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	<title>Comentarios en: Obama va a la guerra (I)</title>
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	<description>...Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.                        Rubén Martínez Villena</description>
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		<title>Por: rebeldelatinoamericana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[rebeldelatinoamericana]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Sep 2014 20:54:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Reblogueó esto en &lt;a href=&quot;http://rebeldialatinoamericana.wordpress.com/2014/09/19/obama-va-a-la-guerra-i/&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;rebeldia latinoamericana&lt;/a&gt;.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Reblogueó esto en <a href="http://rebeldialatinoamericana.wordpress.com/2014/09/19/obama-va-a-la-guerra-i/" rel="nofollow">rebeldia latinoamericana</a>.</p>
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		<title>Por: Ivan</title>
		<link>http://lapupilainsomne.jovenclub.cu/?p=45280#comment-55124</link>
		<dc:creator><![CDATA[Ivan]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Sep 2014 22:32:03 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Es evidente que las “políticas de guerra, saqueo, pillaje y masacre de civiles llevadas a cabo por Estados Unidos y sus aliados contra los pueblos musulmanes” han influido poderosamente en la dramática realidad que hoy se está viviendo en esa región del mundo, pero hay más elementos en juego sobre los que no se incide suficientemente. El primero y fundamental es que existe una poderosísima economía de guerra occidental, que, acabada la II Guerra Mundial y en su momento más floreciente, contribuyó a determinar el nuevo orden mundial, en que la fabricación de cañones (en la famosa disyuntiva “cañones o mantequilla”) iba a tener un elevado protagonismo, se viviera en un mundo multipolar o globalizado. El propio Eisenhower alertó al pueblo norteamericano sobre el modelo económico que surgió con motivo de aquel conflicto bélico y la poderosa influencia de sus intereses sobre la política internacional futura de las grandes potencias.
   
Si existía un escenario que la privada economía de guerra occidental temía especialmente era la paz y unas relaciones internacionales basadas en la diplomacia y en el derecho internacional. La disolución del campo socialista le asestó un durísimo golpe. Ya no existía enemigo que justificara aquel poderoso arsenal bélico. Por tanto, había que inventarlo. Como ninguna nación representaba ya una amenaza seria, capaz de declarar la guerra a la superpotencia y justificar la fabricación de sofisticado y costosísimo armamento (como los cazas invisibles), se tuvo que optar por la técnica del terrorismo de grupos organizados, dotados de poderoso armamento, capaces de golpear en el corazón del imperio y vinculados a estados hostiles a los que poder responsabilizar y contra los que desplegar la rentabilísima maquinaria de guerra. Así es como entra en escena el enemigo comodín, dispuesto a actuar donde y cuando interese, aunque sean muchos los extras contratados como carne de cañón en medio de la pobreza y del fanatismo religioso. Un producto de laboratorio al servicio de la economía de guerra y de una oligarquía de jeques árabes que lo último que harían sería redistribuir los petrodólares entre sus súbditos. Para poder agredir a los estados reacios a soportar la bota del imperio, complacer a la anacrónica economía de guerra y lanzar un salvavidas a los jeques árabes sin necesidad de actuar como un matón de barrio la solución indiscutible era construir un enemigo dispuesto a interpretar el papel que se le asignara en cada momento.

Irak antes de Sadam Husein, Afganistán, Libia y Siria tenían en común una sociedad laica que repartía las riquezas naturales entre sus ciudadanos a través de generosas políticas sociales y una actitud antiimperialista, lo que chocaba frontalmente con las políticas de rapiña de las grandes potencias y los privilegios de los jeques árabes (para quienes la ley islámica y el burka son su tabla de salvación). Es desde esta óptica y desde la óptica de los intereses de la economía de guerra (compatible con la explotación y sobre todo el saqueo de las riquezas naturales de los países invadidos) que se puede entender lo que está ocurriendo en el mundo árabe. A ello debemos añadir altos porcentajes de población viviendo por debajo del umbral de la pobreza y con un horizonte muy pesimista (debido también a la grave explosión demográfica que se vive en la región). Para cualquiera de esos magrebíes, subsaharianos y árabes que tienen que arriesgar la vida para entrar en el opulento y saqueador primer mundo o que simplemente les parece imposible lograrlo, el terrorismo islámico es una opción cada día más tentadora, por lo que resulta muy fácil implicarles como carne de cañón en el guión del enemigo comodín.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Es evidente que las “políticas de guerra, saqueo, pillaje y masacre de civiles llevadas a cabo por Estados Unidos y sus aliados contra los pueblos musulmanes” han influido poderosamente en la dramática realidad que hoy se está viviendo en esa región del mundo, pero hay más elementos en juego sobre los que no se incide suficientemente. El primero y fundamental es que existe una poderosísima economía de guerra occidental, que, acabada la II Guerra Mundial y en su momento más floreciente, contribuyó a determinar el nuevo orden mundial, en que la fabricación de cañones (en la famosa disyuntiva “cañones o mantequilla”) iba a tener un elevado protagonismo, se viviera en un mundo multipolar o globalizado. El propio Eisenhower alertó al pueblo norteamericano sobre el modelo económico que surgió con motivo de aquel conflicto bélico y la poderosa influencia de sus intereses sobre la política internacional futura de las grandes potencias.</p>
<p>Si existía un escenario que la privada economía de guerra occidental temía especialmente era la paz y unas relaciones internacionales basadas en la diplomacia y en el derecho internacional. La disolución del campo socialista le asestó un durísimo golpe. Ya no existía enemigo que justificara aquel poderoso arsenal bélico. Por tanto, había que inventarlo. Como ninguna nación representaba ya una amenaza seria, capaz de declarar la guerra a la superpotencia y justificar la fabricación de sofisticado y costosísimo armamento (como los cazas invisibles), se tuvo que optar por la técnica del terrorismo de grupos organizados, dotados de poderoso armamento, capaces de golpear en el corazón del imperio y vinculados a estados hostiles a los que poder responsabilizar y contra los que desplegar la rentabilísima maquinaria de guerra. Así es como entra en escena el enemigo comodín, dispuesto a actuar donde y cuando interese, aunque sean muchos los extras contratados como carne de cañón en medio de la pobreza y del fanatismo religioso. Un producto de laboratorio al servicio de la economía de guerra y de una oligarquía de jeques árabes que lo último que harían sería redistribuir los petrodólares entre sus súbditos. Para poder agredir a los estados reacios a soportar la bota del imperio, complacer a la anacrónica economía de guerra y lanzar un salvavidas a los jeques árabes sin necesidad de actuar como un matón de barrio la solución indiscutible era construir un enemigo dispuesto a interpretar el papel que se le asignara en cada momento.</p>
<p>Irak antes de Sadam Husein, Afganistán, Libia y Siria tenían en común una sociedad laica que repartía las riquezas naturales entre sus ciudadanos a través de generosas políticas sociales y una actitud antiimperialista, lo que chocaba frontalmente con las políticas de rapiña de las grandes potencias y los privilegios de los jeques árabes (para quienes la ley islámica y el burka son su tabla de salvación). Es desde esta óptica y desde la óptica de los intereses de la economía de guerra (compatible con la explotación y sobre todo el saqueo de las riquezas naturales de los países invadidos) que se puede entender lo que está ocurriendo en el mundo árabe. A ello debemos añadir altos porcentajes de población viviendo por debajo del umbral de la pobreza y con un horizonte muy pesimista (debido también a la grave explosión demográfica que se vive en la región). Para cualquiera de esos magrebíes, subsaharianos y árabes que tienen que arriesgar la vida para entrar en el opulento y saqueador primer mundo o que simplemente les parece imposible lograrlo, el terrorismo islámico es una opción cada día más tentadora, por lo que resulta muy fácil implicarles como carne de cañón en el guión del enemigo comodín.</p>
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