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	<title>La pupila insomne &#187; Carlos Ávila Villamar</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>El rechazo al dinero. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jul 2018 12:38:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El dinero es una medida del valor, quizás una medida imperfecta (más en nuestro tiempo) pero necesaria <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63588">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-635890" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/cc3b3mo-administrar-el-dinero.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">La estructura económica constituye una tecnología tal como el vapor, el carbón o el petróleo. Trata de aprovechar al máximo el trabajo de los seres humanos a fin de generar riquezas (algunos especificarían que materiales y espirituales, yo preferiré no ahondar en el asunto por el momento). Antes del dinero existía el trueque, como sabemos. El origen del trueque es la convencionalización de la gratitud. A medida que pasaba el tiempo se hacía más convencional que un aldeano, si quería que le dieran pescado, llevara como muestra de gratitud al menos unos cuantos troncos de leña. Por un pescado se debían llevar veinte troncos, digamos. Después apareció el dinero, que hizo más fácil la vida de las personas, porque puso un centro de gravedad a las distintas tasas de gratitud. Un pescado equivalía a veinte troncos y a su vez equivalía a una bolsa de trigo (el dinero era el trigo, supongamos). La sociedad podía planificar su trabajo con mayor eficiencia gracias al dinero. Las personas no trabajaban <em>más</em> necesariamente: las riquezas del mundo aumentaron porque se experimentaban nuevas tecnologías económicas. Algunas de ellas nefastas, tales como la esclavitud. Pero la esclavitud se sostuvo porque en su lógica era más eficiente que el estado tribal. La gratitud en su concepción originaria, la <em>electiva</em>, sobrevive en nuestro tiempo en el ambiente familiar o social, pero si queremos un par de zapatos nos encontramos <em>obligados</em> a dar dinero por ellos. Esto no es negativo, ni resulta propio del capitalismo.</span><span id="more-63588"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">El dinero y todo lo que el dinero implica, puesto que son entes convencionales, permiten una planificación rigurosa. El precio de los zapatos garantiza la movilización del trabajo en torno a la industria del cuero, garantiza que se calcule cada gasto a fin de que en teoría el trabajo de cada hombre sea gratificado con justicia. El dinero no es inmoral: sirve de instrumento para que exista justicia entre los hombres. Sucede que durante mucho tiempo estuvo asociado a prácticas contrarias a la justicia y el equilibrio, porque las formas económicas privilegiaban a los equivocados. Y a veces los propios equivocados eran los que engendraban el rechazo al dinero, como un modo de protegerse a sí mismos. Los señores feudales y el clero, enriquecidos mediante la violencia y la opresión, difundían entre sus súbditos la idea de que el dinero era pecaminoso. Los capitalistas, enriquecidos mediante una violencia encubierta, también advierten a los trabajadores acerca de la importancia de la humildad y de no vender el alma por un estatus de vida. El capitalismo fomenta el deseo insaciable de dinero y a la vez lo critica, pero lo critica desde una manipulación: usa el dinero como chivo expiatorio de sus culpas. La búsqueda de un estatus privilegiado de vida conlleva a las injusticias no porque el dinero sea malo, sino porque la forma económica es injusta. Si la forma económica fuera justa, si solo se pudiera conseguir dinero de manera justa, entonces no habría nada de malo en querer conseguirlo. Al parecer muchas de estas cuestiones fueron olvidadas por los soviéticos y fueron olvidadas en nuestro país en algún momento. Incluso hoy solemos hablar de la importancia del dinero con culpa, como si fuera algo malo, un residuo del capitalismo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Resulta <em>imprescindible</em> que en un país o región los individuos puedan movilizarse en grandes actos de generosidad, de lo contrario no habría modo de enfrentar catástrofes como los huracanes, por poner un ejemplo básico. Lo que constituye un error resulta pensar que la generosidad hoy puede convencionalizarse, planificarse de manera anual en gráficos sofisticados, de manera independiente al dinero. Cuando un hombre hace <em>siempre</em> el trabajo que le toca a otro se genera ineficiencia por ambos lados. El trabajo voluntario, que ahora tristemente solo significa para muchos trabajo comunal, se hacía con la esperanza de que el estado ahorrara dinero para emprender nuevos proyectos, que a la larga beneficiarían a todos. El trabajo voluntario como lo concebía el Che era un extra, un impulso que el individuo elegía regalarle a la sociedad, a la vez que un modo de formarse a sí mismo. Sin embargo luego se cometieron muchos errores, se desdeñó la utilidad del dinero y se apostó por las gratuidades y el pago en especie, por decirlo de algún modo. Del salario de los trabajadores cubanos (todo el mundo trabajaba con el estado entonces) comenzó a deducirse no solo la subvención de la salud, la educación y la defensa, sino también la subvención de la electricidad, del gas natural, del agua, del transporte, de las revistas de cualquier tipo, de las panaderías, de los carros de helado, de los hostales, de las discotecas, de las cafeterías, de las fábricas de acero, de las fábricas de cemento, de la leche, de los parques de diversiones. Los precios pasaban a ser simbólicos. Lo soviéticos estaban convencidos de que era posible una economía de la voluntad, como si acaso el dinero no fuera la forma más eficiente conocida de regulación de las distintas voluntades. Y nosotros les creímos. El dinero es una herramienta de eficiencia y <em>competitividad</em>. Un país socialista que no sepa el significado y la utilidad del dinero como regulador del trabajo humano, sin importar que conozca la electricidad, la pólvora o el telescopio, estará regresando no al capitalismo, ni al feudalismo, ni al esclavismo, sino a la tecnología económica tribal en la que el trabajo se organizaba fundamentalmente por voluntades y favores.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Las nuevas empresas privadas cubanas no sienten el menor rechazo por el dinero, por el contrario. Si un negocio no es rentable nadie lo subvenciona, quiebra. En el fondo esto es necesario. Si un negocio (estatal o privado) quiebra es porque como negocio no tiene las condiciones para existir, no debería malgastarse el sudor de sus trabajadores, y mucho menos el de los otros trabajadores que lo subvencionan. El dinero es una medida del valor, quizás una medida imperfecta (más en nuestro tiempo) pero necesaria. La economía es una máquina delicada que necesita regularse mediante el dinero tal como un televisor necesita regularse en voltios. Nuestro socialismo, como el soviético, se ha centrado demasiado en la beneficencia: para no dejar atrás a los más desfavorecidos tiende a mantener bajos los precios, incluso al punto de generar pérdidas, desestimulando por tanto la economía y deformándola. Más inteligente es crear nuevos empleos para los más desfavorecidos, empresas estatales que de verdad sean rentables y que generen beneficios tanto a la sociedad como a sus trabajadores. Este es el único modo en el que la empresa estatal puede adelantarse a la privada, con la que mantiene ahora mismo una decisiva competencia. En una economía justa cada hombre recibe según lo que contribuye a los otros. El dinero, su recompensa, será la medida secreta de la utilidad.</span></p>
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		<title>¿Fuera de la Revolución? Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jul 2018 11:41:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Mentiras y medios]]></category>
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		<description><![CDATA[La Revolución, puesto que no es un gobierno, ni una serie de disposiciones, no tiene en verdad hijos bastardos.  <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63557">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-635580" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/revolucion.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">En los últimos días se ha hablado bastante acerca de la definición de lo revolucionario en contraste con lo contrarrevolucionario. Alguien habrá sentido temor ante este binarismo y habrá hecho alguna comparación desafortunada. Creo que el temor se sostiene gracias a dos identidades falsas. La primera, identificar la Revolución con el gobierno o peor, con su presidente. La segunda, identificarla con una serie de disposiciones específicas venidas del gobierno. Hasta yo sentiría miedo si existiera esa identidad absoluta, que en realidad constituiría una maquinaria de preservación de un estado de cosas, todo lo contrario a lo que una revolución debería ser. A continuación ofreceré mi modesta forma de ver qué es lo revolucionario y lo contrarrevolucionario, y por qué no debe temerse a esta oposición, cuya naturaleza no es política.</span><span id="more-63557"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">La frase de Fidel a los intelectuales que dice que dentro de la Revolución todo y contra la Revolución nada puede ser malinterpretada de manera involuntaria o voluntaria. No quisiera estar bajo la tutela de un funcionario que interpretara que dentro de lo admitido por un gobierno todo y fuera de lo admitido por un gobierno nada. De vez en cuando aparece todavía este arquetipo miope u oportunista, pero creo que últimamente se ve más la confusión en debates sobre la libre expresión o la legitimidad del poder. Revolución ha empezado lastimosamente a adquirir el significado de <em>oficialismo</em> en algunos círculos, y un intelectual puede leer erróneamente que solo se puede estar a favor o en contra del oficialismo. La Revolución, me temo, no es una postura política, en tanto no puede ser concebida como el anarcosindicalismo o la ideología Juche. Sería despótico pensar que dentro del anarcosindicalismo todo, contra el anarcosindicalismo nada. La  postura revolucionaria es un modo en el que el individuo se ve y se hace a sí mismo con respecto a la sociedad. Por eso su naturaleza es <em>moral</em>, y no política. En diferentes contextos diferentes posturas políticas pueden llamarse revolucionarias, incluso en un mismo contexto pueden convivir diferentes posturas revolucionarias.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El concepto de Revolución de Fidel, frecuentemente citado y repetido de memoria, quiere decir eso. Lo revolucionario es una actitud moral en la que se quiere hacer del mundo un lugar mejor. Dentro de esa actitud benéfica y desinteresada, todo, contra ella, nada. No debe temerse a esta oposición. Por el contrario, constituye un modo útil de medir nuestros pensamientos y acciones. La política no puede verse desde una engañosa oposición de derecha e izquierda, pero la moral se basa siempre en oposiciones elementales. Mentir, no mentir. Robar, no robar. De lo contrario pierde su utilidad más importante, que es garantizar el orden social sin recurrir a la coacción: que la gente no mienta ni robe más por un rechazo interno, claro y apriorístico, que por el miedo a las consecuencias judiciales. A la larga una sociedad necesita que al menos haya alguien con un deseo interno de transformación positiva, y con la capacidad de materializar ese deseo. La humanidad se ha preservado gracias a ello. De lo contrario las sociedades, en sus puntos de quiebre, hubieran colapsado sin excepción de manera irreversible.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Sé que todas estas cuestiones pueden sonar abstractas e intrascendentes para algunas personas. Veremos algo más concreto.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Está de moda otro binarismo que separa, dentro de los revolucionarios cubanos, a un grupo que desea conservar ciegamente el estado de cosas de otro que desea un cambio, sin negar por ello una serie de principios del socialismo. Esta reducción no es moral, sino política, y en la política debemos tener mucho cuidado con las reducciones. El primer problema al que nos enfrentamos constituye la inexistencia de rasgos absolutos que permitan la separación entre estos dos grupos de revolucionarios, a uno de los cuales se le da un carácter negativo, al otro, positivo. Supongo que yo, por ejemplo, entraría para algunos dentro del primer grupo, los conservadores ciegos u oportunistas de extrema izquierda, defensores de la mano dura, en contraste con los demócratas excluidos dentro del discurso oficial, los verdaderos revolucionarios. Creo que Cuba está <em>plagada</em> de cosas que no funcionan, lo que sucede es que la solución que me parece más factible no es copiar la política económica de un país como China, el más poblado del mundo y también uno de los más inequitativos. El fondo último de la oposición fabricada entre los revolucionarios ciegos y los revolucionarios verdaderos es, supongo, relativo al lugar que debe representar la propiedad privada en la economía. Soy un intruso en el debate porque mi campo de estudio es otro, la literatura. Con el tiempo he construido mi propia opinión acerca de algunas cuestiones, pero consideraría indigno que fueran impuestas a la fuerza sobre las de otras personas. Consideraría indigno que ninguna opinión fuera impuesta sobre la de otra persona. No creo que <em>mi</em> socialismo sea el definitivo, porque no creo que haya un socialismo definitivo. Y no creo que alguien sea contrarrevolucionario por tener una opinión diferente a la mía. Defiendo, de hecho, que se lean y analicen los artículos políticos que puedan parecernos más extravagantes con respecto a lo que pensamos, porque con frecuencia en ellos se encontrarán nuestras debilidades. La separación entre lo revolucionario y lo contrarrevolucionario se produce en otra dimensión mucho menos superficial.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La Revolución, puesto que no es un gobierno, ni una serie de disposiciones, no tiene en verdad hijos bastardos. Alcanza querer hacer bien al prójimo para estar dentro de ella. Conozco a muchísimos hijos de la Revolución desengañados de lo que llaman oficialismo, que en realidad, con su trabajo y su generosidad la están ayudando, la hacen cada día, y a la vez conozco personas que dicen sacrificarse por ella y solo constituyen parásitos de la sociedad.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Puesto que la Revolución no es un gobierno, ni una serie de disposiciones, solo queda fuera de ella aquel que por su propia cuenta se haya excluido, de manera anónima y silenciosa. Quedará fuera de la Revolución aquel que desee beneficiarse de los otros, aquel que por cobardía deje que ocurran injusticias, aquel que se disfrace o que engañe, o aquel que prefiera ganarse la vida simulando ser una víctima. Nadie puede ser <em>sacado</em> de la Revolución. Cada individuo solo puede entrar o salir por sí mismo. Si un revolucionario cubano quedara injustamente excluido del PCC o de la UJC, si fuera injustamente calumniado y silenciado por obispos falsos del comunismo, incluso él seguiría formando parte de la Revolución, y su verdad seguiría latiendo desde la oscuridad de una cueva. Ese resulta nuestro mayor consuelo.</span></p>
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		<title>El fantasma del nacionalismo. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jul 2018 10:15:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[¿Llevar una bandera en un pulóver es una ofensa a los mártires, personas que no se ofenden, porque no existen más que en la memoria de los vivos, a los que se ha entrenado para que los vean como santos? <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63417">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-634180" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/banderas.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">He estado leyendo un artículo en <em>Rialta Magazine</em> con particular interés. En resumen señala que la idea de una nación fallida es paradójica, porque la nación solo puede ser entendida como un estado de cosas en constante transformación. Para hablar de una nación fallida (no de un gobierno fallido, que es distinto) debe uno remitirse a un punto modélico que, por inexacto y arbitrario, termina por ser siempre contraproducente en cualquier análisis. La nacionalidad cubana <em>en sí</em> (una condición cultural), por tanto, no habría estado en crisis durante la dominación española, ni durante los gobiernos entreguistas de la primera mitad del siglo pasado, ni durante la etapa revolucionaria (o como se le prefiera llamar, según el juicio que se tenga sobre ella). El autor cree encontrar una visión semejante de lo que significa la nación en ambos lados del Estrecho de la Florida: son capaces de proyectar un deber ser no solo en cuanto a un gobierno o a un modelo de estado, sino en cuanto a una cultura. Trataré de que mi postura política no afecte la objetividad de lo que estoy a punto de exponer.</span><span id="more-63417"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Puede verse a la nación, según entiendo, bajo dos acepciones. La primera de ellas como una condición cultural compartida por un número de personas o cosas. La segunda como una sumatoria de personas o cosas pertenecientes a lo convencionalmente pactado como una condición cultural. En la primera acepción se presupone una esencia que de manera consciente o inconsciente reúne a todos los cubanos. En la segunda solo nos referimos a la sumatoria de aquellos a los que llamamos cubanos (bajo criterios bien definidos, tales como el lugar de nacimiento, el de residencia etc.) La primera acepción es epistemológica e implica tradicionalmente un deber ser. La segunda es ontológica y está exenta de juicios <em>a posteriori</em>. La primera es exclusiva porque tarde o temprano tiene que jugar con la idea de que hay manifestaciones culturales cubanas y no cubanas (habría una cubanidad o una no cubanidad en tal pieza musical, o en tal modelo de ropa). La segunda también es exclusiva, porque debe tomar criterios en algún punto arbitrarios para erigirse <em>a priori</em> (tales como el idioma o la posesión de un documento de identidad). El autor, según entiendo, critica la primera acepción, que sería la única que admitiría un significado en la frase nación fallida, y propone que se admita un carácter cultural abierto, más acorde a la que he considerado la segunda acepción.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Cuando hablamos de una idea cultural <em>abierta</em> de nación, sospecho, lo hacemos a menudo con irresponsabilidad. Supongamos que queremos suprimir un deber ser cultural, y que tratemos de entender la nación como esencia cultural implícita en la sumatoria de los ciudadanos. No habrá modo de definir o computar esa esencia, que no podrá restringirse a unos pocos rasgos, pero se querrá pretender que existe. Uno puede aceptar la existencia de cada una de las gotas de agua del océano aunque no haya un cerebro capaz de registrarlas. Sin embargo una esencia cultural, a diferencia de las gotas de agua, como abstracción al fin (que solo tiene lugar en el cerebro humano), no tiene sentido pretender que existe si no puede percibirse o imaginarse. Sería como decir que la sumatoria de todos los relojes de péndulo del mundo con todas las ardillas rojas, con el número cinco, con la borradura de una huella dejada en la arena y con la nota musical do sostenido constituye una abstracción cuya esencia debe aceptarse incluso si nadie la entiende. ¿Acaso no es la esencia, la <em>identidad</em> (palabra tramposa donde las haya) un producto del razonamiento humano, sin lugar en la realidad externa? Esa idea abierta de esencia de nación, aunque amable, me resulta irrelevante, y más me parece la consecuencia psicológica del remordimiento de una mente que no desea aceptar que la nación es en última instancia un concepto siempre incoherente (quizás no obsoleto, porque después de todo encuentra su utilidad en nuestro mundo, tal como lo hace la religión).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Aceptar una defensa de la nación, ya sin verla como una esencia cerrada o abierta (valdría preguntar exactamente cómo alguien <em>defiende</em> una esencia abierta, en lo personal considero la frase una insensatez), es decir, aceptar la defensa ciega de la nación como mero sinónimo de ciudadanía, la adscripción asistida a un poder político, me parece todavía más vulgar. El declive de las religiones causó que los poderes políticos buscaran una nueva legitimidad en el siglo diecinueve, legitimidad que las tradiciones culturales podían en su momento garantizar. Yo soy presidente de Cataluña, yo existo porque se presupone que hay una esencia catalana que necesita ser representada ante cualquier poder extranjero. Si suprimimos la esencia cultural, nos queda que el imaginario presidente de Cataluña es el representante de los seres humanos que por casualidad poseerían la ciudadanía catalana, y nada más. Un molde vacío heredado de otra época, que ahora debe llenarse.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-63419" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/banderas.jpg" alt="" width="271" height="186" />Si un mundo capitalista como el nuestro permite la existencia de distintas naciones es por una razón muy simple. Estados Unidos, por ejemplo, está a favor de los tratados de libre comercio con aquellos países a cuyos ciudadanos con frecuencia niega la entrada. Invierte en México, una trasnacional saca sus beneficios del territorio mexicano y los pone a circular en los Estados Unidos, lo cual genera nuevos empleos y activa la economía. Pero se niega la entrada de los mexicanos a ese florecimiento, y por tanto los mantiene en la pobreza. El crimen último de los tratados de libre comercio está en que casi nunca los países que los firman preparan tratados de libertad migratoria. Si Estados Unidos invirtiera en México y se llevara una parte de los beneficios, pero dejara que los mexicanos compitieran en su economía, no nos encontraríamos ante una situación tan alarmante. Sería como las grandes ciudades de un mismo país, a las que van a parar los beneficios de las pequeñas ciudades (pero entre las que los ciudadanos pueden circular con normalidad). El poder nacional en nuestro mundo, aunque ponga excusas culturales, tiene una raíz económica.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La ciudadanía es un asunto económico, y puesto que la ciudadanía se funda en un arbitraje (ya lo hemos visto) tenemos que los nacionalismos están destinados a una utilidad transitoria y a un peligro permanente. Si un poder nacional del mundo capitalista consigue desarrollar su economía, lo más probable es que no se limite a querer verse en igualdad de condiciones con las economías de otros países: tarde o temprano querrá superarlas. Luego de haber adoptado las herramientas de sus contrarios para defenderse, nada impide a las naciones usarlas para atacar. Si el poder nacional mexicano igualara los índices económicos del estadounidense, sospecho, no intentaría pactar un tratado de libre migración en correspondencia con el tratado de libre comercio. Por el contrario, querría irse por encima y entonces aprovecharse de sus inversiones en el suelo estadounidense. El monstruo del fascismo se esconde en todos los nacionalismos, en tanto prefieren axiomáticamente el bienestar de sus ciudadanos con respecto al de los otros.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Dejando a un lado el artículo, tengo una franca preocupación por la importancia que todavía se le da en nuestro país a la <em>cubanía </em>como el más importante valor revolucionario. No me gusta la idea porque es muy fácil desmoronarla tan solo preguntándose qué es la cubanía. Un repetidor de consignas, sin entenderlo, repetirá que la cubanía es la Revolución y que la Revolución es la cubanía (todas las consignas funcionan como un sistema tautológico, heredero de la más atrasada escolástica cristiana). La cubanía, entendiéndose como esencia cerrada, es un deber ser absolutista y arcaico. Entendiéndose como esencia abierta, no es un deber ser, sino un mero ser (para mí dudoso, por las razones que he explicado), presupuesto en una sumatoria de cubanos. Entendiéndose como la sumatoria externa y nada más (cubanía ontológica), nos queda como un cúmulo de intereses individuales de aquellos que por una u otra razón tienen nacionalidad cubana. No me gustan las opciones anteriores. La primera es un reduccionismo infantil. La segunda descarta un deber ser cultural y por tanto la legitimidad de cualquier ministerio. La tercera posee un deber ser nihilista, despótico y mezquino. La Revolución tiene una primera misión, creo, mucho más trascendental que los residuos que puedan pervivir en el tercer mundo de un ideal romántico decimonónico venido de Europa.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Creo que la primera misión del poder revolucionario es implantar un modelo de relaciones económicas más justas, eso que hemos llamado socialismo, concilio del desarrollo imparable de las fuerzas productivas que hemos visto en los últimos siglos con la moral cristiana que sigue vigente tras el declive del cristianismo. Para conseguirlo, dentro de su rango de acción, el poder revolucionario debe mantener una soberanía, y reutiliza entonces las viejas y útiles herramientas del nacionalismo, pero importante: esta aprehensión de la idea de una esencia cultural nacional (que en momentos adolescentes del proceso revolucionario fue cerrada, y llevó a censuras absurdas a la música o la moda estadounidense) no puede caer en un regodeo anacrónico de esa esencia imprecisa, quizás inexistente. En primer lugar, como ya dije, porque es fácilmente cuestionable por un sector poco entusiasta con el adoctrinamiento patriótico. En segundo, porque las masas cubanas, ante las fallas económicas (corregibles todavía) de nuestro socialismo, pueden cambiar de dirección y centrar sus esperanzas en el discurso de la cubanía, y con el tiempo apoyar un proyecto de capitalismo moderado compatible con el imaginario patriótico.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El capitalismo en Inglaterra no pudo sobrevivir sin la aprehensión de la simbología monárquica feudal. La reina sigue siendo la elegida divina para guiar a los ingleses por el camino de la salvación. Del mismo modo, el socialismo en Cuba ha necesitado el respaldo del discurso patriótico, con el que se ha fundido (gracias a que nuestras luchas independentistas estuvieron aferradas a proyectos de justicia social) en ese relato que llamamos Historia de Cuba, y del que no vale la pena burlarse, en realidad, solo por creernos más posmodernos que nadie. La Historia es un relato, pero es un relato necesario, como la historia familiar, para no ir tan lejos. Ahora bien, no nos ceguemos siquiera por un instante. El Céspedes que enseñamos a nuestros niños en la escuela constituye un personaje literario, sin duda más parecido a Martí o a Fidel que al personaje real, al que ya nunca volveremos a ver. La memoria es en parte una ficcionalización de la realidad. Nuestros niños quizás necesiten a un Céspedes divinizado, pero el Céspedes humano que puede aparecer en una novela o una película no será menos ficticio. Lo <em>reconstruimos</em> según nuestras necesidades, tal como nuestra memoria reconstruye el recuerdo de ciertas personas según las necesidades del subconsciente. Hay que saber hasta qué punto la literatura puede invadir nuestra racionalidad.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><img class="aligncenter size-large wp-image-63423" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/bandera-eu.jpg?w=545" alt="" width="545" height="340" />En lo personal, no me gusta ver una bandera en un pulóver, más que nada por razones estéticas: la mayoría de las banderas me parecen horribles (la más horrible para vestir, creencias políticas aparte, la estadounidense, con todas sus barras y estrellas, un monumento al mal gusto, la más aceptable, la soviética, sobria y minimalista). Pero no me gusta el tiempo que a veces se derrocha en la sacralización de la bandera cubana y en general del imaginario patriótico. Supongo que constituya un consuelo similar al de las religiones saber que vives en un país especial, con héroes gloriosos que dieron su vida para que tú tengas lo que tienes, y no hay nada de malo en ello, hasta el momento en el que como las religiones en otro tiempo, permite censurar una cosa o la otra bajo la convicción de que constituye una <em>ofensa</em> a la nación.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><img class="aligncenter size-full wp-image-63424" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/urss.jpg" alt="" width="211" height="238" />¿Qué significa una ofensa a la nación? ¿Qué significa nación, señores? ¿Es una ofensa a la nación epistemológica, ya que no se puede ofender a la ontológica, un ente externo a la mente humana? ¿Llevar una bandera en un pulóver es una ofensa a los mártires, personas que no se ofenden, porque no existen más que en la memoria de los vivos, a los que se ha entrenado para que los vean como santos? ¿Céspedes se hubiera molestado porque alguien llevara en el pulóver una bandera que ni siquiera era la suya en principio, sino la de un anexionista? Para mí no hay nada peor que el fetichismo religioso, que crea axiomas de los que los mismos creyentes no entienden el significado. Una revolución con una carga marxista tan fuerte debería ser inmune a este tipo de supersticiones. ¿Qué significa ser coherentes con nuestros <em>principios</em>? La continuidad y la fidelidad a la generación anterior no es un valor por sí mismo, señores, en tal caso los revolucionarios de 1959 no eran coherentes con sus principios. Un verdadero revolucionario trata de ir más allá de su condicionamiento cultural, y lo cuestiona todo. No significa que se <em>rebele</em> ante todo, sino que lo <em>diseccione</em> sin miedo, a fin de comprenderlo hasta en sus fibras más profundas. Y eso significa superar el nacionalismo tal como hoy lo entendemos, como un sustituto de la religión.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En un futuro, en otra humanidad mejor, los países no enseñarían en sus escuelas a los personajes históricos locales antes que a los universales, se recordaría más a los científicos y a los artistas que los conquistadores, no habrían monumentos (creo que Fidel entendió todo esto antes que nadie), las banderas, escudos e himnos serían agradables estampas que algunos todavía usarían, como hoy se usan los árboles de navidad, las calles no tendrían nombres de mártires, y no existirían los pasaportes. El patriotismo se habría vuelto una cuestión individual, relacionada con la memoria afectiva. Se querría al país desde la tranquilidad de lo familiar, y no desde la furia de lo público, tal como se quiere a la casa natal, quizás desvencijada, o al abuelo, del que solo queda un retrato en sepia.</span></p>
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		<title>Perspectivas de la empresa privada. Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jul 2018 12:21:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Ávila Villamar]]></category>

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		<description><![CDATA[Perspectivas que suelen excluirse con frecuencia en los debates sobre la apertura o no a la propiedad privada <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63377">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-633780" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/07/propiedad.jpg"></div></div></td></tr></table><p align="justify"><span style="color:#000000;">Hace poco abrió el mercado mayorista para las cooperativas no agropecuarias. Como sabemos, las cooperativas constituyen una alternativa a la división entre empresa estatal y empresa privada: en ellas se estaría tratando de conservar la competitividad y la eficiencia que tradicionalmente se le atribuyen a la empresa privada, a la vez que se eliminaría la figura parásita del capitalista. Las grandes empresas jamás podrán ser cooperativas, es cierto, pero en apariencia no existe una razón para que no puedan serlo muchas de las pequeñas empresas, y entonces en apariencia no existiría una razón por la que no vender a precios preferenciales a las cooperativas, dándole ventajas sobre las empresas privadas. Sin embargo, las ineficiencias de la economía cubana han creado un fenómeno inverosímil: no pocas cooperativas han aprovechado esta ventaja y se han convertido en meras intermediarias de la empresa privada. Pueden vender los productos en el mercado negro a precios más bajos que las tiendas comunes, pero aun así sacar algún beneficio. De esa forma, muchas cooperativas vinculadas a la gastronomía son simples fachadas de un negocio fácil de reventa, que por supuesto queda fuera de los libros. No es de su interés conseguir una mejora en los servicios, basta que las cuentas le permitan sostener la farsa ante la institución. Ergo, el mecanismo sirve a dos parásitos en vez de a uno: al intermediario y al capitalista.</span><span id="more-63377"></span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Ampliar el mercado mayorista a la empresa privada se hace difícil a causa de la multiplicidad cambiaria, que en resumen crea divisas falsas al interior de las arcas del estado e interrumpe la liquidez a la hora de hacer las importaciones. El problema cubano en realidad no es la doble moneda, sino la <i>inflación</i> (el término es inexacto) en una de ellas, cuyas consecuencias, a fin de que no sean sufridas por los bolsillos de los trabajadores cubanos, son asumidas por la empresa estatal, que se encuentra amarrada. Estas consecuencias en particular tampoco son sufridas por la empresa privada, que opera bajo una tasa de cambio única y estable, y que se sirve despreocupadamente de la subvención estatal de agua y electricidad. En ese sentido, cada cubano está ayudando a pagar las cuentas de los emergentes capitalistas. El problema de la empresa privada no es que opere con dinero sin valor (asunto que causa tormentos periódicos al estado), sino que en papeles debe comprar a los mismos precios que compra un ciudadano corriente (aunque en la práctica recurra al mercado negro, está claro). Esto no sería tan grave de no ser porque algunos de los productos que necesita de manera diaria no aparecen en las tiendas (cortesía de la falta de liquidez de las arcas) y de no ser porque está incapacitada legalmente para realizar sus propias importaciones. Cuba no tenía la infraestructura para enfrentar el crecimiento del sector privado, de hecho, ni siquiera la tiene hoy para enfrentar un crecimiento del sector estatal que no ingresa divisas de manera directa, lo cual es lamentable. Entenderlo es fundamental para evaluar las potencialidades de la empresa privada en los años próximos.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Así debería funcionar la doble moneda: el país ingresa dos dólares gracias a la exportación de tabaco y crea un duplicado, dos pesos convertibles, usa un dólar para comprar una lata de sardinas en el mercado internacional y gratifica al veguero con un peso convertible, luego el veguero irá educadamente a comprar su lata de sardinas en el mercado estatal. El ciclo en apariencia es perfecto, pero existe un pequeño problema: el estado necesita quedarse con alguna ganancia tras servir de intermediario, tendría que vender la lata digamos que a cincuenta centavos más. Pero en nuestro país imaginario solo existe un peso convertible en circulación, para vender la lata en un peso con cincuenta centavos habría primero que pagarle un peso con cincuenta centavos al veguero. En la práctica, el país solo ha gastado un dólar en el mercado internacional, por tanto tiene en sus manos el otro dólar y los cincuenta centavos convertibles que quedaron tras pagarle un peso con cincuenta centavos a su veguero. El país podrá emplear el dólar en importar recursos para la salud, la educación y la defensa de su veguero, pero bajo ninguna circunstancia debería gastarlo completamente en otra lata de sardinas por una razón muy sencilla: el veguero no la podrá pagar, puesto que solo podríamos darle los cincuenta centavos convertibles que quedaron en nuestras arcas. Para que la lata se pueda vender habría que generar al menos un peso convertible de la nada. Nuestro veguero, en tal caso, habría comprado sus dos latas de sardinas, pero los beneficios del estado serían imaginarios.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Si la economía cubana funcionara correctamente, no debería existir la escasez de productos importados. Si existen cien pesos convertibles circulando, se espera entonces que el estado pueda cubrir cualquier demanda que los cien pesos convertibles permitan, puesto que habrá un respaldo en divisas e incluso una ganancia arancelaria. Algo tan elemental falla en nuestros días. Lo que ocurre, para ir ampliando el panorama, es que el estado no es el único que recibe divisas. Los cubanos pueden recibir dólares por remesas o por servicios directos al turismo. Digamos que en un sistema cerrado perfecto en el que solo el estado ingrese las divisas, los aranceles no supondrían una ganancia real en divisas (el estado no estaría multiplicando realmente sus dos dólares). Pero si el dueño de un hostal también ingresa dos dólares, y los cambia en el banco por dos pesos convertibles (será necesario abstraernos del impuesto al dólar por un instante, como antes me abstraje del bloqueo), y si compra una lata de sardinas a un peso con cincuenta centavos, y si el estado ha comprado las sardinas por solo un dólar, entonces nos queda que al estado le queda un dólar y al dueño del hostal le quedan cincuenta centavos, es decir, el balance le da cincuenta centavos de beneficios al país. Entre más dinero exista en las arcas o en circulación, en teoría, más puede permitirse importar el estado. Sin embargo, una vez que existen pesos convertibles que no son convertibles, un aumento en la demanda no tiene forma de verse correspondido por un aumento en la oferta, y mucho menos por estrategias mayoristas, que en otras economías terminarían multiplicando las ganancias, y que en la nuestra solo traerían consigo pérdidas. La apertura del mercado mayorista para las cooperativas posee mayor utilidad simbólica que práctica.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Nuestro país, visto de una manera literaturizada, tiene que gastar cualquier dinero que ingrese en sardinas, y al mismo tiempo se ve en la obligación de crear dinero falso para pagarse a sí mismo el sobreprecio del arancel, a la espera de que en algún momento ingrese la divisa que dará validez al dinero que ha creado. Pero la divisa nueva hará falta para comprar más sardinas, cuestión que en definitiva el estado nunca se podrá quedar con los beneficios: en una economía convertible, la ganancia en términos de importación está en lo que se queda inmediatamente en las arcas y no en lo que se va a ingresar luego, billetes sin valor, y nuestra bola de nieve no va a permitir nunca que quede algo en las arcas.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Hasta ahora hemos dejado fuera una infinidad de factores que complejizan la situación. En la fábula importamos las sardinas sin gastar combustible ni trabajo humano, las divisas no se escapan de nuestro país (cada vez que un simple viajero quiere cambiar un peso convertible por su equivalente en dólares el estado cubano se pone las manos en la cabeza, porque contrario a lo que se suele pensar, el cambio lo perjudica enormemente), no hay robos en las tiendas o en los almacenes y sobre todo, no existe ese término que hemos invisibilizado hasta ahora en la ecuación: el peso cubano. Cuba tiene al final un mercado interno, eso significa que constantemente está generando valor. Supuestamente el peso cubano es la expresión de ese valor, pero se encuentra inmóvil ante el peso convertible, como si la economía cubana no tuviera ascensos y descensos con respecto a las de otros países. La empresa privada, que hasta ahora no se dedica a las exportaciones y por tanto no recibe divisas de manera directa (la mayoría de los turistas cambia su dinero al llegar a la isla) aporta valor al peso cubano, aunque a menudo opere con pesos convertibles.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Supongamos que un turista cambie dos dólares por dos pesos convertibles, y que gaste sus dos pesos convertibles en un mojito, y que el cubano hipotético que le vendió el mojito los gaste en la ya folclórica lata de sardinas, que cuesta un peso convertible con cincuenta centavos, y que el estado importa por un dólar. Hasta ahora, notemos, el estado ha ganado supuestamente cincuenta centavos de dólar y un peso convertible con cincuenta centavos. No podrá usar ese peso convertible hasta que no vuelva a ser respaldado por un dólar. Pero ya sabemos que las cosas no funcionan así. Probablemente, aunque el turista solo entregara dos dólares, saldrían a la calle tres pesos convertibles, el tercero de ellos a la espera de un respaldo. Ahora viene lo realmente interesante, ¿qué pasa si el preparador de mojitos por cuenta propia decide comprar, por un peso convertible con cincuenta centavos, un pescado recién sacado del agua por su vecino, en lugar de una lata importada? ¿Qué pasa si el pescador gasta el dinero en una cantidad de tomates locales? ¿Qué pasa si el campesino lo gasta en un mojito igual al que compró el turista? Imaginemos una situación límite, de carácter fantástico, en la que la cadena siga y el dinero nunca regrese a nada producido fuera del país. La moneda que se quedaría con ese valor sería el peso cubano, y a la larga, entre más se desarrollara la economía local, entre más cosas pudieran ser compradas con un peso cubano, menos pesos cubanos se necesitarían para obtener un peso convertible. Si cada uno de los dólares ingresados al país no saliera nunca en concepto de importaciones, tarde o temprano en las arcas terminaría habiendo más dólares que pesos, y comenzaría a hacer falta muchos dólares para obtener un peso. Claro, todo lo anterior es una mera abstracción, lo más importante es entender cómo funciona la balanza una vez que interviene en ella el mercado interno (también funciona al revés, supongamos un caso extremo de una economía en la que termine habiendo menos dólares y más pesos).</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">La empresa privada cubana, que se limita fundamentalmente a la rama de los servicios, es poco estimulante con el mercado interno porque los servicios en general suelen ser poco estimulantes con el mercado interno. En un país compuesto solo por bares el dinero de las personas saldría rápidamente de las fronteras nacionales, puesto que sin importar cuánto adoren los bartenders gastar su salario yendo a los bares de otros bartenders, tendrían que comer productos importados y vestirse con productos importados e incluso vender y comprar cerveza importada. De hecho, es muy fácil observar que un país compuesto solo de bares podría sostenerse únicamente gracias a la inyección de divisas del turismo. Entre más dinero entrara por concepto de turismo mejor vivirían los habitantes, la relación sería aburridamente sencilla. No existiría mercado interno y por tanto no existiría un verdadero desarrollo, la isla seguiría destinada a servir a los habitantes de la isla productora de alimentos, la productora de ropa o la productora de cerveza. En nuestro caso, los dueños de la mayoría de nuestras empresas privadas más fuertes no son cubanos, sino extranjeros, que sacan el dinero de la isla y por tanto frenan el desarrollo local.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Hay convenios subterráneos entre los cubanos de la isla y los de la Florida que permiten estas silenciosas transacciones. Digamos que un cubano en la Florida quiere mandar cien dólares a un cubano de la isla. En vez de utilizar el procedimiento corriente, le da los cien dólares al dueño de un restaurante habanero, que vive en la Florida, y luego el representante, que maneja el negocio en La Habana, le da noventa y nueve pesos convertibles al cubano de la isla. El dinero ha entrado sin entrar, y ha salido sin salir. El dueño del restaurante ha convertido sus pesos convertibles en dólares y los ha sacado del país sin que nadie se haya percatado. Al no ingresar los dólares por la vía corriente, al no llegar nunca a las manos del estado, esta remesa es solo una redistribución de la riqueza <i>ya existente</i> en Cuba, pero no una verdadera inyección de capital. En la práctica hace que los beneficios de esta hipotética empresa privada ayuden más que nada al desarrollo de la Florida.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Y lo anterior se relaciona con una situación curiosísima. Las empresas privadas cubanas más fuertes tienen un pequeño dilema: no saben qué hacer con sus beneficios. El capitalista cubano solo puede tener un negocio de manera legal, así que no puede invertir en una franquicia, por ejemplo. En teoría podría guardar el dinero en un banco cubano o despilfarrarlo en una serie de comodidades, pero como es lógico, rara vez nuestro capitalista se rinde con tanta facilidad en su búsqueda de agigantar su capital. Saca el dinero del país, lo cual es malo para la economía, o invierte en un segundo negocio con un falso propietario. Y en apariencia se hace un bien público cuando se le impide al capitalista montar nuevos negocios, pero recordemos que estos negocios crearían empleos y dinamizarían la economía. Al final el dinero inmóvil produce estancamiento, por lo tanto el capitalista tenderá siempre a seguir invirtiendo y engrosando sus cuentas, y si no lo hace, frenará entonces el desarrollo local. La propiedad privada como móvil económico genera este diabólico ciclo: sin importar cuánto maquillaje se le ponga, el crecimiento va de la mano con un ascenso en las diferencias sociales.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Esto es lo que nunca van a entender ciertos reformistas del capitalismo. Es posible un breve crecimiento económico separado de un ascenso en las diferencias sociales, pero solo en tanto convivan una serie de pequeñas empresas privadas, que por simple competencia tarde o temprano comenzarán a fusionarse y a hacerse más grandes, rentables y productivas, y por tanto ofrecerán beneficios mayores a sus cada vez más selectos propietarios, que se verán en la obligación de ampliarse y crear nuevos empleos. Y si se intenta regularlos para recuperar los antiguos indicadores de paridad salarial, se verá frenada la economía. Un dilema que en algún punto debió estar presente durante la primera etapa de la crisis venezolana. Curioso que la monopolización (contra la que existen leyes en Estados Unidos) y la progresiva separación entre propiedad y gestión en las últimas décadas de capitalismo desdeñen el proyecto socialdemócrata, pero secretamente reafirmen un proyecto socialista de propiedad estatal, ya he escrito sobre el tema. En definitiva con esto quiero decir que en ningún futuro cubano debe contemplarse una primacía del sector privado, porque generaría capas de poder económico hereditario, que anularían la justicia social según la cual cada individuo debe tener aquello que se haya ganado personalmente. El socialismo, ya lo he dicho, es el intento por combatir la brutalidad del determinismo social del sistema capitalista.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Una lógica tradicional resolvería el problema ampliando el sector privado hacia la producción, lo cual ralentizaría el ciclo de consumo (como ya vimos arriba) y daría valor al peso cubano. Uno de los grandes mitos económicos de la Cuba contemporánea es que un aumento en los gastos por concepto de importación de materias primas causaría una debacle en la balanza, a menos que se viera compensado por un aumento en la exportación. En realidad sería una debacle si se importaran más televisores y muebles de cuero, pero si solo se importaran materias primas, las fábricas estarían demorando la estancia de las divisas en las arcas, porque (esto es un ejemplo) las personas estarían comprando televisores y muebles de cuero que no habría que importar a la larga. En realidad, abrir las importaciones de materias primas a la empresa privada ayudaría a la balanza comercial, porque los beneficios, el plusvalor de los televisores y los muebles se quedaría en la isla. La razón por la que debe mirarse con cuidado una ampliación del sector privado hacia la producción no es la balanza comercial, sino la sociedad.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">La apertura de fábricas privadas de enlatados, zapatos y cosméticos se podría conseguir desviando ciertas inversiones privadas, ahora enfocadas en los servicios, y desviando la mano de obra de una variedad de empresas estatales, desde fábricas hasta notarías, tiendas y escuelas. Si el estado no puede simultáneamente triplicar el salario de sus trabajadores, deberá verlos marchar en masa hacia el sector privado. Y esto es negativo para el propio sector privado. Pensemos en un servicio subvencionado como la electricidad (subvencionado no significa que se da gratis, sino que en teoría sus costos estarían deducidos de los salarios del sector estatal, tal como la salud, la educación o la impresión de libros). El estado no puede aumentar el precio de la electricidad sin perjudicar a millones de cubanos, y no puede pagar más a sus trabajadores eléctricos sin aumentar el precio de la electricidad. La razón por la que los trabajadores de la electricidad, la telefonía, la justicia, las oficinas de impuestos, los centros culturales y deportivos, los abundantes museos, los teatros, las bibliotecas, las estaciones de policía, las bases aéreas y de tanques, los guardafronteras, la televisión y la radio, los ferrocarriles, las universidades, los círculos infantiles, los hospitales, no se van de donde están es en parte porque los empleos del sector privado están siempre cubiertos. Cuba debe transformar su economía subvencionada tarde o temprano, a fin de hacerla más rentable. Si abre las dos puertas a la propiedad privada sin haber tomado medidas antes habrá un colapso en el cual las empresas privadas ya existentes saldrán perjudicadas. Amigables socialdemócratas, subrayen estas líneas. Esto no sería un problema tan grave en un país en el que constantemente creciera la fuerza laboral: en el nuestro, en el que tiende a disminuir, tendría consecuencias nefastas.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Lo otro es que incluso si tal colapso no se produce, o se produce de una manera parcial, que solo afecte a los más desfavorecidos (y esto por supuesto rara vez importa al capitalista), la naturaleza misma del capital privado construirá con el paso de las décadas particiones definitivas en la sociedad cubana. La imposibilidad de las clases más bajas de trascender lo que la economía ha dispuesto para ellas es un problema esencial en el capitalismo, y sobre todo en los países del tercer mundo. Clases más bajas terminan engendrando generaciones con menos probabilidades de superarse a sí mismas. En el Tercer mundo, las trasnacionales se quedan con los mayores beneficios, y al sacarlos de un territorio (en lugar de reinvertirlos en el lugar y crear más empleos, lo cual sería más inteligente y a la larga hasta más rentable) terminan por condenar a sus habitantes al atraso. Es muy probable que la salida de los beneficios en muchas empresas privadas cubanas limite el desarrollo local. De hecho, en algún punto, las actuales firmas del estado con empresas extranjeras, si bien son necesarias porque atraen inversiones, en el fondo causan dependencia y estancamiento. Recordemos el ciclo idílico del vendedor de mojitos, el pescador y el campesino: el cambio del peso contra la divisa empeora si el vendedor de mojitos, el pescador y el campesino tienen que dar casi la mitad de sus ingresos a un inversor extranjero, más que nada porque el inversor no gastará su parte en mojitos, pargos o tomates locales. Lo que sucede en nuestra desnutrida economía es que necesitamos vasos, cañas de pescar y tractores que no podemos pagar nosotros solos. La inversión extranjera en Cuba es necesaria por la misma razón que la empresa privada es necesaria.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">Dentro de las múltiples razones por las que la empresa privada se comporta de momento como más eficiente en nuestro país que la estatal (además de la única tasa de cambio, que le permite una mayor liquidez y la capacidad de gestionar sus propios gastos) está que ha conseguido inversiones extranjeras rápidas. Se ha divulgado mucho la idea de que un negocio necesita ser privado para ser eficiente: si los restaurantes y bares estatales a principios de la década pasada hubieran tenido la inyección constante de capital que los gastos sociales impedían proyectar, si hubieran podido gestionar su dinero sin las trampas de la multiplicidad cambiaria y pagar a sus trabajadores salarios semejantes o superiores a los de los restaurantes y bares privados de hoy, no quepa duda que hubieran florecido a la perfección. Repito que el mundo capitalista ha separado desde hace muchos años la gestión de la propiedad. No hay razones para que nosotros no aprendamos de ello. Abrir las puertas de la industria a la propiedad privada sería un suicidio, porque aumentaría exponencialmente muchos problemas que ya existen: luego de una crisis que afectaría a los sectores más desposeídos (y me atrevo a decir que a las capas más viejas de la sociedad cubana, a las que no se les suele dar cabida en la empresa privada), se vería la solución en privatizar ferrocarriles, telefonía, televisión (bajo la excusa de hacerlos más rentables), se agravaría la crisis y probablemente, en el mejor de los casos, vendría un gobierno populista que basara su imagen en valores del pasado, pero que en el fondo estuviera pactando con los grandes capitales privados del país. Todo esto lo digo dejando a un lado cualquier preferencia política, trato de ser objetivo. Muchos discursos que piden <i>apertura</i>, incluso con las mejores intenciones, desean la apertura de la rama productiva a la empresa privada sin entender sus consecuencias globales, guiándose por el presentimiento de que si lo que se ha hecho no ha salido tan mal la solución es seguir haciéndolo con más fuerza.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">La empresa estatal debe desligarse de una vez de una serie de impedimentos tontos para asumir la rama productiva con todas sus potencialidades (que al parecer no entiende, cegada por los beneficios rápidos del turismo, mientras el capitalista <i>sí</i> lo hace, y aquí está el peligro). En cuanto a la empresa privada, sería contraproducente tratar de mutilarla a estas alturas y lo mejor es darle libertad dentro del sector de los servicios (que en una economía sensata no tiene primacía). Puede crearse un mecanismo especial que le facilite la importación de muchos productos que no encuentra en las tiendas. Aquí hay un negocio millonario para el propio estado. En cuanto a los beneficios de las empresas privadas más fuertes, que se estancan, se van del país o se reinvierten de manera ilegal, creo que hay una forma más inteligente de conducirlos. Ahora mismo un capitalista cubano puede tener un único restaurante que ingrese cinco mil dólares en una noche, pero está incapacitado para tener dos puestos de venta de churros. La ley que impide al capitalista cubano tener más de un negocio cumple dos objetivos fundamentales: primero, que no se formen monopolios que terminen asfixiando a los pequeñas cafeterías, segundo, que no existan grandes diferencias sociales. Pero en la práctica ya hemos visto lo que sucede. Mejor sería, por ejemplo, que se aplicaran impuestos bien diferenciados dependiendo de lo que el capitalista ingresara (en esto sí se puede aprender de las socialdemocracias nórdicas). Haciéndolo, los fiscales no tendrían que hacerse los ciegos ante los fraudes evidentísimos que se cometen todos los días en nuestro país. Si en Cuba se aplicara la política fiscal no sueca, sino americana, habría unos cuantos emprendedores sancionados. Tendrían que poner a su nombre los negocios que tienen a nombre de otros, y por tanto pagar impuestos mucho más altos, que el país necesita con urgencia.</span></p>
<p align="justify"><span style="color:#000000;">El artículo es largo e implica un campo en el que soy un intruso, la economía. En el mejor de los casos, espero, sirva para mostrar perspectivas que suelen excluirse con frecuencia en los debates sobre la apertura o no a la propiedad privada. Sirva este comentario como epílogo.</span></p>
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		<title>El color engañoso de los mapas. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jul 2018 14:48:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Ávila Villamar]]></category>

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		<description><![CDATA[Donald Trump y sus seguidores podrán robarse los titulares por el momento, pero el resto de los Estados Unidos existe y merece celebrar, este cuatro de julio, su existencia. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63370">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-633710" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/09/usamapa.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span class="_5yl5" style="color:#000000;">Miles de cubanoamericanos votaron por el ahora presidente republicano Donald Trump. No porque quisieran una política de mano dura con Cuba, sino por la brillosa promesa de que en los próximos años ellos iban a ganar más dinero. Creo que es una manera bastante sencilla de resumirlo. No pretendo juzgar, sin embargo, un asunto que es más bien idiosincrático. Muy probablemente esos cubanoamericanos, que dieron su apoyo a un presidente neofascista, estuvieran pensando gentilmente en ganar más dinero para ayudar a sus familias en Cuba. Muchos de esos cubanoamericanos quizás no llevaran tanto tiempo en el país como para saber que los presidentes rara vez cumplen sus promesas electorales. </span><span id="more-63370"></span></p>
<p><span class="_5yl5" style="color:#000000;">Encuentro un elemento, no obstante, que me consuela. Y es que ya hay unos cuantos arrepentidos. Otro elemento me consuela todavía más: que algunos cubanoamericanos eran fieles defensores del socialdemócrata Bernie Sanders, un hombre que se atrevió a elogiar el sistema cubano. Porque después de todo, Estados Unidos no es Donald Trump, ni fue Reagan, ni fue Nixon, y esto no podemos olvidarlo. </span></p>
<p><span class="_5yl5" style="color:#000000;">Estados Unidos es un país de más de trescientos millones de habitantes. Tener el apoyo de un mero quince por ciento de la población es numéricamente hablando semejante a contar con el apoyo total de Argentina. Estados Unidos es un conjunto de países bien dispares que se vende al mundo como una nación íntegra y terminada. La unanimidad que solemos ver en el color del mapa es tremendamente engañosa. No se trata, siquiera, de una cuestión de partidos políticos. </span></p>
<p><span class="_5yl5" style="color:#000000;">Mientras alguien lee estas líneas, hay círculos de poder que les interesa exportar alimentos al insatisfecho mercado cubano, y no porque les importe en lo más mínimo Cuba (entre más ineficiente sea nuestra agricultura, mayores serían sus ganancias). De igual modo hay movimientos por los derechos humanos, en los que participan personas honestas, que creen en la propaganda anticubana y llaman a nuestro gobierno una dictadura. No todos los americanos que quieren que quiten el bloqueo están preocupados por el pueblo cubano. Y a la vez, no todos los que apoyan el bloqueo son ruines y odiosos. Nosotros tampoco somos el centro del mundo. Una realidad compleja y cambiante escapa a veces a nuestros problemas.</span></p>
<p><span class="_5yl5" style="color:#000000;"> El color homogéneo del mapa de los Estados Unidos esconde también los movimientos contra la discriminación racial, por la igualdad de género, por los derechos de los homosexuales, por la libertad religiosa… Esconde los movimientos por la paz, por la no proliferación nuclear, por el medio ambiente. Esconde las gigantescas manifestaciones contra el sistema financiero corrupto y contra la desigualdad social. Esconde la pluralidad de culturas que ha propiciado la inmigración a través de los siglos, y en la cual se fundan los Estados Unidos. La misma inmigración cubana (no lo olvidemos) ha sido parte de los Estados Unidos desde mucho antes del Triunfo de 1959. </span></p>
<p><span class="_5yl5" style="color:#000000;">Donald Trump y sus seguidores podrán robarse los titulares por el momento, pero el resto de los Estados Unidos existe y merece celebrar, este cuatro de julio, su existencia.</span></p>
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		<title>Subvención y competencia. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jun 2018 11:13:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La causa primera de nuestras ineficiencias económicas, sospecho, no está en la primacía de la propiedad estatal sobre la privada, como argumentan algunos, sino en la primacía de la economía incompetente sobre la que se ve obligada a competir. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63120">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-631210" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/05/comedor.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">Partiré de un ejemplo simple que habrá sido objeto de debate en no pocos centros educativos durante las reuniones previas al oportuno, afortunado Congreso de la FEU, próximo a celebrarse: las habituales quejas acerca de la comida en las residencias estudiantiles. Al asunto suelen buscársele soluciones, no hay duda. Se hacen chequeos, se aumenta la exigencia, se habla con los trabajadores, se expulsan los incorregibles, se contratan nuevos, hasta se pintan las paredes y se da uno que otro postre inesperado en una fecha significativa. Pero a los dos meses el comedor suele regresar a su estado original, y la lucha de los estudiantes debe comenzar de nuevo. Los fallos no son producto de incidentes azarosos, hay condiciones permanentes que los engendran. Las sugerencias son importantes para un centro de trabajo, pero no puede recaer todo el peso en ellas, es como si un cuartel de bomberos necesitara que una familia se quemara cada tantos días para volver a tomarse en serio el trabajo.</span><span id="more-63120"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Las condiciones permanentes que engendran la ineficiencia suelen analizarse con cierta superficialidad. La falta de liquidez de nuestras arcas, los bajos salarios, el bloqueo, las tormentas tropicales, son fenómenos que sin dejar de ser reales, y sin dejar de ser sustantivos, no me parece que tengan toda la culpa. Creo que la culpa matriz existió desde mucho antes de los años noventa, y seguirá frenando nuestro desarrollo incluso si se acaba el bloqueo, si ponemos en verde la balanza comercial o si inventamos una barrera contra huracanes, creo que la culpa yace en la anulación involuntaria de la responsabilidad o la competitividad, al pensar lo económico separado de lo social. En la práctica eso es lo que produce que los llamados sectores sociales sean devoradores implacables de recursos, y consuman por su cuenta una parte tan significativa de la fuerza de trabajo cubana. Me explicaré.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El estado cubano tiene el deber de garantizar una educación universitaria gratuita en todo el país. Tiene el deber, por consiguiente, de ofrecer albergue y comida a los estudiantes de los municipios más remotos, inversiones indirectas en el progreso colectivo. Si no lo hiciera, la igualdad de oportunidades se vería radicalmente afectada, y se perderían numerosos talentos. En la práctica, hay una minoría de estudiantes con recursos que no duda en alquilar un apartamento y comprar y cocinar su propia comida. Otra sección nada despreciable, quizás más de la mitad de los albergados, se resigna a permanecer en los edificios estatales, pero compra y cocina su propia comida, y va a los comedores solo cuando no tiene otro remedio. Sin embargo, cada año el presupuesto universitario debe contemplar la comida de <em>todos</em> los estudiantes: si dividimos ese presupuesto por el número total de estudiantes becados, y por el número de meses, tendremos una hipotética dieta que no se paga en efectivo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Aunque a nivel general se piense poco en ello, la generosa tasa de cambio del sector educativo encubre los verdaderos gastos del estado, gastos millonarios en importación de alimentos. Imaginemos lo que cuesta importar la comida diaria de cada estudiante becado cubano, su refrigeración, el salario de los almaceneros, los choferes, los auxiliares de limpieza y el personal de la cocina. Imaginemos todo lo que se pierde en el camino, por un instante, y adicionémosle lo que en la práctica no se consume, puesto que tantos estudiantes no van a los comedores. Ese gasto millonario para que al final, con mucho sacrificio, los padres de los estudiantes tengan que costear su alimentación, como si la infraestructura estatal fuera inútil. La solución más torpe, que por cierto, se aplicó en algunas secundarias del país hace años, sería obligar a los estudiantes a recibir, aunque una parte de ellos no la comieran,  la no apetecible merienda pagada por el estado. Más razonable sería presionar a los cocineros, pero está comprobado que, al sentir que están haciendo un <em>favor</em>, incluso si no roban, tarde o temprano descuidan su trabajo. No ganan más ni ganan menos dependiendo de cómo cocinen, no compiten con nadie, están condenados al estancamiento.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">No tengo la menor duda de que una amplia mayoría de los estudiantes becados preferiría que el estado les pagara una dieta equivalente al dinero que gasta de manera individual en su alimentación, contando las importaciones que debe hacer en divisas. El comedor podría pasar a ser un restaurante estatal, bien regulado, que se centrara en el mercado de los estudiantes pero que se viera obligado a ser rentable, sin las truculencias de las distintas tasas de cambio. La competencia haría mejorar su calidad de manera inmediata.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Existió la visión de que es preferible mantener un sistema colosal de cafeterías y comedores subvencionados, círculos sociales, villas recreativas, transporte institucional, un cúmulo inmenso de gastos que además roban mano de obra y generan una economía incompetente, es decir, que no se ve obligada a competir. De cuántas cosas que deberían estar fuera de su responsabilidad se ve aun obligado a ocuparse cada ministerio. Todos los centros laborales creían estar siendo benévolos con sus trabajadores, pero en realidad estas supuestas gratuidades sí se pagan, las pagamos todos de algún modo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">El fenómeno es independiente del bloqueo y de los huracanes, aunque no lo dudemos, está en estrecho vínculo con nuestro complejo sistema monetario. Las transacciones de dinero de nuestro país están regidas por mecanismos diabólicos que tarde o temprano serán cambiados. Me parece oportuno repasar desde ahora potencialidades que podrían ser utilizadas haciendo simples cambios burocráticos. No hace falta la unificación de la moneda para hacer un cálculo, basado en la tasa de cambio, de la cantidad real de pesos cubanos que se gasta en la alimentación de los estudiantes, y hacer entonces un plan de redistribución interna de presupuesto.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Sospecho que, incluso, sería preferible que cambios semejantes se hicieran antes de la eventual unificación monetaria. Se podrían así estabilizar mínimamente los precios y las gestiones en sectores clave, antes de la posibilidad de un golpe abrupto. Algún día, quizás, la subvención deje de ser vista como sinónimo de socialismo. La causa primera de nuestras ineficiencias económicas, sospecho, no está en la primacía de la propiedad estatal sobre la privada, como argumentan algunos, sino en la primacía de la economía incompetente sobre la que se ve obligada a competir.</span></p>
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		<title>Páginas lamentables. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jun 2018 17:49:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Ávila Villamar]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Ravsberg]]></category>
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		<category><![CDATA[La Joven Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Alejandro Hayes]]></category>

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		<description><![CDATA[Lamento estas páginas. No escribirlas, sin embargo, hubiera sido una falta a la verdad y una imprudencia. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63096">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-630970"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">He pasado mucho tiempo escribiendo sobre la economía cubana, a veces meros apuntes, a veces artículos extensos e irresponsables. El más extenso e irresponsable que he escrito, desde un punto de vista teórico, se lo mostré a Iroel Sánchez hacer alrededor de un mes y le pedí su opinión para publicarlo en La pupila insomne. Me hizo una serie de señalamientos y me recomendó algunas lecturas, a fin de perfeccionarlo. Al final al texto le faltaba todavía cierto rigor económico y optamos por dividirlo, y publicar en un futuro artículos más minuciosos sobre cada uno de los temas que trataba. Nunca pensé que alguien utilizaría una tergiversación de esta historia intrascendente para fines detestables.</span><span id="more-63096"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Miguel Alejandro Hayes, con quien mantuve una amistad de siete años, compartió hace un par de semanas en el blog La Trinchera el artículo «<span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2018/05/07/apuntes-de-pose-y-postura-carlos-avila-villamar/">Apuntes de pose y postura</a></span>», publicado originalmente en La pupila insomne, porque yo le pedí que lo hiciera, básicamente. El artículo, que escribí sin resentimiento y hasta con algún humor, criticaba entre otras cosas la frivolidad de la pose de La Joven Cuba, a la que comparaba, por ejemplo, con la revista El Estornudo, agresiva pero interesante. Sin consultarlo, Miguel agregó una nota editorial que explicaba que mi opinión difería de la de los editores del blog. Hasta entonces yo me consideraba uno de los editores del minúsculo blog La Trinchera, al que había ayudado a crear. Me sentí insultado porque notas similares no habían aparecido en artículos, creo yo, mucho más discutibles. Hubiera sido mejor la honestidad, que simplemente me dijera que prefería quedar bien con otra persona antes que conmigo, pero supongo que fue demasiado pedir. Discutimos por eso y por una entrevista que concedió a Fernando Ravsverg. Le propuse continuar nuestra amistad, pero que no me volviera a pedir ayuda en ningún proyecto de tema político. Al dejar de ofrecerle beneficios inmediatos, dejó de llamarme.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Decidió publicar ayer <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://jovencuba.com/2018/05/31/la-hora-del-debate-economico/">un artículo</a></span>, otra victimización, que comenzaba con la referencia a un amigo, al que el malévolo Iroel Sánchez había censurado un texto de tema económico. No hubo tal censura, pero me dolió sobre todo que utilizara la historia de fondo que le confié en su momento. Miguel se había leído el texto, porque es natural que un estudiante de cuarto año de Letras pida toda la ayuda que pueda antes de publicar algo así. Semanas después me preguntó por él, al no verlo publicado, y le expliqué la idea de dividirlo en secciones independientes, que pudieran pensarse y argumentarse mejor. Estaba trabajando en ellas cuando leí decepcionado el comienzo de su artículo, una invitación a la polémica barata. No podía creer que fuera la misma persona con la que había compartido el criterio un mes atrás de que la polémica entre La pupila insomne y La Joven Cuba no estaba yendo a ninguna parte.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Curioso que un victimizado como Miguel sea el que se dedique al ataque directo a otras páginas, y a la defensa falsa y oportunista de aquellos que insensatamente sigue llamando sus amigos. Nueve de cada diez artículos de La Joven Cuba son llamados a la unidad y reclamos por los supuestos prejuicios contra sus ideas, pero rara vez nos dicen demasiado de esas ideas. Lo único que importa es vender una postura de racionalidad y concilio, y lo único que le importa a Miguel es publicitar su nombre, incluso a costa de difamar a otros. Bien por él, ha conseguido la polémica que necesitaba. En el fondo adorará a Iroel. Me duele pensar que como todos los demagogos, demanda un demonio al que oponerse, y demanda fabricar un mito alrededor de ese demonio.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Lamento estas páginas. No escribirlas, sin embargo, hubiera sido una falta a la verdad y una imprudencia. Solo quiero decir algo más, algo que se aleja un poco de esta desagradable minucia: uno de los riesgos de entender la historia humana como una sucesión que lleva a una gloria terrenal es, en favor de esa gloria terrenal en el fin de los tiempos, adjudicarse el pensador las facultades necesarias, de manera estrictamente pragmática y maquiavélica, convencerse de que la traición, la cobardía o el vicio, si son suyos, resultan por tanto males necesarios. Pensaba que Miguel conocía mejor ese riesgo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Digamos que dos bandos defienden dos causas distintas en una guerra. La postura pragmática dice que más vale ponerse en el lado de los que imagina vencedores, más todavía si el lado es contrario a tu causa, pues se necesitarán hombres que, desde la victoria, emprendan una nueva lucha por la causa verdadera. Más vale vivo que muerto. Sin embargo, si todos en el lado vencedor fueran pragmáticos, tampoco pelearían, he aquí la solución a la paradoja. Como cierto escritor ciego, prefiero la dignidad de las causas perdidas. Felicito a Miguel, que es capaz de desprenderse de tales grilletes literarios.</span></p>
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		<title>Los quince o el dilema entre realidad y representación. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2018 14:11:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Ávila Villamar]]></category>

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		<description><![CDATA[Triste destino el del espejo: espera ser fotografiado y en la foto no salen más que formas externas. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=62867">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-628680" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/05/quince.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">Uno de los fenómenos más lamentables y visibles del subdesarrollo radica en el divorcio ridículo entre objeto y símbolo, es decir, entre realidad cotidiana y representación. Ya ni siquiera nos extrañamos cuando en una cafetería las enormes y atrayentes imágenes de comida que se usan como decoración contrastan con la oferta, a veces pobre, a veces muy poco atractiva. Es de lo más común, pues, tener que aceptar una realidad incapaz de competir con la representación, o, visto desde otro punto, aceptar una representación que traicione de una manera tan hipócrita la realidad.</span><span id="more-62867"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">El caso de las fotos de quince me parece el ejemplo más burdo. No creo que exista un vínculo directo entre el subdesarrollo y la antigua tradición de celebrar el paso de una muchacha a la madurez. Las fotos de quince comenzaron en una época en la que el simple acto de tomarse una fotografía ya era un acontecimiento. Lo que sí me parece obvio es el vínculo entre el subdesarrollo y la monstruosa institución que hoy día constituyen Los Quince en nuestro país. Utilizo la mayúscula sin titubear. En nuestro país existe el Estado, el Matrimonio, la Iglesia y Los Quince. Se trata de una degeneración absurda que amenaza cada día los hogares cubanos. Tres cosas se esperan con antelación en el hogar cubano: la muerte, la boda y Los Quince de la niña. Las dos primeras cada vez se esperan menos.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Hace mucho que una foto no es un acontecimiento. Sin embargo, las actuales fotografías de quince, imitaciones de las fotografías de moda contemporáneas (que sí tienen una razón de ser, no hay duda) se siguen haciendo a causa de la presión social. La casi obligatoriedad de Los Quince (en Cuba son tan angustiosos y obligatorios para las mujeres como lo es el servicio militar para los hombres) y sus repercusiones en las reservas familiares no son el tema que me propongo abordar. La escala industrial con la que se desarrollan (esa es la palabra, porque Los Quince son primero que todo una industria) no me es tan preocupante como la idea en sí de las fotos. A las modelos profesionales (mayores de edad, por cierto) les pagan por posar semidesnudas y con miradas provocadoras. Las quinceañeras de un país subdesarrollado pagan por posar semidesnudas y con miradas provocadoras. Pagan para sentirse contratadas. ¿Cómo es que se acepta un hecho tan retorcido?</span></p>
<p><span style="color:#000000;">He abierto el artículo con el divorcio entre la realidad y la representación, que se agudiza en los países subdesarrollados. Es bastante obvio que Los Quince corresponden al nivel de la representación, que está situado siempre por encima de la realidad (los letreros de los cines, los menú de las cafeterías, las pantallas en los bares…). Analicemos las fotos de quince como aquello que verdaderamente son: representaciones, y tratemos de definir los puntos clave en ellas, para responder la pregunta.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Durante el siglo XX la mujer todavía era vista en algún punto como el ser destinado a acompañar al hombre, sexo fuerte, para toda la vida. Celebrar Los Quince de una mujer no era más que darla a conocer a la sociedad, presentarla como una futura buena esposa, como una futura buena madre. La mirada cándida, los entornos naturales, la sonrisa de unos labios que no habían sido pintados nunca…las fotografías intentaban entonces captar el momento singular (heredado de la simbología romántica del siglo XIX) durante el cual la futura esposa, la futura madre, aún conservaba la vitalidad infantil con la cual (probablemente) conocería a su futuro esposo. Tal vez esté simplificando un fenómeno cultural más complejo, pero creo tener un punto: durante Los Quince se buscaba probar la virtud de la nueva integrante de la sociedad. Los Quince en alguna medida, ya desde entonces, implicaban un conflicto económico, eran el instrumento de validación de una clase con respecto a la clase inmediata superior.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En las últimas dos décadas Los Quince han ido tomando fuerza como nunca en nuestro país. Casi despojados de su original utilidad sexista (la sociedad se ha ido abriendo considerablemente a partir de los años cincuenta, ahora el sexismo va por un camino contrario aunque en el fondo parecido: el de la provocación sexual) en nuestros días se atan a nuevas necesidades para poder subsistir, necesidades que, sin buscar eufemismos, llamaré de consumo. Los Quince desempeñan un papel fundamental en el hogar cubano porque, en el nivel de la representación, constituyen su termómetro de consumo. Las fotografías de quince no son otra cosa que la proyección de los deseos de la quinceañera y sus familiares en lo referido al estándar de vida. Ante el impedimento de concretar tal deseo, se acude a la representación, porque en última instancia la representación (incluyendo el arte, su variante estilizada) perdura o al menos se construye en un espacio que intenta estar fuera del tiempo. Las fotos de quince legitiman al final del recorrido un modelo de consumo que no puede sernos más ajeno, pero que a la vez no puede ya estar más insertado en el imaginario colectivo cubano.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Se trata de un pacto malévolo en el que la sociedad (que se ve a sí misma sin filtros tarde o temprano, no olvidemos) finge ser otra cuando está sobre el papel, y reúne todas sus fuerzas para hacerlo. La representación termina por devorar la realidad, termina por convertir la realidad en su esclava. Digo que es un fenómeno ligado al subdesarrollo porque en lo práctico, significa que las reservas familiares se agotan por un teatro que dura veinticuatro horas, en el cual se cumple con los incumplibles valores de consumo que a su vez se dictan en otras representaciones. Un ciclo sin fin.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La muchacha de catorce años come un producto en la cafetería que está divorciado de la imagen (a todo color y resolución) que lo representa, probablemente sacada de internet. Y a su vez la muchacha espera sus quince para comer tal producto, el de la imagen, por un bendito día, y grabar el video de la fiesta entre trajes de alquiler y costosas botellas de vino y bailes coreografiados que hace mucho no pertenecen a su realidad. Y espera un milagro ingenuo: la muchacha de esa forma espera ser feliz. Un ritual es una representación performática en cuyo interior subsiste siempre alguna mitología (la del hogar cristiano, la de la joven rebelde, la de la moda…), pues bien, los rituales del subdesarrollo suelen corresponder al deseo de la prosperidad material (un mito a fin de cuentas, que intenta relacionarse con algo tan esquivo e impredecible como la felicidad), el deseo de estar en ese sitio que solo en las representaciones existe.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Estoy pensando en ese espacio tan interesante que está hecho exclusivamente para las representaciones: las revistas de moda. Pese a que me considero poco experto en temas de moda, no puedo evitar disfrutar de las láminas inmaculadas de la revista Vogue. Los niños en el bosque de raíces perdidas, los amantes que no miran a ninguna parte, en habitaciones hechas de sombra y luz… El nivel extremo de perfección al que llegan las imágenes es absurdo si se le compara con el mundo real, con el polvo y con las personas de carne y hueso. Es un ejemplo maravilloso para ilustrar el divorcio entre objeto y símbolo, que termina por elevar a alturas inconmensurables al objeto falsamente representado. El lector (y hablo también del lector de Primer Mundo) se siente incapaz de alcanzar la realidad de las fotografías y desde ese momento se convierte en su esclavo. Así funciona un mito. ¿Qué quedará para el lector del Tercer Mundo, que admira con dolor estas o aquellas representaciones? ¿Qué decir cuando se trata de revistas cubanas, que presuponen que el objeto representado está al alcance o debe estar al alcance del lector, aunque a todas luces justo lo que se intenta probar en un nivel expresivo es lo contrario?</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Se suele simplificar la necesidad inducida con el ejemplo del anuncio del zapato, que provoca que el sujeto vaya a la tienda y lo compre. La verdad es mucho más atroz. El sujeto desea ser el personaje que porta el zapato en el anuncio, y con tal de conseguirlo irá a los restaurantes que supone que iría el personaje, intentará emparejarse con las personas con las que se emparejaría el personaje. Y todo esto en una escala aún más deprimente cuando se trata de un sujeto medio de un país subdesarrollado, que intentará vivir en una casa decente y tener un trabajo con una oficina decente, pero que de cualquier modo deberá transitar por una calle malhecha llena de sujetos malhechos, como el que vaga de oasis en oasis en medio del desierto.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Somos espejos en la constante búsqueda de sujetos a los cuales reflejar, en la constante búsqueda de proyectos a los cuales adscribirnos, y paradójicamente lo hacemos por la necesidad de trascendencia, por oscuro narcicismo. Triste destino el del espejo: espera ser fotografiado y en la foto no salen más que formas externas.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">(<a href="https://cachivachemedia.com/los-quince-o-el-dilema-entre-realidad-y-representaci%C3%B3n-d9044d86d92a"><strong><span style="color:#0000ff;"><em>Cahivache Media</em></span></strong></a>)</span></p>
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		<title>Apuntes de pose y postura. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2018 13:55:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Carlos Ávila Villamar]]></category>

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		<description><![CDATA[Recorriendo algunos sitios en internet que hablan sobre Cuba <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=62750">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-627510" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/05/pose.jpg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">Lamenté el bloqueo a la página de <em>El Estornudo</em>. En definitiva, cada tres largos reportajes vendidos dentro del empaque del periodismo narrativo, muy popular en estos días (no entiendo por qué, si en la mayoría de los casos resulta demasiado difuso como para ser periodismo, y demasiado aburrido como para ser literatura), había alguna opinión violenta, agresiva y francamente interesante. Leía <em>El Estornudo</em> porque me gustaba su relativo desparpajo: liberado de la pose moderada de <em>OnCuba</em>, Carlos Manuel Álvarez (a quien no conozco y de cuya moralidad no podré hablar, aunque pueda afirmar que ya desde <em>Cubadebate</em> había escrito textos magníficos) construyó un espacio reaccionario que merecía ser leído con atención aunque uno estuviera radicalmente en contra de lo que decía. Carlos Manuel Álvarez no tenía una pose, sino una postura, una a la que llegó tras un largo recorrido. A veces nuestros adversarios nos conocen más de lo que nos conocemos nosotros mismos (si es que puede llamarse <em>adversario</em> a alguien tan obsesionado por el Che Guevara que no encuentra otro concilio consigo mismo que tratar inútilmente de odiarlo, tarea difícil para el que lo haya leído). Lamenté el bloqueo de la página de <em>El Estornudo</em> porque en mi opinión era inofensiva, el periodismo narrativo solo es atrayente para aspirantes a escritores de periodismo narrativo, y los artículos de opinión resultaban más útiles al gobierno cubano que a la propia oposición de nuestro tiempo, que salvo el extraño caso de Ángel Santisteban es inmune a la literatura. Si yo fuera la CIA pagaría por un proyecto como <em>CiberCuba</em>, que entre chismes de reguetón y noticias poco fiables, de las que les encantan a las personas, recreara una opinión pública contraria al gobierno socialista. No pagaría un centavo, no obstante, por <em>El Estornudo</em>, que por su naturaleza jamás cambiaría el modo de pensar de demasiados cubanos. Los que lo leíamos, de un bando o de otro (y perdone el lector la dicotomía), teníamos claro qué encontrar allí.</span><span id="more-62750"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">***</span></p>
<p><span style="color:#000000;">No hablaré mucho de Yoani Sánchez, porque está pasada de moda y fundamentalmente porque no hay mucho que hablar de ella. Le tengo, lo confieso, cierto aprecio: gracias a todo el dinero que ha recibido del exterior ha disparado ella sola el salario del egresado promedio de la Facultad de Artes y Letras. Ya usted sabe, si no puede escribir una novela métase a crítico literario, y si no puede tampoco pues hágase famoso en Twitter.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">***</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Nadie debe olvidar que <em>OnCuba</em> no es como el resto de los llamados nuevos medios cubanos. No constituye un blog, sino una revista, y más que una revista su versión web constituye un pequeño diario, cubre un espectro amplísimo de noticias, tiene su propia cartelera, su sección de caricaturas, sus columnas fijas, está pensada como ese puente mediático que tarde o temprano debía construirse entre la isla de Cuba y la comunidad cubana en los Estados Unidos. <em>OnCuba</em> existía mucho antes de la visita de Obama. No es una página neutral, aunque por conveniencias de un lado y del otro se muestre de esa forma: dicho en pocas palabras la comunidad cubana en los Estados Unidos no es neutral. En ella hay una diversidad inmensa de intereses culturales, sociales y está claro, también económicos. Hay un error básico en pensar que <em>OnCuba</em> es hipócrita porque no publica editoriales de apoyo contundente al gobierno cubano, sería hipócrita <em>si lo hiciera</em>. Y otros lo hacen, que no quepa duda. Cuando escribía en <em>OnCuba</em> debía cuidar naturalmente el tono de mis textos, porque debían ajustarse no solo a un interés editorial, que sería la razón más evidente, sino a la sensibilidad de un extenso público, aquel que sostenía y todavía sostiene la revista. Creo que mentiría cualquiera que dijera que existen los medios donde los periodistas no tienen hasta cierto punto que encajar en una pose o una postura previamente acordada. Hugo Cancio es un hombre de negocios, a fin de cuentas. Si se quiere un acercamiento de <em>OnCuba</em> con el gobierno cubano nadamás habrá que conseguir un acercamiento de su público con el gobierno cubano, un giro en la política editorial de <em>OnCuba </em>se volverá entonces una mera cuestión de negocios. La contrarrevolución, ese sujeto abstracto, más que un movimiento definido me parece un malestar sociológico, cuyas emociones originarias son el resentimiento y el odio. Políticos diversos se han servido de ambos, pero por sí mismos constituyen estados irracionales y en ocasiones destruyen a aquellos que verdaderamente los sufren. Quiero pensar que <em>OnCuba</em> no cederá a las tentaciones del odio.<br />
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<p><span style="color:#000000;">***</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><em>La Joven Cuba</em>, el blog de Harold Cárdenas, no se encuentra movido por las razones por las que surgió <em>OnCuba</em>, digamos que abiertamente comerciales (llegar a un público amplio para luego recibir altas ganancias, publicitando una serie de productos, algo común en los Estados Unidos). La obsesión por los artículos cortos y sencillos (apenas la rápida explicación de títulos atractivos, bajo los cuales la gente puede comentar), el premeditado desinterés en hacer una crítica fuerte a una persona, institución o página web en particular que la merezca (no solo a <em>Cuba Posible</em>, hablando claro, sino a muchísimos fenómenos lamentables del país que un sitio como <em>El Estornudo </em>hubiera abordado gustosamente sin falsas cortesías), me llevan a pensar que Harold Cárdenas está más que nada interesado en posicionar <em>La Joven Cuba</em><em>,</em> y de paso su propio nombre, en las búsquedas de Google, dejando como objetivo secundario cualquier aporte real del blog dentro del debate político cubano. El juego de escribir textos brevísimos y ambiguos sobre temas supuestamente polémicos, y de leerlos tratando de encontrar pequeñas iconoclastias, subversiones, guiños, hace decaer rápidamente mi atención. Ese modo de leer entre líneas, pensando que el articulista calla una parte de lo que piensa, la más importante, supongo que también sea frecuente en el público de <em>OnCuba</em>, pero allí tendría una razón, la revista intenta no tomar partido a menos que desesperadamente necesite hacerlo, su naturaleza le exige que los articulistas no hablen de más ni por un bando ni por el otro (de nuevo pido disculpas por la dicotomía). Pero no encuentro motivos por los que <em>La Joven Cuba</em> deba imitar el sistema de <em>OnCuba</em>. Ya ha pasado el mandato de Obama y ahora su pose se vuelve un blanco fácil para aquellos sobre los cuales en su momento decidió callar. Ahora puede parecer fácil criticar a Harold Cárdenas por los que lo auparon, sin embargo no olvidemos que  hay un público que sigue su blog, defectos aparte, la postura  supuestamente antidemocrática y reformista de <em>La Joven Cuba</em> por la que le critican ha tenido éxito incluso en medio de su autocensura porque la pose “reformista” (conservar el socialismo) y “antidemocrática” (conservar la democracia socialista) al parecer es más popular, más <em>democrática</em> que tantas otras.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">***</span></p>
<p><span style="color:#000000;">A <em>La Pupila Insomne</em> me acerqué por primera vez porque no tenía dónde publicar <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/11/11/la-urss-y-la-nostalgia-por-carlos-avila-villamar/">cierto artículo de la nostalgia soviética</a></span>. Desde entonces seguí mandando cosas y seguí comunicándome con Iroel Sánchez, vía Facebook (no nos conocimos en persona hasta varios meses más tarde), y encontré en él muchísima más tolerancia de la que me habían referido prácticamente nueve de cada diez personas a las que había preguntado. <em>La pupila insomne</em> surgió en medio de una atmósfera terriblemente monocorde y agresiva en internet contra el socialismo cubano, una etapa donde el acceso de los cubanos a las redes era muy minoritario. Humanitaria e impunemente no pocos medios internacionales se encargaban de imaginarse cómo se pensaba en la &#8220;isla bajo el castrismo&#8221;, y de publicar esas literarias imaginaciones como si fueran verdades absolutas. Por suerte esos tiempos han ido pasando, al menos es más difícil la impunidad. Hace poco Iroel me preguntó cómo pensaba que podría mejorar su blog hoy día, le dije que para empezar haciendo una actualización radical a su diseño. Tú sabes de lo que te estoy hablando, me dijo entre risas. Bueno, contesté, quizás deba abrir sus propósitos iniciales, ser <em>más</em> que una respuesta a algo externo, ampliar el debate en su interior, <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/12/26/la-lenin-y-un-tren-llamado-dialectica-por-javier-gomez-sanchez/">como hicimos con el tema de la escuela Lenin.</a><span style="color:#000000;"> (Ver además del texto enlazado antes</span> <span style="color:#000000;">(<span style="color:#0000ff;">https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/12/13/dos-tercios-mas-dos-tercios-menos-por-carlos-avila-villamar/</span>)</span></span>afirmó con la cabeza. El blog <em>La pupila insomne </em>no paga colaboraciones, no tiene dominio propio, lo tiene que administrar Iroel alternándolo con el trabajo. No he encontrado pistas de que él sea<span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/09/08/los-desmanes-del-regimen-y-el-archipielago-farber-por-iroel-sanchez/"> como dicen ciertos personajes</a></span>, un agente de la seguridad cubana. Será muy eficiente, supongo.<br />
</span></p>
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		<title>Él quiere que faltes. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2018 14:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Ávila Villamar]]></category>
		<category><![CDATA[Donald Trump]]></category>

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		<description><![CDATA[Pero allí estaremos <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=62685">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-626860" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/04/trump.jpg"></div></div></td></tr></table><p><img class="aligncenter size-large wp-image-62686" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2018/04/trump.jpg?w=545" alt="" width="545" height="705" /></p>
<p><a href="https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1393850657383507&amp;set=a.704971226271457.1073741844.100002757594666&amp;type=3"><span style="color:#0000ff;">Del Facebook del autor</span></a></p>
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