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	<title>La pupila insomne &#187; Mailkel Pons Giralt</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>El camino a la pedagogía. Por Maikel Pons Giralt</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Aug 2017 11:30:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Mailkel Pons Giralt]]></category>

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		<description><![CDATA[La pregunta a mi amigo fue ¿por qué la Pedagogía en tu vida?, un breve silencio…y comienza lentamente a hilvanar ideas <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=60002">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-600030" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2017/07/pedagogia.jpeg"></div></div></td></tr></table><p><span style="color:#000000;">La pregunta a mi amigo fue<em><strong> ¿por qué la Pedagogía en tu vida?</strong></em>, un breve silencio…y comienza lentamente a hilvanar ideas. <strong><em>¡La pedagogía ha hecho que encuentre el camino!, dijo aquello…y continuó convencido.</em></strong></span><span id="more-60002"></span></p>
<p><span style="color:#000000;">Desde pequeño lo rodeó un clima familiar adverso, brusco, de conflictos diversos. Su madre sola y perturbada por las preocupaciones…el padre presente ocasionalmente, casi siempre por intermedio de su madrastra, con algún que otro regalo de fin de semana en su casa, pero con deudas de afecto permanente. La escuela fue ese refugio de intereses y motivaciones que animaban mi vida de niño…me dice. Siempre encontró una maestra(o) que asumiera el afán constante de conocer y también el reto de influir en el desarrollo de un carácter infantil que se mostraba por momentos excesivamente colérico e introvertido. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Me cuenta de la maestra Grisell en 4to grado… aquella mujer sensacional, estar en sus clases era mi pasión. Sus anécdotas históricas, su ejemplo como ser humano, sus regaños pausados pero enérgicos, la paciencia amorosa…son imborrables. Cierto día, Grisell llegó muy triste al aula&#8230;dio su clase con la luz de siempre pero tenue; en algún momento se vio rodar una lágrima en su mejilla, pidió disculpas. Con dolor infinito contó la historia tristísima de haber perdido su único hijo en un trágico accidente; regresaba de poner flores en su tumba, pues era aniversario de su pérdida. </span></p>
<p><span style="color:#000000;">Dice que aquel día de su 4to grado, admiró más a su profe Grisell. También entendió que sus maestros(as) eran personas que también sufrían, pero dejaban sus preocupaciones a un lado y se dedicaban por entero a ocuparse y preocuparse por educarlos a ellos para la vida. Habla también del director Narciso y aquella rutina que hizo posible estar cada día después de almuerzo en su oficina, como polilla en su librero, leyendo…leyendo: ¡quiero leer este, profesor! !Llévelo hijo! …y cuando se traslada de escuela le regala el libro de René Guillot “El señor de los elefantes” con una dedicatoria especial y pública, invitándolo a no perder el camino. Cuando no pierde el camino y alcanza estudios preuniversitarios, Narciso invita al niño ya adolescente a su escuela primaria para ponerlo como ejemplo de voluntad y estudio. Me habla de aquel orgullo inmenso del que sabe hacer posible lo que parecía imposible, y del agradecimiento infinito a sus maestras (os).</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Dice que no puede olvidar nunca que, en pleno período especial, se quedó sin zapatos para ir a la Secundaria, su madre no tenía cómo comprarlos. Recuerda el dolor inmenso de no poder ir a la escuela, luego de tanto sacrificio parecía que “un par de zapatos” le harían perder el curso. Pero llegó un día Zaldívar, el profe de Historia. ¡Mire hijo usted no puede dejar la escuela, con eso no resolverá nada; le prometo que hablaré con el grupo y veremos cómo ayudarlo…pero usted no me puede dejar la escuela! Pasaron tres días y se aparece una estudiante a la casa: ¡Ricardo, el grupo reunió un dinero convocados por el profe Zaldívar y te pedimos que aceptes este par de zapatillas (las populares chupameao de la época) para que puedas continuar la escuela!</span></p>
<p><span style="color:#000000;">¡La pedagogía y los pedagogos han hecho mucho en mi vida!&#8230; hace una pausa mi amigo y continúa. Recuerda entonces a Caridad y Georgina, aquellas joyas negras que decidieron pulirlo en el Pre a fuerza de ternura, motivación y siempre planteándole retos superiores. Cuando su carácter lo hacía explotar y cometer errores allí estaban ellas con el consejo oportuno, la reprimenda correcta, pero ante todo la comprensión, el apoyo y la confianza plena en él y su capacidad de ser un mejor ser humano.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Los ejemplos que muestra mi amigo son difíciles de enumerar en esta crónica finita, porque la vida es mucho más que anécdotas e historias de ocasión. Fue impactante conocer que estando en la universidad estuvo dos meses sin ir a clases, había decidido dejarla para trabajar y ayudar a su hermana y a su madre en la casa. A punto de causar baja, fue nuevamente el apoyo y la comprensión de sus profes y la convicción determinada de no torcer su camino lo que permitió que volviera y concluyera con notas sobresalientes su carrera.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Veinte años después de aquellas “zapatillas salvadoras” de su profe Zaldívar y sus compañeros, mi amigo es citado a una reunión donde están decenas de profesores de todo el territorio. Se habla de valores, de educación y tiempos actuales y allí está, envuelto ya en canas, su profe Zaldívar. Pide la palabra y emocionado hace la historia (que se repite día a día con otros nombres y en otras circunstancias) de su profe de Secundaria y cómo aquella historia cambió su vida…al final, con el público expectante y conmocionado, afirma que ese profe estaba allí y era Zaldívar.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Brotaron las lágrimas, los aplausos, las felicitaciones y los profes agradeciendo su intervención y el respondiendo ¡a mí no, agradezcan a Zaldívar que hizo posible mi presencia aquí hoy! Unos minutos pasan y se paraliza la reunión con un abrazo infinito entre el profesor y el alumno, entre el educador y su educando, que ahora educa y se educa. No olvida que tiene legado el compromiso de alentar sueños…de desbrozar caminos, caminando… de generar confianza, confiando…de formar, formándose… de educar, educándose… de instruir, instruyéndose. En fin, de desarrollar su vida teniendo como esencia hacer realidad que otros desarrollen su vida.</span></p>
<p><span style="color:#000000;">Se cumple entonces el apotegma martiano: &#8220;Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive; es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida&#8221;. </span></p>
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