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	<title>Comentarios en: #LaTertulia: &#8220;En el capitalismo el concepto de libertad es una mentira&#8221; (transcripción y video)</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Por: Sin-permiso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sin-permiso]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2020 18:12:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Si el capitalismo se ha convertido en un modelo de crimen organizado sin fronteras, que permite a los ciudadanos participar en procesos de sufragio universal, conceptos como &quot;libertad&quot;, &quot;verdad&quot; o &quot;democracia&quot; sólo pueden ser una falacia, convertida en propaganda, con la que se adoctrina a las masas repitiendo machaconamente las mismas mentiras a los cuatro puntos cardinales, con un grado de cohesión apabullante, que demuestra la existencia de un poder hegemónico en la sombra.  Este bien pudiera tener como referente esa especie de internacional fascista que se reúne en Bilderberg o La Trilateral para la gobernanza del mundo y a la que también asisten representantes de los principales grupos mediáticos, como una pieza fundamental sin la que sería imposible construir un imaginario colectivo sin alternativa, como es el neoliberalismo, para que las masas acaten todas las formas de violencia contra ellas y sus derechos, así como a los partidos gobernantes que las aplican, como una realidad inexorable, cuya transgresión conduce irremediablemente al caos y la barbarie. De que así sea se encargan todos sus instrumentos de guerra convencional y no convencional, para convencer a los esclavos de que otro mundo no es posible.

      No vamos a negar a estas alturas la importancia del conocimiento de la realidad objetiva en una especie animal en que el aprendizaje vicario o por imitación es tan importante y donde, dependiendo del relato oficial de los hechos, la gente aceptará o no toda clase de sacrificios, pero hay algo no menos importante, sobre lo que Fidel insistía tanto: la batalla de ideas. En pleno siglo XXI los humanos seguimos mostrando la mismas incertidumbres en el ámbito de las ciencias sociales que el hombre de las cavernas, dudando de todo y dejándonos arrastrar por los más absurdos e inmorales convencionalismos. El ilimitado derecho de propiedad es uno de ellos. Aceptamos como válido que una sóla persona pueda ser dueña exclusiva y excluyente de un patrimonio valorado en 120.000 millones de dólares, como es el caso de Jeff Bezos (dueño de Amazón), que pague menos impuestos que sus trabajadores, que explote y maltrate a estos hasta el extremo de que muchos de ellos acudan con pomos de plástico para no tener que ir al baño a orinar o que, conjuntamente con un puñado de superdepredadores de recursos y bienes, acumule en USA más riqueza que el 50% de la población más pobre. Según el dogma neoliberal, elevarles la presión fiscal equivaldría a algo tan deplorable como la confiscación de bienes pero bajársela (algo que se viene haciendo desde Ronald Reagan, quien redujo los tipos de las rentas altas del 80 al 35%) no implica la confiscación de los derechos, servicios e infraestructuras de todos, que sólo el sector público puede garantizar a través de leyes justas y la redistribución de la riqueza.

     En el bolsillo de Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg y, sobre todo, de poderosos fondos de inversión (como Black Rock, que maneja 7 billones de dólares, casi siete veces el PIB de España y con un privilegiado posicionamiento en medios de comunicación, bancos y grandes corporaciones), el dinero se convierte en un agujero negro, cuya descomunal fuerza gravitatoria (al ser 9 veces mayor que la economía real) está provocando graves convulsiones en la vida cotidiana de los humanos y toda clase de amenazas con tal de que impliquen excelentes expectativas de rentabilidad para esa economía ficticia, cuyo mayor peso específico ha degradado a la irrelevancia a la economía real. Del mismo modo que en el Renacimiento los banqueros encontraban rentabilidad a su dinero en la financiación de guerras, que condenaban a los peores escenarios de vida a los pueblos, ahora, con un mayor diferencial entre economía real y ficticia, es mucho lo que hay que invertir en una nueva narrativa que nos conduzca a los más deplorables escenarios de la historia ficción sin provocar la lógica rebelión de sus víctimas, ya se trate de las oportunidades de negocio asociadas a una burbuja inmobiliaria, al cambio climático, a la destrucción de los últimos espacios selváticos, a una degradante revolución verde en Africa o a una pandemia muy mal gestionada que se convierte en una crisis sistémica más al servicio del capital financiero (como el coronavirus). 

      Para el éxito de este modelo extremo de crimen organizado, falsimedia y sus relatos oficiales (perfectamente consensuados y coordinados a nivel internacional) son una pieza fundamental. Gracias a su potente altavoz, que funciona las 24 horas del día conforme a las enseñanzas del maestro Goebbels, lo que podamos refutar algunos resulta irrelevante para quienes, conectados a la UCI de falsimedia todo el tiempo, prefieren sus reflejos condicionados a la posibilidad de pensar y batallar en el terreno de las ideas, tanto para cambiar el relato oficial como para construir un pensamiento científico y de profundo valor práctico en el ámbito de las ciencias sociales. De otro modo, va a ser imposible que la gente entienda que en el horizonte de un sistema económico dominado por el capital financiero (al que nunca se debió permitir que tuviera tanta relevancia como la economía real, y tiene 9 veces más,  ni que estuviera en manos privadas) el cambio climático, la destrucción de la floresta, las burbujas inmobiliarias, las pandemias o las guerras dejan de ser una amenaza para convertirse en una oportunidad de negocio o que una creciente productividad del factor trabajo gracias al desarrollo tecnológico sirva para proporcionar mejores condiciones de vida para todos o que poner límites al derecho de propiedad en beneficio del interés general pueda convertirse algún día en la medida más justa y racional en un pequeño planeta de recursos limitados y profundas desigualdades sociales.]]></description>
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<p>      No vamos a negar a estas alturas la importancia del conocimiento de la realidad objetiva en una especie animal en que el aprendizaje vicario o por imitación es tan importante y donde, dependiendo del relato oficial de los hechos, la gente aceptará o no toda clase de sacrificios, pero hay algo no menos importante, sobre lo que Fidel insistía tanto: la batalla de ideas. En pleno siglo XXI los humanos seguimos mostrando la mismas incertidumbres en el ámbito de las ciencias sociales que el hombre de las cavernas, dudando de todo y dejándonos arrastrar por los más absurdos e inmorales convencionalismos. El ilimitado derecho de propiedad es uno de ellos. Aceptamos como válido que una sóla persona pueda ser dueña exclusiva y excluyente de un patrimonio valorado en 120.000 millones de dólares, como es el caso de Jeff Bezos (dueño de Amazón), que pague menos impuestos que sus trabajadores, que explote y maltrate a estos hasta el extremo de que muchos de ellos acudan con pomos de plástico para no tener que ir al baño a orinar o que, conjuntamente con un puñado de superdepredadores de recursos y bienes, acumule en USA más riqueza que el 50% de la población más pobre. Según el dogma neoliberal, elevarles la presión fiscal equivaldría a algo tan deplorable como la confiscación de bienes pero bajársela (algo que se viene haciendo desde Ronald Reagan, quien redujo los tipos de las rentas altas del 80 al 35%) no implica la confiscación de los derechos, servicios e infraestructuras de todos, que sólo el sector público puede garantizar a través de leyes justas y la redistribución de la riqueza.</p>
<p>     En el bolsillo de Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg y, sobre todo, de poderosos fondos de inversión (como Black Rock, que maneja 7 billones de dólares, casi siete veces el PIB de España y con un privilegiado posicionamiento en medios de comunicación, bancos y grandes corporaciones), el dinero se convierte en un agujero negro, cuya descomunal fuerza gravitatoria (al ser 9 veces mayor que la economía real) está provocando graves convulsiones en la vida cotidiana de los humanos y toda clase de amenazas con tal de que impliquen excelentes expectativas de rentabilidad para esa economía ficticia, cuyo mayor peso específico ha degradado a la irrelevancia a la economía real. Del mismo modo que en el Renacimiento los banqueros encontraban rentabilidad a su dinero en la financiación de guerras, que condenaban a los peores escenarios de vida a los pueblos, ahora, con un mayor diferencial entre economía real y ficticia, es mucho lo que hay que invertir en una nueva narrativa que nos conduzca a los más deplorables escenarios de la historia ficción sin provocar la lógica rebelión de sus víctimas, ya se trate de las oportunidades de negocio asociadas a una burbuja inmobiliaria, al cambio climático, a la destrucción de los últimos espacios selváticos, a una degradante revolución verde en Africa o a una pandemia muy mal gestionada que se convierte en una crisis sistémica más al servicio del capital financiero (como el coronavirus). </p>
<p>      Para el éxito de este modelo extremo de crimen organizado, falsimedia y sus relatos oficiales (perfectamente consensuados y coordinados a nivel internacional) son una pieza fundamental. Gracias a su potente altavoz, que funciona las 24 horas del día conforme a las enseñanzas del maestro Goebbels, lo que podamos refutar algunos resulta irrelevante para quienes, conectados a la UCI de falsimedia todo el tiempo, prefieren sus reflejos condicionados a la posibilidad de pensar y batallar en el terreno de las ideas, tanto para cambiar el relato oficial como para construir un pensamiento científico y de profundo valor práctico en el ámbito de las ciencias sociales. De otro modo, va a ser imposible que la gente entienda que en el horizonte de un sistema económico dominado por el capital financiero (al que nunca se debió permitir que tuviera tanta relevancia como la economía real, y tiene 9 veces más,  ni que estuviera en manos privadas) el cambio climático, la destrucción de la floresta, las burbujas inmobiliarias, las pandemias o las guerras dejan de ser una amenaza para convertirse en una oportunidad de negocio o que una creciente productividad del factor trabajo gracias al desarrollo tecnológico sirva para proporcionar mejores condiciones de vida para todos o que poner límites al derecho de propiedad en beneficio del interés general pueda convertirse algún día en la medida más justa y racional en un pequeño planeta de recursos limitados y profundas desigualdades sociales.</p>
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