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	<title>La pupila insomne &#187; novela</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Ricardo Piglia: &#8220;La literatura nos permite discutir cuestiones políticas&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Aug 2013 12:11:51 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[Ricardo Piglia]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Silvina Friera Después de quince años de enseñar en Princeton, el autor de Respiración artificial está definitivamente en Buenos Aires. Y regresa a la ficción con una novela muy argentina, aunque transcurra en Estados Unidos. Uno de los personajes está &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=34742">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-347430" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/06/piglia.jpeg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Silvina Friera</strong></h5>
<div id="attachment_12844" style="width: 196px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/06/piglia.jpeg"><img class="size-full wp-image-12844" alt="Ricardo Piglia" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/06/piglia.jpeg" width="186" height="165" /></a><p class="wp-caption-text">Ricardo Piglia</p></div>
<p style="text-align:justify;"><em>Después de quince años de enseñar en Princeton, el autor de </em>Respiración artificial<em> está definitivamente en Buenos Aires. Y regresa a la ficción con una novela muy argentina, aunque transcurra en Estados Unidos. Uno de los personajes está inspirado en el famoso Unabomber.</em></p>
<p style="text-align:justify;">La decisión de cambiar de un modo radical es el gran tema de la vida y de la literatura. “¿No es notable que una serie de acontecimientos y el carácter de un individuo concreto se puedan describir transcribiendo el fragmento de una obra literaria?<span id="more-34742"></span> –se pregunta Emilio Renzi en El camino de Ida (Anagrama), cuando conecta parte de los cabos sueltos de un enigma político–. No era la realidad la que permitía comprender una novela, era la novela la que daba a entender una realidad que durante años había sido incomprensible.” Sí, es notable, asentirán los lectores de esta nueva maravilla de Ricardo Piglia. Y en más de un sentido. Una frase, una idea, un pensamiento pueden asumir la forma de un dardo semántico que atraviesa a un puñado de generaciones. “El problema perpetuo es cómo ligar el pensamiento a la acción”, le dice Thomas Munk, brillante ex alumno de Harvard y ex profesor de matemáticas en Berkeley –inspirado en el famoso Unabomber– a un Renzi fascinado, como muchos, con esa especie de “héroe norteamericano”, un individuo educado y de gran relieve académico que puso en jaque al FBI con sus cartas bomba.</p>
<p style="text-align:justify;">Después de quince años de enseñar en Princeton, Piglia está de vuelta definitivamente en Buenos Aires. Y regresa a la ficción con una novela muy argentina. Aunque transcurra en Estados Unidos. Luego de la separación de su segunda mujer, Renzi se instala en Nueva Yersey para impartir un seminario en una prestigiosa universidad sobre los años argentinos de W. H. Hudson, invitado por Ida Brown, una intelectual de la academia norteamericana de armas tomar. De esas que pasan a la acción en el plano sentimental y político. Varias bombas estallarán en el camino: la del romance clandestino con Ida y su trágica e inesperada muerte. Y la conexión con Thomas Munk, el autor de una serie de atentados contra la matemática y las ciencias. “Bienvenido al cementerio donde vienen a morir los escritores”, lo recibe Ida a Renzi en uno de esos campus pacíficos y elegantes, “pensados para dejar afuera la experiencia y las pasiones”. Aunque por debajo corran “olas de cólera subterráneas, la terrible violencia de los hombres educados”. El escritor subraya en la entrevista con Página/12 que el mundo académico norteamericano está pensado como un lugar donde es necesario mantener aparte la experiencia. “Este pensamiento, en el campo de las ciencias sociales y la literatura, es muy peligroso porque es al revés: el pensamiento funciona si estás ligado al mundo que estás estudiando.”</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Ida postula que pelear y pensar son dos verbos que van juntos. Pero en el mundo académico, pelear estaría más bien anulado, en tanto corresponde al campo de la experiencia&#8230;</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Hay mucha pelea por la carrera, mucho conflicto, pero Ida plantea lo de pelear en un sentido argentino. Freud asociaba la inteligencia con la agresividad. Sólo la agresividad permitía desarrollar un instrumento tan extraño como la inteligencia. Es decir que hay algo agresivo en el pensamiento. Querer controlar esa agresividad es propio del mundo liberal, donde consideran que la gente que piensa bien es la gente que dice cosas en voz baja. El pensamiento como polémica, como debate, está en la tradición filosófica. Es un elemento básico de la posibilidad de pensar; siempre se piensa contra otro. Todas estas cosas están condensadas en las ideas de Ida: cómo puede ser que esta gente que está en la universidad norteamericana sea tan radical, tenga pensamientos políticos tan radicalizados, como los tienen, y nunca hagan nada. Están metidos en cosas bien radicales; pero después vuelven a las casas y le dicen a la mexicana que está limpiando que por favor limpie mejor.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–“Les haría falta un poco de peronismo a los Estados Unidos –dice Renzi en un momento de la novela– para bajar la estadística de asesinatos masivos realizados por individuos que se rebelan ante injusticias de la sociedad.” Esto que parece un “chiste” es para tomarlo en serio, ¿no?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Sí, me parece lo más serio de la novela (risas). Si vamos con Mauricio Macri, vamos a tener muchos asesinatos masivos. La sociedad norteamericana condensa los conflictos políticos en un solo individuo que hace él solo algo que en otros lugares se puede negociar y manejar en situaciones diversas. Si uno mira la sucesión de crímenes que se cometen, son todos de un contenido político directo, aunque se diga que los cometen psicóticos. Son tipos que evidentemente tienen una sensación de opresión social. Lo del peronismo es un chiste, pero tiene mucha verdad para mí. Renzi aterriza como visiting professor y lo que hace es mirar, casi con una mirada de antropólogo, desde afuera.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–¿Renzi intenta emular un tipo de mirada a lo Hudson?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Un poco sí. La mirada de Hudson es una gran mirada de narrador porque es un antropólogo, un viajero y al mismo tiempo escribe una autobiografía. Es como Joseph Conrad. Tolstoi y Hudson aparecen como referencias porque son antecedentes de toda la cuestión ecológica actual. Son los primeros que tomaron la decisión de oponerse al capitalismo y a la industria.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Nina Andropova, la vecina rusa de Renzi, advierte que un discípulo de Tolstoi es Wittgenstein: “Lo que no se puede decir no se dice”. ¿Coincide?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Es así. Wittgenstein encontró una vez por azar un libro de Tolstoi y eso le produjo un efecto extraordinario. No porque yo esté de acuerdo con el pacifismo generalizado y volver a la comuna campesina, pero me doy cuenta de la importancia que tiene Tolstoi en las discusiones del siglo XX. Es el primer escritor comprometido, el primero que dice que hay que dejar de escribir y dedicarse a estar junto con las clases populares. Nina lo dice en un momento de la novela: Tolstoi es el primero que intenta construir una hipótesis contra la violencia revolucionaria. La literatura siempre nos permite discutir cuestiones que son políticas.</p>
<p style="text-align:justify;">La excéntrica vecina rusa de Renzi está levemente inspirada en la gran escritora rusa Nina Berberova. La Nina –made in Piglia– no tiene desperdicio. “La tendencia del idioma ruso a la expresión mística –explica en una de las charlas con Renzi– era un tipo de imperfección ontológica que no aparecía en otras lenguas indoeuropeas. El problema esencial era que no había términos en ruso para la tipología de los pensamientos y sentimientos occidentales. Todo es pasional y extremo. No se pude decir buenas tardes sin que suene una amenaza.” Nina cuenta que dejó París en 1950 porque “no soportaba el clima de la izquierda francesa después de la Liberación, con Sartre, Aragon y otros sátrapas que defendían la represión en Rusia con la hipótesis de que los viejos bolcheviques habían estado objetivamente al servicio del enemigo más allá de sus intenciones”. Piglia comparte el cuestionamiento de Nina sobre el Saint Genet de Sartre. “En ese libro de defensa del escritor homosexual está esa idea terrible de que Bujarin, un tipo extraordinario, era un contrarrevolucionario y que Stalin tenía razón. Ahí está el problema de la ceguera de la izquierda y las cuestiones que tenemos que asumir y discutir. La represión ha terminado por ser un punto de partida para liquidar cualquier reflexión sobre las grandes tradiciones. Es un tema que no debemos eludir. Me parecía importante que lo planteara el personaje de Nina, una viejita que sigue creyendo en la revolución a su manera. Ella dice, en un momento, que no puede ser reformista.”</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Es difícil que la palabra reformista pierda su carga negativa.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Sí. Pero la situación política ahora es típica del reformismo y la miramos con simpatía. Y tiene todos los problemas que tiene el reformismo. Más allá de todo lo que se diga de los ’70, en realidad es un intento reformista de ver si se pueden mejorar las cosas. Que eso es el peronismo, ¿no? El peronismo es el intento de ver si se puede hacer algo profundo reformista. Todos los que se ilusionaban pensando que Perón era Mao estaban equivocados. Leían mal el peronismo. El peronismo sirve muy bien para ponerle límites al pensamiento conservador y para negociar con los sectores concentrados de la economía y tratar de hacer reformas que beneficien en lo posible a las clases populares. No le podés pedir al peronismo que sea revolucionario, como le piden algunos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–El camino de Ida es optimista respecto de la ficción. ¿El postulado último de la novela sería apostar por la ficción?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Una razón por la cual escribí el libro es porque el personaje de Thomas Munk, que en realidad es Unabomber, hizo eso con la novela de Conrad. Leyó El agente secreto sin ironía y tomó el personaje que se llama El Profesor en la novela como modelo de acción. El profesor de Conrad abandonó su carrera académica y Unabomber hizo lo mismo. Lo que es verdadero es que el tipo se inspiró en la novela de Conrad con la idea de que había que atacar a los científicos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Esto, en la novela, parece una invención suya.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–¡Ojalá hubiera sido un invento mío! (risas). Estas cosas son muy difíciles de inventar. Lo que inventé es que Ida lo descubre leyendo la novela de Conrad. Y los subrayados de ella, que es la manera por la que Renzi puede establecer la conexión.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Es parecido al cuento de Walsh “Las pruebas de imprenta”, ¿no?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Claro, puse la página de la novela de Conrad para que se viera que efectivamente lo que está diciendo Renzi está en la novela de Conrad. Eso me pareció extraordinario porque es el Quijote. Unabomber tomó la ficción como modelo para hacer cosas en la realidad. Hizo lo que hizo el personaje de Conrad: se retira, se aísla y dice: “Voy a hacer atentados contra la ciencia”. La otra cosa que tomé que es real es que el FBI lo persigue durante 25 años y no lo puede encontrar; usa la mayor cantidad de dinero que se puede usar para perseguir a alguien y al final lo delata el hermano.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–El tema de la traición.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Dostoievski, ¿no? Me pareció extraordinario que el tipo terminara en una especie de escena a la Karamazov y que todo el aparato político que lo estaba persiguiendo no lo pudiera encontrar. No lo hubieran encontrado jamás si el hermano no lo delataba.</p>
<p style="text-align:justify;">En El camino de Ida, Renzi viaja a California para entrevistar a Thomas Munk. “Lo que más trabajo me dio fue hacerlo hablar a Unabomber –reconoce Piglia–. Yo tengo la fantasía de que todas mis novelas son distintas, pero todas van a parar a una conversación final, ahora me doy cuenta. En Respiración artificial van a hablar con Tardewski; en Blanco Nocturno va a hablar con Luca. Me gusta que la novela tenga un viaje, que todos los enigmas que puede haber en la historia que se está contando vayan a parar a una conversación en la que no se descifra nada.”</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Lo significativo de Unabomber es que es hijo de la academia norteamericana, ¿no?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Sí. Esto desmiente la hipótesis de nuestro querido Enzensberger del terrorista como “perdedor radical”. Unabomber no era un perdedor radical. El tipo era una estrella del mundo académico que podía haber llegado adonde se le diera la gana. Estados Unidos está lleno de violencia; ellos miran la violencia de afuera y dicen: “qué violentos son todos los que nos rodean”. Un país imperialista, primero que nada, explota a su propio pueblo, para decirlo con la vieja terminología. No confundo la gran cultura norteamericana con la política del Estado norteamericano. Yo me formé con la cultura norteamericana.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Esa admiración que siente hacia la cultura norteamericana está puesta en el personaje de Ida, que bien podría ser una militante argentina de la década del ’70.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Como tantas argentinas extraordinarias. Yo estoy muy enojado con la mirada moralizada que se hace de las experiencias de militancia. Eran decisiones que no se tomaban por comodidad ni ventaja personal, aunque estuvieran llenas de errores políticos. Un escritor no puede dejar de ver ahí un momento muy interesante de la experiencia. La memoria se nos ha convertido –y eso es mérito de las Madres– en una recomposición de la verdad de esa situación. Y sobre todo de la verdad del elemento doloroso y atroz del terrorismo de Estado. Yo estoy defendiendo un poco la nostalgia; por eso la cita del poema de Edgar Bayley: “Es infinita esta riqueza abandonada”. Junto a la tensión entre memoria y olvido, tenemos que empezar a poner algo que llamo nostalgia, porque me gusta mucho Fitzgerald y esa idea de qué bien que estuvo aquello en aquel momento. Lo llamo nostalgia porque es una palabra que no tiene prestigio. Ver el pasado como algo que tuvo cuestiones valiosas. No solamente como aquello que debemos mantener vivo, porque hay un dolor que no podemos permitir que se olvide, que es una cosa tan legítima, ¿no? (Tomado de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-29449-2013-08-04.html" target="_blank"><em>Página 12</em></a>)</p>
<p style="text-align:justify;">Artículos relacionados:</p>
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</ul>
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		<title>Isaac Rosa sobre &#8220;la impotencia de construir una acción colectiva&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 12:15:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;César de Vicente El escritor de El vano ayer, Premio Rómulo Gallegos, y autor del blog Trabajar cansa, habla con la revista Diagonal sobre su nueva novela, La mano invisible. Sus novelas parecen tener un horizonte común como escribe de &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=19362">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-193630" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/11/lamanoinvisibleportada_60661abf.jpg?w=176"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>César de Vicente<br />
</strong></h5>
<div id="attachment_19310" style="width: 186px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/11/lamanoinvisibleportada_60661abf.jpg"><img class="size-medium wp-image-19310" title="lamanoinvisibleportada_60661abf" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2011/11/lamanoinvisibleportada_60661abf.jpg?w=176" alt="" width="176" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Cubierta de &quot;La mano invisible&quot;, de Isaac Rosa</p></div>
<p style="text-align:justify;">El escritor de <em>El vano ayer</em>, Premio Rómulo Gallegos, y autor del blog <em>Trabajar cansa</em>, habla con la revista <em>Diagonal</em> sobre su nueva novela, <em>La mano invisible</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong>Sus novelas parecen tener un horizonte común como escribe de las suyas Honoré de Balzac en el prólogo a </strong></em><strong>La comedia humana</strong><em><strong>. ¿Cree que, en efecto, hay algo así o trabaja en función de una especie de contingencia literaria?</strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">No tengo un proyecto literario, en el sentido en que Balzac pretendía retratar la sociedad de su tiempo, o Zola con los Rougon-Macquart. Pero sí tengo unos intereses que son comunes a mis novelas, intereses políticos y literarios, pues hasta ahora mis novelas responden a una doble inquietud: sobre el tiempo en que vivo, y sobre la forma en que la literatura retrata o interpreta ese tiempo.</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong><span id="more-19362"></span>En el capitalismo, el trabajo es una forma de explotación. En La mano invisible, el programa mediático convierte la actividad laboral como tal en una tarea absurda, y explota, sin embargo, la imagen del trabajo. De hecho, la intriga sobre ser visto, ver a los otros, etc., es un elemento fundamental en la novela. Los personajes no acaban de entender el mecanismo mediático. ¿Es también una novela sobre una relación social, el trabajo, mediada por imágenes, tal y como definía Debord el espectáculo?</strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">Aunque hay también una crítica hacia la sociedad del espectáculo en la que todo se convierte en mercancía, la decisión de situar la actividad laboral bajo los focos, en un escenario, con espectadores y atención mediática, tiene otra intención: pretendo sacar el trabajo de su contexto, desnudarlo, despojarlo de todo aquello que lo naturaliza, que hace que lo entendamos, que lo justifiquemos, todo ese contexto social que hace que tomemos una forma de trabajo (la propia del modo de producción capitalista) por el trabajo en términos absolutos, con mayúscula, y que no nos preguntemos por alternativas. Descontextualizando al trabajador es como vemos el sustrato último de las relaciones laborales en el capitalismo: disciplinamiento, violencia, extrañamiento, deshumanización y absurdo. Aquello que es común a todo trabajo, aunque en muchos casos se amortigüe o disimule, bien con mejores condiciones laborales, bien mediante eso que llamamos vocación. Y aunque parezca paradójico, encontré que la mejor manera de desenfocarlo era colocarlo bajo esos otros focos, de modo que al mismo tiempo el lector no sepa dónde situarse: al principio de la novela el lector se sienta en la grada, es un espectador más, pero según avanza la novela puede acabar él mismo en el escenario, pasando de observador a observado.</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong>Los títulos de sus novelas son ciertamente determinantes. </strong></em><strong>El vano ayer</strong><strong>, </strong><strong>El país del miedo</strong><em><strong>. Con su última novela estamos ante una metáfora conocida pero a menudo simplificada. La “mano invisible” es una idea del liberal Adam Smith que, según teoriza, funciona en el marco de los sentimientos morales señalando que la capacidad de empatía, de ponerse en el lugar de los demás, y un egoísmo racional llevan al bienestar social, sin intervenciones del Estado. Sin embargo, no hay bienestar en la novela.</strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">Titular una novela sobre el malestar laboral, económico y social <em>La mano invisible</em> tiene un evidente propósito irónico, más evidente en momentos como éste, en que por ninguna parte se ve esa mano invisible de los liberales, sino más bien la mano negra económica que está aprovechando la crisis para escribir un nuevo capítulo de la ‘doctrina del shock’. Hay además una reivindicación de esa otra “mano invisible”, la laboral, que sufre una invisibilidad social, mediática y literaria, y que es la que en realidad mueve el mundo. Hoy que el factor trabajo es supeditado más que nunca al factor capital, y todo se escribe en lenguaje macroeconómico y financiero, yo quería reivindicar todo ese trabajo que está detrás de cuanto nos rodea.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong><em>Siempre hay una consciencia del escritor que se hace presente en sus novelas. En general, se tiene la impresión de que rechaza la omnisciencia del autor decimonónico. No deja de verse el artefacto novela pero al mismo tiempo parece que hay una persistencia en colocar al lector en otra posición que la del consumidor de relatos, casi como testigos. Sólo se encuentra este efecto en dos novelas actuales: en </em></strong><em>Lo real</em><strong><em> de <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/belen-gopegui/" target="_blank">Belén Gopegui</a> y aquí. Gopegui usa un recurso brechtiano, usted uno de la posmodernidad crítica: lo paradójico.</em></strong></p>
<p style="text-align:justify;">De la misma forma que, como decía, he intentado sacar el trabajo de su contexto naturalizador, también busco sacar la novela de su contexto, de la forma habitual de leer, pues cuando abrimos una novela todos llegamos preparados para leer de una manera determinada, aquella con la que hemos aprendido a leer ficción, y que tiene que ver con unas expectativas, unas limitaciones, unas reglas de verosimilitud más bien restrictivas, etc. Intento romper el espejismo (que a menudo aceptamos al firmar el trato que implica leer ficción) por el que una novela se presenta como un relato autónomo, del que el novelista es poco más que un transcriptor; se trata de recordar al lector algo que puede parecer obvio pero que solemos olvidar: que detrás de toda ficción hay un autor, con intereses, con ideología, que decide qué cuenta, cómo, desde dónde y para qué.</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong>Sus novelas siempre presentan como mecanismos narrativos, puesto que se convierten en motores de la narración, disfunciones y ambigüedades. ¿Cree que es suficiente para revelar un mundo, como parece intentar?</strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">No sé si es suficiente, pero sí necesario para revelar cuánto de disfuncional y ambiguo hay en ese mundo, que no es poco.</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong>Lo ausente en esta novela, los explotadores y sus vidas ¿no son necesarios para explicar las reflexiones sobre el trabajo, el dinero, las formas de vida, etc. en la que están los personajes de </strong></em><strong></strong><strong>La mano invisible</strong><em><strong>? </strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">No creo que estén ausentes, como mucho omitidos, y no siempre. Me parece evidente su presencia. En algunos momentos de la novela están presentes; en otros no hace falta explicitarlos, por obvios; y en otros pueden ser tan invisibles como la mano que maneja los hilos de la trama.</p>
<p style="text-align:justify;"><em><strong>¿Qué ha dejado atrás para escribir esta novela?</strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">La primera renuncia fue la de escribir una novela, llamémosla, convencional sobre el mundo del trabajo. Para el propósito de desnudar las relaciones laborales e ir a su sustrato común no me servía una historia de trabajadores sin más. No quería hablar de condiciones laborales, sino del trabajo en sí mismo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong> La mano invisible</strong><strong></strong><em><strong> es también el relato de una impotencia. Hay una narración subyacente por la que los trabajadores “ficticios” (lo digo en tanto que su actividad no es productiva en el sentido completo, sino espectacular) no consiguen unirse para afrontar los cambios que el programa les impone (ritmos, cambios, etc.). ¿Es en esta situación en la que nos encontramos?</strong></em></p>
<p style="text-align:justify;">Es, en efecto, la impotencia de construir una acción colectiva, que deja a los trabajadores desarmados, mermada toda resistencia. Lo que está ocurriendo hoy es lo que le pasa a los trabajadores de la novela: mientras nos dan sucesivas vueltas de tuerca, equivalentes a los aumentos de ritmo en la novela, no estamos siendo capaces de organizar <span style="color:#000000;">esa resistencia.</span></p>
<div style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><em><strong>Una novela de ficción documental</strong></em></span></div>
<div style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><em>Una cajera de supermercado, un carnicero, una telefonista, o un albañil son algunos de los personajes de esta novela que, como insistentemente nos recuerda la portada y la contraportada del libro, trata sobre el trabajo. Todos ellos son contratados para participar en un show televisivo que los convierte en espectáculo. Todos ellos serán explotados a medida que el show requiera alicientes para mantenerse.</em></span><span style="color:#000000;"><em>En efecto, hay pocas novelas que afronten escribir sobre el trabajo en el capitalismo sin ocultarlo bajo el velo argumental, y los recursos retóricos, de la novela negra, del melodrama o de la novela psicológica. Isaac Rosa depura en La mano invisible la narración sobre el trabajo hasta ir a la raíz, a la condición primera de la actividad laboral y a su dominación por una lógica de la explotación, para, desde allí, encontrar las relaciones sociales que produce.</em></span><span style="color:#000000;"><em>Después de las muchas batallas por el realismo habidas a lo largo del siglo XX, Rosa parece aceptar aquí, como también hace en El vano ayer, los principios de un realismo ontológico de carácter crítico que vendría a considerar la ficción igualmente como materia documental (desde el momento mismo en que la vida de los trabajadores aparece en esta novela en bloques de realidad) restituyendo, como escribía André Bazin, la densidad del ser (su condición como trabajadores), la presencia específica del trabajo y de su ámbito.</em></span><span style="color:#000000;"><em>Esta exploración permite al lector encontrar la memoria del trabajo, su presencia (visibilizándolo) y el relato vital que lo sostiene. </em></span></div>
<p style="text-align:justify;">(Tomado de <a href="http://www.diagonalperiodico.net/Reivindico-esa-otra-mano-invisible.html" target="_blank"><em>Diagonal</em></a>)</p>
<ul>
<li>Isaac Rosa en <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/isaac-rosa/" target="_blank"><em>La pupila insomne</em></a><span style="color:#000000;"><em><br />
</em></span></li>
</ul>
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		<title>Ricardo Piglia gana el Premio Rómulo Gallegos y elogia a Venezuela (+ video)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jun 2011 20:36:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>
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		<category><![CDATA[Ricardo Piglia]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-128420" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/06/piglia.jpeg"></div></div></td></tr></table><div id="attachment_12844" style="width: 196px" class="wp-caption alignright"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/06/piglia.jpeg"><img class="size-full wp-image-12844" title="Piglia" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/06/piglia.jpeg" alt="" width="186" height="165" /></a><p class="wp-caption-text">Ricardo Piglia</p></div>
<p style="text-align:justify;">El escritor argentino Ricardo Piglia ganó hoy el XVII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos con su novela &#8220;Blanco Nocturno&#8221;, convirtiéndose en el tercer argentino que consigue esta prestigiosa distinción. Piglia (Buenos Aires, 1941) se alzó con el premio por &#8220;el valor estético, el compromiso literario, la universalidad y la fuerte personalidad&#8221; de su novela, explicó en conferencia de prensa la escritora mexicana Carmen Boullosa, ganadora de la pasada edición y miembro del jurado. Un total de 194 obras de 16 países participaron en la presente edición. La entrega del galardón será el próximo 2 de agosto,<span id="more-12841"></span> coincidiendo con el natalicio del que se considera el novelista venezolano más importante del siglo XX y uno de los más destacado de la región, Rómulo Gallegos. Antes de Piglia, también consiguieron esta distinción los argentinos Abel Posse (1987) y Mempo Giardinelli(1993). El Gobierno venezolano otorga desde 1967 este premio bianual que fue creado en 1964 en honor a Gallegos y ha reconocido a destacadas figuras de la literatura latinoamericana como el colombiano Gabriel García Márquez (1972), el mexicano Carlos Fuentes (1977) y el venezolano Arturo Uslar Pietri (1991).</p>
<div style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;">Piglia dijo este jueves que está &#8220;agradablemente sorprendido&#8221; y &#8220;orgulloso&#8221; por haber ganado con su novela &#8220;Blanco nocturno&#8221; el XVII Premio Rómulo Gallegos, uno de los más destacados de las letras iberoamericanas. &#8220;Es una sorpresa muy agradable. Este es un premio importante que ha mantenido su prestigio a lo largo de los años. Eso lo digo porque Venezuela vive un proceso de cambios y de transformaciones muy importantes, y siempre ha respetado a la literatura&#8221;, afirmó.</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">El autor de &#8220;Respiración artificial&#8221; y &#8220;La ciudad ausente&#8221; destacó que Venezuela &#8220;no sólo tiene ese galardón, sino que está a punto de poner en circulación la obra de Angel Rama y que mantiene cada vez más vivo el catálogo de la Biblioteca Ayacucho, un emprendimiento fenomenal desde todo punto de vista&#8221;. ( Con información de <em>EFE</em> y <em>AFP</em>)</p>
<p style="text-align:justify;">La noticia en Telesur:</p>
<p style="text-align:justify;">[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=HJMDGbJcppk]</p>
<p style="text-align:justify;">
]]></content:encoded>
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		<title>Belén Gopegui: “Hay personas que resisten, que no pactan y se la juegan” *</title>
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		<pubDate>Wed, 25 May 2011 14:57:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Belén Gopegui]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Blanca Berasátegui Belén Gopegui ha escrito una novela que es un misil. Acceso no autorizado, que sale a la calle editada por Mondadori, es un torpedo en toda la escuadra de las últimas decisiones del gobierno que nos gobierna (en &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=12458">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-124590" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/belc3a9n_gopegui.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Blanca Berasátegui</strong></h5>
<div id="attachment_12459" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/belc3a9n_gopegui.jpg"><img class="size-full wp-image-12459" title="Belén_Gopegui" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/05/belc3a9n_gopegui.jpg" alt="" width="300" height="205" /></a><p class="wp-caption-text">Belén Gopegui. Foto: Sergio Enríquez-Nistal/El Cultural</p></div>
<p style="text-align:justify;"><em>Belén Gopegui ha escrito una novela que es un misil. </em>Acceso no autorizado<em>, que sale a la calle editada por </em>Mondadori<em>, es un torpedo en toda la escuadra de las últimas decisiones del gobierno que nos gobierna (en España). Desde la izquierda (como siempre) y con su palabra sosegada y consecuente la escritora dice que “he trabajado con la verosimilitud”, en esta historia de hackers, traiciones y debilidades que protagoniza la ex<span id="more-12458"></span> vicepresidenta del gobierno. Si ningún relato es inocente, éste menos.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Belén Gopegui empezó a escribir </em>Acceso no autorizado<em> hace cuatro años. La interrumpió, escribió luego Deseo de ser punk y hace solo unos meses la retomó convencida de que “convenía dotar a la novela de una textura real”. Y eso lo ha conseguido. Todos los lectores sabemos qué vicepresidenta, qué ministro y qué militante del PSOE hay detrás de unos nombres ficticios. Acceso no autorizado es un durísimo relato de lo que pudo ser y no ha sido, o mejor: “lo que no pudo ser y fue en la novela”.</em></p>
<h4 style="text-align:justify;"><em>- Su nueva novela tiene también algo de alegato antisistema. Es, me parece, el más radical de todos sus libros. ¿Exagero?</em><br />
&#8211; Es la novela de alguien que entra en el ordenador de una vicepresidenta y, como pasa en las novelas, se recorren caminos y se lanzan señales. Podemos llamarla antisistema si llamamos prosistema a muchas de las que se publican. La mayoría de mis libros son radicales en cierto sentido, quizá se refiere a que éste es el que más se adentra en la oscuridad, como dicen los hackers: “Si cuando te metes en el túnel miras hacia la luz, estás mirando en la dirección equivocada”; es importante conocer el túnel.</h4>
<p style="text-align:justify;"><em>El túnel no le ha gustado nada a la escritora. Y lo cuenta. Lo cuenta de forma transparente, con un lenguaje coloquial y preciso. El escenario que dibuja es aterrador, aterrador por real. ¿A dónde ha querido llegar, qué ha pretendido?</em><br />
-He querido contar una historia de confianza en un tiempo donde todo lo sólido se desvanece. Las historias están por todas partes, nos vivimos en tanto que personajes que forman parte de diferentes narraciones y a veces de manera casi inadvertida adaptamos nuestro comportamiento a esas historias que oímos o leemos. Por eso, aunque hay algún soplo aterrador en el libro, soplos que están en nuestro entorno, el núcleo de la novela es una historia de asistencia remota, una compañía desde lejos que algo tiene en común con la relación entre quien lee y quien narra.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>-Son muchos los blancos de su crítica, el poder del dinero (como siempre) en primer lugar, pero también el PSOE traidor, con un personaje que se parece demasiado a Rubalcaba y un presidente débil, “sin ideología”. ¿Es su novela el ajuste de cuentas de una persona hondamente defraudada?</em><br />
-Suelo procurar que mis novelas rompan la estructura habitual del género, para llamar la atención sobre el hecho de que ningún relato es inocente. En este caso no he recurrido a cambios estructurales sino a que he trabajado con la verosimilitud. Algunas novelas toman hechos históricos y rellenan los huecos, cuentan lo no contado, lo que pensaban los que se hundieron en el Titanic, o un miliciano, etcétera. En esos casos, la realidad escribe por el novelista, quien no puede elegir los hechos y debe centrarse en los motivos. <em>Acceso no autorizado</em>, por el contrario, no es historia sino ficción, los hechos los elige quien narra; no obstante, para ampliar el campo de batalla de lo verosímil, cuestionando la aparente neutralidad de lo que nos parece posible o adecuado, convenía dotar a la novela de una textura real. Así, he acudido a personajes que toman algunos rasgos, y no otros, de políticos reales, una vicepresidenta, un ministro, un militante concreto del PSOE, y he escrito una historia que no ha sucedido pero que, en la novela, sucede. No hay pues ajuste de cuentas sino una impugnación de la nostalgia, lo que no pudo ser fue, sin embargo, en la novela; hay, entonces, una tentativa de futuro.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Ráfagas de fe furiosa</strong><br />
<em>- ¿Pero está escrita desde la decepción, el desengaño, o más bien desde la furia?</em><br />
&#8211; Me gusta la noción de “fe furiosa” que ha trabajado Domenico Losurdo, es un estado en que no es posible vivir mucho tiempo, tampoco se puede escribir cada minuto desde ahí, es un viento racheado, una mezcla de seguridad en que habrá un futuro radiante, y de golpes de cansancio, desaliento, paranoia. En la teorización de Losurdo, incorpora un entusiasmo y esfuerzo febriles, y se refiere a momentos revolucionarios. Por comparación, la escritura de una novela no sería más que un paseo a media tarde, pero en alguna esquina se formaría un remolino y soplarían ráfagas de fe furiosa.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>- “Cuando te desengañas, dice uno de sus personajes, ya no te puedes volver a engañar”&#8230; ¿Qué vale la rabia, cuando todos parecen necesitar un calmante que ayude a olvidar el paro, la hipoteca, la desesperanza?</em><br />
&#8211; Tanto como todos&#8230; Algunos no necesitan calmantes, disfrutan de sus privilegios y eso les basta. De todas formas, creo que no estoy de acuerdo con ese personaje, es relativamente fácil olvidar lo que se sabe. Nos volvemos a engañar una vez y otra, porque la verdad, como trabajar, cansa. La rabia, el coraje, la ira, valen mucho. Sobre todo en la batalla y más si es rabia organizada; no pensemos solamente en una organización rígida, también es posible seguir las pautas de T.H. Lawrence en <em>Guerrilla</em> cuando dice: “los árabes eran como un vapor llevado por el viento”.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>- ¿Está llamando a la rebelión?</em><br />
-Estoy llamando a la organización. O, si quiere, a una rebelión organizada.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>- En la novela hay algo de homenaje a la vicepresidenta Fernández de la Vega.</em><br />
&#8211; El único homenaje es a uno de los personajes secundarios, Amaya, y a través de ella a las personas que militan en proyectos radicales, que vuelcan horas y horas en tareas que no guardan relación con su mundo privado, y tienen más potencia y más vida que nadie que conozca.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Cajas de ahorro, GAL&#8230;</strong><br />
<em>-¿Cree que hay muchas amayas en las listas que este fin de semana se presentan a los ayuntamientos, o los partidos han acabado destrozándolas?</em><br />
-Las que yo conozco no suelen acabar en las listas. Suelen estar detrás. En la sombra. Aunque supongo que alguna quedará todavía con ilusiones.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>- ¿Hubiera deseado que la protagonista lograra la nacionalización de las cajas de ahorro y tantas cosas que anhelaba y que al fin naufragaron?</em><br />
-Lo que yo pediría a un partido socialista es que lo fuese realmente, con todo lo que implica: rectificar, por ejemplo, las declaraciones, a veces bien dirigidas, en defensa de la sanidad y la educación públicas, agregando el reconocimiento de que fue ese mismo partido quien propició el camino hacia la privatización en que ahora estamos inmersos. Sólo contando a qué amos servían entonces podrán decir también qué ayuda necesitan para librarse de ellos. Pediría que el GAL no se hubiera dirimido como un rifirrafe entre el PSOE y la derecha, sino en las filas de la izquierda y del centro izquierda, en un debate colectivo que eludiera justificaciones y buscara el modo de hacerlo irrepetible. O que en vez de recurrir a la estrategia mezquina del voto útil, se intentara convocar a todas las personas de izquierdas sin pedirlas que renuncien al voto a su propio partido, por minoritario que éstos sean, sumándolas a un proyecto donde más allá del rédito electoral cuente la voluntad de transformar un mundo que si no fuera terrible sería ridículo, un mundo de reglas absurdas e injustificables. La posibilidad de que algo así ocurra en el PSOE parece haber desaparecido, así que vendrán más años malos y temo que entonces mi generación sólo pueda decir: tuvimos nuestro momento pero no intentamos nada.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>“Presidente, sabes que deberías convocar elecciones”&#8230; “¿Te acuerdas, presidente, de todo lo que luchamos y ahora cedes y cedes y vuelves a ceder?”&#8230; “No necesitábamos caer tan bajo, lo hicimos pero no lo necesitábamos, ni tu ni yo, ni tampoco el Estado”&#8230; Hay mucha información real en su novela, muchos datos verídicos. ¿De dónde proceden? ¿Cuánto le debe la realidad a la novela y cuánto a la ficción?</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Imaginación y trabajo</strong><br />
-Proceden de la imaginación y el trabajo; éste incluye, según en qué clase de historias, hablar con personas que conozcan el mundo del que vamos a tratar, además de documentarse a través de artículos, bibliotecas y de la red, donde es posible encontrar materiales valiosos si se tiene un poco de paciencia. ¿Proporciones? La novela debe todo a la ficción, porque la ficción es una forma temblorosa de ordenar la realidad.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>En las novelas de Gopegui los malos suelen ser demasiado malos y los buenos, demasiado buenos y valientes, que caen en contradicciones y se atropellan.</em><br />
&#8211; Le respondo primero con palabras de David Mamet: “Habitamos un mundo extraordinariamente depravado, interesante y salvaje donde las cosas no son en absoluto equitativas, y el propósito del auténtico drama es ayudar a que no lo olvidemos”. A veces el temor a ser acusados de maniqueísmo hace que los autores renuncien a la complejidad y traten de igualar a todas la personas buscando que la media entre sus virtudes y sus defectos esté siempre en torno al cinco. Pero si esto es discutible con respecto al carácter, lo es más aún con respecto a los actos. Hay daños objetivos, y personas que los provocan. En la novela he elegido no ocuparme de la psicología de todos los personajes, sino tratar a veces sólo sus actos y sus consecuencias; muy posiblemente en la intimidad esos personajes tengan impulsos generosos y contradictorios, pero eso no puede privarnos de contar su acción y sus efectos. También hay personas que resisten, que no pactan y se la juegan, y aunque sin duda tendrán contradicciones y momentos negros, sus actos cuentan.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La llegada al software libre</strong><br />
<em>- ¿Cuándo decidió sumergirse en el laberinto informático en el que vivimos y que nos domina sin que lo sepamos? ¿Somos definitivamente vulnerables?</em><br />
&#8211; Hace algunos años me pasé al software libre, decidí que quería comprender, al menos en parte, lo que sucedía en el ordenador, y dejar de depender de unas empresas que ocultan sus fuentes. Encontré una comunidad magnífica que te ayuda a resolver dificultades y te enseña cómo resolverlas sola la próxima vez. Cuando, tiempo después, pensé en esta novela, me fue fácil acudir a personas que me asesoraran en las cuestiones técnicas. En cuanto a la vulnerabilidad, debiéramos preocuparnos sobre todo por las corporaciones que poseen nuestros datos y nos impiden conocer los mecanismos que estamos usando. Y por nuestra dependencia de una red centralizada que cualquier día, a no ser que luchemos para evitarlo, dejará de ser neutral.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>- ¿No le parece a usted que internet ha creado ciudadanos de primera y de segunda?</em><br />
&#8211; Hay grandes empresas que buscan esa división, pero internet en general creo que ha ampliado el radio de acción de millones de personas, sin olvidar, claro, que sigue habiendo muchas más que aún no pueden acceder a la red, o sólo pueden hacerlo en condiciones pésimas; no obstante esas personas tampoco pueden acceder a una educación digna, el problema no es internet sino la desigualdad social y económica. Otro asunto es qué pasará en los próximos años con la carga ecológica que genera internet, y con la apropiación privada de una red que debería ser pública.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>- ¿Recomienda que desenchufemos los ordenadores, olvidemos los móviles y volvamos&#8230;? ¿a qué?</em><br />
&#8211; Quien escribe no recomienda, no aconseja, pone en pie un mundo para que otros lo ocupen un tiempo, aunque claro que piensa en el después, excepto en la infancia todos piensan en el después. Escribimos sabiendo que al cerrar el libro se vuelve a la misma acera desierta en medio de la noche, un autobús pasa con las puertas cerradas, llueve. Podemos imaginar ese autobús iluminado por dentro y a dónde llevaría, pero que se detenga o no, que abra las puertas, no depende sólo de la novela sino de una aventura común.</p>
<p style="text-align:justify;">(Tomado de <a href="http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128800" target="_blank"><em>Rebelión</em></a>)</p>
<p>*Entrevista realizada el 12 de mayo y publicada en papel el día 20 en <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29217/Belen_Gopegui" target="_blank"><em>El Cultural</em></a></p>
<p>Artículo relacionado:</p>
<ul>
<li><a title="Enlace permanente a Belén Gopegui: “La pregunta es si nos van a seguir dominando con las mismas historias repetidas”" href="../2011/01/06/belen-gopegui-la-pregunta-es-si-nos-van-a-seguir-dominando-con-las-mismas-historias-repetidas/" rel="bookmark">Belén Gopegui: “La pregunta es si nos van a seguir dominando con las mismas historias repetidas”</a></li>
</ul>
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