en el ámbito del consumo</strong>. Con lo cual se olvidan dos cosas, ambas marxistas porque son realidades históricas: que existe una inmensa cantidad de personas que subconsumen,  o mueren de no hacerlo, o, cuando sobreviven, viven con la angustia y la frustración de no poder acceder a esa nueva “clase” de consumidores para satisfacer necesidades reales y ficticias,  y que, y es lo más “marxistamente” importante: que la existencia de una supuesta clase media consumidora como nueva hegeliana meta final de la marcha de la Historia, que sería el ideal a perseguir, además de exigir que colonicemos varias Tierras más, después de comernos viva a esta pobre Gea, no cambia la esencia real, objetiva, del marxismo: la relación con los medios de producción, que es el aporte marxista para entender el concepto de clase y la inevitable lucha de clases que ello conlleva.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El pensamiento que pretende desdibujar esa contradicción fundamental, nada dogmática porque es sencillamente una verdad palpable, objetiva, bajo la promesa de que la democracia al uso, y sus instrumentos, permite la gobernabilidad, es decir, la contemporización y difuminación de las contradicciones de clase, es cognitivamente reaccionario (otra palabra de suerte fatal, me disculpan ciertas sensibilidades si es que llegan hasta aquí), porque ignora una conquista del conocimiento de la realidad histórica que ofrece, precisamente, el marxismo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Un sistema social que mantiene la tendencia y la voluntad de alcanzar objetivos socialistas mediante las complejidades de una transición de temporalidad imprevisible, en que es necesaria la dictadura de los pobres, los pobres de la tierra de Martí &#8211; y no otra cosa es la maltratada dama de la democracia -, tiene que lidiar en nuestros días, y a la vez,  en dos frentes que se inter penetran y mutuamente se condicionan e influyen: el <strong>interno</strong>, con las contradicciones de la propia dinámica que exige del humano un nuevo modo de vivir y pensar, siempre en conflicto con las aspiraciones de la subyacente cultura capitalista y las dificultades económicas que potencian circularmente esos conflictos y contradicciones, y la <strong>externa</strong>, que es la existencia agresivamente abrumadora del capitalismo mundial, tanto su cultura, el espectáculo de su “riqueza”, supuestamente al alcance de todos, y el dominio objetivo que ejerce en las relaciones económicas mundiales bajo la amenaza militar, cuando no mediante la guerra misma, o el chantaje económico.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Por lo tanto, todas las soluciones que se imaginen hacia el ámbito interno cubano tienen que “pensarse” en su relación con el escenario externo. Parece una verdad de Pero Grullo, pero de esas tan evidentes que ciegan por la cercanía de su luz, y que no suelen observarse en los análisis al uso, sobre todo aquellos que se limitan a la cuestión nacional, como si todo lo que pudiéramos hacer pudiera librarse de poderosas interferencias. El entusiasmo por la panacea de la propiedad privada, “rápida y feroz” produce exabruptos, como afirmar que nuestros problemas se deben  “…al miedo aterrador, enfermizo, que le tenemos a dar un espacio, lógico, a la propiedad privada entre nosotros. Miedo a <em>darle el lugar que le corresponde</em> y sin la cual nuestro proceso socialista no podrá avanzar…” (el subrayado es nuestro).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En el sentido de los dos ámbitos a considerar, el interno y el externo,  dos cuestiones básicas cubanas son (a) la forma en que la sociedad de aspiraciones socialistas va a seguir desarrollando su democracia, como el ejercicio del  poder político y económico de los más desfavorecidos o el poder en función de sus intereses, la dictadura temporal de los que deben sacudirse la explotación , (o si no, de qué estamos hablando, pues sólo repetiríamos lo que el enemigo quiere, es decir, su concepto de democracia, el carnaval de las elecciones bajo el supuesto estado de Derecho, donde el verdadero derecho es el de legitimar la explotación) y (b) la cuestión de la propiedad, y cuando sea privada, de manera tal que no funcione y no conlleve a las consecuencias de la propiedad privada capitalista.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Quien aquí opina no es un enemigo fanático de la propiedad privada. Cree comprender que la pequeña o mediana propiedad privada industrial o agraria de sesgo o límites artesanales <strong>que se vea impedida de ejercer la explotación de una masa crítica suficiente como para amasar una riqueza que le impulse a la lucha política por el poder con su consiguiente aspiración a la reproducción ampliada de su capital y la concentración de la riqueza</strong>, puede no jugar un papel capitalista, si es medio de la preponderancia de un orden social interno con tendencia al socialismo. En las sociedades capitalistas la tendencia “natural” del desarrollo económico es ir fagocitando a las pequeñas, pero las tolera cuando no le son necesarias, o no representan un peligro de competencia, y también para mantener la apariencia y las esperanzas de que “Ud. también puede llegar”, es decir, como recurso ideológico y válvula de escape político y, a la vez, como consumidores necesarios de la gran producción, e intermediarios del consumo social.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Ahora bien, en una sociedad como la cubana, no puede olvidarse (pero hay quienes sistemáticamente lo olvidan!) que está en la genética de la propiedad privada un criterio de optimización indetenible conducente al crecimiento de las ganancias al que no se puede negar, y el ciclo se alimenta a sí mismo. Eso no depende de la buena “conciencia” del propietario.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Cuando se cabalga un tigre, ya no se puede descabalgar. Pero, con todo, la solución no es botar la bañera y el agua junto al candoroso bebé. Mientras el propietario privado, en relación a la riqueza media de la sociedad, no tenga la posibilidad de convertirse en capitalista, es decir, poseedor de medios de producción y capital en una medida crítica determinada, que siempre estará dictada por la dinámica real, no tendrá fuerza suficiente para disputarle el poder político a la sociedad en aras de sus intereses particulares o gremiales. La tensión siempre existirá, pero si  todavía no se ve cuándo llegaremos, si es que llegamos  en la historia, a una sociedad de hombres libres y, a la vez, cada uno propietario en igualdad de condiciones con todos los demás, de manera que la libertad real de cada uno sólo tenga como límite el daño que le pueda hacer el ejercicio de su libertad al derecho del prójimo, eso y no otra cosa significará la propiedad privada y, por lo tanto, es una cuestión de responsabilidad entenderlo si se pretende ser socialista. Si aquí hay dogma, los &#8220;antidogmáticos&#8221; deben dejar sus propias etiquetas a un lado y demostrar lo contrario con argumentos…marxistas. Pues el marxismo ya no lo pueden evitar ni los mismos capitalistas, que tras la crisis que estalló en el 2008 dejaron las librerías vacías de los tomos del aguafiestas de Tréveris.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La experiencia conocida hasta el momento de los intentos inicialmente socialistas que se han visto impelidos a incorporar la mediana y gran propiedad privada a sus economías y junto a ello permitir el asentamiento nacional de las grandes inversiones extranjeras capitalistas, no demuestra que el control  del ascenso de la propiedad privada sea siempre viable, es decir, que se pueda  impedir un aumento de la dimensión y el significado cultural y político de la propiedad privada y no se derive real y gradualmente a una sociedad y un sistema capitalistas. Para Cuba, copiar de China o Vietnam es un absurdo, un sueño de la razón. El imperialismo norteamericano sobrevive en gran parte porque es el gran deudor de la economía china y un vasto mercado en que realizar sus mercancías. Son enemigos íntimos obligados a llevarse bien en muy precisos aspectos, ahora mismo liados en una guerra de tarifas arancelarias. China ha podido lidiar con ese formidable enemigo porque es su gran acreedor, y poseedor de enormes sumas de reservas en divisas y bonos del Tesoro estadounidense, más una enorme población, una milenaria cultura e ingentes riquezas naturales y científicas y también se beneficia del mercado gringo. Y, ¿por qué ha podido sobrevivir Cuba, que no tiene ni lo uno ni lo otro?</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Y aquí juega su papel el elemento externo al que nos referíamos más arriba. La significación y las consecuencias de un crecimiento desmedido de la propiedad privada en Cuba ya tienen un claro indicio en función de nuestra posición geopolítica, el significado de nuestra historia y la voluntad cubana de sobrevivir. Aun antes del acercamiento obamiano, las medidas implementadas dentro del marco del bloqueo, estuvieron dirigidas a facilitar capitales, mediante remesas y otras vías menos santas, al “emprendimiento” privado a la vez que no se permitían a la economía estatal y se estrechaba  el dogal del bloqueo. La idea del Norte no es permitir una pequeña china, o un minúsculo Vietnam para Cuba, sino desaparecer un sistema y ejemplo incómodo en su mismo patio trasero, que le permita, además, parar, &#8211; con esa fuerza económica y simbólica más -, el empuje chino, o  ruso, o el que sea, en su traspatio.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Dentro del conflicto intercapitalista interno de los EEUU, donde se debaten dos estrategias de matices diferentes, a veces antagónicos en sus métodos, pero hacia el mismo objetivo, el giro  trumpista sólo significa otra vuelta de tuerca del mismo propósito y, en gran medida, es una concesión política del nuevo presidente ante la incómoda posición que sus iniciativas le provocan en los ámbitos del poder congresional y parlamentario. Como multimillonario quizás le convendría invertir en Cuba, como político imperial tiene otras obligaciones, pero ambos son esencialmente y no sólo con respecto a Cuba, lo mismo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La propiedad privada no es negativa en sí misma, en el sentido de que impida, por necesidad, la realización de las mejores y más nobles aspiraciones humanas. La idea contenida en el concepto de una sociedad de productores libres asociada al proyecto comunista así lo confirma. Lo que es negativo es que algunos humanos sean poseedores de tanta propiedad y riqueza que puedan hacer valer sobre los demás sus ambiciones personales. Ese es el estado predominante en el mundo hoy, y por lo tanto, se impone que allí donde florezca la propiedad privada, no como propiedad individual, sino como función social,  como relación social con respecto a los medios de producción y las ganancias, y teniendo en cuenta que la esfera de lo económico no está separada de la esfera de lo político,  se evite su potencial funcionalidad como obstáculo del socialismo, no como su vía de realización.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Ravsberg: Del insulto a la manipulación. Por Carlos Luque Zayas Bazán</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2017 14:22:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se trata nada más y nada menos que del uso irrespetuoso del símbolo sagrado de un país, y en un país que lo acoge, y del pleno derecho de sus habitantes a valorar que el proceder es vejatorio, y pedirle que respete lo que ello significa.  <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=57487">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-574880" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2017/01/ravsberg.jpg"></div></div></td></tr></table><h6 style="padding-left:90px;"><span style="color:#000000;"><em>Recordad las emotivas palabras del insigne poeta que al regresar a la patria evoca el valor de la bandera cuando aún podían verse a la entrada del puerto las canteras y la vieja cárcel y el pedazo de pared donde fueron ejecutados los estudiantes de 1871:</em></span></h6>
<h6 style="padding-left:90px;"><span style="color:#000000;"><em>“Si deshecha en menudos pedazos</em></span><br />
<span style="color:#000000;"> <em>llega a ser mi bandera algún día&#8230;</em></span><br />
<span style="color:#000000;"> <em>¡nuestros muertos alzando los brazos</em></span><br />
<span style="color:#000000;"> <em>la sabrán defender todavía!”</em></span></h6>
<h6 style="padding-left:90px;"><span style="color:#000000;">Eusebio Leal</span></h6>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">En breve nota titulada “<span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="http://cartasdesdecuba.com/el-trabajo-por-cuenta-propia-avanza-a-paso-de-tortuga/">El trabajo por cuenta propia avanza a paso de tortuga</a></span>”, publicada el 10 de enero del año en curso en su blog, Cartas desde Cuba, el periodista uruguayo Fernando Rasvberg expone su criterio sobre el tema del trabajo no estatal en Cuba. El citado título ya subraya la idea central.</span><span id="more-57487"></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Es bastante notorio que el fomento del trabajo no estatal, o cuentapropista, o Trabajo por Cuenta Propia (TPC), avanza en Cuba desde 1996 signado por obstáculos que no han estado desvinculados de las dificultades económicas generales del país, ni tampoco del carácter inédito y complejo de la construcción de la utopía socialista.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">En esta etapa, no faltan analistas que aconsejan su más rápido despliegue, y señalan entre las razones de una supuesta voluntaria ralentización del proceso, prejuicios dogmáticos, o intereses retardatarios de individuos que no querrían perder privilegios, o posiciones de control. Resultaría ingenuo negar que ese factor puede existir. Pero es de justicia y verdad denunciar que la causa subjetiva es sobredimensionada por la tarea desacreditadora mediática que está arremetiendo no sólo contra Cuba, sino contra las posibilidades del socialismo. Esa tendencia, cuando es unilateral, sesgada y superficial, forma parte de la actual ofensiva mediática que pretende desacreditar el rumbo del socialismo cubano. ¿Por qué?</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">De este sesgo es la nota, y otros escritos sobre el tema cubano, del periodista de Cartas desde Cuba que mencionamos al principio. Pero de un nivel algo más bajo. Algo que se pone en evidencia con la imagen que precede a su escrito y que es el motivo principal de este comentario.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Para establecer la correspondencia entre el tema central de la nota y su escenario nacional, el periodista tuvo la infeliz e irrespetuosa ocurrencia de graficarla con una imagen donde combina el sagrado símbolo de la enseña nacional cubana con la clásica tortuga, vieja metáfora de la lentitud. En esa imagen podemos observar una tortuga cuyo caparazón haría las veces del triángulo rojo de la bandera cubana, con la estrella solitaria. La tortuga se arrastra, con su peculiar lentitud, sobre una estela formada por las franjas azules y rojas de la enseña nacional, dejando un rastro de manchas grises, manchas que también puntean el triángulo rojo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><img class="alignleft size-large wp-image-57488" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2017/01/ravsberg.jpg?w=545" alt="ravsberg" width="545" height="362" />A propósito, en las redes sociales se ha producido un abundante intercambio expresando indignación y repudiando la ocurrencia. En su propio blog, donde por lo común los comentaristas son efusivos seguidores del periodista de marras, algunos han señalado el irrespetuoso proceder.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">A este comentario del <em>nick</em> llamado <em>ems</em>:</span></p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;"><em><span style="color:#000000;">“Solo escribo para protestar por el mal uso de la bandera cubana, ha sido muy desagradable ver esa foto. Y, por favor, no me vengan a justificar con que “si representa al país y este avanza o no avanza a paso de tortuga”, dejen de jugar con los símbolos por los cuales se ha derramado tanta sangre, ninguna de nosotros, de los que aquí escribimos. Otra falta de respeto de ese tipo y dejaré de leer el blog de Fernando, periodista que leo desde su época en la BBC.”</span></em></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">la respuesta del periodista fue tan insólita y desafiante, como otras anteriores, y como la imagen.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Es necesario citarla:</span></p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;"><em><span style="color:#000000;">“Baracoa y Ems, sinceramente después de que las autoridades cubanas autorizaran a las rumberas vestir la bandera cubana para esperar el primer crucero de los EEUU, no creo que esta foto sea tan escandalosa. De todas formas si Ems cree que debe dejar de leer este blog está en su derecho pero no aceptamos que nos impongan condiciones. Un abrazo.” </span></em></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Aquí hay varios ejemplos del estilo del autor, que analizo y describo, aunque no califico como realmente quisiera, el propio lector tiene la oportunidad.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Primero, el enfoque del argumento es oportunista y justificativo. Oportunista porque se apoya en lo que han hecho otros, y no asume su propia responsabilidad, sino que se parapeta en “las autoridades” cubanas. Ahora bien: “las autoridades cubanas” es una expresión voluntariamente ambigua y generalizadora, y por lo tanto, difusa. ¿Por qué un periodista que bucea con tanto ahínco en cuanta sombra puede revelar, en cuanto tema puede sesgar, y lo cual es de rigor en la profesión, no precisa qué autoridades fueron? Ningún estilo es inocente y como dijera Buffon, el estilo es el hombre. “Las autoridades”, es decir, que todas a cualquier nivel autorizaron a usar la bandera cubana. ¿”Las autoridades cubanas” es el director de una comparsa o un funcionario de una entidad turística? ¿Por qué no dice que la prensa cubana, sus dos principales periódicos, publicaron un artículo de la prestigiosa ensayista Graziella Pogolotti condenando el hecho? ¿Por qué no reconoce que el suceso fue debatido por el Pleno del Consejo Nacional de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba que emitió una enérgica declaración condenándolo, publicada en la radio y televisión nacionales?</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">¿Acaso un funcionario de cualquier nivel de autoridad es suficiente para que el periodista se ampare en ese antecedente? Es un manido recurso de la retórica manipuladora. Pero la perla le sigue a continuación: si al periodista le parece que después de aquello su foto no es “<strong>tan escandalosa</strong>”, ¿no le basta con que simplemente sólo sea escandalosa? ¿O es que opina que las “rumberas” vestidas con la enseña nacional fue algo escandaloso que, por lo tanto, él también puede hacerlo, y ya no lo es tanto, aunque lo sea? Pues eso mismo quiere decir, en claro romance, su respuesta, además desafiante, con el lector, cubano, que le trata con respeto: Al Sr. periodista no se le pueden poner condiciones, pero él impone la condición de darle el tratamiento gráfico que desee a un símbolo patrio. Pues, Sr periodista, se trata nada más y nada menos que del uso irrespetuoso del símbolo sagrado de un país, y en un país que lo acoge, y del pleno derecho de sus habitantes a valorar que el proceder es vejatorio, y pedirle que respete lo que ello significa. Si esa “condición” no la respeta, ¿cuál es?</span></p>
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