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	<title>Comentarios en: A veinte años de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York y de la llamada guerra contra el terrorismo. Por Fernando M. García Bielsa</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Por: Rafael Emilio Cervantes Martínez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael Emilio Cervantes Martínez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Sep 2021 00:37:40 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Nada de éste panorama de guerra, destrucción y muerte responsabilidad absoluta de sucesivas administraciones norteamericanas que se describe sólo en los últimos veinte años  es casual, sino expresión de la lógica perversa de existencia de un Imperio que pretende mantenerse a costa de dominar y explotar a la inmensa mayoría de la humanidad. Una suma de pretextos, mentiras y argucias han estado siempre en la puerta de entrada de cada aventura militar, lo que constituye un insulto a la inteligencia y vergüenza de las personas, cuando pasado los años comprobamos con fuerza de ley cómo se engañó en cada caso para llevar adelante sus intereses económicos y geopolíticos, para entonces ya no estarán en los puestos los responsables directos pero sí los dueños del capital transnacional a cuyos intereses responden todas las guerras imperialistas contemporáneas. Es por ello que la lucha por la paz es una forma de lucha antiimperialista, una forma de luchar contra las formas de dominación y hegemonía del capitalismo transnacional. Éstos ricos disfrutan plácidamente  el fruto amasado con la sangre y la destrucción en los pueblos agredidos.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nada de éste panorama de guerra, destrucción y muerte responsabilidad absoluta de sucesivas administraciones norteamericanas que se describe sólo en los últimos veinte años  es casual, sino expresión de la lógica perversa de existencia de un Imperio que pretende mantenerse a costa de dominar y explotar a la inmensa mayoría de la humanidad. Una suma de pretextos, mentiras y argucias han estado siempre en la puerta de entrada de cada aventura militar, lo que constituye un insulto a la inteligencia y vergüenza de las personas, cuando pasado los años comprobamos con fuerza de ley cómo se engañó en cada caso para llevar adelante sus intereses económicos y geopolíticos, para entonces ya no estarán en los puestos los responsables directos pero sí los dueños del capital transnacional a cuyos intereses responden todas las guerras imperialistas contemporáneas. Es por ello que la lucha por la paz es una forma de lucha antiimperialista, una forma de luchar contra las formas de dominación y hegemonía del capitalismo transnacional. Éstos ricos disfrutan plácidamente  el fruto amasado con la sangre y la destrucción en los pueblos agredidos.</p>
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		<title>Por: Sin-permiso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sin-permiso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Sep 2021 21:30:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Toda economía tiene una frontera de posibilidades de producción, de la que se deriva un coste de oportunidad, expresado en el célebre binomio que representa la elección entre cañones o mantequilla. Logrado un poder absoluto incontestable tras el lanzamiento de dos bombas atómicas, que supuso la rendición incondicional de propios y extraños tras una devastadora guerra, lo que tocaba era producir mucha mantequilla, con la que atender las carencias y privaciones de la gente. Sin embargo, se optó por un nuevo keynesianismo militar, demostrando una vez más la maldad intrínseca del capitalismo, incapaz de evitar o escapar de las crisis sistémicas del modo más civilizado posible, que sería produciendo bienes y servicios civiles útiles.

     USA tuvo la oportunidad de reconvertir los cañones en arados e involucrar al resto del mundo en el mismo proyecto pero, a la hora de elegir entre un keynesianismo bueno, al servicio del interés general, y un keynesianismo malo, al servicio de intereses corporativos, prevaleció este, generando con ello una pésima imagen del sector público y una carrera de armamentos e intervenciones militares injustificables en nada que no fueran esos privilegiados intereses corporativos. 

También en el sector de la salud se optó por algo parecido, aunque aquí el papel del estado no consistió en utilizar el dinero del contribuyente para que se lucraran unos pocos privilegiados sino crear una legislación favorable para que intereses corporativos privados hicieran de la salud una mercancía extraordinariamente cara, a costa del bolsillo y el bienestar de los ciudadanos y las empresas que cubren el carísimo seguro médico de sus empleados. Pareciera que USA es ante todo un cortijo de la economía de guerra y de la enfermedad, de modo que cualquiera que decida vivir e invertir allí debe ser plenamente consciente del coste de oportunidad que representa, de ahí que tantas empresas hayan optado por la deslocalización.

    Los acontecimientos del 11S de 2001 y sus consecuencias sólo pueden ser el resultado de ese perverso modelo, en que el dinero de los contribuyentes no se dedica a reparar infraestructuras, construir escuelas o velar por la salud pública sino a fabricar mortíferos y lucrativis ingenios bélicos y a buscar el escenario posible en el que su venta y su uso estén justificados. En lo relacionado con ese otro derecho fundamental y fácilmente manipulable, como es la salud, el dinero del contribuyente ya no se dedica tanto a satisfacer la demanda como a generarla y a convertir el sector en un coto privado al servicio de poderosos intereses corporativos.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Toda economía tiene una frontera de posibilidades de producción, de la que se deriva un coste de oportunidad, expresado en el célebre binomio que representa la elección entre cañones o mantequilla. Logrado un poder absoluto incontestable tras el lanzamiento de dos bombas atómicas, que supuso la rendición incondicional de propios y extraños tras una devastadora guerra, lo que tocaba era producir mucha mantequilla, con la que atender las carencias y privaciones de la gente. Sin embargo, se optó por un nuevo keynesianismo militar, demostrando una vez más la maldad intrínseca del capitalismo, incapaz de evitar o escapar de las crisis sistémicas del modo más civilizado posible, que sería produciendo bienes y servicios civiles útiles.</p>
<p>     USA tuvo la oportunidad de reconvertir los cañones en arados e involucrar al resto del mundo en el mismo proyecto pero, a la hora de elegir entre un keynesianismo bueno, al servicio del interés general, y un keynesianismo malo, al servicio de intereses corporativos, prevaleció este, generando con ello una pésima imagen del sector público y una carrera de armamentos e intervenciones militares injustificables en nada que no fueran esos privilegiados intereses corporativos. </p>
<p>También en el sector de la salud se optó por algo parecido, aunque aquí el papel del estado no consistió en utilizar el dinero del contribuyente para que se lucraran unos pocos privilegiados sino crear una legislación favorable para que intereses corporativos privados hicieran de la salud una mercancía extraordinariamente cara, a costa del bolsillo y el bienestar de los ciudadanos y las empresas que cubren el carísimo seguro médico de sus empleados. Pareciera que USA es ante todo un cortijo de la economía de guerra y de la enfermedad, de modo que cualquiera que decida vivir e invertir allí debe ser plenamente consciente del coste de oportunidad que representa, de ahí que tantas empresas hayan optado por la deslocalización.</p>
<p>    Los acontecimientos del 11S de 2001 y sus consecuencias sólo pueden ser el resultado de ese perverso modelo, en que el dinero de los contribuyentes no se dedica a reparar infraestructuras, construir escuelas o velar por la salud pública sino a fabricar mortíferos y lucrativis ingenios bélicos y a buscar el escenario posible en el que su venta y su uso estén justificados. En lo relacionado con ese otro derecho fundamental y fácilmente manipulable, como es la salud, el dinero del contribuyente ya no se dedica tanto a satisfacer la demanda como a generarla y a convertir el sector en un coto privado al servicio de poderosos intereses corporativos.</p>
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