El sueño de Lares

 
Jesús Arboleya Cervera

puerto_rico-protestasCada 23 de septiembre se conmemora el llamado Grito de Lares, hecho que marca el inicio de las luchas independentistas puertorriqueñas contra España en 1868.

Como ocurre muchas veces, lo que se celebra es una derrota militar. Ese día, un grupo de patriotas, presionados por las circunstancias, adelantan la fecha planificada para el alzamiento, toman el pueblo de Lares, instauran un gobierno provisional y declaran la constitución de la República de Puerto Rico. La premura del suceso impide la coordinación efectiva con el resto de los grupos revolucionarios existentes en el país. Su principal líder, Ramón Emeterio Betances, que se encontraba en el exilio, no pudo llegar a tiempo a Puerto Rico y las armas que había acopiado en el extranjero fueron incautadas en la isla de Saint Thomas, entonces propiedad danesa. Todo lo cual condujo a la rápida capitulación de los insurrectos y la detención de sus principales dirigentes.

Sin embargo, este malogrado acto de rebeldía va a tener consecuencias políticas y culturales que marcarán para siempre la historia de Puerto Rico. La propia conciencia de la nacionalidad puertorriqueña, aún en ciernes debido a la heterogeneidad de sus componentes, se concretó en ese empeño liberador, dando forma a una cultura nacional que ha sido capaz de resistir todos los avatares de la dominación extranjera. Lo que nadie ha podido quitarle a los puertorriqueños es el orgullo de ser puertorriqueños.

Por mucho que españoles y norteamericanos hayan intentado borrarlo de la historia o los reformistas y anexionistas convertirlo en un simple hecho anecdótico carente de actualidad, el Grito de Lares ha sido inspiración de las luchas de Puerto Rico por su independencia hasta nuestro días. No solo por su significado patriótico, sino porque el proyecto de Lares se adelantó a su época, planteando un modelo de integración caribeña que mantiene absoluta vigencia.

A finales del siglo XIX, José Martí comprendió la dimensión internacional de la independencia de Cuba y Puerto Rico:

Las Antillas libres salvarán la independencia de Nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo (…) Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son solo dos islas las que vamos a liberar.

Por eso, la primera de las bases del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí en 1892, establece que “se constituye para lograr la independencia absoluta de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

Si bien es cierto que la lógica del pensamiento martiano conducía inevitablemente a esta conclusión y ello tenía raíces en los planes de liberación bolivarianos, una de sus influencias más cercanas debió haber sido Ramón Emeterio Betances, a quien conoció personalmente y fue uno de sus colaboradores. Veinte años antes que José Martí, ya Betances había adelantado un criterio similar:

…¡Acerquémonos!… Será en vano que España trate de aplastar la insurrección para vender a Cuba a Estados Unidos lo que sería el comienzo de la absorción de todas las Antillas por la raza anglo-americana. ¡Unámonos! Hagamos un solo pueblo, un pueblo de verdaderos masones, así podremos edificar un templo con bases tan sólidas que todas las fuerzas de la raza sajona y de la española juntas no podrán jamás echar abajo. Lucharemos por la independencia y a la sombra grabaremos esta inscripción, perdurable como la Patria, que es un dictado de nuestro interés y de nuestro corazón, el modo de obrar más generoso y el más egoísta instinto de conservación: “Las Antillas para los Antillanos”.

Betances fue uno de los inspiradores de la constitución, en 1865 en New York, de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico,  al parecer, la primera coalición destinada a luchar por la independencia de ambos países. Dentro de ella, trató de convencer a los conspiradores que el objetivo debía ser desarrollar una revolución conjunta para “formar mañana la Confederación de las Antillas”, como lo expresó en una proclama que emitió en julio de 1867.

Desgraciadamente, los patriotas cubanos de entonces no estaban listos para comprender la envergadura de este proyecto y aunque los gritos de Lares y Yara, con los que se inicia también la guerra en Cuba, fueron prácticamente coincidentes no fueron debidamente coordinados. Lo mismo ocurrió cuando muere José Martí en 1895 combatiendo en Cuba y el proyecto de liberación de Puerto Rico, a partir de una visión antillana de la guerra, termina siendo desechado por las nuevas autoridades del Partido Revolucionario Cubano.

El resultado fue precisamente lo que temieron Betances y Martí. Estados Unidos intervino en la guerra cubana adulterando los objetivos independentistas martianos, restableció el régimen colonial en Puerto Rico y estableció un dominio absoluto en la región del Caribe que le sirvió de trampolín para su expansión en el resto de América Latina.

Para los que hoy día aducen que la independencia de Puerto Rico no es viable por razones económicas y políticas, basta remitirlos al plan de Betances y Martí para que comprendan que sus condicionantes radican en la integración. El resto de los países caribeños, mucho más diversos y menos dotados económicamente que las antiguas colonias españolas, lo han comprendido y actuado en consecuencia.

También así ha sido interpretado por los procesos integracionistas de América Latina, que no excluyen a Puerto Rico entre sus objetivos. A lo mejor, el sueño de Lares no está tan lejos, porque Betances y Martí siguen entre nosotros.   (Publicado en Progreso semanal)

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