Supuestos, derroteros y retos de una política pública de comunicación en el contexto de la Actualización del Modelo Económico y Social Cubano*. Por José Ramón Vidal

 

Agradezco a la Facultad de Comunicación y su departamento de periodismo por la invitación y sobre todo por generar este espacio que considero de gran importancia en este preciso momento.

Los organizadores propusieron el título de la conferencia  y a partir de lo que  he interpretado  de ese título he estructurado  mi intervención. Solo puedo en una hora apuntar ideas generales pero espero esto ayude e incentive a profundizar sobre estos temas.

 Supuestos:

He seleccionado dos supuestos o puntos de partida para el análisis sobre una política pública de comunicación. Estos son: por una parte las demandas del contexto cubano y por otra las  transformaciones a escala global de los sistemas comunicativos

  1. Las demandas del contexto cubano. Sin ánimo de abarcar todas las demandas que puedan identificarse podemos resaltar las siguientes:
  • Insatisfacciones con el sistema de información pública, expresadas desde la ciudadanía y las instituciones, incluyendo el Gobierno y el Partido,  que se han reiterado  durante muchos años.  Desde la ciudadanía se puede constatar esas insatisfacciones tanto en las opiniones que se expresan acerca de los medios de comunicación, como por la proliferación y credibilidad de rumores. Desde las instituciones se han realizado críticas y demandas a los medios y a los profesionales de la comunicación en múltiples espacios y momentos. El sexto congreso y la Primera conferencia nacional del Partido han reiterado  esos señalamientos críticos.
  • Se han producido cambios ante estos reclamos. Algunos ejemplos pueden ser recordados como la incorporación de temas nacionales en la Mesa Redonda, la creación de algunos otros espacios de crítica como la sección Cuba dice en el NTV,  la presencia de más voces de obreros, campesinos, estudiantes, en fin “gente común” en trabajos periodísticos,  la atención a temas nuevos con mayor transparencia, la presencia de opiniones de los lectores de manera creciente sobre todo en las versiones digitales de diversos medios, las informaciones regulares sobre los acuerdos  que se adoptan en los órganos de decisión política y administrativa del país, entre otros. Sin embargo  son insuficientes porque la complejidad del escenario comunicativo exige muchas más trasformaciones en el sistema de comunicación social en su conjunto.
  • Parte de esa complejidad provienen de las transformaciones que se introducen en el modelo económico. Uno de los factores que introduce nuevas demandas y complejiza el escenario comunicacional es la diversidad creciente de la sociedad cubana desde lo socio económico, motivado por la aparición de un sector no estatal de la economía (trabajo autónomo, micro empresas privadas  y ampliación del cooperativismo) lo que hace emerger nuevos actores sociales. Otros factores de complejidad se derivan  de los cambios institucionales tanto en los órganos de gobierno como en el sector empresarial  que incluyen un fortalecimiento de las regulaciones jurídicas y del derecho.  Se han recobrado o generado nuevos  derechos que a la vez implican deberes ciudadanos, que no se interiorizan (ni derechos ni deberes)  automáticamente solo con decretarlos,  sino que suponen un proceso de socialización donde la comunicación desempeña un importante papel.
  • Nuevas demandas al sistema comunicativo se derivan de la existencia de niveles de desigualdad económica mayores y crecientes que es un proceso originado en la profunda crisis que denominamos “periodo especial”. La imposibilidad de nuestra economía de remontar definitivamente sus secuelas materiales y por supuesto algo mucho más complicado sus efectos subjetivos que están motivados por  el proceso de empobrecimiento generalizado que hemos vivido y el consecuente deterioro de la credibilidad de las instituciones.
  • Otro factor que complejiza nuestro escenario comunicacional es la  emergencia pública de expresiones culturales y espirituales generadas desde  identidades diversas, de género, orientación sexual, color de la piel, generacionales entre otras manifestaciones que deben ser acompañadas por el sistema de comunicación pública de manera creciente y efectiva.
  • Los desafíos que entraña para lo comunicativo el restablecimiento de relaciones diplomáticas con EE.UU. y la flexibilización del bloqueo a partir de las medidas decretadas por el Presidente Obama que modificarán la vieja metáfora de la “plaza sitiada” y toda la excepcionalidad que se fundamenta en ella. Estamos asistiendo, desde hace tiempo y ahora se intensifica el tránsito de “plaza sitiada” a “plaza abierta”, no porque nadie lo decrete, lo permita o lo promueva sino como resultado de procesos de diversa índole donde lo comunicacional tiene un papel central. En situación de “plaza abierta” no se puede estar a la defensiva, hay que estar permanentemente a la ofensiva, asumiendo los retos con inteligencia, con audacia, con el máximo aprovechamiento del potencial científico y de los valores éticos, patrióticos y humanistas con que cuenta la nación  y con una adecuada apropiación social de las tecnologías de la información y la comunicación.
  • El reflejo en el sistema comunicativo de los cambios indispensables en la forma de gobernar y hacer política que se derivan del relevo de la generación histórica que hizo la Revolución, que cuenta con un aval histórico y simbólico, hacia una nueva generación de dirigentes que tiene que basarse más en la autoridad de las instituciones y las leyes y la capacidad para generar

Estas son algunas de las complejidades de nuestro contexto presente y otras que podemos avizorar en el futuro inmediato que han modificado, están modificando y modificarán aún más, los escenarios comunicacionales y que por lo tanto requieren ser tenidos en cuenta en la formulación de una política pública de comunicación. Esta política entonces debiera ser profundamente renovadora, audaz, y abarcadora para que pueda estar a la altura de las demandas tan cambiantes en el escenario nacional.

  1. Las transformaciones a escala global de los sistemas comunicativos. Irrupción de las redes y soportes digitales diversos que democratizan la producción y el acceso a la información y a la producción cultural, los que está favoreciendo un modelo comunicativo de intercambio de sentidos que modifica el papel de las instituciones comunicativas tradicionales  y el rol de las personas que antaño eran solo audiencias y que transitan ahora hacia el rol de  productores / emisores de sentidos.  Como bien ha apuntado Jesús Martín Barbero “Si la revolución tecnológica ha dejado de ser una cuestión de medios, para  pasar a ser decididamente una cuestión de fines, es porque estamos ante la configuración de un ecosistema comunicativo conformado no solo por nuevas máquinas o medios, sino por nuevos lenguajes, sensibilidades, saberes y escrituras, por la hegemonía de la experiencia audiovisual sobre la tipográfica, y por la reintegración de la imagen al campo de la producción del conocimiento. Todo lo cual está incidiendo tanto sobre lo que entendemos por comunicar como sobre las figuras del convivir y el sentido de lazo social”.

Recientemente se ha presentado una política de informatización de la sociedad que logra situar este proceso en un marco que rebasa, aunque por supuesto incluye, la óptica de la seguridad nacional y se abre a las perspectivas de entender las redes digitales y su uso como infraestructuras básicas para el desarrollo, como un asunto vinculado al derecho a la comunicación y  al funcionamiento democrático y transparente de las instituciones  públicas y como un proceso generador de bienestar y mejoramiento de la calidad de vida de nuestro pueblo.

A mi modo de ver es trascendental que el compañero Díaz Canel en  la clausura del primer Taller Nacional de Informatización y Ciberseguridad  haya expresado que: “en la medida en que podamos tener más claro, mediante la construcción colectiva, el proyecto de país que queremos, estará mucho más clara la forma en que una herramienta como Internet puede ponerse a su servicio” porque esta declaración vincula orgánicamente el proceso de apropiación social de las redes y las tecnologías digitales con el proceso más abarcador de perfeccionamiento de nuestro proyecto socialista.

La política pública de comunicación debiera tener una coherencia con esta política de informatización anunciada  y compartir muchos de sus presupuestos y principios.

Pilares del cambio

  • Un repensar el socialismo. Aprender de la experiencia histórica. No perder un minuto de vista que el socialismo no es solo un modelo económico donde los medios fundamentales de producción son de propiedad social y donde se hace una redistribución de la riqueza sino que también, y ante todo,  el socialismo es un proyecto de emancipación humana. Veo dos apuestas esenciales en este empeño: Fortalecer el Estado de Derecho y construir ciudadanía. No seguir cargando con el error de calificar los derechos conquistados por la humanidad como “burgueses”. El socialismo tiene la posibilidad y la obligación de ir generalizando el disfrute de  los derechos humanos (todos) algo que no puede hacer el capitalismo que por su naturaleza siempre excluye a amplios sectores del ejercicio de esos derechos. Cuando hablamos de  Estado de Derecho nos referimos a uno que rige  su actuación de acuerdo a las leyes y  donde los gobernantes actúan por mandato imperativo, es decir cumpliendo el mandato que la ciudadanía les ha otorgado.

En nuestro caso el marco institucional y las leyes por las que ha de regirse el Estado han de estar actualizadas de acuerdo a las circunstancias y demandas del hoy y a la vez deben garantizar las conquistas históricas que la Revolución generó en nuestra nación en materia de soberanía e independencia nacional, derechos para todos y todas, justicia social y dignidad. Es decir deben constituirse en instrumentos esenciales de la continuidad de un proyecto histórico por el que han luchado y se han sacrificado varias generaciones de cubanos y cubanas y que representan el punto de partida de cualquier proyecto de futuro. Por otra parte la ciudadanía de la que hablamos no remite, como lo hace la ideología liberal, a una condición jurídica formal, sino a una condición de activa participación en la determinación de los asuntos públicos, de reales posibilidades para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes. Entonces podríamos decir que un ciudadano en  nuestro socialismo ha de ser  alguien que conoce, ejerce y defiende sus derechos (individuales y colectivos) y cumple sus deberes. Es por lo tanto una persona que actúa activa y conscientemente en la política. Esos derechos y deberes están sustentados en valores éticos de profundo humanismo. El contar con un Estado de derecho sólido y con una ciudadanía activa y consciente es el camino que conduce a la continuidad de la Revolución y al reencantamiento con un proyecto de país consensuado “con todos y para el bien de todos” como imaginó a Martí.

El contar con un Estado de derecho sólido y con una ciudadanía activa y consciente es el camino que conduce a la continuidad de la Revolución y al reencantamiento con un proyecto de país consensuado “con todos y para el bien de todos” como imaginó a Martí.

  • Cuál modelo comunicativo para ese socialismo: Por supuesto no puede ser un modelo comunicativo, centrado en el control y la información vertical, omiso en temas de alto interés social, escaso en espacios públicos de análisis y debate. Tiene que ser un modelo comunicativo que favorezca el diálogo fluido a escala social, institucional y comunitaria. Un modelo comunicativo que incentive y ayude a formar ciudadanos, que contribuya a acercarnos paulatinamente a la sociedad de hombres y mujeres emancipados que proclamamos como propósito del socialismo. Ese modelo comunicativo se concreta política y jurídicamente en el concepto del derecho a la comunicación, esto es,  al derecho a informar y ser informado, a hablar y ser escuchado, imprescindible para poder participar en las decisiones que conciernen a la colectividad. Permítanme volver a citar a Barbero: Ni la productividad social de la política es separable de las batallas que se libran en el terreno simbólico, ni el carácter participativo de la democracia es hoy real por fuera de la escena pública que construye el ecosistema comunicativo. Más que objetos de políticas, la comunicación y la cultura constituyen hoy un campo primordial de batalla política: el estratégico escenario que le exige a la política densificar su dimensión simbólica, su capacidad de convocar y construir ciudadanos, para enfrentar la erosión que sufre el orden colectivo. Que es lo que no puede hacer el mercado por más eficaz que sea su simulacro.

Las citas de Barbero que he hecho no solo han sido escogidas por su claridad y hondura sino para ayudarnos a comprender que los desafíos que tenemos en el orden comunicativo, ético y político  no son exclusivos de nuestra sociedad sino que compartimos muchos de ellos con toda la región latinoamericana y en ciertos aspectos con todo el mundo. 

  • Qué relación hay entre comunicación y desarrollo. Esto implica comprender que cuando hablamos de sistema comunicativo no solo estamos situados en la esfera de lo político y lo ideológico sino también que estamos refiriéndonos a un elemento esencial para el desarrollo que debe ser comprendido como sustentable en sus dimensiones económicas, ecológicas, sociales y éticas.  En la actualidad un nuevo modo de producir, inevitablemente asociado a un nuevo modo de comunicar, convierte al conocimiento en una fuerza productiva directa. Como ha expresado Manuel Castells «lo que ha cambiado no es el tipo de actividades en las que participa la humanidad sino su capacidad tecnológica de utilizar como fuerza productiva lo que distingue a nuestra especie como rareza biológica, su capacidad para procesar símbolos» Esto incluye desde luego no solo repensar el papel y las funciones de los medios tradicionales (prensa, radio, TV, cine) sino integrar todo el sistema con y desde las redes digitales y extender su uso en todas las esferas de la actividad desde la información cotidiana y continua para el ejercicio de todas las profesiones hasta el entramado de relaciones de las instituciones estatales con y desde  la ciudadanía y de esta con los servicios de todo tipo. 

Derroteros.

  1. Transparencia de las instituciones públicas. Avanzar hacia la realización del principio de que la información pública es un bien público. Que la clasificación de informaciones no se determine a discreción coyuntural de los que tienen alguna responsabilidad, sino que esté bien regulada legalmente y que esa legislación sea bien conocida públicamente.
  2. Una política pública de comunicación: Que consagren el principio anterior y que dote a los medios de comunicación de mayores posibilidades para conformar su agenda no solo a partir de indicaciones de las instituciones de Partido y Gobierno sino con una lectura, responsable y comprometida ante la ciudadanía, de la agenda pública, y que también faciliten y respalden la labor de los periodistas.
  3. Legislaciones en comunicación. Que den fuerza legal a la política pública sobre comunicación social y establezcan las atribuciones, responsabilidades y límites de los diferentes actores que intervienen en el proceso de comunicación pública.
  4. Actualización del modelo de gestión económica y editorial de los medios y de sus rutinas productivas. Repensar nuestro concepto de noticiabilidad y los valores noticias con que estamos operando.
  5. Mejorar la práctica comunicativa: Si se quiere que la comunicación sea un factor activo en los cambios y satisfaga mejor las demandas sociales es preciso asumir no solo  otro modelo en lo conceptual sino también  otra práctica comunicativa. Hay que informar, sí y mucho más de lo que se hace ahora, pero con clara conciencia de que esto no es más que el punto de partida de un proceso comunicativo. Para ello es necesario el incremento de los espacios de análisis e intercambios de puntos de vista diferentes sobre asuntos de interés social que ayuden a fomentar la capacidad de discernimiento en nuestro pueblo y activen la participación política y social.
  6. Incremento de la profesionalidad en el sector periodístico para que esté a la altura de las demandas sociales actuales y de las transformaciones en los sistemas comunicativos, hacerlo desde el compromiso ético y revolucionario que caracteriza a nuestros profesionales de los medios.
  7. Extensión del acceso a las tecnologías digitales interactivas por parte de las cubanas y cubanos. Fomento de una cultura informacional para hacer un uso crítico y efectivo para nuestro país de esas tecnologías.

Retos:

El primer reto es el mismo que ha señalado nuestro Presidente Raúl Castro como obstáculo fundamental a los cambios emprendidos en el modelo económico: “la barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia e insensibilidad y que estamos obligados  a rebasar con constancia y firmeza”[iv].

Como ha dicho recientemente al evaluar el nuevo escenario de restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, el eminente politólogo cubano, premio nacional de ciencias sociales 2014 Juan Valdés Paz: … el proyecto revolucionario y socialista sustentado hasta hoy por las grandes mayorías, enfrentará grandes desafíos. Uno de ellos será la incidencia de las nuevas relaciones entre Cuba y Estados Unidos sobre el debate interno en general, y en particular, sobre las propuestas y debates ya convocados, de: un nuevo modelo económico; un nuevo modelo de transición socialista en el país, su “conceptualización teórica del socialismo posible en las condiciones de Cuba”; y la prevista reforma constitucional. El injerencismo tradicional de Estados Unidos, ahora en condiciones de “normalidad”, será puesto a prueba. Esta sí será una “batalla de ideas” a la que concurrirán una diversidad de actores, de intereses y corrientes de pensamiento. 

Como dije al principio tenemos ya un consenso acerca de que  el modelo y el sistema comunicativo actual deben ser cambiados, pero tenemos ahora el reto de lograr un consenso acerca de la naturaleza y alcance de ese cambio, que debe incluir el modelo de comunicación que necesitamos, las políticas y legislaciones que requerimos, los medios de comunicación (tradicionales o interactivos) que debemos ir conformando o transformando y el tipo de labor periodística que mejor responde en las actuales circunstancias a las finalidades del proyecto socialista que se proclama “próspero y sostenible”.

En síntesis, podemos afirmar que:

Sin una información oportuna, diáfana y profunda no es posible lograr una participación calificada de las personas en los asuntos políticos y sociales; sin una transparencia pública de la labor de funcionarios y órganos de gobierno, no es posible el más mínimo control ciudadano sobre su gestión, lo que resulta indispensable en la lucha contra la corrupción y por el desarrollo de una verdadera cultura de participación

Otro reto tenemos delante es continuar realizando investigaciones que nos permitan conocer y comprender mejor la complejidad de las relaciones comunicativas en una Cuba diversa y cambiante. Igualmente nos retan  los aportes contemporáneos de las teorías y la investigación de la comunicación y las prácticas comunicativas que parten de un horizonte ético emancipador generadas en otras partes del mundo. Su estudio y contextualización es una necesidad en nuestro propio proceso de reflexión sobre el modelo y el sistema de comunicación pública hacia el que debemos avanzar.

Están entonces retados no solo los decisores, sino los académicos y los profesionales de la comunicación para ser activos y creadores transformadores de los que hacemos y como lo hacemos. Dejar atrás el modelo centrado en la propaganda (que debe tener su lugar también aunque actualizándose) para avanzar en un modelo basado en el derecho a la comunicación que propicie una sociedad más informada, más participativa y activa en los asuntos políticos y de interés social. El ejercicio del derecho a la comunicación es una escuela de ciudadanía lo que equivale a  decir un proceso de  habilitación para el ejercicio de otros derechos y para incentivar el cumplimiento de los deberes sociales. Muchas gracias.

*Solicité al Doctor en Ciencias José Ramón Vidal la intervención que realizara en uno de los paneles del Congreso de  VIII Encuentro Internacional de Estudiosos e Investigadores de la Información y la Comunicación  ICOM 2015 que sesiona por estos días en La Habana y él ha tenido las ambilidad de facilitarme el texto de esta conferencia que le sirvió como base, efectuada el 7 de marzo de 2015 en e II Encuentro de Socialización de Investigaciones en Periodismo

 

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4 Responses to Supuestos, derroteros y retos de una política pública de comunicación en el contexto de la Actualización del Modelo Económico y Social Cubano*. Por José Ramón Vidal

  1. Arturo Menéndez says:

    “Sin una información oportuna, diáfana y profunda no es posible lograr una participación calificada de las personas en los asuntos políticos y sociales; sin una transparencia pública de la labor de funcionarios y órganos de gobierno, no es posible el más mínimo control ciudadano sobre su gestión, lo que resulta indispensable en la lucha contra la corrupción y por el desarrollo de una verdadera cultura de participación”. O sea, una verdadera democracia socialista, no consigna, sino verdadero ejercicio del poder “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
    Muy interesante, abarcadora y profunda esta ponencia que considero rebasa el ámbito periodístico, de los medios de comunicación, que nos debe hacer reflexionar a los que participamos en la compleja tarea, hoy aún mas, de la formación del capital humano de nuestro proyecto social emancipador.

     
  2. chilecuba says:

    Reblogueó esto en Cree el aldeano vanidoso…y comentado:
    ¿Ha pasado Cuba de ser una “plaza sitiada” a una “plaza abierta”? Leo a un especialista en comunicaciones que parece considerarlo así. Es una conclusión quizás muy precipitada. El concepto de “normalización” de las relaciones EEUU – Cuba tiene varios sutiles semas para ser aplicado de forma genérica.
    Una verdadera relación “normal” entre ambos países parece ser asunto de compleja y larga data: todavía – y no se ve la razón por lo que eso tendría que cambiar- el objetivo estratégico general del vecino es lograr, por otra vía, un deterioro, o un cambio de “régimen”. El objetivo de Cuba, aún parece, es lograr una continuidad – pese a las transformaciones y cambios que se deban hacer en el camino – de su proyecto. Mientras esa tensión ruda y medular se mantenga, Cuba estará, efectivamente, sitiada, aunque por sutiles modos. Ahora: hace mucho tiempo que a muchos intelectuales o gente simple en Cuba no le gusta el término de plaza sitiada, que, como toda semántica que se mantenga largamente en el tiempo, se desgasta. Sin embargo, y aunque comunicacionalmente ya sea aconsejable evitar su uso, tampoco nos creamos una plaza abierta. Incluyo el texto…

     
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