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	<title>La pupila insomne &#187; Cuiba</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>El sueño del guerrero</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Oct 2010 04:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[iroelsanchez]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[12 de octubre]]></category>
		<category><![CDATA[América]]></category>
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		<category><![CDATA[El sueño del guerrero]]></category>
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		<category><![CDATA[Máximo Gómez]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160;Máximo Gómez* Desaparecía el sol; apenas doraba con sus últimos rayos las cimas de las altas montañas del Jatibonico, el alborotoso pájaro o, escondiéndose en el ramaje de las altísimas palmas y de los lentos árboles, puso término a su &#8230; <a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=2419">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-24200" data-img="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/10/gomez.jpg"></div></div></td></tr></table><h5 style="text-align:justify;"><strong>Máximo Gómez*</strong></h5>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/10/gomez.jpg"><img class="size-full wp-image-2420 alignright" title="Gómez" src="http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/wp-content/uploads/2010/10/gomez.jpg" alt="" width="209" height="241" /></a>Desaparecía el sol; apenas doraba con sus últimos rayos                          las cimas de las altas montañas del Jatibonico, el                          alborotoso pájaro o, escondiéndose en el ramaje de las                          altísimas palmas y de los lentos árboles, puso término a                          su atormentadora algarabía todo el día.</p>
<p style="text-align:justify;">El toque de                              desensillar las caballerías indica la hora de la                              muerte del día. Los oficiales se reparten y ordenan                              el servicio nocturno. El General recibe los partes                              oficiales de los destacamentos avanzados, y esta                              parte del mundo queda envuelta en la negra sombra de                              una noche sin luna y de primavera; bajo un cielo sin                              luz, surcado de negros nubarrones del mes de junio,                              seguro indicio de próxima tormenta.<span id="more-2419"></span></p>
<p style="text-align:justify;">Todos nos preparamos                          al descanso colgando nuestras armas y diciéndose cada                          cual &#8220;hoy es un día menos, y un triunfo más&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">La hora que media                          entre la muerte del día y la entrada de la noche, es                          solemne para los espíritus superiores; en todas partes,                          siempre rodeada de cierto tinte de augusta melancolía,                          del cual se aperciben sin contemplarlo hasta los                          espíritus superficiales, así encuentren en donde la luz                          eléctrica sustituya inmediatamente del Astro Rey, y el                          humano y eterno ruido no deja lugar a las místicas                          contemplaciones frente a la naturaleza que se echa a                          dormir.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuánto sentimos, los                          que tendemos bajo estos grandes árboles nuestras                          tiendas, el peso abrumador de estas horas solitarias,                          alejados del trato humano, separados de la familia, del                          hogar abandonado, y solamente asediados por los                          recuerdos.</p>
<p style="text-align:justify;">Al fin el Corneta de                          órdenes tocó silencio; los demás lo repitieron y apenas                          se extinguió el eco prolongado de esta consigna, cuando                          quedó todo el campamento sumergido en el más profundo                          silencio y oscuridad. Y yo me tendí cuan largo soy, en                          mi hamaca de campaña.</p>
<p style="text-align:justify;">Pasado un momento, un                          hombre, un anciano de aspecto venerable, con blando paso                          que apenas se siente, se acerca a mi tienda, y, como                          quien no desea ser oído de otro, pide permiso para                          hablarme, entra y se sienta. Quedéme un tanto                          sorprendido al apercibirme de aquel extraño desconocido                          que así se atrevía a faltar a esas horas a la consigna;                          pero al fin accedí a su súplica, y le permití que                          hablase, lo que hizo de la manera siguiente:</p>
<p style="text-align:justify;">Mi nombre poco te                          importa saberlo; y la mansión de donde vengo tampoco es                          del caso que lo sepas; es inútil que me lo preguntes,                          pues no te lo diría; lo que quiero que sepas, y es lo                          que importa, es mi historia:</p>
<p style="text-align:justify;">Nací pobre, mi                          alumbramiento costó la vida a mi madre, apenas fui                          amparado por la fortuna, pronto el destino me dejó                          huérfano, y quedé solo vagando entre los hombres como el                          fragmento, en el espacio, de un planeta muerto. Para mi                          mayor tortura, puso Dios una idea en mi mente que, a                          medida que el tiempo pasaba y los años maduraban mis                          juicios, quemaba mi cerebro como lava ardiente,                          comprimida en el fondo de apagado volcán, y me devoraba                          el corazón, como el apasionado de una belleza ideal que                          huyese al contacto de su ardiente mirada.</p>
<p style="text-align:justify;">¡Ah!, cuánto he                          sufrido antes, y cuánto he padecido después&#8230; Cuántas                          veces he maldecido mi existencia, pesándome hasta haber                          nacido&#8230;</p>
<p style="text-align:justify;">Al mismo tiempo que                          aquel anciano proseguía en su narración, su semblante lo                          iluminaba una aureola casi divina y mi espíritu se                          sentía sobrecogido por una especie de religioso temor.                          Después de una breve pausa, continuo, y yo escuchaba                          asombrado.</p>
<p style="text-align:justify;">Sometido a varias                          torturas y contrariedades, víctima de infamias, y                          desprecios, por entre peligros y escollos, solo, perdido                          y desamparado, sin más amparo que Dios, pude al fin                          realizar mi empresa, y arranqué al mundo para el mundo                          mismo un portentoso secreto. Entonces el universo entero                          me saludó entusiasmado, y me apellidó El Glorioso. Las                          naciones todas me rindieron adoración y respeto, y reyes                          hubo que se sintieron humillados y empequeñecidos ante                          la majestad y grandeza de mi gloria. Los más pequeños me                          creyeron un dios, y besaban de rodillas mis vestiduras.</p>
<p style="text-align:justify;">Rodeado de tanto                          agasajo y ovaciones humanas, colocado de pie encima de                          pedestal tan alto como el sol; alumbrando los rayos de                          mi gloria dos mundos a la vez, no sintió mi corazón por                          fortuna mía el tormento de la vanidad y la soberbia;                          antes por el contrario, yo sentía en mi alma un secreto                          dolor que me consumía sin podérmelo explicar. Sobre mi                          corazón y mi conciencia pesaba un insoportable                          remordimiento que en vano trataba de averiguar la causa                          que lo había puesto allí, Era la tortura del criminal a                          solas temblando ante la presencia de su interno y severo                          juez.</p>
<p style="text-align:justify;">Inútilmente                          interrogaba mi pasado, y me fijaba a escudriñar mi                          presente; ningún acto mío acusaba mi alma de maldad. La                          blanca túnica de mi inocencia no estaba manchada con                          ningún crimen mundanal; yo no había hecho más que obras                          de bien, yo no había amado nunca sobre la tierra más que                          a dos deidades; la ciencia y la virtud, que eso es amar                          a Dios. Yo no había hecho, en fin, derramar una lágrima,                          sino más bien provocar sonrisas y alegrías. ¿Por qué,                          pues, tan tremendo castigo de la inquietud tan acerba y                          constante que acosaba mi espíritu y que no me dejaba                          gozar de las delicias que proporcionan la gloria y la                          fama?</p>
<p style="text-align:justify;">Loco me fui adonde el                          cóndor hace su nido y desde allí en la soledad del                          desierto llamé a los espíritus para que dijeran la causa                          de mi secreta angustia; y ni el desierto ni los                          espíritus me contestaron; tan solo el silencio y el                          vacío me circundaban. No pudiendo resistir más mi                          existencia pesada como un fardo, en un impulso                          irresistible de desesperación, quise arrojarme al                          torrente y una mano invisible me separó del peligro.</p>
<p style="text-align:justify;">Crucé entonces el                          océano y suplicante interrogué al mar y a la tempestad,                          y el trueno ahogó mi voz. Desesperado me precipité a los                          abismos para concluir con el dolor, de mi existencia,                          desapareciendo en sus insondables misterios; pero una                          mano invisible me salvó medio muerto y me arrojó como el                          despojo de un naufragio sobre la arena de la playa.                          Incorporado apenas, sentí de nuevo en mi pecho el diente                          que me mordía y me devoraba &#8211; ¿por que, ¡oh, cielos!,                          tan cruel tortura? Decídmelo&#8230; ¿Cuál ha sido mi gran                          culpa?</p>
<p style="text-align:justify;">Los cielos guardaron                          silencio. No contento el destino con el suplicio a que                          eternamente me había condenado, preparó la envidia y la                          calumnia que armadas me asaltaron el camino, y los                          hombres se hicieron mis enemigos y me velaron y me                          despreciaron. Largo tiempo como un mendigo vagué entre                          ellos cual un desconocido y apestado. Y cuando creí                          curarme de mis dolores, porque se cumplió el plazo y                          abandoné la envoltura que aquí me retenía, me elevé a la                          mansión en donde termina el misterio de la vida. Yo                          aparecí entonces manchado en sangre.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Y tú quién eres,                          asesino? exclamé indignado, sin poderme contener y                          borrándose de improviso en mi ánimo la impresión de                          compasión y de ternura que aquel ente singular y                          desconocido me había inspirado, con la narración de sus                          desdichas.</p>
<p style="text-align:justify;">Aguarda me dijo con                          calma y gravedad aterradoras, aún no he terminado, no me                          juzgues sin haber antes acabado de oírme. En vez de                          condenarme, con tu alma grande me tendrás lástima.</p>
<p style="text-align:justify;">Demasiado desgraciado                          he sido dijo, y continuó: si en la tierra fui un paria                          desheredado, sin asilo, y sin fortuna, en la mansión de                          los justos me está prohibido entrar sin el perdón de dos                          razas; porque ha caído sobre mí como lava ardiente de                          encendido volcán la sangre toda de una raza inocente                          extinguida, y desde aquella terrible hecatombe quedó                          marcado sobre mi nombre y mi conciencia, como un hierro                          candente, el crimen de haberla descubierto y el de                          haberla entregado a la barbarie y la usurpación.</p>
<p style="text-align:justify;">Recogieron los hijos                          de los nuevos pobladores la desgraciada herencia de                          tormentos y martirios que les legó la raza desaparecida                          al furor de los conquistadores bárbaros y estúpidos. Y                          tú, insigne, ilustre guerrero, que ya está en vísperas                          de terminar la gran obra de la redención de esta tierra;                          por mi descubierta, vengo aquí postrado a sus pies a                          suplicarte me consigas el perdón de todos los tuyos y                          quede cumplida la eterna sentencia&#8230; Soy Colón, dijo, y                          calló&#8230;</p>
<p style="text-align:justify;">Un sonido estridente                          me sacó de aquel estado; el Corneta tocó diana. Era un                          sueño.</p>
<p style="text-align:justify;">*General en Jefe del Ejército Libertador cubano.</p>
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