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	<title>La pupila insomne &#187; guerra mundial</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Una Nochebuena particular</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Jan 2011 14:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-62760" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/01/1914.jpg"></div></div></td></tr></table><div id="cuerpo" style="text-align:justify;">
<h5><strong>Juan Gelman</strong></h5>
<p><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/01/1914.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6276" title="1914" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/01/1914.jpg" alt="" width="232" height="235" /></a>Cesaron los  tiros. Los combatientes de una trinchera comenzaron a cantar un  villancico. En la trinchera de enfrente respondieron con el mismo  villancico en otro idioma. Los adversarios de ambos bandos salieron a la  tierra de nadie sembrada de cadáveres y confraternizaron. Sucedió el 24  de diciembre de 1914 en el frente de la Bélgica francesa donde terminó  la guerra de posiciones y tuvo lugar la batalla de Flandes. A esa  altura, la Gran Guerra o “la guerra que iba a terminar con todas las  guerras” había cobrado decenas de miles de vidas en cuatro meses. Y el  pronóstico <span id="more-6275"></span>falló.</p>
<p>La Historia conoce treguas desde Troya, concertadas entre los mandos  enemigos para enterrar a sus muertos, rezar por la victoria, dar algún  descanso a las tropas. Esta fue espontánea. La instauraron los efectivos  alemanes y británicos enfrentados corriendo el riesgo de padecer sendas  cortes marciales, tal vez movidos por el encuentro de la memoria de  Navidades pasadas en compañía de sus familias, con la fe en Dios y la  fatiga de una guerra sin sentido aparentemente provocada por el  asesinato de un remoto archiduque. No se trata de un mito ni de un  cuento de Navidad: ocurrió, aunque relatos, novelas, canciones y  películas que nacieron de este hecho excepcional lo envolvieron luego  con capas de fantasía.</p>
<p>Una fuente legítima de conocimiento son las cartas que los soldados,  suboficiales y oficiales británicos enviaron a sus familiares y se  publicaron en periódicos ingleses locales hasta que su aparición fue  prohibida en 1915 (www.chris tian.co.uk). Construyen una narrativa sin  tapujos que deshace toda posibilidad de literatura fantástica. No hace  falta. Menos de 60 metros separaban las trincheras de los contendientes  en Ypres y los de un lado podían escuchar las conversaciones del otro  cuando callaban los fusiles. El 24 de diciembre de 1914 un extraño  silencio acompañó la caída del crepúsculo. A las 11 de la noche, los  alemanes alzaron un árbol de Navidad con velas encendidas que recibió  algunos tiros hasta que se oyó el “Stille Nacht, Heilige Nacht”. Fue  respondido enfrente con el “Silent Night”, el villancico “Noche de Paz”  en otras lenguas. Y siguieron otros: “Oh, Come All Ye Faithful” y  “Adeste Fideles”.</p>
<p>Los soldados salieron entonces de los pozos de fango en que se  habían convertido las trincheras, cremaron o enterraron los restos de  los caídos que llevaban semanas bajo el frío invernal, se dieron la mano  en medio de la tierra de nadie –ahora de ellos–, intercambiaron  cigarrillos ingleses por schnaps y caramelos alemanes y no tardaron en  jugar al fútbol con una pelota de verdad aportada por un militar  precavido. Los puntiagudos cascos alemanes delimitaban los arcos y no se  oían cañonazos, sino gritos de “goal” y “tor”. Los Fritzs les ganaron a  los Tommies 3 a 2.</p>
<p>“La noche pasó como en sueños”, escribió el soldado británico Henry  Williamson. “Descubrimos que los del otro lado no eran bárbaros, como se  nos hizo creer –declaró el escocés Alfred Anderson–, eran como  nosotros.” “Nos separamos estrechándonos las manos largamente y  deseándonos lo mejor”, anotó en carta a su familia Percy Jones, de la  Brigada Westminster. Abundan en esas misivas la mención “soñando  despierto”. Los altos mandos franceses negaron lo sucedido, pero Víctor  Granier, tenor de la Opera de París, interpretó “Minuit, Chrétiens” y  Walter Kirchoff, un astro de la Opera Imperial de Berlín, cantó para los  ingleses.</p>
<p>Los jefes militares estaban presos en su indignación: la guerra  debía seguir, la matanza debía seguir en aras del interés nacional de  cada quien. El general sir Horace Smith-Dorrien ordenó cesar los  contactos con el enemigo porque “debemos conservar nuestro espíritu de  lucha para acabar con esta guerra rápidamente”. Más rápido hubiera sido  ponerle fin: el armisticio se firmó cuatro años después con un saldo de  diez millones de muertos y 20 millones de heridos.</p>
<p>El 25 a la mañana se ofició una suerte de misa por los muertos de  los dos ejércitos y la confraternización continuó. Como las tropas de  reemplazo de los “pacifistas” tardaban en llegar, la tregua se prolongó  varios días. Los cañones inauguraron el 1915 creando un Año Nuevo  inédito para casi todos. George Wilson, de la 3ª Compañía de Rifleros de  Londres, escribió en su diario: “Nos separamos sabiendo que  difícilmente nos volveríamos a ver”.</p>
<p>Los capitanes Miles Barnes y sir Iain Colquhoun, de la 1ª Compañía  de Guardias Escoceses, intentaron convertir esa tregua en tradición: en  la Nochebuena de 1915, efectivos británicos y alemanes sólo se mezclaron  media hora en la tierra de nadie, pero durante todo el día de Navidad  se sentaban en sus respectivos parapetos a la vista del enemigo sin  disparar un tiro. Una Corte Marcial juzgó a los capitanes y el hecho ya  no se repitió.</p>
<p>En un mundo que no conoce un solo día de paz desde 1939, con una  guerra siempre en algún rincón del planeta, esa tregua parece una  ficción. Será que la Naturaleza imita al Arte, como observó Oscar Wilde. (Tomado de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-159716-2011-01-02.html" target="_blank"><em>Página 12</em></a>)</p>
</div>
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