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	<title>La pupila insomne &#187; libros</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Hiroshima</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Mar 2014 11:36:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Álvaro Castillo Granada                                               para Juan Gabriel Vásquez y Andrés Ospina   Ahí estaba, en medio de cientos de libros, &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=40501">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-405020" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/03/hiroshima.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/alvaro-castillo-granada/" target="_blank">Álvaro Castillo Granada</a></strong><em>                        </em></h5>
<p style="text-align:justify;"> <a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/03/30/hiroshima/"><img class="alignleft wp-image-40502 size-full" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/03/hiroshima.jpg" alt="hiroshima" width="200" height="234" /></a>                     <em>para Juan Gabriel Vásquez y Andrés Ospina</em></p>
<p style="text-align:justify;">  Ahí estaba, en medio de cientos de libros, sobre una mesa de madera oscura con un cartel blanco, al frente, que anunciaba: “1X3.000 2X5.000”.</p>
<p style="text-align:justify;">   No lo reconocí. Él fue el que me encontró. No lo podía ver porque estaba de lomo y este jamás lo había visto. Sólo su cara, una vez, hace siete años. En la Plaza de Armas de Santiago de Chile, un domingo en la mañana, bajo un cielo gris,<span id="more-40501"></span> huidizo, guardado y sellado en una bolsa transparente. Sobre él un precio inalcanzable. De reliquia. Esos que no se alcanzan a pagar y postergan la cita definitiva con el libro que nos está aguardando. Miré asombrado la carátula: “<em>Hiroshima</em>, John Hersey, Zig &#8211; Zag, Fabricación chilena”.</p>
<p style="text-align:justify;">    “De manera que hay una edición vieja… anterior a la que le conseguí a Eligio…”, fue lo primero que pensé. No había forma de saber la fecha de publicación pues la bolsa protectora ahuyentaba cualquier exploración.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Sabe de cuándo es este libro?, le pregunté al librero (algo desdentado entre otras cosas).</p>
<p style="text-align:justify;">   -Puh… No sé… Es muy viejo…</p>
<p style="text-align:justify;">   -Me imagino.</p>
<p style="text-align:justify;">   Ese fue todo el diálogo. Lo observé por última vez tratando de guardar en mi memoria su carátula para, cuando fuera el momento, poder reconocerlo. Y continué/continuamos el cachureo, acompañado por una muchacha de ojos negros, después de un anochecer y amanecer siéndonos donde más nos gustaba.</p>
<p style="text-align:justify;"> Creo que no compré ningún libro ahí. Ese fue el único que me interesó. Me dediqué, más bien, a observar extrañado como las bancas de la plaza estaban llenas de gente que hablaban y gesticulaban. Eran pequeños grupos. Compactos. Se sentía que ningún extraño cabía allí.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Son todos peruanos… -me dijo la muchacha de pelo también negro.</p>
<p style="text-align:justify;">   De ese libro me había hablado Eligio García Márquez cuando estaba escribiendo <em>Tras las claves de Melquíades</em>. Era, por llamarlo de alguna manera, uno de sus libros tutelares. Esos que dan la clave y abren la puerta para poder escribir. Se trataba, me contó, de un reportaje escrito por un periodista norteamericano por encargo de la revista <em>New Yorker</em>. John Hersey estuvo en 1946 en Hiroshima. Y lo que escribió fue una obra maestra del reportaje. Se lo conseguí en la edición de la Compañía General Fabril Editora, de Argentina, en la colección Los libros del Mirasol, publicado en 1962. Lo encontré un domingo en un puesto de libros en San Victorino. Estaba en medio de otros cientos, como un pajarito atrapado por la maleza, esperando que alguien o algo abriera un claro. Fui yo el que lo halló. Me tocó a mí para poder dárselo a Eligio para que este continuara la escritura de su libro. Así confirmó su destino.</p>
<p style="text-align:justify;">   Jamás volví a verlo hasta cuando, en una biblioteca que compré, me topé de repente con él en una edición nueva, que nunca había visto. Es más: ni siquiera sabía que existía. Editorial Turner, Madrid, 2002. Lo tomé, asombrado por el reencuentro muchos años después de la partida de Eligio, y en la segunda página me saltó otra sorpresa: “Traducción de Juan Gabriel Vásquez”. “¿Juan Gabriel es traductor?”, me pregunté. No lo sabía tampoco.</p>
<p style="text-align:justify;">   Mi oficio y la vida me han dado la oportunidad de ser, de alguna manera, testigo de excepción, testigo librero, de los comienzos literarios de muchos de los escritores colombianos que empezaron a publicar en los años noventa. A casi todos los conozco. A muchos de ellos los vi como lectores antes que como autores. Esa es la imagen que más recuerdo: el momento de sus encuentros con los libros.</p>
<p style="text-align:justify;">   El Juan Gabriel que yo recuerdo es al de 1995 o 1996. El año no lo tengo exacto. Era un muchacho inquieto que siempre buscaba libros de Mario Vargas Llosa acompañado de Mariana, su compañera (de entonces y de hoy). Varias veces le guardé libros unos días hasta que volvía con el dinero por ellos. Una vez, no se me olvida, fue Mariana con su mamá a buscarle un regalo (cumpleaños, aniversario, grado, navidad, ya no sé…). Le mostré los tres tomos de <em>Contra viento y marea</em>, la recopilación de la obra periodística de Vargas Llosa. Los compró, sonriendo, de inmediato. Después supe que, por quién sabe qué motivo, no llegaron a sus manos. Otra vez, para que pudiera leerlo, le fotocopié <em>La novela en América Latina: diálogo</em>, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, Universidad Nacional de Ingeniería y Carlos Milla Batres, Lima, Perú, 1967. Y le vendí también una edición, con algunas páginas en blanco, de <em>García Márquez</em> <em>Historia de un deicidio</em> en lo que me costó (más las fotocopias de las páginas que faltaban). Ver su alegría (y la de Mariana) fue ganancia suficiente. Después el tiempo fue transcurriendo, voló un águila sobre el mar, y se fue transformando, poco a poco, en el gran escritor que ahora es. En mi memoria permanece indeleble el escritor que intentaba ser. El que quería ser. El que iba a ser. Como tantos otros que en esos años me encargaban libros que no conseguían. En fin, el mar…</p>
<p style="text-align:justify;">   En una de sus visitas, antes de retornar a Colombia, le pedí el favor que me dedicara su traducción de <em>Hiroshima</em> (sí, me gustan los libros dedicados) y le conté, entre otras cosas, de esa traducción que había visto en la Plaza de Armas de Santiago de Chile y que no había podido comprar. Me dijo extrañado que no la conocía. Que no sabía que existía. Yo le aseguré que sí, que la había visto. Todo quedó en un silencio incrédulo e indemostrable.</p>
<p style="text-align:justify;">   Hasta hoy cuando, mientras esperaba por Margarita para ir a almorzar, fui a mirar libros y de repente, sobre una mesa de madera oscura con un cartel blanco, al frente, que anunciaba: “1X3.000 2 X5.000”, una palabra conocida en el lomo de un libro, cada vez menos marrón, fue hasta mis ojos y me dijo: <em>Hiroshima</em>, John Hersey. Lo tomé/me tomó y volví a ver su carátula (casi siete años después). Lo abrí y pude saber, por fin, el año de su edición: 1947. Traducción de Carlos R. Escudero. Un año después de ser publicado en inglés… Todo volvió a mi memoria: la Plaza de Armas de Santiago de Chile, la muchacha de ojos y pelo negros, Eligio, Juan Gabriel y sobre todo el tiempo, el tiempo en mi memoria que es historia, pequeña y modesta, donde los sucesos dialogan sin importar la época, porque todo es un eterno presente que se nutre del ayer. Y, al volver a mí, es un hoy y un ahora. Constante.</p>
<p style="text-align:justify;">   Me sonreí. Tomé otro libro para completar los $5.000.</p>
<p style="text-align:justify;">   Entré a la librería y de otra de las mesas de madera oscura, con un cartel blanco, al frente, que anuncia: “1X5.000 3X10.000”, tomé tres libros. Pagué y me fui con un pedazo de mi memoria en una bolsa blanca que empezaba a agitarse y a moverse para acomodarse entre otras historias.</p>
<p style="text-align:justify;">   Todo quedaba ahí, para mí. Era más que suficiente. La historia comenzó a armarse en mi memoria como un rompecabezas de los que nunca tuve (ni tengo) paciencia para hacer. Sus piezas se dan la mano para acomodarse en un tapiz nuevo.</p>
<p style="text-align:justify;">   Hoy, a la una en punto, llegó Andrés Ospina (mi nuevo mejor amigo del mundo) a la librería. Le mostré, mientras hacíamos tiempo para ir a almorzar, varios libros sobre Bogotá que podían interesarle. Entre ellos los dos tomos de la <em>Crónica del muy ilustre Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Santa Fe de Bogotá</em>, Editorial Centro, Bogotá, 1938, cuyo primer tomo era uno de los libros de 5.000 (3X10.000) que había comprado ayer. Maravillado los comenzó a ojear. De repente grito tumultuosamente: “¡Iván y Toña!”.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Quiénes son Iván y Toña?</p>
<p style="text-align:justify;">   -María Antonia Jiménez, mi Toña, la sobrina de Ximénez, José Joaquín Ximénez, y su ex-esposo. Este libro era de ella. Mira su firma.</p>
<p style="text-align:justify;">   Me acerqué y vi, en la primera página, un nombre escrito en diagonal con tinta azul: “M Antonia Jiménez”. Y en la segunda un sello impreso: “Iván &amp; Toña Obregón Clasificación: 1937 C 2 E 5 F”.</p>
<p style="text-align:justify;">   -¿Qué quieren decir esos números y letras?</p>
<p style="text-align:justify;">   -Toña era bibliotecaria. Clasificaba sus libros. Yo vi este libro en su biblioteca. Ya no recuerdo si en su casa o en la de su mamá.</p>
<p style="text-align:justify;">   Guardamos silencio. María Antonia, Toña, había sido su amiga y confidente. Una de las informantes/testimoniantes de su novela <em>Ximénez</em>. Le fascinaban los rompecabezas. Besó el libro diciendo: “Mi Toña…”.</p>
<p style="text-align:justify;">   -Los libros dan unas vueltas muy raras, le dije. Se las arreglan para llegar a su dueño cuando es el momento. Ni antes ni después. Yo tenía el tomo II en la librería. Con este completé la obra. Mira como son las cosas… Te estaba esperando, te estaba esperando…</p>
<p style="text-align:justify;">   Como a mí <em>Hiroshima</em>, de John Hersey.</p>
<p style="text-align:justify;">   Sólo lo había visto una vez y no lo pude comprar. Fue en Santiago de Chile, en la Plaza de Armas…</p>
<p style="text-align:justify;"> Artículos relacionados:</p>
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<li style="text-align:justify;"><a title="El amor a los libros*" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/01/10/el-amor-a-los-libros/" target="_blank">El amor a los libros</a></li>
</ul>
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		<title>Un concurso para lectores</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2014 15:40:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;De paso por Santiago de Cuba, el periodista Reinaldo Cedeño me habló de este interesante concurso que impulsa desde su emisora Radio Siboney. Me parece una muy buena causa, merecedora de todo el apoyo posible. ¿TE ATREVES A ESCRIBIR DE &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=40429">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-404300" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/03/logo-concurso-caridad-pineda-in-memoriam-1.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><p style="text-align:justify;"><em><a href="http://wp.me/p10AwN-aw5"><img class="alignleft wp-image-40430 size-medium" src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2014/03/logo-concurso-caridad-pineda-in-memoriam-1.jpg?w=300" alt="logo concurso caridad pineda in memoriam-1" width="300" height="155" /></a>De paso por Santiago de Cuba, el periodista Reinaldo Cedeño me habló de este interesante concurso que impulsa desde su emisora Radio Siboney. Me parece una muy buena causa, merecedora de todo el apoyo posible.</em><span id="more-40429"></span></p>
<p><strong>¿TE ATREVES A ESCRIBIR DE TU LIBRO FAVORITO?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El Comité Provincial de la UNEAC en Santiago de Cuba auspicia el III Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura con la colaboración de la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI) y la emisora Radio Siboney.</p>
<p style="text-align:justify;">Podrán participar cubanos residentes en territorio nacional con un texto de hasta cinco cuartillas que comente el libro que marcó su vida, en letra Arial de 12 puntos, a espacio y medio, firmado con seudónimo. En sobre sellado incluirán nombre, apellidos, número de carné de identidad y datos de localización Será indispensable presentar el texto en original y dos copias.</p>
<p style="text-align:justify;">El jurado, constituido por personalidades de las letras en Cuba, concederá un Gran Premio de 500 pesos MN; un premio de 300 MN al mejor autor de la tercera edad (más de 60 años) y tantas menciones considere. Asimismo, la Asociación Hermanos Saíz otorgará premio colateral al autor novel (hasta 35 años) y otras instituciones premiarán.</p>
<p style="text-align:justify;">Los trabajos se recepcionarán en el Comité Provincial de la UNEAC, Calle Heredia 266 entre Carnicería y San Félix, Santiago de Cuba; o si lo prefiere a Radio Siboney, Calle 8 n. 56 entre A e Independencia, Reparto Sueño, Santiago de Cuba.</p>
<p style="text-align:justify;">Se admite envío por correo electrónico a las direcciones: cmdv@rsiboney.icrt.cu, escribanode@gmail.com, ambas inclusive. En tal caso, el asunto será: “III Concurso Caridad Pineda In Memoriam”, adjuntando dos documentos Word. En uno, el relato firmado con seudónimo; y en el otro, nombre, apellidos y datos de localización.</p>
<p style="text-align:justify;">El plazo de admisión vence el 17 de agosto de este año y los premios se entregarán el 9 de septiembre en la sede de la UNEAC santiaguera. Los organizadores contactarán a los galardonados en CUALQUIER parte del país.</p>
<p style="text-align:justify;">Caridad Pineda Anglada (1933-2012) fue una insigne educadora santiaguera, poeta natural y defensora tenaz de la lectura desde las aulas y la comunidad.</p>
<p style="text-align:justify;">En 2013, el concurso constituyó un rotundo éxito con la participación de más de un centenar de trabajos de diez provincias del país.</p>
<p style="text-align:justify;">Artículos relacionados:</p>
<ul>
<li><a title="Un libro entrañable" href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/01/14/un-libro-entranable/"><span class="item-title">Un libro entrañable</span></a></li>
</ul>
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		</item>
		<item>
		<title>Fariñas: Los libros de la creación están cerrados</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 13:39:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160;&#8220;Nadir&#8221; se nombra el poema que acompaña esta acuarela del maestro José Luis Fariñas: &#8220;Objeto metafísica&#8221;. Nadir José Luis Fariñas En esa calma renacemos, a ella se deben la colmena y tus palabras, la renuncia que en las aguas se &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=22629">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-226300" data-img="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/02/faric3b1as-objeto-metafc3adsica-acuarela-2010-fragmento.jpg"></div></div></td></tr></table><div id="attachment_22511" style="width: 650px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/02/faric3b1as-objeto-metafc3adsica-acuarela-2010-fragmento.jpg"><img class="size-full wp-image-22511" title="Fariñas. Objeto metafísica, acuarela 2010, fragmento." src="http://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2012/02/faric3b1as-objeto-metafc3adsica-acuarela-2010-fragmento.jpg" alt="" width="640" height="528" /></a><p class="wp-caption-text">José Luis Fariñas. Objeto metafísica, acuarela 2010, fragmento.</p></div>
<p>&#8220;Nadir&#8221; se nombra el poema que acompaña esta acuarela del maestro José Luis Fariñas: &#8220;Objeto metafísica&#8221;.<span id="more-22629"></span></p>
<h3 style="padding-left:150px;"><strong>Nadir</strong></h3>
<h5 style="padding-left:90px;"><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/category/autores/jose-luis-farinas/" target="_blank"><strong>José Luis Fariñas</strong></a></h5>
<p style="padding-left:90px;">En esa calma renacemos,<br />
a ella se deben la colmena y tus palabras,<br />
la renuncia que en las aguas se completa.</p>
<p style="padding-left:90px;">En un círculo duermen los olivos,<br />
junto al recto callar de tierras perdidas,<br />
partida simple de cada ruina,<br />
como en una ofrenda de horas pequeñas<br />
en suma de sombras<br />
desde moradas sin ropaje.</p>
<p style="padding-left:90px;">Los libros de la creación están cerrados<br />
pero la claridad se derrama por inercia,<br />
como el cantar inesperado que nos derriba<br />
entre las cosas del abismo,<br />
en este permanecer cayendo entre crisálidas,<br />
en este breve más allá que nos dejas al pasar.</p>
<ul>
<li><a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/tag/jose-luis-farinas/" target="_blank">Todas las contribuciones de Fariñas en <em>La pupila insomne</em>. </a></li>
</ul>
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		</item>
		<item>
		<title>¿Leer libros en la computadora u ordenador?</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jul 2011 05:51:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[digital]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;Arnaldo Coro Antich Una vez que oprimí el botón izquierdo del omnipresente ratón, la pantalla permaneció en blanco apenas unos segundos&#8230; Y entonces, la magia de la informática puso ante mis ojos la portada de un libro que hacía muchísimo &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=14777">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-147780" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/07/libro_digital.jpg?w=300"></div></div></td></tr></table><h5 id="yiv1697722588author" style="text-align:justify;"><strong>Arnaldo Coro Antich</strong></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/07/libro_digital.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-14778" title="Libro_Digital" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/07/libro_digital.jpg?w=300" alt="" width="300" height="300" /></a>Una vez que oprimí el botón izquierdo del omnipresente ratón, la pantalla permaneció en blanco apenas unos segundos&#8230; Y entonces, la magia de la informática puso ante mis ojos la portada de un libro que hacía muchísimo tiempo añoraba poder leer.</p>
<p style="text-align:justify;">A diferencia del original en papel, que con sus algo más de quinientas páginas hubiera sentido entre mis manos, la versión electrónica en el también omnipresente formato PDF, dependía de los complejísimos circuitos y la energía eléctrica que lo harían legible.</p>
<p style="text-align:justify;"><span id="more-14777"></span>Por cierto que tras leer apenas unas 20 líneas, un pestañazo de la red eléctrica, típico del verano caribeño, apagó la pantalla, y provocó uno de esos molestos y no pocas veces traumatizantes re-inicios de la máquina, esos que causan terribles destrozos borrando ficheros o dañando los discos rígidos o “discos duros”, convirtiéndolos en chatarra electrónica.</p>
<p style="text-align:justify;">Apenas unos dos minutos después de la interrupción, nuevamente tenía ante mis ojos la portada del libro, ahora en su versión punto PDF la cual tuve que someter a un breve proceso de adecuación, pues tal y como se veía originalmente, el tamaño de la tipografía me hacía bien difícil la lectura.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Todo listo para leer en la pantalla? &#8230; Así me pareció, dando inicio al disfrute de la tan ansiada obra, ahora en formato digital.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez que la primera página llegó a su fin, de nuevo tuve que acudir al “ratón”, para cambiar de hoja , y esta segunda por cierto, estaba casi toda en blanco, algo que en la edición en papel no es más que un despilfarro de ese cada vez más costoso recurso, pero que aquí en la edición electrónica no pasó de ser una pequeña molestia.</p>
<p style="text-align:justify;">Entra la tercera página a ocupar la pantalla, y en ese mismo instante, en la esquina inferior izquierda aparece un recuadro: “Tienes un mensaje importante de&#8230;.”</p>
<p style="text-align:justify;">Imagínense, el aviso había entrado por la red a la que está conectado el ordenador o la computadora, era un mensaje de mi editor, y ahí mismo, recurriendo otra vez al ratón, puse al libro electrónico a un lado y abrí el cliente de correo para leerlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Por supuesto que la perturbación digital me sacó de paso, así que, después de contestar el correo y de paso ver como seis o siete mensajes recién llegados, regresé al libro electrónico.</p>
<p style="text-align:justify;">Claro, que había perdido el hilo, y tuve que ir al inicio de la tercera página, la cual en definitiva era la primera contentiva de información relevante sobre el tema.</p>
<p style="text-align:justify;">Navegué con bastante suerte durante la siguiente media hora, y pude concentrarme en la lectura de la pantalla hasta llegar a la página 11, pero les confieso que “por el camino”, abrí el procesador de textos liviano ABIWORD, y escribí varias notas acerca de lo que leía, emulando así el hábito adquirido a lo largo de muchos años de leer teniendo al lado un cuaderno de notas.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando ya estaba llegando al final de la oncena página&#8230; sentí los primeros síntomas del cansacio postural&#8230; y como si eso fuera poco, sonó el teléfono, apareció en la esquina inferior de la pantalla otro aviso de “mensaje importante” en el correo, mientras Claudia mi pequeña hija de seis años se me acercaba reclamando “tiempo de máquina” para disfrutar de los juegos educativos que Roxana y yo cuidadosamente hemos seleccionado para ella.</p>
<p style="text-align:justify;">De más está decir que la lectura “digital”, quedó interrumpida ante el cúmulo de elementos de distracción. Contesté el teléfono, pues se trataba de mi alumna Susan, una cubanita débil visual que con voluntad férrea ya está terminando su segundo año de Periodismo en la Universidad de la Habana, acto seguido sentí ese placer especial que consiste en borrar correos basura y “quasi basura”, pero tuve que responder a dos mensajes importantes, y ante la insistencia de la dulce vocecita de la Claudia, cedí a su reclamo y la dejé disfrutando de un juego creado para desarrollar en los niños el amor a la naturaleza y la preservación del medio ambiente, limpiando de objetos indeseables una playa virtual.</p>
<p style="text-align:justify;">La sesión de lectura del libro en formato PDF, quedó postergada “hasta nuevo aviso”&#8230; me fui para la terraza, pero no sin antes pasar por el librero del pasillo central, y tomar casi al azar un libro de papel que resultó estar dedicado curiosamente al tema de la informatización de la sociedad y sus profundas implicaciones.</p>
<p style="text-align:justify;">Por cierto, que durante más de una hora y media, hube de leer página tras página, subrayar no pocas líneas, tomar apuntes en mi cuaderno de lecturas comentadas sin que nada ni nadie provocara la más mínima distracción &#8230;.</p>
<p style="text-align:justify;">Ah&#8230; el libro digital, cuidadosamente preservado no solo en el disco duro, sino también copiado en un disco compacto, se quedó esperando todo el resto del día, y no fue hasta bien avanzada la noche cuando la familia dormía, el teléfono quedó en los hábiles circuitos de la contestadora digital, y desconecté la computadora de la red, que pude regresar a la tan ansiada lectura&#8230;</p>
<p style="text-align:justify;">Pero, tal y como pueden imaginarse, apenas llegué a la página 20, el cansancio de un día de ajetreo me rindió y era casi la una de la madrugada y tuve que apagar la máquina para ir a dormir, pues mis labores periodísticas en la <a href="http://www.radiocubana.cu/" rel="nofollow" target="_blank"><em>Radio Cubana</em>, </a>demandan de un “de pie” bien temprano en la mañana.</p>
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