Socialismo, Democracia Popular o Contrarrevolución. Por Fabián Escalante

 

Aún sin ser un estudioso, me precio de haber escuchado, leído o debatido los discursos, artículos y reflexiones de Fidel. En consecuencia, cada vez que algún acontecimiento de cualquier naturaleza, se presenta, que requiera análisis y comprensión, vuelvo a él, lo busco y encuentro la solución a mis preocupaciones o dudas, también el camino a seguir.

Nuevamente hoy, retomo algunas de sus ideas sobre la democracia socialista y el Partido, expresadas en el discurso de conclusiones del IV Congreso, las que me propongo sean marco a los criterios que al respecto deseo expresar. Además, ellas están en línea, con el enfrentamiento al complot enemigo en marcha.

En el citado evento destacó entre otros conceptos, que el sistema electoral cubano era el más democrático de los existentes, porque postulaba –sin politiquerías– a los candidatos a dirigentes desde la base o circunscripción hasta los diputados a la Asamblea del Poder Popular, máximo órgano de dirección del país. Además, con respecto al concepto de Partido único puntualizó la necesaria apertura de las filas a los creyentes y patriotas que aceptaran su programa, compartieran sus principios y fueran elegidos por sus colectivos. Enfatizó que en el Partido único, al igual que el creado por Martí para la “guerra necesaria”, debían caber todos los patriotas, los revolucionarios, los hombres y mujeres que desearan el progreso de nuestro pueblo.

En ellas quedaron explícitos para el futuro, los conceptos de Partido Único, Democracia y Socialismo y puntualizo que esta intervención data de 1991, en los inicios del período denominado especial, que devino, a causa del desmerengamiento de la URSS y los países Socialista de la Europa del Este y del oportunismo Imperial al pensar que también le habia llegado la hora final a la Revolución Cubana.

Aquel dramático suceso, –el desmoronamiento “socialista”– que en un escaso lapsus de tiempo transformó al mundo en unipolar, no fue el resultado del trabajo subversivo enemigo, aunque ellos se esforzaron en ese sentido. Fueron los errores políticos y económicos, las traiciones internas, el nacimiento y desarrollo de una casta burocrática con ropajes socialistas, el abandono de las ideas y doctrina marxista las causas principales de tal implosión, un proceso de aburguesamiento en el seno de las organizaciones comunistas de aquellos países.

Sin embargo, aun en aquellas circunstancias, nuestro Partido, como señalaba Fidel, se abría a todos los revolucionarios cubanos, a los patriotas, a los que deseaban el progreso de nuestro pueblo. Se reafirmó así, –en medio de la crisis económica y social señalada– en Partido de la Revolución Cubana y en su legítimo representante y por tanto, único, al agrupar en sus filas a todos los cubanos que deseaban prosperidad y continuar en la construcción de la sociedad socialista.

El camino emprendido en esta larga batalla, no siempre ha sido anchuroso y sin escollos, reveses, errores, deficiencias y tropiezos no han faltado, pero se ha rectificado a tiempo, en la mayoría de las ocasiones por alertas del propio Fidel y otros dirigentes.

La reciente crítica del Presidente Díaz Canel en la reunión con los Presidentes de las Asambleas Municipales del Poder Popular, donde manifestó que muchas de las medidas socio económicas que hoy se ejecutan para mejorar las condiciones de vida de comunidades afectadas, debieron tomarse con antelación, ha sido aleccionadora. También, el sano movimiento popular generado, en el cual el pueblo participa activa y conjuntamente con las instituciones, en la solución de viejos y nuevos problemas en el territorio y abren esperanzadoras expectativas.

Por tales razones, el perfeccionamiento del trabajo del Partido es fundamental en esta etapa, acercarse a las bases, comprender que la política debe y tiene que realizarse en los territorios en los cuales actúan las organizaciones partidistas. Es allí, en la comunidad, en los Consejos Populares, en las circunscripciones, donde el enemigo contrarrevolucionario ha decidido darnos batalla y ejemplos sobran.

Es en el territorio donde el Partido debe ser fuerte, inteligente, agresivo, erigirse en dirigente social, no por ukase, sino por autoridad ganada y para ello hay que fortalecerlo, incluyendo a los patriotas que acepten nuestro programa y sean representativos de la comunidad. Transformar el núcleo zonal en una fuerza de combate política e ideológica, que sea capaz de organizar el ENFRENTAMIENTO a la actividad subversiva enemiga, esclarezca a los confundidos, debata y escuche opiniones y conduzca a la sociedad en la construcción del Socialismo.

El enemigo, que conoce nuestras vulnerabilidades, se prepara para el ataque. En sus instituciones en el exterior ha formado cuadros y elaborado una estrategia de “golpe blando”. Se aprovecha del daño causado por el feroz bloqueo impuesto, la pandemia, la lentitud con que hemos implementado medidas económicas ya aprobadas, las dificultades del abastecimiento, a veces mal organizado por administradores incompetentes; un “ordenamiento” que en tales condiciones ha provocado inflación y desorganización, incluso en la economía familiar, errores aún pendientes de solución, han sido algunos de los factores por los cuales ha concluido que ha llegado la hora de derrocar a la Revolución, al ejemplo, a la esperanza.

Los primeros fuegos de la actual ofensiva fueron disparados frente al Ministerio de Cultura en noviembre del pasado año, después, al comprobar una débil respuesta incrementaron las acciones, continuadas en San Isidro, San Antonio de los Baños, Cárdenas, Centro Habana y otras localidades y llegaron al 11 y 12 de julio pasado, donde por medio de un uso intensivo de las redes sociales, agitando deficiencias, errores, inesperados cortes de la electricidad y el agua, agudización de la escasez de alimentos, atizando el terror contra la Revolución, la sobre dimensión de las acciones Imperiales para derrocar al gobierno y la ayuda necesaria de mercenarios que por una recarga telefónica son capaces de asesinar a policías, sabotear instituciones sociales, realizar saqueos- lograron provocar graves disturbios en varias localidades del país, incluyendo la capital, que tuvieron que ser enfrentados por los revolucionarios y las fuerzas del orden, comprometidas con el mantenimiento de la tranquilidad ciudadana.

Esgrimen un discurso en el cual los “derechos humanos”, el “debate abierto”, la “unidad de la familia”, la “democracia”, el combate a la represión policial, la libertad creativa, la aparente desaparición de las barreras ideológicas y políticas, son enarbolados. Mientras, el bloqueo multilateral Imperial impuesto a este pequeño país y la agresión terrorista sistemática, aun en tiempos de una terrible y dramática pandemia, está ausente, es inexistente, quizás, “un pretexto comunista”.

En sus afanes golpistas, el enemigo ha convocado una huelga general imposible para el 11 de octubre, día no laborable, en tanto las festividades del 10, fecha patria, al caer domingo se trasladan para el día siguiente, lunes 11 que es de asueto nacional. Luego, con una significativa e intencionada antelación, llaman para que el 20 de noviembre, fecha en que nuestras autoridades habían decidido la apertura al turismo internacional, realizar una “marcha pacífica” –la cual expresan la Constitución ampara–, algo equivoco y manipulado, en tanto la Constitución es clara y enuncia el derecho a manifestarse pero siempre con “fines lícitos y pacíficos” y ejercer tales derechos “con respeto al orden público y acatamiento a las preceptivas establecidas por la ley”. Además ella puntualiza, que la defensa de la Patria SOCIALISTA es deber supremo de todos los ciudadanos y que la traición a la Patria es el más grave de los crímenes. Más claro, ni el agua.

Plan contra Plan, propuso el Apóstol, y nuestras calles son del pueblo, son de los revolucionarios, porque la democracia es revolucionaria y socialista. Actividades como las que se realizaron en el parque Trillo, en respuesta al plantón ante el Ministerio de Cultura, ahora que se reabren los centros de estudios y laborales, pudieran ejercitarse, sin formalismos, buscando la espontaneidad, la autenticidad de la respuesta revolucionaria, sin cerrar el paso al debate, a la reflexión a la confrontación de ideas, siempre que sea posible.

Las organizaciones del Partido, sociales y de masas, los jóvenes, los mismos que han estado en la primera fila en el combate a la pandemia, pudieran generar un amplio movimiento, materializado en actividades públicas, de apoyo a la Revolución, al Socialismo, en defensa de nuestro sistema social, imperfecto, pero con decisivos logros en todos los campos de la esfera humana, para demostrar la fuerza de la Revolución, el apoyo del pueblo a sus realizaciones y a su programa, con su Partido Único a la cabeza, dirigiendo en la calle, en la comunidad, en el barrio. Pienso que ese es nuestro compromiso histórico, con la Patria y con Fidel.

Recordando a Silvio, en esta nueva batalla, me asaltan la memoria las estrofas finales del “Necio” estrenado en aquel IV Congreso: “yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui, allá Dios, que será divino, yo me muero como viví, como viví… “

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5 Responses to Socialismo, Democracia Popular o Contrarrevolución. Por Fabián Escalante

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  2. Rafael Emilio Cervantes Martínez says:

    Estamos trabajando en múltiples frentes, todos importantes, que en su conjunto determinan el curso de la continuidad de la Revolución Socialista Cubana, la de Fidel, de Raúl, la del compañero Díaz Canel. El imperialismo nos dice en los hechos y en las ideas lo que se propone lograr con Cuba en éste preciso momento en que hacemos el esfuerzo titánico para afrontar cualquier dificultad y no detenernos en la senda del desarrollo para el bienestar del pueblo cubano. Apoyo con plena convicción el ir todos los días al pensamiento de Fidel, estudiarlo en sus enfoques, verlo enriquecer su comprensión de cada asunto en una profundidad insaciable. Y en éste sentido nos dejó una comprensión extraordinariamente valiosa para comprender la política norteamericana hacia Cuba, sólo recuerdo a modo de botón de muestra su serie de reflexiones bajo el título El Imperio y la Isla Independiente. Tan pronto advirtieron que en Cuba se gestaban cambios revolucionarios desde la lucha contra la dictadura de Batista, captaron que se podía acabar el esquema neocolonial con que controlaban el país con la connivencia de clases explotadoras internas. Apoyaron a la dictadura, con bombas y muchas otras cosas para aplastar la insurrección popular y la Revolución triunfó a pesar del Ejército y del apoyo imperialista. Ya sabemos que con Cuba han aplicado el terrorismo de Estado inmisericordemente, organizaron cientos de atentados contra los dirigentes de la Revolución, la mayoría contra Fidel, organizaron las más macabras acciones militares, sabotajes y genocidio contra el pueblo cubano como recordaba hace unos días el compañero Cabañas Director del Centro de Investigación de Política Internacional del Minrex.¿Y porqué es directamente el gobierno norteamericano, uno tras otro invariablemente, el que se ha ocupado de ser el núcleo de la contrarrevolución al proceso revolucionario cubano?¿Porqué una potencia imperialista mundial asume el rol que se supone debe ocupar las clases sociales sacudidas de sus privilegios explotadores en Cuba? Porque están convencidos éstos elementos de las antiguas clases expropiadas no harán nada significativo por recuperar a Cuba bajo sus designios, porque saben que muy aptos para devorar los millones de dólares del negocio de la contrarrevolución, envuelto de discursos y alardes, no son fuerza política que pueda mover una sola cabilla del edificio de la Revolución. Tampoco creen en su declarado patriotismo que tiene su límite en jugarse el pellejo y su confort. Tampoco confían en que los asalariados que de vez en cuando reciclan en sus nóminas de pago, puedan convertirse en una fuerza política con base popular. Ahora vieron en la pandemia la situación precontrarevolucionaria que unida a las 243 medidas y el servicio de las compañías .0 podrían conducir a resultados diferentes. Una vez más se equivocaron en la apreciación política de la situación interna de Cuba. Hay reservas morales y políticas, hay una unidad y apoyo de la inmensa mayoría del pueblo a la Revolución que a prueba de las dificultades señaladas, en concreto, hay una fuerza revolucionaria organizada, lista para la defensa, en cualquiera sea el campo en que venga la agresión y lo subrayo, no hay fuerza en Cuba que pueda disputarle la hegemonía. Nadie puede llamarse a engaño de que el derecho que tenemos los revolucionarios a defender el sistema socialista hasta con las armas la mano es letra muerta. El derecho a perfeccionar la obra se gana con el deber de defenderla frente a sus enemigos.

     
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