¿Buscando cuatro patas al gato?

 
Pedro Fuentes Dupotey

elgatode5patasA propósito del post “Nosotros, ¿nuestros recolonizadores?” y el que a partir de este escribiera Luis Toledo Sande con el título “¿Qué cultura debemos salvar?“, el profesor universitario Pedro Fuentes Dupotey, a quien no conozco personalmente, envió por correo electrónico este comentario que incorporo  a esa saga por su valor testimonial. 

Ante los artículos de Iroel y el de Luis Toledo Sande, un amigo, que sigo considerando como tal porque hay veces que la limitación de miras conduce a errores, me dijo que: “otra vez intelectuales, buscándole las cuatro patas al gato, promueven polémicas”. Como si las polémicas y debates fueran algo perjudicial al pensamiento revolucionario.

Por mi parte, lo que pueda interpretarse por algunos como exceso de celo en los planteamientos de ambos autores, no son sino actos de prevención ante las ideas que de maneras sutiles se van permeando en las mentes desprevenidas.

En la primera reunión con padres y alumnos que comenzaban la carrera de Ingeniería Mecánica, cuando una de mis hijas comenzaba su carrera, el entonces Decano de la Facultad decía que ese año, como otros, la matrícula era grande, pero la experiencia demostraba que de los cientos de matrícula inicial solo se graduaban unos pocos, pero que ello no los iba nunca a conducir a una disminución de la exigencia académica, porque
el compromiso de la Facultad con el país no era el alcanzar grandes promociones, sino entregar verdaderos profesionales, altamente preparados y capaces de resolver los complejos problemas que se alzaban ante el desarrollo de su trabajo en la especialidad. Que del esfuerzo de cada estudiante dependería que se graduaran o fracasaran y ese esfuerzo debía comenzar a realizarse desde el primer día de clases.

Este planteamiento, que parecía muy descarnado, sobre todo en relación al tratamiento paternalista de enseñanzas precedentes, no era fruto mas que de la experiencia y la firme decisión de los docentes de mantener la excelencia por encima de cualquier otra consideración en la formación de los profesionales de la especialidad.

Efectivamente, la matrícula se comportó de la manera prevista. Cada año representó una decantación y solo se graduaron unos pocos de los que comenzaron aquel curso. Pero, como además de calificación profesional, desarrollaron un espíritu de grupo, de colaboración y ayuda mutua y de compromiso, todos asistieron a las defensas de diplomas de los demás. Tuve la oportunidad de acompañar a mis hijas, pues la gemela se graduaba de Ingeniería Industrial, a varias defensas y en ellas pude comprobar trabajos que demostraban la seria formación recibida, la búsqueda de problemas complejos a resolver que fueron tratados a profundidad y ofrecían verdaderas soluciones técnicas con sus evaluaciones económicas de factibilidad.

Cuando mi hija defendió su tesis en Mecánica y obtuvo reconocimientos por la calidad del trabajo y lo positivo de la solución al problema técnico enfrentado, tuve que acercarme al decano, que era parte del tribunal, y recordarle sus palabras en aquella reunión inicial y
agradecerle porque verdaderamente me habían devuelto un profesional que estaba seguro sería útil a nuestro país.

La defensa de mi otra hija no fue menos e incluso su trabajo fue propuesto para publicar y presentarse en el fórum de la facultad. Junto a ella se presentaron otros trabajos que impactaron por la iniciativa demostrada y el sentido práctico de atacar limitaciones en la eficiencia de los sectores analizados.

Como profesor que soy sentí un enorme orgullo, no solo por mis hijas y sus compañeros sino, sobre todo, por el rigor con que se formaron, por la firmeza de sus profesores en el cumplimiento de sus objetivos, por su decisión de mantener el honor de la institución que representan, en definitiva por la educación superior cubana.

Como se ha mantenido la unidad entre ellos, he conocido que la mayoría ha demostrado sus capacidades para enfrentar las tareas asignadas, que se siguen consultando y colaborando entre sí, buscando a los que mejor saben de esto o aquello que le ha sido necesario en su trabajo. Que han mantenido el espíritu inculcado de ser competentes siempre y buscar la excelencia siempre, pero no he conocido casos de zancadillas, engaños, malos consejos, u otros males que caracterizan la competición cuando no existen valores morales fuertes.

Lejos estoy de creer que todo es miel sobre hojuelas y vivimos en el paraíso terrenal en este campo y no hace falta seguir perfeccionando el sistema e introducir los cambios que sean necesarios. El sistema educacional SIEMPRE será perfectible en correspondencia con el desarrollo del conocimiento en los distintos campos y las constantes demandas del entorno social.

En la educación ha de mirarse SIEMPRE con visión de futuro porque los resultados deseados hay que iniciarlos con mucha antelación en el tiempo. Y si el objetivo sigue siendo sostener e impulsar el sistema de búsqueda de la mayor equidad posible que hemos proclamado, no pueden deslizarse aspectos como los denunciados por Iroel y Toledo en sus escritos.

No hay exceso de celo, mi amigo. No se trata de “intelectuales” (dicho por ti con el sentido peyorativo que le diste) buscando notoriedad que no necesitan. Es previsión, es LUZ LARGA, es la lucha de ideas que, quieran o no reconocerla sus detractores, debemos mantener cada día.

Gracias a esos que utilizan sus conocimientos para de manera constante alumbrar el camino.

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7 Responses to ¿Buscando cuatro patas al gato?

  1. Si en la defensa de diplomas, en la especialidad de Ingeniería Industrial, este señor pudo comprobar “trabajos que demostraban la seria formación recibida, trataban a fondo problemas complejos y ofrecían verdaderas soluciones técnicas”; si en Ingeniería Mecánica fue capaz de percibir que “los trabajos impactaron por la iniciativa demostrada y el sentido práctico de atacar limitaciones en la eficiencia” pues estamos en presencia de un genio o estos criterios son ajenos y él solamente toca música de oído.
    Recuerde siempre, querido Iroel, que al surgir una contradicción teórica de la doctrina marxista en cuanto a la segregación de los intelectuales de la clase obrera, cuando aquello de la tecnocracia y la teoría del encuentro, para salvar la situación, los doctores de la filosofía tuvieron que apelar a una diferencia fundamental entre trabajador y obrero: no es que el intelectual, al superarse se separe de la clase obrera, sino que ya de hecho de inicio, estaban separados. Movida genial que no pudo evitar el desmerengamiento del sistema social como tal. Ninguna movida actual podrá hacer mucho tampoco. Si le interesa saber mis deseos: ojalá ocurriera un milagro y se salvara y fuera próspero.

     
  2. Liborio Guaso says:

    La realidad es que el resultado en la educación lo garantiza o no
    el colectivo que dirige la escuela y el equipo de profesores que se
    enfrenta dia a dia a los alumnos.
    De eso depende la huella que dejaran en cada uno y en todos los
    que pasaron por allí como resultado de su formación.
    Los buenos maestros nunca se olvidan.

     
  3. Dra.Mulet says:

    Es muy cierto eso. Mi mejor profesor de Medicina fue Silvio. Flaco y alto como vara, llegaba solo con una tiza larrrrga en la mano, y con una sonrisa de oreja a oreja a impartir la peor asignatura, según nuestra opinión de alumnos 1er año: Bioquímica. Y que cuando nos estábamos durmiendo, paraba en seco, sonreía y nos hacía un chiste para desternillarnos de la risa. Decía entonces:“ ya se despertaron…seguimos!“
    Siempre tan afable, y el más respetado por todos.
    Así debe ser la educación: firme, pero que llegue al alumno.

     
  4. Vicente Carvajal Iglesias says:

    Nada de nada….solamente intenta introducir cuñas que en Cuba, en la práctica no existen…y eso me consta y me hace sentir un poco de orgullo y simpatía por la especie humana.

     

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