#LaPupilaTv: Que no te marquen las marcas (video)

 

La pupila asombrada hace un recorrido por el mundo de la publicidad comercial y las marcas.

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7 Responses to #LaPupilaTv: Que no te marquen las marcas (video)

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  2. Liborio Guaso says:

    Si se analiza bien las marcas decidirian hasta los resultados deportivos, nadie puede creer que patrocinen sin que le aseguren un gran resultado espectaculares. Hasta se habla de lograr cinco goles en un partido.

     
  3. Simpermiso says:

    Buenas tardes, Iroel: no funciona el audio y no es un problema de mi equipo, ya que en otros vídeos del blog se escucha perfectamente, salvo el de “comprar hasta reventar”. Saludos.

     
  4. Simpermiso says:

    El tema desarrollado en NoLogo por Naomi Klein tiene su culminación en otro reciente, titulado Decir NO No basta, en que se describe un nuevo formato de las marcas a partir del “flamante” presidente actual de USA y habría que preguntarse en qué versión del infierno de Dante un ser de estas características podría convertirse en un estímulo apetitivo. Antes de ser presidente, Donald Trump logró construirse una marca de éxito en USA trabajándose a la prensa, el cine, la televisión, sobre todo a raíz de su programa en este medio, titulado “El aprendiz” ,en que se resaltaba su ostentoso estilo de vida hasta convertirlo en sinónimo de éxito personal.”Al poco tiempo estaba lanzando un menú completo de marcas derivadas: colonia Trump, gafas Trump, colchones Trump y hasta una universidad Trump”. Y encima no tenía que pagar por utilizar el medio televisivo para promocionar sus marcas, al contrario, le pagaban a él por publicitarse. Conociendo al personaje, su credo político y de lo que es capaz, habría que buscar la manera de acordonar la nación USA (aprovechando el muro que va a construir en la frontera con México), colocar carteles bien visibles con las tibias y la calavera y establecer un periodo de cuarentena hasta que los habitantes de esa nación recobren el equilibrio mental.

    Por si no fuera suficiente lo que ha representado el capitalismo como técnica de explotación en el terreno de la producción, buscó la manera de hacerlo también en el ámbito del consumo, y no precisamente con la intención de mejorar la felicidad de los seres humanos. Es difícil de imaginar que, quien explota a la gente en las fábricas con largas, estresantes y extenuantes jornadas laborales, buscando las mayores plusvalías, tenga algo valioso que ofrecer a esas mismas personas y a los de su clase a la hora de consumir. Lo que hoy conocemos como sociedad de consumo no es otra cosa que el resultado de un invento macabro de la teoría de juegos en el terreno de la acumulación capitalista. El consumo de masas requería que los empresarios pagaran a sus trabajadores mucho más que el salario de subsistencia para que estos, con su participación en el modelo de explotación consumista, contribuyeran al incremento de la tasa de acumulación de riqueza. Cuando Henry Ford decidió pagar altos sueldos a sus trabajadores y convencer a otros empresarios de que este era el más fructífero camino del enriquecimiento creciente, por una parte estaba proporcionando a aquellos un mayor poder adquisitivo pero, por otra, los estaba convirtiendo en esclavos también en la esfera del consumo, les estaba inoculando un estilo de vida que les condenaría a dedicar buena parte de su existencia laboral y de ocio al transporte privado: a comprar, mantener, utilizar y convertir en tema de conversación habitual una mercancía cuyos costes (económicos, sociales, ambientales, culturales y sanitarios) superan con creces a los beneficios. Mejor nos habría ido a todos si el progreso material que ha representado el transporte a motor lo hubiera protagonizado el sector público desarrollando un transporte colectivo de calidad, que es a lo que debe aspirar la sociedad cubana, cobrando altos tributos a la clase empresarial en el mundo capitalista y dedicando recursos propios de la propiedad pública y tributos crecientes a los cuentapropistas en el caso cubano.. Así es como se lograría la eficiencia y la racionalidad en el transporte y no esclavizando a las masas inculcándoles un consumo individualista, competitivo y obsesivo que contamina y acapara los mejores espacios públicos de las ciudades.

    Creo que no se ha analizado suficientemente hasta qué punto el alto poder adquisitivo que nos concedieron a los trabajadores empresarios tan ambiciosos y determinantes como Ford ha influido negativamente en nuestra existencia. Se supone que la enseñanza reglada en las escuelas era para convertirnos en ciudadanos de provecho a la hora de producir (incluido el curriculum oculto), pero la imperiosa necesidad de influir en nuestras vidas como consumidores ha provocado graves y perniciosas interferencias, a través sobre todo de los grandes medios de comunicación y su publicidad engañosa. Las barbies infantiles del documental elegido por la Pupila Asombrada, que visten y adoptan poses de adultas, seguramente padecerán una profunda disonancia cognitiva con el aprendizaje escolar y con el desarrollo de una mentalidad feminista. Muchos padres se quejan en el mundo capitalista del escaso interés de sus hijos por los estudios y su futuro profesional, sin llegar a comprender que ellos y sus hijos son víctimas de una tremenda estafa y de un maquiavélico plan de explotación también en el ámbito del consumo. En algunos casos, el plan no puede ser más perverso, como cuando las marcas se llaman Coca cola, Mac Donald o Marlboro, auténtico rito de iniciación en el ámbito de la morbilidad y que tantos dividendos aporta no sólo a estas empresas sino a quienes viven del negocio de la enfermedad y cuyo poder es tan elevado a nivel institucional y económico que explica y justifica que aquellas tengan las puertas abiertas en cualquier nación capitalista, cuando se les debería prohibir la licencia de apertura de negocios que arruinan la salud de la gente y procesarles allí donde vienen ejerciendo su macabra actividad económica. Sería bueno que a la hora de comparar el modelo cubano con el capitalista, se destacara positivamente que en aquel los estudiantes no sufren la grave disonancia cognitiva que provoca la publicidad comercial y toda la programación de los medios en general en este y que no existe esa grave perversión, maltrato y explotación que representa el consumismo, ni lo existiría (y esto es importante destacarlo) si el sistema productivo cubano pudiera proporcionar mayor nivel de renta a sus ciudadanos.

     

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