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	<title>Comentarios en: Cuba: vanguardia en vacunación infantil. Por Ángel Guerra Cabrera              </title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Por: Cuba: The Vanguard in Child Vaccination &#124; Resumen LatinoAmericano English</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Cuba: The Vanguard in Child Vaccination &#124; Resumen LatinoAmericano English]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Sep 2021 22:32:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[[&#8230;] La Pupila Insomne translation Resumen Latinoamericano &#8211; [&#8230;]]]></description>
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		<title>Por: Sin-permiso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sin-permiso]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Sep 2021 16:31:44 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cuba es vanguardia en vacunación infantil gracias a que también lo es en trato digno a la infancia. Para cualquier sociedad estructurada en clases sociales ( la cubana es de clase única desde 1959), y de forma especial la capitalista, la infancia es ganado, y aunque la explotación infantil en el trabajo esté expresamente prohibida en las naciones más desarrolladas, existen otras formas de explotación, como la educativa, que aliena y embrutece, con un destacado currículum oculto, o la de hábitos de consumo insanos, despilfarradores de recursos y degradantes. 

       Si los niños también pueden contraer y transmitir el coronavirus, lo razonable y justo es que sean objeto de vacunación del modo más confiable posible, algo que por desgracia no está garantizado en las sociedades donde la morbilidad es un poderoso activo económico y los efectos adversos de los medicamentos y tratamientos la tercera causa de morbimortalidad. De las vacunas autorizadas en el mundo capitalista, lo único que podemos decir es que sus fabricantes están exentos de toda responsabilidad por posibles efectos adversos sobre la salud, que, de existir, sólo los conocerían los responsables de tan sofisticada tecnología, con o sin la complicidad de las autoridades, prestas a aprobar cualquier iniciativa por aquello de las puertas giratorias y el deber cumplido a los poderosos lobbies económicos. 

        Cuando se vacunó a los soldados norteamericanos que iban a participar en la primera guerra del Golfo, por inexistentes armas químicas de Sadam Husein ( las únicas que tuvo se las vendió USA), eran conocedores los fabricantes y las autoridades de los efectos adversos que iban a producir en muchos de ellos? Con la lógica de la economía de mercado y un keynesianismo al servicio de la economía de guerra y la industria de la enfermedad, habría que responder que sí eran conocedores y que esta sería la mordida principal de la industria de la enfermedad en una guerra de tecnología punta que se sabía iba a provocar pocas bajas en el campo de batalla entre los ejércitos ocupantes. También podríamos hacernos otras preguntas incómodas,  como sobre los inútiles organoclorados retardadores de llama que multinacionales como Monsanto pusieron de moda y que estaban presentes hasta en los pijamas y juguetes de los niños, entre los principales agentes de síntesis que provocan cáncer y mutaciones. Sabía Monsanto, uno de los grandes fabricantes de fármacos, así como los colaboradores públicos y privados en su promoción, que su inútil producto estrella para la prevención de incendios acabaría convirtiéndose en una peligrosa y persistente fuente de morbimortalidad? Si recurrimos nuevamente a la lógica de mercado y al poder de este sector económico, habría que responder que sí otra vez. Podría ocurrir algo parecido en Cuba socialista y humanista? Como diría un cubano cuando le ofrecen una taza de café: &quot;lo que se sabe no se pregunta&quot;.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Cuba es vanguardia en vacunación infantil gracias a que también lo es en trato digno a la infancia. Para cualquier sociedad estructurada en clases sociales ( la cubana es de clase única desde 1959), y de forma especial la capitalista, la infancia es ganado, y aunque la explotación infantil en el trabajo esté expresamente prohibida en las naciones más desarrolladas, existen otras formas de explotación, como la educativa, que aliena y embrutece, con un destacado currículum oculto, o la de hábitos de consumo insanos, despilfarradores de recursos y degradantes. </p>
<p>       Si los niños también pueden contraer y transmitir el coronavirus, lo razonable y justo es que sean objeto de vacunación del modo más confiable posible, algo que por desgracia no está garantizado en las sociedades donde la morbilidad es un poderoso activo económico y los efectos adversos de los medicamentos y tratamientos la tercera causa de morbimortalidad. De las vacunas autorizadas en el mundo capitalista, lo único que podemos decir es que sus fabricantes están exentos de toda responsabilidad por posibles efectos adversos sobre la salud, que, de existir, sólo los conocerían los responsables de tan sofisticada tecnología, con o sin la complicidad de las autoridades, prestas a aprobar cualquier iniciativa por aquello de las puertas giratorias y el deber cumplido a los poderosos lobbies económicos. </p>
<p>        Cuando se vacunó a los soldados norteamericanos que iban a participar en la primera guerra del Golfo, por inexistentes armas químicas de Sadam Husein ( las únicas que tuvo se las vendió USA), eran conocedores los fabricantes y las autoridades de los efectos adversos que iban a producir en muchos de ellos? Con la lógica de la economía de mercado y un keynesianismo al servicio de la economía de guerra y la industria de la enfermedad, habría que responder que sí eran conocedores y que esta sería la mordida principal de la industria de la enfermedad en una guerra de tecnología punta que se sabía iba a provocar pocas bajas en el campo de batalla entre los ejércitos ocupantes. También podríamos hacernos otras preguntas incómodas,  como sobre los inútiles organoclorados retardadores de llama que multinacionales como Monsanto pusieron de moda y que estaban presentes hasta en los pijamas y juguetes de los niños, entre los principales agentes de síntesis que provocan cáncer y mutaciones. Sabía Monsanto, uno de los grandes fabricantes de fármacos, así como los colaboradores públicos y privados en su promoción, que su inútil producto estrella para la prevención de incendios acabaría convirtiéndose en una peligrosa y persistente fuente de morbimortalidad? Si recurrimos nuevamente a la lógica de mercado y al poder de este sector económico, habría que responder que sí otra vez. Podría ocurrir algo parecido en Cuba socialista y humanista? Como diría un cubano cuando le ofrecen una taza de café: &#8220;lo que se sabe no se pregunta&#8221;.</p>
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