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	<title>La pupila insomne &#187; Manuel Piñeiro</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>#LaPupilaTv: Piñeiro, el Comandante Barbarroja (video)</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Mar 2023 12:00:18 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La historia y la palabra de uno de los hombres legendarios de la Revolución cubana <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=80129">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-801300" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2023/03/screenshot-2023-03-09-at-22-23-27-tweetdeck.png"></div></div></td></tr></table><p><!-- wp:embed {"url":"https://www.youtube.com/watch?v=xzhVYHtgixA","type":"video","providerNameSlug":"youtube","responsive":true,"className":"wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"} --></p>
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		<title>Comandante Manuel Piñeiro: Jefe, maestro y amigo. Por Rafael Hidalgo Fernández.*</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2021 14:24:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Un fidelista y un martiano cabal a la hora de proyectar su accionar internacionalista a favor de las causas revolucionarias del mundo <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=74617">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-746180"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">El 11 de marzo de 1998, hace 23 años, el matancero2 de ascendencia gallega y cubanía acendrada, Manuel Piñeiro Losada, nos dejó físicamente luego de un absurdo accidente automovilístico. Al instante, el símbolo que ya era se multiplicó aún más entre los que tuvimos el privilegio de ser sus subordinados, tratarle de cerca y conocerle en sus múltiples facetas como ser humano y dirigente revolucionario.<span id="more-74617"></span><img class="size-full wp-image-74621 aligncenter" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2021/03/manuel-pineiro-barbarroja-aparato-seguridad-castro.jpeg" alt="" width="180" height="228" /></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Piñeiro, el legendario Comandante Barbarroja para amigos y enemigos de la Revolución Cubana, es mucho más que un creador en el arte de la “conspiración revolucionaria”, o dicho de otro modo, en el arte de saber actuar con principios éticos, en silencio y desde la modestia que caracteriza a los que asumen el anonimato como opción de vida para servir a su Patria de nacimiento, Cuba, o para honrar la idea martiana &#8211; asumida íntegramente por Fidel Castro Ruz &#8211; de que Patria es Humanidad.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Actúa siempre, en consecuencia, como un fidelista y un martiano cabal a la hora de proyectar su accionar internacionalista a favor de las causas revolucionarias del mundo y, sobre todo, de las que se escenificaron en la América Latina y el Caribe de su época. Sobran las historias que así lo confirman.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Pero Barbarroja representa, ante todo y sobre todo, un ser humano excepcional que las nuevas generaciones de cubanas y cubanos deberían conocer mejor, junto a otras figuras que honraron los ideales de la Generación del Centenario, en los llanos y en la lucha guerrillera en las Sierras Maestra y Cristal, de donde salió victorioso como uno de los comandantes del Segundo Frente Oriental, bajo el magisterio del General de Ejército Raúl Castro Ruz.</span><br />
<span style="color:#000000;">Su vida confirma a plenitud que por los valores éticos y humanistas que posee, llega a ser el revolucionario, así como el jefe leal y respetado que gana la confianza de Fidel para las más delicadas misiones internacionalistas.</span><br />
<span style="color:#000000;">El origen social acomodado no le inhibe su sensibilidad social, ni su personalidad noble, comprensiva y esencialmente constructiva. Junto a estos rasgos derrocha firmeza y vigor en la lucha contra los enemigos de la Revolución, internos y externos.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Con cariño le llamábamos el “jefe de las mil oportunidades”, expresión en nada equivalente a que fuese indebidamente tolerante a la hora de aplicar con rectitud las exigentes normas inherentes a las misiones a su cargo, sino como un recurso “popular” e indirecto para reconocer que cuando algún compañero había sido sancionado, o requerido por él, con toda seguridad lo merecía. Logra materializar, y muy bien, ese difícil arte de los verdaderos jefes: ser justos y tratar de serlo siempre.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Por esta condición primaria de su personalidad (su humanismo) y su escala de valores morales y éticos se transforma, a la vez, en un jefe ejemplar al que le agradecíamos hasta las críticas, por contradictorio que parezca; en maestro que los alumnos deseábamos imitar; y en el amigo que todos queríamos tener, porque siempre estaba donde se le necesitaba y esperaba a la hora de las dificultades, con la palabra de aliento, el consejo exacto y el gesto concreto de apoyo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Cuando por primera vez aludí al título de este testimonio-homenaje, el pasado año, uno de nuestros jefes más respetados, que le conoció y siguió como pocos, hizo esta precisión: “esa caracterización es exacta, pero le falta un rasgo que no debe dejar de subrayarse: su lealtad sin límites al Comandante en Jefe Fidel Castro y su capacidad para traducir en hechos las ideas, las posiciones y decisiones internacionalistas de éste”.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Más adelante, este mismo jefe, formado políticamente bajo los exigentes códigos éticos de Frank País3, añadió: “sólo una persona con la modestia, el carisma, la inteligencia, la disciplina y los principios de Piñeiro, podía dar continuidad con éxito a los delicados diálogos y a los compromisos que el Comandante en Jefe había sostenido y acordado, respectivamente, con importantes dirigentes revolucionarios de América Latina y el mundo. Un dogmático no habría podido cumplir las misiones que él llevó adelante…”</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Sobre el ser humano Piñeiro, o el Comandante Barbarroja hasta aquí presentado en sus valores más generales, son los testimonios que siguen, modestos en comparación con los de otros compañeros que sí le acompañaron desde los días tensos de la fundación del Ministerio del Interior4, de la Tricontinental5 y el apoyo a la guerrilla del Che, entre otras muchas acciones a favor de las fuerzas revolucionarias de nuestro continente.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">La verdad debe ser conocida. La vida de nuestros héroes requiere ser divulgada al máximo, para que la memoria histórica renueve las fuerzas de la Revolución, hoy con mayoría de jóvenes nacidos mucho después de los hechos que aquí se rememoran.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Estos testimonios están intencionadamente determinados por la admiración y la convicción de que en figuras como él, las inevitables faltas de toda persona terminan siendo irrelevantes a la hora de un balance general, cuando se las compara con lo que hicieron a favor de Cuba y de la edificación de una sociedad justa y solidaria.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">No existe proyecto político sustentable sin una historia que emocione y convoque. Ello explica por qué Obama llamó a “olvidar” la eterna hostilidad de las élites de su país contra nuestro rebelde Caimán. Como aconsejó Fidel en una oportunidad, hagamos siempre todo lo contrario a lo que quieren y proponen nuestros enemigos.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>El Jefe</strong></span><br />
<span style="color:#000000;">Jefe, en Cuba, es en términos sociológicos mucho más que aquella persona que ocupa una responsabilidad “superior” o “principal” en una institución del gobierno o el Estado, o en una organización social. Así llamamos, como regla, a aquella figura que sabe transformar su poder formal en fuente de autoridad, desde el buen trato, el respeto a los demás, la accesibilidad, la capacidad de escuchar los criterios discrepantes y la propensión a fomentar la labor colectiva y la unidad de acción de sus subordinados. Todo esto, y más, es Piñeiro.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">De imagen imponente, matizada por la barba que termina blanca al filo de los 63 años, solía entrar a la sede del Comité Central del Partido saludando a todos, con aire de criollo campechano, sin distancias artificiales y del modo natural que admiramos tanto. Los compañeros de la seguridad y las recepcionistas se paraban de forma automática, en señal de respeto y con visible satisfacción. Con frecuencia, él les decía algo de su buena cosecha de bromas. Todos las agradecían.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En nuestro país, este último matiz no es de importancia subalterna, sino expresión inequívoca de respeto real, no al cargo, sino a la persona que lo ostenta. Hasta la inmediatez con que nos paramos ante la llegada de una figura política, da una idea de su liderazgo real.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Frente a situaciones políticas u operativas difíciles, su energía era visible. Disfrutaba los retos. Si era necesario sostener, por ejemplo, un diálogo complicado con alguna figura amiga o adversaria, solía advertir, si eran varios los concernidos: “muchachos, sonrisa colgate6, no se dejen provocar”.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Rechazaba la improvisación. Como experimentado maestro del trabajo de inteligencia que está en su formación inicial como dirigente guerrillero, y por la labor política internacional que desarrolló después, sabía que la planificación exitosa de una misión depende, en altísimo grado, de la información oportuna y real sobre su objeto de ser, de la calidad de los mecanismos de control y del grado de especialización, la disciplina y el compromiso político de los cuadros implicados en su dirección y ejecución.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Jamás fue víctima del burocratismo que mata las mejores ideas, y que opera como un lastre que termina siendo contrarrevolucionario por sus implicaciones, más aún en el ámbito de las decisiones internacionales. No confundía la importancia de la organización como medio, con las formalidades de la organización como un fin en sí mismo.</span><br />
<span style="color:#000000;">Como norma, era experto en promover el debate de ideas sobre temas sensibles para el país. Lo hacía con deleite. Conocía a los más preparados en cada tema y les daba plena libertad para exponer sus ideas, fuesen pertinentes o no. Observaba con su natural picardía a los “gladiadores” mientras estos intentaban imponer sus argumentos. Cuando el ambiente se tensaba, bastaba una frase suya llamando a la cordura para que todo retomase el ritmo requerido.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Sabía, en suma, dar coherencia a los criterios discrepantes que él mismo estimulaba en muchos casos. Por su estilo de conducción y su autoridad, anulaba con facilidad las crispaciones asociadas al temperamento criollo. Solamente exigía honestidad y respeto a la hora de dar las opiniones.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Jamás le observé tratar de forma autoritaria, irrespetuosa, o hiriente a un subordinado. Evidentemente, sabía muy bien que el ejercicio de la autoridad nada tiene que ver con el autoritarismo, recurso muy propio de los mediocres, que suelen ejercer con soberbia sus cuotas de poder a falta de inteligencia y capacidad para sumar voluntades.</span><br />
<span style="color:#000000;">Piñeiro, en síntesis, logró ser respetado y querido porque supo respetar y educar a todos los que le rodeaban. ¿Tuvo muchas prerrogativas en los cargos que desempeñó? ¡Sí! ¡Pero tuvo más autoridad moral y política que prerrogativas propiamente dichas! Ello explica testimonios como este.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>El Maestro</strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Para Fidel Castro, “ser maestro…significa, ante todo, serlo en todos los órdenes de la vida…”7. En la visión de José Martí, “para ser Maestro de otros es necesario saber servir”8. La vida de Piñeiro integra estas dos perspectivas de un modo natural. Nada más lejos de él que “dar lecciones”. Prefería el método de llevar a las personas a entender por qué actuar de un modo y no de otro, a fin de asegurar una misión o el cumplimiento de un deber.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">¿Qué no toleraba? La mentira, la adulonería (en Cuba, “guataquería”), el sectarismo, el elitismo y la “blandenguería” (“falta de carácter”, según la expresión popular) a la hora de encarar asuntos de principio.</span><br />
<span style="color:#000000;">¿Qué respetaba? Las conductas determinadas por la honestidad y la verdad. Cuando le decías, “jefe, fallé en esto, y fallé por esto o esto, no tengo justificación alguna…”, te escrutaba con su mirada de lince. Ante casos así, lejos de cuestionarte, su rostro parecía alegrarse y, sin ceder a las emociones, asumía tu autocrítica como el padre que se alegra, en silencio, de que el hijo se haya dado cuenta dónde no deberá fallar de nuevo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Como buen pedagogo, solía darte la oportunidad de demostrar si habías actuado de forma consciente y real. De esta sencilla manera, terminaba comprometiéndote no solo con hacer las cosas del modo correcto y de acuerdo a las normas que toda institución tiene, sino con él en cuanto jefe-maestro.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">De sus muchas enseñanzas, es imprescindible subrayar esta: nos muestra a todos cómo actuar en circunstancias donde no pudiéramos disponer de la consulta segura, por la soledad que con frecuencia rodea el proceso de toma de decisiones en la labor internacional. Su fórmula inicial era actuar con base en lo que Fidel hubiese dicho sobre el tema en cuestión.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Insistía mucho en estudiar cada discurso e intervención del Comandante en Jefe, y en anotar los temas y los matices por él abordados. Con frecuencia decía: “ahí está lo fundamental que necesitas para orientarte. Lo demás mira a ver cómo lo añades sin equivocarte”</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Otra de sus ideas rectoras era que “debíamos ser ojos y oídos en tiempo real del Comandante en Jefe y de la máxima dirección del país”. Ojos y oídos calificados y consagrados a las misiones recibidas. Esta premisa, por mucho que pase el tiempo, siempre estará vigente para quienes defienden el país y la Revolución en la arena internacional.</span><br />
<span style="color:#000000;">Su otra bandera, de altísimo contenido ético y profesional, era: “al Comandante en Jefe y a la dirección del país no se le matiza nada. A nosotros solo nos corresponde informar la realidad que observamos y lo que escuchamos de forma exacta. El que quiera opinar, que lo deje explícito, en nota aparte”. Sabio consejo, base para la credibilidad de cualquier servidor público. En dos oportunidades se lo escuché, con la misma esencia.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>El Amigo</strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;">No es muy frecuente que las relaciones jefe-subordinado en una estructura institucional formal, mediana o grande, devengan también relaciones marcadas por los valores y las expresiones propias de la amistad. El caso de Piñeiro escapa a la regla.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Observé por años, con curiosidad y admiración, cómo cuando algún compañero(a) tenía un problema personal, alguien solía preguntarle “¿lo sabe Piñeiro, díselo a Vida”? (Vidalina Valledor, su secretaria y leal colaboradora).</span><br />
<span style="color:#000000;">Tanto la pregunta, como la recomendación, solo se justifican cuando se ha instalado en el colectivo la idea de que existe un mando, con nombre y apellidos, que jamás te dejará a merced de tu problema. ¿Se quiere un factor más concreto que este en el proceso de construcción de la unidad de un colectivo? Lo dudo.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">En medio de los esfuerzos por elaborar las presentes notas, emergió en la memoria un video de uno de los cumpleaños de Piñeiro, rodeado de viejos y nuevos compañeros. De él siempre me llamó la atención la expresión predominante en los presentes, sobre todo cuando interactuaban con el cumpleañero: lo que predominaban era la alegría y la satisfacción por estar en aquel homenaje que había nacido por iniciativa no de los subordinados, sino de los compañeros, de los seguidores que le admiraban.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Él, en resumen, inspiraba la confianza del amigo verdadero, aquel que se define en los momentos duros, no en los marcados por el éxito. Es por ello que te decía las cosas sin protocolo alguno y de frente, si tenía que hacerlo, pero te defendía con firmeza cuando no estabas y cuando más lo necesitabas. Todos sabíamos que con él teníamos la retaguardia segura.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Finalmente esta reflexión: la cotidianidad en ocasiones hace que olvidemos, o pasemos por alto, la grandeza de las personas que nos rodean. En algún grado esto nos sucedió con Piñeiro. Cuando faltó físicamente, fue cuando comprendimos mejor que él había logrado tornar natural, por su modestia, la personalidad excepcional que sigue siendo y será..</span></p>
<p><span style="color:#000000;">*Sociólogo y Analista Político</span></p>
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		<title>Barbarroja,  sin enigmas*. Por   Germán Sánchez Otero</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2021 12:12:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Germán Sánchez Otero]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Piñeiro]]></category>

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		<description><![CDATA[Un testimonio sobre el Comandante Manuel Piñeiro <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=74580">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-745810"></div></div></td></tr></table><p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>I</b></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Todo ser humano es por definición irrepetible, mas hay hombres como el Comandante Manuel Piñeiro Losada que lo son de modo especial. Quienes tuvimos la suerte de encontrarnos con él en alguna senda de nuestras vidas, tenemos la satisfacción de poder ofrecer testimonios, informaciones y pareceres, con el ánimo de develar facetas y secretos de su legendaria existencia, que tan silenciosamente debió y supo mantener tras el don de su sonrisa. <span id="more-74580"></span><img class="size-full wp-image-74584 aligncenter" src="https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2021/03/manuel-pineyro-lozada.jpeg" alt="" width="301" height="230" /></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Se han exaltado atributos suyos como la entrega plena a los deberes revolucionarios desde la guerra de liberación y su capacidad para ejecutar con soltura y eficiencia importantes tareas solidarias de la Revolución, lo que incluye conocer antes que nadie los detalles del acontecer diario en el campo de sus responsabilidades. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Coincido además con quienes destacan que Piñeiro era un hombre con un pensamiento de largo alcance. Influía sin dictar cátedra, mediante hechos y anécdotas que narraba con vivacidad y explicando con argumentos sus ideas, sustentadas en valores revolucionarios, sin ataduras dogmáticas ni compromisos burocráticos. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Las raíces suyas son auténticamente cubanas y supo injertar en su mente la teoría marxista y la cultura universal, en armonía con la savia martiana, fidelista y guevarista. Fue un marxista auténtico y por eso mismo en él no hicieron mella los manuales soviéticos, ni ciertas “verdades” abrumadoras procedentes de aquella fenecida potencia, que algunos dirigentes en Cuba y sobre todo de otros países, entonces aceptaban acríticamente. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Para Piñeiro, ser leal a la Revolución y por ende a Fidel, resultaba tan natural como respirar. Poseía una especial comprensión de los conceptos, filos y matices del pensamiento de su jefe. Sabía interpretar como pocos las ideas del Comandante y cuando no recibía sus instrucciones, las leía en sus expresiones, estados de ánimo y gestos. Por añadidura, siempre estaba entre los primeros en buscar cómo hacerlas viables y en ofrecerle sus criterios.</span></span></p>
<p align="justify">
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>II</b></span></span></p>
<p align="justify">
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Austero, vivía con lo indispensable aunque manejaba significativos recursos financieros. Trabajador infatigable, no dejaba de hacerlo incluso mientras dormitaba durante una conversación o reunión sin perder el hilo, lo que ocurría a menudo pues solía trabajar hasta avanzada la madrugada, muchas veces en reuniones suyas con delegaciones o como participante en encuentros de Fidel con estas.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Ejemplo de consagración a los quehaceres de la Revolución, asumía el trabajo con fruición, cual si fuese una diversión cotidiana. Estar mejor informado que nadie en su sector de responsabilidad y conocer a fondo otros temas nacionales e internacionales, no era vanidad, afán protagónico o ansia de poder: en ello radicaba una clave para contribuir a la solidaridad con las fuerzas revolucionarias y progresistas, para dirigir mejor a nuestro equipo y, en consecuencia, ser más útil al pueblo y a la dirección del Partido. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Su complexión ética incluía un formidable sitial para la amistad. Identificaba con rapidez las cualidades de quienes conocía y también veía con sagacidad las intenciones ocultas, si estas existían. Era comprensivo con los subordinados –a veces incluso en exceso–, y a la vez muy exigente, en especial con los de mayor responsabilidad. Afable y generoso, a la par no hacía concesiones a quienes siquiera de modo no deliberado coquetearan con los enemigos de la Revolución. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Tenía cientos de afectos en muchos lugares del orbe, con gente de disímiles colores políticos, creencias religiosas y posturas ideológicas. Pero distinguía los signos entre tan variados nexos y no admitía flaquezas éticas o políticas, en quienes teníamos la responsabilidad de mantener la atención directa de esos vínculos. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Conversador versátil y ameno, sabía adecuarse a su contraparte y obtener de ella el máximo, a la vez que ofrecía de sí todo aquello que consideraba de interés y pertinente. Escuchaba con humildad y paciencia a sus interlocutores y le gustaba ejercitar la imaginación, discutir variantes y sopesar alternativas, haciendo énfasis en identificar las peores opciones para desecharlas –de ser posible– o prepararse para encarar sus consecuencias, en caso de ocurrir. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Fue muy cuidadoso en emitir juicios que lo involucraran en los ámbitos internos de los partidos y organizaciones. Ofrecía sus criterios sobre temas sensibles cuando se los pedían, siempre con sumo respeto y tacto para no dañar la unidad y los ánimos de los luchadores e inculcar aliento. Fue un artífice incansable del consenso y de la concertación entre ellos, en cada país y a escala supranacional. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Defendió siempre con creatividad y acorde con el momento y la circunstancia de uno u otro país, el criterio de que el pueblo, las armas y la unidad resultan indispensables para que triunfe una verdadera revolución. No aceptó jamás que las derrotas fuesen insuperables, al contrario, ayudó siempre a extraer de ellas lecciones para avanzar. Asimismo, alentó a luchar en todas las situaciones y ámbitos, en la perspectiva estratégica de conquistar el poder íntegro para el pueblo.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Siendo un sincero practicante de la unidad revolucionaria en Cuba, nunca consideró que dejaría de serlo por expresar de manera respetuosa sus ideas discrepantes a quien fuere. Actuaba así, persuadido de que solo de tal modo la unión podía ser sólida y fértil.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Aunque existieron coyunturas adversas que lo obligaron a introducir adecuaciones, nunca perdió energía en su proceder. Para él no existían situaciones fáciles. Creía que los auténticos revolucionarios deben encarar con entereza aún las más difíciles y buscar cómo hacerlas fructificar, sin subestimar el poderío del imperio y sus sistemas de dominación. Enfatizaba en forma reiterada que ello obliga a forjar sólidas vanguardias y diversas organizaciones sociales de lucha, capaces de generar iniciativas constantes y audaces para acumular fuerzas hacia objetivos mayores, con la mira siempre apuntando hacia la conquista del poder revolucionario.</span></span></p>
<p align="justify">
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>III</b></span></span></p>
<p align="justify">
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Admiraba al pueblo soviético y lo escuché muchas veces enaltecer la grandeza de la Revolución de Octubre y los aportes de los bolcheviques a la cultura revolucionaria; también sobre el rol decisivo de la Urss en la derrota del fascismo, en la contención relativa del imperialismo y respecto de su estratégica solidaridad con Cuba. A la vez, hacía reflexiones críticas de las desviaciones que ocurrían en ese país, en particular aquellas que se reflejaban en la América Latina y el Caribe. Sobre todo en partidos comunistas miméticos, aunque sostenía con estos una relación fraterna.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Dentro de Cuba se opuso con inteligencia y coraje a la copia de ciertos esquemas ideológicos y políticos tóxicos, importados allende el Atlántico. La propia existencia del Departamento América, una idea original del Comandante en Jefe cuando se crearon los departamentos del CC–PCC en 1974, y los conceptos de trabajo y el estilo que Piñeiro le insufló a ese órgano partidista bajo su orientación y la atención directa de Fidel –como también hiciera en sus anteriores responsabilidades en el Minint–, representan un legado que lo hará pasar a la fecunda historia internacionalista de la Revolución Cubana.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">En Piñeiro observo una síntesis de las virtudes de nuestro pueblo, que forjaron en él una personalidad imantadora. Por eso hombres emblemáticos de la Revolución y amigos suyos como Armando Hart, luego de su inesperada muerte decían que a cada rato necesitaban verlo, para oír sus novedosas informaciones y opiniones, y sonreír con su ingenioso y chispeante humor. A todos quienes lo admiramos y queremos, Piñeiro nos dejó un vacío afectivo y de sabiduría irreparable.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">También supe que en los días posteriores a su siembra en la historia, estando en su despacho del Consejo de Estado –a donde Barbarroja solía acceder a verlo a menudo– Fidel comentó más de una vez que le parecía que en cualquier momento Piñeiro iba a entrar por la puerta… </span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>IV</b></span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Maestro de la conspiración, lo hacía a toda hora, sin poses ni alardes, ni abusos de poder. Conspiró mucho, muchísimo. Nadie sabrá nunca con cuántas personas u organizaciones, ni con quiénes en conjunto lo hizo. Se movía entre los secretos como un felino en la selva. Con sumo cuidado solía compartimentar en todo lo necesario a cada uno de sus subordinados o dirigentes de Cuba y otros países. Él lo sabía todo, los demás sólo lo necesario y conveniente. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Nos educó en que la fuerza y seguridad de nuestro quehacer solidario, dependía de esa rigurosa disciplina. Inventaba con cada subordinado un específico sistema convencional de palabras, un metalenguaje para disfrazar los diálogos telefónicos y evitar que el enemigo al grabarlos pudiera entender los verdaderos significados. Lo increíble es que él memorizaba cientos de sobrenombres de personas e instituciones (no exagero…), casi siempre inventados por su feraz y simpática imaginación. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Algún día será útil que puedan sistematizarse sus aportes a las técnicas y procedimientos de la Inteligencia y a los métodos conspirativos. Por ahora, rememoro esta máxima suya, que le escuché más de una vez en su sabio lenguaje criollo: “Vista larga, paso corto, mucho olfato y no quemar la fuente. ¿Está claro?”. Con Piñeiro aprendí el significado cabal del apotegma martiano: “En la política, lo real es lo que no se ve”… </span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>V</b></span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Algo consustancial a él era su destreza para abrir, conducir y cerrar los debates entre sus subordinados. No le temía a la polémica. Al revés, la estimulaba. Creaba una atmósfera de seguridad y respeto mutuo entre los miembros del colectivo. Oportuno en el chiste o el comentario relajante, despejaba a tiempo las tensiones que se iban acumulando, exaltaba al final las mejores ideas, ofrecía orientaciones precisas, responsabilizaba a los ejecutores de las tareas y trataba de no herir la susceptibilidad de quienes quedaban en minoría o no tenían razón. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Las reuniones, en muchas ocasiones extensas y complejas, no disminuían en él la atención por lo que cada quien decía. Mientras firmaba y leía documentos e impartía por escrito breves instrucciones en ellos, se levantaba para hablar por teléfono o realizaba fugaces encuentros con otras personas en una oficina suya contigua, e incluso a veces en la de su secretaria. ¡Una especie de simultánea de ajedrez!</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Algo muy loable, era el respeto de Piñeiro a los criterios del responsable directo de la atención de un país, organización, dirigente, personalidad o asunto determinado. No se dejaba atrapar por formalismos jerárquicos burocráticos e interactuaba con los subordinados de la base, sin restarle autoridad a los del nivel medio y siempre lo hacía sin liturgia. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Era reacio al autoritarismo y a la falta de sensibilidad de cualquier jefe. Todo empleado o funcionario podía dirigirse a él y plantearle sus opiniones sobre temas laborales o problemas familiares y personales. Cuando esto ocurría, sentíamos palpitar al amigo íntimo, a un hermano o un padre… Jamás actuó de modo unilateral ante conflictos personales o divergencias en el trabajo, y tenía la paciencia de escuchar antes, de manera colectiva o individual, el parecer de los involucrados. Cuando consideraba que algún dirigente o cualquier compañero estaba equivocado, se lo expresaba en tono fraterno y sin ambages. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Siempre fue alérgico a los planes sin sentido práctico. Recuerdo su burla y rechazo cuando a principios de los 1980 se nos orientó elaborar un plan de trabajo directriz hasta el año 2000, que debía anticiparse y descifrar qué estaría sucediendo en cada país de la región –¡y del mundo!– veinte años después.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">No desdeñaba el plan por objetivos concretos, en períodos máximos de un año y desglosados cada mes, aunque se inclinaba más por entender la coyuntura para tratar de influir en el curso de los acontecimientos. Y era increíblemente minucioso en cualquier análisis situacional de un país o circunstancia continental.</span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>VI</b></span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Sus orientaciones escritas iban al grano, pero no era un jefe “de ordeno y mando” y mucho menos complaciente. Por lo general las anotaba en el propio documento que le enviábamos, y las terminaba con preguntas al destinatario: “¿Qué opinas?”. “¿Qué propones?”. “¿Qué debemos hacer?”. Buscaba así incentivar nuestra participación creadora en la toma de decisiones y que asumiéramos la responsabilidad correspondiente. Esas notas suyas con letra ilegible, muchas veces debían ser reescritas a máquina por su eficiente jefa de Despacho Vidalina Valledor, mujer revolucionaria ejemplar que siempre estuvo a la altura de Piñeiro. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Tales escritos, aunque breves, encierran un tesoro de reflexiones en caliente, que estoy seguro contribuirán a que en el futuro los historiadores puedan explicar con objetividad facetas y segmentos de muchos acontecimientos relevantes de América, entre los años 1960 y fines del siglo pasado. Verbigracia la odisea del Che y sus compañeros en Bolivia, los numerosos movimientos de lucha armada y popular en toda nuestra América, los procesos nacionalistas cívico–militares de Panamá y Perú, encabezados por Omar Torrijos y Velasco Alvarado, el gobierno de Allende y las luchas posteriores contra Pinochet y otras dictaduras, la Revolución Sandinista y el ascenso revolucionario en Centroamérica, los movimientos cristianos de base y la Teología de la Liberación, nuestros nexos con partidos y figuras políticas socialdemócratas y demócrata cristianas, las relaciones multifacéticas con el Caribe, la atención a disímiles agrupaciones y figuras progresistas estadounidenses amigas de Cuba, el Chávez embrionario….</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">En fin: Más de 35 años de historia contemporánea nuestra americana y de los Estados Unidos y Canadá. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Esos “jeroglíficos” y los informes donde Piñeiro los escribía, son evidencias inequívocas de una manera de hacer política y de practicar el más puro internacionalismo revolucionario que nos inculcara Fidel, sin excluir insuficiencias y desatinos nuestros, inherentes a todo quehacer humano. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Siembras, muchas siembras, cuyas cosechas hasta marzo de 1998 él pudo conocer y disfrutar –o aprender, las veces que se malograron–, y que en los años siguientes a su deceso los frutos se hicieron más evidentes, con el inicio de la Revolución Bolivariana y el avance de fuerzas revolucionarias, antiimperialistas y progresistas en la mayor parte del continente. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Y también aprendimos de Piñeiro que las siembras en política se parecen a las plantaciones: hay que renovarlas y darle atención integral con los métodos que ya han dado resultados. Y si se adecuan algunos instrumentos y métodos a las nuevas realidades, o incluso se crean otros, es necesario también mantener la continuidad y hacer solo las rupturas indispensables, pues las condiciones y prácticas de la dominación imperial son esencialmente iguales, e incluso exigen mucho más –y mejor– </span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>de lo mismo</b></span></span><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"> que movió a los revolucionarios y los pueblos de esos tiempos.</span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>VII</b></span></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Al morir el 11 de marzo de 1998 –luego de estrellarse su auto Lada cuando perdió el control por un impasse diabético–, desde hacía siete años no tenía un cargo formal. Sin embargo, en ese lapso no cambió su estilo de vida, ni lo vimos nunca desocupado, ni desanimado. Al contrario. Se movía como nunca antes en nichos habaneros, nos visitaba en las oficinas, y a su casa iban a verlo muchos líderes revolucionarios y otros dirigentes políticos y sociales, al igual que periodistas, teólogos, pensadores, científicos sociales, artistas y diferentes personas. Era referencia imprescindible si queríamos saber qué estaba sucediendo en cualquier rincón de nuestra América, también sobre asuntos cubanos, más allá de la noticia y de las interpretaciones comunes. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Hasta el Papa Juan Pablo II lo recibió de modo personal en la sede de la Nunciatura, cuando visitara Cuba en 1997, porque Piñeiro jugó un papel sui géneris en la articulación de esa presencia.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">En mi percepción, si algo distinguía a Piñeiro era su alegría de vivir y el gusto placentero y cotidiano de palpitar con la Revolución Cubana y sus múltiples peleas y laureles, de contribuir al triunfo de otras y al avance de los movimientos emancipadores. De esas fuentes incitadoras, sacó sus inefables energías y devino leyenda.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Murió sin cargo, pero con los mismos amigos y amigas de siempre y con nuevos afectos que se sumaron de varias partes del mundo. Siguió siendo nuestro principal consejero e inspirador, apoyándonos a todos en el trabajo con la humildad del sabio y la delectación de un artista. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Fue quizás en ese período final de su vida en el que mejor mostró su entereza y lealtad a la Revolución y a Fidel, y su formidable necesidad de ser útil. ¿Acaso ello no despeja el enigma de verlo dirigirse casi todas las tardes al edificio del Consejo de Estado, donde se encontraba el Despacho de Fidel? ¿Cuántas veces su jefe entrañable observó a Piñeiro abrir esa puerta, en aquellos años de supuesto desempleado?</span></span></p>
<p align="justify">“<span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Hay hombres que hasta después de muertos dan luz de aurora”, dijo el Maestro. Con cualquier nombre que lo recordemos, Piñeiro, Barbarroja, Comandante, el Mago, Manuel, XII, Gallego u otro del versátil repertorio soterrado, él es –sí, en presente–, destello inagotable de solidaridad, entereza revolucionaria, lucidez, optimismo y de genuina amistad. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Duro como un diamante, no perdió la ternura jamás. Combatiente de innúmeras causas justas, era usual verlo recoger caramelos en una piñata infantil, compartir momentos festivos o difíciles con familiares y amigos, entregar amor y educar a sus hijos Manolo y Camila, y amar en dos momentos hermosos de su vida a Lorna y Marta. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Así pues, no es extraño que sigamos recordándolo íntegro y sin enigmas –como he intentado hoy–, pues las raíces rojas de sus barbas continúan incandescentes y su pregunta inevitable cuando nos veía, “¿qué hay de nuevo?”, seguiremos respondiéndola a gusto, para después escuchar sus consejos y seguir con él tras nuevas victorias, atraídos por el imán de su optimismo.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">_____________________________________________________</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;"><b>* </b></span></span><em><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">La versión inicial de este texto la escribí una noche de diciembre de 1998 en Caracas, al cabo de ver solo en mi hogar un video familiar sobre Piñeiro, que Marta Harnecker mostraría al siguiente día en la mañana a varios amigos venezolanos, vinculados a él desde los aguerridos años 1960. </span></span>Q<span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">uiso Marta que yo dijera algunas palabras, por ser la Embajada sede del encuentro. Observar a Piñeiro en esas imágenes tan humanas me estremeció. De tal modo, que temí no poder decir lo que deseaba a nuestros invitados venezolanos, quienes sentían que él no pudiese disfrutar con ellos la reciente victoria electoral de Chávez y el pueblo bolivariano el 6 de diciembre, pues consideraban que también era un triunfo de Piñeiro. Por eso, de repente, aquella noche me senté a escribir las ideas que fluían una tras otra y apenas dos horas después terminó la erupción. </span></span></em></p>
<p align="justify"><em><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">En 2004 incluí esas palabras en el libro “Cuba desde Venezuela”, y ahora las he actualizado. Piñeiro es y seguirá siendo el mismo que recordé entonces, aunque en verdad he sentido que hoy es más inmenso y nos hace aún más falta. En esta evocación y en varias otras de sus compañeros de diferentes jornadas, de conjunto se han ido despejando los enigmas de Barbarroja y las razones por las que sigue latiente en nosotros y perdura en las nuevas generaciones. </span></span></em></p>
<p align="justify"><em><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">Más que leyenda o mito, su vida es un legado pedagógico de ideas, experiencias, estilo de trabajo y emociones para todo el que pretenda hoy o mañana en la América nuestra, plantearse y hacer en serio emboscadas y ataques revolucionarios por todos los flancos al capitalismo y al imperio. </span></span></em></p>
<p align="justify"><em><span style="font-family:Arial, serif;"><span style="font-size:large;">La Habana, 5 de marzo de 2021</span></span></em></p>
<p align="justify">
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