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	<title>La pupila insomne &#187; Miguel Alejandro Hayes</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Páginas lamentables. Por Carlos Ávila Villamar</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jun 2018 17:49:26 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Lamento estas páginas. No escribirlas, sin embargo, hubiera sido una falta a la verdad y una imprudencia. <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=63096">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-630970"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">He pasado mucho tiempo escribiendo sobre la economía cubana, a veces meros apuntes, a veces artículos extensos e irresponsables. El más extenso e irresponsable que he escrito, desde un punto de vista teórico, se lo mostré a Iroel Sánchez hacer alrededor de un mes y le pedí su opinión para publicarlo en La pupila insomne. Me hizo una serie de señalamientos y me recomendó algunas lecturas, a fin de perfeccionarlo. Al final al texto le faltaba todavía cierto rigor económico y optamos por dividirlo, y publicar en un futuro artículos más minuciosos sobre cada uno de los temas que trataba. Nunca pensé que alguien utilizaría una tergiversación de esta historia intrascendente para fines detestables.</span><span id="more-63096"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Miguel Alejandro Hayes, con quien mantuve una amistad de siete años, compartió hace un par de semanas en el blog La Trinchera el artículo «<span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://lapupilainsomne.wordpress.com/2018/05/07/apuntes-de-pose-y-postura-carlos-avila-villamar/">Apuntes de pose y postura</a></span>», publicado originalmente en La pupila insomne, porque yo le pedí que lo hiciera, básicamente. El artículo, que escribí sin resentimiento y hasta con algún humor, criticaba entre otras cosas la frivolidad de la pose de La Joven Cuba, a la que comparaba, por ejemplo, con la revista El Estornudo, agresiva pero interesante. Sin consultarlo, Miguel agregó una nota editorial que explicaba que mi opinión difería de la de los editores del blog. Hasta entonces yo me consideraba uno de los editores del minúsculo blog La Trinchera, al que había ayudado a crear. Me sentí insultado porque notas similares no habían aparecido en artículos, creo yo, mucho más discutibles. Hubiera sido mejor la honestidad, que simplemente me dijera que prefería quedar bien con otra persona antes que conmigo, pero supongo que fue demasiado pedir. Discutimos por eso y por una entrevista que concedió a Fernando Ravsverg. Le propuse continuar nuestra amistad, pero que no me volviera a pedir ayuda en ningún proyecto de tema político. Al dejar de ofrecerle beneficios inmediatos, dejó de llamarme.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Decidió publicar ayer <span style="color:#0000ff;"><a style="color:#0000ff;" href="https://jovencuba.com/2018/05/31/la-hora-del-debate-economico/">un artículo</a></span>, otra victimización, que comenzaba con la referencia a un amigo, al que el malévolo Iroel Sánchez había censurado un texto de tema económico. No hubo tal censura, pero me dolió sobre todo que utilizara la historia de fondo que le confié en su momento. Miguel se había leído el texto, porque es natural que un estudiante de cuarto año de Letras pida toda la ayuda que pueda antes de publicar algo así. Semanas después me preguntó por él, al no verlo publicado, y le expliqué la idea de dividirlo en secciones independientes, que pudieran pensarse y argumentarse mejor. Estaba trabajando en ellas cuando leí decepcionado el comienzo de su artículo, una invitación a la polémica barata. No podía creer que fuera la misma persona con la que había compartido el criterio un mes atrás de que la polémica entre La pupila insomne y La Joven Cuba no estaba yendo a ninguna parte.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Curioso que un victimizado como Miguel sea el que se dedique al ataque directo a otras páginas, y a la defensa falsa y oportunista de aquellos que insensatamente sigue llamando sus amigos. Nueve de cada diez artículos de La Joven Cuba son llamados a la unidad y reclamos por los supuestos prejuicios contra sus ideas, pero rara vez nos dicen demasiado de esas ideas. Lo único que importa es vender una postura de racionalidad y concilio, y lo único que le importa a Miguel es publicitar su nombre, incluso a costa de difamar a otros. Bien por él, ha conseguido la polémica que necesitaba. En el fondo adorará a Iroel. Me duele pensar que como todos los demagogos, demanda un demonio al que oponerse, y demanda fabricar un mito alrededor de ese demonio.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Lamento estas páginas. No escribirlas, sin embargo, hubiera sido una falta a la verdad y una imprudencia. Solo quiero decir algo más, algo que se aleja un poco de esta desagradable minucia: uno de los riesgos de entender la historia humana como una sucesión que lleva a una gloria terrenal es, en favor de esa gloria terrenal en el fin de los tiempos, adjudicarse el pensador las facultades necesarias, de manera estrictamente pragmática y maquiavélica, convencerse de que la traición, la cobardía o el vicio, si son suyos, resultan por tanto males necesarios. Pensaba que Miguel conocía mejor ese riesgo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Digamos que dos bandos defienden dos causas distintas en una guerra. La postura pragmática dice que más vale ponerse en el lado de los que imagina vencedores, más todavía si el lado es contrario a tu causa, pues se necesitarán hombres que, desde la victoria, emprendan una nueva lucha por la causa verdadera. Más vale vivo que muerto. Sin embargo, si todos en el lado vencedor fueran pragmáticos, tampoco pelearían, he aquí la solución a la paradoja. Como cierto escritor ciego, prefiero la dignidad de las causas perdidas. Felicito a Miguel, que es capaz de desprenderse de tales grilletes literarios.</span></p>
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