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	<title>La pupila insomne &#187; David Viñas</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>David Viñas: Un intelectual irreverente</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Mar 2011 12:19:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[David Viñas]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Silvina Friera Murió ayer, a los 83 años, el gran escritor argentino. La calle Corrientes ya no será la misma sin el viejo David Viñas, obstinado insuperable y voz entrañable, que murió ayer a los 83 años, a raíz de &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=9341">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-93420" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/03/vic3b1as.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Silvina Friera</strong></h5>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<div id="attachment_9342" style="width: 242px" class="wp-caption alignright"><em><em><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/03/vic3b1as.jpg"><img class="size-full wp-image-9342 " title="Viñas" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2011/03/vic3b1as.jpg" alt="David Viñas" width="232" height="271" /></a></em></em><p class="wp-caption-text">David Viñas</p></div>
<p><em>Murió ayer, a los 83 años, el gran escritor argentino.<br />
</em></p>
<div id="cuerpo" style="text-align:justify;">
<p>La calle  Corrientes ya no será la misma sin el viejo David Viñas, obstinado  insuperable y voz entrañable, que murió ayer a los 83 años, a raíz de  una neumonía que derivó en una septicemia. El gran escritor, crítico y  polemista inigualable deja a varias generaciones en ese doloroso  desamparo llamado orfandad. Muchos han tenido el inquietante placer de  verlo subrayar con malicia y ferocidad el diario <em>La Nación</em> en el café  Losada, en La Paz o los bares que frecuentaba. Cuántos escritores y  lectores de a pie han devorado sus novelas y ensayos y lo adoptaron, sin  vacilar, como modelo y maestro,<span id="more-9341"></span> aunque por su formación “más bien  anárquica”, su estilo visceral, a contrapelo de todo aquello que oliera a  biempensante, no perdía la ocasión para aclarar que no le gustaban los  títulos ni las consideraciones. Lo exasperaba que lo consideraran un  pedagogo, pero a través de sus páginas y sus clases formó a varias  generaciones de intelectuales. Roberto Fontanarrosa solía comentar que  su primer enganche con la literatura había sido a través del autor de <em>Un  dios cotidiano</em> y <em>Hombres a caballo</em>. “Los personajes de sus novelas  –decía Fontanarrosa– hablaban como mi viejo. No hablaban de tú. Y  puteaban.”</p>
<p>La memoria es un engranaje fallido que no respeta la cronología  cuando hay que escribir, con urgencia y tristeza, una necrológica. Lo  primero que irrumpe en el manojo de recuerdos no es meramente literario,  es un gesto político que alborotó al mundillo cultural de la Argentina.  Sus resonancias aún persisten. En 1991 Viñas rechazó la Beca  Guggenheim. “Fue un homenaje a mis hijos. Me costó veinticinco mil  dólares. Punto.” Así nomás, sin muchos artilugios: contundente y  demoledor. Sus hijos, María Adelaida y Lorenzo Ismael, conviene agregar  para calibrar más y mejor las dimensiones de esa decisión, fueron  secuestrados y desaparecidos por la dictadura militar. Pero antes de  exiliarse y dar cátedras magistrales de literatura en California,  Berlín, Dinamarca, Roma, México y Venezuela, habría que repasar su  formación. Nació en Buenos Aires, en la esquina de Talcahuano y  Corrientes, en 1929. Estudió en una escuela de curas, ingresó en el  colegio militar, pero fue dado de baja, según escribió, en 1945, por  insubordinación ante la tropa armada. Hay una foto que registra un  momento memorable de principios de la década del ’50: el joven Viñas  (tenía entonces 23 años) le tomó el voto a Evita, que agonizaba en el  Hospital de Lanús. “Mi familia no era gorila –advertía por las dudas que  lo confundieran–; éramos contreras, que no es lo mismo. Los gorilas  despreciaban al pueblo, los contreras criticaban al peronismo sin  ningunear sus bases.”</p>
<p>Viñas fundó la revista <em>Contorno</em>, cuyas páginas combinaron altas  dosis de marxismo y existencialismo. En esa emblemática revista se  releyó el peronismo, a Mallea, Marechal y Arlt. Parafraseándolo, porque  la tentación es fuerte, fue un intelectual irreverente que se subió al  caballo de la historia por la izquierda. Y se bajó, siempre, por la  izquierda. Nunca cedió un ápice de su posición frontal, combativa. Ni en  sus mejores páginas. Ni en su vida cotidiana. Uno de los ejes de la  obra del autor de Los dueños de la tierra (1958), Cuerpo a cuerpo (1979)  e Indios, ejército y frontera (1982) ha sido la constante indagación  sobre las formas de la violencia oligárquica y sus múltiples  manifestaciones en distintos planos de la historia nacional, como  observó Ricardo Piglia. Ganó el premio Gerchunoff en 1957 por su novela  Un Dios cotidiano. Un año antes, en 1956, Dar la cara había recibido el  Premio Nacional de Literatura, que volvió a ganar en 1971 por su libro  Jauría. En una entrevista con Página/12 en 2006 decía que le interesaba  más Evo Morales, por su “mayor nitidez y latinoamericanismo”, que el  entonces presidente Néstor Kirchner. “Lo mejor de Kirchner fue cuando le  dijo al teniente general Bendini: ‘Proceda’. Ese fue el mejor momento  del gobierno de Kirchner, no me lo voy a olvidar. Bendini tuvo que poner  un banquito y sacarlos”, afirmaba.</p>
<p>Su última novela publicada fue Tartabul o los últimos argentinos del  siglo XX. Los personajes del último Viñas –Tartabul, El Chuengo, Moira,  El Tapir, Pity y El Griego– fueron militantes políticos en los setenta.  La definía como “una especie de réquiem”, una reactualización de <em>Los  siete locos</em>, de Roberto Arlt, en la generación del Che. El viejo confesó  a regañadientes que le gustaría ser recordado por la irreverencia ante  el poder actual. Como decía Vallejo y repetía Viñas: “Perdonen la  tristeza”. (Tomado de <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-21019-2011-03-11.html" target="_blank"><em>Página 12</em></a>)</p>
</div>
<p style="text-align:justify;">&nbsp;</p>
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