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	<title>La pupila insomne &#187; desarrollo sostenible</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Barbault: Cuanto más se destruye, más se aumenta el PIB</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Dec 2010 11:23:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[biodiversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio climático]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-52470" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/12/barbault.jpg"></div></div></td></tr></table><p style="text-align:justify;"><strong>Eduardo Febbro/Página 12</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<div id="attachment_5247" style="width: 242px" class="wp-caption alignleft"><em><em><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/12/barbault.jpg"><img class="size-full wp-image-5247" title="barbault" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/12/barbault.jpg" alt="" width="232" height="174" /></a></em></em><p class="wp-caption-text">Robert Barbault</p></div>
<p><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Robert Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones  humanas y, a partir de los años ’80,   uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de  “biodiversidad”. En su reflexión se aúnan dos fuentes disociadas: la  ecología naturalista y la ecología política. El resultado resalta una  evidencia no siempre destacada: “Nuestra existencia se funda sobre los  sistemas vivientes”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento  del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una  “cooperación” con el tejido viviente del planeta.<span id="more-5246"></span></em></p>
<p style="text-align:justify;">¿Qué es la vida? Un paseo a través de las pasarelas de la Galería de  la Gran Evolución del Museo de Historia Natural de París bosqueja una  respuesta singular: los elefantes, los dinosaurios, las jirafas, las  cebras, los monos, los tigres, los rinocerontes, las focas, los  incontables pájaros y mariposas componen un retrato alucinante de la  diversidad de la vida terrestre. Del silencio atomizado de esos  animales, de su eterna inmovilidad científica ofrecida a la observación,  se desprende una sensación de admiración, de extrañeza y de hermandad  sustancial con aquel laberinto de especies. La terminología moderna  define esa variedad de seres vivos que pueblan la Tierra con un término  no siempre comprendido en su exacta profundidad: la biodiversidad, eso  que el biólogo francés Robert Barbault llama “el tejido viviente del  planeta”. Tejido, red, malla, entrelazado, entramado, la relación entre  las especies es una interconexión permanente que no excluye al ser  humano. Barbault es un reconocido especialista de la biología de las  poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que  reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad” que el entomólogo  Edward Wilson puso de moda cuando advirtió sobre la acelerada  desaparición de las especies. Biólogo, profesor en la Universidad de  París VI y director del Departamento Ecología y Gestión de la  Biodiversidad en el Museo Nacional de Historia Natural, Barbault ha  explorado ese “tejido viviente” pero no como una curiosidad científica  sino en su relación más directa y peligrosa con las sociedades humanas.  En su libro más célebre, El elefante en la cacharrería (Editorial  Laetoli, 2009), el biólogo francés analizó la “destrucción programada de  la biodiversidad” bajo la presión del crecimiento de las sociedades  humanas. La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN)  calcula que una tercera parte de las especies animales o vegetales están  amenazadas de extinción y que la velocidad de esa extinción es mil  veces más elevada que el ritmo natural. Barbault aúna en su reflexión  dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política.  El resultado es un trabajo riguroso y claro que resalta una evidencia no  siempre destacada por la ecología política: “nuestra existencia se  funda sobre los sistemas vivientes”, todo lo que consumimos “proviene de  los seres vivos”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento  del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una  “cooperación” con el tejido viviente del planeta, es decir, con los  seres vivos. Robert Barbault observa a menudo que de la biodiversidad  sólo percibimos la palabra, que Occidente vive tan alejado de la  biodiversidad que hasta perdió la conciencia de que la aventura del ser  humano en el planeta es posible gracias a ella, incluso cuando  consumimos gas o petróleo. ¿Qué es la vida? Pues precisamente eso: un  tejido de diversidades que la especie humana se ha empeñado en destruir.</p>
<h3 style="text-align:justify;">Los sentidos de la biodiversidad</h3>
<p style="text-align:justify;"><strong>–La biodiversidad es una palabra de moda cuyo sentido  profundo, sin embargo, escapa a la comprensión completa. Los medios la  resumen a la relación que puede haber entre una araña y una mosca, pero  la biodiversidad es algo más complejo e incluso más estratégico que el  cambio climático.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Si se inventó la palabra biodiversidad no fue sólo para afirmar que  la vida es diversificada. No, fue para introducir algo nuevo y  radicalmente diferente: se trata de tomar conciencia de nuestras  implicaciones en la biodiversidad, a la que yo defino como el tejido  viviente del planeta. Existen redes, mallas, tejidos e interacciones  entre las especies, entre nosotros y las especies. Y es ese tejido el  que hoy se está deconstruyendo, destejiendo. La biodiversidad es un  fenómeno geopolítico que plantea muchos problemas. Cuando nos referimos a  la biodiversidad estamos aprendiendo muchas cosas sobre nosotros, los  seres humanos. La biodiversidad es un espejo, es un problema de la  sociedad humana y no sólo de los seres vivos, que pueden prescindir de  nosotros. El sistema de lobbies que está detrás del desarrollo actual  tiene una potencia financiera tal, una capacidad de comunicación y de  manipulación de la opinión tan grande que llega a sembrar la duda en la  sociedad sobre los problemas derivados de la biodiversidad o del cambio  climático. Tenemos una visión limitada de la biodiversidad, como si sólo  se tratara de un catálogo de especies o de una colección de  estampillas. No se llega a entender que una especie es semejante a la  población humana, es un conjunto de individuos que depende de recursos,  de un territorio.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Usted señala en sus trabajos una paradoja terrible: nuestra  relación con el sistema de los seres vivos es destructora cuando, en  realidad, el ser humano depende enteramente de la integridad de ese  sistema.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–El modo de desarrollo económico está gobernado por una especie, la  humana, que se ha desarrollado a un paso acelerado y que, para vivir,  requiere constantes recursos. El sistema económico dominante hizo perder  de vista la noción según la cual nuestra existencia se funda sobre los  sistemas vivientes. Las energías fósiles, carbón o petróleo, son el  resultado de los seres vivos. Todo lo que comemos proviene de los seres  vivos, de la diversidad. La ropa con la que nos vestimos, incluso cuando  es sintética, proviene de la diversidad porque sale del petróleo y el  petróleo es el trabajo de la vida durante millones y millones de años.  Todo parte de las estructuras de los seres vivos, estamos rodeados de  ellos. La razón de ser de la diversidad es la estrategia de adaptación a  los cambios, a las catástrofes. Ello explica por qué los seres vivos  son tan diversificados y por qué hay mucho más que tres especies en la  Tierra. Para durar en un mundo que cambia todo el tiempo sólo la  diversidad tiene esa capacidad de adaptación.</p>
<h3 style="text-align:justify;">El papel de la cooperación</h3>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Usted también pone de relieve otra de las carencias de la  visión contemporánea de la naturaleza. Se ahonda mucho en los principios  de preservación, de protección, pero se aborda muy poco la noción de  cooperación entre las especies, concretamente, entre el ser humano y su  entorno natural. Se erigió la competición y el desarrollo como norma, o  sea, como abuso.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Consumimos en exceso lo que nos da la vida y olvidamos con ello la  noción de cooperación con las especies. Se ha trabajado muy poco sobre  la cooperación entre las especies. Hasta los años ’80 se hablaba mucho  acerca de la relación entre el predador y la presa pero muy poco sobre  la interacción, la cooperación. Eso me llevó a interesarme en la  historia del pensamiento ecológico. En esos textos encontré un reflejo  de la sociedad industrial, es decir, el concepto de competencia por  encima de todo, la relación comedor/comido. Nada había sobre la  importancia de las relaciones basadas en la cooperación. Sin embargo, en  la historia de los seres vivos, la cooperación y las interacciones  positivas entre individuos de la misma especie y de especies diferentes  son fundamentales, tanto más cuanto que constituyen la fuente de la  diversidad y de la vida en la Tierra. No niego la existencia de la  competencia entre las especies, pero también encontramos los mismos  niveles de cooperación. Por ejemplo, si reflexionamos un poco, enseguida  nos damos cuenta de que la agricultura no es otra cosa que una relación  de cooperación entre el Homo Sapiens, las plantas y los animales que  hemos domesticado. Las sociedades humanas también funcionan en torno de  la confianza y la cooperación. Como lo vimos con la crisis financiera,  cuando se produce una ruptura en la confianza se fractura la sociedad y  nada funciona. La misma ley que rige las sociedades humanas vale para  los seres vivos.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Sin embargo, el modelo de desarrollo es totalmente  destructor, a la vez de la biodiversidad y de la idea de cooperación.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Este sistema se construyó según la hipótesis de que la naturaleza  era una cuestión de recursos infinitos, ilimitados. Durante los siglos  XVI, XVII y XVIII esa hipótesis podía ser válida porque el impacto del  ser humano sobre la naturaleza era moderado. Pero con la aceleración del  tiempo, gracias a los desarrollos técnicos y científicos y a la  irrupción de la sociedad industrial, la población humana creció  enormemente, y con ello sus necesidades. Esa hipótesis es entonces  inaplicable. El cambio se produjo con la Segunda Guerra Mundial. A  partir de allí se aceleró la depredación de los recursos. Desde entonces  nada detuvo el movimiento. Hoy sabemos que esa política no puede  continuar. Se inventó el concepto de desarrollo sostenible, pero tengo  la impresión que esa idea feliz se limita a una suerte de marca, de  etiqueta, de sello carente de beneficios. De hecho, por más desarrollo  sostenible que se quiera impulsar, si no se reflexiona sobre la falsedad  en que se basó nuestro modo de funcionar, no sirve de mucho. Si se  quiere cambiar el rumbo de la situación es imprescindible llevar a cabo  esa reflexión, encontrar en qué nos equivocamos a fin de reincorporarnos  al tejido de lo viviente planetario y tomar conciencia de que  dependemos de él. Es preciso cambiar muchas cosas de forma radical. Esto  no se hará de un día para el otro. Pasar de un sistema de desarrollo  como el nuestro, totalmente depredador, a otro más racional, necesitará  tiempo. Desarrollo sostenible también quiere decir desarrollar la  calidad de vida. Pero claro, si se habla de desarrollar el crecimiento  del PIB entonces caemos en un sin sentido. Lamentablemente ése es el  riesgo que corremos hoy.</p>
<h3 style="text-align:justify;">La dictadura del PBI</h3>
<p style="text-align:justify;"><strong>–La idea de crecimiento es intrínseca al concepto de  desarrollo. Resulta filosófica y políticamente imposible hacer entender  que la dictadura del crecimiento del PIB como única medida del  desarrollo humano y del progreso es un suicidio programado.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–La realidad es la siguiente: si pasamos a un modo de crecimiento  más económico y eficaz apenas esto nos permitirá ganar un poco de tiempo  para intentar, al menos, cambiar de dirección. Pero el problema que se  plantea es que es casi imposible hablar de decrecimiento. No se acepta  la idea de que el crecimiento no puede ser eterno, es imposible hablar  de ello o analizar qué estamos poniendo dentro de la palabra  crecimiento, qué es lo que sí puede crecer y lo que no. Ese ha sido uno  de los límites que encontré en el desarrollo sostenible. No se trata de  discutir sobre lo sostenible sino sobre qué es exactamente el  desarrollo, eso que concierne a las sociedades humanas y que debería  permitirles durar el mayor tiempo posible. La crisis de la biodiversidad  nos obliga hoy a reflexionar en esos términos. Lamentablemente, la  biodiversidad sigue limitada a las reservas, a la idea simple de  preservación. Y todo sigue igual porque las referencias son  estrictamente económicas y ese modo de desarrollo económico no toma en  cuenta los estragos que se ocasionan. ¡Muy por el contrario, los  estragos están incluidos en el crecimiento! Cuanto más se destruye, más  se aumenta el PIB. ¡Con un indicador semejante hemos empezado muy mal!</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Se ha llegado a una velocidad de destrucción de la  biodiversidad mil veces superior a la velocidad natural.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–La velocidad de destrucción de la biodiversidad es  considerablemente mayor que la natural y, sobre todo, si no se cambia  nada esa destrucción continuará acelerándose. Esa es la principal  preocupación, que muy pocos toman en serio.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Incluso si hay un debate al respecto, muchos científicos  sostienen que hemos llegado a la sexta etapa de la extinción.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Depende de cómo se digan las cosas porque si no esto puede tener un  aspecto más negativo que constructivo. Se dice: estamos en la sexta  crisis de extinción y se hace la analogía con las cinco precedentes, que  se produjeron cuando el ser humano no estaba aquí y en escalas de  tiempo que nada tienen que ver con las escalas con las que vivimos hoy.  La última extinción duró millones de años. Dicho esto, debemos  comprender que estamos en un proceso, en una fase de aceleración de la  tasa de extinción. En nuestra calidad de especie humana tenemos la  capacidad de reaccionar. Si somos capaces de hacer la guerra de un día  para otro, incluso cuando no hay dinero, pienso que podemos resolver el  problema. No creo que vayamos a erradicar por completo la amplificación  de la erosión de la biodiversidad, pero podemos tender hacia una  estabilización, a una coexistencia pacífica con la biodiversidad.  Prefiero decir que estamos en una fase de incremento de la extinción,  conocemos la causa y tenemos los medios de corregir la tendencia.  Necesitamos la riqueza de los seres vivos para seguir teniendo una  calidad de vida humana en la Tierra. No es la supervivencia biológica  del hombre lo que está amenazado, es su supervivencia como ser humano  con una gran H lo que está en la cuerda floja, es decir, su dimensión de  ser humano. Las causas de la destrucción de la biodiversidad son las  mismas que desencadenan la degradación social. Hacer como si fueran  cosas distintas, como si los problemas de las especies fuesen  secundarios y los problemas del desempleo una cosa de primer plano, no  es pertinente: en realidad, la misma aplanadora que degrada la sociedad  humana degrada el marco de vida de las sociedades humanas en todo el  mundo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–¿Cómo explicar la indiferencia y hasta la irresponsabilidad  planetaria de la población humana, especialmente en Occidente, frente a  la degradación de la biodiversidad, a la desaparición de las especies?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Creo que es ante todo un problema de impotencia. Además, la  población humana es cada vez más humana y Yalta un elemento central: la  desaparición de la transmisión de la información sobre las especies. Ya  casi no quedan abuelos para contar cómo era antes la naturaleza. Pero lo  más fundamental que ha ocurrido es que el ser humano se cortó del resto  de los seres vivos. Se descompuso la trilogía judeo cristiana: Dios, el  hombre y la naturaleza. Cuando uno se baña en la visión dinámica de la  biodiversidad, en el tejido de lo viviente en el planeta, en sus  interacciones, en las relaciones de parentesco que hay entre las  especies, lo que se llama el árbol de la vida, ello nos lleva a tomar  conciencia de que estamos arraigados muy profundamente en lo viviente.  En nuestros genes tenemos herencias que remontan a millones y millones  de años. Por consiguiente, sentirse un primo cercano de los otros seres  vivos en una época de profunda desestabilización equivale a una forma  saludable de arraigamiento. A partir de ahí podemos redescubrir nuestra  relación parental con las otras especies, nuestra dependencia con el  resto de los seres vivos y ver así la riqueza que hay en todo esto.  Nuestra relación de dependencia con los seres vivos también nos da  nuestra libertad de seres humanos para desarrollar nuevas cosas. Hay una  paradoja en la toma de conciencia de la dependencia, que es a la vez la  base de una auténtica libertad.</p>
<h3 style="text-align:justify;">Los caminos de la humanidad</h3>
<p style="text-align:justify;"><strong>–¿Cómo transmitir ese saber, esa conciencia, a las nuevas  generaciones? La educación, que es una base decisiva, ha fracasado hasta  ahora. ¿No habría que refundar el sistema educativo para desarrollar  las nociones de biodiversidad, cooperación, interacción?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–La educación sigue siendo esencial. La educación debe ser un  instrumento de formación al espíritu crítico.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–La ecología política tiene un lugar sobresaliente en el  discurso y en la sociedad. ¿Acaso los ecologistas no pecaron por falta  de amplitud, por una incapacidad de explicar con más generosidad la  relación del ser humano con la naturaleza?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–Esa crítica es válida tanto para la ecología política como para la  ecología científica. Si miramos la historia, la ecología nació poco  después de la explosión de la Revolución Industrial con la influencia de  Thomas Malthus y los problemas que planteó en torno del equilibrio  entre el crecimiento de la población y los recursos. De inmediato, los  científicos se pusieron a mirar cómo funcionaba la naturaleza, en qué se  basa la regulación de los efectivos de las plantas y los animales. En  ese entonces la ecología se hacía preguntas que hoy se hace el  desarrollo sustentable. Era el problema de fondo. Pero después, de forma  progresiva, la ecología fue monopolizada por los naturalistas. Se  empezó a hablar de las poblaciones animales y vegetales, de los  ecosistemas, como si el hombre no tuviera nada que ver. De hecho, se  puso al ser humano de costado. La ecología política hizo lo mismo, con  el condicionante negativo de que la ecología política no se apoyó en la  ecología científica. No estoy seguro de que un solo partido político  pueda responder a los problemas que nos plantea el mundo de los seres  vivos. Para mí, lo importante es lo que yo llamo tener una visión  ecológica del mundo. Debemos pasar de un mundo en donde se ven las cosas  parcelarias a otro donde se perciben las interacciones entre el todo y  el todo, tanto entre las mismas sociedades humanas entre sí como entre  las sociedades humanas y el resto del mundo. Esa visión permite  comprender las interacciones y los efectos colaterales. Con ese enfoque  estamos seguros de que somos conscientes de que pertenecemos a la  biosfera. La gente ni siquiera es consciente de que la atmósfera es un  recurso natural y que también es el resultado del trabajo de los seres  vivos. Si no hubiese habido vida en la tierra no tendríamos atmósfera.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>–Finalmente, la idea individual de desarrollo, o sea, de  crecimiento, aplastó a todas las demás.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">–El acento que se puso en la individualización ha sido nefasto, pero  esa idea es también una de las riquezas de las sociedades occidentales.  Si no se la controla como es debido o si no tenemos conciencia de ella  sólo cosechamos lo negativo. La libertad para cada individuo no excluye  la responsabilidad y la interacción. Fíjese si no en la historia de  Estados Unidos, llena de páginas oscuras. Estados Unidos es hoy uno de  los grandes, grandes problemas, es uno de los responsables más decisivos  de la situación actual. Hay algo muy perverso en el sistema  norteamericano: por un lado está la imagen de libertad total, de imperio  del bien. Pero no es así. Cuando analizamos el resultado de la cumbre  de Copenhague, la culpa del fracaso no la tienen ni China ni la India.  La situación a la que llegamos hoy la produjo la sociedad occidental.  Hemos, por ejemplo, depredado muchos países. Pero el éxito de la  sociedad occidental se forjó con el tributo oscuro que pagaron los  esclavos, la trata de seres humanos, la expoliación. El saqueo de los  recursos del mundo entero hizo nuestra riqueza pero hoy nos conduce a  constatar que hasta el clima se degrada. Los responsables somos entonces  nosotros. Si fuésemos responsables no diríamos que la culpa la tienen  los chinos o la India porque quieren imitarnos. Habría que decir:  pecamos en exceso y, ahora, debemos sanear la situación. Lamentablemente  no se procedió así y vamos a perder 30 años. Occidente perdió una  oportunidad. Todo esto es consecuencia del culto al individualismo que  nos lleva a perder de vista una noción esencial: en las sociedades  humanas, lo más importante es lo social, incluso en la economía. Sin la  dimensión social el hombre no existiría. (Tomado de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-158034-2010-12-04.html" target="_blank"><em>Página 12</em></a>)</p>
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