Sánchez Vázquez: “El socialismo es una alternativa viable”

 
Ángel Vargas
Adolfo Sánchez Vázquez

Adolfo Sánchez Vázquez

El filósofo de origen español Adolfo Sánchez Vázquez, académico y notable pensador marxista, cumple 95 años y mantiene la convicción de que el socialismo es una alternativa viable para encarar los embates y estragos del sistema capitalista.

Hoy más que nunca es necesaria una alternativa al capitalismo, puesto que no sólo significa un peligro para la clase oprimida y explotada, sino que, con su desarrollo económico y el desarrollo tecnológico al servicio del lucro, pone también en peligro la supervivencia misma de la humanidad.

Llegado a México como parte del exilio republicano español de finales de los años 30 del siglo pasado, el también poeta y profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) celebrará este aniversario de forma íntima, en compañía de sus hijos Aurora, Enrique y Adolfo, en su casa del Distrito Federal.

Hasta donde se tiene conocimiento, ni la UNAM ni alguna otra institución o instancia pública organizó en estas fechas alguna actividad para conmemorar la efeméride, acaso porque el maestro sale muy rara ocasión de su domicilio, por lo avanzado de su edad.

Larga docencia en la UNAM

Considerado uno de los pensadores iberoamericanos más importantes del siglo XX y lo que va del XXI –por sustentar una visión renovadora, abierta y no dogmática del marxismo–, si alguna cualidad se le reconoce a Sánchez Vázquez a lo largo de su vida es la congruencia con principios ideológicos orientados hacia una sociedad más justa, más igualitaria, más libre y más digna.

En aras de concretar ese propósito, el filósofo insiste en que hoy, más que nunca, la alternativa continúa siendo el socialismo. Por difícil que parezca, ha dicho, no podemos renunciar a ella; al contrario, nuestro deber es reivindicarla.

Durante un par de entrevistas sostenidas con La Jornada, acaso entre las más recientes que ha concedido a algún medio de información, el catedrático ha aseverado que en caso de que el mundo desdeñe aquella opción, corremos el riesgo hoy, más perfectible que en otros tiempos, de que lleguemos a una nueva barbarie. Esto en cierto modo ya lo había señalado Marx, cuando dijo socialismo o barbarie.

Docente durante más de 50 años en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2002, reconocido con varios doctorados honoris causa por universidades mexicanas y extranjeras, así como autor de más de 25 libros, Adolfo Sánchez Vázquez está convencido de que el socialismo no ha fracasado. Lo que ha fracasado es un sistema social que pasaba por socialista sin serlo, refiriéndose a la caída de la Unión Soviética, a principios de los años 90 del siglo pasado.

Para el filósofo, es de llamar la atención que en la actualidad nadie habla de socialismo: Se habla de neoliberalismo, pero no se dice que éste es la fase del capitalismo de dominación del capital financiero.

Existen a la fecha, en muchos casos, posiciones anticapitalistas, a su decir, pero en cierto modo sin pronunciarse abiertamente por la necesidad de esta alternativa que a mi juicio continúa siendo el socialismo.

Crítico, sostiene que la idea de esta alternativa social ha desaparecido incluso de las reivindicaciones y de los programas de los grupos políticos de izquierda en gran parte del mundo.

A mi juicio, una de las características de la izquierda no sólo en América Latina, sino también en Europa, es haber abandonado esta reivindicación y tratar de situarse en los cambios posibles dentro del sistema, pero perdiendo la perspectiva de que la alternativa verdaderamente emancipatoria tiene que venir de un sistema que destruya las bases fundamentales del capitalismo.

Igualdad y derechos humanos

Una política de izquierda, según Sánchez Vázquez, no puede ser puramente pragmatista y no se puede concebir sin el valor de la igualdad, de la justicia social, de la dignidad humana, de la defensa incondicional de los derechos humanos. Esto es lo que da contenido moral a la política, subraya.

–¿Hasta qué punto tiene sentido recurrir a la doctrina marxista en estos tiempos en los que el capitalismo se ha mundializado?

–La justificación del marxismo, desde los primeros trabajos de Marx hasta los últimos, es la crítica del capitalismo como un sistema de explotación y opresión; y a partir de esa crítica, proyectar una alternativa, que sería el socialismo en su primera fase y el comunismo en la fase superior.

“En la medida en que el capitalismo no ha hecho más que desarrollarse y llegar a desempeñar hoy un papel protagónico, se ha desarrollado por tanto como un sistema de explotación y de opresión cada vez más deshumanizante.

“En ese sentido, la crítica del capitalismo se justifica hoy aún más que en tiempos de Marx. Esto de forma independiente de que en nuestros días no tengamos realmente una fuerza social organizada capaz de ofrecer esa alternativa y de que las posibilidades de que eso suceda sean inciertas y un tanto lejanas.

“Sin embargo, la posibilidad de una alternativa al capitalismo existe porque la historia no está escrita y porque éste no va a ser un régimen eterno, a pesar de lo importante que sea hoy el peso que históricamente tiene con su hegemonía.

Entonces es posible y necesaria una alternativa, independientemente de dificultades, limitaciones e incertidumbres. Esto no quiere decir que esta alternativa sea algo ya predeterminado; sólo se dará si los hombres toman conciencia de la necesidad de tener una opción para llevar a cabo un proyecto de emancipación.

Contra el optimismo ingenuo

–¿Es posible adquirir conciencia cuando cada vez es mayor la enajenación a la que estamos sometidos por el sistema, mediante, por ejemplo, menos posibilidades de acceso a la educación?

–Desde luego que existe este peso tremendo de la ideología dominante, sobre todo a través de los medios de comunicación, y esto dificulta la toma de conciencia. Sin embargo, el cúmulo de sufrimiento, el nivel que alcanza la opresión, la extensión de la desgracia que padece la inmensa mayoría de los seres humanos, el índice de pobreza tan enorme en virtud del cual 80 por ciento de la humanidad no tiene acceso a la riqueza, esto indudablemente crea un malestar.

“Y testimonio de ello lo tenemos en nuestra época con los movimientos de resistencia, de lucha, de huelga, de manifestaciones (…)  y los movimientos antiglobalizadores.

De manera que no se puede adoptar una posición fatalista en el sentido de considerar imposible esta toma de conciencia y de organización. Es cierto, hay dificultades y deben reconocerse; no hay que engañarse, ni caer en un optimismo ingenuo y superficial, pero el índice de sufrimiento, explotación y pobreza abre la posibilidad de una acción y una alternativa al capitalismo.

Tomado de La Jornada

Ver en La pupila insomne:

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