Maduro: democracia contra bloqueo. Por Ángel Guerra Cabrera

 

El 6 de diciembre hay comicios en Venezuela para elegir la totalidad de diputados a la Asamblea Nacional (AN), hecho de extraordinaria trascendencia política. Pero antes de entrar en ese tema mencionaré las elecciones que se desarrollarán en varios países latinoamericanos en los próximos meses, todas ellas muy importantes en la disputa por nuestra América entre la derecha y las fuerzas populares.

El 18 de octubre, elecciones generales en Bolivia, donde el MAS de Evo Morales es favorito para ganar en primera vuelta, pero queda la gran pregunta de si el mismo grupo oligárquico y racista que, apoyado por Washington, derribó a Morales e instauró una dictadura, está dispuesto a reconocer la victoria de los salvajes, como llaman a los indígenas. El 25 de octubre, plebiscito nacional en Chile para decidir si se redacta una nueva Constitución que sustituya a la pinochetista, sentida demanda de la rebelión popular de octubre de 2019, viva, aunque momentáneamente congelada por la pandemia. El 15 de noviembre, elecciones municipales en Brasil, donde la izquierda va dividida pero acaso podría conseguir algunos triunfos importantes, uniéndose en segunda vuelta. El 7 de febrero de 2021, elecciones generales en Ecuador, donde el correísmo está bien posicionado y podría ganar en primera vuelta pero igual cabe interrogarse si la dictadura del traidor Moreno continuará la guerra judicial sin límites para impedir la victoria de los candidatos de la revolución ciudadana.

Los comicios del 6 de diciembre en la patria de Bolívar son estratégicos, porque se decide quién controla el Legislativo con todo su contenido simbólico adicional, en el país con las mayores reservas mundiales de petróleo. Y es que la pérdida de esa herramienta en 2015 fue muy costosa en el plano nacional, como internacional, para un chavismo acostumbrado a radiantes victorias electorales. El enemigo imperialista y la oligarquía pasaron a la ofensiva y aprovecharon la coyuntura para arreciar su guerra total contra la revolución bolivariana. No fue más lesivo el golpe porque la oposición quiso convertir su victoria electoral en golpe de Estado contrarrevolucionario y siguió insistiendo en esa senda, subordinada a Estados Unidos. Mientras, el chavismo demoró un corto periodo en encajar el golpe, pero cuando reaccionó recuperó la iniciativa política y así se ha mantenido hasta hoy. La prueba es la derrota aplastante por el pueblo del terrorismo guarimbero de 2017 y la capacidad demostrada por el presidente Nicolás Maduro y la dirección político militar de la revolución de derrotar una por una las acciones del autoproclamado Guaidó desde el intento de invadir el país con el pretexto del paso de la ayuda humanitaria, el atentado con drones contra el presidente Maduro, pasando por el frustrado golpe de Estado del 30 de abril de 2019, la derrota de la Operación Gedeón y desde antes, el vacío vergonzoso de concurrencia a los mítines de Guaidó. Si esto fuera poco, el autoproclamado y su gobierno de opereta se han revelado como unos vulgares ladrones y entreguistas, hechos millonarios con los fondos y empresas públicas venezolanas, como Citgo en Estados Unidos y Monómeros en Colombia, lo que les ha granjeado la inquina de la mayoría de diputados opositores dejados fuera del saqueo, y la sublevación de un grupo de diputados que depuso a Guaidó como presidente de la AN. La pertinaz obediencia a Trump del presidente encargado, el incumplimiento de sus promesas y fracaso de sus planes, unido a la negativa ordenada por Wa-shington a participar en las venideras elecciones han terminado por aislarlo de un importante sector opositor, que nucleado por el dos veces candidato a presidente Henrique Capriles sí va a concurrir a las elecciones y ya tiene inscritos a sus candidatos. Guaidó podrá tener el apoyo de Trump y actuar a las órdenes de un energúmeno y criminal de guerra como Elliot Abrams, pero ya en Venezuela es un don nadie. Capriles ha calificado a su interinatura como gobierno de Internet que no ha dado resultado y ha dicho que hay que abrir camino y concurrir a las elecciones. Previamente, en agosto, la muy conservadora Conferencia Episcopal se pronunció contra el abstencionismo guaidocista al que calificó de error.

Este escenario sería inconcebible sin la voluntad de diálogo de Maduro, que ha invertido cientos de horas tratando de encontrar entendimientos con la oposición; de su vocación democrática y de paz, que lo llevó a indultar a principios de septiembre a 110 opositores, muchos de ellos presos por participar en acciones terroristas y golpistas.

Maduro ha invitado a la ONU y a la Unión Europea a acompañar con su veeduría las elecciones de diciembre pero ya la segunda dijo que no, alegando tecnicismos que enmascaran su condición de semicolonia de Estados Unidos. El chavismo ha promovido la competencia electoral en medio del bloqueo y ya se emplea a fondo en la movilización del voto para ganar en diciembre a una oposición que podría enfrentarlo unida.

Twitter: @aguerraguerra

 

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One Response to Maduro: democracia contra bloqueo. Por Ángel Guerra Cabrera

  1. Sin-permiso says:

    Mientras en Venezuela se cuestiona la democracia, lo que se cuestiona en Bolivia es que el partido que fue apartado del poder mediante un golpe de estado, por que la OEA y su cuartel general en USA no podían concebir ni aceptar 4 años más en el dique seco, finalmente pueda regresar de nuevo por la puerta grande, lo que crearía la necesidad de otro golpe de estado. Por razones obvias, el manual de estilo de la burguesía local e imperial recomienda otras técnicas de cirugía en lo que considera no sólo su patio trasero sino un sistema político de su propiedad y a su servicio exclusivo. La inhabilitación judicial de sus líderes o incluso la ilegalización del partido MAS sería en este caso más “convincente” si lo que se pretende es vivir del cuento cien años más, y no me refiero al famoso programa humorístico cubano protagonizado por Pánfilo.

    Entonces, uno tiene que preguntarse obligado: de qué democracia estamos hablando? Todos esos ejemplos citados por Ángel Guerra, en que la democracia es cuestionada y aplastada no por el eterno retorno de los partidos compromisarios de una clase social censalmente irrelevante ni por los crímenes y traiciones que protagonizan en nombre de los privilegios de esa minoría sino por gobernar en nombre de los derechos de las mayorías sociales, lo que vienen a demostrar es que, como no podía ser de otra forma (tratándose de una clase ultraminoritaria), las democracias burguesas son un oxímoron más (como banca ética o inteligencia militar) y, por tanto, un fraude, una monumental estafa que a la burguesía le ha funcionado bien mientras han sido sus peones (conservadores y liberales primero, a los que se sumó más tarde la socialdemocracia) los que se venían turnando o relevando en el poder, sin otro derecho para las mayorías humildes que elegir a sus verdugos entre ellos, siempre como representantes que no pueden aceptar órdenes ni rendir cuentas ante sus electores, nunca como compromisarios.

    Ahora que las mayorías han adquirido conciencia, y hasta han tenido el atrevimiento de crear sus propios partidos o de mostrar sus preferencias entre los no investidos por la burguesía para gestionar sus intereses, a esta no le queda otra opción que recurrir al juego sucio para preservar y ampliar sus privilegios. En Venezuela ya lo han probado todo, desde la manipulación de la información hasta varias intentonas de golpes de estado, pero oficialmente el dictador sigue siendo Maduro, y no se me ocurre otra razón que por haber consentido tantas acciones contra la legalidad existente, cuyo único defecto ha sido y es anteponer los derechos de las mayorías a los obscenos privilegios de una burguesía parasitaria y un imperio que no reconoce la soberanía de sus instituciones ni los derechos de los venezolanos.

    No cabe la menor duda de que la revolución cubana de 1959 fue preclara en muchos aspectos y, de forma especial, al adoptar las medidas necesarias para que el turnismo burgués no tuviera cabida en el nuevo sistema político. Cualquier déficit democrático que hoy pueda existir en la isla no es debido a que no esté presente el teatro del absurdo burgués, que nada tiene en común con la democracia y que es puro artificio al servicio de los intereses de una clase social ultraminoritaria dispuesta a sacrificarlo todo en nombre de una obsesiva acumulación de riqueza, sino a que es preciso preservar las conquistas de la revolución de quienes siguen ubicando al país en el patio trasero del imperio y siguen ofreciendo sus malas artes pseudodemocraicas disfrazados bajo la piel de corderos.

    Ni el pluripartidismo burgués, por las razones expuestas, ni la libertad de medios de comunicación en el sector privado (que ha construido el más universal y totalitario de los oligopolios, creador de toda clase de matrices falsas, convertidas en punta de lanza de nuevas formas de agresión, como la existente sobre Venezuela) tienen nada bueno que ofrecer a la sociedad cubana, y ahí están los ejemplos en América Latina. Cualquier proceso emancipador que pretenda hacer uso de las instituciones burguesas para algo que no sea servir a la minoría privilegiada, aunque no cuestione el modelo, se coloca por ello fuera del sistema y se expone a todas las formas de agresión posible hasta el restablecimiento de lo que siempre fue un sistema plutócratico, con sufragio restringido (censitario y capacitación), hasta que se dieron cuenta de que, con la ayuda de una clase política corrupta y traidora (como la socialdemocracia), y el control de la información, se podía hacer más inclusivo el modelo con diferentes fórmulas de sufragio universal, en función de las circunstancias.

     

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