Spanish revolution: Algunos somos comunistas

 
Carlos Fernández Liria

Carteles en la acampada de la Puerta del Sol de Madrid

Entre los indignados antisistema de la Puerta del Sol, por lo menos algunos, somos comunistas.

Lo de ser antisistema no necesita ya de justificación. En estos días se ha explicado, además, con fórmulas muy afortunadas: “no es que seamos antisistema”, ha dicho alguien, “es que el sistema es antinosotros”. Hubo otro que terminó un discurso incendiario en la manifestación diciendo que “en resumen, lo que pedimos es ¡un poco de sentido común!”. No se podía decir mejor. Esto que estamos viviendo, a nivel mundial y a nivel nacional, es una salvajada, un disparate, un chiste cruel, una broma brutal, un sarcasmo, una tomadura de pelo, un crimen. Desde que en los años ochenta comenzó la revolución de los ricos contra los pobres, el capitalismo rueda sin frenos hacia el abismo a un ritmo acelerado. Y nos arrastra a todos con él. Tiene toda la razón Naomi Klein al diagnosticar nuestro sistema económico como un capitalismo del desastre. Los negocios ya no funcionan bien más que en condiciones sociales de catástrofe. Lo decía hoy Ignacio Escolar: ¿de verdad que alguien necesita que se le expliquen las causas de las protestas? No, lo raro es que no hayan estallado antes.

El sistema es ya tan revolucionario (de extrema derecha, pero revolucionario, al fin y al cabo), que los antisistema nos hemos vuelto conservadores. Los “jóvenes sin futuro” que salieron a la calle el 7 de abril no pedían la Luna. No gritaban “la imaginación al poder” ni nada parecido. La moderación de sus reivindicaciones (casa, salud, trabajo, pensión) contrastaba con la radicalidad de su posible solución: “an-ti-ca-pi-ta-lis-ta” fue el grito que más se oyó. Y de los que más siguen resonando ahora en la Puerta del Sol y en todo el Estado. Para ser moderado, para conservar una pizca de sentido común, actualmente hay que ser antisistema. En cambio, los apologetas del capitalismo se prestan a cualquier locura revolucionaria. Para salvar la economía huyen hacia adelante dispuestos a sacrificar la humanidad e destruir el planeta. Como dijo Walter Benjamin, pero mucho más que cuando él lo dijo, lo que necesitamos es un freno de emergencia. Necesitamos parar esta demencia criminal.

Benjamin pensaba que ese freno de emergencia era el comunismo. Y algunos, bastantes, lo seguimos pensando. Cuando al comienzo de la crisis se dijo que el capitalismo había fracasado y que había que inventar otra cosa, cuando lo decían quienes lo decían, en los telediarios, en la prensa más canalla del país, uno se preguntaba a qué diablos se estaban refiriendo. La receta contra la crisis, al final, ha sido más y más capitalismo. Y en verdad, no es extraño, porque el capitalismo es un sistema económico muy poco flexible, para el que no caben medias tintas. Inventar otra cosa habría sido reinventar lo que ya estaba inventado, el comunismo. Lo que parece cada vez más difícil es empeñarse en ser anticapitalistas esquivando esa palabra maldita.

Bien es verdad que no todos le hacen ascos al término. Hace pocos meses estuvo el filósofo Jacques Rancière en la Universidad Complutense, explicando que asistimos a un imparable resurgir del comunismo. Lo mismo vienen a plantear otras autoridades intelectuales como Badiou, Zizek o Negri. Y bueno, es cierto que sus lectores, entre nosotros, nos entendemos muy bien (aunque unos menos que otros, desde luego). Pero algo de razón tenía el profesor Jose Luis Pardo en una reciente conferencia al quejarse de que, un poco fuera de la parroquia, no hay forma de entender el contenido que tan insignes filósofos le dan a el término “comunismo”, fuera de algunos tópicos en los que se alude a una forma de “vida comunitaria” que remite a Francisco de Asís (como al final de Imperio de Negri), a una “democracia efectiva” o “radical”, a un “poder de las masas”o de la “multitud”, un “sin Estado, ni Ley”, es decir, fórmulas demasiado negativas, vacías y generales, más propias de un programa religioso que político.

Y sin embargo, no estamos ante un misterio insondable. Lo que necesitamos contra el capitalismo es algo muy concreto: una alteración radical en la propiedad de los medios de producción que haga posible a la instancia política ejercer un control democrático sobre la producción en el marco de una economía institucionalizada. El capitalismo actual esta institucionalizado y dirigido políticamente por corporaciones que no obedecen a ningún poder legislativo, al margen de cualquier control democrático. Nuestras democracias son libres de todo en una condiciones en las que no hay nada que hacer. Casi todo lo que afecta sustancialmente a la vida de las personas viene decidido por poderes económicos que negocian en secreto y actúan en la sombra chantajeando a todo el cuerpo social. Un pestañeo de los llamados mercados basta actualmente para anular el trabajo legislativo de generaciones enteras. No hay leyes, ni constituciones que puedan resistirse a la dictadura ciega de los poderes financieros. Es el Cuarto Reich. Los nuevos nazis no son menos totalitarios que los anteriores, pero, además, están mucho más locos. Como ha dicho Naomi Klein, los mercados tienen el carácter de un niño de tres años. Sus rabietas viajan en tiempo real conmocionando el planeta. Ni Nerón, ni Calígula estaban tan locos ni eran tan imprevisibles.

Lo que plantea el comunismo es que la economía no puede institucionalizarse democráticamente, sometiéndose al poder legislativo, sin suprimir la propiedad privada sobre los medios de producción, es decir, sobre las condiciones de existencia de la población. Lo sabemos por experiencia y lo sabemos también en la medida en que la economía marxista explica muy plausiblemente por qué es así.

Así pues, el misterio se puede aclarar. “Comunismo” es, en realidad, exactamente lo que pretenden ser (sin lograrlo en absoluto) nuestras orgullosas democracias constitucionales. Ya es difícil negar -cada vez hay más gente que abre los ojos- que lo que hemos venido llamando “democracias” no son sino dictaduras económicas ataviadas con una fachada parlamentaria. Lo que frente a ello llamamos “comunismo” no es, sin embargo, más que aquello que pretendíamos ser: democracias parlamentarias en las que las leyes pueden someter a los poderes económicos. Es absurdo plantear que el parlamento puede legislar lo que ya siempre se ha decidido de antemano en la Bolsa. La cosa está cada vez más clara: las leyes no pueden hablar por favor a los negocios, tienen que imponerse coactivamente. Pero para eso tienen que tener la sartén por el mango. Y el mango son los medios de producción.

Respecto a qué tenga que ver todo esto con aquello que se llamó “socialismo real”, hay que decir que mucho, siempre y cuando se deshagan algunos espejismos. Por ejemplo: siempre y cuando no llamemos “socialismo real” sólo a lo que se dio en aquellos países que lograron resistir algo de tiempo (entre cinco y setenta años) la agresión imperialista, sino también a todos los proyectos socialistas, comunistas o anarquistas que fueron derrotados mediante golpes de Estado, invasiones militares, bloqueos económicos, etc. El que los países socialistas no hayan sido democráticos puede significar tan solo que no hay ningún país en guerra que pueda permitirse el lujo de la democracia. De hecho, los que lo intentaron, sucumbieron bien pronto. Como ya he dicho muchas veces, el socialismo nunca pudo optar entre Allende o Fidel Castro. Era o Castro vivo, o Allende muerto.

Pensemos en las iniciativas que están proponiendo juzgar a los poderes financieros, especialmente a las agencias de evaluación de deuda. No cabe duda de que estas instituciones están jugando con el destino de la población mundial para hacer sus propios negocios privados. Ahora bien, estas iniciativas, si quieren tomarse en serio, tendrán que enfrentarse tarde o temprano al dilema de exigir algo equivalente al viejo concepto comunista de “dictadura del proletariado”. Es una total ingenuidad creer que los poderes económicos van a doblegarse a la autoridad del poder judicial, cuando no se doblegan ni ante el poder ejecutivo ni ante el poder legislativo. Sin asegurarse el monopolio en el ejercicio de la violencia, la democracia no tienen ninguna posibilidad de hacerse oír. Cómo hacer esto posible, eso sí que es un problema difícil de resolver. Y no qué debamos entender bajo el término “comunismo”.

En todo caso, hay que comenzar por algún sitio. Comenzar por el kilómetro cero de la Puerta del Sol es una excelente idea. No se trata, en efecto, de pedir la Luna, ni siquiera de pedir el comunismo. Eso ya vendrá por sí mismo cuando se entienda lo difícil que es el liso y llano sentido común en un mundo como este. Cuando para tener casa o trabajo hay que ser antisistema, las cartas están echadas.

Por eso conviene que pidamos cosas muy de sentido común. Por ejemplo: permaneceremos en la Puerta del Sol mientras que, en primer lugar, no se cambie la Ley Electoral. No se trata solo de acabar con el bipartidismo. Se trata también de acabar con ese cáncer de la democracia que es la propaganda electoral, de exigir al Estado verdaderos espacios de comunicación para que la ciudadanía pueda hacer oír sus argumentos políticos (que, como cualquiera puede comprobar en los medios alternativos de Internet, son muchos, inteligentes y poderosos). Se trata de acabar con ese espectáculo indigno y grotesco de las actuales campañas electorales, aunque solo sea porque ofenden a la inteligencia y denigran al género humano.

En segundo lugar, es necesario permanecer movilizados mientras no se arbitren las medidas judiciales para juzgar a los culpables de este desastre humano en el que nos vemos sumidos. Muchos banqueros, muchos accionistas, muchos políticos, muchos financieros tienen que acabar en la cárcel. Si no, más nos vale suprimir el Ministerio de Justicia.

Luego, habrá que pasar a otras urgencias. Es preciso parar los deshaucios. Expropiar las viviendas vacías. Socializar los beneficios bancarios y privatizar sus pérdidas. Quizás se podría promover una iniciativa internacional para que los cascos azules ocupen militarmente los paraísos fiscales… Ideas no nos van a faltar. Lo del comunismo ya se entenderá por el camino. (Tomado de Rebelión)

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5 Responses to Spanish revolution: Algunos somos comunistas

  1. Jose Garcia Parrales says:

    Soy comunista desde que tenia 15 años me frague en la luchas de las calles, he sido torturado y apresado y tengo 58 años y la represiòn capitalista no me paro ni nos detendrà nunca. Esto sucede porque la ideologìa marxista leninista es clara, precisa y concisa, ser comunista es un orgullo porque luchamos- toda mi familia- por una vida mejor. ahora me siento orgullosos por lo que lucho pues el tiempo està dando la razòn a los millones de millones de comunistas en el mundo que el capitalismo està derrumbandose. El imperio esta herido, el aguila chapalea para levantar sus alas pestilentes, ahora es el momento que todos los proletarios del mundo unidos ,para dar la ùltima estocada al capitalismo opresor y explotador.

     
  2. Bea Ochera says:

    No sólo son los gritos que se escuchan en la plaza sol, tambine la forma de organizarse entre todos, el poder ofrecer tu ayuda y saber que será aprovechada en un común beneficio, compartir espacios, comida, música, reflexiones,… en definitiva la plaza entera ha funcionado como una plaza comunista.

     
  3. La prensa mundial ha demonizado demasiado al comunismo. Los capitalistas han tomado nuestras consignas y nuestros logros para hacer sus campañas electorales. Luego no cumplen, pero visten a su sistema como defensor de la justicia social que nosotros enarbolamos. Cuba eliminó el analfabetismo, dió servicio médico gratuito y acabó con los desamparados en un abrir y cerrar de ojos. ¿Alguien podría contar en cuantas elecciones los candidatos capitalistas han prometido hacer eso? Sin embargo, por la acción de los medios, son muchísimos los que aún creen de buena fé que es el capitalismo quién les va a resolver eso “algún día”.
    A mi forma de ver el mayor problema que enfrentan los manifestantes de la Puerta del Sol es que no les han dejado una ideología que seguir. Los partidos que les presentan no los convencen, ni los de derecha, ni los que se autodenominan de izquierda (no sé cual de ellos le ha hecho más daño a la izquierda verdadera). Al final están pidiendo “las cosas lógicas”. No le ponen, ni pueden ponerles nombre, pero todos sus pedidos son comunistas, incluso sin ellos saberlo.

     
  4. Pablo Pazmiño Matamoros says:

    Parafraseando a Bernard Shaw, que dijo: “El marxismo me ha hecho hombre” yo puedo decir que el comunismo me ha hecho más humano. Si Marx dijo en su tiempo “un fantasma recorre Europa” ahora podemos decir que ese fantasma ha resucitado y al recorrer Europa ha levantado a millones de seres humanos que han comprendido que el capitalismo tarde o temprano llegará a su fin, que este es el comienzo del fin. Desde luego que construir la nueva sociedad tendrá en cuenta la experiencia del “socialismo real” y quienes asuman la tarea de diseñarla para reemplazar al capitalismo tendrán que ser imaginativos y creativos para no cometer los errores de sus antecesores en la ex.Unión Soviética, sus países satélites y China donde se restauró la explotación capitalista y campean las mafias de poder. Quisiera tener el honor de ser parte de los gestores de la nueva sociedad, que como quiera que se llame, será alentada por los verdaderos comunistas como muchos de aquellos que luchan valientemente en la Puerta del Sol.
    ¡Comunistas de todo el mundo, uníos!

     
  5. Saludos compañeros y camaradas: Es la lucha de clases, como dijo un compañero: “el fantasma del comunismo y el socialismo está caminado en el mundo”, porque solo existen dos clases; los explotados y los explotadores, por cuanto no existen términos intermedios. El gran fenómeno del gran exponente del capitalismo es un cadaver que camina a ciegas, los yanquis, no pueden resolver sus propios problemas y desean continuar con su moribundo y nefasto sistema neoliberal. Los E. U. en la actualidad graves problemas sociales, creados por ellos mismos, estos a su vez no podrán resolverlos, por cuanto el mismo pueblo anglosajón decidirá tarde o temprano su propio destino y no será el enfermizo sistema de capitalismo enclavado en unos pocos.

    Solidaridad con todos los pueblos del mundo,

    P>D> Ya sé el término: “Moderación”, creo que soy el único que el señor Sánchez utiliza conmigo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Joaquín Rozas EL VASCO!!!!!!!!!!!!!!!!!

     

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