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	<title>Comentarios en: En medio de un brote de coronavirus, Trump aviva la llama del racismo.Por Amy Goodman y Denis Moynihan</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Por: En medio de un brote de coronavirus, Trump aviva la llama del racismo. &#124; Cubano y punto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[En medio de un brote de coronavirus, Trump aviva la llama del racismo. &#124; Cubano y punto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2020 16:05:41 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[[&#8230;] Por Amy Goodman y Denis Moynihan, tomado de La pupila insomne. [&#8230;]]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[&#8230;] Por Amy Goodman y Denis Moynihan, tomado de La pupila insomne. [&#8230;]</p>
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		<title>Por: Sin-permiso</title>
		<link>http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=71040#comment-82904</link>
		<dc:creator><![CDATA[Sin-permiso]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jun 2020 19:14:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Trump parece consciente de que el capitalismo  puede sobrevivir a la lucha contra el racismo, como ocurriera en Sudáfrica y en el pasado de USA. No, en cambio, a la lucha de clases si las clases inferiores tomaran conciencia  de su condición de víctimas en esta pandemia y en cualquier crisis sistémica, donde los supremacistas blancos no están encontrando oposición a sus tropelías, ni siquiera una narrativa acorde con el proceso de acumulación por despojo, que, como ocurriera en la crisis de la burbuja inmobiliaria y derivados financieros de 2008, lleva camino de quedar también impune. 

     Ni siquiera el asesinato de Martín Luther King rebajó las expectativas de la clase privilegiada, que, años más tarde, con Ronald Reagan en el poder, puso en práctica la peor versión del capitalismo, con la que soñaran Al Capone y lo más florido del crimen organizado, un mundo sin fronteras y sin reglas, en el que todo está permitido si favorece la tasa de ganancia y se hace a través del mercado, que equivale a decir a través de la propiedad privada ilimitada de los medios de producción.

     Por otra parte, la correlación censal entre negros y blancos en USA favorece extraordinariamente a estos, de ahí que a Trump no parezca asustarle un escenario electoral en clave racial, frente a la factura que podría pasarle la gestión de la pandemia, cuyas víctimas por asfixia pulmonar y económica pertenecen a todas las razas y clases sociales que viven de su trabajo personal (ya sea por cuenta propia o ajena).
     
     En la precampaña electoral yanqui, la rodilla del verdugo de Floyd y la asfixia que provocó a este ha adquirido excesivo protagonismo frente a la confiscación progresiva de riqueza que la corporative clase está realizando en USA desde Reagan para acá en una lectura de la distribución de la propiedad y el acceso a los recursos que privilegia las grandes fortunas individuales y corporativas en relación con el interés general y el bien común, que sólo un sector público poderoso puede garantizar. 

     Así es como se ha llegado al capitalismo del desastre, que llama confiscación intolerable a una subida de la presión fiscal, sobre todo de las rentas altas, inclusive muy por debajo del 80% que pagaban antes de que el pésimo actor se convirtiera en inquilino de la Casa Blanca, mientras que las bajadas de impuestos no son vistas como una confiscación al interés general, sobre todo de las rentas y clases inferiores, ni siquiera la acumulación por despojo que acompaña a proyectos de ingeniería como las burbujas inmobiliarias y los derivados financieros o la gestión de la pandemia que se está realizando en las naciones capitalistas, donde se está utilizando la asfixia pulmonar y económica, así como el shock que provoca en las clases inferiores, como instrumento al servicio de la reformas que necesita la corporative clase en su particular proceso de acumulación.

     Necesitamos una versión alternativa del concepto confiscación en un pequeño planeta de recursos limitados y fortunas estratosféricas, que está permitiendo que unos pocos se estén apropiando de la riqueza a través de fórmulas que sacrifican el interés general y que consideran al sector público un ente residual. Subir la presión fiscal a las rentas altas no solo no es confiscatorio sino que es absolutamente necesario para una justa redistribución de la riqueza que posibilite una vida digna a todos y la defensa del interés general. Los 8.500 millones de euros que han engrosado el patrimonio de Amancio Ortega en los meses de pandemia o las cantidades mayores de Bezos y Bill Gates en manos por ejemplo del estado socialista cubano (valdría cualquier estado garante de derechos universales) tendrían una extraordinaria utilidad social que beneficiaría a 11 millones de cubanos mientras que en manos de esos peligrosos ludópatas va a servir para alimentar al capitalismo del desastre, con el que ellos y los de su clase maximizan beneficios a costa del interés general y la exclusión y precarización de cada vez más gente. 

     Esto es lo que no se puede ignorar en las próximas elecciones presidenciales yanquis ni tampoco a la hora de luchar en las calles contra tan injusto y deshumanizado sistema. Los presentes disturbios antirraciales están muy bien pero están eclipsando la lucha de clases integral en el contexto de la pandemia, de la que USA es el epicentro.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Trump parece consciente de que el capitalismo  puede sobrevivir a la lucha contra el racismo, como ocurriera en Sudáfrica y en el pasado de USA. No, en cambio, a la lucha de clases si las clases inferiores tomaran conciencia  de su condición de víctimas en esta pandemia y en cualquier crisis sistémica, donde los supremacistas blancos no están encontrando oposición a sus tropelías, ni siquiera una narrativa acorde con el proceso de acumulación por despojo, que, como ocurriera en la crisis de la burbuja inmobiliaria y derivados financieros de 2008, lleva camino de quedar también impune. </p>
<p>     Ni siquiera el asesinato de Martín Luther King rebajó las expectativas de la clase privilegiada, que, años más tarde, con Ronald Reagan en el poder, puso en práctica la peor versión del capitalismo, con la que soñaran Al Capone y lo más florido del crimen organizado, un mundo sin fronteras y sin reglas, en el que todo está permitido si favorece la tasa de ganancia y se hace a través del mercado, que equivale a decir a través de la propiedad privada ilimitada de los medios de producción.</p>
<p>     Por otra parte, la correlación censal entre negros y blancos en USA favorece extraordinariamente a estos, de ahí que a Trump no parezca asustarle un escenario electoral en clave racial, frente a la factura que podría pasarle la gestión de la pandemia, cuyas víctimas por asfixia pulmonar y económica pertenecen a todas las razas y clases sociales que viven de su trabajo personal (ya sea por cuenta propia o ajena).</p>
<p>     En la precampaña electoral yanqui, la rodilla del verdugo de Floyd y la asfixia que provocó a este ha adquirido excesivo protagonismo frente a la confiscación progresiva de riqueza que la corporative clase está realizando en USA desde Reagan para acá en una lectura de la distribución de la propiedad y el acceso a los recursos que privilegia las grandes fortunas individuales y corporativas en relación con el interés general y el bien común, que sólo un sector público poderoso puede garantizar. </p>
<p>     Así es como se ha llegado al capitalismo del desastre, que llama confiscación intolerable a una subida de la presión fiscal, sobre todo de las rentas altas, inclusive muy por debajo del 80% que pagaban antes de que el pésimo actor se convirtiera en inquilino de la Casa Blanca, mientras que las bajadas de impuestos no son vistas como una confiscación al interés general, sobre todo de las rentas y clases inferiores, ni siquiera la acumulación por despojo que acompaña a proyectos de ingeniería como las burbujas inmobiliarias y los derivados financieros o la gestión de la pandemia que se está realizando en las naciones capitalistas, donde se está utilizando la asfixia pulmonar y económica, así como el shock que provoca en las clases inferiores, como instrumento al servicio de la reformas que necesita la corporative clase en su particular proceso de acumulación.</p>
<p>     Necesitamos una versión alternativa del concepto confiscación en un pequeño planeta de recursos limitados y fortunas estratosféricas, que está permitiendo que unos pocos se estén apropiando de la riqueza a través de fórmulas que sacrifican el interés general y que consideran al sector público un ente residual. Subir la presión fiscal a las rentas altas no solo no es confiscatorio sino que es absolutamente necesario para una justa redistribución de la riqueza que posibilite una vida digna a todos y la defensa del interés general. Los 8.500 millones de euros que han engrosado el patrimonio de Amancio Ortega en los meses de pandemia o las cantidades mayores de Bezos y Bill Gates en manos por ejemplo del estado socialista cubano (valdría cualquier estado garante de derechos universales) tendrían una extraordinaria utilidad social que beneficiaría a 11 millones de cubanos mientras que en manos de esos peligrosos ludópatas va a servir para alimentar al capitalismo del desastre, con el que ellos y los de su clase maximizan beneficios a costa del interés general y la exclusión y precarización de cada vez más gente. </p>
<p>     Esto es lo que no se puede ignorar en las próximas elecciones presidenciales yanquis ni tampoco a la hora de luchar en las calles contra tan injusto y deshumanizado sistema. Los presentes disturbios antirraciales están muy bien pero están eclipsando la lucha de clases integral en el contexto de la pandemia, de la que USA es el epicentro.</p>
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