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	<title>La pupila insomne &#187; Paco Ignacio Taibo II</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Taibo II: &quot;La medida de un hombre son sus enemigos&quot;. Por Iroel Sánchez</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jan 2017 09:26:05 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Diálogo con el escritor y activista Paco Ignacio Taibo II en ocasión de su paso por Cuba para la Semana de autor que le dedicó Casa de las Américas y que retomaremos en marzo en nuestro programa de televisión La pupila asombrada.  <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=57505">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-575060" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2017/01/paco.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><em><span style="color:#000000;">Los compañeros de La Jiribilla transcribieron el diálogo que sostuve con el escritor y activista Paco Ignacio Taibo II en ocasión de su paso por Cuba para la Semana de autor que le dedicó Casa de las Américas y que retomaremos en marzo en nuestro programa de televisión</span> <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/la-pupila-asombrada/"><strong>La pupila asombrada.</strong></a></span> </em></span><span id="more-57505"></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong><span style="color:#000000;">Has dicho que la cultura es el gran instrumento polític</span>o que dota al ciudadano, al militante, al luchador social, y le da paso largo. ¿Por qué?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Hay una educación formal que tiene que ver con enseñarte a multiplicar, la tabla periódica de los elementos, si el Tiranosaurio Rex será anterior al Diplodocus; y hay una educación sentimental que es la de tus gustos a través de elementos básicamente culturales, la cual te da la gran columna vertebral del militante, del ciudadano universal con una reflexión política, una visión de la justicia social por delante y la justicia individual por detrás. Entonces, es la cultura la que te abastece de los materiales que van construyendo esta especie de columna vertebral de educación informal, de educación sentimental, que es esencial, porque cualquier adoctrinado podrá decir que el ser social prevalece sobre la conciencia, pero no entenderá lo que es hasta que no lea <em>El Conde de Montecristo</em>; cuando lo lea, ya sabrá de qué estamos hablando.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Además de escritor, eres activista social y cultural en fábricas, comunidades rurales, colectivos en huelga… ¿No crees que eso te quita tiempo para escribir? ¿Qué les dirías a escritores que no han vivido esa experiencia y a los que se declaran apolíticos?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Me quita tiempo para escribir, pero tampoco puedo estar escribiendo 40 horas al día. El día tiene 24 horas y duermo 6 o 7; en ese sentido, el tiempo que dedico a la militancia es un tiempo útil, sano, necesario. Para poder escribir, trato de robarle horas al tiempo del activismo cultural o social. Lo que ocurre, en general, es que me voy refugiando en las noches donde no suena el teléfono, no me llaman para invitarme a ningún lado, y voy construyendo una especie de espacio protegido para poder escribir. A veces lo logro, a veces no, pero está bien. Mi capacidad de creación literaria no ha disminuido por el tiempo que dedico a la militancia, entre otras cosas, porque soy un privilegiado que vive de los derechos de autor; entonces, mi trabajo, el que me da de comer todos los días, está asociado con la labor de escribir. ¿Qué le diría a alguien que no entiende esto? Que lo siento por él, que no vive la riquísima experiencia de dedicar una parte de su tiempo a los demás, en el sentido más amplio y generoso del término. ¿Qué les diría a los que se declaran apolíticos? Les diría que no sean comemierdas: &#8220;No, tú lo que eres es un reverendo pendejo y un comemierda&#8221;, porque una declaración de apoliticismo en un país y un continente y un mundo convulsionado como el nuestro es una declaración de vuelo sobre la realidad con alas en el culo, por favor. ¿Qué les vas a decir? Ahí están las tensiones de todos los días. ¿Vas a permanecer inmune o al margen de ellas? Pues lo lamento. En general, la declaración de apoliticismo encubre una actitud conservadora frente a la vida y un politicismo conservador y reaccionario.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>¿Cuál ha sido, desde tu punto de vista, el precio cultural de la ofensiva neoliberal en América Latina? ¿Qué papel le atribuyes a Cuba y a sus instituciones en el enfrentamiento a esa ofensiva?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Empiezo por la última pregunta. Desde México, la contraofensiva cubana no se ve, es invisible. Los niveles de bloqueo todavía son muy altos y los niveles de comunicación, muy bajos. El discurso oficial cubano no es permeable, no llega, es formal; falta la sal de la vida, de la respuesta política, el calor de la carne. La incidencia de los medios alternativos de comunicación es sana; la red de México es de la izquierda y, por más que la derecha paga robots, paga responsables y organiza oficinas con 200 computadoras, se estrellan contra la pared del pensamiento crítico de la propia sociedad. A pesar de que la red es como la vida misma, o sea, está llena de mierda, también es cierto que está llena de pensamiento crítico que refluye.</span></p>
<div style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Hoy por hoy, para el Estado mexicano, que es un ejemplo que vivo todos los días, resulta casi imposible ocultar una mentira, taparla, enmascararla, porque le brotan como champiñones en el bosque cientos de versiones contradictorias. En ese sentido, las redes solo son un ejercicio bien interesante para usar la capacidad polémica de los jóvenes, aunque hay de los que la usan con 2 insultos y una línea. A veces Twitter es demasiado elemental, necesitas más aire; Facebook es mejor para desarrollar la capacidad polémica de los jóvenes, usar argumentos, información, pero, sin duda, es un espacio sano.</span></div>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La medida de la rentabilidad en producción cultural no la da el dinero, y hay que tener cuidado porque de veras puede ser una manzana envenenada.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">En cuanto al neoliberalismo, el problema es que todo lo vuelve mercancía, entonces tú dices novela y él dice producto, papel, costo, beneficios, utilidades, publicidad, mercadotecnia. Dices teatro y el neoliberalismo dice sala, 360 localidades, posibilidad de pasarla por televisión, etc. Por tanto, hay que aprender a navegar en los mares procerosos del mercantilismo neoliberal para crear contrapuntos, contracorrientes, contraespacios. Ante la idea del mercado como supremo mandarín de la vida cotidiana, para Cuba hay un problema: tienen que tener un extraordinario y potente cuidado en impedir que entre en sus vidas la palabra rentabilidad. Esa palabra es una especie de serpiente en el paraíso, que anda repartiendo manzanas a los idiotas y te dice: este libro nos cuesta 8 y vamos a venderlo con una cierta rentabilidad a 11. En cultura, la rentabilidad no tiene que ver con valor y precio, sino con el impacto en el desarrollo de la columna vertebral de la educación sentimental de tu sociedad. Es rentable aquello que eleva, protege, hace crecer, educa, ofrece alternativas a tu sociedad, y no aquello que es rentable económicamente. El riesgo de la mercantilización de la cultura se presenta enmascarado en algunos lugares como “está bien, pero tiene que ser rentable, no podemos traer un concierto de la Sinfónica de Berlín porque para 382 personas que asisten a la sala tendríamos que cobrarlo a X”. La medida de la rentabilidad en producción cultural no la da el dinero, y hay que tener cuidado porque de veras puede ser una manzana envenenada.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>En esta era de tanta comunicación, pero también neoliberal, ¿sientes que los países latinoamericanos y nuestras culturas estamos más cerca o más lejos entre nosotros?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Creo que estamos todavía demasiado lejos, no hemos logrado el sueño de Bolívar y del Che. Es la cultura la que hace los puentes más grandes, y te remito al debate que tuve en Argentina. Ahí está la respuesta, yo defendí heroicamente la idea de que para no hacer de este continente una broma tenemos que tender puentes culturales.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>¿Por qué, siendo un hombre de letras, te has involucrado en la producción de audiovisuales sobre los que llamas “los nuestros”, entre ellos el Che, Pancho Villa…?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Porque descubrí que la prolongación del ensayo político, periodístico, la narración, etc., puede ser el formato de la televisión y el documental, si se maneja con la suficiente flexibilidad y no se formaliza, si no le das la espontaneidad y el tono que tiene el libro. Los productos secundarios, como pueden ser YouTube, la distribución directa, los CDs, etc., expanden la posibilidad de contar una historia. El libro de Guiteras tiene un nivel de profundidad 7, el documental tiene un 2, pero no está nada mal si la simplicidad de este último te permite que  no se vuelva anquilosado, pedagógico.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"> <strong>Cuando hablas de la devolución del territorio mexicano arrebatado por EEUU, insistes, sobre todo, en que devuelvan Hollywood. ¿Por qué?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Sí, porque para qué quiero yo Tejas. No lo quiero para nada; lo que quiero es que nos devuelvan Hollywood, porque creo que hay una alianza potencial importante entre la América Latina progresista y el Hollywood progresista, o sea, los que produjeron <em>Missing</em> son de los nuestros y esta alianza es real. Hollywood es una máquina de producir sueños, ilusiones, narrar historias, pero en esos componentes hay uno importante de pensamiento liberal progresista al que hay que unirse.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Una vez me dije que había una solución para la guerra contra los talibanes: en lugar de bombardearlos, se les debería enviar 400 aviones cargados con videocaseteras de las viejas y la cinta Gilda, donde Rita Hayworth se quita el puñetero guante. En las comunidades talibanas, eso les iba a desquiciar el pensamiento único machista, antifeminista, racista. El bombardeo de las ideas es fundamental; en lugar de tirarles bombas, tírales videocasettes. Estoy muy liado por un pensamiento del Che que decía: “las ideas se combaten con ideas”.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>¿No te llama la atención, por ejemplo, que el macartismo fue más duro precisamente  en Hollywood?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Claro, y no es accidental. Se trataba de destruir cualquier vestigio de pensamiento crítico en la sociedad norteamericana; lo principal era pegar en el medio de difusión más importante en ese momento, que no era la tele, sino el cine; masácralos en el cine y así debilitas el pensamiento crítico que está generando la sociedad norteamericana. No es casual que la oposición más unánime que se ha producido por sectores contra la candidatura de Trump haya venido de Hollywood.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Has afirmado que solo escribes sobre personajes revolucionarios. Recuerdo que lo cité en el prólogo de <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2015/05/08/el-mas-puro-luchador-antimperialista/">tu libro sobre Guiteras</a></span>, decías: “los reaccionarios que escriban de su gente”. ¿No te preocupa ser acusado de extremista, intolerante?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Me atrae profundamente la idea de que me acusen de extremista, intolerante incluso. Hay cosas que no tolero: el racismo, el capitalismo salvaje&#8230; A estas alturas, la medida de un hombre no son sus amigos, son sus enemigos, y yo tengo los enemigos que me gusta tener.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>En tu biografía de Antonio Guiteras defines a Rubén Martínez Villena como “una mezcla de sinceridad, maravilloso hombre de honor entregado a la lucha, poeta romántico, involuntario y trágico Dama de las Camelias castigado por la tuberculosis, y personaje del Realismo Socialista narrado por Byron”, y sugieres que le debes un libro. ¿Volverás algún día para escribir una biografía de Rubén?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">No, porque me queda grande, pero a lo mejor un día, si la televisión cubana me invita, hago un documental de <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/ruben-martinez-villena/"><strong>Rubén Martínez Villena</strong></a></span> para decir cómo es esa maravillosa mezcla de un poeta del realismo socialista encarnado en una estructura personal byroniana. Rubén me gusta mucho como poeta y como persona, y su tragedia política. Era un organizador de bases proletarias y quedó atrapado en el aparato de un partido estalinista muy inepto, sectario.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>La edición cubana de ese libro ha tenido una gran repercusión, ¿estás al tanto de eso?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">No, en la calle la gente me saluda, pero creo que es porque no me conocen, me confunden.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Pero te diré que en el programa nuestro encontramos en internet la entrevista que le hizo CBS al Che en video, le pusimos la traducción y ha tenido un impacto tremendo no solo en Cuba, sino en varias partes del mundo. En tu libro dices que el Che estaba nervioso y no muy brillante, pero no es lo mismo leerlo que verlo, porque es todo lo contrario, era una ironía, una sonrisa todo el tiempo.</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La vi transcrita, pero no hay que olvidar que el Che era tímido; detrás de su aparente arrogancia era un personaje que tendía hacia adentro y no estuvo nunca cómodo con los periodistas porque, además, era tan autocrítico en su manera de vivir la vida diaria que devenir en el privilegio del homenaje lo tenía muy incómodo. Pero si es así, lo veo y rectifico. </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>No es lo que se ve en el video, por eso digo que no es lo mismo leerlo que verlo.</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Yo creo que los libros de historia son vivos y que cada vez que encuentras un error lo corriges y cuando encuentras un enriquecimiento o más información vuelves y corriges, etc. Las novelas no, las escribiste una vez y ahí están.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Paco, eres un asiduo a la Feria del Libro en Cuba. ¿Por qué esa asiduidad y ese interés en que tus libros se publiquen aquí?</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Acabo de regalar los derechos de autor de un libro mío a Casa de Las Américas, <em>Regreso de los tigres de la Malasia</em>. ¿Por qué mi interés? Básicamente, porque encuentro que el lector cubano cuando lee mis libros goza mucho y me devuelve el calor. También, porque a estas alturas de mi vida puedo darme el lujo como escritor de regalar los derechos de autor de un libro y, dada la situación de no poder cobrar en divisas, pues me pagan el libro en arroz con frijoles y huevo frito no hay bronca.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">(<strong><span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="http://www.lajiribilla.cu/articulo/las-ideas-se-combaten-con-ideas"><em>La Jiribilla</em></a></span></strong>)</span></p>
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		<title>El más puro luchador antimperialista*  (+ videos)</title>
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		<pubDate>Fri, 08 May 2015 12:00:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;Iroel Sánchez Este 8 de mayo se cumplen 80 años de que fuera asesinado el revolucionario cubano Antonio Guiteras junto al internacionalista venezolano Carlos Aponte, llegado a Cuba después de vivir la gesta de Augusto César Sandino contra los marines &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=49317">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-493180" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/05/guiteras.jpg?w=203"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/category/autores/iroel-sanchez/" target="_blank"><strong>Iroel Sánchez</strong></a></h5>
<div id="attachment_12034" style="width: 213px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/05/guiteras.jpg"><img class="size-medium wp-image-12034" title="Guiteras" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/05/guiteras.jpg?w=203" alt="" width="203" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Guiteras, visto por el pintor Servando Cabrera Moreno</p></div>
<p style="text-align:justify;"><em>Este 8 de mayo se cumplen 80 años de que fuera asesinado el revolucionario cubano Antonio Guiteras junto al internacionalista venezolano Carlos Aponte, llegado a Cuba después de vivir la gesta de Augusto César Sandino contra los marines yanquis.  </em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>El Comandante Che Guevara calificó a Guiteras como &#8220;el más puro luchador antimperialista&#8221;. En tributo a este &#8220;hombre guapo&#8221;, republico el prólogo que en 2009 hice para la biografía que escribiera sobre Antonio Guiteras el escritor <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/paco-ignacio-taibo-ii/" target="_blank">Paco Ignacio Taibo II</a> y que ya compartiera aquí en 2011. </em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Incorporamos los videos de las dos partes que Paco le dedicara en la serie &#8220;Los nuestros&#8221; que actualmente transmite TeleSUR&#8221;.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-49317"></span>“Yo solo escribo de revolucionarios. Los reaccionarios que escriban de su gente, yo solo de gente de izquierda”, son palabras recientes del autor de este libro. Luego de biografiar al Che y a  Pancho Villa, Paco Ignacio Taibo II ha asumido el reto de un libro sobre Antonio Guiteras que es también escribir sobre la Revolución del 30 en Cuba, sobre los personajes que la marcaron o que a partir de ella entraron en la vida de nuestro país en un sentido o en otro. Es, sin duda, apasionante, este relato de un período convulso y decisivo de nuestra historia, contado con la garra de la novela que no permite respiro.</p>
<p style="text-align:justify;">Junto al luchador antimperialista que en palabras de Fidel “quería hacer lo que nosotros hemos hecho y cayó como han caído otros muchos revolucionarios, porque se lanzó a hacer lo que nosotros estamos haciendo hoy”, aparecen aquí personajes legendarios como <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/Julio Antonio Mella/" target="_blank">Julio Antonio Mella</a>, <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/pablo-de-la-torriente-brau/" target="_blank">Pablo de la Torriente Brau</a> y <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/ruben-martinez-villena/" target="_blank">Rubén Martínez Villena</a>.  Sus vidas luminosas se unen aquí con el origen del siniestro papel de Fulgencio Batista en la historia de Cuba y su temprana alianza con los intereses norteamericanos. Taibo logra también un agudísimo retrato del embajador Sumner Welles, desnuda el mediacionismo de las fuerzas reaccionarias, y revela el rol en las sombras de una figura como Jorge Mañach, ideólogo del filofascista ABC, que tan hábilmente supo utilizar en aquellas jornadas su condición de graduado de Harvard.</p>
<p style="text-align:justify;">Quizá uno de los pasajes más aleccionadores es el que nos cuenta la noche en que la cobardía de Ramón Grau San Martín perdonó las conspiraciones de Batista en la embajada yanqui. Las proféticas palabras de Guiteras: “Los que se perdonan hoy, nos matarán mañana”, no dejan de estremecernos.</p>
<p style="text-align:justify;">El libro alude en varias ocasiones a las contradicciones entre las distintas fuerzas revolucionarias y especialmente a la incomunicación entre el Partido Comunista y Guiteras, y a la incomprensión hacia el enorme papel revolucionario que éste jugaba dentro del Gobierno de los Cien Días. Las críticas de Raúl Roa y Blas Roca de estas incomprensiones, que cita el propio Taibo, junto al relato del enfrentamiento entre Villena y los enviados de la Internacional Comunista, explican el desafío que en lucha contra concepciones ajenas a nuestras realidades tuvieron que enfrentar entonces los militantes comunistas y otras fuerzas revolucionarias. Acerca de esta problemática, Carlos Rafael Rodríguez, afirmaría en 1970: “Cuando en 1934 la Internacional Comunista recomendó a los comunistas cubanos distinguir entre el nacional-reformista Grau San Martín y el nacional-revolucionario Guiteras, tenía razón, y sólo un sectarismo originado también en la política mantenida por la Internacional Comunista hasta poco tiempo antes, había llevado a los comunistas cubanos a no apreciar las evidentes diferencias”.</p>
<p style="text-align:justify;">Los revolucionarios cubanos podemos no compartir enfoques del autor sobre nuestra historiografía, o el desenfado con que aborda algunas figuras o hechos de la época, entrañables para nosotros, pero al menos dos grandes y muy útiles conclusiones extraeremos  de esta obra: lo imprescindible de la unidad de los revolucionarios en la lucha por el socialismo y la soberanía nacional, y el carácter irreconciliable de esa lucha con el imperialismo norteamericano.</p>
<p style="text-align:justify;">La Revolución Cubana, triunfante en 1959, conquistó el poder para los oprimidos, se enfrentó al imperialismo norteamericano y lo derrotó,  porque aprendió las lecciones de los fracasos anteriores y articuló y consolidó, bajo la guía de Fidel, la unidad de los revolucionarios en el proceso de realizar el programa antimperialista de justicia social por el que luchó y murió Antonio Guiteras. Su clarísima y valiente idea de que <strong>un movimiento que no sea antimperialista en Cuba, no es Revolución</strong>, ya no es sólo asumida en esta isla, sino que cada vez más los pueblos de América Latina la hacen Gobierno.</p>
<p style="text-align:justify;">Por eso, nunca fue más oportuna una biografía. Ojalá el hecho de que esté escrita por un autor del prestigio de Paco Ignacio Taibo II contribuya a su difusión por todo nuestro continente. Hoy, ante la llegada de un nuevo gobierno a la Casa Blanca, vale la pena recordar que fueron los embajadores en Cuba del Roosevelt del Buen Vecino y el New Deal los que conspiraron contra el Gobierno de los Cien Días y alentaron las represiones y el ascenso de Batista.</p>
<p style="text-align:justify;">En estos días, en que  nuevas legislaciones proclaman los derechos postergados a las mayorías durante siglos, y desde las embajadas norteamericanas no cesan de alentarse conspiraciones que les roben a los pueblos sus victorias, llega este libro. Discutamos con él, aprendamos de él, críticamente, como seguramente harían Mella, Pablo, Rubén y el propio Guiteras, sabiendo que su protagonista es, como dijera el Che, el más puro luchador antimperialista.<br />
Enero de 2009</p>
<p style="text-align:justify;">*Prólogo a Tony Guiteras. Un hombre guapo, de Paco Ignacio Taibo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2009</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=fTGMi0ZbNNI">https://www.youtube.com/watch?v=fTGMi0ZbNNI</a></p>
<p style="text-align:justify;"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=uuOsVNv6shg">https://www.youtube.com/watch?v=uuOsVNv6shg</a></p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>Sobre &#8220;trolanos&#8221;, bulos y suplantaciones en Internet</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 19:55:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;Iroel Sánchez La suplantación de identidades en las redes sociales es un problema creciente en Internet. En países como Argentina se estudian proyectos de leyes que prevén entre seis meses y tres años de privación de libertad para esas prácticas &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=21618">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-216190" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/01/identidades.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/category/autores/iroel-sanchez/" target="_blank"><strong>Iroel Sánchez</strong></a></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/01/identidades.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-21621" title="identidades" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/01/identidades.jpg" alt="" width="300" height="240" /></a>La suplantación de identidades en las redes sociales es un problema creciente en Internet. En países como Argentina se estudian proyectos de leyes que prevén entre seis meses y tres años de privación de libertad para esas prácticas y en España se han impuesto multas por algunos casos, pero el fenómeno no parece retroceder.</p>
<p style="text-align:justify;"><em></em> <span id="more-21618"></span>Recientemente, un ciudadano británico suplantó en <em>Twitter</em> la identidad de la esposa del magnate <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/rupert-murdoch/" target="_blank">Rupert Murdoch</a> y escandalizó a la prensa internacional casi más que las barbaridades en que se ha visto envuelto el empresario mediático <a title="Murdoch: ¿Libertad de prensa o de empresa?" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/07/13/murdoch-%c2%bflibertad-de-prensa-o-de-empresa/" target="_blank">por el espionaje mediante escuchas telefónicas</a>.  <em>Twitter y</em>  la empresa de Murdoch habían validado la cuenta y  la presentaron como auténtica. Aunque <em>Twitter</em> tiene un algoritmo secreto de detección de falsas identidades y un programa de validación de cuentas los casos de este tipo son muy comunes.</p>
<p style="text-align:justify;">Y  hay quien se ha dedicado sistemáticamente a suplantar personalidades. Este parece ser el caso del periodista italiano Tommaso De Benedetti, que luego de haber  suplantado en espacios como<em> Twitter</em> y <em>Facebook</em> al jefe del gobierno de España, Mariano Rajoy,  al primer ministro de Italia, Mario Monti, a escritores como Mario Vargas Llosa, Philip Roth o Derek Walcott,  Paco Ignacio Taibo II,  Laura Esquivel, Fernando Vallejo, Umberto Eco y Almudena Grandes; ha acudido a contar a<a href="http://www.sinembargo.mx/11-01-2012/117406" target="_blank"> la agencia Notimex</a> que también suplantó  la del presidente cubano Raúl Castro.</p>
<p style="text-align:justify;">Los cubanos que participan en las redes sociales sufren muchas veces la suplantación de identidades por clones que se comportan como trolls, reproduciendo las campañas de propaganda norteamericana contra la Isla, e insultando y hostigando con una redacción y ortografía de las peores en blogs y espacios como <em>Facebook</em> y <em>Twitter</em>; incluso el trovador Silvio Rodríguez <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/05/tres-preguntas-de-silvio/" target="_blank">ha creado el término trolanos</a> (trolles gusanos) para definirlos.</p>
<p style="text-align:justify;">Según De  Benedetti su objetivo es demostrar la facilidad con la que se puede engañar a través de las redes sociales, por lo que ya que se ha acercado al tema de Cuba lo invitamos a profundizar en las mentiras que todos los días circulan en esos espacios sobre la Isla, e investigar los <a title="Cuba no cree en robots" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/07/cuba-no-cree-en-robots/" target="_blank">frecuentes bulos</a> que trolanos y robots -financiados por el gobierno norteamericano- difunden contra Cuba con objetivos francamente desestabilizadores y muchas veces con la complicidad de grandes medios de comunicación. (Publicado en <a href="http://www.cubahora.cu/" target="_blank"><em>CubAhora</em></a>)</p>
<p style="text-align:justify;">Artículos relacionados:</p>
<ul>
<li><a title="Cuba no cree en robots" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/07/cuba-no-cree-en-robots/">Cuba no cree en robots</a></li>
<li><a title="Tras el enésimo asesinato de Fidel: Las respuestas que debe Twitter y las preguntas que no hizo AP" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/05/tras-el-enesimo-asesinato-de-fidel-las-respuestas-que-debe-twitter-y-las-preguntas-que-no-hizo-ap/">Tras el enésimo asesinato de Fidel: Las respuestas que debe Twitter y las preguntas que no hizo AP</a></li>
<li><a title="¿Quién le teme a Internet?" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/12/20/quien-le-teme-a-internet/">¿Quién le teme a Internet?</a></li>
</ul>
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		<title>El más puro luchador antimperialista*</title>
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		<pubDate>Sun, 15 May 2011 13:54:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
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		<category><![CDATA[Pablo de la Torriente Brau]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo II]]></category>
		<category><![CDATA[Rubén Martínez Villena]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Iroel Sánchez En este Mayo se cumplen 76 años de que fuera asesinado el revolucionario cubano Antonio Guiteras, a quien el Comandante Ché Guevara calificó como &#8220;el más puro luchador antimperialista&#8221;. En su homenaje, publicamos este texto escrito como prólogo &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=12033">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-120340" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/guiteras.jpg?w=203"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Iroel Sánchez</strong></h5>
<div id="attachment_12034" style="width: 213px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/guiteras.jpg"><img class="size-medium wp-image-12034" title="Guiteras" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/guiteras.jpg?w=203" alt="" width="203" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Guiteras, visto por el pintor Servando Cabrera Moreno</p></div>
<p style="text-align:justify;"><em>En este Mayo se cumplen 76 años de que fuera asesinado el revolucionario cubano Antonio Guiteras, a quien el Comandante Ché Guevara calificó como &#8220;el más puro luchador antimperialista&#8221;. En su homenaje, publicamos este texto escrito como prólogo a la biografía que le dedicara a Guiteras el escritor <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/paco-ignacio-taibo-ii/" target="_blank">Paco Ignacio Taibo II</a>.</em></p>
<p style="text-align:justify;">“Yo solo escribo de revolucionarios. Los reaccionarios que escriban de su gente, yo solo de gente de izquierda”, son palabras recientes del autor de este libro. Luego de biografiar al Che y a  Pancho Villa, Paco Ignacio Taibo II ha asumido el reto de un libro sobre Antonio Guiteras que es también escribir sobre la Revolución del 30 en Cuba, sobre los personajes que la marcaron o que a partir de ella entraron en la vida de nuestro país en un sentido o en otro.<span id="more-12033"></span> Es, sin duda, apasionante, este relato de un período convulso y decisivo de nuestra historia, contado con la garra de la novela que no permite respiro.</p>
<p style="text-align:justify;">Junto al luchador antimperialista que en palabras de Fidel “quería hacer lo que nosotros hemos hecho y cayó como han caído otros muchos revolucionarios, porque se lanzó a hacer lo que nosotros estamos haciendo hoy”, aparecen aquí personajes legendarios como <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/Julio Antonio Mella/" target="_blank">Julio Antonio Mella</a>, <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/pablo-de-la-torriente-brau/" target="_blank">Pablo de la Torriente Brau</a> y <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/ruben-martinez-villena/" target="_blank">Rubén Martínez Villena</a>.  Sus vidas luminosas se unen aquí con el origen del siniestro papel de Fulgencio Batista en la historia de Cuba y su temprana alianza con los intereses norteamericanos. Taibo logra también un agudísimo retrato del embajador Sumner Welles, desnuda el mediacionismo de las fuerzas reaccionarias, y revela el rol en las sombras de una figura como Jorge Mañach, ideólogo del filofascista ABC, que tan hábilmente supo utilizar en aquellas jornadas su condición de graduado de Harvard.</p>
<p style="text-align:justify;">Quizá uno de los pasajes más aleccionadores es el que nos cuenta la noche en que la cobardía de Ramón Grau San Martín perdonó las conspiraciones de Batista en la embajada yanqui. Las proféticas palabras de Guiteras: “Los que se perdonan hoy, nos matarán mañana”, no dejan de estremecernos.</p>
<p style="text-align:justify;">El libro alude en varias ocasiones a las contradicciones entre las distintas fuerzas revolucionarias y especialmente a la incomunicación entre el Partido Comunista y Guiteras, y a la incomprensión hacia el enorme papel revolucionario que éste jugaba dentro del Gobierno de los Cien Días. Las críticas de Raúl Roa y Blas Roca de estas incomprensiones, que cita el propio Taibo, junto al relato del enfrentamiento entre Villena y los enviados de la Internacional Comunista, explican el desafío que en lucha contra concepciones ajenas a nuestras realidades tuvieron que enfrentar entonces los militantes comunistas y otras fuerzas revolucionarias. Acerca de esta problemática, Carlos Rafael Rodríguez, afirmaría en 1970: “Cuando en 1934 la Internacional Comunista recomendó a los comunistas cubanos distinguir entre el nacional-reformista Grau San Martín y el nacional-revolucionario Guiteras, tenía razón, y sólo un sectarismo originado también en la política mantenida por la Internacional Comunista hasta poco tiempo antes, había llevado a los comunistas cubanos a no apreciar las evidentes diferencias”.</p>
<p style="text-align:justify;">Los revolucionarios cubanos podemos no compartir enfoques del autor sobre nuestra historiografía, o el desenfado con que aborda algunas figuras o hechos de la época, entrañables para nosotros, pero al menos dos grandes y muy útiles conclusiones extraeremos  de esta obra: lo imprescindible de la unidad de los revolucionarios en la lucha por el socialismo y la soberanía nacional, y el carácter irreconciliable de esa lucha con el imperialismo norteamericano.</p>
<p style="text-align:justify;">La Revolución Cubana, triunfante en 1959, conquistó el poder para los oprimidos, se enfrentó al imperialismo norteamericano y lo derrotó,  porque aprendió las lecciones de los fracasos anteriores y articuló y consolidó, bajo la guía de Fidel, la unidad de los revolucionarios en el proceso de realizar el programa antimperialista de justicia social por el que luchó y murió Antonio Guiteras. Su clarísima y valiente idea de que <strong>un movimiento que no sea antimperialista en Cuba, no es Revolución</strong>, ya no es sólo asumida en esta isla, sino que cada vez más los pueblos de América Latina la hacen Gobierno.</p>
<p style="text-align:justify;">Por eso, nunca fue más oportuna una biografía. Ojalá el hecho de que esté escrita por un autor del prestigio de Paco Ignacio Taibo II contribuya a su difusión por todo nuestro continente. Hoy, ante la llegada de un nuevo gobierno a la Casa Blanca, vale la pena recordar que fueron los embajadores en Cuba del Roosevelt del Buen Vecino y el New Deal los que conspiraron contra el Gobierno de los Cien Días y alentaron las represiones y el ascenso de Batista.</p>
<p style="text-align:justify;">En estos días, en que  nuevas legislaciones proclaman los derechos postergados a las mayorías durante siglos, y desde las embajadas norteamericanas no cesan de alentarse conspiraciones que les roben a los pueblos sus victorias, llega este libro. Discutamos con él, aprendamos de él, críticamente, como seguramente harían Mella, Pablo, Rubén y el propio Guiteras, sabiendo que su protagonista es, como dijera el Che, el más puro luchador antimperialista.<br />
Enero de 2009</p>
<h6 style="text-align:justify;">*Prólogo a Tony Guiteras. Un hombre guapo, de Paco Ignacio Taibo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2009</h6>
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		<title>Paco Ignacio Taibo II: &quot;A los mitos no los matan&quot;</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Dec 2010 13:56:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
		<category><![CDATA[novela de aventuras]]></category>
		<category><![CDATA[novela policial]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo II]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granda para Javiera, “que desde lejos se sienta cerca” Cuatro veces ya me he encontrado con Paco Ignacio Taibo II para conversar. Fue el primer escritor al que entrevisté. Desde cuando lo leí por primera vez en Arcángeles &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=5495">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-54960" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/12/taibo.jpg"></div></div></td></tr></table><p><strong>Álvaro Castillo Granda</strong></p>
<h5>
<div id="attachment_5496" style="width: 256px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/12/taibo.jpg"><img class="size-full wp-image-5496" title="Taibo" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/12/taibo.jpg" alt="Paco Ignacio Taibo II" width="246" height="205" /></a><p class="wp-caption-text">Paco Ignacio Taibo II</p></div>
<p>para Javiera, “que desde lejos se sienta cerca”</h5>
<p style="text-align:justify;"><em>Cuatro veces ya me he encontrado con Paco Ignacio Taibo II para conversar. Fue el primer escritor al que entrevisté. Desde cuando lo leí por primera vez en </em>Arcángeles<em> (en la vieja edición mexicana de cuatro historias no más) en abril 1995, hasta el día de hoy, octubre de 2010, en </em>El retorno de Los Tigres de la Malasia<em>, mi fascinación y deslumbramiento por su obra y su persona no han disminuido. Por lo contrario: se han potenciado<span id="more-5495"></span> (usando una palabra suya). Siempre tengo conmigo un libro suyo sin leer en mi Taiboteca particular. Un libro a la espera de otro para continuar disfrutando de sus historias que entretienen, conmueven, cuestionan y hacen pensar. Espera su turno </em>Inquilinos del DF<em>,</em> a colgar la rojinegra (2007)<em> que me trajo hace un año del DF precisamente el amigo y lector Gustavo López. Nuevamente y como siempre: sin la complicidad y generosidad de Zoraya Peñuela, Jefe de Prensa de la Editorial Planeta, este cuarto encuentro habría sido imposible. Nos sentamos al mediodía en su cuarto de hotel. Hacía dos años no nos veíamos. No importaba: habíamos estado conversando ayer.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Paco. Hay un primer intento, una aproximación en tu obra, en tu obra a la  figura de Sandokán, el Tigre de la Malasia. Es en tu novela <em>Héroes convocados</em> (1982), dedicada en primer lugar, a Emilio Salgari: “suicida, novelista, compañero de viaje”. ¿Cuándo empezaste a leerlo?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Tenía cinco años. Me lo devoré. Me lo leí todo. Sesenta libros. O cuarenta y cinco. Ya no me acuerdo. Y marcó mucho, fíjate, porque la lectura de aquellos años fue una lectura muy intensa. Vivía en una sociedad sin televisión. Una sociedad muy ahogada, muy enfriada. Me marcó mucho. Yáñez más que Sandokán.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Por qué?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Me atraía mucho la idea de un renegado, las ideas por encima de la piel, cuando era un <strong>niño y al acecho.</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cómo fue esa escritura de <em>Héroes convocados</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Fue un primer intento de lo que luego terminaría haciendo, que es decirme a mí mismo los valores de la novela de aventuras que me acompañaron de niño pues están aquí, vuelven. Y la vuelvo a retomar, tu memoria no te puede fallar, volví con los tigres… En <em>Cuatro manos</em>. La historia de Vasilev, encerrado en una cárcel en Bulgaria, reproduce un material. De repente dices: “Bueno…esta tentación ya libérate de ella, ya sácala de a de veras… No fragmentariamente como elemento secundario en unas novelas sino cuéntala de verdad”. Y ese fue el motor. El motor es decir: hay un lugar para la novela de aventuras de aquellos lectores del siglo XXI. El lugar es una novela de aventuras diferente a la que fue del XIX. Sin diálogos innecesarios, con mayor profundidad psicológica. La novela europea se rompe, por un lado la novela adolescente de aventuras, por otro lado Stefan Zweig y en medio no quedó nada. Darle densidad a los personajes, un mundo sociopolítico en el que moverse, más claridad.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Había novela de aventuras en América Latina?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Si la había nunca la leí. Mis clásicos, que leí en aquellos años, eran la novela de capa y espadas, los tres mosqueteros, los Pardaillan, Cyrano de Bergerac. Novelas de espadachines. Luego la novela del western, Karl May, Fenimore Cooper… Luego la novela de aventuras más universal, Verne, Salgari… No encuentro paralelos españoles ni latinoamericanos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Sandokán hace parte de tu “santoral laico”. ¿Quiénes están ahí? ¿Por qué Sandokán?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Y Yáñez. Porque necesito unos puntos de referencia. En tiempos oscuros, como los que nos ha tocado vivir, con una especie de sometimiento crítico al pasado de  la izquierda muy drástico, se desmoronan un montón de cosas. Te quedan pocas cosas. Están en mis personajes de <em>Arcángeles</em>. Está la perra Laika y Santana, que toca la guitarra a toda madre, están Sandokán, Yáñez, D’Artagnan, Aramis, Sherlock Holmes, sin duda. Hay una especie de mezcla absolutamente irreverente de personajes de la ficción con personajes de la realidad, de la historia, que los tienes ahí, como tus referencias. Tengo una deuda, potente, conmigo mismo, con mi generación. Tendría que escribir una biografía más.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Después de la de <a href="http://www.lajiribilla.cubaweb.cu/2009/n409_03/409_26.html"><em>Tony Guiteras Un hombre guapo</em></a>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Después de la de Guiteras. Tendría que escribirla y no la estoy escribiendo. Estoy reuniendo material pero sin ni siquiera ponerme a estudiarlo, solo juntando. Es la de Roque Dalton y Rodolfo Walsh. Los intelectuales latinoamericanos de la década de los sesentas que se debatieron entre la palabra escrita y la lucha armada. Ese libro tendría que escribirlo. Me siento en deuda con ellos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-En esa primera novela Sandokán es “convocado” (junto a otros personajes de las novelas de aventuras) para vengar la derrota del movimiento estudiantil mexicano de 1968. En esta, por ahora tu última novela, <em>El retorno de Los Tigres de la Malasia</em> (o por lo menos la última que conozco) el héroe es “contado”. ¿Cómo es ese proceso?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Lo que te decía hace un rato. La idea muy clara de que ahora sí tenía que armar la novela. Y la novela tiene que tener autonomía, no puede ser pedacería de otras novelas. Si quieres meterte en la novela de aventuras hay que meterte de cabeza. Ya a estas alturas de mi vida hago lo que me da la gana y poca madre. Desconcertó mucho en México. “¿Qué? ¿Qué está escribiendo Taibo? ¿Qué publicó? ¿Otro libro de historia?” No. “¿Una novela policiaca?” No. “¿Una novela histórica?” No. “¿Qué hizo?” Hizo una novela de aventuras de piratas malayos del siglo XIX…</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cuáles son tus novelistas de aventuras favoritos?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Lo que pasa es que esta es una lista del pasado. La lista que estoy haciéndote es una lista de las cosas que leí cuando era niño y adolescente y me marcaron mucho. La novela de aventura del siglo XX es otra. Y yo creo que el gran gran maestro es <em>El mundo del río</em>, de Philip José Farmer. Para mi gusto es quizá el escritor que mejor tensó los conceptos de la novela de acción y le metió complejidad, riqueza, trans-literatura. Esa es la gran novela. La otra gran novela de acción, de aventuras, que leí últimamente es la <em>Trilogía de azogue</em>, de Neal Stephenson. Soberbia. Maravillosa. Brillante. Extremadamente inteligente. Hay otro autor, que a me parece fascinante, que está haciendo novela de aventuras como a mí me gusta y como la entiendo, que es el canadiense Scott Bakker: <em>Príncipe de Nada</em>. Fascinante. Te vas un poquito atrás en el tiempo, junto a estos tres escritores que curiosamente tienen etiquetas de escritores de ciencia ficción, encuentras a Fritz Leiber, me parece maravilloso, un escritor soberbio de novela de aventuras. La serie de <em>Fafhrd y el Ratonero gris</em>. Y más, más, más…</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cómo se da la conjunción de la novela de ciencia ficción y la de aventuras?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Por los caminos de la fantasía. Son escritores de ciencia ficción pero escriben literatura de fantasía. Farmer rompe. Su gran personaje es ni más ni menos que Sir Richard Francis Burton.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Y Tolkien y <em>El señor de los anillos</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Yo creo que es demasiado fantasía blanda. Yo no soy muy tolkeniano. Me refiero a estas más complicadas, más barrocas, donde hay más elementos constructivos, una novela novela que es enciclopédica y simultáneamente es aventura aventura. Y simultáneamente hay un elemento trans-literario que la recorre. Esos son mis jefes.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Dices que no se trata de un “pastiche salgariano”. ¿Cómo es el estilo de Salgari?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Mira: un “pastiche salgariano” sería escribir “al modo de”. Y habría salido una novela “al modo de”. Yo tengo capacidad de mimetismo, lo hubiera podido hacer pero no lo quería hacer. Hay ciertos elementos de Salgari que no me gustan como lector. No los descubrí cuando era niño pero que, ahora tienes más malicia como lector, dices: “No”. Por ejemplo, la literatura de aventuras decimonónica está plagada plagada de diálogos innecesarios. Y te preguntas por qué. Por ejemplo:</p>
<p style="text-align:justify;">“-Vienen ahí.</p>
<p style="text-align:justify;">-Ah. Sí. ¿Vienen?</p>
<p style="text-align:justify;">-Sí, sí vienen.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Cuántos son?</p>
<p style="text-align:justify;">-No lo sé. Espera.”</p>
<p style="text-align:justify;">¿Por qué? Cobran por página. Hay que llenar páginas y el diálogo es el mejor recurso para rellenar páginas porque no te obliga a llegar hasta el final de la línea. Están repletas de diálogos innecesarios. Luego, el lenguaje tiende a ser un lenguaje desprovisto de metáfora, bastante pobre, con poca calidad poética. No encuentras un gran lenguaje en ninguno de estos autores. Están escribiendo para públicos juveniles aunque evidentemente llegan a todo el público. Hay en ellos una especie de pudibundez de la boca muy exagerada. Cero sexo, no malas palabras. Y los temas que escriben lo piden. Piden sexo, piden que digan “¡Coño! ¡Al abordaje!”. Sus tramas tienden a ser lineales. Manejan muy bien el elemento de la intriga y manejan muy bien el elemento de misterio, pero son tramas lineales. Lo he dicho un par de veces: esta es una novela salgariana de Paco Ignacio II. No es un “pastiche salgariano”.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Hay una cita en tu cuaderno de notas que no sabes de quién es: “No es la literatura la que debe imitar a la vida, es la vida la que debe imitar a la literatura”. ¿Cómo es esto?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-¿No me digas que la encontraste?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-No, aún no. Seguimos en la búsqueda.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Yo creo que es muy transparente la cita. Estamos pidiéndole a la literatura que sea un retrato de la realidad y no es lo que le tenemos que pedir. Lo que deberíamos pedir es que la realidad fuera un retrato de la mejor literatura.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Nos encontramos por segunda vez en abril del año 2002 y me hablaste de esta novela.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Sí… Estaba en la cocina, verdad.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Abriste tu computadora y me leíste un capítulo. ¿Cómo fue su proceso de escritura? ¿Cuánto tiempo tardaste en escribirla?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Es muy curioso. Por primera vez en mi vida feché los plazos. El libro tiene un registro exacto de cuánto tiempo me tomó. De 1998 a 2009. Once años. Es que yo metía materiales, encontraba diálogos, fragmentos, ideas, tonos, pero no encontraba la trama que me la armara. La “conspiración” no la tenía clara. Cuando la encontré (en agosto del año pasado)  había escrito 120 páginas en once años. Escribí 250 en cinco meses. Los libros maduran solos. Son como las plantitas que aparecen en un cajón o como los hongos que te salen en los pies. Lo pones en un cajón y luego tienes el pie repleto de hongos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-“No se trataba de investigar un mundo sino de reinventarlo”. ¿Cómo fue?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Había dos maneras de escribir esta novela. Una de ellas era tómate un avión, bájate en Yakarta, recorre la nueva Indonesia, antes Borneo, vete a las islas de Java, da una vuelta por Hong Kong.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Todo lo contario al método salgariano.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Bueno el problema es que cuando estaba pensando en hacer esto e incluso me había programado un viaje al British Museum, para pasarme quince días trabajando, de repente dije: “No…¿a dónde vas Satanás? ¿Estás loco o qué? Este libro tienes que escribirlo como Salgari, que es mucha imaginación, inventando, y un montón de malas enciclopedias. Al final decidí ir por ahí. Yo creo que es un manierismo de mi parte que haya decidido escribir el libro así. Pero tampoco creo que hubiera aportado demasiado el haber estado en el terreno. Hubiera salido una novela mucho más fina, en términos de documentación, de geografías, quizá más densa en términos de atmósfera, que a veces peca de falta de atmósfera, pero no era sí. Era como la escribí.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Qué le debes a Victor Hugo, Emile Zola y Eugenio Sue?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-A Victor Hugo le debo la clara idea de que la novela no es lineal. Tu vas recorriendo una línea narrativa y de repente te desvías y cuentas la historia de un grupo de costureras parisinas. Vámonos, chingue su madre el mundo, chingue su madre el lector, me acompañas o no me acompañas: la digresión. Me parece muy importante. Me parece que la arquitectura de la novela es digresiva y no lineal. La novela lineal cada vez me interesa menos. Ese edificio que tiene pegotes. Que llegan tres indígenas tlaxcaltecas y hacen un ángel gordo, nalgón, que está comiendo uvas en medio de una catedral novo hispánica. Eso es la novela. Esa es mi gran deuda con Victor Hugo. Con Zola es la idea del folletín. Estas historias que se van volviendo complicadas y crecen, aparecen los parientes, los parientes de los parientes… Eugenio Sue porque me releí Los misterios de París, cuando estaba preparando esta novela, y encontré que tiene un elemento bien interesante: el manejo de la intriga. Una buena novela de aventuras tiene que contar con la intriga como motor. De ahí el parentesco de la novela de aventuras con la novela policial.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Otro novelista de aventuras fundamental para ti es Karl May. ¿Por qué?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Era la primera vez que, en el mundo de la infancia, los indios y los vaqueros no eran los indios contra los vaqueros, sino eran Old Shatterhand y Winnetou contra los hijos de puta, canallas que robaban minas de oro y destruían las comunidades indígenas… Esto resultó muy importante en mi formación. Los vaqueros de izquierda y los indios de izquierda. Winnetou se tira unos rollos maravillosos sobre el modelo de sociedad que quiere construir con los apaches.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Aparecen otros personajes literarios: James Moriarty y Sir Arthur Conan Doyle. ¿Cómo te enfrentas a esto: incluir personajes de otros en una ficción tuya? ¿Qué es lo que más te gusta de la obra de Conan Doyle?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Yo creo que utilicé algo que a mí me atrae mucho (y que ya había utilizado en otras novelas): la mezcla de personajes de ficción con personajes históricos. Aparece Kipling, aparece Louise Michel disfrazada con otro nombre, pero también aparece el doctor Moriarty y mi vecino, el músico Sergio Berlioz, disfrazado de criptógrafo griego o el novelista mexicano Eduardo Monteverde, convertido en jefe de máquinas de “La Mentirosa”. Este triángulo de tus amigos que se vuelven personajes de novela, materiales que vienen de la historia y materiales que vienen de la ficción es muy atractivo. No tengo que inventarlos. Ya están inventados. Sólo tengo que ponerlos a jugar el juego que yo estoy jugando. Yo soy muy holmesiano. Con todo y que es el tipo de literatura que por lo general tiendo a rechazar, la literatura de la razón, etcétera, fui un lector de una fidelidad inmensa porque me parecía una falacia muy divertida la retórica holmesiana, donde decía “No, porque es que viene de Afganistán y el sol le daba del lado derecho, vive al lado de un mercado porque trae en la valenciana en el pantalón semillas de ciruela. Es una retórica muy risible. De hecho la desmoroné en una novela que terminé escribiendo. Lo atractivo por la gran creación de personajes que hace Doyle permaneció eternamente en mi vida desde que lo leí en la infancia. Y necesitaba un archienemigo para esta novela. Un malo malísimo. Tenía que crearlo, de dónde lo saco… ¿Y si uso a Fu Manchú? Pero Fu Manchú no me servía, es posterior. De repente dije: “El profesor Moriarty”. Hice una biografía suya en mis notas. Es un personaje maravilloso porque sabemos todos que es el archienemigo de Sherlock Holmes. Pero a tres referencias en la obra de Conan Doyle, la cual más breve. O sea que tampoco sabemos nada sobre el profesor Moriarty. Si no sabemos nada pues es mío. ¿Qué es mío? Le voy a dar un pasado de conspirador en Asia antes que sea el dueño de la telaraña del mal londinense.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Y por qué Rudyard Kipling?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Porque quería un periodista y de repente dije “Ah…mira este periodista que lo va a entrevistar en Mompracem que sea Kipling”. Entonces intenté cuadrarlo, no cuadraba porque en esos momentos Kipling no era todavía periodista en la India, lo sería poco después. Había regresado a Inglaterra después de haber nacido en la India. Es un especie de homenaje a <em>Kim</em> y a <em>El libro de las tierras vírgenes</em>, que son sus libros que leí en la misma época que leí a <em>Sandokán</em>. Formaban parte del mismo espacio imaginario.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Hay también un personaje inspirado en Ray Bradbury: “el hombre ilustrado”. ¿Qué es lo que más te gusta de Bradbury?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-La idea de un personaje tatuado de pies a cabeza no es bradburiana, es dayaka. Está en Salgari. Pero cuando empecé a escribirlo dije: “Aquí hay un homenaje involuntario a Bradbury, bueno, dejémoslo correr”. Los dayakos de las enciclopedias del siglo XIX aparecen tal como Salgari los describe, con tatuajes narrativos, que sería la esencia de <em>El hombre ilustrado</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Y Engels y su correspondencia con Yáñez de Gomera?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-De la pareja Marx y Engels, Engels es mi favorito. Siempre lo fue. Me parecía el mejor escritor de los dos, el más ingenioso, el menos filósofo cerrado. Marx siempre me pareció un personaje muy encerrado en su propia retórica. Engels me pareció más flexible. De alguna manera es contemporáneo. Entonces dije: “Oye…como no…”. Y todo eso surgió de una broma que yo me hacía a mí mismo: “No se puede hacer novela policiaca en el siglo XXI sin sexo y rock and roll”. Esta broma empecé a extenderla y era ya: “No se puede hacer novela policiaca en el siglo XXI sin sexo, rock and roll y política explícita”. Y ya empecé a añadirle. Y llegó un momento en que dije: “¿En dónde está la política explícita?” Voy a intentar reconstruir el microcosmos de los conflictos políticos de la región, la presión imperial, y en esa estaba cuando decidí escribir un manifiesto comunista, escribí la versión Sandokán del <em>Manifiesto comunista</em> y de repente recordé que un capítulo en Engels, leyendo a Darwin (la cantidad de cosas que he tenido que releer para este libro, desde los viajes de Magallanes hasta el Voltatuli), donde habla de los orangutanes. Fui a buscarlo y lo encontré. La gran autoridad que Engels podía tener en orangutanes era Yáñez de Gomera. Además no quiero explicar cómo se conocieron. Es parte del enigma Yáñez, que lo conservé cuidadosamente a lo largo de toda la novela, de no decir. Sólo añado algo que Salgari ya había dado, que es como Sandokán se lo encontró tirado medio muerto.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cuál es la diferencia entre mito, leyenda e invención?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Para mí un mito es una construcción idealizada, a partir de un hecho real, que se ha construido en una sociedad. En esa medida este mito pervive socialmente. Una leyendo no necesariamente es material mítico sino que puede ser una versión transmitida simplemente por métodos no tradicionales, y por lo tanto, no escritos, que perdura en una sociedad. Invención es el estado natural en el que vivo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-La última pregunta, Paco: ¿Se puede matar a un mito?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Mi teoría en esta novela es que no. Se lo dice Sandokán a Yáñez o Yáñez a Sandokán: a los mitos no los matan.</p>
<p style="text-align:justify;">Artículo relacionado en <a title="El nuevo libro de Taibo II: “El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras…”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/11/01/el-nuevo-libro-de-taibo-ii-el-manifiesto-comunista-en-clave-de-novela-de-aventuras/"><em>La pupila insomne</em></a>:</p>
<ul>
<li><a title="El nuevo libro de Taibo II: “El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras…”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/11/01/el-nuevo-libro-de-taibo-ii-el-manifiesto-comunista-en-clave-de-novela-de-aventuras/">El nuevo libro de Taibo II: “El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras…”</a></li>
<li><a title="Juan Madrid: “La novela negra es la novela política de la posmodernidad”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/11/03/juan-madrid-%e2%80%9cla-novela-negra-es-la-novela-politica-de-la-posmodernidad%e2%80%9d/">Juan Madrid: “La novela negra es la novela política de la posmodernidad”</a></li>
</ul>
<p style="text-align:justify;">&nbsp;</p>
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		<title>Paco Ignacio Taibo II: &#8220;A los mitos no los matan&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Dec 2010 13:56:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
		<category><![CDATA[novela de aventuras]]></category>
		<category><![CDATA[novela policial]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo II]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granda para Javiera, “que desde lejos se sienta cerca” Cuatro veces ya me he encontrado con Paco Ignacio Taibo II para conversar. Fue el primer escritor al que entrevisté. Desde cuando lo leí por primera vez en Arcángeles &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=22406">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-224070" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2010/12/taibo.jpg"></div></div></td></tr></table><p><strong>Álvaro Castillo Granda</strong></p>
<h5>
<div id="attachment_5496" style="width: 256px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2010/12/taibo.jpg"><img class="size-full wp-image-5496" title="Taibo" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2010/12/taibo.jpg" alt="Paco Ignacio Taibo II" width="246" height="205" /></a><p class="wp-caption-text">Paco Ignacio Taibo II</p></div>
<p>para Javiera, “que desde lejos se sienta cerca”</h5>
<p style="text-align:justify;"><em>Cuatro veces ya me he encontrado con Paco Ignacio Taibo II para conversar. Fue el primer escritor al que entrevisté. Desde cuando lo leí por primera vez en </em>Arcángeles<em> (en la vieja edición mexicana de cuatro historias no más) en abril 1995, hasta el día de hoy, octubre de 2010, en </em>El retorno de Los Tigres de la Malasia<em>, mi fascinación y deslumbramiento por su obra y su persona no han disminuido. Por lo contrario: se han potenciado<span id="more-22406"></span> (usando una palabra suya). Siempre tengo conmigo un libro suyo sin leer en mi Taiboteca particular. Un libro a la espera de otro para continuar disfrutando de sus historias que entretienen, conmueven, cuestionan y hacen pensar. Espera su turno </em>Inquilinos del DF<em>,</em> a colgar la rojinegra (2007)<em> que me trajo hace un año del DF precisamente el amigo y lector Gustavo López. Nuevamente y como siempre: sin la complicidad y generosidad de Zoraya Peñuela, Jefe de Prensa de la Editorial Planeta, este cuarto encuentro habría sido imposible. Nos sentamos al mediodía en su cuarto de hotel. Hacía dos años no nos veíamos. No importaba: habíamos estado conversando ayer.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Paco. Hay un primer intento, una aproximación en tu obra, en tu obra a la  figura de Sandokán, el Tigre de la Malasia. Es en tu novela <em>Héroes convocados</em> (1982), dedicada en primer lugar, a Emilio Salgari: “suicida, novelista, compañero de viaje”. ¿Cuándo empezaste a leerlo?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Tenía cinco años. Me lo devoré. Me lo leí todo. Sesenta libros. O cuarenta y cinco. Ya no me acuerdo. Y marcó mucho, fíjate, porque la lectura de aquellos años fue una lectura muy intensa. Vivía en una sociedad sin televisión. Una sociedad muy ahogada, muy enfriada. Me marcó mucho. Yáñez más que Sandokán.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Por qué?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Me atraía mucho la idea de un renegado, las ideas por encima de la piel, cuando era un <strong>niño y al acecho.</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cómo fue esa escritura de <em>Héroes convocados</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Fue un primer intento de lo que luego terminaría haciendo, que es decirme a mí mismo los valores de la novela de aventuras que me acompañaron de niño pues están aquí, vuelven. Y la vuelvo a retomar, tu memoria no te puede fallar, volví con los tigres… En <em>Cuatro manos</em>. La historia de Vasilev, encerrado en una cárcel en Bulgaria, reproduce un material. De repente dices: “Bueno…esta tentación ya libérate de ella, ya sácala de a de veras… No fragmentariamente como elemento secundario en unas novelas sino cuéntala de verdad”. Y ese fue el motor. El motor es decir: hay un lugar para la novela de aventuras de aquellos lectores del siglo XXI. El lugar es una novela de aventuras diferente a la que fue del XIX. Sin diálogos innecesarios, con mayor profundidad psicológica. La novela europea se rompe, por un lado la novela adolescente de aventuras, por otro lado Stefan Zweig y en medio no quedó nada. Darle densidad a los personajes, un mundo sociopolítico en el que moverse, más claridad.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Había novela de aventuras en América Latina?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Si la había nunca la leí. Mis clásicos, que leí en aquellos años, eran la novela de capa y espadas, los tres mosqueteros, los Pardaillan, Cyrano de Bergerac. Novelas de espadachines. Luego la novela del western, Karl May, Fenimore Cooper… Luego la novela de aventuras más universal, Verne, Salgari… No encuentro paralelos españoles ni latinoamericanos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Sandokán hace parte de tu “santoral laico”. ¿Quiénes están ahí? ¿Por qué Sandokán?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Y Yáñez. Porque necesito unos puntos de referencia. En tiempos oscuros, como los que nos ha tocado vivir, con una especie de sometimiento crítico al pasado de  la izquierda muy drástico, se desmoronan un montón de cosas. Te quedan pocas cosas. Están en mis personajes de <em>Arcángeles</em>. Está la perra Laika y Santana, que toca la guitarra a toda madre, están Sandokán, Yáñez, D’Artagnan, Aramis, Sherlock Holmes, sin duda. Hay una especie de mezcla absolutamente irreverente de personajes de la ficción con personajes de la realidad, de la historia, que los tienes ahí, como tus referencias. Tengo una deuda, potente, conmigo mismo, con mi generación. Tendría que escribir una biografía más.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Después de la de <a href="http://www.lajiribilla.cubaweb.cu/2009/n409_03/409_26.html"><em>Tony Guiteras Un hombre guapo</em></a>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Después de la de Guiteras. Tendría que escribirla y no la estoy escribiendo. Estoy reuniendo material pero sin ni siquiera ponerme a estudiarlo, solo juntando. Es la de Roque Dalton y Rodolfo Walsh. Los intelectuales latinoamericanos de la década de los sesentas que se debatieron entre la palabra escrita y la lucha armada. Ese libro tendría que escribirlo. Me siento en deuda con ellos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-En esa primera novela Sandokán es “convocado” (junto a otros personajes de las novelas de aventuras) para vengar la derrota del movimiento estudiantil mexicano de 1968. En esta, por ahora tu última novela, <em>El retorno de Los Tigres de la Malasia</em> (o por lo menos la última que conozco) el héroe es “contado”. ¿Cómo es ese proceso?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Lo que te decía hace un rato. La idea muy clara de que ahora sí tenía que armar la novela. Y la novela tiene que tener autonomía, no puede ser pedacería de otras novelas. Si quieres meterte en la novela de aventuras hay que meterte de cabeza. Ya a estas alturas de mi vida hago lo que me da la gana y poca madre. Desconcertó mucho en México. “¿Qué? ¿Qué está escribiendo Taibo? ¿Qué publicó? ¿Otro libro de historia?” No. “¿Una novela policiaca?” No. “¿Una novela histórica?” No. “¿Qué hizo?” Hizo una novela de aventuras de piratas malayos del siglo XIX…</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cuáles son tus novelistas de aventuras favoritos?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Lo que pasa es que esta es una lista del pasado. La lista que estoy haciéndote es una lista de las cosas que leí cuando era niño y adolescente y me marcaron mucho. La novela de aventura del siglo XX es otra. Y yo creo que el gran gran maestro es <em>El mundo del río</em>, de Philip José Farmer. Para mi gusto es quizá el escritor que mejor tensó los conceptos de la novela de acción y le metió complejidad, riqueza, trans-literatura. Esa es la gran novela. La otra gran novela de acción, de aventuras, que leí últimamente es la <em>Trilogía de azogue</em>, de Neal Stephenson. Soberbia. Maravillosa. Brillante. Extremadamente inteligente. Hay otro autor, que a me parece fascinante, que está haciendo novela de aventuras como a mí me gusta y como la entiendo, que es el canadiense Scott Bakker: <em>Príncipe de Nada</em>. Fascinante. Te vas un poquito atrás en el tiempo, junto a estos tres escritores que curiosamente tienen etiquetas de escritores de ciencia ficción, encuentras a Fritz Leiber, me parece maravilloso, un escritor soberbio de novela de aventuras. La serie de <em>Fafhrd y el Ratonero gris</em>. Y más, más, más…</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cómo se da la conjunción de la novela de ciencia ficción y la de aventuras?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Por los caminos de la fantasía. Son escritores de ciencia ficción pero escriben literatura de fantasía. Farmer rompe. Su gran personaje es ni más ni menos que Sir Richard Francis Burton.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Y Tolkien y <em>El señor de los anillos</em>?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Yo creo que es demasiado fantasía blanda. Yo no soy muy tolkeniano. Me refiero a estas más complicadas, más barrocas, donde hay más elementos constructivos, una novela novela que es enciclopédica y simultáneamente es aventura aventura. Y simultáneamente hay un elemento trans-literario que la recorre. Esos son mis jefes.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Dices que no se trata de un “pastiche salgariano”. ¿Cómo es el estilo de Salgari?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Mira: un “pastiche salgariano” sería escribir “al modo de”. Y habría salido una novela “al modo de”. Yo tengo capacidad de mimetismo, lo hubiera podido hacer pero no lo quería hacer. Hay ciertos elementos de Salgari que no me gustan como lector. No los descubrí cuando era niño pero que, ahora tienes más malicia como lector, dices: “No”. Por ejemplo, la literatura de aventuras decimonónica está plagada plagada de diálogos innecesarios. Y te preguntas por qué. Por ejemplo:</p>
<p style="text-align:justify;">“-Vienen ahí.</p>
<p style="text-align:justify;">-Ah. Sí. ¿Vienen?</p>
<p style="text-align:justify;">-Sí, sí vienen.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Cuántos son?</p>
<p style="text-align:justify;">-No lo sé. Espera.”</p>
<p style="text-align:justify;">¿Por qué? Cobran por página. Hay que llenar páginas y el diálogo es el mejor recurso para rellenar páginas porque no te obliga a llegar hasta el final de la línea. Están repletas de diálogos innecesarios. Luego, el lenguaje tiende a ser un lenguaje desprovisto de metáfora, bastante pobre, con poca calidad poética. No encuentras un gran lenguaje en ninguno de estos autores. Están escribiendo para públicos juveniles aunque evidentemente llegan a todo el público. Hay en ellos una especie de pudibundez de la boca muy exagerada. Cero sexo, no malas palabras. Y los temas que escriben lo piden. Piden sexo, piden que digan “¡Coño! ¡Al abordaje!”. Sus tramas tienden a ser lineales. Manejan muy bien el elemento de la intriga y manejan muy bien el elemento de misterio, pero son tramas lineales. Lo he dicho un par de veces: esta es una novela salgariana de Paco Ignacio II. No es un “pastiche salgariano”.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Hay una cita en tu cuaderno de notas que no sabes de quién es: “No es la literatura la que debe imitar a la vida, es la vida la que debe imitar a la literatura”. ¿Cómo es esto?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-¿No me digas que la encontraste?</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-No, aún no. Seguimos en la búsqueda.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Yo creo que es muy transparente la cita. Estamos pidiéndole a la literatura que sea un retrato de la realidad y no es lo que le tenemos que pedir. Lo que deberíamos pedir es que la realidad fuera un retrato de la mejor literatura.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Nos encontramos por segunda vez en abril del año 2002 y me hablaste de esta novela.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Sí… Estaba en la cocina, verdad.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Abriste tu computadora y me leíste un capítulo. ¿Cómo fue su proceso de escritura? ¿Cuánto tiempo tardaste en escribirla?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Es muy curioso. Por primera vez en mi vida feché los plazos. El libro tiene un registro exacto de cuánto tiempo me tomó. De 1998 a 2009. Once años. Es que yo metía materiales, encontraba diálogos, fragmentos, ideas, tonos, pero no encontraba la trama que me la armara. La “conspiración” no la tenía clara. Cuando la encontré (en agosto del año pasado)  había escrito 120 páginas en once años. Escribí 250 en cinco meses. Los libros maduran solos. Son como las plantitas que aparecen en un cajón o como los hongos que te salen en los pies. Lo pones en un cajón y luego tienes el pie repleto de hongos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-“No se trataba de investigar un mundo sino de reinventarlo”. ¿Cómo fue?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Había dos maneras de escribir esta novela. Una de ellas era tómate un avión, bájate en Yakarta, recorre la nueva Indonesia, antes Borneo, vete a las islas de Java, da una vuelta por Hong Kong.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Todo lo contario al método salgariano.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Bueno el problema es que cuando estaba pensando en hacer esto e incluso me había programado un viaje al British Museum, para pasarme quince días trabajando, de repente dije: “No…¿a dónde vas Satanás? ¿Estás loco o qué? Este libro tienes que escribirlo como Salgari, que es mucha imaginación, inventando, y un montón de malas enciclopedias. Al final decidí ir por ahí. Yo creo que es un manierismo de mi parte que haya decidido escribir el libro así. Pero tampoco creo que hubiera aportado demasiado el haber estado en el terreno. Hubiera salido una novela mucho más fina, en términos de documentación, de geografías, quizá más densa en términos de atmósfera, que a veces peca de falta de atmósfera, pero no era sí. Era como la escribí.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Qué le debes a Victor Hugo, Emile Zola y Eugenio Sue?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-A Victor Hugo le debo la clara idea de que la novela no es lineal. Tu vas recorriendo una línea narrativa y de repente te desvías y cuentas la historia de un grupo de costureras parisinas. Vámonos, chingue su madre el mundo, chingue su madre el lector, me acompañas o no me acompañas: la digresión. Me parece muy importante. Me parece que la arquitectura de la novela es digresiva y no lineal. La novela lineal cada vez me interesa menos. Ese edificio que tiene pegotes. Que llegan tres indígenas tlaxcaltecas y hacen un ángel gordo, nalgón, que está comiendo uvas en medio de una catedral novo hispánica. Eso es la novela. Esa es mi gran deuda con Victor Hugo. Con Zola es la idea del folletín. Estas historias que se van volviendo complicadas y crecen, aparecen los parientes, los parientes de los parientes… Eugenio Sue porque me releí Los misterios de París, cuando estaba preparando esta novela, y encontré que tiene un elemento bien interesante: el manejo de la intriga. Una buena novela de aventuras tiene que contar con la intriga como motor. De ahí el parentesco de la novela de aventuras con la novela policial.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Otro novelista de aventuras fundamental para ti es Karl May. ¿Por qué?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Era la primera vez que, en el mundo de la infancia, los indios y los vaqueros no eran los indios contra los vaqueros, sino eran Old Shatterhand y Winnetou contra los hijos de puta, canallas que robaban minas de oro y destruían las comunidades indígenas… Esto resultó muy importante en mi formación. Los vaqueros de izquierda y los indios de izquierda. Winnetou se tira unos rollos maravillosos sobre el modelo de sociedad que quiere construir con los apaches.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Aparecen otros personajes literarios: James Moriarty y Sir Arthur Conan Doyle. ¿Cómo te enfrentas a esto: incluir personajes de otros en una ficción tuya? ¿Qué es lo que más te gusta de la obra de Conan Doyle?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Yo creo que utilicé algo que a mí me atrae mucho (y que ya había utilizado en otras novelas): la mezcla de personajes de ficción con personajes históricos. Aparece Kipling, aparece Louise Michel disfrazada con otro nombre, pero también aparece el doctor Moriarty y mi vecino, el músico Sergio Berlioz, disfrazado de criptógrafo griego o el novelista mexicano Eduardo Monteverde, convertido en jefe de máquinas de “La Mentirosa”. Este triángulo de tus amigos que se vuelven personajes de novela, materiales que vienen de la historia y materiales que vienen de la ficción es muy atractivo. No tengo que inventarlos. Ya están inventados. Sólo tengo que ponerlos a jugar el juego que yo estoy jugando. Yo soy muy holmesiano. Con todo y que es el tipo de literatura que por lo general tiendo a rechazar, la literatura de la razón, etcétera, fui un lector de una fidelidad inmensa porque me parecía una falacia muy divertida la retórica holmesiana, donde decía “No, porque es que viene de Afganistán y el sol le daba del lado derecho, vive al lado de un mercado porque trae en la valenciana en el pantalón semillas de ciruela. Es una retórica muy risible. De hecho la desmoroné en una novela que terminé escribiendo. Lo atractivo por la gran creación de personajes que hace Doyle permaneció eternamente en mi vida desde que lo leí en la infancia. Y necesitaba un archienemigo para esta novela. Un malo malísimo. Tenía que crearlo, de dónde lo saco… ¿Y si uso a Fu Manchú? Pero Fu Manchú no me servía, es posterior. De repente dije: “El profesor Moriarty”. Hice una biografía suya en mis notas. Es un personaje maravilloso porque sabemos todos que es el archienemigo de Sherlock Holmes. Pero a tres referencias en la obra de Conan Doyle, la cual más breve. O sea que tampoco sabemos nada sobre el profesor Moriarty. Si no sabemos nada pues es mío. ¿Qué es mío? Le voy a dar un pasado de conspirador en Asia antes que sea el dueño de la telaraña del mal londinense.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Y por qué Rudyard Kipling?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Porque quería un periodista y de repente dije “Ah…mira este periodista que lo va a entrevistar en Mompracem que sea Kipling”. Entonces intenté cuadrarlo, no cuadraba porque en esos momentos Kipling no era todavía periodista en la India, lo sería poco después. Había regresado a Inglaterra después de haber nacido en la India. Es un especie de homenaje a <em>Kim</em> y a <em>El libro de las tierras vírgenes</em>, que son sus libros que leí en la misma época que leí a <em>Sandokán</em>. Formaban parte del mismo espacio imaginario.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-Hay también un personaje inspirado en Ray Bradbury: “el hombre ilustrado”. ¿Qué es lo que más te gusta de Bradbury?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-La idea de un personaje tatuado de pies a cabeza no es bradburiana, es dayaka. Está en Salgari. Pero cuando empecé a escribirlo dije: “Aquí hay un homenaje involuntario a Bradbury, bueno, dejémoslo correr”. Los dayakos de las enciclopedias del siglo XIX aparecen tal como Salgari los describe, con tatuajes narrativos, que sería la esencia de <em>El hombre ilustrado</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Y Engels y su correspondencia con Yáñez de Gomera?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-De la pareja Marx y Engels, Engels es mi favorito. Siempre lo fue. Me parecía el mejor escritor de los dos, el más ingenioso, el menos filósofo cerrado. Marx siempre me pareció un personaje muy encerrado en su propia retórica. Engels me pareció más flexible. De alguna manera es contemporáneo. Entonces dije: “Oye…como no…”. Y todo eso surgió de una broma que yo me hacía a mí mismo: “No se puede hacer novela policiaca en el siglo XXI sin sexo y rock and roll”. Esta broma empecé a extenderla y era ya: “No se puede hacer novela policiaca en el siglo XXI sin sexo, rock and roll y política explícita”. Y ya empecé a añadirle. Y llegó un momento en que dije: “¿En dónde está la política explícita?” Voy a intentar reconstruir el microcosmos de los conflictos políticos de la región, la presión imperial, y en esa estaba cuando decidí escribir un manifiesto comunista, escribí la versión Sandokán del <em>Manifiesto comunista</em> y de repente recordé que un capítulo en Engels, leyendo a Darwin (la cantidad de cosas que he tenido que releer para este libro, desde los viajes de Magallanes hasta el Voltatuli), donde habla de los orangutanes. Fui a buscarlo y lo encontré. La gran autoridad que Engels podía tener en orangutanes era Yáñez de Gomera. Además no quiero explicar cómo se conocieron. Es parte del enigma Yáñez, que lo conservé cuidadosamente a lo largo de toda la novela, de no decir. Sólo añado algo que Salgari ya había dado, que es como Sandokán se lo encontró tirado medio muerto.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-¿Cuál es la diferencia entre mito, leyenda e invención?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Para mí un mito es una construcción idealizada, a partir de un hecho real, que se ha construido en una sociedad. En esa medida este mito pervive socialmente. Una leyendo no necesariamente es material mítico sino que puede ser una versión transmitida simplemente por métodos no tradicionales, y por lo tanto, no escritos, que perdura en una sociedad. Invención es el estado natural en el que vivo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>-La última pregunta, Paco: ¿Se puede matar a un mito?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">-Mi teoría en esta novela es que no. Se lo dice Sandokán a Yáñez o Yáñez a Sandokán: a los mitos no los matan.</p>
<p style="text-align:justify;">Artículo relacionado en <a title="El nuevo libro de Taibo II: “El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras…”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/11/01/el-nuevo-libro-de-taibo-ii-el-manifiesto-comunista-en-clave-de-novela-de-aventuras/"><em>La pupila insomne</em></a>:</p>
<ul>
<li><a title="El nuevo libro de Taibo II: “El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras…”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/11/01/el-nuevo-libro-de-taibo-ii-el-manifiesto-comunista-en-clave-de-novela-de-aventuras/">El nuevo libro de Taibo II: “El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras…”</a></li>
<li><a title="Juan Madrid: “La novela negra es la novela política de la posmodernidad”" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/11/03/juan-madrid-%e2%80%9cla-novela-negra-es-la-novela-politica-de-la-posmodernidad%e2%80%9d/">Juan Madrid: “La novela negra es la novela política de la posmodernidad”</a></li>
</ul>
<p style="text-align:justify;">&nbsp;</p>
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		<title>El nuevo libro de Taibo II: &quot;El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras&#8230;&quot;</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2010 18:15:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[El retorno de los tigres de la Malasia]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Salgari]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
		<category><![CDATA[neopolicial latinoamericano]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo II]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Silvina Friera/Página 12 El escritor mexicano, considerado el creador del “neopolicial” en América latina, tiene más de 50 títulos publicados, entre novelas, cuentos, comics, reportajes, ensayos y biografías. Lo que nunca había hecho era reescribir El Manifiesto Comunista en clave &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=3236">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-32370" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/11/paco_ignacio_taibo_ii.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Silvina Friera/Página 12</strong></h5>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<div id="attachment_3237" style="width: 269px" class="wp-caption alignleft"><em><em><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/11/paco_ignacio_taibo_ii.jpg"><img class="size-full wp-image-3237" title="Paco_ignacio_taibo_II" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/11/paco_ignacio_taibo_ii.jpg" alt="Paco Ignacio Taibo II" width="259" height="194" /></a></em></em><p class="wp-caption-text">Paco Ignacio Taibo II</p></div>
<p><em>El escritor mexicano, considerado el creador del “neopolicial” en  América latina, tiene más de 50 títulos publicados, entre novelas,  cuentos, comics, reportajes, ensayos y biografías. Lo que nunca había  hecho era reescribir </em>El Manifiesto Comunista<em> en clave de novela de  aventuras&#8230; Y es lo que el autor asegura haber conseguido en su último  libro: </em>El retorno de Los Tigres de la Malasia, <em>con  personajes de Emilio Salgari y Arthur Conan Doyle.<span id="more-3236"></span></em><em> </em></p>
<div id="cuerpo" style="text-align:justify;">
<p>La gasolina  de Paco Ignacio Taibo II –abstemio declarado, aunque cueste creer que  no toma ni una gota de alcohol– es la Coca Cola. Antes de cerrar la  puerta de la habitación del hotel, antes de encender un cigarrillo negro  –“acá fumo Parisiennes, allá los Cohiba”–, encuentra la botellita con  su refresco cola, indispensable para que no descienda hasta el infierno  del malhumor y el descalabro existencial, si no cumple con su dosis  diaria de cinco litros. Después del primer trago, un flujo de adrenalina  flota en el ambiente. Ahora sí, ya está listo para desandar los once  años de cocina lenta de El retorno de Los Tigres de la Malasia  (Planeta), novela de aventuras en la que recupera al portugués Yáñez de  Gomara y al príncipe malayo Sandokán –dupla emblemática de la factoría  de Emilio Salgari–, que en manos de Taibo II son más anarcos, más  libertarios que en el molde “original”. El provocador pastiche del  escritor mexicano conserva el sabor decimonónico de la narración,  agilizado por diálogos breves como relámpagos y un desfile incesante de  personajes y figuras del siglo XIX, como Rudyard Kipling y Federico  Engels.</p>
<p>Si Taibo II es considerado el creador del “neopolicial” en América  latina, el texto de solapa de su última novela va por más y proclama que  “reinventa la novela de aventuras del siglo XIX”. La carcajada del  escritor, cortita pero intensa, anticipa que está más allá del bien y  del mal. “Hay un poco de maldad en esa frase –admite–. Llevo demasiado  tiempo con la etiqueta colgada de propietario del neopolicial. O de  biógrafo del Che. ¡Ahora que se vayan al carajo! Soy el que se me da la  gana y escribo una novela de aventuras”, dice el escritor a Página/12.  Taibo II podría haber sido un animal de teatro, un actor de raza o un  gran orador. Al menos eso transmite cuando se desliza por la cuerda del  humor y la risa hacia el tono cabrón, de hombre de pocas pulgas que  derrocha más simpatía cuanto más se enoja. “Escribir esta novela fue  oxígeno puro para mí, pero también significó un ajuste de cuentas con mi  infancia, con los libros que me enloquecieron cuando era niño; volví a  ellos para tratar de recobrar la pasión que me crearon.”</p>
<p><strong>–¿Cómo fue esa experiencia de recobrar la pasión al mismo tiempo que se apropiaba de los personajes?</strong></p>
<p>–Salgari escribió esos personajes para mí y yo me los apropié: son  de él y son míos. No tengo problemas de propiedad intelectual. Había  algo que me resultaba muy atractivo y con lo que estuve coqueteando hace  muchos años, la idea de que en la novela de aventuras se habían perdido  valores primigenios como la heroicidad, la palabra dada. Cuando das la  mano, empeñas tu palabra y no hay que firmar contratos. Me parece que en  una sociedad tan pragmática como la que vivimos se pierden estos  elementos. Yo reconozco que mi formación política está originada ahí: yo  soy marxista de Los Tres Mosqueteros y antiimperialista de Sandokán.  Eso lo tengo clarísimo, como también que políticamente soy hijo de Robin  Hood y de Bertolt Brecht. Ante la novela de aventuras descafeinada que  se está produciendo, me propuse decirles a los adolescentes: “Vengan,  aquí está el heavy” (risas). Me parecía importante abrir una opción a  toda una generación de jóvenes que son los hijos y nietos de mis amigos  que están leyendo; hay que abrirles puertas para que sigan y avancen más  allá de Harry Potter o de los vampiros románticos y blanditos.</p>
<p><strong>–¿Intenta recuperar lo que se podría llamar una “épica con ideas”?</strong></p>
<p>–Lo formulaste bien, la épica, la épica (golpea la mesita), la épica  está envuelta en un proyecto de cambiar el mundo. Mis tigres me  salieron antiimperialistas, pero no había manera de evitarlo. Una cosa  era esta sensación y otra cosa era escribir el libro. Me di cuenta de  que no era tan fácil. La literatura que me interesa es enciclopédica y  tiene que saber de todo: cómo hacen el amor los cocodrilos, cómo se  jugaba a las cartas en Hong Kong en un casino, cómo eran las calles de  un poblado malasio, cómo se construían las cabañas sobre los ríos, cómo  vuelan los albatros, qué venenos son los que se usan o están de moda o  qué frutas se comen. Salgari me había enseñado cómo hacer enciclopedismo  ligero, pero al mismo tiempo extrañamente informado. La literatura de  Salgari era maravillosa porque manejaba la peripecia, la aventura, pero  también era inocente y estaba atrapada en el canon de la novela de  aventura del siglo XIX. Esto significaba cero sexo, no malas palabras,  diálogos innecesarios para que crecieran las páginas porque se pagaba  por página. Me leí todas las novelas de Salgari, todas las enciclopedias  –malas y buenas–, libros de viajes&#8230; hice una investigación  equivalente a la de un libro de historia.</p>
<p><strong>–También se puede ver en la novela el ADN de cierto espíritu anarquista.</strong></p>
<p>–El anarquismo lo traigo puesto, no me puedo liberar de él (risas).  Sin duda los personajes tienen un trasfondo libertario que estaba en  Salgari. Lo único que hice fue extrapolarlo y darle más solidez. Me di  la inmensa alegría de tirar del armario de mi infancia y ver qué había  ahí. Kipling aparece en mi novela como periodista; al archienemigo de  Sherlock Holmes, el Doctor Moriarty, decidí traerlo porque necesitaba  una figura potente para el grupo de imperialistas canallas que forman El  Club de la Serpiente. De repente descubrí que (Arthur) Conan Doyle no  había hecho nada, que no existe Moriarty; es una frase: “la telaraña  maligna que domina las fuerzas del submundo&#8230;” Y seguí tirando del  closet y salió un personaje de la comuna de París y Old Shattherhand, el  personaje de las novelas de Karl May. Y apareció Federico Engels, a  quien quiero mucho, ¿por qué iba a quedarse afuera de esta novela?</p>
<p><strong>–¿Por qué invierte esa suerte de “orden natural” con el que se menciona generalmente primero a Marx y después a Engels?</strong></p>
<p>–Yo digo Engels y Marx sólo por llevar la contraria, porque me cae  mejor (risas). Engels es mejor escritor que Marx y está menos  obsesivamente pegado a una visión absoluta de la historia. Engels forma  parte de mi frente popular, en el que caben comunistas,  socialdemócratas, libertarios. No tengo problemas para asumirme como un  hombre de una izquierda universal que aprecia todo, siempre y cuando  esté a la izquierda del corazón. En esta novela reescribí el manifiesto  comunista y me quedó muy bien. Mi versión es más bonita que la de Marx.  De repente me di cuenta de que estaba cumpliendo con todas mis  obsesiones, de que había jugado con todas las puñeteras libertades, pero  me faltaba algo. Me dije a mí mismo que faltaba reescribir la Biblia de  la izquierda; y como soy antibíblico pensé que reescribir el manifiesto  comunista era el acto de herejía más grande del planeta. Lo reescribí  en una versión mejorada. En lugar de que el fantasma recorriera el mundo  europeo, atraviesa el mundo de mi novela.</p>
<p><strong>–¿Ese fantasma sigue recorriendo el mundo?</strong></p>
<p>–Y sí, desde luego que sí (piensa). Yo creo en la necesidad de  fomentar el pensamiento utópico; nos volveríamos muy aburridos, muy  jodidos, muy limitados, sin pensamiento utópico. Curiosamente llego a  estas reflexiones a través de un vehículo aparentemente inocente como la  novela de aventuras. ¡Inocente los cojones!</p>
<p>El escritor mexicano es eyectado como un resorte que se desmadró  cuando vibra el timbre del teléfono. Despacha el asunto rápidamente y  regresa. “Para explicar por qué me interesa el siglo XIX deberías  preguntarle a mi psiquiatra”, bromea.</p>
<p><strong>–¿Quizá le interesa porque fue un gran laboratorio de cambios que se extienden hasta el presente?</strong></p>
<p>–Sí, ahí se consolida la división del mundo que hoy conocemos entre  Primer Mundo y Tercer Mundo. Ahí nos condenan al Tercer Mundo; pero no  es eso lo que me interesa. El siglo XIX es el siglo de la literatura de  mi infancia y vuelvo a ella porque ahí me formé como persona y como  lector. Muchacha: no hay nada mejor que hacerle caso a tus obsesiones.  Si logras hacerle caso a tus obsesiones, serás un escritor feliz. Si  tratas por razones comerciales de evadirlas, serás un escritor rico pero  profundamente infeliz. Nunca tuve la tentación de ser un escritor rico e  infeliz (risas).</p>
<p><strong>–El retorno de Los Tigres de la Malasia tiene muchos diálogos, ¿por qué eligió esa forma?</strong></p>
<p>–Los diálogos me ayudaron a trazar a los personajes, a darle una  dimensión más profunda a Sandokán y a Yáñez, que no la tienen en  Salgari. Hay zonas de sombras que a Salgari le importan un bledo; a mí  me gustaba dejar esas zonas de sombras, pero también darles una luz  nueva. Me gustaba explorar en el pasado de Yánez de Gomera, de dónde  viene ese pirata compañero de Sandokán, pero portugués traidor a su  raza. En vez de meterle más claridad al pasado, decidí meterle más  enigma. El Yáñez de mi novela es más enigmático que el de Salgari. Otro  trabajo complicado fue crear al Doctor Moriarty. Me salió una especie de  malvado shakesperiano. El diálogo viene de mi educación como escritor  con Raymond Chandler.</p>
<p>El diálogo es el talón de Aquiles de la narrativa que se publica en  estos pagos. El escritor mexicano recuerda una conversación que tuvo con  Gabriel García Márquez. “Paquito, mira, cuando en una página te falla  una coma, te falla una coma. Cuando te fallan 7 comas, no sabes usar las  comas. Cuando te fallan 15 comas, tu editor es una bestia; cambia de  editor. Pero cuando te fallan 60 comas en una página, eso se llama  estilo.” ¿Qué quiere contar con esta anécdota? Taibo II lo explica.  “García Márquez me llama paternalmente ‘Paquito’ porque era amigo de mi  papá y no mío. Pero tiene razón. Los autores que desprecian el diálogo  no lo dominan, no saben usarlo y lo omiten.” Hace unos años el escritor  propuso un desafío en un taller literario: tomar a cualquier autor,  revisar una página de diálogo al azar y quitarles las acotaciones del  tipo “dijo Pepe”, “dijo Pablo”. “Si después que quitamos las acotaciones  somos capaces de distinguir qué dijo quién, el que escribe sabe  –afirma–. Si cuando se las quitamos no sabemos qué dice quién, el que  escribe no sabe.”</p>
<p><strong>–¿Cree que el prólogo y manifiesto literario de la novela, “Nota de arranque”, puede dirigir la lectura?</strong></p>
<p>–La única crítica consistente que he recibido de los lectores es que  ese manifiesto a favor de una manera de entender la literatura debería  haber estado al final y no al principio. Este libro anda buscando un  lector adolescente, pero también de 40, 50 o 60 años, más maduro y con  mucha malicia. El prólogo es para el segundo tipo de lector, no para el  primero. Algunos lectores jóvenes que leyeron el libro me dijeron que no  era necesario el prólogo. ¡Coño, no lo necesitas tú, pero yo sí lo  necesito! Y lo necesita alguien de mi malicia literaria. Pero me di  cuenta de que tenía razón: ese lector más joven quería entrar directo.  No quería explicaciones porque se ha educado en el videoclip que dura  tres minutos y medio y no tiene paciencia para nada. Mientras que el  otro lector no sólo las quería, sino que las necesitaba: ¿por qué estoy  leyendo a mi edad una novela de aventuras? Y Paco Taibo les dice:  “¡Huevón, estás leyendo una novela de aventuras porque&#8230;!”</p>
<p><strong>–¿Porque se abandonó la épica y hay que rescatarla?</strong></p>
<p>–Sí, las pasiones se descafeinaron. Cuando tu máxima ilusión es ser  el que empuje más rápido el carrito en un supermercado, estás condenado a  una literatura minimalista. Hay que volver a una literatura de  pasiones. La literatura no debe imitar la vida, debe proponer la vida.  Quiero escribir novelas en las que los personajes se cortan las venas  por razones amorosas, quiero escribir una literatura del exceso. Son las  tentaciones del lector que las llevo a la vocación del escritor. En el  fondo, más que un escritor, soy un lector improvisado.</p>
<p><strong>–Lleva muchos libros publicados como para creer lo de la improvisación&#8230;</strong></p>
<p>–Me pillaste por una esquina (risas). Es una improvisación sostenida y reiterada en el tiempo&#8230;</p>
<p>(Tomado de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-19774-2010-11-01.html"><em>Página 12</em></a>)</p>
</div>
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		<title>El nuevo libro de Taibo II: &#8220;El Manifiesto Comunista en clave de novela de aventuras&#8230;&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2010 18:15:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[El retorno de los tigres de la Malasia]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Salgari]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
		<category><![CDATA[neopolicial latinoamericano]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo II]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Silvina Friera/Página 12 El escritor mexicano, considerado el creador del “neopolicial” en América latina, tiene más de 50 títulos publicados, entre novelas, cuentos, comics, reportajes, ensayos y biografías. Lo que nunca había hecho era reescribir El Manifiesto Comunista en clave &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=22392">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-223930" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2010/11/paco_ignacio_taibo_ii.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Silvina Friera/Página 12</strong></h5>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<div id="attachment_3237" style="width: 269px" class="wp-caption alignleft"><em><em><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2010/11/paco_ignacio_taibo_ii.jpg"><img class="size-full wp-image-3237" title="Paco_ignacio_taibo_II" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2010/11/paco_ignacio_taibo_ii.jpg" alt="Paco Ignacio Taibo II" width="259" height="194" /></a></em></em><p class="wp-caption-text">Paco Ignacio Taibo II</p></div>
<p><em>El escritor mexicano, considerado el creador del “neopolicial” en  América latina, tiene más de 50 títulos publicados, entre novelas,  cuentos, comics, reportajes, ensayos y biografías. Lo que nunca había  hecho era reescribir </em>El Manifiesto Comunista<em> en clave de novela de  aventuras&#8230; Y es lo que el autor asegura haber conseguido en su último  libro: </em>El retorno de Los Tigres de la Malasia, <em>con  personajes de Emilio Salgari y Arthur Conan Doyle.<span id="more-22392"></span></em><em> </em></p>
<div id="cuerpo" style="text-align:justify;">
<p>La gasolina  de Paco Ignacio Taibo II –abstemio declarado, aunque cueste creer que  no toma ni una gota de alcohol– es la Coca Cola. Antes de cerrar la  puerta de la habitación del hotel, antes de encender un cigarrillo negro  –“acá fumo Parisiennes, allá los Cohiba”–, encuentra la botellita con  su refresco cola, indispensable para que no descienda hasta el infierno  del malhumor y el descalabro existencial, si no cumple con su dosis  diaria de cinco litros. Después del primer trago, un flujo de adrenalina  flota en el ambiente. Ahora sí, ya está listo para desandar los once  años de cocina lenta de El retorno de Los Tigres de la Malasia  (Planeta), novela de aventuras en la que recupera al portugués Yáñez de  Gomara y al príncipe malayo Sandokán –dupla emblemática de la factoría  de Emilio Salgari–, que en manos de Taibo II son más anarcos, más  libertarios que en el molde “original”. El provocador pastiche del  escritor mexicano conserva el sabor decimonónico de la narración,  agilizado por diálogos breves como relámpagos y un desfile incesante de  personajes y figuras del siglo XIX, como Rudyard Kipling y Federico  Engels.</p>
<p>Si Taibo II es considerado el creador del “neopolicial” en América  latina, el texto de solapa de su última novela va por más y proclama que  “reinventa la novela de aventuras del siglo XIX”. La carcajada del  escritor, cortita pero intensa, anticipa que está más allá del bien y  del mal. “Hay un poco de maldad en esa frase –admite–. Llevo demasiado  tiempo con la etiqueta colgada de propietario del neopolicial. O de  biógrafo del Che. ¡Ahora que se vayan al carajo! Soy el que se me da la  gana y escribo una novela de aventuras”, dice el escritor a Página/12.  Taibo II podría haber sido un animal de teatro, un actor de raza o un  gran orador. Al menos eso transmite cuando se desliza por la cuerda del  humor y la risa hacia el tono cabrón, de hombre de pocas pulgas que  derrocha más simpatía cuanto más se enoja. “Escribir esta novela fue  oxígeno puro para mí, pero también significó un ajuste de cuentas con mi  infancia, con los libros que me enloquecieron cuando era niño; volví a  ellos para tratar de recobrar la pasión que me crearon.”</p>
<p><strong>–¿Cómo fue esa experiencia de recobrar la pasión al mismo tiempo que se apropiaba de los personajes?</strong></p>
<p>–Salgari escribió esos personajes para mí y yo me los apropié: son  de él y son míos. No tengo problemas de propiedad intelectual. Había  algo que me resultaba muy atractivo y con lo que estuve coqueteando hace  muchos años, la idea de que en la novela de aventuras se habían perdido  valores primigenios como la heroicidad, la palabra dada. Cuando das la  mano, empeñas tu palabra y no hay que firmar contratos. Me parece que en  una sociedad tan pragmática como la que vivimos se pierden estos  elementos. Yo reconozco que mi formación política está originada ahí: yo  soy marxista de Los Tres Mosqueteros y antiimperialista de Sandokán.  Eso lo tengo clarísimo, como también que políticamente soy hijo de Robin  Hood y de Bertolt Brecht. Ante la novela de aventuras descafeinada que  se está produciendo, me propuse decirles a los adolescentes: “Vengan,  aquí está el heavy” (risas). Me parecía importante abrir una opción a  toda una generación de jóvenes que son los hijos y nietos de mis amigos  que están leyendo; hay que abrirles puertas para que sigan y avancen más  allá de Harry Potter o de los vampiros románticos y blanditos.</p>
<p><strong>–¿Intenta recuperar lo que se podría llamar una “épica con ideas”?</strong></p>
<p>–Lo formulaste bien, la épica, la épica (golpea la mesita), la épica  está envuelta en un proyecto de cambiar el mundo. Mis tigres me  salieron antiimperialistas, pero no había manera de evitarlo. Una cosa  era esta sensación y otra cosa era escribir el libro. Me di cuenta de  que no era tan fácil. La literatura que me interesa es enciclopédica y  tiene que saber de todo: cómo hacen el amor los cocodrilos, cómo se  jugaba a las cartas en Hong Kong en un casino, cómo eran las calles de  un poblado malasio, cómo se construían las cabañas sobre los ríos, cómo  vuelan los albatros, qué venenos son los que se usan o están de moda o  qué frutas se comen. Salgari me había enseñado cómo hacer enciclopedismo  ligero, pero al mismo tiempo extrañamente informado. La literatura de  Salgari era maravillosa porque manejaba la peripecia, la aventura, pero  también era inocente y estaba atrapada en el canon de la novela de  aventura del siglo XIX. Esto significaba cero sexo, no malas palabras,  diálogos innecesarios para que crecieran las páginas porque se pagaba  por página. Me leí todas las novelas de Salgari, todas las enciclopedias  –malas y buenas–, libros de viajes&#8230; hice una investigación  equivalente a la de un libro de historia.</p>
<p><strong>–También se puede ver en la novela el ADN de cierto espíritu anarquista.</strong></p>
<p>–El anarquismo lo traigo puesto, no me puedo liberar de él (risas).  Sin duda los personajes tienen un trasfondo libertario que estaba en  Salgari. Lo único que hice fue extrapolarlo y darle más solidez. Me di  la inmensa alegría de tirar del armario de mi infancia y ver qué había  ahí. Kipling aparece en mi novela como periodista; al archienemigo de  Sherlock Holmes, el Doctor Moriarty, decidí traerlo porque necesitaba  una figura potente para el grupo de imperialistas canallas que forman El  Club de la Serpiente. De repente descubrí que (Arthur) Conan Doyle no  había hecho nada, que no existe Moriarty; es una frase: “la telaraña  maligna que domina las fuerzas del submundo&#8230;” Y seguí tirando del  closet y salió un personaje de la comuna de París y Old Shattherhand, el  personaje de las novelas de Karl May. Y apareció Federico Engels, a  quien quiero mucho, ¿por qué iba a quedarse afuera de esta novela?</p>
<p><strong>–¿Por qué invierte esa suerte de “orden natural” con el que se menciona generalmente primero a Marx y después a Engels?</strong></p>
<p>–Yo digo Engels y Marx sólo por llevar la contraria, porque me cae  mejor (risas). Engels es mejor escritor que Marx y está menos  obsesivamente pegado a una visión absoluta de la historia. Engels forma  parte de mi frente popular, en el que caben comunistas,  socialdemócratas, libertarios. No tengo problemas para asumirme como un  hombre de una izquierda universal que aprecia todo, siempre y cuando  esté a la izquierda del corazón. En esta novela reescribí el manifiesto  comunista y me quedó muy bien. Mi versión es más bonita que la de Marx.  De repente me di cuenta de que estaba cumpliendo con todas mis  obsesiones, de que había jugado con todas las puñeteras libertades, pero  me faltaba algo. Me dije a mí mismo que faltaba reescribir la Biblia de  la izquierda; y como soy antibíblico pensé que reescribir el manifiesto  comunista era el acto de herejía más grande del planeta. Lo reescribí  en una versión mejorada. En lugar de que el fantasma recorriera el mundo  europeo, atraviesa el mundo de mi novela.</p>
<p><strong>–¿Ese fantasma sigue recorriendo el mundo?</strong></p>
<p>–Y sí, desde luego que sí (piensa). Yo creo en la necesidad de  fomentar el pensamiento utópico; nos volveríamos muy aburridos, muy  jodidos, muy limitados, sin pensamiento utópico. Curiosamente llego a  estas reflexiones a través de un vehículo aparentemente inocente como la  novela de aventuras. ¡Inocente los cojones!</p>
<p>El escritor mexicano es eyectado como un resorte que se desmadró  cuando vibra el timbre del teléfono. Despacha el asunto rápidamente y  regresa. “Para explicar por qué me interesa el siglo XIX deberías  preguntarle a mi psiquiatra”, bromea.</p>
<p><strong>–¿Quizá le interesa porque fue un gran laboratorio de cambios que se extienden hasta el presente?</strong></p>
<p>–Sí, ahí se consolida la división del mundo que hoy conocemos entre  Primer Mundo y Tercer Mundo. Ahí nos condenan al Tercer Mundo; pero no  es eso lo que me interesa. El siglo XIX es el siglo de la literatura de  mi infancia y vuelvo a ella porque ahí me formé como persona y como  lector. Muchacha: no hay nada mejor que hacerle caso a tus obsesiones.  Si logras hacerle caso a tus obsesiones, serás un escritor feliz. Si  tratas por razones comerciales de evadirlas, serás un escritor rico pero  profundamente infeliz. Nunca tuve la tentación de ser un escritor rico e  infeliz (risas).</p>
<p><strong>–El retorno de Los Tigres de la Malasia tiene muchos diálogos, ¿por qué eligió esa forma?</strong></p>
<p>–Los diálogos me ayudaron a trazar a los personajes, a darle una  dimensión más profunda a Sandokán y a Yáñez, que no la tienen en  Salgari. Hay zonas de sombras que a Salgari le importan un bledo; a mí  me gustaba dejar esas zonas de sombras, pero también darles una luz  nueva. Me gustaba explorar en el pasado de Yánez de Gomera, de dónde  viene ese pirata compañero de Sandokán, pero portugués traidor a su  raza. En vez de meterle más claridad al pasado, decidí meterle más  enigma. El Yáñez de mi novela es más enigmático que el de Salgari. Otro  trabajo complicado fue crear al Doctor Moriarty. Me salió una especie de  malvado shakesperiano. El diálogo viene de mi educación como escritor  con Raymond Chandler.</p>
<p>El diálogo es el talón de Aquiles de la narrativa que se publica en  estos pagos. El escritor mexicano recuerda una conversación que tuvo con  Gabriel García Márquez. “Paquito, mira, cuando en una página te falla  una coma, te falla una coma. Cuando te fallan 7 comas, no sabes usar las  comas. Cuando te fallan 15 comas, tu editor es una bestia; cambia de  editor. Pero cuando te fallan 60 comas en una página, eso se llama  estilo.” ¿Qué quiere contar con esta anécdota? Taibo II lo explica.  “García Márquez me llama paternalmente ‘Paquito’ porque era amigo de mi  papá y no mío. Pero tiene razón. Los autores que desprecian el diálogo  no lo dominan, no saben usarlo y lo omiten.” Hace unos años el escritor  propuso un desafío en un taller literario: tomar a cualquier autor,  revisar una página de diálogo al azar y quitarles las acotaciones del  tipo “dijo Pepe”, “dijo Pablo”. “Si después que quitamos las acotaciones  somos capaces de distinguir qué dijo quién, el que escribe sabe  –afirma–. Si cuando se las quitamos no sabemos qué dice quién, el que  escribe no sabe.”</p>
<p><strong>–¿Cree que el prólogo y manifiesto literario de la novela, “Nota de arranque”, puede dirigir la lectura?</strong></p>
<p>–La única crítica consistente que he recibido de los lectores es que  ese manifiesto a favor de una manera de entender la literatura debería  haber estado al final y no al principio. Este libro anda buscando un  lector adolescente, pero también de 40, 50 o 60 años, más maduro y con  mucha malicia. El prólogo es para el segundo tipo de lector, no para el  primero. Algunos lectores jóvenes que leyeron el libro me dijeron que no  era necesario el prólogo. ¡Coño, no lo necesitas tú, pero yo sí lo  necesito! Y lo necesita alguien de mi malicia literaria. Pero me di  cuenta de que tenía razón: ese lector más joven quería entrar directo.  No quería explicaciones porque se ha educado en el videoclip que dura  tres minutos y medio y no tiene paciencia para nada. Mientras que el  otro lector no sólo las quería, sino que las necesitaba: ¿por qué estoy  leyendo a mi edad una novela de aventuras? Y Paco Taibo les dice:  “¡Huevón, estás leyendo una novela de aventuras porque&#8230;!”</p>
<p><strong>–¿Porque se abandonó la épica y hay que rescatarla?</strong></p>
<p>–Sí, las pasiones se descafeinaron. Cuando tu máxima ilusión es ser  el que empuje más rápido el carrito en un supermercado, estás condenado a  una literatura minimalista. Hay que volver a una literatura de  pasiones. La literatura no debe imitar la vida, debe proponer la vida.  Quiero escribir novelas en las que los personajes se cortan las venas  por razones amorosas, quiero escribir una literatura del exceso. Son las  tentaciones del lector que las llevo a la vocación del escritor. En el  fondo, más que un escritor, soy un lector improvisado.</p>
<p><strong>–Lleva muchos libros publicados como para creer lo de la improvisación&#8230;</strong></p>
<p>–Me pillaste por una esquina (risas). Es una improvisación sostenida y reiterada en el tiempo&#8230;</p>
<p>(Tomado de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-19774-2010-11-01.html"><em>Página 12</em></a>)</p>
</div>
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		<title>Encuentro con Pedro Ángel Palou</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 22:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Álvaro Castillo Granada]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Ignacio Taibo II]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Ángel Palou]]></category>
		<category><![CDATA[Rulfo]]></category>
		<category><![CDATA[Zapata]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada &#8220;Fui asumiendo esa posición de escritor: hay que contarlo todo&#8221; Apenas entró a la librería me dijo con ese “tú” mexicano que es como un abrazo: “Por fin te conozco. Me ha hablado de ti Paco Ignacio &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=667">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-6680" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/08/250px-pedro_angel_palou.jpg"></div></div></td></tr></table><h6><strong>Álvaro Castillo Granada</strong></h6>
<h4><em>&#8220;Fui asumiendo esa posición de escritor: hay que contarlo todo&#8221;</em></h4>
<h4>
<p><strong> </strong></p>
<div id="attachment_668" style="width: 260px" class="wp-caption alignleft"><strong><strong><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/08/250px-pedro_angel_palou.jpg"><img class="size-full wp-image-668" title="250px-Pedro_Ángel_Palou" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/08/250px-pedro_angel_palou.jpg" alt="Pedro Ángel Palou" width="250" height="188" /></a></strong></strong><p class="wp-caption-text">Pedro Ángel Palou</p></div>
<p><strong>Apenas entró a la librería me dijo con ese “tú” mexicano que es como un abrazo: “Por fin te conozco. Me ha hablado de ti Paco Ignacio Taibo II”. Sí, fue gracias a Taibo que leí por primera vez a Pedro Ángel Palou. Le recomendó a Jorge Franco (ante una pregunta suya sobre qué libro traerme de México) que me leyera <em>Zapata</em>. Y me conquistó su manera de narrar y contar la historia. Asumiendo el lugar del testigo que quiere verlo, narrarlo y comprenderlo todo. Como siempre: la gentileza y complicidad de Zoraya Peñuela hizo posible este encuentro de dos lectores que se sentaron en una librería<span id="more-667"></span>, rodeados de libros por todas partes, a hablar de literatura como si fueran dos cuates que se conocieran desde siempre.<br />
</strong></h4>
<p><strong>-En tu novela <em>El dinero del diablo</em> (2009) encontré una frase que, de alguna manera, puede definir y englobar lo que estás haciendo con las novelas históricas: &#8220;La mentira, cuando convence, abre muchas más puertas que la verdad&#8221;. ¿Tus novelas históricas, ésta, <em>Zapata</em>, buscan la verdad que cerró la mentira?</strong></p>
<p>-La pregunta es muy interesante. A lo mejor tendré que someterme a psicoanálisis para responderla.  Hay gente que me ha preguntado si hay una cosa militante. Yo creo que sí. Tengo que reconocerlo. A lo mejor un resabio de jesuitismo. Si hay una cosa militante de la verdad como tema. Por eso me interesa tanto el poder. ¿Por qué es tan interesante para mí Zapata? Quizá por lo contrario que Pacelli. Yo necesitaba un hombre de una pieza. Cuando algunas personas me preguntan qué estaba escribiendo y les contesto que una novela histórica me dicen: &#8220;¿De verdad tu, Pedro, una novela histórica?&#8221;.</p>
<p><strong>-¿Por qué les asombraba que estuvieras escribiendo una novela histórica?</strong></p>
<p>-Porque había una idea en México de que yo era uno de los escritores más puristas y que mi literatura era bastante caprichosa, en el sentido en que mis libros no se parecen el uno al otro. Lo mismo escribía una novela sobre un boxeador en primera persona (como<em> Con la muerte en los puños</em>) que otra sobre el Canal de la Mancha y la ocupación nazi de una islita que se llama Sark&#8230; A la gente ya no le preocupaban los temas porque sabían que, finalmente, el nuevo tema era seguramente muy novedoso. Pero empieza a haber, en la misma época en que yo saco <em>Zapata</em>, una especie de animadversión en general del lector literario por la novela histórica. Empieza a pensar, con alguna verdad en muchos casos, que la novela histórica es una novela casi escrita o por encargo o porque comercialmente va a ser muy atractiva. Va a vender&#8230;</p>
<p><strong>-¿Por qué <em>Zapata</em>?</strong></p>
<p>-Cuando empecé a pensar en una trilogía nunca pensé a Zapata solo. Una &#8220;trilogía espejo&#8221;, en seis libros. Tres de México y tres de viajeros mexicanos. Hace muchos años tengo claro que el último libro de ese sexteto que voy a escribir (porque es el más difícil) es D.H. Lawrence en Oaxaca. Me dije &#8220;Como lo veo como espejo y espejo de épocas, ¿quién será el incontrovertible de la revolución mexicana? ¿El gran perdedor, el verdadero derrotado, el sacrificado (la trilogía se llama &#8220;Sacrificios históricos&#8221;)?&#8221; Zapata indudablemente. El único que es de una pieza. ¿Quién será su contraparte? Indudablemente otro sacrificado, auto inmolado en ese caso, como D.H. Lawrence en sus pleitos con en Oaxaca. El único que entendió el México pos-revolucionario. Obviamente Lowry vivía en el alcohol y no podía haber entendido, ¿no? Y después me fui para atrás: Morelos. El equivalente sería Humboldt. Cuauhtémoc. El único que entendió (después de Vasco de Quiroga, que no me gusta, porque no me gustan los personajes no ambiguos y con eso te contesto por qué Zapata: creo que la ambigüedad literaria es el verdadero territorio del novelista). En todos los epílogos de esta trilogía está una y otra y otra vez Henry James. Y la idea de que la buena novela o es psicológica o no es buena novela. Por eso esta contraparte va a ser el único virrey que a su vez fue arzobispo: el conde Palafox.</p>
<p><strong>-No solamente los personajes de tus novelas son ambiguos. También el narrador lo es.</strong></p>
<p>-Sí. A veces incluso, como dicen en la teoría literaria norteamericana: &#8220;unbelieveable&#8221;. No solamente ambiguo sino no confiable. El narrador a veces te juega malas pasadas. Tú crees que va por aquí y te dice de pronto (sin decírtelo) que no sabía muy bien qué te estaba contando. En el caso de <em>Zapata</em> coincide mucho, se vuelve muy coherente, con el relator del corrido, el &#8220;corridista&#8221;. Finalmente este es un testigo y quiere ser, a la misma vez que testigo, voz colectiva. En esa paradoja está la gracia del juglar. Y también su limitante de punto de vista. Aparentemente sería una contradicción absoluta lo que estoy diciendo con Henry James, donde el narrador es el confiable. Es la tercera persona central.</p>
<p><strong>-¿Qué otros maestros hay en tu formación?</strong></p>
<p>-Henry James es permanente. Siempre lo releo. Siempre está allí. Chejov. El Chejov de los grandes cuentos. Estoy convencido, y lo he repetido una y mil veces, que el novelista que hace llorar nunca pone una escena con lágrimas. Eso me viene de la contención narrativa de Chejov.</p>
<p><strong>-Esa es, también, una virtud de muchísimos escritores rusos.</strong></p>
<p>-Quizás le viene al alma rusa: son muy atormentados pero se tienen que cuidar. Salvo después de unas vodkas&#8230; Tienen que contenerse estrictamente.</p>
<p><strong>-James, Chejov&#8230;</strong></p>
<p>-Proust. Indudablemente. Lo que he ido captando a lo largo de los años como narrador es que, si Proust tiene validez hoy en día, la tiene en términos de que la descripción proustiana antigua se tiene que convertir ya en descripción activa. Tiene que estar ligada a la acción. En Proust muchas veces está ligada a la acción. Lo que pasa es la morosidad en la que está hecha esa descripción te hace pensar que no. D.H. Lawrence, por supuesto. Hay una escena, por ejemplo, concreta de<em> Zapata</em> que es un homenaje a <em>Mujeres enamoradas</em>. Es muy sutil, hay un homenaje explícito, literario, a un escritor que tú dirías &#8220;¿Qué tiene que ver con Zapata?&#8221;. Nada. Estamos hablando de las grandes influencias estilísticas. Yo creo que nadie ha contado, nadie ha descrito un árbol mejor que D.H. Nadie ha descrito modernamente la naturaleza mejor que él. Y en mi literatura hay una recurrencia a contar la naturaleza, siempre y cuando la naturaleza tenga un sentido psicológico. En<em> Zapata</em> estoy reiterando mucho eso. Está la barranca, sí, pero porque Zapata va a empezar a soñar o porque va a venir la escena de la madre y de la sangre en la iglesia que se le reitera en sus pesadillas.</p>
<p><strong>-¿Qué influencias mexicanas habría?</strong></p>
<p>-Rulfo. Indudablemente. El problema de él es que es una influencia que hay que cuidar. Son de esas influencias tan duras&#8230; Me imagino que, guardada la proporción y construido el escritor, les pasará mucho a los escritores colombianos con García Márquez. Si te gusta mucho es muy fácil que todo suene a García Márquez. En<em> Zapata</em>, es curioso, Rulfo es una de mis grandes influencias y, sin embargo, la que más cuido. Es muy poco rulfiano mi <em>Zapata</em>. Es imposible que Rulfo no esté. Es evidente. Hay un escritor que yo he admirado toda mi vida, que casi ahora nadie cita en México, que para mí es fundamental: Manuel Payno. Un escritor del XIX, de novela de costumbres, pero sobretodo,  el gran importador en México de la novela de entregas. Y tiene una novela que es fundamental para contar la vida en México que se llama <em>Los bandidos de Río Frío</em>. De hecho, los personajes de los bandidos son curiosamente los &#8220;plateados&#8221; que le contaba a Zapata su tío. Y por lo cual, anacrónicamente, se sigue vistiendo en los primeros años del siglo XX como un &#8220;plateado&#8221;, que era un chinaco de mitad del XIX. Nadie se vestía más que Zapata como ellos. Era un especie de uniforme del viejo bandolero, del Robin Hood, que narra muy bien Payno en su novela.</p>
<p><strong>-Carlos Fuentes tiene anunciada, desde hace tiempo, una novela que se llama <em>Emiliano en Chinameca</em>. Creo que (como se dice en Colombia) te le &#8220;tiraste&#8221; la novela.</strong></p>
<p>-Yo creo que sí, también. El dice que no. Te cuento una anécdota que es muy divertida. El problema de Fuentes es que todos sabemos, porque además está publicado en sus últimas novelas, ese impulso balzaciano.</p>
<p><strong>-“La edad del tiempo”.</strong></p>
<p>-Sí, y siempre ha dicho que va a escribir <em>Emiliano en Chinameca</em>. Mi novela está dedicada a Fuentes y Silvia, además de porque los quiero mucho, porque se la llevé en manuscrito y le dije “Oye te voy a dedicar esta novela porque me atreví a escribir un libro sobre Zapata”. El me invitó a cenar. Fue muy divertido. Estábamos ahí las dos parejas, con mi mujer y su mujer, y dice “¡Ajá! Y Zapata… ¿Qué Zapata? ¿De qué época?” Y le digo “Todo Zapata”. “¡Todo Zapata!”, grita así. “Se va usted a atrever…todo Zapata…”. El es muy diplomático. Dice “No, yo no, yo sólo voy a escribir la muerte de Zapata…”. Se enojó muchísimo. “¡Todo Zapata!”. Aquí le dejo la novela… Luego fue generosísimo con la novela. Fue uno de los primeros en reseñarla. Su crítica es muy inteligente. Ve cosas que yo no veía, como siempre Fuentes es un ensayista excepcional de la novela. Obviamente no rehúye hablar de uno de los temas más duros de mi novela, la escena con Nacho de la Torre. La pondera muy bien. Luego se ha referido varias veces a <em>Zapata</em>. Las últimas veces que he conversado con él ya no habla de <em>Emiliano en Chinameca</em>. Yo he pensado que debe ser algo así como <em>La muerte de Danton</em>, de Büchner… Los últimos instantes. ¿Emiliano en Chinameca cómo lo puedes contar? Una hora. Hora y media. Ignacio Padilla estuvo en la presentación de mi libro en Guadalajara y decía que yo tengo una virtud, y por eso, creo yo, es tan difícil contar Emiliano en Chinameca. Es la escena más corta de la novela. Se muere. Y no lo hago así porque sepa que Fuentes quiere escribirla sino porque así hay que contar la muerte.</p>
<p><strong>-A mí me recordó la descripción de  la muerte de Don Quijote: “(…) el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió”.</strong></p>
<p>-Sí. La gente esperaba lo que yo iba a contar. Esa escena iba a ser la más dilatada, obviamente. Todo el mundo está esperando la de Fuentes. Se murió. Cuento, en todo caso, el entierro, cómo lo arrastran… Pero ya es cadáver. La muerte no me interesa.</p>
<p><strong>-Otro gran escritor mexicano que te ha influido literaria, humana y éticamente es Paco Ignacio Taibo II.</strong></p>
<p>-Sí, claro. Yo fui un lector juvenil apasionado. Mis amigos incluso me decían “¿De veras te gusta tanto Taibo?”. Yo estaba apasionado con Belascoarán. De hecho, la última vez que conversamos en Guadalajara (estaba Benito, su hermano), estábamos comiendo, me dice Paco “Ya, ya, ya… ¡Me tienes hasta la madre con Belascoarán! Te lo regalo. Escribe una novela sobre él”. Benito casi se suicida. “¡No, no, no… ¡Cómo le vas a regalar a Belascoarán!”. Ya Taibo estaba hasta aquí de que yo le hable todo el día de Belascoarán. Sobre todo una novela que sigue siendo excepcional que se llama <em>Cosa fácil</em>, donde está Zapata.</p>
<p><strong>-Zapata vivo.</strong></p>
<p>-No se ha muerto. Es la leyenda. Señalaste una cosa muy importante: también es una enseñanza ética. Es uno de los escritores que mejor lee a la literatura mexicana, que más la promueve, que más ha hecho por la literatura no suya, la literatura de los otros, con una generosidad enorme. Pero además, ha hecho algo que, para la época en que empieza a escribir y que yo empiezo a leerlo, parecía imposible. Estamos hablando de que era el momento de la cúspide de Octavio Paz. A lo mejor visto desde fuera de México no se entiende lo que significó Paz. Significó que no había más que LITERATURA, con mayúsculas. Casi ideologizada. Había una animadversión a todo lo que mal se puede llamar sub-géneros, algo como Taibo… ¿Literatura policiaca? Por favor… Y era el ninguneo perpetuo. La literatura no tiene fronteras y no hay géneros. Taibo tiene una frase que ha repetido mucho y que yo quiero mucho (la tomo como consigna): “En literatura no hay géneros sólo hay modos de narrar”. Hay obras que tienes que narrar en ciencia ficción, obras que tienes que contar en fantasía, en cómic… La nueva generación literaria mexicana (que ya no es la mía) vive la libertad que vive, lo digo así, por Taibo. Bernardo Fernández, Federico Hagenbeck, Alberto Chimal…todos los que hacen algo que tiene que ver con fantasía, ciencia ficción, policíaca, le deben a Taibo la libertad. A Taibo le costó el ninguneo perpetuo. Era horrible, incluso a veces desagradable. “Eso no es literatura”. Y hacerle la ley del feo. Y que no hubiera una sola reseña de sus libros por petición Paz. No se podía hablar nada que tuviera que ver con Taibo.</p>
<p><strong>-Ese ninguneo sigue existiendo. Taibo es una autor leído, seguido y querido pero no existe en las bibliografías ni las historias literarias.</strong></p>
<p>-Tú ve a una librería alemana, italiana o francesa: hay un libro de Paz, si está bien. A lo mejor hay dos de Fuentes. Están catalogados, en ediciones contemporáneas, en esos idiomas, todos los libros de Paco. Es así. Es apasionante ver los lectores que tiene. Pero el ninguneo sigue existiendo. En literatura no hay como en música canon y repertorio. Si hubiera no habría bronca. Taibo estaría en el repertorio y seguramente, le gustara o no a la gente, terminaría en el canon. En literatura el problema es que sólo hay canon. Y el repertorio que tenemos los lectores no importa. En el canon no va existir nunca mientras siga dominando todavía la gente que vive y ve la literatura bajo la óptica y la egida de Paz. Por eso no había crítica literaria en México. No existía, era imposible. El único que escribió un libro importante en esa época, Jorge Aguilar Mora, tuvo que salirse del país. Se llamó <em>La divina pareja Mito e historia en Octavio Paz</em>. Tuvo exiliarse…no pudo volver a publicar… Se murió el brillante y todos los otros son unos epígonos de quinta categoría.</p>
<p><strong>-¿Qué le debes a Gabriel García Márquez?</strong></p>
<p>-Mucho. Nos hizo releer incluso a Rulfo. Hay una cosa muy interesante: cuando un escritor tan importante no es tuyo, no está en tu país, te permite releer a los tuyos. Obviamente puede ser una verdad de perogrullo. También mi generación pudo volver a leer a Faulkner gracias a García Márquez. Además de eso volvimos a leer a nuestros escritores a la luz de lo que significó <em>Cien años de soledad</em>. Lo que le debe Pedro Ángel Palou, como lector personal, se sigue llamando <em>El otoño del patriarca</em>. Me sigue pareciendo el libro más importante de su generación. No de él: de todos. Es un libro que se lee muy bien. Se lee muy fácil. Como todo en García Márquez: no hay nunca engaño. Es un escritor que nunca engaña a su lector.</p>
<p><strong>-Tenemos a los tres personajes mexicanos: Cuauhtémoc, Zapata y Morelos. ¿Cómo llegas a Pacelli, a Pío XII?</strong></p>
<p>-Estoy justamente pensando en la contraparte de la trilogía. En cómo escribo a los visitantes, a los viajeros extranjeros. Por razones de mi propia vida, más que de mi bibliografía, termino en La  Sorbona. Un aprendizaje muy bonito. La Sorbona no. Tengo la gran oportunidad de convivir y quién me invita allí es uno de los máximos sociólogos contemporáneos. Es Michel Maffesoli, que lleva la Cátedra Émile Durkheim. Yo vivo allí una época de oro alrededor de Maffesoli y de la gente que está en el “Centro de estudios para lo actual y lo cotidiano”. Sobre todo me da una gran libertad temporal, como sucede en la universidad francesa. Un profesor visitante tiene la obligación de ir una vez a la semana. Los lunes en este caso, al “Anfiteatro Durkheim”, en la Sorbona 5, en la vieja escuela de medicina, un lugar bellísimo… El resto del tiempo me queda absolutamente libre. Empiezo a investigar y a estudiar. Me llevo, de hecho, de México, una buena parte de la bibliografía que tenía en ese entonces (creo que ahora es muy superior) sobre San Pablo. Pensando en escribir una novela sobre el cristianismo primitivo, los primeros cuarenta años después de la muerte de Jesús. Es apasionante el tema. Exige mucha investigación de archivo, una investigación patrística, las nuevas versiones, discutir que sí es y que no es Pablo, dónde se empieza a escribir los hechos de los apóstoles, en qué año… Termino en la “Biblioteca Apostólica Vaticana” con un buen amigo, que me guía, me lleva, y en el “Archivo Secreto”. Que ahora es un archivo como cualquier otro, tiene trece pisos, computadoras, ya no es lugar donde estaban los frescos de Tiziano, es un nuevo edificio que inauguró Juan Pablo II. Tan moderno como cualquier archivo, no tiene nada de mítico, ni nada que ver con Dan Brown. Ese el archivo donde podemos ir tu y yo. El archivo de la novela es donde sólo pueden ir sacerdotes que tienen permiso del papa. Ahí queda el reservorio. Bueno. Ahí me encuentro con una esquela, un pequeño texto de media cuartilla, escrito a mano, una caligrafía muy violenta (o por lo menos yo la interpreto así), con pluma fuente, firmado por un tal (en ese entonces yo le digo “un tal” porque no sé quién es) Eugene Tisserant, fechado en 1939, que dice: “Ellos lo han asesinado”. Yo estoy en ese momento en una zona de ese archivo secreto que se llama “Papeles privados y personales”. Ahí está, por ejemplo, todo el legajo sobre Orígenes, muy importante para Pablo. Me encuentro ese papelito. Bajo, con mis amigos jesuitas, y resulta que uno me dice: “No, aquí no vas a encontrar nada. Tisserant lo guardó todo. Estaba muy asustado porque lo iban a matar. El sí estaba convencido, pero no es cierto, no creas en eso de que mataron a Pío XI… Todo lo guardó en una caja de seguridad en Basilea. Tengo entendido que después se vendió a una universidad norteamericana…”. Es muy curioso porque esa misma semana se cierra el archivo de Pacelli. Se clasifica todo. Acaba de aparecer en ese momento en un inglés un libro que se llama <em>Under his very windows</em>, de Susan Zuccotti, que trata el tema que yo trato en los años posteriores, en el momento de la invasión a Italia por las SS. Se clasifican esos documentos. Yo me voy a Columbia donde encuentro no solamente Tisserant, encuentro además (y eso es muy importante) las notas de John Lafarge, el jesuita que escribió la encíclica. De hecho la novela concursó con el seudónimo (lo puse a propósito) Jan en vez de John (mezclando lo francés de Tisserant) Lafarge. Ya me meto y entonces sé que tengo una novela. Ya me olvido durante un buen rato de San Pablo. Me pongo a investigar a Pacelli. Pacelli es un personaje fascinante en todos sus claroscuros: lo bueno, lo malo, lo regular. Me interesa mucho la novela. Álvaro Pombo me preguntó en España, el día de la presentación, que si yo no había estropeado un gran ensayo. Le dije que en un ensayo no podía lograr lo que sí logré en esta novela que es el gran contraste entre Pío XI y Pío XII. Parte del éxito de esta novela (según yo) está en cómo se manejan esos dos personajes y sus psicologías. En uno hay ideología, en otro hay pragmatismo. En uno hay lo que llamaríamos “bondad”, aunque sabe que hay fines que no justifican tanto los medios. Y al otro no le importa nada. Todo se justifica siempre y cuando el Vaticano retome el esplendor perdido. Puede ser un análisis sociológico simplista y rápido, pero si lo vemos (para entender lo que yo empecé a entender), Pío XI era un hijo de comerciantes de una familia muy modesta de Milán, vendedores de telas (como San Pablo), y en cambio, Pacelli era un hombre resentidísimo, de la venida a menos de una aristocracia absoluta. El sabía que la única manera de recuperar la aristocracia y eso específico familiar era el dinero. No es gratuito que cuando trae a Nogara, en las primeras treinta y tres empresas que compra están en todos los consejos directivos familiares o él mismo. Un hermano, un primo, dos sobrinos… ¿Cuánto se habrá enriquecido la familia Pacelli? Nunca cuento (es una sutileza narrativa) el asco que debe haber sentido Pacelli por Mussolini, pero como es tan pragmático no lo puede comentar… Pero sí cuento el asco que tiene Pacelli en general por el contacto con lo humano. Las veces que se lava las manos… Mussolini representa exactamente las razones por las que su familia está arruinada. En Pacelli no hay ideología: está dispuesto a pactar con Mussolini porque es la única manera de vencerlo.</p>
<p><strong>-Hay una película, que me imagino viste, en la que la figura de Pacelli está en el telón de fondo: <em>Amén</em>, de Costa Gavras.</strong></p>
<p>-Es una película impresionante. Me gusta más que <em>Estado de sitio</em>. Una gran película. Pacelli es una figura central sin la cual no se entendería <em>Amén</em>. Nadie me ha preguntado la estética de la parte histórica de la novela. Hay dos estéticas radicalmente distintas. La de los capítulos pares es neorrealismo italiano, está contada en blanco y negro, como si estuviéramos viendo a Vittorio de Sica o a Pasolini. Así cuento. ¿Por qué eso pasa? Porque no conozco la época, no conozco esa Italia, conozco ésta. ¿Y cómo me la imagino? En blanco y negro, contada por de Sica. Espero haberlo logrado. Yo creo que sí. Hay escenas en que tú ves a los personajes, las caras de los personajes deformadas por el close-up del narrador, en mí caso, como si estuvieras viendo una escena de cine neorrealista. El neorrealismo deforma. Acerca o aleja.</p>
<p><strong>-¿Y la otra?</strong></p>
<p>-La otra es una estética muy mezclada, en homenaje a varios de mis autores favoritos de thrillers. Obviamente está Umberto Eco atrás. Es muy notorio. Chesterton. Está el padre Brown, que sería el gran ejemplo para mí. Lo digo sin ningún empacho: está Ian Fleming. Por las características de mi personaje, por eso me atrevo hasta una persecución en coche.</p>
<p><strong>-También siento ahí a John Le Carré.</strong></p>
<p>-Sí, claro. Le Carré está ahí. Es el escritor de espionaje que a mí más me interesa. ¿Y sabes por qué? Porque sus personajes y los de mi historia son muy cínicos. Tienen todas las vertientes. Son “smiling”: no sabes nunca. Hay muchas cosas del (incluso) más ingenuo y más de un sola pieza, que es Gonzaga, que tampoco son muy normales. Y ni se diga Shoval, es un personaje de Le Carré sin la ideología de la guerra fría que es lo único que no me gusta de él.</p>
<p><strong>-No se puede, al leer esta novela, dejar de lado o ignorar a Dan Brown y sus novelas. Se le siente ahí.</strong></p>
<p>-Sí. Me lo han preguntado muchísimo y siempre digo lo mismo porque sigo convencido de eso. Obviamente he leído a Brown. Ningún escritor que se precie de escribir sobre estos temas hoy en día puede no leerlo. Incluso para saber qué no le gusta o qué le gusta. Hay muchas cosas que me preocupan. Incluso de la recepción del lector de Brown, por lo tanto, lo que está pasando. Una es la creencia de que realmente hay símbolos que afectan a occidente. Hay doce mil novelas después de Brown, todas diciendo que es un manuscrito que se acaba de encontrar con lo cual se tambalea todo occidente. Se tambalea el Vaticano… La verdad es que justamente la novela lo que comprueba es que nada tambalea a nada. La verdad no cambia las cosas. Por otro lado, en Brown hay un ejercicio de divulgación de un divulgador que es Michael Burleigh. Que incluso lo demandó. El libro de Burleigh son nueve años de investigación contrastando con gente que realmente ha trabajado los rollos del mar muerto, etcétera. Y Brown se queda con una cosa simbólica, la trabaja bien desde el punto de vista simbólico, por el lado morboso pero no bien narrativamente. Un narrador medianamente hábil se da cuenta de todas las costuras de ese libro.</p>
<p><strong>-¿Si existen esos problemas narrativos a qué se puede deber ese éxito entre los lectores?</strong></p>
<p>-Yo creo que sabes por qué, y nunca lo digo, pero ahora sí ya lo voy a decir: es el escritor perfecto para la ideología contemporánea. Siempre se ha dicho lo contrario, que el tipo es contra Vaticano. Su libro justamente denuncia a dos personajes, supuestamente del Opus, que se salen de la línea. Y la ideología es toda para rescatar a la iglesia católica. O sea, es un libro como los de Stephenie Meyer, que ha logrado una cosa que parecía imposible: hacer de los vampiros castos (que es lo contrario del vampirismo) un género legible. Brown le ha hecho creer al lector, en la apariencia, en la superficie del libro, que este es un libro anti clerical, para hacer un libro de gran simpleza ideológica para proteger a la iglesia. Es un libro que nunca se atreve. Por eso ha funcionado. Si fuera un libro verdaderamente, si fuera <em>La puta de Babilonia</em> en novela, nadie lo leería. Es puramente el truco. Al final el malo, Silas, se le pasó. Fue excesivo. Por todos sus problemas, de albinismo y de blablabla, ya es excesivo, hasta su jefe del Opus está más arrepentido. En la novela se echó a media humanidad, mató a quién sabe cuántos&#8230; Una salvación moral, ideológica: por eso funciona muy bien Dan Brown. Por lo mismo por lo que funciona Stephenie Meyer en este momento. Un buen libro de vampiros (no sé cómo le va a Guillermo del Toro, que acaba de sacar su novela) no creo que funcionara tan bien. La distancia más radical entre una mujer que ha divulgado los vampiros (y que no es mi gusto absoluto) es Anne Rice. Es una tipa que escribe bien y esto que estoy diciendo, por el tema ideológico. Como decir que una novela de Papini y Dan Brown son las dos en contra de la iglesia católica. La diferencia es notable y absoluta. Papini es sutil pero brutal. Hay una defensa a ultranza de los valores morales de la fe.</p>
<p><strong>-¿Cómo fue el proceso de investigación de<em> El dinero del diablo</em>?</strong></p>
<p>-Fue un proceso bastante tranquilo en términos de archivo, por eso está al final un mini ensayo bibliográfico y dice qué archivos puedes consultar si tu quieres hacerlo, porque esa parte no es secreta. Pero las pistas que me llevaron a saber dónde estaba lo de Columbia, por ejemplo, y qué había dicho Tisserant y lo de que todo estuvo en una caja en Basilea, me las dieron dos jesuitas que me pidieron no estar. Uno de ellos me presentó (este es uno de mis grandes descubrimientos personales) a otro hombre (tampoco puede estar su nombre propio y apellido) que es el que mantiene la relación permanente de espionaje y de información mutua entre el Mossad y el Vaticano. Me parece un descubrimiento absoluto. Yo estaba en el Vaticano y pensé que era una broma lo que me estaba diciendo. Siempre desde fuera crees que hay, incluso, una animadversión. Pues no. Resulta que hay incluso una especie de enlace de inteligencia, entre la entidad que se llama actualmente &#8220;La vieja Santa Alianza&#8221; y el Mossad. Es obvio. Son dos estados, uno que además tiene entre sus ciudadanos a millones de personas que viven en el mundo. Y el otro es el único estado religioso per se. Los árabes, como quieran, se dividen en muchos países. En cambio los judíos tienen su estado. No es gratuito que sus sistemas de inteligencia se crucen información entre ellos.</p>
<p><strong>-¿Cómo ha sido la recepción por parte de la iglesia católica de tu novela?</strong></p>
<p>-La novela tiene muy poco tiempo. Lo que ya empezaron a aparecer es comentarios como mandados a hacer, yo creo, en blogs católicos. Uno en Chile. Dos cosas fuertes en España. Una muy fuerte en México. Todas acusándome de utilizar elementos de la iglesia, mintiendo, para poder vender. Ligándome a este fenómeno de Brown. &#8220;Este hombre hace esto porque nos odia&#8230;&#8221;.</p>
<p><strong>-¿Hasta dónde va la verdad? ¿Cuál es la &#8220;verdad de las mentiras&#8221; de esta novela?</strong></p>
<p>-Aunque las historias están imbricadas y puedes tú jugar de los capítulos pares a los impares, quise que el lector se diera cuenta muy rápido que en los capítulos pares, de 1929 al 39, lo que yo estoy haciendo, más que una novela histórica, le puse el nombre de &#8220;ficción documental&#8221;. Como un documental de un cineasta. No hay ficción. Todo está basado en documentos, todo puede ser corroborado. Obviamente los diálogos son inventados, ya quisiera yo haber estado ahí para poder inventar qué le dijo Pacelli al otro. Como sé la consecuencia de esa reunión, o de ese diálogo, puedo recuperar. Esa es la parte técnicamente para mí más compleja de la historia. Como buena parte de la novela contemporánea, está basada en el diálogo. El diálogo es la estructura vertebral de la novela, más allá de la descripción. El diálogo de personajes históricos es complejísimo: cómo hacer que Nogara y Pacelli, por ejemplo, en la escena más difícil de escribir de la novela, hablen de la muerte de Pío XI y no parezcan villanos de Batman. Cómo recuperar ese momento de la historia sin banalidad. Es lo que está haciendo ahora la novela negra, Peter Robbins, Stuart MacBride, Michael Connelly&#8230; La acción se desarrolla en el diálogo. A diferencia de Brown. El engaña: mete información ensayística, la que divulga de Burleigh, en diálogo. La verdad es que termina siendo muy aburrida. Yo no sé por qué vende tanto. Porque es una manera muy fácil de divulgar. Te cuento la mitad de <em>El enigma sagrado</em> en una biblioteca, a la chica le dice él &#8220;Fíjate que los templarios&#8230;&#8221;. Eso es distinto: ahí no avanza la acción. Es cómo meto el &#8220;background&#8221;, la información novelística, mediante diálogo. Obviamente es más sencillo de todas formas que meterlo como información. La verdad es que el 90 por ciento de esa información en la novela de Brown es innecesaria.</p>
<p><strong>-Tu formación profesional es la de un historiador e investigador. ¿Cómo fue ese paso a la narración literaria?</strong></p>
<p>-Ventajosamente hace muchos años yo dividía (como si se pudiera, ahora ya me di cuenta que no) y decía &#8220;Yo soy historiador y hago ciencias sociales para sobrevivir. Es mi profesión. Me formé académicamente para ello y lo divido&#8221;. Mi literatura estaba muy ajena a esta formación. Por eso el paso fue más fácil. Todos mis primeros libros vienen, más bien, de una formación paralela como escritor. Yo nunca pensé escribir una novela histórica. Decía &#8220;Nunca, ni de chiste&#8230; Eso es mi profesión. De eso vivo, dicto clases&#8230; Mi pasión es la literatura y no es esto&#8221;. Y bueno: terminé muy feliz haciendo novela histórica. Me parece que es un género de una validez enorme. En nuestros países en particular, obviamente esta novela se sale del argumento que voy a decir, sí hay una responsabilidad. ¿Puede haber hoy un compromiso del escritor? Sí. Nada más que no es el antiguo de la &#8220;literatura comprometida&#8221;. Empecé, desde ahí, a construirme una teoría de discurso que llamo &#8220;ficción documental&#8221;. Toda historia es un relato, pero me he querido apegar a los hechos. Ya está en<em> Zapata</em>. Obviamente en esta novela hay mucha más libertad estilística pero no hay libertad documental. Cualquier escena que encuentres en la novela la puedes corroborar.</p>
<p><strong>-Lo que, en este caso, Taibo llamaría una &#8220;biografía narrativa&#8221;.</strong></p>
<p>-Así es. Creo, también, en los novelistas históricos que mienten cuando lo hacen bien. En esta trilogía en particular (que fue la que me llevó a la idea de la &#8220;ficción documental&#8221;) el narrador tiene una doble responsabilidad cuando se le ocurre encarar a estas figuras: obviamente construir la mejor novela que pueda, autónoma al personaje, y a la vez, respetar profundamente la figura en la historia. De lo contrario es muy fácil, por ejemplo, desde mi generación convertir a Zapata en otro &#8220;héroe pop&#8221;, en un nuevo Che.</p>
<p><strong>-Al igual que Fuentes y Taibo eres un escritor de una fertilidad asombrosa. Eres muy joven, cuarenta y tres años, y ya has publicado 38 libros.</strong></p>
<p>-Las cosas se dan de una manera aleatoria. No hay una propuesta de ser prolífico sino es lo que me gusta hacer. Taibo, por ejemplo, lo conozco desde que yo tenía quince años, no ha escrito el 10 por ciento de lo que ha pensado en escribir. Me sentaba con él y en una tarde me contaba veinte posibles novelas. Tú hablas con Taibo y te dice que está escribiendo ocho novelas a la vez. Yo por lo menos no tengo eso: no puedo escribir a la vez. Un libro a la vez. Puedo tomar notas pero no puedo escribir ni media línea de un libro, así sea muy diferente, así sea un libro de historia. Termino y empiezo. Termino y empiezo. Soy de una disciplina… Vengo de una familia muy numerosa, de cuatro hombres. Vivíamos en una casa muy chica. Escribía con ellos, ahí. Escribía a dónde fuera y a cualquier hora: era la única manera de escribir. Me parece muy “fresa” decir, como Virginia Woolf, “A room of one’s own”, por favor, yo tenía que compartir: vivíamos en una litera. Tocaba a veces arriba y a veces abajo, dependiendo de cómo estábamos peleados los hermanos. Me puedo concentrar en cualquier lugar, puedo escribir en hoteles, puedo escribir en viajes… Por ejemplo ahora, con esta experiencia que es reciente, estoy haciendo televisión, estoy haciendo la gira del libro, a otro escritor lo mata. A mí no me preocupa. Ayer llegué a las nueve de la noche al hotel, me bañé y escribí hasta la una de la madrugada. Hoy me levanté a las seis de la mañana, de todas maneras. Estoy acostumbrado. Mi vida es así. Tengo tres hijos, duermo poco, espero a que duerman porque me gusta ser hogareño, me gusta compartir con ellos la vida cotidiana, no soy el escritor que se esconde y que los hijos no lo ven. Escribo cuando ellos están dormidos. Incluso cuando mi mujer está dormida. Ventajosamente ella es insomne a media noche, pero se duerme temprano, a las diez ya está dormida. Cuando estoy escribiendo una novela escribo diario. Todos los días. Así sea un año, año y medio, dos años… Cuando escribo otra cosa, ensayo o cuento, no tengo ninguna maña, ninguna metodología especial, puedo escribirlo de día, incluso viajando. Muchos años, por razón de los trabajos que tenía, tuve chofer y tenía, entonces, una lamparita en el coche y una mesa especial. Cualquiera diría “Está loco”, pero si de pronto tenía que ir a hacer un trabajo a cinco horas de mi casa pues eran cinco horas preciadísimas. No las voy a desperdiciar. Tenía un adaptador para conectar la computadora. Nunca dejé de escribir o leer en seis años de ese trabajo que me representaba como tres días a la semana de estar fuera de la ciudad en viajes. Si calculas las horas que fue eso son horas prodigiosas y maravillosas para alguien que vive de leer y de escribir.</p>
<p><strong>-Oyéndote hablar de la disciplina literaria se me viene inmediatamente a la memoria Mario Vargas Llosa.</strong></p>
<p>-Nació el mismo día que yo. Yo creo que es culpa del signo. Es del 28 de marzo, igual que yo. Igual que Paz, que era del 27 de marzo. A Vargas Llosa le debo mucho. Es un escritor que sigo admirando. Me gustan sus frases. Me parece que siempre es la estructura, siempre es la matemática, siempre es la inteligencia narrativa. Una inteligencia prodigiosa. Y le salió, por lo menos, dos veces de una manera maravillosa: <em>Conversación en la catedral</em> (que me sigue pareciendo una novela genial) y, por supuesto, <em>La guerra del fin del mundo</em>. Es una novela que, incluso en algún momento, yo quise homenajear con una novela sobre el fin del mundo en México con una virgen, que se llama <em>Memoria de los días</em>. Que además tiene muchas cosas de la estructura, de los vasos comunicantes que tanto ha comentado él. Me parece, sin embargo e insisto en eso, que en Vargas Llosa el lenguaje siempre está supeditado a la estructura. Hay un “ars combinatoria” perpetua. Está dispuesto a clausurar, que no le importe el fraseo, que no le importe el ritmo salvo en casos contados. Esa es la parte de Vargas Llosa que no me gusta, la parte que incluso desecho muy rápidamente. Ya ni se diga los últimos libros, que son ilegibles, <em>El paraíso en la otra esquina</em> y <em>Travesuras de la muchacha mala</em>… Los escritores tenemos alguna vez que aprender a callarnos si no tenemos nada que decir.</p>
<p><strong>-¿Qué escritores colombianos, fuera los tres que viven en México, has leído?</strong></p>
<p>-Leo mucho. Algún tiempo leí con mucha pasión (no lo he vuelto a leer, no sé si haya escrito algo nuevo) a uno que vivió mucho tiempo en México, que es Eduardo García Aguilar. Su última novela es la única que medio ocurre en México, todas son muy colombianas, se llama <em>Tequila Coxis</em>. Su primera versión fue finalista del Premio Tusquets Sonrisa Vertical, cuando todavía existía el premio erótico. Tiene unas novelas maravillosas. No sé si ahora lo leyera de nuevo. Es uno de estos escritores que yo leía juvenilmente. Pertenezco a una generación que, en algún momento, sí creyó mucho que podía haber una especie de renovación del boom. Y que había que leer a nuestra generación. De esa generación yo rescato a tres escritores fundamentalmente, que me gustan por cosas distintas y que entre sí no se parecen en nada, aunque sean amigos. Que son: Jorge Franco, particularmente el de <em>Melodrama</em>, que me parece la gran novela colombiana de los últimos años. En muchos sentidos. Por fin hay una novela latinoamericana en donde la alegoría está construida en la trama. No es una imposición del narrador. Todo el tema de la bestia y el mal. Además hay un trabajo lingüístico y un trabajo temporal, una progresión dramática en esos personajes, que son maravillosos. Leí todo Jorge Franco. Insisto: <em>Melodrama</em> me parece una de las grandes novelas latinoamericanas escrita por mi generación. Me gustó, por muchas otras razones (no es a lo mejor un escritor a lo mejor con el que yo tenga muchas afinidades estéticas) <em>El síndrome de Ulises</em>, de Santiago Gamboa. Primero, porque es el gran libro de la desilusión latinoamericana frente a París. Ya alguien tendría que haberse atrevido a escribir que París no es una fiesta. Lo hace muy bien. Es el libro que más me gusta. Y, obviamente, leí en su momento <em>Satanás</em>, de Mario Mendoza. Luego, ahí sí por afinidades estético-estilísticas, tuve la oportunidad de venir hace dos años a Colombia y conocí a un grupito de escritores rarísimos para cualquier literatura, incluida la colombiana. Digo “grupito” porque tampoco son grupo entre sí. Se parecen mucho por la erudición, por el trabajo histórico, me parece apasionante. Yo pensé que estaba inventándomelos a mí mismo, que no eran reales: Juan Esteban Constaín, Juan Tafur y Enrique Serrano. Yo dije: “Este no es posible, no pueden existir”. Ni en la imaginación más loca pueden existir esos tres escritores, en una misma literatura, en Colombia, los tres preocupados por temas que nada tienen que ver entre sí, los tres de una erudición asombrosa. Al principio, cuando vi a Juan Esteban (somos muy buenos amigos), dije “Esto es una broma. Es un niño. Cómo va a estar en esta mesa de novela histórica”. Empezó a hablar y todos nos quedamos… Leí las dos de Juan Tafur, me encantó <em>La pasión de María Magdalena</em>, me sigue pareciendo muy superior a <em>El viajero de los dos mundos</em>. He seguido la literatura colombiana. Fui el primero en escribir sobre <em>Ursúa</em>. Fui el que presentó <em>El país de la canela</em> en la feria de Guadalajara. Yo estaba, además, terminando <em>Cuauhtémoc</em> cuando leí <em>Ursúa</em> y era importantísimo para mí porque William Ospina (que es un poeta más que un narrador y trae a la narrativa todos los años de aprendizaje poético) tiene una visión muy clara de lo que es la conquista. Es un gran articulista. Me gustó <em>Ursúa</em> pero <em>El país de la canela</em> es una novela muy superior a todo lo que se ha escrito en los últimos años sobre conquistadores en América Latina. Y mira que hay pasto…</p>
<p><strong>-Pedro, ya para terminar: ¿qué es la lectura para ti?</strong></p>
<p>-La patria más feliz. Mi única patria. No me considero mexicano, no me considero latinoamericano, a veces incluso no me considero ni hombre, ni cuarentañero… No hay ninguna patria que la considere una patria mía más que la de la lectura. Es el único territorio en el que me he sentido a mis anchas.</p>
<p><strong>-Una patria extraterritorial.</strong></p>
<p>-Tú lo ves en mi biblioteca. Debo tener ahora unos diecisiete o dieciocho mil ejemplares (nunca los he vuelto a contar. Cuando fui a París sí los conté porque los tuve que guardar en cajas, un desastre, tuve que dejar mi casa, mis papás me odiaron, esperaban que regresara para que me llevara mis libros). Ahorita debe andar como veinte o veintiún mil ejemplares. Leídos la mayoría, como se leen las bibliotecas. Pensando, en algún momento, que me quedaba más años en París, estuve a punto de venderlos (mis amigos dicen que yo estaba loco). Decían “si tú vendes tu biblioteca te vendes a ti mismo”. Les dije “No”. Lo que no se ha dado cuenta mucha gente que no es escritor es que la biblioteca de escritor es muy especial por eso mismo que tú estás diciendo: extraterritorial. En muchos sentidos. Lingüística y temáticamente. Hay muchos libros que yo sé no voy a volver a leer, que estuvieron allí por una novela. A lo mejor tengo, por ejemplo, cuatrocientos libros de box. Desde los clásicos y hasta cosas de medicina deportiva, de nutrición de boxeador. Si no vuelvo a escribir sobre box no los voy a volver a necesitar. Aunque pasan cosas curiosas: todo lo que había investigado para mi novela <em>Malheridos</em>, sobre medicina nazi, me sirvió ahora. Está en la biblioteca. Las bibliotecas de escritor son caprichosísimas. Están hechas en función de cómo los intereses se van cambiando…</p>
<p><strong>-Lo que cuentas en <em>El dinero de diablo</em> es para que lo visto sobreviva a los testigos, no como dices en <em>Zapata</em>: “Lo visto nunca sobrevive a los testigos”.</strong></p>
<p>-Qué bueno que hagas esa pregunta. Nos regresa a la primera, donde te contestaba que sí soy militante. Ya lo acepto, antes no. Decía que no, la literatura es la literatura. En esta novela en particular hay una militancia. Sería muy pretensioso que gracias a la literatura pudiera pasar pero que más me gustaría que se suspendiera la beatificación de Pacelli. Que apareciera una traducción al italiano de mi novela y que causara tal furor que entonces el Vaticano tuviera que decir “Sí, sí, nos equivocamos…”. Y vuelvan a mencionar a Pacelli. Yo me sentiría feliz. Nunca me había pasado que estuviera escribiendo una novela y me volviera militante. Férreo. Por eso es que me gusta tanto Pío XI. Se me fue convirtiendo un personaje muy querible en su propia indefensión. Fui asumiendo esa posición de escritor: hay que contarlo todo.</p>
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