¿Qué nos dice el Centrismo a estas alturas en Cuba? Por Jorge Ángel Hernández Pérez (+ Video)

 

Más en corredores mediáticos internacionales de cierto grado académico que dentro de Cuba, se ha intentado difundir la idea de que se está desarrollando una corriente centrista democrática en el ámbito político nacional. La pretensión es, en principio, artificial; una construcción desde la teoría que cuenta con el concurso de medios de divulgación que no abundan demasiado en sus bases, sino en el paquete de síntomas que hacen lugar común cuando de Cuba se habla. Desde la perspectiva estratégica con que se maneja actualmente la política convencional, no acudir a las bases –propias o del adversario a derrotar– es esencial. Solo así se entra en lo que se ha llamado la estetización de la política y se la convierte en ejercicio de banalización del trabajo por el mejoramiento de la sociedad.

(de izq a der) Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Bill Clinton (EE.UU.), Juan Manuel Santos (Colombia), Tony Blair (Reino Unido), Ricardo Lagos (Chile) y Felipe González (España) durante una reunión sobre “La Tercera Vía” en Cartagena (1/07/2014). Foto: AFP /Manuel Pedraza.

Las bases actuales de ese centrismo artificial se fundamentan en la llamada tercera vía política, globalmente impulsada por Tony Blair, aunque centrada en cinco puntos básicos desarrollados por el sociólogo Anthony Giddens, ideólogo por antonomasia de esta tendencia. Los cinco puntos de Giddens son:

  1. Dominio e implicaciones de la Globalización
  2. Banalización del significado de la izquierda y la derecha como posiciones políticas
  3. Individualismo como marco de los objetivos ciudadanos
  4. Descrédito de todas las mediaciones políticas
  5. Integración de los problemas ecológicos a la política social[1]

Su historia se remonta mucho más atrás en el tiempo, cuando la socialdemocracia europea buscaba la salida más ética, aterrada en verdad por el avance de los cambios revolucionarios que partían de las concepciones de Marx y Engels acerca del estado burgués y se hacían realidad con la Revolución socialista de octubre, de la cual Lenin era líder e ideólogo fundamental. Así, del mismo modo en que Max Weber propuso el protestantismo como opción a la revolución a la que Marx llamaba, la tercera vía de hoy intenta rescatar, con nuevo pedigrí, las normas contractuales del capitalismo, sobre todo a través del sistema de Partidos Políticos que legitima, en el propio sentido weberiano, el dominio de clase mediante un sistema que se auto titula democrático por antonomasia.

Acudir hoy a ello significa que se reconoce el callejón sin salida de las reformas hechas por el capitalismo global (por ejemplo, el llamado Estado de Bienestar o las proyecciones económicas de Keynes o Stiglitz), pero se acude a la utopía de una sociedad mejor a través de ese mismo capitalismo depredador de los recursos del Planeta, las posibilidades de la economía (grandes Consorcios concentran cada vez más la propiedad y la industria)[2] y el ejercicio del poder político (mediado por esos mismos monopolios empresariales). Desde la tercera vía se intenta, sobre todas las cosas, desacreditar la posibilidad de cambiar el orden de dominación política global que se sustenta en la reproducción del capital. Estado burgués y reproducción concentrada de capital están en estrecha vinculación y dependencia. Así, se busca neutralizar toda posibilidad revolucionaria y se garantiza la permanencia del contrato social con la ciudadanía. Se asume, por tanto, que la diferencia de clases es inevitable y que la sociedad congratula a los más aptos para la adaptación. El socialismo plantea, por su parte, la desaparición del estado como meta de partida hacia la nueva sociedad, lo cual dejaría sin esencia el concepto contemporáneo de la propiedad.

Los puntos focales en el individualismo de éxito son en realidad casos de excepción, como se hace con las leyendas de determinados individuos que gracias a los resultados de su gestión profesional han emprendido el camino de la concentración de capital hasta llegar a ser millonarios con mucho seguimiento mediático, farándula incluida. Sean programadores de software, artistas o comerciantes de bienes culturales, necesitan de que se ponga en marcha lo que Mészáros llamó el metabolismo social del capital.[3] Napoleón arengaba a su tropa asegurándole a los soldados que cada uno de ellos llevaba el bastón de Mariscal en la cintura, solo tenía que ganarlo en la batalla. Muchas batallas ganaron sus soldados sin que ninguno calzara el bastón de Mariscal, por cierto. Se trata, en suma, de un proceso de manipulación simbólica de los deseos del individuo. Propaganda y consumo arraigan como objetivo de realización personal alcanzar ese paquete de aspiraciones que el propio marco cultural ha sembrado a través de las bases pragmáticas de la educación.

Por último, los planes ecológicos, cuando los hay, responden a regulaciones en papel que dan barniz a la depredación empresarial y a la extracción indiscriminada de los recursos del Planeta. El capitalismo lo plantea de esa forma por necesidad sistémica, así que es imposible detenerlo con un paquete de regulaciones que a la postre se incumplen. La maquiavélica boutade de Trump de salirse del Acuerdo de París de 2015 revela, a contracorriente, la hipocresía de esta postura.

En Cuba, por si fuera poco, la tradición de ideas socialdemócratas es casi nula;[4] en la actualidad estas han sido asumidas por algunos activistas (la mayoría no muy claros de su legado teórico, o sencillamente desconocedores de sus bases) y por algún que otro intelectual que busca una vía de apariencia menos radical para enfrentarse a la transformación revolucionaria. La contra revolución tiene en Cuba un número escandalosamente ridículo de simpatizantes y una cifra aún mucho más reducida de personas tentadas a seguirla. Las conductas centristas, en su inmensa mayoría, responden al tercer punto de Giddens, es decir, a buscar de modo individualista la solución a los problemas de la sociedad. En concreto y a la cubana común: resuelvo lo mío, y los demás que luchen.

Por último, las tendencias de tercera vía que intentan deslizarse en Cuba se hallan asociadas a las tendencias de socialismo alternativo que planteó la contra revolución de Guerra Fría del siglo XX, es decir, a la subversión que se camufla de verdadera doctrina socialista para captar simpatía entre los propios revolucionarios. Su difusión pasa por el financiamiento que sale del departamento del Tesoro estadounidense para lo que llaman el programa de reinstauración de la democracia en la Isla. Una y otra vez se han desclasificado, o se han puesto al descubierto por ejercicio periodístico, las vías de inyección de ese financiamiento y sus objetivos de destino. En este sentido, el reinicio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos persigue el claro propósito de avanzar en objetivos no cumplidos mediante el bloqueo económico y el asedio mediático. Así lo dijo Obama claramente, intentando un regreso un tanto post a la política del buen vecino, de conjunto con la de la zanahoria de la moda y el deslumbramiento tecnológico y, sobre todo, buscando alguna reducción de los millones que con ese objetivo sacan al contribuyente norteamericano.

De ahí que al pensamiento que se alía al centrismo democrático no le quede otro remedio que pactar con el plattismo. Y el plattismo es, sin más vueltas de tuerca, la aceptación contractual del dominio y la injerencia estadounidense. De ahí, por demás, que ese pensamiento centrista sea tan agresivo con el proceso revolucionario cubano –al punto de diagnosticar como fracaso lo que es mérito y ganancia social y cultural indiscutible– y que opte por el silencio cómplice cuando se manipulan según los patrones de propaganda negra puntos de confrontación abierta que subyacen en los fundamentos históricos del pensamiento cubano. La permanencia del bloqueo económico, comercial y financiero, abrumadoramente condenado en la Asamblea de la ONU durante años sucesivos, es el ejemplo cardinal de esta conducta, pues se suele decir que el bloqueo es pretexto y no causa de la mayoría de las carencias del cubano común, como el acceso a una conexión normal a Internet, para poner solo un ejemplo del que el Bloqueo es un completo responsable. La ilegal existencia de la Base Naval de Guantánamo, fruto de la Enmienda Platt[5] es aun otro punto que esta tendencia suele banalizar a priori, convirtiendo en indiferencia cínica su acunado plattismo.

La sola idea del centrismo democrático revela su carácter de construcción artificial, de propaganda, con la cual la subversión de posguerra fría busca ganar un poco más de tiempo para devolver al cubano la percepción de que la hegemonía capitalista es inevitable y, por tanto, es necesario acudir a un “mal menor”. Curiosamente irónico, porque desde esa posición se ataca a las medidas de economía mixta que la actualización del modelo pone en práctica, llamándolas centristas, mientras al mismo tiempo la emprenden con las normas de regularización y control, tildándolas de atraso y de ejercicio excesivo del poder político.

Este centrismo, tropical e instantáneo, trabajosamente deslizado entre el sector más joven, y coherente con su intención de regreso al sistema de Partidos Políticos, se muestra más como un intento de programa electoral que como una plataforma social de alguna perspectiva futura, al menos si depende de sus propios preceptos y no de alguna fuerza exterior que lo coloque “por encima de la sociedad”, como al estado burgués. Una de las pruebas de ello es ver hasta qué punto sus argumentos se quedan en la manipulación de síntomas, o sea, en el modo de diagnosticar acerca de las carencias y necesidades de la sociedad cubana.

El consenso de juicio conceptual al que el centrismo acude es anterior al hecho mismo, lo cual no armoniza en modo alguno con el equilibrio al que aluden sus teorías.  Dicho una vez más a la cubana común: lo mismo con lo mismo; aunque, eso sí, con fuentes no muy claras y más o menos generosas de financiamiento, y una nueva apariencia tecnológica.

(La Jiribilla)

https://www.facebook.com/marlondariel.dumenigopau/videos/1402756443146030/

Notas

[1] V. Anthony Giddens: The Third Way: The Renewal of Social Democracy, Cambridge, 1998 / La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia. Traducción: Pedro Cifuentes Huertas, Santillana S. A., 1999, ISBN: 968-10-0797-7.

[2] Véase, por ejemplo, como apenas dos Consorcios comerciales son dueños de la mayor producción editorial del Planeta en español: Jorge Ángel Hernández: Consorcios comerciales en la industria del Libro, Cubaliteraria, Semiosis (en plural),

[3] Iztván Mészáros: El desafío y la carga del tiempo histórico. El socialismo en el siglo XXI, Traducción de Eduardo Gasea, Anayansi Jiménez y Gladys Sanz, Vadell Hnos. Editores C.A., Caracas, 2008, 427 pp. ISBN: 978-980-212-465-7.

[4] Véase Elier Ramírez Cañedo: La tercera vía o el centrismo político en Cuba, en Cubadebate.

[5] La Enmienda Platt es un apéndice al proyecto de Ley de los Presupuestos del Ejército aprobado por el Congreso de Estados Unidos, e impuesto como parte del texto de la primera Constitución de la República de Cuba, elaborada por la Asamblea Constituyente de 1901, bajo la amenaza de que si no la aceptaba, Cuba seguiría ocupada militarmente. Véase más en EcuRed.

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2 Responses to ¿Qué nos dice el Centrismo a estas alturas en Cuba? Por Jorge Ángel Hernández Pérez (+ Video)

  1. Liborio Guaso says:

    De lo que se trata es de sigilosamente hacer conformarse, de remover el ideal, de que el sueño de un mundo mejor para todos deje de ser la meta de la sociedad, luego de logrado eso, todo lo demás seria una cuestión de dinero, de pagar el precio para conseguirlo.

     
  2. Osvaldo says:

    La cuestión no es teorizar y citar a los representantes de diferentes posturas filosóficas e ideológicas para justificar la imposición oficial de una u otra ideología. Se trata de analizar, objetivamente y desde un punto de vista científico, los resultados reales que en una sociedad concreta se han logrado con el seguimiento de alguna ideología en particular.
    Desde mi punto de vista solo existen dos tipos de sociedades, las bien gobernadas y las mal gobernadas. Las primeras conducen al bienestar y felicidad de sus miembros y las segundas conducen a todo lo contrario. Ejemplos se pueden citar varios. Ejemplos actuales de sociedades bien gobernadas son Canadá, Uruguay y Finlandia, mientras que ejemplos de sociedades mal gobernadas son los Estados Unidos, Cuba, y la inmensa mayoría de los restantes países del mundo.
    Lamentablemente, quienes gobiernan ostentan privilegios especiales de los que el resto de la sociedad está privado. La sola idea de renunciar a esos privilegios es y ha sido la principal causa por la que quienes gobiernan se aferran a permanecer en el poder de forma indefinida.
    Los seres humanos somos, sin excepción, egoístas por naturaleza. Es una condición inherente a todo ser vivo y es un elemento indispensable para la perpetuación de la especie. Los humanos, a diferencia del resto de los seres vivos, disponen de su inteligencia para satisfacer de la mejor manera (para ellos) sus sentimientos egoístas, esto es la causa fundamental de todos los males que se viven y se han vivido durante todo el largo proceso de desarrollo de la especie Homo-Sapiens. Basta leer los 10 mandamientos que aparecen escritos en la Biblia (escrita hace más 4000 años) para percatarse que muchos problemas de hoy son los mismos de antaño y esos mandamientos fueron una forma de mantener bajo control el egoísmo y poder convivir, en sociedad, con cierta estabilidad y armonía. La pregunta es: ¿podemos extirpar el egoísmo de la especie humana? estoy convencido de que tal cosa es imposible!. Pues, ¿qué hacer entonces para lograr una mejor sociedad?. La respuesta yo no la tengo ni creo que alguien la tenga, pero de una cosa si estoy seguro, el consenso, el diálogo abierto y sin censura, el respeto a las ideas e ideales del prójimo, la libertad de expresarse libremente (sin ser reprimido en forma alguna), la tolerancia, el respeto a todos los elementales derechos del hombre, son el único camino que por el momento puede garantizar un mejor gobierno. Y….algo más, se deben de establecer los mecanismos legales para que ningún gobernante se atribuya el derecho de permanecer en el poder más allá de lo que el pueblo, en su legítimo derecho, considere. Basta ya de justificar y de culpar a otros por el descontento y la no aceptación de algún gobernante por parte del pueblo que en algún momento anterior pudo haberlo elegido. Nada justifica la permanencia en el poder en contra de la voluntad popular, gústele a quien le guste y pésale a quien le pese!!!!!!

     

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