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	<title>La pupila insomne &#187; Carlos Luique Zayas Bazán</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>¿Ahora es imposible?: cambiar no significa abandonar. Por Carlos Luque Zayas Bazán</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Nov 2018 00:22:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cambiar lo que debe ser cambiado no debe leerse fuera del contexto, ni del contexto histórico, ni del contexto de todo el significado que le da la ruta de vida seguida por Fidel <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=64728">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-647290"></div></div></td></tr></table><div id="js_b" class="_5pbx userContent _3ds9 _3576" data-ad-preview="message" data-ft="{&quot;tn&quot;:&quot;K&quot;}">
<p><span style="color:#000000;">Cada vez que leo o escucho la afirmación de que ahora – y aquí el adverbio que congela el tiempo es muy significativo – es imposible, viene a la mente de inmediato y con toda naturalidad el correlato equivalente de esa noción desalmadora y desarmadora, a fuer de aspirar a ser “realista”: hagamos hasta donde sea posible. </span><br />
<span id="more-64728"></span><br />
<span style="color:#000000;">Si hay algún evento político humano que el común de las personas, &#8211; y el sentido común -, siempre cree imposible, es una revolución social radical, o que el asalto de un puñado de imberbes a un cuartel con unos pocos y precarios fusiles tenga, a pesar de su muy probable fracaso inmediato, un enorme éxito en términos de significado político.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En la historia de Cuba, ¿cuántas veces las condiciones “objetivas” pudieron erigirse ante los hombres como el muro más difícil (imposible!) de socavar?: pues en cada una de las circunstancias en que surgieron – y siempre tarde o temprano surgen – los hombres capaces de llevar consigo a otros hombres también dispuestos a soñar, actuar y hacer estallar los engañosos límites de lo posible. </span><br />
<span style="color:#000000;">La poesía, en Rimbaud dijo: “hay que actuar, hay que cambiar la vida”. Y la energía política revolucionaria de Lenin respondió en ¿Qué hacer? : “…hay que soñar”.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Cambiar todo lo que debe ser cambiado exige del sueño y de la acción, pero ambos revolucionarios. Si el sueño transformador es revolucionario, a la vez que está afincado firme y lúcidamente en la valoración de la realidad y las probabilidades, no ausculta ni sopesa “lo posible” para comprobar si la señal que le envía exige renunciar, convertida el ansia en una estatua de sal ante las dificultades. Sino para buscar la mejor vía para intentar lo imposible. Entre las muchas, esa es la lección superior de Fidel, que no hace más que continuar una herencia de los grandes revolucionarios que le anteceden en toda la historia.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Todo lo que se intentó en Cuba, desde el 68 acá para lograr la libertad y la autodeterminación era, a los ojos de los muchos, imposible. O mejor, le resultaba imposible a las subjetividades ancladas en la cárcel de lo inmediato, férreo, anodinamente cotidiano.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Ahora nuestro necesario cambio de mentalidad, si pretende ser revolucionario – y no otra cosa que revolucionario, comunista, pudo significar Fidel con los términos “cambiar lo que debe ser cambiado”, &#8211; no debe consistir en abandonar el sueño poético, y la acción leninista por lograr lo que se presenta imposible y no rendirse ante la normalidad impuesta. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Para justificar renunciamientos, adaptaciones y abandonar la necedad, se evoca repetidamente que los tiempos han cambiado, en un sentido desmovilizador, como si en estos tiempos no hubieran más justificaciones, peores condiciones universales y locales, para seguir intentando lo imposible.</span><br />
<span style="color:#000000;">Lo imposible, en este mundo, es no rebelarse, no indignarse, no luchar. Y sobre todo se va haciendo cada vez más imposible, abandonar el sueño del socialismo, del comunismo y de las revoluciones. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Cambiar lo que debe ser cambiado no debe leerse fuera del contexto, ni del contexto histórico, ni del contexto de todo el significado que le da la ruta de vida seguida por Fidel, ni tampoco interpretado al margen del contexto de toda la definición. Para obtener de esas palabras la justificación de un retroceso siempre habrá razones en quienes haya hecho mella el desaliento, una falta de inspiración que nunca fue fidelista. Un aparente imposible siempre estará en la acción humana capaz de romper los límites donde otros ven que nada distinto puede intentarse.</span></p>
</div>
<p><!--more--></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Como la zorra que perdió la cola. Por Carlos Luque Zayas Bazán</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Sep 2018 17:56:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
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		<description><![CDATA[El Partido tiene muchos más militantes en Cuba que los que portan o han merecido un carné o forman parte de sus órganos de dirección <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=64230">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-642310" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/09/zorra.jpeg"></div></div></td></tr></table><p>Así como existen los que son más papistas que el mismísimo Papa, ahora emergen los más fidelistas que el mismo Fidel. Estoy convencido que el propio Fidel les diría al conocer sus argumentos: “no me defiendas, compadre…”<span id="more-64230"></span></p>
<p>El argumento se veía venir y lo han utilizado tirios y troyanos por igual. Los enemigos declarados, los que no posan de revolucionarios, entonaron incesantemente “de esotra parte, en la ribera”, el canto de cisne de la Revolución cada vez que ellos mismos propalaban la desaparición física de Fidel. Su fútil esperanza se jugaba a una sola carta: la Revolución moriría con la muerte física del líder. Algo que funcionaba como una conclusión sinérgica con aquellas agresiones culturales y académicas que pretendían separar a la Patria, de la Revolución y del Partido.</p>
<p>Una vez frustradas sus vanas expectativas cuando la Revolución siguió su curso con Raúl, los troyanos de esta Isla del Caribe, &#8211; a saber, una especie que se reconoce a vuelo de pájaro porque son tan revolucionarios que se auto adjudican en tal medida todas las virtudes de esa condición que sólo dejan para los demás asalariarse con el pensamiento oficial, &#8211; continuaron la evolución del argumento al aproximarse el momento en que alguien que no perteneciera a la generación histórica tomara el timón del proyecto cubano: comenzaron a repetir que la generación histórica sería la única merecedora de prestigio, de crédito y de confianza. Después, habría que discutir el consenso.</p>
<p>Compréndase la falacia del argumento: el crédito y la confianza que decían tributar a la generación histórica los ponían en entredicho apenas decían reconocerlos: pues si el prestigio, el mérito histórico y el crédito revolucionario de Raúl (y no sólo de él, por cierto, sino del Partido y de la Asamblea Nacional como órgano democrático de la Nación) avalaban el prestigio, los méritos y el crédito revolucionario del virtual nuevo presidente del Consejo de Estados y de Ministros, sin embargo, lo cuestionaban de inmediato en la persona de ese virtual nuevo presidente del Consejo de Estados y de Ministros al sostener la idea de que la nueva generación exigiría un nuevo consenso. Revelan así que no tenían confianza en lo que decían tenerla, y deseaban que los demás no la tuvieran, como la zorra que perdió la cola y a animaba a sus congéneres del bosque a que la cortaran también con el argumento de que les restaba agilidad en la caza.</p>
<p>Esa es la primera contradicción sofística, y en algunos casos, analizando el conjunto de los argumentos de algunos de esos personajes, una muestra de hipocresía política. Reconocían lo que no se atrevían a no reconocer, para después no reconocer lo que emanaba del prestigio de lo que decían reconocer. No es un trabalenguas, pero si lo es, resulta que se origina en esa falacia.</p>
<p>El desarrollo que ese modo de pensar ha experimentado una reciente adición, que no puede sorprender, pues, si partimos de la anterior reflexión. Se reduce a lo de siempre, a su origen, y es este: Fidel no está, no estará Raúl y por lo tanto decir Partido, o Fidel o Raúl, ya no serán la misma cosa. En primer lugar, ¿cuándo lo fue? No lo dijo Fidel, quien afirmó que si alguna inmortalidad existía era la del espíritu de rebelión e independencia de un pueblo, quién afirmó que en Cuba había existido una sola Revolución, una herencia cultural e histórica sostenida y continuada durante la historia cubana.</p>
<p>Pero la falacia hay que sostenerla para lo que verdaderamente interesa: poner en duda al Partido mismo. En eso consiste la exaltación interesada de la significación de Fidel y de la generación histórica.</p>
<p>Ningún revolucionario cubano duda, pero tampoco ningún lúcido y honesto pensador que no comparta los principios políticos e ideológicos de la Revolución, como atestiguan numerosos testimonios de personalidades de todo el mundo recogidos en libros, de la extraordinaria importancia que para el proceso cubano ha tenido, y tiene, y tendrá, la gesta, la tarea, el ejemplo, las obras y el pensamiento de Fidel. Ahora: ocurre que hay muchos cubanos que no necesitan proclamarlo a cada paso. Como también ocurre que existe el criterio que lo proclama a cada paso para al final cuestionar una de las más importantes de las obras de Fidel, el Partido mismo.</p>
<p>En efecto Fidel es la Revolución, como podemos decir que Martí es la Patria. Si decimos que Martí y Fidel son la Patria y la Revolución es un justo y exacto modo simbólico para recoger en su significado que ni Patria, ni Revolución, ni Partido hubiera existido sin la tarea anónima y humildísima de aquel tabaquero de Cayo Hueso que dejaba algunas monedas de sus magros ingresos para que El Delegado organizara expediciones de guerra e independencia. Tampoco sin el apoyo campesino de la Sierra, tampoco sin la sangre que se derramó generosa en las ciudades, o la vida en flor estrujada salvajemente por la tortura. Tampoco sin esa fuerza anónima y telúrica del pueblo que se arrojaba a las calles, como en la Revolución del 30, tampoco sin Mella, tampoco sin Villena, tampoco sin el Che… Que si los mencionamos, es sólo para recoger en ellos, quizás con inevitable injusticia, a los que no mencionamos pero hicieron posible, en la intensidad del anonimato de su sacrificio, lo que no hubiera sido posible sin ellos.</p>
<p>Martí estaba muy consciente de su valía. Lo dejó dicho en versos: “mi verso crecerá/bajo la hierba/yo también creceré”. Pero comprendía la exacta función del hombre en la historia y el papel colectivo de los pueblos cuando advirtió: “Yo sé desaparecer, pero no desaparecerá mi pensamiento”.</p>
<p>Gran conductor de pueblos, Fidel también tiene, como cualquier grande hombre de sutil inteligencia, esa aguda percepción de sí. Pero mucha más lúcida conciencia tiene de ser sólo la encarnación de un proceso que fluye de la acumulación de un sumun colectivo, ecuménico, histórico. Que realizan sus mejores hijos, pero que es imposible sin aunar la voluntad de muchos otros. Las revoluciones tienen su sentido profundo y su justificación moral en la injusticia que sufren muchos, aunque estén sólo en condiciones materiales y espirituales de comandarlas los que después puedan parecernos la única condición de posibilidad de las revoluciones.</p>
<p>El pensamiento quizás más extraño a Fidel sería una exaltación de su figura que no tuviera en cuenta cómo han ocurrido las revoluciones y sobre todo la especificidad de la cubana. Fidel siempre consideró su vida un azar, un capricho misterioso del destino, porque la expuso a la muerte todo lo que pudo, y todo lo que le permitieron exponerla, pero tenía esa granítica confianza en lo mejor del ser humano que él mismo representaba en grado sumo, como para no saber que ahora sólo vivía un milisegundo de la historia, y que el hombre, como especie, jamás se resignaría a una condición de esclavo. Tenía una gran fe en la humanidad, en lo mejor del ser humano, y amaba intensa y profundamente a su pueblo. Lo más valioso que deja Fidel, con todo lo inmensamente valioso que hay en su obra, es esa inspiración de amor, de seguridad y fe que transmitía.</p>
<p>También tenía Fidel aguda conciencia, &#8211; una lección de la historia que no desconoció, &#8211; de que las energías emancipadoras, las rebeldías populares necesitan de organizadores, aglutinadores, líderes, vanguardias.</p>
<p>Como aprendizaje vivió con angustia el episodio colombiano conocido como El Bogotazo, cuando fue testigo de las masas enardecidas e indignadas por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, que se lanzaban sin dirección ni orden ni concierto por las calles, y entonces echó menos a un fusil para sumarse a la protesta y dirigir y organizar aquella explosión popular.</p>
<p>Y por ello, porque todo proceso histórico tiene que ser conducido, facilitado, organizado y dirigido, cifró sus esperanzas en lo que supo que era algo superior al hombre político solitario: la voluntad colectiva de emancipación visibilizada y hecha carne en una organización partidista.</p>
<p>Al decir que el Partido es inmortal Fidel estaba simplemente expresando lo que dejó dicho en su última y conmovedora presencia en el Parlamento: “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos…”.</p>
<p>Cierto es que un Partido no es una entelequia abstracta. Porque lo que no calibran los enemigos externos e internos de la Cuba que aspira al comunismo, y que la continuidad partidista precisamente acaba de confirmar, es que el Partido tiene muchos más militantes en Cuba que los que portan o han merecido un carné o forman parte de sus órganos de dirección. Y tiene un legado que continuar y revolucionar, que, &#8211; cuando decimos que es el legado de Fidel, &#8211; es la herencia que él recogió, continuó, enriqueció y revolucionó para dejarla en la obra en que cifró todas sus esperanzas de revolucionario, el Partido.</p>
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		<title>El aguafiestas de Tréveris vuelve a hacer de las suyas: no le hagan ese “demasiado honor y demasiado escarnio”. Por Carlos Luque Zayas Bazán</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2018 11:26:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El mensaje que recogemos de ese Marx que nos continúa hablando, renacido, en su Bicentenario <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=62913">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-629140" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2017/08/marx.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="padding-left:30px;" align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>¨</b></span></span><b>De tal modo, eventos sorprendentemente similares, ocurriendo, sin embargo, en diferentes situaciones históricas, llevaron a resultados completamente diferentes.¨</b></span></p>
<p align="right"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;"><b>Carlos Marx.</b></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">¨Demasiado honor¨ a la vez que ¨demasiado escarnio¨ &#8211; (algunas traducciones del alemán vierten ¨demasiada humillación¨) son palabras de Marx respondiendo, allá por los meses finales de 1877, a una temprana interpretación, forzada e incorrecta, de sus aportes que, para sorpresa nuestra, todavía encontramos por allí, nada menos que en académicos, unos para condenar al socialismo y otros hasta para justificar ¨filosóficamente¨ con Marx, que Cuba debe transitar por el capitalismo si alguna vez alberga la esperanza de continuar su proyecto.</span></span><span id="more-62913"></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><span class="_5yl5">En el debate económico en curso existe una corriente auto afiliada a la concepción socialdemócrata, e incluso otros que no adhieren al comunismo, que coinciden con la política cubana expuesta en los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución acerca de la necesidad de diversificar las formas de propiedad y gestión de la economía en Cuba, y, a la vez, garantizar la estrategia socialista del proyecto cubano. Pero se nota en esa coincidencia la impulsión de acudir a las analogías, a mirar demasiado estrechamente hacia otras experiencias y trasladarla a situaciones forzosamente diferentes. La analogía, sin embargo, debe detenerse en el límite impuesto por el riesgo de extrapolar la evaluación de unas circunstancias específicas e intransferibles, a otras. En este caso la mirada se vuelve con insistencia hacia los derroteros de la China y de Vietnam, pues se tratan de proyectos que, al no abandonar su voluntad socialista, plantean el problema teórico &#8211; (y al respecto, las prácticas necesarias) – en la época del dominio absoluto del capitalismo, de intentar resolver para el bien del proyecto, las tensiones conflictivas que se producen entre el interés individual, al que indudablemente hace efectiva sinergia la propiedad y la gestión privadas, en relación con los objetivos y aspiraciones del proyecto socialista y comunista. Esos pensadores comprenden bien el conflicto. Advierten y subrayan que, incluso aunque la empresa privada hipotéticamente maximice su responsabilidad social y sea capaz de trascender en diverso grado los intereses particulares, sectoriales o grupales, su signo definidor es el logro de la rentabilidad y la acumulación. Con la esperanza de minimizar y controlar las consecuencias de ese conflicto, que no se ha logrado en ninguna experiencia real, principalmente los especialistas en economía proponen un amplio surtido de recetas salvadoras: controles fiscales, coinversión y cogestión entre el estado y el sector privado, regulación estatal, etc. Sin embargo los hechos tozudos demuestran que ninguno de esos mecanismos ha podido resolver los terribles problemas, &#8211; por sólo mirar al Sur, de nuestro continente. En otros lares, Vietnam, por ejemplo, pese a su elogiado desarrollo económico, muestra en algunos aspectos, indicadores que ceden a otros importantes indicadores cubanos. No se trata, pues, sólo de crecimiento económico.</span></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><br />
</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">La impulsión cognitiva de acudir a las analogías conlleva a mirar hacia otras experiencias y trasladarla a situaciones forzosamente diferentes. La analogía, sin embargo, debe detenerse en el límite impuesto por el riesgo de extrapolar la evaluación de unas circunstancias específicas, e intransferibles, a otras. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">En este caso la mirada se vuelve con insistencia hacia los derroteros de la China y de Vietnam, pues se tratan de proyectos que, por no abandonar su voluntad socialista, provoca que los estudiosos traten de definir desde la teoría &#8211; (y al respecto proponer prácticas) &#8211; cómo dar respuesta, en la época del dominio absoluto del capitalismo, a las tensiones conflictivas que se producen entre el interés individual, al que indudablemente hace efectiva sinergia la propiedad y la gestión privadas, en relación con los objetivos y aspiraciones del proyecto socialista y comunista.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Esos pensadores comprenden bien el conflicto. Advierten y subrayan que, incluso aunque la empresa privada hipotéticamente maximice su responsabilidad social y sea capaz de trascender en diverso grado los intereses particulares, su signo definidor es el logro de la rentabilidad y la acumulación.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Con la esperanza de minimizar y controlar las consecuencias de ese conflicto, que no se ha controlado en ninguna experiencia real, los especialistas proponen un amplio surtido de recetas salvadoras: controles fiscales, coinversión y cogestión entre el estado y el sector privado, regulación estatal, etc. Sin embargo los hechos tozudos demuestran que ninguno de esos mecanismos ha podido resolver los terribles problemas, &#8211; por sólo mirar al Sur, de nuestro continente. En otros lares, Vietnam, por ejemplo, pese a su elogiado desarrollo económico, muestra en algunos aspectos, indicadores que ceden a otros importantes indicadores cubanos. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Ahora mismo Argentina se aboca a otra profunda crisis, apenas retornó el frenético recorte macrista de prestaciones sociales y las privatizaciones del neoliberalismo, y ello, sólo al muy poco tiempo de que se comenzó a minar los modestos avances del intento anterior por lograr un ¨capitalismo nacional¨, de un rostro más humano, menos salvaje. Y su gobierno acude, nada menos que a quien ayudará a profundizar la crisis, pidiendo desesperadamente los empréstitos y las ¨ayudas¨ del FMI. (No ha mucho, alguien aconsejaba a Cuba, urdido con sesudas razones, entrar en ese organismo.)</span></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">Pero lo que interesa destacar en las notas que siguen, es una arista del tema que no podía dejar de abordar una corriente del pensamiento económico e intelectual que desea curarse en salud y librarse del reproche de limitar su análisis a las angostas fronteras de su disciplina. </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><i><b>Ahora también insisten en fundamentar filosóficamente sus posturas</b></i></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">, aduciendo que el proyecto socialista cubano, &#8211; que, por cierto, parece el único con el cual no se reconcilia económica ni culturalmente el Capital, &#8211; es, </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><i><b>ya</b></i></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">, inviable, imposible de llevar adelante. Por ello, además de recetas y procedimientos económicos que de todas maneras necesitan de una comprobación fáctica aun indemostrada sobre todo al sur del Río Bravo, acuden a argumentos más ¨profundos¨, y si es posible, notemos, de alguna envergadura ¨filosófica¨. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">Dos ejemplos recientes respecto a los cuales no nos interesan por el momento sus autores, sino las ideas. Así, ya aventurándose en el terreno filosófico, se ha decretado, sin apelación y terminantemente, que Cuba ¨</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>…en ningún caso (…) clasificaría en la situación que el pensamiento marxista clásico definía como condiciones para el socialismo (sociedades desarrolladas y sistema internacional)</b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">¨. Es decir, paladinamente dicho con un pretendido argumento “marxista”: ya Cuba no puede seguir su ruta hacia el socialismo porque al fin y al cabo el marxismo clásico postuló que sólo desde el pivote de un “desarrollo” económico previo (“sociedades desarrolladas”), se podría tratar de construir el socialismo. Pero se debe advertir que la corriente que decreta esa fatal imposibilidad, manifiesta, también, que sus tesis están dirigidas a </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>conservar la condición socialista del sistema.</b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"> Surge una pregunta: ¿Cómo preservar lo que ya se considera imposible, incluso, de lograr? Aquí se viola, alegremente, uno de los principios lógicos del viejo Parménides, el de no contradicción (</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><i><b>nada puede ser y no ser al mismo tiempo</b></i></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">).</span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">Cuando ya cerraba estas notas, leo lo siguiente en las redes. Un comentarista (otro académico), después de una fatalista relación de condiciones objetivas que deben conducirnos al realismo de aceptar que la gestión privada es mucho más eficiente </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">en todo</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">, sin ninguna otra consideración al respecto, indica lo que le resulta más relevante, y volvemos a darnos de bruces con un ¨marxismo¨ que no se puede saber si nace de la ignorancia o de la conveniencia, aunque parece mucho más debido a lo primero. Debemos advertir que no se trata de un diletante de las redes, sino de un académico de varios títulos y periplos universitarios, tanto como el autor de la idea anterior. Respeto la ortografía del original y el estilo algo desgarbado del académico, quizás porque se trata de un comentario escrito con la premura de exponer su tesis. Y el subrayado en negrita es del autor de estas notas, para destacar la idea que coincide con la que más arriba comentamos. Leamos su tesis:</span></span></span></p>
<p style="padding-left:30px;" align="justify"><span style="color:#000000;"><em><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">¨</span></span>Pero ese llamado al realismo no es lo mas relevante sino <u><b>otra idea fundamental en Marx</b></u> que la fundamenta <u><b>en toda su obra</b></u> (no soy marxista pues no estoy convencido en la idea de la desaparicion de las clases y el estado, entre otras objeciones, que exprese en Cuba, antes de viajar al exterior, pero creo que es uno de los mas grandes pensadores universales que tiene su lugar en la biblioteca de cada persona culta) <u><b>es la referida al agotamiento del capitalismo como pre-condicion para el comunismo</b></u>. Notese que Marx no predica la llegada de una nueva formacion economico social en el fracaso de la anterior sino en el agotamiento de las posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas dentro de ese orden social. Es dentro del anterior orden social donde se agotan los marcos para la expansion de las fuerzas productivas, y donde se desarrollan las condiciones materiales para la maduracion de nuevas relaciones sociales de produccion.<span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">¨</span></span></em></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">El autor del párrafo anterior parece que estudia a Marx, según confiesa que es la fuente de la cita en inglés en que apoya su argumento anterior, en el New York Time. Es conveniente estudiar a Marx en sus fuentes originales y luego contrastar los resultados de las investigaciones de los varios autores que tiene a mano en los años recientes, por ejemplo, Néstor Kohan, o el muy importante Francisco Fernández Buey, o si no se tiene tiempo de sobra, al menos leer EL MARXISMO SIN ISMOS DE FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY, un Copyleft 2013, disponible en formato digital en las redes. Hay múltiples vías hoy para no cometer anacronismos en el estudio de Marx.</span></span> <span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">O simplemente se puede comenzar leyendo dos textos de Marx que citaré al final. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Pero dejemos a un lado la curiosa incoherencia de ambos casos, quizás un desliz del subconsciente que explica la contradicción en que incurren sus autores cuando uno afirma que desea garantizar la continuación del socialismo cubano a la vez que decreta su imposibilidad; y en el segundo caso otra contradicción entre quien dice no ser comunista porque no apoya un criterio teórico marxista que no comparte, para a continuación utilizar otro presunto criterio marxista en que apoyar su tesis. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">De todas maneras lo importante es advertir que estamos en presencia de un anacronismo argumental que se comete, o interesadamente, o por desinformación. Se tratan ambos de académicos que, o se han formado con una ruidosa laguna en sus conocimientos del marxismo, o por esas mismas lagunas se explica el uso de una tesis ya superada por la exégesis de Marx ampliamente desarrollada en nuestros días: uno es un economicista de ribetes neoliberales, y el otro, digamos, que es un intelectual confeso socialdemócrata. Ambos en el lugar de Marx, nos actualizan a Engels, y en el lugar de Lenin, a Plejanov (*). Pero vamos a indicarlo, sucintamente, con la esperanza de que nuestros lectores no se dejen embaucar y acudan a los textos que vamos a sugerir. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Pues hace ya algún tiempo, ríos de tinta y bits informáticos por medio, que se ha refutado en toda la línea aquella deformación manualezca del marxismo que aherrojaba el decursar histórico a transitar por rígidas etapas, peldaño a peldaño, de una formación económico social a otra, y que postulaba, así, un determinismo histórico fatalista que exigía pasar por una previa etapa de desarrollo capitalista como umbral y condición inevitable para un tránsito hacia el socialismo. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">El llamado marxismo clásico, si nos atenemos al marxiano, no al que deformó posteriormente los aportes del aguafiestas de Tréveris, dejó bien atrás ese encorsetamiento y acartonamiento de la historia. Plejanov, a quien Lenin respetaba porque había sido quien le abrió la puerta a muchos temas filosóficos pero dejó muy atrás desde 1914, y el último Engels, pese a toda su enorme significación en otros muchos temas, insistieron en esa interpretación del necesario agotamiento de una etapa como condición de la existencia posible de la otra. Pero Marx no.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Fue una interpretación deformante de su teoría que ya Marx refutó desde los primeros vagidos de su aparición. Lo que luego daría lugar al anquilosamiento dogmático del llamado ¨etapismo¨ lo refutó Marx en toda la línea y como siempre hizo desde el criterio del estudio de los datos reales que tenía a mano.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">Estudió el idioma ruso para informarse de primera mano acerca de la comuna campesina del país de los zares, y, además, acopió, estudió e incorporó a su obra cumbre, el resultado del análisis de una enorme información de realidades socio-económicas que no pertenecían a la Europa Occidental. De esa manera pudo poner en su lugar esas interpretaciones que, según aclara refutándola, estarían destinadas, como después sucedió, a:</span></span></p>
<p style="padding-left:30px;" align="justify"><span style="color:#000000;"><em><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>¨…</b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><b>convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa occidental, </b></span><span style="font-family:Arial, serif;"><u><b>en una teoría filosófico—histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos</b></u></span><span style="font-family:Arial, serif;"><b>, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ella concurran, para plasmarse por fin en aquella formación económica que, a la par que el mayor impulso de las fuerzas productivas, del trabajo social, asegura el desarrollo del hombre en todos y cada uno de sus aspectos. (Esto es hacerme demasiado honor y, al mismo tiempo, demasiado escarnio.)</b></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>¨ (</b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">Subrayado nuestro</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>.)</b></span></span></em></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">(Para estudiar en toda su amplitud qué implicaciones tiene esa afirmación de Marx, de finales de 1977, es útil, entre otros autores igualmente esclarecedores, acudir al estudio detallado que de este tema hace Néstor Kohan en </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>Marx en su (tercer) mundo, </b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">en especial el capítulo homónimo</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>. </b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">Además, la edición cubana contiene varios anexos, uno de ellos titulado</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b> La ruptura con el eurocentrismo. Carta a la redacción de Anales de la Patria., </b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">del cual se toma la cita anterior</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>.)</b></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">La otra fuente que evidencia sin duda alguna esa aclaración marxiana, &#8211; luego interesadamente desconocida por el “marxismo clásico”-, es la célebre respuesta (de 1881, a pocos años de su muerte) a una pregunta de la rusa Vera Zasulich con respecto al debate de los revolucionarios rusos sobre el destino de la comunidad rural de aquel país. Con tanto ahínco esclarecedor le interesaba zanjar la cuestión a Marx, que el borrador de su carta ocupa, si mal no recuerdo, como 30 cuartillas, pese a que ya su enfermedad le impedía trabajar con la intensidad que le era proverbial. Al final la resumió en una sola cuartilla. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">P</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">ero no es el caso exponer aquí lo que debe estudiarse directamente para no sucumbir a los cantos de sirena ni ser víctima de la ignorancia. Baste decir que Marx, en palabras de Néstor Kohan, abordó </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>¨la multiplicidad plurilineal de vías alternativas (no necesariamente sucesivas) para el desarrollo histórico.¨</b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"> Lo otro es la hojarasca que todavía se trae a cuento para pontificar la muerte del socialismo, actualizando una pátina deformante de la que ya se ha librado al marxismo de Marx, un corsé de su pensamiento que se comenzó a fraguar incluso durante su propia vida, y que le llevó a decir, entre bromas y veras, </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:small;"><span lang="es-CL">&#8220;Si esto es marxismo, yo no soy marxista&#8221;, </span></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">si esa sería la interpretación de sus aportes. Tenemos que negarnos a seguir un viaje a la semilla infértil, en círculo hacia esa otra fatalidad de nuevo cuño, que apunta a sembrar la idea de la imposibilidad del socialismo, basándose, entre otros argumentos también muy discutibles, en una deformación ya más que superada, del marxismo de Marx. </span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:medium;">El socialismo existirá sólo como un proceso de la lucha que sea capaz de imponerse al fatalismo y la renuncia. No habrá condiciones objetivas fatales y previas que el hombre no pueda proponerse modificar: es el mensaje que recogemos de ese Marx que nos continúa hablando, renacido, en su Bicentenario(**). </span></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;">(*) “…</span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span lang="es-CL">hasta el final de sus días Plejanov se (aferró) religiosamente —como también lo hiciera Kautsky— a un determinismo histórico lindante con el fatalismo, del cual dedujo la imposibilidad de forzar, negar o violar “las férreas leyes de la historia”. En </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span lang="es-CL"><u>Marx en su (Tercer) mundo</u></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span lang="es-CL">. Néstor Kohan. </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><i>Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2003</i></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>.</b></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:medium;"><b>(**) </b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:small;"><span lang="es-CL">Immanuel Wallerstein: “Hay una vieja historia acerca de Marx: se le arroja por la puerta principal y vuelve a colarse por la ventana trasera. Eso es lo que ha sucedido una vez más. Marx es relevante porque tenemos que lidiar con cuestiones sobre las que todavía tiene mucho que decir y porque lo que dijo es diferente de lo que la mayoría de otros autores han argumentado sobre el capitalismo.</span></span></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;color:#000000;"><span style="font-size:small;"><span lang="es-CL">Muchos columnistas y académicos, no solo yo, encuentran a Marx extremadamente útil y hoy atraviesa por una nueva fase de popularidad, a pesar de lo que se predijo en 1989.”</span></span></span></p>
<p align="justify">
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