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	<title>La pupila insomne &#187; Filipinas</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Plegaria guerrera*</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Aug 2010 14:25:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mentiras y medios]]></category>
		<category><![CDATA[Terrorismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Guerra de Filipinas]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;MarkTwain Fue una época de gran exaltación y emoción. El país se había levantado en armas, había empezado la guerra y en cada pecho ardía el fuego sagrado del patriotismo; se oía el redoble de los tambores y tocaban las &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=742">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-7430" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/08/cementerio.jpg"></div></div></td></tr></table><h5><strong>MarkTwain</strong></h5>
<p><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/08/cementerio.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-743" title="Cementerio" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/08/cementerio.jpg" alt="Cementerio " width="265" height="190" /></a>Fue una época de gran exaltación y emoción. El país se había  levantado en armas, había empezado la guerra y en cada pecho ardía el  fuego sagrado del patriotismo; se oía el redoble de los tambores y  tocaban las bandas de música; tiraban cohetes y un montón de fuegos  artificiales zumbaban y chisporroteaban. Allí abajo, a lo lejos, de las  manos, tejados y balcones ondeaba al sol una espesura de banderas  brillantes. De día, por la ancha avenida, los jóvenes voluntarios  desfilaban alegres y hermosos con sus uniformes; a su paso los  orgullosos padres, madres, hermanas y enamoradas los vitoreaban con  voces ahogadas por la emoción. De noche, en las concurridas reuniones se  escuchaba con admiración la oratoria patriótica que agitaba lo más  hondo de sus corazones, y que solía interrumpirse con una tempestad de  aplausos, al tiempo que <span id="more-742"></span>las lágrimas corrían por sus mejillas. En las  iglesias los pastores predicaban devoción a la bandera y al país, y en  favor de nuestra noble causa imploraban ayuda al dios de las batallas  con una elocuencia tan efusiva y fervorosa que conmovía a todos los  oyentes. De hecho, era una época próspera y alegre, y los pocos  espíritus temerarios que se aventuraban a desaprobar la guerra y a  albergar alguna duda sobre su rectitud, enseguida recibían un castigo  tan duro y severo que, para su propia seguridad, inmediatamente  retrocedían espantados y no volvían a ofender en ese sentido.</p>
<p>Llegó el domingo por la mañana. Al día siguiente los batallones  partirían hacia el frente; la iglesia estaba a rebosar. Y allí estaban  los voluntarios, con sus rostros iluminados por visiones y sueños  milicianos. ¡El austero avance de tropas, el ímpetu incontenible, el  ataque desenfrenado, los sables relucientes, la huida del enemigo, el  tumulto, el humo envolvente, la búsqueda feroz y la rendición! ¡Y luego,  de regreso al hogar, los héroes condecorados, bienvenidos, venerados,  inmersos en un mar de oro de gloria! Al lado de los voluntarios se  sentaban sus seres queridos, orgullosos, contentos y envidiados por los  vecinos y amigos que no tenían hijos o hermanos a quienes enviar al  campo de honor, para vencer por la bandera o, caso contrario, sucumbir a  la más noble de las muertes nobles. El servicio religioso continuó. Se  leyó un capítulo del Antiguo Testamento sobre la guerra y se rezó la  primera plegaria, seguida de un estallido del órgano que sacudió el  edificio. Y de un impulso la congregación se levantó con brillo en los  ojos y latidos en el corazón: &#8220;¡Dios Todopoderoso! ¡Tú que ordenas, el  trueno es tu trompeta y el rayo tu espada!&#8221;.</p>
<p>Después vino la oración larga. Nadie recordaba algo semejante por lo  apasionado de la súplica y lo conmovedor y bello de su lenguaje. En  esencia, la oración pedía al Padre de todos nosotros, benigno y siempre  misericordioso, que velara por nuestros nobles y jóvenes soldados y les  proporcionara auxilio, consuelo y ánimo en el afán de su patriótica  tarea; que los bendijera y protegiera con Su poderosa mano en la  batalla; que los fortaleciera y les diera confianza para que fueran  invencibles en el ataque sangriento; que les ayudara a aplastar al  enemigo y les concediera, tanto a ellos como a su patria y su bandera,  la gloria y el honor imperecederos.</p>
<p>Un anciano extraño entró y con paso lento y callado avanzó por el  pasillo, con los ojos clavados en el clérigo. Tenía un cuerpo alto e iba  vestido con una túnica que le llegaba a los pies, llevaba la cabeza  descubierta, una vaporosa cascada de cabello cano le caía sobre los  hombros y tenía la cara arrugada y exageradamente pálida, casi  fantasmal. Llenos de asombro, todos le seguían con la mirada mientras se  encaminaba al altar en silencio y sin pausa, hasta que se detuvo a la  par del clérigo y se quedó allí esperando de pie.</p>
<p>El clérigo, con los ojos cerrados, no se había percatado de la presencia  del extraño y prosiguió con su oración conmovedora hasta terminar con  las siguientes palabras, pronunciadas con gran fervor: &#8220;¡Bendice  nuestras almas, concédenos la victoria, Oh Señor Nuestro, Dios, Padre y  Protector de nuestra tierra y, nuestra bandera!&#8221;.</p>
<p>El extraño le tocó el brazo y le hizo señas para que se apartara –a lo  que accedió el desconcertado clérigo– y ocupó su lugar. Durante unos  momentos, con ojos solemnes que emanaban una luz extraordinaria,  contempló detenidamente a la audiencia embelesada. Entonces con una voz  profunda dijo: &#8220;Vengo del Trono. Soy portador de un mensaje de Dios  Todopoderoso&#8221;. Las palabras golpearon a la congregación como en un  seísmo; si el extraño Io percibió no hizo ningún caso. &#8220;El ha escuchado  la oración de Su siervo, vuestro pastor, y se concederán sus peticiones  si ése es vuestro deseo después que yo, Su mensajero, os haya explicado  su significado, es decir, todo su significado. Pues sucede lo que en la  mayoría de las oraciones de los hombres; el que las pronuncia pide mucho  más de lo que es consciente, salvo que se detenga y se ponga a  meditar&#8221;.</p>
<p>&#8220;Vuestro Siervo de Dios ha rezado su plegaria. ¿Ha reflexionado sobre lo  que ha dicho? ¿Es acaso una sola oración? No; son dos –una pronunciada y  la otra no–. Ambas han llegado a los oídos de Aquel que escucha todas  las súplicas, tanto las anunciadas como las guardadas en silencio.  Ponderad esto y guardadlo en la memoria. Si rezas una plegaria en tu  beneficio ¡ten cuidado! No sea que sin querer invoques al mismo tiempo  una maldición sobre el vecino. Si rezas una oración para que llueva  sobre tu cosecha, mediante ese acto quizá estés implorando que caiga una  maldición sobre la cosecha de alguno de tus vecinos que probablemente  no necesite agua y resulte así dañada&#8221;.</p>
<p>&#8220;Han escuchado la oración de vuestro siervo –la parte enunciada–. Yo he  sido encargado por Dios para poner en palabras la otra parte, aquélla  que el pastor –al igual que ustedes en sus corazones– rezaron en  silencio. ¿Con ignorancia y sin reflexionar? ¡Dios asegura que así fue!  Oísteis estas palabras: &#8216;Concédenos la victoria, Oh Señor Nuestro Dios&#8217;.  Eso es suficiente. La oración pronunciada está íntimamente ligada a  esas palabras fecundas. No han sido necesarias las explicaciones. Cuando  habéis rezado por la victoria, habéis rezado por las muchas  consecuencias no mencionadas que resultan de la victoria –debe ser así y  no se puede evitar– El espíritu atento de Dios Padre acogió también la  parte no pronunciada de la oración. Me encargó que la expresara con  palabras. ¡Escuchad&#8221;.</p>
<p>&#8220;Oh Señor, nuestro Padre, nuestros jóvenes patriotas, ídolos de nuestros  corazones, salen a batallar. ¡Mantente cerca de ellos! Con ellos  partimos también nosotros –en espíritu– dejando atrás la dulce paz de  nuestros hogares para aniquilar al enemigo. ¡Oh Señor nuestro Dios,  ayúdanos a destrozar a sus soldados y convertirlos en despojos  sangrientos con nuestros disparos; ayúdanos a cubrir sus campos  resplandecientes con la palidez de sus patriotas muertos; ayúdanos a  ahogar el trueno de sus cañones con los quejidos de sus heridos que se  retuercen de dolor. Ayúdanos a destruir sus humildes viviendas con un  huracán de fuego; ayúdanos a acongojar los corazones de sus viudas  inofensivas con aflicción inconsolable; ayúdanos a echarlas de sus casas  con sus niñitos para que deambulen desvalidos por la devastación de su  tierra desolada, vestidos con harapos, hambrientos y sedientos, a merced  de las llamas del sol de verano y los vientos helados del invierno,  quebrados en espíritu, agotados por las penurias, te imploramos que  tengan por refugio la tumba que se les niega -por el bien de nosotros  que te adoramos, Señor-, acaba con sus esperanzas, arruina sus vidas,  prolonga su amargo peregrinaje, haz que su andar sea una carga, inunda  su camino con sus lágrimas, tiñe la nieve blanca con la sangre de las  heridas de sus pies! Se lo pedimos, animados por el amor, a Aquel quien  es Fuente de Amor, sempiterno y seguro refugio y amigo de todos aquellos  que padecen. A El, humildes y contritos, pedimos Su ayuda. Amén&#8221;.  (Después de una pausa) &#8220;Así es como lo habéis rezado. ¡Si todavía lo  deseáis, hablad! El mensajero del Altísimo aguarda.</p>
<p>Más tarde se creyó que el hombre era un lunático porque no tenia sentido nada de lo que había dicho.</p>
<h6>*Este<a href="http://lapupilainsomne.wordpress.com/2010/08/07/solicitud-urgente-un-poco-de-humildad/"> muy vigente</a> texto fue escrito durante la guerra de Estados Unidos en Filipinas  (1899-1913).  <em>Harper&#8217;s Bazaar</em> lo rechazó  &#8220;por no ser adecuado para una revista femenina&#8221;. Mark Twain tenía un contrato  de exclusividad con Harper &amp; Brothers, por lo que no se publicó  en ninguna otra editorial.  Estuvo sin publicarse hasta 1923, cuando fue incluido por su albacea, Albert Bigelow Paine, en el libro <em>Europe and  Elsewhere</em> (Europa y otros lugares) .  El autor había muerto en 1910.</h6>
<h6>El relato fue rechazado el 22 de marzo de 1905. Ocho días después, Twain escribió a su amigo Dan Beard, quien había leído la obra: «No creo que la oración sea publicada en mi época&#8221;.</h6>
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